13/9/16

Escapada Cervecera a Uhřiněves


Un par de días después de mi paseo cervecero en Slaný decidí que el tiempo estaba lo suficientemente lindo como para darse una vuelta por Pivovar Uhřiněves, o, mejor dicho, Pivovarská, el restaurante de la cervecería.

Llegar fue una pavada, un viaje de 20 minutos en un City Elephant desde Hlavní Nádraží que no me costó ni un mango por la línea es parte del sistema de transporte público de Praga. Desde la estación de Uhřiněves hasta la cervecería es solamente una caminata relativamente corta aunque no muy agradable. (que resultó ser un tanto más larga para mí. En Prátelství, la arteria principal de la localidad, fui para la izquierda cuando tendría que haber agarrado para la derecha—habían pasado un par de días desde que había mirado el mapa y la memoria me falló. Y podría haber sido también aun más corta y agradable se hubiese notado el sendero a unos metros a la derecha de la estación, que ni siquiera había visto en el mapa).

Según lo poco que pude encontrar al respecto, la historia de Pivovar Uhřiněves es muy parecida a la de Unětický Pivovar: originalmente abierto en la segunda década del siglo XVIII y cerrado en 1949, después de haber sido nacionalizado por el régimen Comunista, luego de haber intentado volver a ponerlo de pié al terminar la Segunda Guerra Mundial. Según lo que un amigo involucrado en el proyecto me había dicho el año pasado, la resurrección de la cervecería fue financiada parcialmente con fondos de la UE, y que una de las condiciones de la subvención fue que la fábrica esté funcionando comercialmente para noviembre. El plazo no fue cumplido (y me pregunto cómo lo solucionaron, voy a tener que averiguarlo), y la cervecería no abriría oficialmente sino hasta abril de este año.

Lo primero que me llamó la atención cuando por fin llegué al restaurante fue su jardín cervecero. Bastante grande para los estándares checos y un jardín hecho y derecho, con grandes árboles y demás chiches; sin duda, uno de los más lindos que he visto en este país. No obstante, fui a sentarme a dentro, porque sí.

El interior resultó ser un poco más chico de lo que me había imaginado. Si uno entra desde la calle (y no desde el jardín, como hice yo), es recibido por una zona de bar relativamente amplia. Hay dos salones más, a la derecha, y un entrepiso justo arriba, cerrado al mediodía. Elegí una mesa con buena vista a los grifos, al lado de una ventana, cerca de la puerta.

El servicio fue impecable y la comida, aunque nada memorable, no decepcionó. Hasta tuve compañeros de mesa espontáneos: un tipo con su hijo de 10 años. Me contó que conocía el boliche de antes de que lo haya tomado Pivovar Uhřiněves (o, quizás, ¿de que lo haya recuperado? Ya que parece que había sido originalmente abierto por la cervecería original), agregando que ahora era un poco mejor. Lamentablemente para él, había venido en auto y tuvo que conformarse con nealko pivo, pero tenía mucha curiosidad sobre mi opinión de las cervezas, y seguro que ustedes también ya.

Empecé por el escalafón más bajo de la escala Balling the la casa, con Alois 11°; una Světlý Ležák que se acomoda muy bien a medio camino entre una Desítka y una Dvanáctka, no solo en lo etílico, sino también en lo sensorial. Un ejemplo perfecto de todo lo que puede hacer una excelente cerveza de una Lager Rubia. Me salteé un escalafón, para quedarme en el mismo campo cromático, y elegí Alois 14° como segundo plato. Los que reseñan y califican cervezas solo en base a muestras de cata probablemente juzgarían a esta como sosa y aburrida. Sin embargo, ya que la mayoría de ellos no entiende demasiado de cerveza, sus opiniones deberían ser ignoradas. Empieza un poco sosa, sí, pero empieza a abrirse luego de un par de tragos, convirtiéndose en una belleza sutil y bastante compleja; casi bipolar, con una tomabilidad engañosa contrastada por una arista afilada para que no olvides con quién estás tratando. Es lo que me imagino que una buena Exportbier debe haber sido.

