15/5/15

Un par de noticias cortas


Ser un autor auto-publicado tiene una enorme desventaja, estás limitado a escribir durante tu tiempo libre. No importa que tanto te apasione tu proyecto, tarde o temprano va a tener que asumir un segundo plano frente al laburo que paga las cuentas (y, si tenés una familia y/o algo que pueda llamarse una vida social, también frente a eso). Es cierto que no tenes que cumplir con ningún plazo contractual, pero igual querés publicar tu trabajo, quizás porque querés empezar a trabajar en otro proyecto—tal como es mi caso—o simplemente por una cuestión de orgullo y ego (que también es mi caso).

Cuando empecé a trabajar en la segunda edición de “La Guía Cervecera para Borrachines”, me impuse como plazo la segunda mitad de mayo. A la primera parte—las secciones de introducción—la escribí rápido y sin problemas, pero me encontré con una pared cuando estaba listo para empezar con los recorridos; primero, el tema de encontrar tiempo para hacer el “trabajo de campo” y después para escribir los cosos esos—los recorridos nuevos y la actualización del resto, porque todos necesitan ser actualizados. Básicamente, me fue difícil sentir de nuevo el entusiasmo que tenía al escribir la primera edición. Pero superé el obstáculo y me fije un programa de trabajo que supuse me ayudaría a cumplir con ese plazo auto-impuesto. Pero justo cuando le había vuelto a tomar el gusto y estaba entrando en ritmo, me mandaron una bocha de laburo, material bastante complicado que al cual le tendría que dedicar casi todo mi tiempo y me dejaría agotado cada día. No me quejo, es bien pago, y en cierto modo bienvenido.

Terminé con esos trabajos a principio de mes, pero volver a ponerme a escribir ha resultado ser más difícil de lo que esperaba; será quizás porque necesito reconfigurar mis sesos desde traducir documentación técnica de varias cosas (parte de la cual estaba horrendamente escrita) a crear lo que se supone sea una lectura entretenida. Así que no voy a cumplir con el plazo, y no estoy seguro de cuándo voy a poder terminar el libro, lo cual, debido a las noticias, puede que no sea tan malo después de todo.

A principio de mes, Dno Pytle anunció en su página de FB que se estaban mudando a un local más grande. Sabía que estaban buscando uno, y tenía la esperanza de que lo encontrarían cerca de su dirección actual (o mejor dicho, anterior) para poder dejarlo en el mismo recorrido. Resulta que no. Su nueva dirección es en Vinohradská y debería abrir antes de fin de mes. Voy a necesitar reescribir uno de los recorridos que ya había terminado, pero me alegro por los dueños, se merecen el éxito.

Este mes también debería ser el de la reapertura de U Klokočníka. Unos días luego del cierre del boliche, fue anunciado que se había llegado a un acuerdo con la Municipalidad de Praga 4 (el propietario del edificio) y que bar reabriría en mayo luego de unas reformas.

Me puse a buscar alguna novedad al respecto, y terminé allí donde había visto la noticia por primera vez, en este excelente obituario de Pivní Partyzán. Si se le puede dar crédito a dos de los comentarios más recientes, la cosa no pinta muy bien. Uno de ellos fue publicado la semana pasada por un tal Ondra, que dice haber pasado por el local y no haber notado ningún cambio y que el interior seguía vacío. El otro, publicado por un Anónimo un mes antes, afirma haber oído de un ex-empleado que es muy probable que Kácov no vuelva a ser la cerveza vendida en ese bar. Me parece que voy a tener que darme una vuelta y preguntarle a alguien que me pueda confirmar.

El bar que sí va a reabrir en cualquier momento es U Šumavy, en Štěpánská. La tankovná de Budvar cerró el pasado otoño por reformas luego de un cambio de dueño. El nuevo dueño es Vodouch, el mismo que U Vodoucha, U Slovanské Lípy y Černokostelecký Pivovar. Según me han dicho, el local va a seguir un modelo similar, sino el mismo, de los otros tres. Voy a tener que visitarlo cuando reabra.

Eso es todo, creo. En lo que respecta al libro. Va a tener 16, quizás 17, recorridos. En total, cubrirá más de 100 bares. Manténganse en sintonía.

Na Zdraví!

10/5/15

Sobre frascos y la sanata del recipiente correcto


El otro día, el Jardín del Lúpulo se quejaba de la última moda que parece estar arrasando a España de manera inexorable: beber cerveza en frascos.

Lo que le molesta a JDL es que los frascos son un recipiente “poco apto para la degustación” y que su (supuesto) origen de solución “cutre y casera” los hace indignos para la cerveza, o algo por el estilo. En fin.

