19/9/14

Me pongo a reponderte, 2d2 :)


(Iba a poner un comentario en la entrada en tu blog, pero qué mierda, me pareció más divertido ponerlo acá, el resto es libre de comentar donde más les pinte).

Me has malinterpretado.

Antes de empezar quiero dejar bien claro que lo que digo lo digo dentro del contexto del consumidor promedio, el mercado masivo, lo que todos éramos antes de descubrir que la cerveza no es únicamente el arquetipo y hacer de la bebida y su mundo un hobby o, en tu caso, un negocio. Escribo sobre cerveza, doy charlas, he moderado degustaciones, cenas maridaje y excursiones; no me considero un experto, pero soy capaz de hablar con expertos sin que me consideren un ignorante y algunos hasta me hacen preguntas y buscan mi opinión, pero, más allá de lo que sé o no sobre el tema, jamás he renegado de “mis raíces” de consumidor cervecero y es desde ahí de donde hablo cuando hablo de “cerveza” como concepto, bebida, producto, industria o lo que sea.

Aclarado esto, yo jamás di por sentado que existe un modelo de consumo único. No sé cómo llegaste a esa conclusión. En un absurdo. Incluso en el mercado masivo no existe un modelo de consumo único, de existirlo no habrían cervezas premium y todo vendría en un mismo tipo de envase. Sin embargo, sí creo que existen arquetipos de consumo de cerveza, que varían de país en país, regiones, o entornos socioculturales. Acá el más común es estar en una hospoda con un vaso o jarro de medio litro de lager rubia en la mesa, que será reemplazado apenas se vacíe por otro igual.

No estoy de acuerdo. El ser humano convierte en ejercicio intelectual cualquier actividad, ¡incluso el alimentarse!...

Fijate que yo digo “primordialmente sensorial” y no “exclusivamente sensorial”. Son dos cosas diferentes.

Es perfectamente posible disfrutar y apreciar una cerveza y todos sus matices de aromas, sabores y texturas sin saber siquiera cómo se llama la cerveza que estás tomando, es solo cuestión de prestar atención.

Tener información sobre la cerveza que estás tomando (cómo, dónde, por quién, con qué, por qué, cuándo y en qué condiciones fue elaborada, la historia, la personalidad de la empresa/persona que elaboró, su estado de ánimo al momento de elaborarla o diseñar la receta y lo que busca lograr con ella, la manera en que ha sido transportada, almacenada, servida, el estilo de la cerveza, lo que sabés sobre ese estilo y tus experiencias con otras cervezas similares o elaboradas por la misma persona/empresa, el tipo de consumidor al que el elaborador apunta llegar con esa cerveza y si vos encajás en ese modelo o no, el precio y el diseño de la etiqueta, etc.) van a influenciar sin duda tu experiencia sensorial y tu evaluación de esa cerveza, (por algo se dice que la cerveza es más rica cuando es gratis, y ni hablar de lo que me consta hacen algunos elaboradores cuando se les contamina una partida: le agregan “sour” o “lambic”, o algo por el estilo para no tener que tirarla), pero es algo de lo que se puede prescindir para poder disfrutar de una cerveza, no así, por ejemplo, con una obra literaria, que exige que al menos tengas el suficiente conocimiento del idioma en el que está escrita para poder empezar a apreciarla.

Eso no quita que sea valioso informarse, por el contrario. Cuanto más informado estás mejor vas a poder elegir. Lamentablemente, eso es algo que muchos elaboradores (grandes, medianos y pequeños) no terminan de entender, o a lo mejor entienden muy bien, después de todo, es más rentable vender algo podrido como sour, que tirarlo, pero eso ya es otro tema.

Pero hay que ser también consciente de los sentidos no son un teclado un mouse y que el sistema nervioso no es una PC. Tus percepciones, evaluaciones y opiniones se verán inevitablemente afectados por un innumerables factores, entre los que se encuentra la información previa que tenga o no sobre la cerveza que estés tomando. Pero no solo eso tu percepción, evaluación y opinión de una cerveza también va a ser diferente si la tomás a la mañana o a la noche, en verano o invierno, si dormiste bien o mal, si estás de buen o mal humor, si estás escuchando música clásica o heavy metal, si estás en un bolichón de barrio o un restaurante de lujo, si estás solo o con amigos o con gente que no te cae bien (mejor mala cerveza en buena compañía que buena cerveza en mala compañía) sin que haya ninguna diferencia objetiva en lo que tenés en el vaso. A todo esto hay que agregarle también tu experiencia como consumidor de otros productos, ¿vas a sentir notas de mango/regaliz" si nunca probaste un mango o el regaliz? (aunque esto quizás signifique ponernos a discutir del elemento absurdo de las notas de cata)

