12/4/17

Reseña de Vuelta a las Raíces: Pivovar Na Lochkově


No hay mejor manera de matar unas horas en Praga que hacerse una escapada cervecera. Tal fue el caso el Jueves pasado cuando decidí ir a Pivovar Na Lochkově, que había abierto hace casi un año.

Luego de terminar un par de diligencias, fui a Na Knížecí para tomarme el 120 hasta Lochkov. Fue un agradable viaje de media hora por algunas partes de Praga que nunca había explorado (vi un par de boliches interesantes en el camino).

Lochkov es uno de esos innumerables pueblos que Praga fagocitó en algún momento del siglo pasado y parece haberse salvado del sobre-desarrollo de localidades similares. A pesar de estar muy cerca de la sección SO del Pražský Okruh, sigue rodeado más que nada de campos y bosquecitos. Habiendo vivida las primeras tres décadas de mi vida en una ciudad en donde hay que manejar más de una hora para ver algo que no paisaje urbano, ir por campos después de unos pocos minutos desde el centro es algo que no deja de fascinarme.

El brewpub está prácticamente a la vuelta de la parada del autobús, en frente de una fábrica de cerveza abandonada que debe haber sido bastante grande. Llego unos pocos minutos después de la hora de apertura. La camarera todavía está sacándole fotos al menú del día para subirlas a FB, seguro, y hay un solo cliente además de mí, aunque pronto llegarán más.

El local es bastante moderno y no demasiado grande. Algunas de las paredes parecen tener imitación de ladrillo a la vista y hay muchas líneas rectas que me recuerdan un poco demasiado a Potrefená Husa o un bar de aeropuerto. Lo único que lo hace algo acogedor son las grandes ventanas que cubren todo el frente. Desde ellas se puede ver el equipo de cocción (de 5 hl, estimo, y muy lindo) en una esquina, detrás del bar, que no es muy largo. A la izquierda del bar está la cocina. Tomo una mesa en frente del bar. El banco acolchado a lo largo de la pared es muy blando y cuando me siento la mesa me queda un poco alta.

El servicio es impecable. Me toman el pedido de comida y pivo una vez que me puse cómodo. La comida, holandský řizek con papas y ensalada se la banca. La porción es generosa. Por 120 CZK me han dado cosas peores.

Pero lo que me trajo acá es la birra. No recuerdo haber visto ninguna referencia de Pivovar Na Lochkově desde su apertura, al menos no en los últimos meses, así que no sabía qué esperar. Había tres cerveza de barril: una Světlá 11°, una Polotmavá 13° y la Ipička. Empiezo con la Lager Rubia, como corresponde.

No estaba buena. Olía mucho a saborizante de miel y casi nada más. Me hizo acordar a lo que el dueño de otra microcervecería dijo mientras nos mostraba el equipo, que habían tenido que agregar maltas caramelizadas a su Světlý Ležák porque Pilsner Urquell ha hecho que la gente espere Lager Rubia más oscura. ¡Patrañas! Algunas de las mejores cervezas en el estilo son bien pálidas y a nadie parece importarle. Lástima que ese no era el único problema de esta 11°. Sabía como si el diacetilo y los fenoles se estuviesen pelando por el cuerpo, mientas el lúpulo se hacía una paja en una esquina. Fue la comida lo que la hizo pasable.

De más está decir, mis expectativas con la siguiente cerveza, la Polotmavá 13°, no eran muy altas. El color era caoba, casi como una Dunkles, y estaba deliciosa. Un poco de madera y nueces con el suficiente caramelo para balancearla y soplo de lúpulos florales al final. ¡Me encantó! Hizo que el viaje haya valido la pena.

Tenía tiempo para una más antes de tomar el bondi de vuelta, e iba a tener que ser una chica. ¡Qué mierda! Vamos por la Ipička. Una cagada. Hace un par de años las ČIPE (Český India Pejl Ejl) eran levadurosas y sin terminar. Parecen haber evolucionado a algo más limpio que huele a queso barato. Es una característica que he notado en demasiados ejemplares últimamente, incluyendo los intentos de Bernard y el del mes pasado de Prazdroj (aunque este en menor medida). ¡Es horrible! Esta encima no tenía casi nada para balancear la aspereza de lo que sospecho son lúpulos viejos y oxidados [citation needed]. ¿Por qué se molestan? O mejor dicho, ¿por qué me molesto yo? Ya debería saberlo mejor.

Pivovar Na Lochkově tiene sus cosas buenas. No me arrepiento del viaje y, si tuviese alguna garantía de consistencia, no me molestaría volver solamente por la Polotmavá 13°.

Na Zdraví!