A un escalón Balling más abajo está Alois 13°, una Polotmavý. Teniendo en cuenta el alto nivel que habían fijado las dos cervezas anteriores, esta se quedó un poco corta. No le encontré nada técnicamente malo, pero la faltaba ese cuerpo y redondez que tanto me gusta en las cervezas de este tipo. Por suerte, Porter 16° tenía los músculos suficientes como para compensar las faltas de su hermana ámbar. ¡Qué belleza es esta Porter de convicción Báltica! Tiene todo lo que me gusta del estilo, presentado con garbo y competencia. Sería perfecta si la sirviesen en porciones completas de medio litro en lugar de (solamente) en 0,4l; pero para ser justos, eso no es culpa ni de la cerveza, ni del maestro cervecero. Pero más allá de eso, a veces pienso que es una pena que la mayoría de los checos parecen estar más dispuestos a toma una Ejl o ČIPE pedorras que una Lager negra excelente como esta; no se puede culpar a los elaboradores. Habrá entonces que valorar las pocas buenas Lager negras que hay y apoyar a los cerveceros que las hacen, en lugar de correr detrás de las últimas novedades.

En conclusión, ir a Uhřiněves fue una buena decisión. Todas las buenas referencias que tenía de la cervecería (suficientes como para romper mi moratoria de 6 meses con nuevos minipivovary ) quedaron confirmadas. Y si no tienen ganas de hacer el viaje, Pivovar Uhřiněves tiene un pub en Vinohradská, pero todavía no lo he visitado.

Na Zdraví!

Pivovar Uhřiněves – Pivovarská Restaurace
50°1'46.881"N, 14°36'18.711"E
K sokolovně 38 – Praha-Uhřiněves
+420 267 711 949 – info@restaurantpivovarska.cz
Lun-Sáb: 11-24, Dom: 11-23

6/9/16

Paseo Cervecero en Slaný


Iba a ir solo, pero el día anterior, un lunes, un viejo amigo que hacía mucho tiempo no veía me mandó un mensaje de texto. Le conté de mi plan y el muchacho se invitó.

Nos encontramos a la hora acordada en la estación de metro Veleslavín, junto cuando el bondi se acercaba a la parada. Luego de un un tranquilo y cómodo viaje de media hora, nos bajamos en la terminal de autobuses de Slaný. Una corta caminata nos llevó a Továrna Slaný, un nuevo minipivovar que había abierto en febrero en un edificio que supo ser una fábrica (de ahí su nombre), en donde Jakub Veselý, el mismo de Pivo Falkon, hace las veces de Maestro Cervecero.

Por algún motivo, esperaba que el local sea diferente. Quizás un espacio abierto, con techos más altos y el bar al fondo del salón o justo a la entrada. En lugar de ello, está distribuido en varios salones, haciéndolo más grande de lo que parece al principio, con una relativamente pequeña zona de bar a la izquierda de la puerta; todo en madera oscura, incluyendo los muebles. Es un poco demasiado genérico para mi gusto, y (al igual que la tipografía del logotipo) demasiado parecido a un Pilsner Urquell Original Restaurant. Pero eso al fin y al cabo es de muy poca importancia, en especial cuando el servicio y la comida que tuvimos fueron muy buenos.