Pero al fin y al cabo, y como decís vos, todo depende de cada uno y cada uno ha sido moldeado de una manera diferente por su entorno y cultura. Hay gente que gusta de intelectualizar todo, otros que no. Yo, en lo que respecta al consumo de cerveza, me encuentro en este último grupo, soy más visceral. Ponerme a pensar demasiado en lo que estoy tomando, me parece un derroche de energía. Cuando me encuentro con una cerveza nueva, prefiero dejar que hable por sí misma que lo que me dice siempre me parece más interesante y, además, seguro que a mi alrededor hay cosas todavía más interesantes como para ponerme a intelectualizar lo que estoy tomando. La tomo, ¿me gusta? ¿cuánto cuesta? ¿me gusta lo suficiente como para querer tomarla de nuevo, a ese precio? Eso, y el nombre, es toda la información que necesito en ese momento. Al resto, si no lo tengo ya, siempre lo puedo buscar más tarde.

Sea lo que sea, y de lo que sí estoy seguro es de que en la cerveza no hay absolutos, no hay maneras “correctas” de tomar, apreciar o disfrutar de una cerveza porque no hay maneras “incorrectas”, como tampoco hay cervezas “malas”, hay cervezas que no te gustan. Hay que escruchar menos a los expertos y confiar más los sentidos y capacidad de aprender propios.

Na Zdraví!

PD: Todo tiene su arte y hay arte en todo, qué es arte y qué no es arte, es otro tema.

16/9/14

Esta es quizás mi última palabra sobre "Cerveza Artesanal"


Un par de semanas atrás, Alan y yo recimbimos un e-mail de Stan Hieronymus que nos decía que, en un momento de debilidad, había aceptado escribir un artículo sobre la frase "craft beer" (cerveza artesanal, porque así se la ha traducido en todo sentido), preguntándonos si la frase frase, o el concepto, generaba una mentalidad de "nosotros contra ellos".

Lo siguiente es lo que le escribí a Stan un par de días después (ligeramente editado y traducido), que son creo, mis pensamientos finales sobre toda esta estupidez de la cerveza artesanal:

Primero que nada, yo no veo a “cerveza artesanal” como un concepto, sino como una marca, una que es básicamente de dominio público. Como a cualquier otra marca, se la ha asociado a una serie de atributos positivos (y más o menos caprichosos) lo cual la ha convertido en una marca muy exitosa y valiosa, con un creciente número de consumidores muy leales; gente que, en muchos casos, no toma Russian River, Stone o New Belgium, toman Cerveza Artesanal. Hasta ahí, todo bien. No tengo nada en contra de ello, por el contrario. Si emplear esas dos palabras puede ayudar a un buen elaborador a vender un par de hl más, no puede ser malo.

Lamentablemente, algunas personas en la industria han empleado esos atributos como una especie de cimiento para erigir una retórica de “nosotros contra ellos” que, en lugar de quedarse en “nosotros somos buenos y nuestros productos son excelentes”, apunta, de manera desproporcionada, a “ellos (las grandes cerveceras) son malos y sus productos son una mierda”, creando en el proceso la mitología de una revolución, un movimiento que pretende hacernos creer que una nano cervecería en Carolina del Norte, Sierra Nevada, un brewpub en Wyoming, un bar de barrio, una tienda especializada, y el consumidor están todos en la misma, y que el consumidor se encuentra al frente de la “guerra contra la cerveza de mierda”. Y con esto también han tenido éxito, no solo gracias a la gente al otro lado del mostrador que vende este cuento, sino también gracias a no pocos periodistas y blogueros. Comprar no es suficiente, hay que evangelizar a las masas, convertirlas a la cerveza artesanal.