Pivovar Na Lochkově
50°0'9.733"N, 14°21'17.470"E
Ke Slivenci 36 – Praha-Lochkov
+420 257 212 378 – nalochkove@nalochkove.cz
Bus: 120 to Lochkov
Mon-Sun: 11-22

30/3/17

Hora de Diatriba


Ya había comentado sobre esto en FB, pero terminé un proyecto antes de tiempo y estoy de humor para una buena diatriba.

Hace dos semanas tuvo lugar el primer Salon Piva en Praga, en Průmyslový palác, en Výstaviště, siguiendo festivales del mismo nombre en Bratislava y otras ciudades eslovacas organizados por la misma gente.

Fue un evento re-moderno, con cervecerías re-modernas presentando sus cervezas re-modernas al cual no pinto el orto asistir. Para empezar, era un festival de cata, con las muestras de 20 cl costando entre 25 y 50 CZK, según Pivníci (aunque una de sus fotos mostraba una cervecería vendiendo muestras de 10 cl a 20 y 25 CZK), y para llegar a esas muestras, y al vaso en las que serían servidas (ni Teku ni consolador anal, sino Shaker; que le quita un par de puntos de modernidad, creo) había que pagar 150 CZK de entrada.

Para poner las cosas en perspectiva, con el precio de la entrada en Praga podés comprar: 2 IPAs grandes en Pivovar Strahov, 2 porciones de medio litro de Matuška u otras marcas de precio similar en varios bares o 2 litros de la sobresaliente Fabián 12° en el agradable bolichito que Pivovar Hostomice se montó cerca de Nám. Republiky (2,5 litros, si preferís la igualmente sobresaliente 10°). ¿Por qué carajo querría pagar tanto solamente para poder entrar y comprar muestras de cata a precios ridículos?

Pero ese no es el problema que tengo con este festival. Los precios, incluyendo el de la entrada, son decisiones comerciales legítimas de empresarios vivos tratando hacer plata de una moda mientras dura. ¿Y quién los puede culpar? Parece haber un mercado no solo dispuesto sino
avido de pagar esa plata, incluso en Praga, en donde lugares modernos para tomar cerveza moderna no faltan.

No, hay otra cosa que me molestó de este festival, y bastante.

El sistema de pago era parecido al que Český Pivní Festival viene usando hace ya unos años, una tarjeta chip que se carga con créditos, reemplazando el efectivo y los cospeles, cupones, etc. Hasta ahí, todo bien; sensato, incluso. La cosa es que el sistema había sido configurado con una propina de 10% por defecto cada vez que compraba una cerveza. Y acá es donde me empieza a romper las pelotas la cosa. En cierto modo, no es muy diferente al “10% Service Charge” que algunas trampas para turistas en el centro le agregan a la cuenta de cualquiera que no hable checo. Claro que cuando cargabas la tarjeta podías decir que no querías pagar el 10%, cada vez, pero una propina no es algo que debería ser impuesto por defecto.

“Pero Max,” alguno de ustedes está diciendo, seguro, “yo no tengo problema. Yo creo que los propietarios de las Craft Breweries que vinieron a Salon Piva a promover sus Craft Beers merecen esos manguitos extra por servir esas muestras de cata sobrevaloradas y ponerlas en el mostrador, con una sonrisa”.

Muy bien. ¿Y si te digo que solamente la mitad de esa plata iba para recompensar a la gente sirviendo comida y bebida? Sí, leíste bien. De acuerdo a la información obtenida por Pivníci, la mitad de ese cargo extra casi obligatorio (solo anunciado en las cajas) terminaba en los bolsillos de HELLOPAY®, el proveedor del sistema de pago, que había fijado el cargo. ¡Qué lindo! Ah, y cuando ibas a que te reembolsen los créditos restantes en la tarjeta antes de irte del festival, HELLOPAY® te redondeaba el monto para abajo a la decena más cercana, dándose otra propinita por el excelente servicio que te habían prestado. Esto, según un comentario en la versión en inglés, no es verdad, y resulta que el pelotudo soy yo aca. Pido disculpas, tendría que haber corroborado la información.

¡Me cago en esta mierda! ¡Me cago en HELLOPAY®! ¡Y me cago en los organizadores de Salon Piva también! Esto ya no es hacer plata de una moda, estoy es estafar a la gente. La escena cervecera de Praga no necesita conchudos como ustedes. Háganos un favor, y no vuelvan. Acá también fui un pelotudo. Perdón.

Na Zdraví!

12/3/17

Un Pensamiento en el Trono


Ha estado ocurriendo en los EE.UU, el Reino Unido, España, Italia; hasta en Argentina, Colombia y Chile. Las macros comprando pequeñas cervecerías independientes. Y parece que esto va a seguir al menos por un rato.

Ahora, teniendo en cuenta sus recientes y, con pocas excepciones, no del todo exitosos intentos de sacar algo "distinto" al mercado, me pregunto cuánto más tardarán las macros checas en empezar a comprar minipivovary, y quiénes son los más probables candidatos.