Tenían cuatro cervezas de barril. Empecé con la Továrenská 10° světlé, una de esas cervezas que tiene todo lo que tiene que tener, pero un poco mal puesto. Entraba con algo de amargor, seguido por una cucharada demasiado generosa de dulzura casi caramelosa que rápidamente se hacía a un lado para dejarle paso a un final aguado, allí donde quizás el amargor debería haber estado. Insastisfactoria, es la palabra más correcta que se me ocurre para evaluarla. Kruták 12° světlé, la que siguió, tenía todas esas mismas cosas, pero más uniformemente distribuidas y en una capa un poco más espesa. Un ejemplo académico de lo que debería ser una buena Světůý Ležák. La verdad que me encantó. Terminé el almuerzo, que pasamos charlando de los más variados temas, con Salzberg 12° tmavé, una lager oscura que con maestría caminaba en el límite entre lo dulce y lo tostado. Increíblemente agradable. No me molesté con la cuarta, la IPA de 15°, Protektor, que solo estaban disponible en 0,3l por el mismo precio que medio litro de las otras. No entiendo por qué lo hacen (y me pregunto si los costos de producción de una IPA son tanto más altos como explicar la diferencia de precio). Mi amigo la tomó y dijo que estaba bien.

El balance general es muy bueno, y por sí mismo hizo que el viaje valiese la pena. Pero ya que estábamos en Slaný, habría sido un pecado no darse una vuelta por Pivovar Antoš.

El tiempo había decidido finalmente honrar su amenaza cuando dejamos Továrna. No estaba diluviando, todavía, pero ya nos estábamos mojando mientras caminábamos por Wilsonová hacia el centro. Fue en esa arteria en donde un cartel llamó mi atención. Anunciaba Zichovecký Pivovar, el escenario de World Beer Idol, la competencia en la que había sido jurado en enero. Estábamos en la entrada de Hugo Bagel Café.

Después de pensarlo por uno o dos segundos, entramos para hacer una escala. Si me hubiesen mostrado una foto del boliche, y me hubiesen dicho que está en Vinohrady o Holešovice, probablemente lo habría creído. Tiene la pinta y la decoración que se ha vuelto casi estándar en la nueva raza de café/bar/pub que se ha estado multiplicando por toda Praga. La comida que pasó ante nuestros ojos en ruta a otras mesas también se veía y bien, y el servicio fue excelente. La cerveza, por otro lado… Pedí una 10° de Zichovec, fue la sombra de los buenos recuerdos que tenía de ella; puede que no haya estado tan fresca como debería. Mi amigo pidio Matuška Apollo Galaxy y quedó muy satisfecho.

No es el tipo de local que uno espera encontrar en una ciudad checa mediana, pero una muy agradable sorpresa y, espero, parte de una tendencia más extendida por todo el país.

La lluvia se había intensificado durante nuestra escala y ya era bastante hinchapelotas, y no podría decirse que era de ayuda para encontrar el camino cuando entramos en la ciudad vieja de Slaný. Me di cuenta que no estaba seguro de la ubicación de la cervecería en relación a donde estábamos nosotros, y terminamos tropezándonos con ella cuando pensé que nos habíamos perdido.

Volver a estar bajo techo fue muy agradable, y volver a esta brewpub después de quizás dos años lo fue aun más. Nada había cambiado desde mi última visita, por suerte (aunque la empresa se ha expandido con una segunda, y más grande, fábrica en la periferia de la ciudad). El servicio fue tan bueno como había sido en los dos locales anteriores, y acá también tenían una Desítka de barril, Rarach. Muchísimo mejor que las dos anteriores; excelente, de hecho. Lo mismo podría decirse de la Polotmavá 13°. A veces, me gustaría que las microcervecerías checas se enfoquen más en cervezas como esta y menos en IPAs, pero quizás no son tan sexy (¿o rentables?). No obstante, cerré la corrida cervecera  con Tlustý Netopýr. No me importó (demasiado) que esta IPA de centeno también esté disponible solo en porciones de 0,3l (¡es de solamente 17°!), a un precio más alto que el de las otras dos por medio litro. Tenía ganas de tomar una malé pivo de todos modos y, con un palmarés de ya tres litros de cerveza, muchas cosas habían dejado de importarme. Además, la cerveza sí que es excelente y fue el moño perfecto para un día genial en compañía de un buen amigo.

Ya sea solo o acompañado, Slaný es sin duda un excelente destino para una excursión cervecera fuera de Praga.

