12/3/17

Un Pensamiento en el Trono


Ha estado ocurriendo en los EE.UU, el Reino Unido, España, Italia; hasta en Argentina, Colombia y Chile. Las macros comprando pequeñas cervecerías independientes. Y parece que esto va a seguir al menos por un rato.

Ahora, teniendo en cuenta sus recientes y, con pocas excepciones, no del todo exitosos intentos de sacar algo "distinto" al mercado, me pregunto cuánto más tardarán las macros checas en empezar a comprar minipivovary, y quiénes son los más probables candidatos.

Nada más. Sigan con lo que estaban haciendo.

Na Zdraví!

3/1/17

Balance de un Año Improductivo


Ha estado muy callado por acá, ¿no cierto?

Pensé que 2016 sería mucho más productivo que el año anterior. De hecho, empezó bastante bien. Me estaba divirtiendo mucho con el Desafío del Tranvía—tanto haciéndolo como escribiendo sobre él—y tenía varias otras cosas rebotándome en la cabeza. Pero llegó el laburo, un montón de laburo (por suerte), que me dejó con poco tiempo, y todavía menos ganas, de sentarme a escribir.

Los precios era uno de los temas sobre los que tenía ganas de escribir, y ya hacía un buen rato. No solo han subido, sino que parece que la cerveza “cara” se ha vuelto la norma. Pivovar U Medvídků quizás lo ilustra mejor que nadie. Diez años atrás, 48 CZK por medio litro de OldGott era bastante care (si mal no me acuerdo, todavía se podía encontrar Pilsner Urquell por menos de 30 CZK sin caminar demasiado). El precio actual de 50 CZK por la misma porción de la misma cerveza ya no sorprende a nadie (y apostaría que el precio promedio de una Urquell en Praga está hoy alrededor de 40 CZK). Una buena parte de esa inflación se puede ver las cada día más populares Ales y otros estilos “extranjeros”, I tengo esta molesta sospecha de que el precio de muchas de ellas es excesivo en relación a la diferencia en costos de producción al compararlos con Lagers de la misma graduación. Lamentablemente, no he sido capaz de ponerme a recolectar la información necesaria para probar o refutar esa hipótesis.

Algo relacionado a ello es mi capitulación en mi lucha persona (y vana) contra las putas medidas de 40 cl, al ver que hasta Zlý Časy las había adoptado a partir del pasado 1 de diciembre; lo cual me rompió bastante las pelotas porque mantuvieron los mismos precios nominales que antes.

Otra cosa sobre la que estuve cavilando el año pasado fue si tenía sentido organizar un festival cervecero en Praga, una ciudad que podría decirse es en sí misma un festival cervecero ininterrumpido. ¿Vale la pena bancarse los inconvenientes de ese tipo de eventos, que incluyen al menos uno (habitualmente, varios) de lo siguiente: falta de baños, falta de lugares para sentarse, comida chota, cerveza servida en condiciones que distan de ser ideales, música chota y a alto volumen, moderadores con delirios de comedia, colas y, por último pero no menos importante, pagar una puta entrada, cuando se puede en cualquier momento ir a alguna de las más de 30 micro-cervecerías e bares especializados y no tan especializados pero con cervezas interesantes, en donde es muy probable que haya servicio en las mesas, baños limpios, mejor comida y cerveza bien servida, y todo sin tener que pagar entrada por el privilegio? Todavía no me he decidido.

Pero los que más lamento no haber podido escribir fue sobre mi encuentro en junio con Lukáš Svoboda, el “Maestro Grifero” de Ambiente Restaurant Group, que compartió conmigo mucho de su conocimiento sobre el cuidado correcto de la cerveza y las líneas de dispensado, lo que sucede dentro del barril una vez que es pinchado, por qué la misma cerveza sabe diferente cuando se la sirve de una tirada o de dos o más, la diferencia entre el tipo de grifos de uso más común acá y en el extranjero (saben de cuál hablo) y esos de aspecto retro, popularizados en gran medida por Pilsner Urquell (sí, esos, también llamados “Nostalgie”). Las notas que tomé se ven ahora demasiado caóticas como para escribir algo coherente e interesante. Lo único que les puedo decir con seguridad es que, para servir bien una cerveza, el vaso tiene que estar enfriado y ser enjuagado con agua fría y no seco y a temperatura ambiente, como he leído en otros lados.

Dicho todo esto, no tengo planes todavía para este año. He estado pensando en comenzar a trabajar en una tercera edición de la Guía Cervecera para Borrachines, pero todavía no he tomado una decisión. De cualquier modo, no esperen que pase mucho por acá, pero estoy abierto a sugerencias.