Eso venía funcionando sin problemas hasta a que las cervecerías grandes, industriales y comerciales (como si las cervecerías artesanales no fuesen comerciales) se les ocurrió que ellas también querían jugar al “juego de la calidad”, ya sea con marcas propias o comprando cervecerías artesanales bien establecidas. Y lo han hecho muy bien, tan bien que algunas líneas se han vuelto borrosas hasta el punto en que la ecuación “cerveza macro = cerveza mala” empezó a caerse a pedazos, resultando en la estupidez de “craft vs crafty” de un par de años atrás, en donde la Brewers' Association básicamente nos decía que lo buena, interesante, bien hecha, sabrosa que una cerveza pueda ser no importa tanto como quién la hace. Nos siguen incitando a tomar partido (el suyo, claro), pero ahora el negocio ha tomado precedencia sobre la calidad. No podría esperarse menos de un gremio, pero es la manera poco honesta en que lo han hecho que ha molestado a tanta gente, entre la que me incluyo.

Y hay otra cosa. No puedo evitar tener la impresión de que, hasta cierto punto, el objetivo la huevada de craft vs crafty fue desviar la atención del hecho de que para aquella nano cervecería en Carolina del Norte, Sierra Nevada representa una amenaza mucho mayor que Blue Moon o Shock Top.

No sé por cuánto más tiempo van a poder mantener esta farsa. Hay ya señales de que el edificio se está empezando a derrumbar: Lagunitas quejándose de Sam Adams Rebel IPA (bastante gracioso viniendo de una empresa californiana que ha abierto una fábrica en el Medio Oeste) y lo de los “Gypsy Brewers” vs las cervecerías de “carne y hueso” (ahí hay otra historia de nosotros contra ellos), entre otros.

Pero creo que (aquellos que no nos ganamos la vida vendiendo cerveza) estamos ahogándonos en un vaso de agua. A la mayoría de la gente no le interesa tomar partido, menos cuando se trata de algo de tan poca importancia para ellos; y, nos guste o no, tampoco les interesa demasiado quién hace la cerveza que consumen. A lo mejor un día van al brewpub local, al día siguiente a Wal-Mart a comprar Sam Adams, y el fin de semana con gusto van a tomar Corona con un gajo de lima en una fiesta o Bud Light mientras ven el partido con amigos, sin ver en ello ningún conflicto moral. Y tienen razón. Nos han pintado una imagen de blanco y negro, cuando la realidad está llena de grises.

Na Zdraví!

15/9/14

Corto comentario sobre Vykulení


¿Qué puedo decir que no ya no haya dicho en mayo? Porque tal como dije la semana pasada, Vykulení is prácticamente lo mismo que Vysmolení, pero más grande, lo cual significa que es un evento cervecero de la puta madre, a pesar de no ser tan minimista. Las cervezas estaban muy, muy buenas, al menos aquellas a las cuales me tomé la molestia de prestarles atención. Algunos no quedaron muy contentos con la Smoked Porter, a mí me encantó, y aun aplauso para Jarín por ser cabeza dura y hacer la cerveza que él quiere hacer, como quiere hacerla, y hacerla bien, que es más de lo que se puede decir de demasiadas cervecerías nuevas estos días. No fue el caso del sábado en Černokostelecký Pivovar, por suerte. Una vez más, cervezas estaban muy, muy buenas, al menos aquellas a las cuales me tomé la molestia de prestarles atención, pero incluso entre aquellas a las cuales no les presté atención, no encontré nada que no me gustase. Pero tampoco las tomé a todas. Las cervezas single malt, esas sí que estaban ricas. Un ejercicio simple y lindo. Las tres, una con maltas Pilsner de Kounice y las otras dos con Munich I y II de Bamberg. Mis favoritas fueron la primera y la tercera, simplemente porque me gustaron más. Pero todas las cervezas que tomé estaban buenas, incluso aquellas a las cuales no les presté atención, porque, en serio, ¿quién quiere dedicarle demasiada atención a la cerveza cuando hay otras cosas más interesantes a las cuales prestarle atención. La atmósfera fue espectacular, pero es verdad que Černokostelecký Pivovar tiene ya una atmósfera muy especial. Agréguenle a eso amigos y caras conocidas con charla interesante y uno tiende a olvidarse de lo que está tomando, lo cual está bien, porque ¡vamos! Es solamente birra, pero birra muy bien curada. ¿Porqué no pueden ser así todos los festivales? No sé, no me importa. Cuando empezás a tomar a las 10 AM y no te vas a dormir sino hasta después de 2 de la matina habiéndote divertido más de lo que cualquiera sensatamente esperaría divertirse (lo cual pagás con la resaca adecuada al día siguiente), esa es una pregunta que no me voy a molestar en buscarle una respuesta. El hecho es que la gente de Černokostelecký Pivovar saben organizar un evento cervecero mejor que nadie que conozco.