Továrna Slaný
50°13'43.028"N, 14°4'40.694"E
Wilsonová 689 – Slaný
info@tovarnaslany.cz – +420 312 522 822
Lun-Jue, Dom: 11-22, Vie-Sáb: 11-23

Bagel Café Hugo
50°13'48.153"N, 14°4'51.795"E
Wilsonová 585 – Slaný
hugo@bagelcafe.cz – +420 734 154 250
Lun-Jue, Dom: 10:30-22, Vie-Sáb: 10:30-23

Pivovar Antoš
50°13'47.938"N, 14°5'19.052"E
Vinařického 14 – Slaný
kontakt@antosovakrcma.cz – +420 731 413 711
Lun-Jue: 11-23, Vie-Sáb: 11-24, Dom: 11-22

19/8/16

Cinco Años de Únětický Pivovar


Es una tardecita de viernes a mediados de agosto y, a pesar de que el tiempo no promete gran cosa, estoy sentado en el patio de Únětický Pivovar, esperando en compañía de una Desítka a los dueños, Lucie y Štěpán Tkadlec.

Unos minutos más tarde, justo cuando mi půl litr está peligrosamente cerca de vaciarse, llegan en sus monopatines. Vine a hacerles una entrevista en ocasión del quinto aniversario de la resurrección de la cervecería (que fue celebrado en mayo).

Mis esperanzas de tener una sesión seria de preguntas y respuestas empiezan a parecer más inciertas que el tiempo cuando Lucka insiste que tomemos algo más fuerte que cerveza. Pero no sé por qué me sorprendo, después de todo, estoy con gente amiga que tiene una cervecería y que les gusta el buen escabio tanto como a mí, sino más.

Recién luego de la llegada de tres jarras de cerveza y tres copas de Single Malt Scotch, y luego del “Na Zdraví!”, me las ingenio para arrancar la entrevista con algunas preguntas personales.

Ambos empezaron a trabajar en Pivovary Staropramen en 1998, pero en diferentes partes de la empresa. Lucie estaba en la sección financiera con auditorías internas. Štěpán estaba en los laboratorios, para luego estar a cargo de la línea de envasado y más tarde de inversiones en tecnología. No se conocerían sino hasta que Lucko tuvo la tarea de implementar SAP.

Lucie dejaría la empresa con el nacimiento de su primera hija. Štěpán lo haría más tarde; necesitaba un cambio. Tuvo por un tiempo una empresa de organización de eventos, pero aún tenían la necesidad de “hacer algo”.

Para ese entonces, estaban viviendo en la vecina Roztoky, y frecuentaban la bodega que sigue funcionando en el complejo de la antigua cervecería. Fue en una de sus visitas que tuvieron la idea de devolver el edificio a su propósito original.

Tuvieron suerte. En primer lugar porque el edificio se había mantenido en relativamente buen estado (entonces era empleado para almacenar productos lácteos), y en segundo lugar, porque el propietario quería terminar la relación con la empresa que operaba los almacenes. En 2010, se firmaron los contratos y se estrecharon las manos. La inversión total para poner en marcha la cervecería sería de 40 millones CZK (unos 1,6 millones EUR entonces). A diferencia de no pocas cervecerías nuevas, el financiamiento no provino de una campaña de crowdfunding o de subvenciones gubernamentales o de la UE. Una parte provino de préstamos, el resto, de dos inversores privados—amigos, que siguen siendo copropietarios.

La llovizna se ha puesto muy molesta y no tiene intención alguna de irse a otro lado. Agarramos los vasos y vamos adentro, al restaurante de la cervecería, que funciona en la antigua maltería construida en 1711, la parte más vieja del complejo.