Por suerte, Marc R, tuvo la gentileza de aportar una crítca más racional:
Beber en terro es funcionalmente incómodo. Los labios se acoplan mal al recipiente, es irregular en su contorno, y algunas veces incluso demasiado ancho o estrecho. Para beber a trago limpio, dame por lo menos algo funcional. Una jarra, un vaso ni que sea de cubata, o un shaker (que no deja de ser una coctelera). Pero por dios eso no.
Y tiene razón.... ¿O no?

No estoy seguro; nunca tomé cerveza de un frasco.

Me entró la curiosidad, y al igual que con la pajita, la mejor manera de sacarse la duda es tomando la vía empírica.

Por suerte, en casa, los frascos sobran (mi mujer hace mermeladas y jaleas caseras que están de putamadre). Agarré uno limpio, lo enjuagué; saqué de la heladera una botella de mi fiel Hubertus 11º, y me fui a sentar al jardín, porque la tarde estaba demasiado linda como para hacer este tipo de pavadas puertas adentro.

A pesar de que el frasco podría haber estado mejor lavado—las burbujas pegadas a la pared y el fondo daban prueba de ello—y de que no me tomé la molestia de enfriarlo como se debe, la formación y retención de espuma no fue diferente a la que habría sido con un vaso tratado de la misma manera.

La rosca de la boca fue algo incómodo, pero solamente al principio. No me tomó mucho tiempo encontrar una manera y lugar para apoyar los labios y casi olvidarme de la rosca (aunque me imagino que esta debe ser más difícil de lavar).

Tomar a trago limpio no supuso ningún problema. El temor de que el líquido se acumule en la parte superior del frasco—donde se vuelve más angosto—y se derrame por los costados de mi boca resultó infundado. Lo único, sí, fue que mi nariz tocaba el borde opuesto de la boca del frasco; pero soy medio narigón y es algo que me pasa con cualquier vaso de boca angosta.

En lo que respecta a degustar. El frasco no presentó ningún obstáculo a la hora de olfatear la cerveza, ni tampoco para tomar tragos cortos, tal como lo hacen los degustadores de ley.

Lo único que sí me resultó incómodo fue el agarre. Fue como sostener un jarro clásico de medio litro sin manija. Para alguien con mano más chica que la mía, podría ser un problema.

Probé también con un frasco más chico, aunque solamente con agua; no tenía ganas de esperar que otra botella se enfríe, y solo quería probar la mecánica del beber.

Sin mayor problema, tampoco. Gracias al tamaño, el agarre fue más cómodo, y no me pareció que su forma sería un inconveniente para degustar.

La verdad, tengo que admitir que mis prejuicios estaban bastante pifiados. Tomar cerveza desde un frasco resultó ser una experiencia mucho más placentera de lo que había esperado. Pero es una experiencia que no tengo ningún interés en repetir.

Al igual que el Teku y esos nuevos vasos con forma de consoladores anales, el frasco me parece un recipiente feo, un toque ridículo y redundante. Sin embargo, y al igual que el Teku y esos nuevos vasos con forma de consoladores anales, entiendo por qué le puede gustar a cierta gente. El frasco tiene esa onda rústica que a no pocos les resulta atractiva; no es de extrañarse entonces que se haya puesto de moda (algo que por mis pagos no ha sucedido, y dudo que vaya a suceder, ya que por ley, los vasos utilizados en hostelería deben tener impresa una marca CE con la medida correspondiente; en casa, además de tener vasos de sobra, últimamente, tomo casi siempre de jarros/vasos de cerámica que me resultan mucho más agradables).

Todo esto me lleva a un tema que hace rato me anda dando vueltas por la cabeza, el del vaso correcto/indicado/apropiado/adecuado para tomar/degustar tal o cual estilo/tipo de cerveza.

Cuanto más pienso al respecto, más convencido estoy de que se trata solamente de sanata, verso, chamuyo, a menudo propagado por el marketing o intereses comerciales, y repetido y copiapegado por gente que no parece tener muchas ideas propias.

Como varios otros elementos del discurso cervecero actual, el tema de los vasos/copas fue copiado del vino, que a su vez, gran medida, se lo debemos a Riedel, un fabricante de cristalería—¡pero miŕa vos, qué casualidad!

Al presentar sus copas, Riedel, afirma, entre otras cosas, que las diferencias pueden ser tan grandes, que cuando el mismo vino es servido en varias copas diferentes, incluso experimentados conocedores de vino creen que están degustando tantos vinos diferentes como hay copas”.