Na Zdraví!

*Hay dos diferencias principales: el diámetro interno de los tubos de cada uno, 7 mm en los grifos comunes, 10 mm en los otros; y el hecho de que la manija de los primeros tiene solo tres posiciones, mientras que la de los “Nostalgie” se mueve en un arco de 90°.

10/10/16

Prague Beer Week Grand Finále - Reseña


El primer Prague Beer Week tuvo lugar entre el 3 y el 9 de octubre con una serie de eventos en varios puntos de la ciudad que tenían a la cerveza (o craft pivo, como decía su nota de prensa, en fin) como su único, y algo endeble, punto en común. Culminó el fin de semana con el Grand Finále, un festival de cata en Kulturní Sportovna, en Smíchov; el único de los eventos al que asistí, el viernes.

(Aclaración: me dieron una acreditación de prensa, no tuve que pagar la entrada de 100 CZK, recibí 5 fichas y la copa sin tener que pagar el depósito. Para ser sincero, no habría asistido de otro modo. No aficionado a las catas—prefiero tomar—y, en principal, porque estoy en contra de tener que pagar para entrar a un lugar a comprar cerveza.)

Kulturní Sportovna es un viejo depósito al lado de la terminal de autobuses Na Knížecí, que ha sido restaurado lo mínimo indispensable para hacerlo funcional. El espacio perfecto para este tipo de evento: acogedor, rústico, nada pomposo y con una ligera onda de taberna rural; sin duda, mucho más agradable que un hotel de lujo, un palacio o un centro de exposiciones.

A la izquierda de la entrada estaba el bar permanente del lugar y frente a este habían instalado un bar móvil que preparaba cócteles con cerveza. Entre ellos había un espacio prácticamente vacío. La comida era provista por un food truck estacionado afuera, al lado de la entrada. Las cervezas checas eran dispensadas en un bar largo en forma de U instalado detrás de una columna en el medio del salón, mientas que las importadas podían encontrarse en el sótano.

No soy la audiencia de este tipo de eventos así que no puedo evaluar el ambiente con justicia. La música no me gustó mucho (mi problema), pero la tenían a un volumen moderado y no hacía falta gritar para mantener una conversación con la persona de al lado.

Todo daba la impresión de estar muy profesionalmente organizado. Había bastante lugar para sentarse, con mesas dispuestas alrededor de los grifos con cerveza checa, y algunas más, abajo. Había también un par de tanques con agua para enjuagar la copa oficial del festival, una Teku (que me parece muy fea y para degustar no es mejor, ni peor, que prácticamente cualquier otro tipo de vaso o copa de vidrio; pero está de moda y tiene un tallo alto que la hace automáticamente pituca). En la entrada entregaban tarjetas con una lista de todas las cervezas disponibles, indicando sus estilos, Plato y contenido alcohólico; muy útil para poder elegir las cervezas, en lugar de darle la vuelta al bar.

Todo parecía estar funcionando muy bien, al menos durante el par de horas que pasé el viernes. El único detalle a objetar fue la falta de agua para enjuagar el paladar entre las muestras. Jarras en las mesas o al menos una fuente habrían estado muy bien, en especial teniendo en cuenta que muchas de las cervezas eran de sabores muy intensos.

La selección de cervezas era excelente: 45 cervezas de 15 cervecerías/marcas (10 domésticas, 5 importadas), con la suficiente variedad para dejar contento a cualquiera. Había Lagers rubias y oscuras, una Weizenbock, Pale Ales y Stouts de varias convicciones, hasta agrias.

Como tomar una muestra de cata de una cerveza de sesión es un derroche de tiempo, y cerveza, opté por los pesos más pesados. Las cervezas checas que tomé—No Idols DIPA de Clock, Asfalt de Zhůřák, Superfly India Saison de Falkon, Morion Stout de Albrecht, Weizenbock de Zichovecký, Russian Imperial Stout de Permon, Sweet Jesus de Sibeeria—estuvieron todas de muy buenas a excelentes; aunque quizás servidas demasiado frías, en especial las Stouts. La única nota discordante fue High Diver, una IPA elaborada por Next Level Brewing, de Alemania, que me pareció horrible. A las demás cervezas importadas no les dí pelota. Costaban dos fichas; demasiado caro para algo de lo cual no tenía ninguna referencia. Lo que me lleva lo único que me molestó:

El precio.