Cuando nos sentamos a su mesa favorita, Štěpán y Lucie se disculpan, tienen que atender al encargado del restaurante—el Chef va a dejarlos y necesitan solucionar el tema de su reemplazo. Los Tkadlec manejan también el restaurante. Lucie me explica que lo tienen bajo una empresa filial para poder tener mejor control sobre la contabilidad, y agrega que prácticamente no genera ganancia. Le va de maravillas los fines de semana, en especial en primavera y verano, pero durante la semana va muy poca gente—algo que puedo atestiguar. Pero jamás se les ocurriría cerrar5lo. Para ellos es una parte importante de la cervecería, y no solo como un escaparate para sus productos. Cada año venden ahí 1.000 hl de cerveza, la mitad en botellas PET, pero hay otros lugares como Vzorkovna, el café de la Biblioteca Técnica Nacional, Pražán (en Výstaviště Praha Holešovice) y Kavárna Liberál que venden todavía más.

Ya desde el principio, Štěpán y Lucka querían que la cervecería fuese más que una empresa que elabora y vende cerveza. Su intención era convertirla en una parte integral de la comunidad, el pueblo de Únětice. Encontraron un fan en el alcalde, Vladimír Vytiska, quien les dio un apoyo total una vez que hubo conocido a los cuatro dueños y lo que tenían en mente.

Casi como si hubiese estado esperando el pié—es un músico y miembro de la compañía de Divádlo Sklep—el Sr. Vytiska se une a nuestra mesa para tomar un par de cervezas. Jarra en mano, me cuenta que le había encantado la idea de restaurar la cervecería. De hecho, es algo sobre lo que había pensado ya en la década de 1990, pero sin ningún resultado. El edificio de la cervecería fue una de las propiedades que el estado puso en venta en la Gran Privatización luego de la caída del régimen Comunista, y las municipalidades no tenían permitido tomar parte de las licitaciones; aunque, él también admite que el momento probablemente no habría sido el adecuado para una cervecería como esta.

El papel que Únětický Pivovar juega en la comunidad puede verse claramente en Posvicení la feria de la parroquia local que tiene lugar mañana en el patio y los viejos establos de la cervecería, a la cual voy a asistir como todos los años, y no tanto por la Lager de centeno elaborada especialmente para la ocasión, sino por la atmósfera (y también para ver al alcalde tocar el ukelele).

Una de las cosas que verdaderamente me sorprendió fue lo rápido que la cervecería fue puesta en marcha. Habían tomado posesión de los edificios en noviembre de 2010 y en mayo del año siguiente ya estaban elaborando la cerveza que sería servida en la inauguración en junio.

Fue casi cuestión de vida o muerte, me explican. Al no tener otra fuente de financiación, tenían que llegar a la temporada de verano desde el principio para al menos poder sobrevivir ese primer año. Fue muy duro, fue una locura, pero cuando vieron la multitud juntándose en el patio el día de la inauguración, sintieron que todo había valido la pena.
Y tuvieron razón. Ese primer año elaboraron unos 2.500 hl, y les tomaría apenas tres para llegar a los 10.000 hl/año que marcan el límite para ser legalmente un minipivovar. Gran parte de ello fue gracias a mucho trabajo de ventas—salir a ofrecer el producto y la cervecería—pero hubieron veces que la cerveza por sí misma fue capaz de presentar un argumento convincente. Cuando les pregunté cómo habían sido capaces de meter sus cervezas tan relativamente rápido en hospody de vieja escuela como U Pětníka, me contaron que habían tratado varias veces de hablar con el dueño—que también es propietario de Na Urale y Na Slamníku—pero el personal no quería saber nada. Ya habían prácticamente perdido las esperanzas cuando un día el tipo este pasó en bicicleta por la cervecería, paró a tomarse una en el bar y decidió que sus pubs tenían que vender esas cervezas.