Sin embargo, existe un estudio independiente publicado por el Journal of Sensory Sciences (.pdf), y resumido en este artículo de Vinepair, que contradice a Riedel.

Según el estudio, el efecto de la forma de la copa es, a lo sumo, psicológico (que no es poca cosa, seamos sinceros; el aspecto, la información previa que tengas sobre el producto y la sugestión van a afectar tu opinión—si alguien nos dice que cerveza A se expresa mejor en vaso X, lo más probable es que lo creamos). Sin embargo, en pruebas (literalmente) ciegas, los participantes del estudio no fueron capaces de apreciar ninguna diferencia significativa al evaluar los aromas de un mismo vino servido en cuatro recipientes distintos, dos de los cuales eran de Riedel. (Cabe mencionar que es justamente el sentido del olfato el que juega el papel más importante. Una vez que el líquido se encuentra en la boca, el sentido del gusto va a percibir lo mismo; eso de la distribución de los gustos en la lengua que nos enseñaron en el colegio es un mito).

Quería saber si algún estudio similar había sido realizado con cerveza.

En un e-mail, Stan Hieronymus me dijo que hasta donde él se acordaba, lo más parecido fue un estudio encargado en 2006-7 por Sam Adams para el diseño del vaso para Boston Lager. Según Stan, el estudio fue muy exhaustivo y serio, pero sus resultados no han sido publicados. Se trató, después de todo, de algo pagado por una empresa para un fin comercial específico; lo que yo buscaba era un estudio independiente.

En teoría, un estudio de este tipo no sería muy complicado de llevar a cabo: habría que reunir un grupo lo suficientemente numeroso y diverso de consumidores, darles a probar una cerveza servida en cuatro o cinco vasos diferentes con un sistema doble-ciego (sin decirles de qué tipo de cerveza se trata, tampoco hace falta ir al extremo del estudio de las copas de vino) y pedirles que evalúen cada vaso, repitiendo el proceso con otros estilos/tipos. Esto debería generar datos estadísticos que al menos indicarían una tendencia hacia qué vaso es el más adecuado para cada estilo/tipo.

Bueno, es fácil en teoría solamente. No creo que haya mucha gente al otro lado de la pantalla con los recursos y las ganas de llevar a cabo algo semejante. Y no importa, la verdad que no.

Más allá de los resultados que se puedan obtener con estudio así, no dejarían de ser producto de “pruebas de laboratorio”, y nadie toma cerveza en condiciones de laboratorio.

En el mundo real existen innumerables factores que difícilmente pueden ser replicados de manera consistente en un laboratorio, cuyo impacto en la apreciación del producto, ya sea por sí mismos o en combinación, puede ser muy significativo: estado de ánimo, salud y cansancio; la hora del día, el día de la semana, la estación del año y el clima; si estamos solos o acompañados, y por quién; lo que hemos comido y bebido durante el día; el lugar en donde estamos, la música, la iluminación, la decoración, los ruidos y olores que nos rodeen allí, etc.

Hay otro factor que podría ser no poco importante, y que no recuerdo haber visto mencionado, el fisionómico.

Kristen England es Maestro Cervecero y ex-Director de Educación Continua del BJCP, además de escéptico del “vaso correcto” (será porque en competencias se emplea un solo tipo de vaso, que no es raro sea de plástico). En un e-mail, Kristen me contó sobre lo que le pasó en Chile, durante una cata en una bodega muy pituca, en donde les hicieron probar el mismo vino en 5 copas diferentes, insistiendo mucho en lo mucho mejor que sabe ese vino en su copa “perfecta”. Kristen entonces les preguntó sobre la forma de la boca, la orientación entre esta y la nariz, entre otras cosas, a lo cual le respondieron que nada de eso juega un papel. Cito la opinión de Kristen al respecto ”Bullshit”.(*)

Todavía no he podido obtener información concreta sobre qué tan significativo es el papel de la fisionomía de nuestro rostro en la percepción de aromas y sabores, pero no deja de ser clara evidencia de lo que dije casi 800 palabras antes: esto del vaso correcto no es más que verso, sanata y chamuyo, porque todos somos diferentes. No solo por cada uno de nosotros es más o menos getón o narigón, sino que también podemos tener una mayor/menor sensibilidad o tolerancia a determinados aromas y gustos, y nuestras historias, experiencia, preferencias, hábitos y expectativas como consumidores—de todo, no solo de cerveza—tienen una variabilidad infinita.

Seguir insistiendo entonces con lo del vaso adecuado para tomar tal o cual cerveza es casi tan absurdo como afirmar que somos todos iguales.