Las fichas costaban 35 CZK y cada una alcanzaba para una muestra de cerveza checa. Si bien el tamaño de las muestras parecía estar a criterio del grifero, la mayoría de las que tomé eran de 0,2l. Eso equivale a casi 90 CZK por medio litro. Exagerado; y hasta ridículo para algunas de las cervezas. Es bastante más de lo que cuesta una Matuška o Falkon (dos de las marcas más caras del país) en boliches como BeerGeek o Zlý Časy, que además no te cobran 100 CZK para entrar. 25 CZK, aunque aún lejos de ser barato, habría sido razonable. En serio, por ese precio por volumen podés comprar en no pocos bares de la ciudad un litro de excelentes cervezas (o craft pivo, si así las quieren llamar), un par de las cuales también disponibles en este festival.

Pero como ya dije, fue un evento muy bien puesto y los organizadores merecen los elogios, más allá de los precios. Muchas gracias por la invitación.

Na Zdraví!

13/9/16

Escapada Cervecera a Uhřiněves


Un par de días después de mi paseo cervecero en Slaný decidí que el tiempo estaba lo suficientemente lindo como para darse una vuelta por Pivovar Uhřiněves, o, mejor dicho, Pivovarská, el restaurante de la cervecería.

Llegar fue una pavada, un viaje de 20 minutos en un City Elephant desde Hlavní Nádraží que no me costó ni un mango por la línea es parte del sistema de transporte público de Praga. Desde la estación de Uhřiněves hasta la cervecería es solamente una caminata relativamente corta aunque no muy agradable. (que resultó ser un tanto más larga para mí. En Prátelství, la arteria principal de la localidad, fui para la izquierda cuando tendría que haber agarrado para la derecha—habían pasado un par de días desde que había mirado el mapa y la memoria me falló. Y podría haber sido también aun más corta y agradable se hubiese notado el sendero a unos metros a la derecha de la estación, que ni siquiera había visto en el mapa).

Según lo poco que pude encontrar al respecto, la historia de Pivovar Uhřiněves es muy parecida a la de Unětický Pivovar: originalmente abierto en la segunda década del siglo XVIII y cerrado en 1949, después de haber sido nacionalizado por el régimen Comunista, luego de haber intentado volver a ponerlo de pié al terminar la Segunda Guerra Mundial. Según lo que un amigo involucrado en el proyecto me había dicho el año pasado, la resurrección de la cervecería fue financiada parcialmente con fondos de la UE, y que una de las condiciones de la subvención fue que la fábrica esté funcionando comercialmente para noviembre. El plazo no fue cumplido (y me pregunto cómo lo solucionaron, voy a tener que averiguarlo), y la cervecería no abriría oficialmente sino hasta abril de este año.

Lo primero que me llamó la atención cuando por fin llegué al restaurante fue su jardín cervecero. Bastante grande para los estándares checos y un jardín hecho y derecho, con grandes árboles y demás chiches; sin duda, uno de los más lindos que he visto en este país. No obstante, fui a sentarme a dentro, porque sí.

El interior resultó ser un poco más chico de lo que me había imaginado. Si uno entra desde la calle (y no desde el jardín, como hice yo), es recibido por una zona de bar relativamente amplia. Hay dos salones más, a la derecha, y un entrepiso justo arriba, cerrado al mediodía. Elegí una mesa con buena vista a los grifos, al lado de una ventana, cerca de la puerta.

El servicio fue impecable y la comida, aunque nada memorable, no decepcionó. Hasta tuve compañeros de mesa espontáneos: un tipo con su hijo de 10 años. Me contó que conocía el boliche de antes de que lo haya tomado Pivovar Uhřiněves (o, quizás, ¿de que lo haya recuperado? Ya que parece que había sido originalmente abierto por la cervecería original), agregando que ahora era un poco mejor. Lamentablemente para él, había venido en auto y tuvo que conformarse con nealko pivo, pero tenía mucha curiosidad sobre mi opinión de las cervezas, y seguro que ustedes también ya.

