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Fin de semana épico


Tal como les dije el otro día, el pasado fin de semana fuimos con mi familia a Kostelec nad Černými lesy con el festival, o festejo, del pivovar local como excusa. La pasamos genial, lástima que el clima el sábado no acompañó, pero no hay nada que hacerle al respecto.

Llegamos en la tardecita de un viernes muy caluroso. Nos alojamos en la pensión de la sucursal de la Universidad Nacional de Agronomía, un edificio del siglo 18 ubicado a los pies del palacio local, que supo funcionar como orfanatorio y hospicio. Las habitaciones eran básicas, pero muy cómodas y más que adecuadas para caer rendido un par de noches.

Una vez que dejamos nuestos petates fuimos derecho al Pivovar. Ahí nos estaba esperando Jarin, que me había extendido la invitación, y Milan Starec, el dueño del lugar, un tipo que me cayó muy simpático. La hospoda de la cervecería es hermosa, me hizo acordar en cierto modo a los restaurantes rurales que había visto en Franconia. Las paredes estaban llenas de tesoros, publicidades de cervezas ya extintas, fotos y documentos de cuando Černokostelecký Pivovar todavía funcionaba (en sus épocas de gloria llegó a producir 70.000hl al año y era el más grande de Bohemia Central). La atmósfera era maravillosa. Compartimos mesa con una pareja que también estaba de paseo y en seguida nos pusimos a charlar.
Un rato después de que nos sentamos Jarin volvió con sendos vasos de cerveza, su Jantár, una polotmavé cosecha propia, una cerveza algo tímida, que tarda en abrirse y que es sutilmente deliciosa cuando lo hace. Tomé un par mientras devoraba la enorme y deliciosa porción de milanesa de pollo y ensalada de papas que me habían traído (le buena reputación de la cocina de este boliche es más que merecida).
Después de que los tres hayamos morfado como cavernícolas (hasta mi hija dispuso de una milanesa casi tan grande como su cabeza) y charlar un ratito con Milan fuimos a un rincón del patio de la cervecería a saludar a algunos amigos. Ahí me encontré con Vladimír Černohorský, Maestro Cervecero en Únětický Pivovar y absoluto tipazo, tiene setenta años, hace más de medio siglo que vive de hacer cerveza y todavía le encanta y quiere seguir aprendiendo cosas nuevas, un verdadero maestro que me honra con su amistad.

Después un rato, acompañé a mi mujer e hija al hotel, les di un beso de buenas noches a cada una y volví al Pivovar. Lo busqué a Milan para cumplir la promesa que le había hecho de compartir una copa de su licor guinda casero, una verdadera delicia ("una copa", que buen eufemismo), tomar algo de cerveza y charlar un poco más. La cerveza servida en un pichel de cobre de 1,5l era la Bešťák, la Světlý Ležák elaborada especialmente para el evento, muy, muy rica, aunque una o dos semanitas más le habrían venido bien para que pierda algo de su rebeldía adolescente.

Milan tuvo que atender cuestiones laborales así que tanque de cobre en mano volví al rincón del patio a disfrutar de uno de esos momentos cerveceros mágicos. Había allí dos cervezas de barril, la arriba mencionada Jantár y Černá Svině, una cerveza negra también obra de Jarin. Estábamos todos parados alrededor de un barril, hablando de viejas películas checas y escuchando como niños las hitorias cerveceras de Černohorský y de otro de los dueños de Černokostelecký Pivovar, riéndonos a carcajadas, con el pichel de cobre pasando de mano en mano, tal como los argentinos hacemos con el mate, siendo rellenado cada vez que alguien decía que se tenía que ir. Las palabras no pueden describir tanta alegría. Me fui a dormir pasadas las 11, había sido un día muy largo y estaba bastante cansado, pero muy feliz.

Cuando nos despertamos la mañana siguiente casi que tuve la impresión que habíamos dormido varios meses, no debido a esas sensaciones que a veces se tiene luego de haber pasado la noche en un lugar extraño, sino porque la temperatura había bajado casi 20 grados con respecto al día anterior y sol no era más que un lindo recuerdo. Fuimos a desayunar a un café en la plaza principal del pueblo, sorprendentemente hermoso, a mi mujer y a mi hija les encantó, yo también estuve muy contento pero ya tenía ganas de ir al pivovar.
De más está decir, no había mucha gente, era temprano y el clima no era de esos que uno dice "vamos a pasar el día tomando cerveza al aire libre". Sin embargo ya habían llegado varias caras conocidas, nos hicimos cada uno de una birra, mi media naranja eligió Šenvajz, la de trigo, cerveza elaborada siguiendo el libro, pero muy rica y con bastante personalidad, yo fui por Mudrlant, una maravilla negra, que si me la hubiesen dado a ciegas, habría jurado que era una Stout, tremendo el caracter de las maltas tostadas y de centeno, las maltas ahumadas funcionaban como una especia bien utilizada, no tomaban protagonismo, pero le daban a la birra un nivel más profundo de complejidad.

Lo que más me gusta de este tipo de eventos no es tanto la cerveza ni la comida (que dicho sea de paso, ese jamón ahumado al asador estaba tremendo), es la gente. Me encontré con un par de amigos que hacía rato no veía, algunos štamgasty de Zlý Časy y otros personajes coloridos del mundillo cervecero local, parecía que cada vez que me daba vuelta me saludaba alguien.

