8/5/17

Cavilaciones con unas Birras Vespertinas


El otro día paré a tomar un par de cervezas en Krkonošská Hospůdka, un bar simpático y sin pretensiones al que me gustaría poder ir más seguido. Fui el primer parroquiano en entrar, justo cuando las puertas habían abierto, pero no estuve solo por mucho tiempo. Una pareja, unos años mayor que yo, tomó una mesa en el lado opuesto del salón y pronto llegaría más gente; un público variado que generó un lindo ambiente.

Pedí una Krakonoš 12°, tenía sed y no tenía ganas de pensar qué más había, además, le tengo algo de cariño a esta cerveza, a pesar de que la consistencia no es uno de sus puntos más fuertes, pero esa tarde estaba en gran forma.

El caballero al otro lado del salón estudió el pizarrón con las cervezas de barril y eligió President, una Světlý Ležák de 12° de Pivovar Ovipistán. No recuerdo haber visto ninguna referencia de este létajicí pivovar o sus cervezas, pero el caballero al otro lado del salón sí que estaba disfrutando esa dvanátcka, tanto que pidió otra antes de que yo haya terminado con mi primer cerveza y convenció a su acompañante de pedir una también, con resultados similares.

Bien, pensé, qué mejor referencia que esta, y pedí una velké.

Chota, en serio. La mayoría describe al diacetilo como manteca, para mí, margarina barata derritiéndose es una descripción más correcta (si están en Chequia, imaginen poner una cucharada de Perla en una sartén caliente), y esta cerveza olía a bastante y no sabía mucho mejor tampoco. Ahora, no me molesta un poco de diacetilo en una Lager Rubia, igual que una banda de rock usando un sintetizador, pero era como “Jump” de Van Halen. Intenté prestarle la mínima atención posible, tomando a trago grande y concentrándome en mi libro hasta la siguiente cerveza.

Bob&Dave Bitter 11° fue la siguiente cerveza. No la pedí al principio porque pensé que era una Bitter y no una jedenáctka bitter, y una muy rica. Empieza maltosa, como una Helles, pero el amargor herbal empieza a crecer al punto de casi arruinar todo a medio vaso, en donde se acomoda en un almohadón limpio de miga de pan. Está elaborada por Robert Franěk, el ex maestro cervecero en Pivovar Hendrych, en la flamante cervecería resucitada en Kamenice nad Lipu, y es bastante parecida a la Hendrych 11°, a la cual parece haber reemplazado en los grifos de este bar.

Y sin embargo, a pesar de lo que me estaba gustando, no podía dejar de pensar en la jarra de jugo de pomazánkové máslo que había tomado antes. Si siguen los comentarios de la intelectualidad cervecera local, podrían quedarse con la impresión de que la cervezas cargadas de diacetilo son un azote, al punto que Jiří Kaňa se preguntaba en Pivní.info si si el 2016 no fue el año del diacetilo. Y sin embargo, no cabía duda alguna que a ese caballero sentado al otro lado del salón President 12° le estaba gustando mucho.

Una cerveza es buena cuando te gusta y está bien hecha cuando refleja las intenciones de su elaborador. No teniendo a mano al de President 12°, voy a imaginarme que la cerveza está bien hecha. ¿Puede ser que el problema con el diacetilo es nuestro porque las guías de estilos nos dijeron que es un sabor no deseado? No hace que las cervezas lupuladas a los gritos eran un gusto adquirido, y ni hablar de las agrias.

¿La conclusión de todo esto? Vayan a Krkonošská Hospůdka y pidan Bob&Dave Bitter, no lo van a lamentar.

Na Zdraví!

Krkonošská Hospůdka
50°5'53.776"N, 14°24'23.323"E
Muchova 7 – Praga-Bubeneč
+420 608 566 262 – davidhousa@gmail.com
Lun-Vie: 15-22:30
Metro A, Tranvías: 1, 2, 8, 18, 20, 25, 26  – Hradčanská

12/4/17

Reseña de Vuelta a las Raíces: Pivovar Na Lochkově


No hay mejor manera de matar unas horas en Praga que hacerse una escapada cervecera. Tal fue el caso el Jueves pasado cuando decidí ir a Pivovar Na Lochkově, que había abierto hace casi un año.

Luego de terminar un par de diligencias, fui a Na Knížecí para tomarme el 120 hasta Lochkov. Fue un agradable viaje de media hora por algunas partes de Praga que nunca había explorado (vi un par de boliches interesantes en el camino).