Empecé por el escalafón más bajo de la escala Balling the la casa, con Alois 11°; una Světlý Ležák que se acomoda muy bien a medio camino entre una Desítka y una Dvanáctka, no solo en lo etílico, sino también en lo sensorial. Un ejemplo perfecto de todo lo que puede hacer una excelente cerveza de una Lager Rubia. Me salteé un escalafón, para quedarme en el mismo campo cromático, y elegí Alois 14° como segundo plato. Los que reseñan y califican cervezas solo en base a muestras de cata probablemente juzgarían a esta como sosa y aburrida. Sin embargo, ya que la mayoría de ellos no entiende demasiado de cerveza, sus opiniones deberían ser ignoradas. Empieza un poco sosa, sí, pero empieza a abrirse luego de un par de tragos, convirtiéndose en una belleza sutil y bastante compleja; casi bipolar, con una tomabilidad engañosa contrastada por una arista afilada para que no olvides con quién estás tratando. Es lo que me imagino que una buena Exportbier debe haber sido.

A un escalón Balling más abajo está Alois 13°, una Polotmavý. Teniendo en cuenta el alto nivel que habían fijado las dos cervezas anteriores, esta se quedó un poco corta. No le encontré nada técnicamente malo, pero la faltaba ese cuerpo y redondez que tanto me gusta en las cervezas de este tipo. Por suerte, Porter 16° tenía los músculos suficientes como para compensar las faltas de su hermana ámbar. ¡Qué belleza es esta Porter de convicción Báltica! Tiene todo lo que me gusta del estilo, presentado con garbo y competencia. Sería perfecta si la sirviesen en porciones completas de medio litro en lugar de (solamente) en 0,4l; pero para ser justos, eso no es culpa ni de la cerveza, ni del maestro cervecero. Pero más allá de eso, a veces pienso que es una pena que la mayoría de los checos parecen estar más dispuestos a toma una Ejl o ČIPE pedorras que una Lager negra excelente como esta; no se puede culpar a los elaboradores. Habrá entonces que valorar las pocas buenas Lager negras que hay y apoyar a los cerveceros que las hacen, en lugar de correr detrás de las últimas novedades.

En conclusión, ir a Uhřiněves fue una buena decisión. Todas las buenas referencias que tenía de la cervecería (suficientes como para romper mi moratoria de 6 meses con nuevos minipivovary ) quedaron confirmadas. Y si no tienen ganas de hacer el viaje, Pivovar Uhřiněves tiene un pub en Vinohradská, pero todavía no lo he visitado.

Na Zdraví!

Pivovar Uhřiněves – Pivovarská Restaurace
50°1'46.881"N, 14°36'18.711"E
K sokolovně 38 – Praha-Uhřiněves
+420 267 711 949 – info@restaurantpivovarska.cz
Lun-Sáb: 11-24, Dom: 11-23

6/9/16

Paseo Cervecero en Slaný


Iba a ir solo, pero el día anterior, un lunes, un viejo amigo que hacía mucho tiempo no veía me mandó un mensaje de texto. Le conté de mi plan y el muchacho se invitó.

Nos encontramos a la hora acordada en la estación de metro Veleslavín, junto cuando el bondi se acercaba a la parada. Luego de un un tranquilo y cómodo viaje de media hora, nos bajamos en la terminal de autobuses de Slaný. Una corta caminata nos llevó a Továrna Slaný, un nuevo minipivovar que había abierto en febrero en un edificio que supo ser una fábrica (de ahí su nombre), en donde Jakub Veselý, el mismo de Pivo Falkon, hace las veces de Maestro Cervecero.

Por algún motivo, esperaba que el local sea diferente. Quizás un espacio abierto, con techos más altos y el bar al fondo del salón o justo a la entrada. En lugar de ello, está distribuido en varios salones, haciéndolo más grande de lo que parece al principio, con una relativamente pequeña zona de bar a la izquierda de la puerta; todo en madera oscura, incluyendo los muebles. Es un poco demasiado genérico para mi gusto, y (al igual que la tipografía del logotipo) demasiado parecido a un Pilsner Urquell Original Restaurant. Pero eso al fin y al cabo es de muy poca importancia, en especial cuando el servicio y la comida que tuvimos fueron muy buenos.

Tenían cuatro cervezas de barril. Empecé con la Továrenská 10° světlé, una de esas cervezas que tiene todo lo que tiene que tener, pero un poco mal puesto. Entraba con algo de amargor, seguido por una cucharada demasiado generosa de dulzura casi caramelosa que rápidamente se hacía a un lado para dejarle paso a un final aguado, allí donde quizás el amargor debería haber estado. Insastisfactoria, es la palabra más correcta que se me ocurre para evaluarla. Kruták 12° světlé, la que siguió, tenía todas esas mismas cosas, pero más uniformemente distribuidas y en una capa un poco más espesa. Un ejemplo académico de lo que debería ser una buena Světůý Ležák. La verdad que me encantó. Terminé el almuerzo, que pasamos charlando de los más variados temas, con Salzberg 12° tmavé, una lager oscura que con maestría caminaba en el límite entre lo dulce y lo tostado. Increíblemente agradable. No me molesté con la cuarta, la IPA de 15°, Protektor, que solo estaban disponible en 0,3l por el mismo precio que medio litro de las otras. No entiendo por qué lo hacen (y me pregunto si los costos de producción de una IPA son tanto más altos como explicar la diferencia de precio). Mi amigo la tomó y dijo que estaba bien.