La razón principal de este evento fue la muestra de calafateado de barricas. En el pasado todas las cervezas se fermentaban y maduraban en barrica, para evitar que el líquido entre en contacto con la madera y se contamine, el interior de los barriles se recubría con una brea especial. Como todo oficio tradicional, es algo fascinante de ver cuando lo realizan maestros. Hubo una época en la que las fábricas de cerveza empleaban un pequeño pelotón de toneleros y calafateros. El recubirmiento de brea tenía que ser renovado periódicamente y se lo hacía hasta con los toneles más grandes (en el patio había uno de 800hl). Por supuesto, acá lo demostraron solo con barriles más pequeños, el plan, según me contaron, es llenarlos con cerveza.
Y fue algo que de hecho pudimos probar. Podkovaň 12º servida directamente de barriles que habían sido calafateados unos días antes y rellenados directamente de los tanques de maduración de la cervecería. ¡Maravillosa! Se dice que la brea no debería transferir sabores a la cerveza, pero cuando fue rellenado este barril estaba todavía "fresco" y la brea le había dado un aroma muy interesante.
Mejor aun fue tomar esa cerveza en el pichel de cobre que había mencionado antes. 
Y ese no fue el vaso más grande desde el cual tomé.
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Tal como la noche anterior, en el rincón de los barriles, la cerveza y las risas seguían fluyendo libremente mientras los mastondónticos vasos pasaban de mano en mano. La mejor palabra para describir todo esto es "belleza".
A pesar de que el clima no daba muchas señales de mejora, el lugar empezó a poblarse un poco y la atmósfera se volvió más animada. Con mi mujer nos turnábamos para cuidar a nuestra niña, que también se divirtió enormemente (y tomó su buena dosis de cerveza).
Por separado, visitamos la vieja fábrica. Mi amorcito lo hizo con una de las excursiones o mejor dicho, los dos intentamos hacer esa excursión, pero Nela quería volver a los trampolines. Por suerte, más tarde Milan me llevó a ver las instalaciones. El cuarto de cocción es una belleza, tiene capacidad para 160hl de mosto y muy probablemente las ollas de cobre son las más grandes en Europa, sino en el mundo, alimentadas por fuego directo. 
Milan me contó que esperan ponerlo en funcionamiento dentro de un año. Los fermentadores están listos y ya están avanzados los trabajos para reacondicionar uno de los sótanos para madurar las cervezas, solo faltaría arreglar un par de detalles con el cuarto de cocción. La fábrica dejó de funcionar en 1987, Milan y sus socios la compraron hace algo más de 10 años con la intención de volverla a poner en funcionamiento, todo lo que ganan con el restaurante va a parar al proyecto, la inversión en dinero y esfuerzo ha sido enorme. Todos saben bien ya lo que pienso sobre el uso y abuso de la palabra "pasión", pero no creo que haya otra manera de describir lo que motiva a esta gente a hacer lo que hace. Sí, es cierto que este no deja de ser un proyecto con fines comerciales, pero esta gente podría haber hecho las cosas mucho más fáciles (y baratas) instalando una microcervecería con equipos modernos y la vieja tecnología como piezas de museo, seguramente habrían tenido éxito, pero eligieron el camino más difícil, largo y arriesgado y merecen mucho reconocimiento por ello. Ya no puedo esperar a que estos tachos empiecen a cocinar de nuevo, estoy convencido que las cervezas van a ser muy buenas, porque además de pasión y amor, esta gente tiene muchas ganas de hacer las cosas bien.

Luego de comer algo y de dejar a mi familia en el hotel, previo beso de buenas noches, volví a la hospoda a seguir bebiendo, charlando, riendo y haciendo amigos nuevos. Levemente en falsa escuadra fui a dormir pasada la medianoche, sintiéndome más feliz que purrete en nochebuena y con muchas ganas de volver a ir a Černokostelecký Pivovar, lugar que todos ustedes deberían visitar algún día.
Na Zdraví!

PS: Muchas gracias a Jarin y Milan por su hospitalidad y generosidad.

Comentarios

  1. Hermoso relato. Que lindo es conocer gente con un vaso o vasosaurio en la mano.

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  2. Se ve el mal rato que has pasado. Una cosa sé seguro, que santo y martir no te van a declarar. Que haya muchos fines de semana como este, y nos los cuentes.

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  3. Max, no sabes la envidia que me has dado! Lo que daría por ir al pivovar ese de la primera foto... pura historia cervecera! Y en cuanto a todo lo demás, sin palabras, de corazón! Me urge un viaje por la R. Checa pero ya!

    Saludos!

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    1. Es cuestión de sacar pasaje... Es un viaje del cual te prometo no te vas a arrepentir...

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  4. Ahoj Max,
    Emociona esta lectura; de verdad.
    Irá como fábrica en la 2ª parte?
    Besinos, Ra

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    1. No sé si como fábrica, pero seguro como lugar para visitar a las afueras de Praga, se lo merece.

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  5. Tremendo, comparto la envidia de todos!! Impresionante historia!! Tradición y más tradición y excelente cerveza por lo que se intuye de tu relato

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  6. Šenvajz > huyyyy hay que probar esta de trigo.. no la habia escuchado....
    Genial post

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    1. Te la perdiste.... Solamente para este festival la hicieron...

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  7. Hola

    Exelente , lo mas groso para mi fue ver ese barrial de madera escupiendo cerveza ( perdon por la expresion ) esas fotos son maravillosas , realmente muy buenas , da sensacion de algo que todos los amantes de la birra quisieramos vivir y ver algun dia
    Pregunta si no era stout que era como estilo esa birra negra, estilo palabra que te gusta tanto a vos ? jajajaja

    saliudos


    omar

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  8. Max, ya se que me repito, pero sigo odiandote 11 meses al año. Pura envidia. Creo que este sitio ya queda pendiente para la proxima.
    Ramon

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