En la actualidad Únětický Pivovar emplea casi 30 personas (incluyendo el personal del restaurante), la mayoría vecinos o de las localidades cercanas. El año pasado elaboraron 12.000 hl y este año esperan sacar 12.5 o 13 mil. Si bien Lucie tira la cifra de 20.000 hl para un futuro no muy lejano, no parecen ver al crecimiento como un objetivo por sí mismo, sino más bien como un resultado. Dicho esto, el equipo de cocción ya está que revienta, y pronto van a tener que decidir qué hacer: agregar una o dos ollas más o reemplazarlo por uno de 50 hl (el actual es de 25 hl). Una cosa sí es segura, no tienen ninguna intención de alterar su enfoque a la cerveza: 10° y 12° seguirán siendo las únicas cervezas elaboradas durante todo el año, complementadas por un puñado de cervezas estacionales.

No sería posible terminar la entrevista sin hablar de Vladimír Černohorský, el primer Maestro Cervecero de Únětický Pivovar, fallecido hace un año. El primer encuentro de Lucie y Štěpán con esta gran (y muy extrañada) personalidad del mundillo cervecero checo fue un clásico: Černohorský los recibió diciendo que admiraba a gente que prefería comprar una cervecería en lugar de un Lamborghini; y la cosa mejoró a partir de ahí. Ivan Chramosil, que hace poco se jubiló después de más de cuatro décadas en U Fleku, se ha unido al equipo, intentando llenar un poco el vacío dejado por Vladimír. Él diseñó la receta de la excelente Desítka de Aniversario servida en mayo. El día a día de la producción, sin embargo, está a cargo de Jan Lumbert, un tipo muy macanudo que no es ningún novato tampoco. Antes de venir a Únětice (localidad en donde vive), había trabajado 13 años como maestro cervecero en Staropramen.

Mientras empezamos a intercambiar anécdotas sobre nuestro común amigo Černohorský, otra gente se une a la mesa y la entrevista es ya del todo otra sesión en un bar, con la charla yendo de acá para allá y amistades siendo establecidas y reforzadas, mientras Štěpán llena en la cava de lagerización un Mazák de cobre con Posvícenský Speciál, la lager de centeno de 11.5° que será pinchada mañana; y todo sigue hasta pasada la hora de cierre. (Por suerte para mí, una de las camareras se ofreció a llevarme en auto, de otro se me habría complicado llegar a casa).
No voy a dármelas de observador objetivo. Tengo una relación especial con Únětický Pivovar que va mucho más allá de la cerveza. Se lo mucho que Lucka y Štěpán se han esforzado para llegar a donde están hoy, y creo que lo mismo podría decirse de todos los que trabajan allí. Su éxito es más que merecido.

Na Zdraví!

9/7/16

Fuera de Tema o ¿Habría que Prohibir la Cerveza?


El otro día, la gente de Cerveza Artesana llamó a sus seguidores de Facebook y de su página web a que firmen una petición para que la Unión Europea esencialmente prohíba al glifosato, el herbicida de más amplio uso en el mundo, si no me equivoco.

El argumento para ello es que el glifosato es una sustancia supuestamente cencerígena, de acuerdo a la clasificación de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (International Agency for Research on Cancer – IARC), que la incluye en la Categoría 2A – Cancerígenos Probables, junto con las carnes rojas, el mate consumido a más de 65°C y ser peluquero, entre otras cosas.

Lo curioso de esto es que esa misma lista incluye en la Categoría 1 – Cancerígenos Conocidos, junto con fumar, la carpintería, el plutonio y los escapes de motores diésel, al producto que Cerveza Artesana activamente promueve ya desde su mismo nombre: las bebidas alcohólicas.

No es mi intención con esto acusar a esta gente de hipócrita, no tengo motivos para creer que lo son, pero sí son víctimas de la ignorancia. En su llamado no hacen más que copiar y pegar los cansinos argumentos de una campaña de miedo, sin cuestionarlos y mucho menos corroborar la información. De otro modo, dudo que habrían mencionado la lista del IARC. No solo porque indica que el producto cuyo consumo ellos fomentan es “más peligroso” que el producto que quieren se prohíba, sino porque habrían estado al tanto de que la Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura han declarado oficialmente y de manera conjunta que es improbable que el glifosato suponga un riesgo cancerígeno para los seres humanos por exposición a través de los alimentos. (el .pdf de la declaración en inglés se descargar aquí).