Lochkov es uno de esos innumerables pueblos que Praga fagocitó en algún momento del siglo pasado y parece haberse salvado del sobre-desarrollo de localidades similares. A pesar de estar muy cerca de la sección SO del Pražský Okruh, sigue rodeado más que nada de campos y bosquecitos. Habiendo vivida las primeras tres décadas de mi vida en una ciudad en donde hay que manejar más de una hora para ver algo que no paisaje urbano, ir por campos después de unos pocos minutos desde el centro es algo que no deja de fascinarme.

El brewpub está prácticamente a la vuelta de la parada del autobús, en frente de una fábrica de cerveza abandonada que debe haber sido bastante grande. Llego unos pocos minutos después de la hora de apertura. La camarera todavía está sacándole fotos al menú del día para subirlas a FB, seguro, y hay un solo cliente además de mí, aunque pronto llegarán más.

El local es bastante moderno y no demasiado grande. Algunas de las paredes parecen tener imitación de ladrillo a la vista y hay muchas líneas rectas que me recuerdan un poco demasiado a Potrefená Husa o un bar de aeropuerto. Lo único que lo hace algo acogedor son las grandes ventanas que cubren todo el frente. Desde ellas se puede ver el equipo de cocción (de 5 hl, estimo, y muy lindo) en una esquina, detrás del bar, que no es muy largo. A la izquierda del bar está la cocina. Tomo una mesa en frente del bar. El banco acolchado a lo largo de la pared es muy blando y cuando me siento la mesa me queda un poco alta.

El servicio es impecable. Me toman el pedido de comida y pivo una vez que me puse cómodo. La comida, holandský řizek con papas y ensalada se la banca. La porción es generosa. Por 120 CZK me han dado cosas peores.

Pero lo que me trajo acá es la birra. No recuerdo haber visto ninguna referencia de Pivovar Na Lochkově desde su apertura, al menos no en los últimos meses, así que no sabía qué esperar. Había tres cerveza de barril: una Světlá 11°, una Polotmavá 13° y la Ipička. Empiezo con la Lager Rubia, como corresponde.

No estaba buena. Olía mucho a saborizante de miel y casi nada más. Me hizo acordar a lo que el dueño de otra microcervecería dijo mientras nos mostraba el equipo, que habían tenido que agregar maltas caramelizadas a su Světlý Ležák porque Pilsner Urquell ha hecho que la gente espere Lager Rubia más oscura. ¡Patrañas! Algunas de las mejores cervezas en el estilo son bien pálidas y a nadie parece importarle. Lástima que ese no era el único problema de esta 11°. Sabía como si el diacetilo y los fenoles se estuviesen pelando por el cuerpo, mientas el lúpulo se hacía una paja en una esquina. Fue la comida lo que la hizo pasable.

De más está decir, mis expectativas con la siguiente cerveza, la Polotmavá 13°, no eran muy altas. El color era caoba, casi como una Dunkles, y estaba deliciosa. Un poco de madera y nueces con el suficiente caramelo para balancearla y soplo de lúpulos florales al final. ¡Me encantó! Hizo que el viaje haya valido la pena.

Tenía tiempo para una más antes de tomar el bondi de vuelta, e iba a tener que ser una chica. ¡Qué mierda! Vamos por la Ipička. Una cagada. Hace un par de años las ČIPE (Český India Pejl Ejl) eran levadurosas y sin terminar. Parecen haber evolucionado a algo más limpio que huele a queso barato. Es una característica que he notado en demasiados ejemplares últimamente, incluyendo los intentos de Bernard y el del mes pasado de Prazdroj (aunque este en menor medida). ¡Es horrible! Esta encima no tenía casi nada para balancear la aspereza de lo que sospecho son lúpulos viejos y oxidados [citation needed]. ¿Por qué se molestan? O mejor dicho, ¿por qué me molesto yo? Ya debería saberlo mejor.

Pivovar Na Lochkově tiene sus cosas buenas. No me arrepiento del viaje y, si tuviese alguna garantía de consistencia, no me molestaría volver solamente por la Polotmavá 13°.

Na Zdraví!

Pivovar Na Lochkově
50°0'9.733"N, 14°21'17.470"E
Ke Slivenci 36 – Praha-Lochkov
+420 257 212 378 – nalochkove@nalochkove.cz
Bus: 120 to Lochkov
Mon-Sun: 11-22

30/3/17

Hora de Diatriba


Ya había comentado sobre esto en FB, pero terminé un proyecto antes de tiempo y estoy de humor para una buena diatriba.