El balance general es muy bueno, y por sí mismo hizo que el viaje valiese la pena. Pero ya que estábamos en Slaný, habría sido un pecado no darse una vuelta por Pivovar Antoš.

El tiempo había decidido finalmente honrar su amenaza cuando dejamos Továrna. No estaba diluviando, todavía, pero ya nos estábamos mojando mientras caminábamos por Wilsonová hacia el centro. Fue en esa arteria en donde un cartel llamó mi atención. Anunciaba Zichovecký Pivovar, el escenario de World Beer Idol, la competencia en la que había sido jurado en enero. Estábamos en la entrada de Hugo Bagel Café.

Después de pensarlo por uno o dos segundos, entramos para hacer una escala. Si me hubiesen mostrado una foto del boliche, y me hubiesen dicho que está en Vinohrady o Holešovice, probablemente lo habría creído. Tiene la pinta y la decoración que se ha vuelto casi estándar en la nueva raza de café/bar/pub que se ha estado multiplicando por toda Praga. La comida que pasó ante nuestros ojos en ruta a otras mesas también se veía y bien, y el servicio fue excelente. La cerveza, por otro lado… Pedí una 10° de Zichovec, fue la sombra de los buenos recuerdos que tenía de ella; puede que no haya estado tan fresca como debería. Mi amigo pidio Matuška Apollo Galaxy y quedó muy satisfecho.

No es el tipo de local que uno espera encontrar en una ciudad checa mediana, pero una muy agradable sorpresa y, espero, parte de una tendencia más extendida por todo el país.

La lluvia se había intensificado durante nuestra escala y ya era bastante hinchapelotas, y no podría decirse que era de ayuda para encontrar el camino cuando entramos en la ciudad vieja de Slaný. Me di cuenta que no estaba seguro de la ubicación de la cervecería en relación a donde estábamos nosotros, y terminamos tropezándonos con ella cuando pensé que nos habíamos perdido.

Volver a estar bajo techo fue muy agradable, y volver a esta brewpub después de quizás dos años lo fue aun más. Nada había cambiado desde mi última visita, por suerte (aunque la empresa se ha expandido con una segunda, y más grande, fábrica en la periferia de la ciudad). El servicio fue tan bueno como había sido en los dos locales anteriores, y acá también tenían una Desítka de barril, Rarach. Muchísimo mejor que las dos anteriores; excelente, de hecho. Lo mismo podría decirse de la Polotmavá 13°. A veces, me gustaría que las microcervecerías checas se enfoquen más en cervezas como esta y menos en IPAs, pero quizás no son tan sexy (¿o rentables?). No obstante, cerré la corrida cervecera  con Tlustý Netopýr. No me importó (demasiado) que esta IPA de centeno también esté disponible solo en porciones de 0,3l (¡es de solamente 17°!), a un precio más alto que el de las otras dos por medio litro. Tenía ganas de tomar una malé pivo de todos modos y, con un palmarés de ya tres litros de cerveza, muchas cosas habían dejado de importarme. Además, la cerveza sí que es excelente y fue el moño perfecto para un día genial en compañía de un buen amigo.

Ya sea solo o acompañado, Slaný es sin duda un excelente destino para una excursión cervecera fuera de Praga.

Továrna Slaný
50°13'43.028"N, 14°4'40.694"E
Wilsonová 689 – Slaný
info@tovarnaslany.cz – +420 312 522 822
Lun-Jue, Dom: 11-22, Vie-Sáb: 11-23

Bagel Café Hugo
50°13'48.153"N, 14°4'51.795"E
Wilsonová 585 – Slaný
hugo@bagelcafe.cz – +420 734 154 250
Lun-Jue, Dom: 10:30-22, Vie-Sáb: 10:30-23

Pivovar Antoš
50°13'47.938"N, 14°5'19.052"E
Vinařického 14 – Slaný
kontakt@antosovakrcma.cz – +420 731 413 711
Lun-Jue: 11-23, Vie-Sáb: 11-24, Dom: 11-22