Nada más. Sigan con lo que estaban haciendo.

Na Zdraví!

3/1/17

Balance de un Año Improductivo


Ha estado muy callado por acá, ¿no cierto?

Pensé que 2016 sería mucho más productivo que el año anterior. De hecho, empezó bastante bien. Me estaba divirtiendo mucho con el Desafío del Tranvía—tanto haciéndolo como escribiendo sobre él—y tenía varias otras cosas rebotándome en la cabeza. Pero llegó el laburo, un montón de laburo (por suerte), que me dejó con poco tiempo, y todavía menos ganas, de sentarme a escribir.

Los precios era uno de los temas sobre los que tenía ganas de escribir, y ya hacía un buen rato. No solo han subido, sino que parece que la cerveza “cara” se ha vuelto la norma. Pivovar U Medvídků quizás lo ilustra mejor que nadie. Diez años atrás, 48 CZK por medio litro de OldGott era bastante care (si mal no me acuerdo, todavía se podía encontrar Pilsner Urquell por menos de 30 CZK sin caminar demasiado). El precio actual de 50 CZK por la misma porción de la misma cerveza ya no sorprende a nadie (y apostaría que el precio promedio de una Urquell en Praga está hoy alrededor de 40 CZK). Una buena parte de esa inflación se puede ver las cada día más populares Ales y otros estilos “extranjeros”, I tengo esta molesta sospecha de que el precio de muchas de ellas es excesivo en relación a la diferencia en costos de producción al compararlos con Lagers de la misma graduación. Lamentablemente, no he sido capaz de ponerme a recolectar la información necesaria para probar o refutar esa hipótesis.

Algo relacionado a ello es mi capitulación en mi lucha persona (y vana) contra las putas medidas de 40 cl, al ver que hasta Zlý Časy las había adoptado a partir del pasado 1 de diciembre; lo cual me rompió bastante las pelotas porque mantuvieron los mismos precios nominales que antes.

Otra cosa sobre la que estuve cavilando el año pasado fue si tenía sentido organizar un festival cervecero en Praga, una ciudad que podría decirse es en sí misma un festival cervecero ininterrumpido. ¿Vale la pena bancarse los inconvenientes de ese tipo de eventos, que incluyen al menos uno (habitualmente, varios) de lo siguiente: falta de baños, falta de lugares para sentarse, comida chota, cerveza servida en condiciones que distan de ser ideales, música chota y a alto volumen, moderadores con delirios de comedia, colas y, por último pero no menos importante, pagar una puta entrada, cuando se puede en cualquier momento ir a alguna de las más de 30 micro-cervecerías e bares especializados y no tan especializados pero con cervezas interesantes, en donde es muy probable que haya servicio en las mesas, baños limpios, mejor comida y cerveza bien servida, y todo sin tener que pagar entrada por el privilegio? Todavía no me he decidido.

Pero los que más lamento no haber podido escribir fue sobre mi encuentro en junio con Lukáš Svoboda, el “Maestro Grifero” de Ambiente Restaurant Group, que compartió conmigo mucho de su conocimiento sobre el cuidado correcto de la cerveza y las líneas de dispensado, lo que sucede dentro del barril una vez que es pinchado, por qué la misma cerveza sabe diferente cuando se la sirve de una tirada o de dos o más, la diferencia entre el tipo de grifos de uso más común acá y en el extranjero (saben de cuál hablo) y esos de aspecto retro, popularizados en gran medida por Pilsner Urquell (sí, esos, también llamados “Nostalgie”). Las notas que tomé se ven ahora demasiado caóticas como para escribir algo coherente e interesante. Lo único que les puedo decir con seguridad es que, para servir bien una cerveza, el vaso tiene que estar enfriado y ser enjuagado con agua fría y no seco y a temperatura ambiente, como he leído en otros lados.

Dicho todo esto, no tengo planes todavía para este año. He estado pensando en comenzar a trabajar en una tercera edición de la Guía Cervecera para Borrachines, pero todavía no he tomado una decisión. De cualquier modo, no esperen que pase mucho por acá, pero estoy abierto a sugerencias.

Na Zdraví!

*Hay dos diferencias principales: el diámetro interno de los tubos de cada uno, 7 mm en los grifos comunes, 10 mm en los otros; y el hecho de que la manija de los primeros tiene solo tres posiciones, mientras que la de los “Nostalgie” se mueve en un arco de 90°.

10/10/16

Prague Beer Week Grand Finále - Reseña


El primer Prague Beer Week tuvo lugar entre el 3 y el 9 de octubre con una serie de eventos en varios puntos de la ciudad que tenían a la cerveza (o craft pivo, como decía su nota de prensa, en fin) como su único, y algo endeble, punto en común. Culminó el fin de semana con el Grand Finále, un festival de cata en Kulturní Sportovna, en Smíchov; el único de los eventos al que asistí, el viernes.