Hace dos semanas tuvo lugar el primer Salon Piva en Praga, en Průmyslový palác, en Výstaviště, siguiendo festivales del mismo nombre en Bratislava y otras ciudades eslovacas organizados por la misma gente.

Fue un evento re-moderno, con cervecerías re-modernas presentando sus cervezas re-modernas al cual no pinto el orto asistir. Para empezar, era un festival de cata, con las muestras de 20 cl costando entre 25 y 50 CZK, según Pivníci (aunque una de sus fotos mostraba una cervecería vendiendo muestras de 10 cl a 20 y 25 CZK), y para llegar a esas muestras, y al vaso en las que serían servidas (ni Teku ni consolador anal, sino Shaker; que le quita un par de puntos de modernidad, creo) había que pagar 150 CZK de entrada.

Para poner las cosas en perspectiva, con el precio de la entrada en Praga podés comprar: 2 IPAs grandes en Pivovar Strahov, 2 porciones de medio litro de Matuška u otras marcas de precio similar en varios bares o 2 litros de la sobresaliente Fabián 12° en el agradable bolichito que Pivovar Hostomice se montó cerca de Nám. Republiky (2,5 litros, si preferís la igualmente sobresaliente 10°). ¿Por qué carajo querría pagar tanto solamente para poder entrar y comprar muestras de cata a precios ridículos?

Pero ese no es el problema que tengo con este festival. Los precios, incluyendo el de la entrada, son decisiones comerciales legítimas de empresarios vivos tratando hacer plata de una moda mientras dura. ¿Y quién los puede culpar? Parece haber un mercado no solo dispuesto sino
avido de pagar esa plata, incluso en Praga, en donde lugares modernos para tomar cerveza moderna no faltan.

No, hay otra cosa que me molestó de este festival, y bastante.

El sistema de pago era parecido al que Český Pivní Festival viene usando hace ya unos años, una tarjeta chip que se carga con créditos, reemplazando el efectivo y los cospeles, cupones, etc. Hasta ahí, todo bien; sensato, incluso. La cosa es que el sistema había sido configurado con una propina de 10% por defecto cada vez que compraba una cerveza. Y acá es donde me empieza a romper las pelotas la cosa. En cierto modo, no es muy diferente al “10% Service Charge” que algunas trampas para turistas en el centro le agregan a la cuenta de cualquiera que no hable checo. Claro que cuando cargabas la tarjeta podías decir que no querías pagar el 10%, cada vez, pero una propina no es algo que debería ser impuesto por defecto.

“Pero Max,” alguno de ustedes está diciendo, seguro, “yo no tengo problema. Yo creo que los propietarios de las Craft Breweries que vinieron a Salon Piva a promover sus Craft Beers merecen esos manguitos extra por servir esas muestras de cata sobrevaloradas y ponerlas en el mostrador, con una sonrisa”.

Muy bien. ¿Y si te digo que solamente la mitad de esa plata iba para recompensar a la gente sirviendo comida y bebida? Sí, leíste bien. De acuerdo a la información obtenida por Pivníci, la mitad de ese cargo extra casi obligatorio (solo anunciado en las cajas) terminaba en los bolsillos de HELLOPAY®, el proveedor del sistema de pago, que había fijado el cargo. ¡Qué lindo! Ah, y cuando ibas a que te reembolsen los créditos restantes en la tarjeta antes de irte del festival, HELLOPAY® te redondeaba el monto para abajo a la decena más cercana, dándose otra propinita por el excelente servicio que te habían prestado. Esto, según un comentario en la versión en inglés, no es verdad, y resulta que el pelotudo soy yo aca. Pido disculpas, tendría que haber corroborado la información.

¡Me cago en esta mierda! ¡Me cago en HELLOPAY®! ¡Y me cago en los organizadores de Salon Piva también! Esto ya no es hacer plata de una moda, estoy es estafar a la gente. La escena cervecera de Praga no necesita conchudos como ustedes. Háganos un favor, y no vuelvan. Acá también fui un pelotudo. Perdón.

Na Zdraví!

12/3/17

Un Pensamiento en el Trono


Ha estado ocurriendo en los EE.UU, el Reino Unido, España, Italia; hasta en Argentina, Colombia y Chile. Las macros comprando pequeñas cervecerías independientes. Y parece que esto va a seguir al menos por un rato.

Ahora, teniendo en cuenta sus recientes y, con pocas excepciones, no del todo exitosos intentos de sacar algo "distinto" al mercado, me pregunto cuánto más tardarán las macros checas en empezar a comprar minipivovary, y quiénes son los más probables candidatos.