Entonces, ¿qué puedo decir que no ya haya dicho en Mayo? No sé. Que estuvo genial, debería ser más que suficiente. No, no es suficiente. Aunque ya lo dije en mayo, lo voy a volver a decir ahora. Gracias Vodouch, Milan y Jarín (por dejarme pasar la noche en la cervecería, qué cosa más linda) y toda la gente ahí por tan fantástico día, y mis felicitaciones y respeto por el excelente trabajo que están haciendo.

Na Zdraví!

PD: No tengo ni puta idea de cuánto tomé, pero fue mucho, tanto lo que compré como lo que había en un grifo separado para los amigos de la casa (Únětický Posvícenský Ležák). Una vez más, gracias.

10/9/14

Nos vemos este sábado en Vyjulení


Tengo muchas ganas de que llegue el sábado. Voy a ir a Vykulení en Černokostelecký Pivovar.
Vykulení es bastante parecido a Vysmolení, pero más grande, con más cervezas y cervecerías, incluyendo algunas importadas (pueden ver la lista entera acá) y enfocado en las maltas de piso. Al igual que en el festival de mayo, habrán cervezas tiradas desde barricas en diferentes formas, pero también algunas cervezas single malt elaboradas por la micro-cervecería de la casa Černokostelecký minipivovar Šnajdr.

Todo pinta muy interesante, pero, sobre todo, estoy seguro que va a estar muy divertido y en muy buena compañía.

Nos vemos ahí.

Na Zdraví!

PD: Al igual que en las anteriores ocasiones, me han invitado a pasar la noche en Kostelec. ¡Qué lindo que es no tener que pensar en cómo volver a casa después de estar escabiando todo el día!

1/9/14

El desafío de la pajita


No comparto del todo la teoría (a falta de una palabra mejor) del “vaso correcto” para tal o cual estilo de cerveza. En primer lugar, porque las experiencias sensoriales no pueden ser evaluadas o cuantificadas objetivamente, (fuera de un ambiente controlad) y en segundo lugar, porque si bien la ciencia detrás de eso tiene algo de sentido, hay muchos otros factores que contribuyen a la experiencia de tomar cerveza que la teoría no parece tener en cuenta. Pero no tengo ganas de discutir al respecto. Creo todos estaremos de acuerdo en que la cerveza se disfruta mejor desde un vaso de vidrio o cristal (bueno, yo prefiero un jarro de cerámica, pero tampoco discutamos sobre esto).

Sin embargo, si todavía tenés amigos entre la gente normal (ya saben, esos a quienes la cerveza no les importa mucho más que un carajo y medio porque es solamente cerveza) tarde o temprano te encontrarás en una situación en la que los vasos (y ni hablar del “vaso correcto”) brillan por su ausencia. En el mejor de los casos, habrá vasos de plástico, pero muy a menudo, ni siquiera eso, y la única alternativa será tomar directo de la botella o lata, lo cual es algo muy, muy feo. Es una falta de respeto a la cerveza, en particular a la cerveza que vos trajiste, porque no querés tomar la mierda industrial que toman tus amigos, y porque no hay mejor lugar para difundir el evangelio de la cerveza artesanal que en un fiesta en el jardín de un amigo.

Por supuesto, podés traer tu propio vaso, ¿pero en serio querés ser ese tipo de persona? Y de ser así, ¿estás dispuesto a levantarte, ir a la cocina y lavar el vaso cada vez que terminás de tomar una cerveza? (Porque si sos tan obseso como para traer tu propio vaso, menos no podría esperarse de vos).

Tiene que haber una alternativa. Una que te ahorre el ignominia de tomar directamente de la botella, sin que sea un obstáculo para disfrutar de la joda.

¿Qué tal una pajita? (¡no de esas! ¡de las que se usan para tomar!) Son baratas, las podés comprar en cualquier supermercado y dejarlas, haciéndote el gil, en una mesa para después dártela de que estás haciendo una jodita, tomando con pajita. En el peor de los casos, te van a tomar como un excéntrico, que es mucho mejor que el “enfermito que trae su propio vaso a una fiesta”.