En conclusión, a lo expertos es mejor ignorarlos, o al menos tomar lo que dicen con una generosa dosis de escepticismo, máxime cuando nos están vendiendo algo, y en especial si son eventos promocionales disfrazados de cursos. Después de todo, la manera más apropiada de disfrutar una cerveza es la que más te gusta o resulta conveniente.

Na Zdraví!

PS: La espuma, su formación y retención, es un argumento muy utilizado por los snobs del cristal. Según mi experiencia, si sabés cómo servir una cerveza (incluyendo el trato que se le debe dar al vaso), formar y retener espuma no es ningún problema con ningún estilo (hablando, por supuesto, de tipos de cerveza que deberían retener espuma).

(*) Perfecto ejemplo de sugestión. Que el vino es mejor en una copa determinada es algo decidido de antemano y se espera que los asistentes de la cata lo acepten sin cuestionamientos. Eso no es educar, es indoctrinar.

19/4/15

Popularidad, gustos personales y cultura cervecera


Hubo un tiempo, hace unos años, cuando parecía que Staropramen estaba mejorando. Fue cuando la marca de Smíchov se había convertido en la insignia de un puñado de cervecerías de Europa del Este que un fondo de inversiones belga le había a ABIB, y había decidido llamar Starbev.

No duró demasiado. En 2012, Starbev fue vendida a Molson-Coors y esos días pertenecen al pasado. Si es que fueron alguna vez realidad. Mi impresión puede haber sido producto de la ilusión o de haber tomado la cerveza en uno de esos cuándos-y-dóndes que hacen que todo sea más rico. Sea lo que sea, hoy me encuentro coincidiendo plenamente con la reseña de Staropramen Světlý publicada por Pivní Receze el otro día.

El comentario al final, por otro lado. Bueno...

Según Moro, el autor Staropramen je českou dvojkou na trhu – toto dosti vypovídá o pivní kultuře v našem státě. (Staropramen es segunda en el mercado checo, lo cual dice bastante sobre la cultura cervecera en nuestro país).

¿En serio?

Si Staropramen dice tanto sobre la cultura cervecera checa, me pregunto entonces qué es lo que Jupiler, Oettinger Pils y Carling Lager dicen sobre la cultura cervecera en Bélgica, Alemania y el Reino Unido, respectivamente. ¿Que son iguales a la checa, y la de todo el mundo?

Este mapa muestra las marcas más vendidas de cada país. Todas son lager rubias de producción masiva, del tipo que calificaríamos como sosas, sin carácter, sino directamente una mierda; propiedad de multinacionales en su gran mayoría, sino todas. Lo mismo que Staropramen. (La única excepción, Irlanda, ofrece una imagen distorsionada. según un comentario del Beer Nut en el blog de Stonch, las lager rubia se venden más que Guinness en una proproción de 3 a 1, pero el mercado está dividido entre varias marcas, todas grandes y multinacionales.)

¿Qué es lo que nos dice esto, que las culturas cerveceras locales distintivas no existen, que son solo un mito o algo especialmente preservado para turistas y románticos?

Eso sí que sería una flor de huevada.

La posición de Pivovary Staropramen como (distante) segundo en el mercado checo tiene poco y nada que ver con la cultura cervecera. Se debe a otros factores, y los más importantes, en mi opinión, son disponibilidad y hábitos de consumo.

No creo que haya un solo supermercado, samoška, večerka (vietnamská o no), smíšené zboží or nápojka en este país que no venda al menos una de las marcas de Pivovar Staropramen. Esto es muy importante, más aun hoy día que el 59% de la cerveza consumida en la República Checa es de botella (plástico y vidrio) y lata. Hay gente que a lo mejor prefiere otra—digamos mejor—marca, pero si no la encuentra cuando va a hacer la compra semanal a Kaufland o Albert, va comprar Staropramen, Braník, o algo por el estilo, porque son baratas y cumplen con lo que se espera de ellas—al igual que la mayoría de las otras cosas que tienen en el changuito. Sumemos a esto el aun sustancial número de bares, etc. que venden Staropramen, y la imagen es bastante clara para cualquiera que tenga ganas de verla.

¿Qué es lo que sacamos de esto entonces?

a) Que, a menos que estemos dispuestos a re-examinar el concepto mismo de “cultura cervecera”, lo que la popularidad de Staropramen nos dice de la checa es absolutamente un joraca.

b) Que los gustos y preferencias personales casi nunca ofrecen una buena base para observaciones más amplias.

Na Zdraví!