Nada más. Sigan con lo que estaban haciendo.

Na Zdraví!

3/1/17

Balance de un Año Improductivo


Ha estado muy callado por acá, ¿no cierto?

Pensé que 2016 sería mucho más productivo que el año anterior. De hecho, empezó bastante bien. Me estaba divirtiendo mucho con el Desafío del Tranvía—tanto haciéndolo como escribiendo sobre él—y tenía varias otras cosas rebotándome en la cabeza. Pero llegó el laburo, un montón de laburo (por suerte), que me dejó con poco tiempo, y todavía menos ganas, de sentarme a escribir.

Los precios era uno de los temas sobre los que tenía ganas de escribir, y ya hacía un buen rato. No solo han subido, sino que parece que la cerveza “cara” se ha vuelto la norma. Pivovar U Medvídků quizás lo ilustra mejor que nadie. Diez años atrás, 48 CZK por medio litro de OldGott era bastante care (si mal no me acuerdo, todavía se podía encontrar Pilsner Urquell por menos de 30 CZK sin caminar demasiado). El precio actual de 50 CZK por la misma porción de la misma cerveza ya no sorprende a nadie (y apostaría que el precio promedio de una Urquell en Praga está hoy alrededor de 40 CZK). Una buena parte de esa inflación se puede ver las cada día más populares Ales y otros estilos “extranjeros”, I tengo esta molesta sospecha de que el precio de muchas de ellas es excesivo en relación a la diferencia en costos de producción al compararlos con Lagers de la misma graduación. Lamentablemente, no he sido capaz de ponerme a recolectar la información necesaria para probar o refutar esa hipótesis.

Algo relacionado a ello es mi capitulación en mi lucha persona (y vana) contra las putas medidas de 40 cl, al ver que hasta Zlý Časy las había adoptado a partir del pasado 1 de diciembre; lo cual me rompió bastante las pelotas porque mantuvieron los mismos precios nominales que antes.

Otra cosa sobre la que estuve cavilando el año pasado fue si tenía sentido organizar un festival cervecero en Praga, una ciudad que podría decirse es en sí misma un festival cervecero ininterrumpido. ¿Vale la pena bancarse los inconvenientes de ese tipo de eventos, que incluyen al menos uno (habitualmente, varios) de lo siguiente: falta de baños, falta de lugares para sentarse, comida chota, cerveza servida en condiciones que distan de ser ideales, música chota y a alto volumen, moderadores con delirios de comedia, colas y, por último pero no menos importante, pagar una puta entrada, cuando se puede en cualquier momento ir a alguna de las más de 30 micro-cervecerías e bares especializados y no tan especializados pero con cervezas interesantes, en donde es muy probable que haya servicio en las mesas, baños limpios, mejor comida y cerveza bien servida, y todo sin tener que pagar entrada por el privilegio? Todavía no me he decidido.

Pero los que más lamento no haber podido escribir fue sobre mi encuentro en junio con Lukáš Svoboda, el “Maestro Grifero” de Ambiente Restaurant Group, que compartió conmigo mucho de su conocimiento sobre el cuidado correcto de la cerveza y las líneas de dispensado, lo que sucede dentro del barril una vez que es pinchado, por qué la misma cerveza sabe diferente cuando se la sirve de una tirada o de dos o más, la diferencia entre el tipo de grifos de uso más común acá y en el extranjero (saben de cuál hablo) y esos de aspecto retro, popularizados en gran medida por Pilsner Urquell (sí, esos, también llamados “Nostalgie”). Las notas que tomé se ven ahora demasiado caóticas como para escribir algo coherente e interesante. Lo único que les puedo decir con seguridad es que, para servir bien una cerveza, el vaso tiene que estar enfriado y ser enjuagado con agua fría y no seco y a temperatura ambiente, como he leído en otros lados.

Dicho todo esto, no tengo planes todavía para este año. He estado pensando en comenzar a trabajar en una tercera edición de la Guía Cervecera para Borrachines, pero todavía no he tomado una decisión. De cualquier modo, no esperen que pase mucho por acá, pero estoy abierto a sugerencias.

Na Zdraví!

*Hay dos diferencias principales: el diámetro interno de los tubos de cada uno, 7 mm en los grifos comunes, 10 mm en los otros; y el hecho de que la manija de los primeros tiene solo tres posiciones, mientras que la de los “Nostalgie” se mueve en un arco de 90°.