27/01/12

!Herejía!

Me gustan mucho los boliches subterráneos, cuanto más profundos, mejor. Ir a tomar cerveza a un sótano es algo casi clandestino en donde se tiene la agradable sensación de estar escapando u ocultándose de algo o alguien, refugiándose en el solaz de otras almas similares. En un sótano, el tiempo y las estaciones pierden mucho de su significado. No importa la hora del día ni la época del año, el sótano tiene esa continuidad estática, casi impermeable al calendario y los relojes (y hasta hace poco, a las señales de los teléfonos móviles, ese azote moderno). No se va a un sótano a tomar una birrita al paso, bajar varios metros a las entrañas de la Madre Tierra implica un compromiso con nostros mismos.

Si hablamos de un lugar nuevo, al que nunca hemos ido antes, a todo esto hay que sumarle la incertidumbre. Un sótano no tiene fachada o ventanas, no tiene nada que nos pueda dar al menos una idea de lo que nos espera. Solo una puerta, imperturbable pedazo de madera que no revela lo que se oculta detrás de ella y nos desafía a vencer nuestros temores y abrirla.

U Kacíře - el Hereje*, es uno de esos boliches. No está muy profundo, apenas una docena de escalones por debajo de Manesova. Habiendo aceptado el desafío de la puerta uno se encuentra con un lugar invitante, bien iluminado y con colores cálidos. A la derecha, el salón no fumadores, a la izquierda, el espacio para fumadores, ambos separados por el bar, cuya forma ondulante es cortada al medio por un pared para luego continuar entre los no fumadores. Lindo.
Foto (c) U Kacíře
Pero hace falta más, mucho más que todo eso para hacerme feliz. Algo como Kout na Šumavě 10º nefiltrovaná. Creo que con este hereje nos vamos a entender bien.

Como acostumbro cuando voy a tomar solo, y en especial si es un lugar nuevo, me siento al bar. Me ayuda a tener una idea del trato que el personal le da a la cerveza y siempre existe la posibilidad de entablar conversación con alguno de ellos o con algún que otro parroquiano allí posado.

El pibe del bar está bastante ocupado y no habla mucho, pero la Kout está servida de maravillas, y no es solo eso lo que denota el respeto que este muchacho le tiene a sus cervezas (dentro de las posibilidades, los barriles, de 30l, están todos debajo del bar). El local abre a las cuatro y han pasado apenas unos minutos desde esa hora. Mi Kout debe ser la primera del día. El taciturno hombre sirve medio vaso y lo tira al fregadero. El ritual se repite con otras cervezas a medida que más gente va llegando. Trubáč, la cerveza que queda en las líneas desde el día anterior, algo que nunca debería llegar al vaso del cliente, pero que muchas veces lo hace. No en U Kacíře por suerte.

Hay otras nueve cervezas además de este monumento a la bebida nacional que estoy disfrutando, Kout 12º (filtrada), tres de Žatec y el resto de entre las varias marcas de K Brewery. Hoy día, nada fuera de lo común, es más, casi ordinario diría, pero ¡qué buena que está la Kout 10º! (Ya en su segundo půl litr) y la Žatec Tmavé tampoco está nada mal, simple, sutil, chocolatosa, con una pizca de tostado y tan bien servida como la anterior.

Un rostro familiar cruza la puerta. Una chica que solía trabajar en Zlý Časy y ahora aplica todo lo que aprendió en el templo de Nusle aquí en Vinohrady. Me quedo un půl litr más de lo que tenía planeado. Ya estoy como en casa, más contento que un chancho tomando cerveza. Hablamos de esto y aquello y me alegra oírle decir que el boliche está funcionando bastante bien, teniendo en cuenta que hace apenas dos meses que abrió. Con el buen trabajo que están haciendo, el éxito debería estar casi asegurado.

Si andan por el barrio (y si no también, está al lado de la estación de metro Jiřího z Poděbrad) dense una vuelta por U Kacíře y véanlo por ustedes mismos.

Pivní Šenk U Kacíře
50°4'40.829"N, 14°26'52.627"E
Manésova 87 - Praga-Vinohrady

+420 252 545 454
Lun-Vie: 16-?? Sáb-Dom 17-??