29/3/15

Una tade con Nela


El jueves pasado a la tarde la patrona se fue de joda. El plan era originalmente para el miércoles, pero por algún motivo u otro tuvo que ser cambiado para el día siguiente, lo cual significaría que iba a tener que ir con Nela a su clase de cerámica en Roztoky.

Mentiría si dijese que mi corazón palpitó lleno de entusiasmo (lo que me rompía las pelotas era la idea del viaje, que incluye cambiar bondis en Velké Přílepy, lo cual haría que no lleguemos a casa sino hasta casi las 8 de la noche). Pero no protesté, quiero que mi mujer salga a divertirse sola también, le hace falta.

Nela se había quedado en casa ese día. No se había sentido bien el día anterior y nos pareció que sería mejor dejarla reposar. Pasó todo el día tirada en el sofá. Llegamos a pensar que quizás sería mejor que no fuese tampoco a la clase de cerámica, pero, un poco antes de las 3, volvió a la vida y a ser la misma de siempre (le encanta esa clase de cerámica).

Ya que iba ir al centro, mi jermu dijo que iría más temprano para aprovechar el viaje y encargarse de un par de asuntos relacionados con su trabajo, y quizás hacer algunas compras. Nos dejó en Roztoky en el camino, lo cual nos ahorró el viaje de dos bondis.

Cuando Nela y yo nos bajamos del auto en Tyršovo náměstí, teníamos más de una hora para matar. El ritual de Nela con su maminka es ir a comprar algo para comer y ver las peceras en una tienda de mascotas cerca de la plaza. Pero eso tomaría apenas unos minutos.

De haber estado solo, habría ido a un boliche bastante bueno no muy lejos de ahí. Pero no estaba, y el lugar ese no es del tipo a donde uno puede ir con una nena de 5 años casi por una hora, y el restaurante del Hotel Academic no es del tipo en donde a mí me gustaría pasar casi una hora. Por suerte soy un gran observador (al menos en lo que respecta a aguaderos), y me acordé que hay dos cafés en Tyršovo náměstí.

Fuimos a ver los pescaditos (al menos una parte del ritual tuvo que ser observada) antes de ir hacia los cafés (están a apenas unos metros uno del otro). El primero, Cafe del Rio, era chiquito y tenía pinta de aburrido. El otro, Cafe-bar EIFFEL, pintaba más interesante (tenía un cartel de cerveza al lado de la entrada, Schwartzenberg, que, cuando nos acercamos vi que tenía compañía, Únětický).

Cuando llegamos a la puerta del local, Nela me dijo que había estado ahí una vez, y que le había gustado mucho. A mí también me gusto.

Estoy muy seguro que hasta no hace mucho este boliche era más o menos lo mismo que el bar de la serie de TV checa Okresní přebor–del tipo en donde, de haber estado solo, no me habría molestado mucho pasar una hora, pero no muy lindo para llevar a una nena de 5 años—pero ahora lo tiene gente bastante piola.

El salón es relativamente grande y para nada mal puesto. El bar está en el centro a la derecha y una buena parte, al fondo, fue convertida en una sala de juegos para purretes con muchos chiches y hasta una maqueta de un castillo, con un tobogán. La belleza de todo esto es que el sala de juegos está abierta hasta las 6:30, para que los vienen a disfrutar de una sesión vespertina no sean molestados por el sonido (o el ruido) de chicos jugando. Un modelo de negocio brillante, la verdad.

Nela quería que nos sentásemos en una de las mesas de la sala de juegos. Por suerte para mí, estaban todas ocupadas, pero una en el salón principal con una perfecta vista al tobogán estaba libre. Nela aceptó el compromiso y, después de pedir un jugo y una torta, se sacó los zapatos y corrió al castillo.

Desde el punto de vista cervecero, no me podía quejar. De barril tenían Schwartzenberg 10º y 11º, Únětická 10º y 12º, Guinness y una cerveza invitada—Černá Hora Kern, una polotmavé výčepní, ese día, y me alegré al verla, es un tipo de cerveza que me gusta mucho, pero que casi nadie hace.

Nela estuvo en la sala de juegos solamente un rato. Volvió a la mesa y pasamos el resto del tiempo comiento y tomando nuestras meriendas. Quedó muy satisfecha con su jugo y torta. Yo quedé muy satisfecho con mi hermelín (uno de los mejores que he comido ultimamente) y las dos birras que tomé: Úňa 12º y Kern.

Pagamos y fuimos caminando despacito hasta la clase de cerámica (la cual disfruté mucho más de lo que estoy dispuesto a admitir). En el camino, ambos estuvimos de acuerdo que Cafe-Bar Eiffel es un lugar bastante copado y que un día tenemos que volver.