El problema es que el significado de la lista de la IARC no es tenido en cuenta, o ha sido directamente tergiversado, en gran parte como resultado del hambre de los medios por titulares bombásticos que generen tráfico para sus sitios web—el llamado clickbait. Pero, tal como este este video en inglés lo explica de una manera muy clara y didáctica, lo que las categorías de la lista indican son más que nada riesgos hipotéticos: si se cumplen ciertas condiciones (nivel de exposición, dosis, etc.) este producto/sustancia/actividad se sabe es cancerígeno, es probablemente o posiblemente cancerígeno, no se ha podido determinar que lo sea, probablemente no lo es. Para poner un ejemplo claro: un par de birritas después del laburo, o un pucho después de un polvo no significa que vayamos a desarrollar algún tipo de cáncer; al igual que comer un pan elaborado con harina de trigo transgénico rociado con Roundup.

Pero el sensacionalismo no reconoce lógica. Hace unos meses, el mundo se sacudió al enterarse que habían sido encotnrados restos de glifosato habían sido encontrados en las 14 marcas de cerveza más populares de Alemania. ¡Horror!

Claro, si nos ponemos a leer el artículo debajo del titular apocalíptico o buscar un poco más de información (pero quién tiene tiempo para eso cuando hay tantos selfis para hacer), nos encontramos con una realidad completamente diferente. El divulgador científico Kevin Folta hace un muy buen análisis del tema: las concentraciones de glifosato detectadas en las cervezas van de los 0,46 µg/l a los 29,74 µg/l (microgramos por litro). En otras palabras, hay gente que pretende que nos asustemos por la presencia de dosis insignificantes de un “cancerígeno probable” en un producto que contiene 50.000.000 µg/l de un “cancerígeno conocido”.

En serio, dejémonos de joder un poco, si a pesar de todas las muertes causadas por el alcohol, no tenemos problemas en aceptar el hecho su consumo moderado no significa un riesgo para la salud—y hasta creemos que es saludable—¿por qué le tenemos miedo a una sustancia que ha probado ser eficaz y segura si la emplea tal como se indica?

Na Zdraví!

PD: A veces me pregunto si la campaña contra el glifosato (un producto ya no sujeto a patente) no es orquestada y financiada por algún fabricante, o propietario de la patente, de algún pesticida orgánico. (¿vieron? proponer una teoría conspirativa es muy fácil. Ahora es solo cuestión de esperar que Monsanto me envíe los honorarios por Bitcoin).

31/5/16

Sobre abstinencia, ritual y apatía


Sentía que había estado tomando un poco demasiado en las semanas anteriores—más de lo habitual, que también es un tanto demasiado. Estaba pensando en tomarme unos días, quizás una semana, sin escabio después de Vysmolení (en donde, a propósito, la de superputabombamadre. Gracias a la gente de Černoskotelecký Pivovár por dejarme pasar la noche en la cervecería, como todos los años—y en esta oportunidad por haberme llevado a la cama). La resaca jurásica con la que me levanté al día siguiente hizo que la decisión sea muy fácil.

Para ser sincero, no sé qué era lo que esperaba del intento, pero no fue difícil; para nada. Sí, hubieron momentos en los que tuve ganas de birra, en especial mientras preparaba la cena, pero eran efímeros; como si de repente me diese cuenta de que algo faltaba en el ritual alquímico de transmutar productos e ingredientes en algo mayor a la suma de sus partes, solo para ver que no era tan importante; su ausencia no afectaría el resultado.

Para el tercer día, creo, lo que sentía no era sed ni ganas; era apatía. Mi interés en la cerveza no era mayor al de cualquier otro tema sobre el que me gusta leer. Puede que haya sido un mecanismo de defensa—no podés tener ganas de algo que no te interesa (ayudó también el tener una semana bastante ocupada que no dejó tiempo para ir de bares. Aunque sí pasé por el frente de un par de mis viejos favoritos, sin sentirme tentado a entrar). En todo caso, no estaba contando las horas o días que había pasado sin una gota/hasta que volvería a saborear una cerveza.