(Aclaración: me dieron una acreditación de prensa, no tuve que pagar la entrada de 100 CZK, recibí 5 fichas y la copa sin tener que pagar el depósito. Para ser sincero, no habría asistido de otro modo. No aficionado a las catas—prefiero tomar—y, en principal, porque estoy en contra de tener que pagar para entrar a un lugar a comprar cerveza.)

Kulturní Sportovna es un viejo depósito al lado de la terminal de autobuses Na Knížecí, que ha sido restaurado lo mínimo indispensable para hacerlo funcional. El espacio perfecto para este tipo de evento: acogedor, rústico, nada pomposo y con una ligera onda de taberna rural; sin duda, mucho más agradable que un hotel de lujo, un palacio o un centro de exposiciones.

A la izquierda de la entrada estaba el bar permanente del lugar y frente a este habían instalado un bar móvil que preparaba cócteles con cerveza. Entre ellos había un espacio prácticamente vacío. La comida era provista por un food truck estacionado afuera, al lado de la entrada. Las cervezas checas eran dispensadas en un bar largo en forma de U instalado detrás de una columna en el medio del salón, mientas que las importadas podían encontrarse en el sótano.

No soy la audiencia de este tipo de eventos así que no puedo evaluar el ambiente con justicia. La música no me gustó mucho (mi problema), pero la tenían a un volumen moderado y no hacía falta gritar para mantener una conversación con la persona de al lado.

Todo daba la impresión de estar muy profesionalmente organizado. Había bastante lugar para sentarse, con mesas dispuestas alrededor de los grifos con cerveza checa, y algunas más, abajo. Había también un par de tanques con agua para enjuagar la copa oficial del festival, una Teku (que me parece muy fea y para degustar no es mejor, ni peor, que prácticamente cualquier otro tipo de vaso o copa de vidrio; pero está de moda y tiene un tallo alto que la hace automáticamente pituca). En la entrada entregaban tarjetas con una lista de todas las cervezas disponibles, indicando sus estilos, Plato y contenido alcohólico; muy útil para poder elegir las cervezas, en lugar de darle la vuelta al bar.

Todo parecía estar funcionando muy bien, al menos durante el par de horas que pasé el viernes. El único detalle a objetar fue la falta de agua para enjuagar el paladar entre las muestras. Jarras en las mesas o al menos una fuente habrían estado muy bien, en especial teniendo en cuenta que muchas de las cervezas eran de sabores muy intensos.

La selección de cervezas era excelente: 45 cervezas de 15 cervecerías/marcas (10 domésticas, 5 importadas), con la suficiente variedad para dejar contento a cualquiera. Había Lagers rubias y oscuras, una Weizenbock, Pale Ales y Stouts de varias convicciones, hasta agrias.

Como tomar una muestra de cata de una cerveza de sesión es un derroche de tiempo, y cerveza, opté por los pesos más pesados. Las cervezas checas que tomé—No Idols DIPA de Clock, Asfalt de Zhůřák, Superfly India Saison de Falkon, Morion Stout de Albrecht, Weizenbock de Zichovecký, Russian Imperial Stout de Permon, Sweet Jesus de Sibeeria—estuvieron todas de muy buenas a excelentes; aunque quizás servidas demasiado frías, en especial las Stouts. La única nota discordante fue High Diver, una IPA elaborada por Next Level Brewing, de Alemania, que me pareció horrible. A las demás cervezas importadas no les dí pelota. Costaban dos fichas; demasiado caro para algo de lo cual no tenía ninguna referencia. Lo que me lleva lo único que me molestó:

El precio.

Las fichas costaban 35 CZK y cada una alcanzaba para una muestra de cerveza checa. Si bien el tamaño de las muestras parecía estar a criterio del grifero, la mayoría de las que tomé eran de 0,2l. Eso equivale a casi 90 CZK por medio litro. Exagerado; y hasta ridículo para algunas de las cervezas. Es bastante más de lo que cuesta una Matuška o Falkon (dos de las marcas más caras del país) en boliches como BeerGeek o Zlý Časy, que además no te cobran 100 CZK para entrar. 25 CZK, aunque aún lejos de ser barato, habría sido razonable. En serio, por ese precio por volumen podés comprar en no pocos bares de la ciudad un litro de excelentes cervezas (o craft pivo, si así las quieren llamar), un par de las cuales también disponibles en este festival.

Pero como ya dije, fue un evento muy bien puesto y los organizadores merecen los elogios, más allá de los precios. Muchas gracias por la invitación.

Na Zdraví!