Había dejado la cámara de fotos en casa y no tomé notas. No me hizo falta nada de eso. Siempre me voy a acordar de lo que comí y tomé esa tarde de jueves esa tarde de jueves en roztoky, y qué me pareció, mientras pasaba el rato con mi petisa, mirándola jugar, y charlando y boludeando juntos.

El lugar y el momento, el cuándo y el dónde. De eso es de lo que la cerveza verdaderamente se trata. Todo lo demás, por más interesante que pueda llegar a ser, es, al final de cuentas, más bien superfluo y prescindible.

Na Zdraví!

Cafe-bar EIFFEL
50.1606464N, 14.3941233E
Tyršovo nám. 480, Roztoky u Prahy
+420 603 411 465 – petrap@volny.cz
Lun: 15-22:30, Mar-Mié, Vie-Dom: 14-23:30, Jue: 12-22:30
Bus: 340, 350 – Roztoky-Tyršovo nám

PD: Me encanta vivir en un país en donde un padre tomando cerveza mientras mira a su hijo en un patio de juegos no es mal visto, sino que es un aspecto normal de la vida. (En la sala de juegos había un papá que tomó dos cervezas mientras su hija jugaba y creo que una de las mamás estaba tomando una copa de vino).

10/3/15

De birras por Pilsen y Bamberg


Siempre he tenido cierta debilidad por Mate's, a polotmavé pivo de Hostinský pivovar U Bizona, Čižice elaborada con yerba mate, no solo por mi nacionalidad, sino también porque es un muy buen ejemplo de cómo debería ser una cerveza con un ingrediente inusual o novedoso—sigue teniendo gusto a cerveza. El resto de su producción, sin embargo, era del tipo que no me importa tomar si me la encuentro en un bar, pero que me molestaría en buscar. Es por ello que fue para mí una sorpresa cuando, hace más o menos un mes, recibí un e-mail de Rober, el dueño de U Bizona, invitándome a unirme al grupo que estaba armando para un viaje a Bamberg a fines de febrero.

Para ser sincero, si la invitación hubiese sido para un festival o algo por el estilo, quizás no habría aceptado, pero estaba con muchas ganas de volver a Bamberg desde la primera vez que fui hace unos años, incluso si el viaje no sería más que una excursión de un día. Así que, luego de haber obtenido el permiso de la patrona, acepté la invitación y empecé a entusiasmarme.

Ya que el plan era salir a las 8 de la mañana del viernes, decidí que iría Čižice ya el jueves a la tarde para poder dormir lo suficiente. Robert me estaba esperando en la estación de tren de Pilsen. No lo conocía, y, salvo una corta conversación telefónica el día anterior, tampoco habíamos hablado nunca, pero apenas lo vi me dio la impresión de ser uno de esos tipos macanudos que solamente podés conocer en un buen bar.

Fuimos primero al bar que él tiene prácticamente en el centro de la ciudad, U Bizona. Estaba bastante lleno, y ruidoso. Me gustó. Tomé un par de birras, piqué algo y nos fuimos a Čižice. Robert vive en ese pueblo a las afueras de Pilsen con su mujer, en un departamento chico de tres ambientes encima de su brewpub.

U Bizona es un lindo boliche de pueblo. Robert lo tiene hace 12 años. En el pasado supo tener un propósito social que iba más allá de sentarse a birrear con amigos. Además del bar en sí mismo, decorado con una buena parte de la colección de viejos carteles publicitarios de chapa de Robert, hay un salón, ya fuera de uso, creo, bastante grande, con un escenario en donde se organizaban bailes y otros eventos del pueblo (me los imagino bastante parecido al baile de los bomberos de “Hoří, má panenko”, con un elenco similar de personajes coloridos).

In invierno, me contó Robert, no hay mucha actividad, apenas algunos de los lugareños que paran a tomar unas birras, mientras que la “sucursal” Pilsen, que arrancó hace algo más de un año, funciona muy bien. Lo contrario sucede en verano, gracias en gran parte a los ciclistas. Me hizo acordar un poco al brewpub the Bělec nad Orlíci.

Como aquel, U Bizona es uno de los pocos brewpubs que en donde el equipo de cocción no recibe a los visitantes, sino que se encuentra oculto en la trastienda.

No es muy bonito, la verdad. Pero Rober fue capaz de asegurarse los servicios de Lubomír Svoboda, un Maestro Cervecero con décadas de experiencia bajo la gorra, lo cual es más importante que tener una linda sala de cocción a la vista. Robert lo conoció a través de un amigo común, pero el por qué de la cervecería es todavía más interesante.