*Sí, sí, no se me ocurrió un título mejor para la entrada. Por otro lado, hace apenas unos años, un boliche con 10 grifos y diferentes cervezas hubiese sido casi una herejía, una apostasía al orden cervecero establecido. Hoy, por suerte, ya no sorprende a nadie.

25/01/12

Un poco de marketing

El marketing es algo que me resulta tremendamente interesante. Es mucho más democrático de lo que muchos creen. Hay campañas que fracasan estrepitosamente a pesar de haber sido planeadas en detalle y haber contado con enormes presupuestos y otras que son un éxito rotundo a pesar de de todo lo contrario. Como en todo, la suerte puede jugar un cierto papel, pero para mí, la clave del éxito está en qué tan bien se entiende al consumidor target y el mercado en general.

Las grandes empresas necesitan de consultoras y/o departamentos especializados que realicen investigaciones de mercado y planeen campañas porque, debido a sus propias estructuras, por un lado están muy desconectadas de la gente y por otro, están muchas veces obligadas a cautivar el espectro más amplio posible. Las empresas pequeñas tienen, a priori, la ventaja de estar en un contacto más directo con el consumidor lo cual les permite escuchar mejor sus inquietudes. Sin embargo, al final del día, todo depende de qué tan bien unas y otras sean capaces de interpretar y sacar provecho a la información obtenida.

Otro motivo por el cual me interesa prestarle atención al marketing (todo lo que hace una empresa para poder vender su producto/brand es marketing) es que este puede ofrecer una imagen de lo que está pasando por la cabeza de una empresa y de cómo esta ve a los consumidores de sus productos, ya sea potenciales o reales.

Por ejemplo, Plzeňský Pradroj parece ver a los veinteañeros como una manga de idiotas superficiales y para ellos sacaron XCLNT un producto idiota y superficial (me pregunto qué habrá sido de él).

En cierto modo 24K Gold Faust es un producto bastante similar a XCLNT, superficial y presentado como algo innovador y con poco respeto por el consumidor. Se trata de una cerveza con oro (nada nuevo bajo el sol, dicho sea de paso) en una edición limitada de 60 botellas de 0.7l (con una etiqueta muy fea). Y la cerveza en sí misma tampoco es nada especial, una světlý ležák que se diferencia de otras en su categoría porque tiene pedacitos de oro flotando. ¡Qué loco!

Atraer la atención de la prensa puede resultar una muy efectiva herramienta de marketing. Si esa era la intención del elaborador de Faust Gold (y realmente no lo sé, pero es la impresión que me deja todo esto), entonces, a primera vista, la cerveza sirvió su propósito, ya que vi la noticia reproducida hasta en medios latinoamericanos. Sin embargo, si se presta un poco más de atención, (y en tanto esa haya sido la intención) vemos que el éxito no fue tal, ya que en ningún lugar vi en dónde fue la cerveza elaborada (además de Ostrava).

Pivovar Vyškov es el caso completamente opuesto a estos dos. A fines del año pasado sacaron Jubiler IPA, que no solo estaba muy buena, sino que la partida que habían elaborado (a media capacidad) se vendió en apenas diez días y ahora ya anunciaron una segunda versión, algo diferente. Pero no es solo esto lo que prueba que esta empresa sí que está escuchando la convesación y saben bien a quién le hablan.

Hace unos años, el tema eran las cervezas sin pasteurizar. "Nepasterované" se convirtió en una palabra casi totémica en el mundillo cervecero checo y a esta le siguió "nefiltrované". Más tarde la conversación pasó a la graduación balling, que en realidad es algo que va más allá de un par de números y es la parte más visible de un tema sobre el cual se discute mucho, High Gravity Brewing.

Vyškov atendió esto de una manera muy simple, incluyendo la frase "NEŘEDĚNO VODOU" (sin diluir con agua) en las etiquetas de sus cervezas. No es el único que lo hace de un modo u otro, pero sí es el único que parece haber llegado a los medios masivos con este mensaje.

El marketing es algo fascinante, tanto cuando se lo utiliza sutilmente como cuando se lo utiliza a lo bruto.

Na Zdraví!