Cuando era joven y apuesto en Argentina (ahora soy maduro y bello) me acuerdo que se decía que si tomabas cerveza con pajita, o cuchara, inevitablemente te agarrabas un pedo de novela (me pregunto quién mierda puede tomar birra con cuchara). Seguro que era una de esas leyendas urbanas, para nada diferentes de la del maridaje letal entre vino y sandía, pero aun así, nunca se me ocurrió tomar una cerveza con pajita, y no sé de nadie que lo haya hecho. Tampoco recuerdo haber leído alguna vez algo al respecto. Así que, en lugar de googlear sobre el tema, se me ocurrió que sería más divertido encararlo empíricamente.

Elegí dos cervezas Hubertus Světlý Ležák, de Kácov, porque es el tipo de cerveza más común, y Staffordshire IPA, elaborada por Marston's para Marks and Spencer, porque sí. Al principio pensé en hacer una cata ciega, pero rápidamente me di cuenta de lo huevón que soy solo por pensarlo, así que hice lo posible por dejar atrás todo prejuicio y evalué las arriba mencionadas alternativas (vaso, plástico, botella, pajita) con la mente abierta. Cabe también aclarar que en cada caso tomé la botella entera ya que, fuera de las competencias (y a quién le importan las competencias), no tienen ningún sentido evaluar cervezas como estas dos (o cualquier otra, la verdad) en una medida más chica (y porque, si voy a hacer semejante pavada, al menos quiero terminar un poco alegre).

(Y no, no tomé las ocho botellas de un tirón, lo hice en días separados).

Vaso:
Hubertus se presentó con notas que sugieren un paseo al atardecer, a fines de verano, por un césped recién cortado, mientas comés una baguette recién hecha por un francés regordete y simpaticón. La IPA, por otro lado, me hizo acordar a bizcochos, tipo shortbread, quizás, pero no los verdaderos escoceses, sino una imitación barata de Lidl, acompañados de un plato de... ¡Dejémonos de joder! Eran como una buena Lager rubia y una más que decente IPA deben ser.

Para ser sincero, había planeado escribir notas de cata medio boludas como la de arriba, pero el experimento resultó ser más interesante de lo que había esperado. El vaso fue la muestra de control.

Plástico:
En ambos casos, se produjo muchas más espuma que en el vaso de vidrio, y tenía una consistencia diferente: como la espuma que te ponen arriba de un latté, o algo por el estilo, y se mantuvo por más tiempo. Debe ser el material. Ambas cervezas estaban también más amargas, como si los lúpulos hubiesen dado un paso al frente.

Botella:
Esta debe ser la primera vez que tomo una cerveza directo de la botella prestando atención. Hubertus estaba espantosamente carbonatada, al punto de que las burbujas demolían casi toda la estructura de la cerveza. La cosa mejoró a medida que se vaciaba la botella, con la cerveza volviéndose también más amarga. A la IPA, por otro lado, le fue bastante mejor. Seguía teniendo más gas que en el vaso de vidrio o de plástico, pero no tanto como la Lager. Puede que sea el diseño de la botella (con un cuello más corto y regordete), o puede que la birra haya tenido menos gas desde el vamos. Sea lo que sea, me gustó bastante, y también mantuvo un perfil más uniforme que la otra.

Pajita:
A decir verdad, no esperaba demasiado, pero aun así fue peor que eso, al menos con la Lager. Fue como tomar con un fuerte resfriado o una severa alergia al polen. La IPA salió mucho menos sosa. El amargor seguía ahí, pero casi como estar escuchando música a través de una pared delgada, y las maltas estaban casi ausentes. Sabía a té de lúpulo ligero con una pizca de algo dulce. No estaba desagradable, pero tampoco es algo que volvería a tomar.

¿Qué es lo que me queda de todo esto? En ambos casos, las me gustaron más en sus vasos, pero no mucho más. Me puedo imaginar gente que preferiría el perfil que les da el vaso de plástico. Después de todo, es una cuestión de gustos, así que quizás deberías intentarlo vos.

O no. En serio, si te hacés problema por cosas como esta cuando estás en una fiesta o algo por el estilo, es probable que estés tomando muy en serio algo que se supone es divertido. Muy a menudo (sino siempre), la mejor manera de tomar una cerveza es la más cómoda y conveniente que tenés a mano. Acordate de eso.

Na Zdraví!