Robert tenía un empleado apodado Bizon, cuya salud se había deteriorado tanto que ya no le era posible seguir haciendo su trabajo. En lugar de despedirlo, decidió montar la cervecería y dejar que Bizon la lleve adelante, lo cual significaría un trabajo mucho menos exigente desde el punto de vista físico.

Luego de haber visto todo lo que había que ver, nos sentamos en el casi vacío salón de baile y mi anfitrión puso en la mesa muestras de las partidas de prueba de tres cervezas nuevas, todas elaboradas con yerba mate. La Lager tiene la misma receta que Mate's, pero con otro tipo de yerba, uno ahumado. ¡Estaba buenísima! Una vez más, muy bien balanceada, pero al límite, ya que el nuevo tipo de yerba es de sabor más intenso. A las otras dos, provisoriamente llamadas APA e IPA, si bien no estaban para nada mal, las encontré un poco redundantes como producto. De haber tenido el perfil lupulado que cualquiera esperaría de esos estilos, habría arruinado el propósito del ingrediente inusual, asumiendo que este y el lúpulo hubiesen sido capaces de trabajar juntos.

Seguimos charlando un rato como dos viejos amigos hasta que nos dimos cuenta que ya era bien pasada la media noche. Nos fuimos a dormir, el viernes íbamos a tener que arrancar temprano.


Dormí sorprendentemente bien (Robert había ofrecido alojarnos en su casa) y me desperté descansado y listo para ponerme en marcha.

El resto del grupo empezó a llegar después de la siete. Lubomír, el Maestro Cervecero; Pavel Karásek, dueño de Pivovar Ovipistán, que pronto abrirá en Pilsen, y Michal Staněk, el dueño de Kočovný Pivovar Holy Farm y Pivoteka pod Ořechem, en Petrov. Los otros dos miembros del grupo, Michal Horáček, alias Pivní Partizán, y Tomáš Fencl, de Pivovar Lobeč estarían llegando un poco más tarde a Pilsen en tren y los recogeríamos en la estación.

La idea de Robert de organizar un excursión con un grupo de desconocidos fue un toque genial. Prácticamente nadie se conocía. Yo me había encontrado un par de veces con Partyzán, pero al resto era la primera vez en mi vida que los veía. No me importó, por el contrario, después de todo no éramos más que un grupo de chabones yendo a tomar cerveza.

El camino a Bamberg fue casi como estar en un bar. Teníamos un cajón de cerveza en la parte de atrás de la furgoneta y la primera botella fue abierta todavía cuando estábamos en Pilsen. Algunas más cayeron en el cumplimiento del deber en las más o menos tres horas y media que nos tomó llegar a la Meca cervecera de Franconia.

La agenda era muy simple. Una visita a Wetermann seguida de cervezas en un par de boliches de la ciudad. Un plan perfecto.

Llegamos a Bamberg un poco después de las 11:30, y no tuvimos demasiado problema en encontrar la maltería. Miramos un poco y compramos un par de cosas en el centro de vistantes mientras esperábamos que Dagmar nos venga a buscar. Dagmar es una checa que hace 35 años vive en Alemania y ha estado trabajando con Weyermann por una buena parte de ese tiempo. Me había encontrado con ella en varias ocasiones y fue lindo volverla a ver.

Dagmar no dio una excursión VIP. Es un lugar impresionante, la verdad. Me encantó probar algunos de los diferentes tipos de malta que hacen y, mientras masticaba los granos, imaginarme cuántas cervezas copadas se podrían hacer mezclando algunos.

La visita culminó en la cervecería piloto que funciona en la fábrica, en donde probamos cinco o seis cervezas y un poco de Kirschwasser. Las birras estaban bastante buenas (aunque la Pils estilo checo estaba un poco demasiado delgada), hasta a la Weizen con menta peperina la veo como algo que no me importaría tomar en una tarde de verano. Fue bastante divertido, la verdad.

Pero la cata hizo que la visita a Weyermann termine siendo más larga de lo que habíamos previsto. No íbamos a tener demasiado tiempo para recorrer la ciudad.

Ya era pasada la hora del almuerzo. Luego de un debate muy, muy corto, decidimos que comeríamos en Schlenkerla y después ir a alguno de los otros templos cerveceros de Bamberg, antes de emprender el camino de regreso a Pilsne. Mahr's, lamentablemente, tendría que esperar a otra oportunidad.