23/01/12

Un par de pensamientos de lunes

Thirsty Pilgrim se preguntaba el otro día si los llamados "tickers" no son a la cerveza lo que Robert Parker es al vino, lo cual está relacionado a las boludeces que, según Stephen Beaumont, cometen algunos "raters". Esto me hizo acordar a lo que me pregunté hace poco, si el aparente éxito de las cervezas extremas o extravagantes era un poco resultado de estos tiempos de atenciones efímeras, etc.

Lo que lei en algunos de los comentarios que le siguieron a la entrada del Sr. B, junto con todo lo otro, me generó otra pregunta, si estas cervezas no son tampoco un "producto" de, y para, ciertos festivales en donde solo se sirven medidas relativamente pequeñas. En este contexto, una cerveza "normal" tiene una gran desventaja ya que suele necesitar bastante más que 0.1 o 0.15l para poder expresarse correctamente. Las que "ganan", entonces, son las cervezas que son capaces de generar un impacto instantáneo (a esto hay que sumarle también que no son pocos los que cometen el error de tomar una Pils o una Weizen después de haber tomado una DIPA o una Imperial Stout añejada en barrica, pero eso es otra cosa).

"Consistencia" es otra palabra que me ha estado dando vueltas por la cabeza. Hay gente que confunde "constencia" con "siempre igual", lo cual es un error. La regla cervecera #4 de Stan Hieronymus lo deja muy claro, pero no tan claro como lo que el Maestro Cervecero de Fuller's dijo sobre London Pride (según lo que Jeff Alworth citó en el blog de Alan) que "entrar a un bar y darte cuenta que tu amigo tiene un nuevo corte de pelo. Sigue siendo tu amigo, solo que hoy está un poco diferente". Brillante.

Sí, las variaciones entre partida y partida van a ocurrir, son inevitables y al mismo tiempo, bienvenidas, pero aun así creo que el ideal de todo maestro cervecero debería ser al menos intentar que todas las partidas salgan exactamente iguales, a pesar de saber y aceptar que tal cosa no es posible. El objetivo es prevenir que ese amigo, además de haberse cortado el pelo, termine haciéndose una cirugía plástica.

Por otro lado, hay algunos elaboradores que mencionan lo de las "variaciones" para justificar enormes diferencias entre una partida y otra, lo cual no deja de ser una muestra de su ineptitud. Pero esto también es otra historia.

Na Zdraví!

20/01/12

Locales, viejo, actual, más viejo

Velký Al está llevando una serie de blogs invitados titulada "My Local" (no sé si la traducción de "local" en inglés a "local" en español es la más adecuada, pero me gusta como suena), en donde autores de ambos lados del atlántico hablan, básicamente, de sus pubs favoritos.

En su contribución Ron Pattinson, entre otras cosas, define a un "local" como un lugar en donde "no importa qué tanto ha pasado desde tu última visita, uno sigue la cosa tal y como la dejó, incluso si ha pasado un año". Palabras que podrían describir muy bien lo que sucedió durante mi última visita a Pivovarský Klub.

Hubo una época en que PK fue mi local. Iba casi todas las semanas, conocía a varios de los štamgasty y había establecido una relación bastante amistosa con parte del personal y hasta con un par de los dueños. Esto fue hasta que descubrí a Zlý Časy, que se convirtió en mi local casi desde mi primera visita. No fue porque el templo cervecero de Karlín haya hecho algo mal, sino porque el de Nusle me ofrecía esa onda de tugurio de barrio que no sabía había estado extrañando tanto.

El Klub me sigue pareciendo uno de los mejores pubs de Praga y de tanto en tanto me doy una vuelta. En esta visita en particular, Klára tenía a cargo el bar de abajo. Klára para mí es algo así como la versión siglo 21 de Maryška, la protagonista de la película Postřižiny (el hombre que haya visto esta película y no se enamoró perdidamente de Maryška debería seriamente cuestionar su sexualidad, el hombre que no ha visto esta película, debería hacerlo), es linda, simpática y entiende cerveza (si hasta ha elaborado algunas tiradas). Me senté al bar y me puse a hablar con ella y pronto se sumó a la conversación el amigo de ella que estaba también en la barra y más tarde otro tipo que estaba ahí sentado. Sentí como si mi última visita no hubiese sido varios meses antes, sino apenas unos días. Ron tiene razón y en cierto modo, Pivovarský Klub sigue siendo un poco mi local.