Pero no completé la semana. Teníamos un viaje a Ríp planeado para el sábado pasado con las familias de algunos de los compañeritos de clase de mi hija. Estuvo bueno, a pesar de la presencia de demasiados pendejos (más de uno, es demasiado, la verdad).

Luego de haber caminado un par de kilómetros entre campos, desde la estación de tren de Ctiněves, subimos la legendaria colina desde el lado más empinado. Fui el primero en hacer cumbre (suena grandioso, pero son apenas un poco más de 450 m de alto). En la cima, hay una oportunidad perdida que hace las veces de aguadero; un lugar operado por mechupaunhuevistas profesionales que saben que la gente que llega hasta ahí va a comer y tomar cualquier porquería que le vendan (aunque para darles crédito, los precios son más que razonables). Al acercarme, me dije “¡qué mierda!” Había probado ser capaz de pasar varios días sin escabio sin sufrir ninguna consecuencia por ello, y fui a comprar una cerveza. Habría sido un pecado no hacerlo—algunos rituales deben ser observados a pleno.

La cerveza que tienen es Bakalář (quizás porque la consiguen más barata que otras, o porque es la única dispuesta a hacer entregas ahí), servida en vaso de plástico, por supuesto. Luego de esperar pacientemente en la cola, recibí mi velká 11° y encontré un lugar debajo de un árbol para sentarme y disfrutar de mi recompensa.

Una bosta. Los grifos no se ven desde la ventana, pero juzgando por la apariencia de la espuma, mi birra no fue servida de un tirón, y apostaría que una buena era el goteo de otras anteriores por el barril hacía demasiada espuma; todo dispensado desde grifos que dudo sean limpiados con la frecuencia que deberían.

La terminé, tenía mucha sed y necesitaba tomar algo que no sea agua mineral, pero no tuve ganas de tomar otra, en lugar de ello, compré un helado. Sí, era así chota: después de una semana de ni siquiera oler cerveza y de haber caminado varios kilómetros y escalado una colina en el medio de un día cálido y húmedo, no tuve ganas de tomar otra birra.

Pero el día no terminó ahí.

Luego de una simpática situación con el tren de vuelta a Vraňany, en donde habíamos dejado el auto (el tren que estábamos esperando en Vraždov se había roto, pero el maquinista nos vino a buscar con un autobús que nos llevó a otra estación, en donde puso en marcha otro tren para que podamos ir a nuestro destino), el día siguió en la casa de una de las familias del grupo. Cuando paró de llover, fuimos al jardín e hicimos una fogata para asar špekáčky, mientras los purretes jugaban. El anfitrión fue al pub local a buscar cerveza con un par de botellas de plástico. Me ofrecieron un poco, lo acepté con gusto; más por buena educación que por ganas—de nuevo, el ritual. Esta vez se trataba de Svijany Fanda, que estaba bien, pero después de terminar la porción chica que me habían dado, ni se me pasó por la cabeza tomar otra—la apatía se había vuelto a hacer cargo.

Entre entonces (sábado a la noche) y ahora (tardecita del lunes), solo he tomado una de las botellas UzenejŽitnýVideňák (alias Mad Max, la cerveza que Pivovarský Dům elaboró según mi receta, o idea) que hacía 10 días estaban ocupando espacio en la heladera, mientras miraba una película ayer a la noche; casi de manera ritual.

¿Qué es lo que me quedó de todo esto? No sé. No tomar por algunos días está bien—y seguro que mi hígado lo agradece—pero tampoco es motivo alguno de orgullo. A lo mejor, lo que descubrí que, al menos para mí, la cerveza es más que nada una parte de un ritual: cocinar, la cena, una recompensa, un accesorio de una reunión social. Aunque, pensándolo bien, nada nuevo.

Na Zdraví!