¡Qué ciudad más linda que es Bamberg! No estoy diciendo nada nuevo, lo sé, pero igual vale la pena mencionarlo. Y la ausencia de multitudes la hizo todavía más linda.

A pesar de no estar repletos, ninguno de los dos salones de Schlenkerla tenía una mesa libre lo suficientemente grande como para acomodarnos a los siete. Por suerte, la camarera en el salón restaurante estaba de buen humor y abrió un pequeño salón privado para nosotros.

Fue un poco raro. La mayor parte del salón estaba ocupada por una mesa enorme (sin pararse y estirar el brazo, no era posible darle la mano a la persona enfrente tuyo. Muy siglo 19 todo, casi que podía sentir cómo mi barriga asumía una proporción rotunda y mi vello facial, proporciones Habsburguianas. Pero más allá de lo VIP que nos hizo sentir, los salones privados no tienen demasiada onda, me habría gustado estar en donde el resto estaba tomando y comiendo.

La comida fue muy alemana (pedazo grande de cerdo, chukrut, bollo), no estuvo tan buena, ni tan grande como en Au, pero cumplió con su trabajo de una manera más que suficiente. Hasta Partyzán, un vegano, quedó contento con el enorme plato de ensalada que le trajeron para pastar. Y tenían Fastenbier de barril, lo cual fue bueno, y todos se regocijaron.

Después del morfi, todavía tenía lugar para el postre. Un postre líquido, claro.

No creí que sería correcto irme de Schlenkerla sin antes tomar una Märzen dispensada por gravedad desde la ventanita del bar (me encantan los bares con ventanita, conozco uno solo en Praga, U Bergnerů, me gustaría que haya más). Eso también fue bueno, muy bueno, y Partyzán, Tomáš y yo nos regocijamos grandemente.

Nos quedaba tiempo para visitar un solo boliche. Nos decidimos por Spezial. En gran parte porque tendríamos que cruzar todo el centro de Bamberg y todos estábamos con ganas de caminar un poco.

El público vespertino todavía no había llegado, así que conseguir mesa no fue problema. Las rauchbiere llegaron rápido, en esas elegantes jarras de medio litro. Me la acordaba distinta, más seca, pero ya había tomado bastante para entonces ese día y puede que haya estado sensorialmente cansado. Pero fue que me puse a diseccionar la cerveza, la verdad, pero me habría gustado tener tiempo para otra más, para estar seguro, pero ya se estaba haciendo tarde y Robert no estaba esperando en Pilsen (suena increíble pero el tipo que organizó todo se quedó en casa porque cosas).

El viaje de vuelta fue más o menos lo mismo que el de ida. Botellas de cerveza fueron abiertas y pasadas de mano en mano. Mis intentos de dormir un poco fueron inútiles, mis dos compañeros de asiento inistían en que tenía que seguir con el escabio. Turros.

La sesión de la noche fue en U Bizona, en Pilsen. Después de probar con dos o tres de la cervezas de la casa, que no me funcionaron, me quedé con Klíšťák, una Red Ale de 13º que resultó ser ideal para la velada. Una velada que fue tan buena como puede llegar a ser cualquier velada con amigos en un bar, y más.

En el viaje, el Maestro Cervecero Luboš me contó sobre un buen amigo suyo que había vivido unos años en Argentina, trabajando para una empresa que montaba centrales eléctricas, y que le había gustado mucho la experiencia. Cuando llegamos al bar, lo llamó y me dio el teléfono, diciéndome que le hable de la manera mas argenta que me sea posible. De más esta decir que no me puse a citar a Borges o Cortázar. Le tomó a Láďa un par de segundos para que le caiga la ficha, pero cuando cayó, dejó lo que estaba haciendo y vino corriendo al bar, y tuvimos una muy divertida charla.

La noche siguió, siguió y siguió, y las cervezas fluyeron, fluyeron y fluyeron. La mujer de Robert nos llevó a todos a casa. Eran más o menos las 2 y media cuando caí en la cama.

Me desperté mucho más temprano de lo que me habría gustado, con algo de resaca—un ligero pero molesto dolor de cabeza, y el cerebro que apenas podía encontrarle sentido a un mundo que parecía estar andando un toque más rápido que el día anterior—pero nada que un poco de aire fresco, una taza de turka bien fuerte, una salchicha y medio litro de Klíšťák no pudieron solucionar.

Fue un viaje genial. Mi más sincero profundo agradecimiento a Robert por organizarlo.

Na Zdraví!

Aclaración: El almuerzo en Schlenkerla fue pagado por, básicamente, Weyermann. Las cervezas en U Bizona fueron a cuenta de la casa. Gracias a todos.