Días más tarde, en Zlý Časy estaba tomando unas birras y charlando de estoylotro con un argentino que estaba de paso en Praga cuando veo entrar a una amiga asturiana, que también estaba de paso en Praga, acompañada de su miláček checo. Ella había quedado en encontrarse ahí una pareja de catalanes, también amigos míos, que también estaban de paso en Praga.

Lo que siguió fue una tarde genial. Sentados alrededor de una mesa chica, hablando todos al mismo tiempo y riéndonos a carcajadas con buena cerveza como combustible.

Y este también es uno de las cosas que define a un local. Uno puede hacerse de nuevos "amigos" en cualquier boliche con buena onda, incluso en tu primera visita, pero un local, además de eso, da también la posibilidad de encontrarse de casualidad con viejos amigos, lo cual es algo enormemente gratificante, justamente por lo casual y espontáneo.

Sin salir demasiado del tema. Me alegró mucho saber que U Pětníka, mi primer local en Praga además de Staropramen y Pilsner Urquell, ahora tiene Únětická 12º, mi cerveza 2011. El lugar está exactamente igual que cuando lo "dejé", algunas de las caras, las recuerdo de cuando iba muy seguido. Fue una muy linda sensación volver a tener un motivo para visitar este arquetípico bolichón de barrio.

Un consejo antes de cerrar, si no tienen un "local" encuentren uno y lean la serie "My Local" en Fuggled para convencerlos de ello.

Na Zdraví!

18/01/12

Una anécdota con moraleja

Catfish Sumeček es una de mis cervezas favoritas de Pivovar Kocour. Es una de esas birras casi perfectas, sesionable, pero que a la vez se puede tomar despacio mientras se lee un libro y escucha buena música, interesante, pero que también se puede tomar con el único objetivo de calmar la sed. El otro día me pintó que sería lindo poder tomarla en casa el fin de semana. Mientras estaba haciendo la compra en Pivkupectví estaba de gran charla, agarré una botella de la heladera correspondiente, pagué por ella, sin interrumpir demasiado la charla, la metí en mi mochile y apenas llegué a casa la puse en la heladera.

Su momento llegó en la cena del domingo. Abrí la botella y sentí un aroma extraño emanando de ella. Nada que se pueda identificar como una contaminación o infección, simplemente algo que no tenía nada que hacer ahí. Cuando la serví noté que la cerveza era un toque más oscura y amarronada de lo que la recordaba y que ese aroma foráneo se había intensificado. Había algo que estaba mal con esa cerveza, muy mal. Tan mal estaba que ni siquiera era Catfish Sumeček, sino que era V3 Rauchbier. No me di cuenta de ello gracias a finalmente haber identificado ese aroma (el ahumado, por supuesto), sino porque por fin miré la etiqueta de la botella que había comprado casi una semana antes. En fin.

Pero eso no fue lo peor. No pude disfrutar de esta cerveza. No porque haya habido algo mal en ella, V3 es una buena ahumada y es posible que se haya llevado mejor con la lasagna que la otra, pero lo que yo quería y había esperado tomar era la Sumeček.

Esto me hizo pensar en la manera en que las expectativas afectan la impresión que nos llevamos de una cerveza (o cualquier producto o servicio). Es cierto que en este caso mis expectativas eran bien específicas (una cerveza determinada), pero calculo que entienden lo que quiero decir. Leemos blogs y algunos consultan sitios como llenos de reseñas de cervezas, en algunos casos, tremendamente halagadoras que enormemente suben el nivel de expectativas. A esto hay que sumarle la información no del todo concreta que a veces aparece en las etiquetas, como los estilos, los cuales muchos asocian con un rango exageradamente limitado de características sensoriales. Entonces me pregunto en qué medida esto ayuda y en qué medida perjudica a una cerveza y nuestra relación con ella y si no son a veces aquellas cervezas de las cuales menos referencias tenemos las que más disfrutamos.

¿Y la moraleja? Hay que presar atención cuando se está comprando algo.

Na Zdraví!