1/2/16

El Desafío del Tranvía (3): Chotkový Sady - Hlavní Nádraží - Strossmayerovo nám.


No sé para qué me puse la campera, me la tengo que volver a sacar antes de llegar a la parada Chotkový sady; es increíble lo mucho que ha cambiado el tiempo.

Acaba de llegar un tranvía a la parada. Podría agarrarlo. Empiezo a caminar un poco más rápido, hasta estiro el brazo esperando que el conductor me vea y espere un poquito. Pero no. Las puertas se me cierran casi en la cara y el tranvía se va. Voy a tener que esperar a otro. ¡Mirá! ¡Ya llegó uno! Antes de que pueda terminar de escribir esta oración.

Es el 5 y mi siguiente destino es Hlavní Nádraží. La estación es, por supuesto, donde voy a tomar la siguiente birra.

Paso por en frente de Potrefená Husa sin siquiera bajar un cambio. Por un, efímero, momento se me ocurre subir a Fantová Kavárna, que reabrió el verano pasado después de varios años después de varios años y amplias reformas. Pero sigo hasta el final de hall, hasta Krušovická Šalanda.

Adentro es muy cadenoso; lo cual no sorprende a nadie. Pero de algún modo encaja en el ecosistema de una estación de tren, en donde los parroquianos son más que nada transitorios. Pero hay algo de onda, gracias, en gran parte, al grupo de metaleros que se apropiaron de la pecera para fumadores. La mayoría está tomando cerveza, pero despacio, tranqui; no como se podría esperar del estereotipo.

A menudo decimos que la cerveza junta a la gente y sin embargo, dudo que a la mayoría del grupo le estén prestando más atención a la cerveza que están tomando que a las sillas en donde están sentados. Es la música lo que los ha juntado. ¿La música junta a la gente? ¿La comida? ¿El porno alemán con enanos? No, es la gente que junta a la gente. Tendemos a gravitar hacia aquellos con tenemos intereses comunes porque sabemos que vamos a tener algo fácil y seguro de qué hablar, y más interesante que el tiempo. Estoy convencido que la mayoría de la gente se siente incómoda si no tienen nada que decir cuando están en compañía de otros, como si le tuviesen miedo a su propio silencio, o a la pregunta “¿estás bien?”. Quizás sea por eso que es tan habitual ver grupos entrando juntos a un bar, restaurante o café, sólo para meter la geta en sus teléfonos tan pronto como tienen los culos en la silla, sino antes.

El servicio es rápido y simpático. La cerveza, por otro lado, está demasiado fría; sospechosamente fría, aunque no parece tener nada de malo una que toma temperatura hacia el final, y pido otra para estar seguro.

Me está gustando acá. Hay un lindo bochinchito y hasta la música, la típica playlist de radio pop compuesta en su mayoría por one-hit wonders de hace un par de décadas, no me molesta. Los precios también están sorprendentemente dentro de lo razonable. No es un lugar al que vendría deliberadamente, pero está lo suficientemente bien para llegar a la estación una birra más temprano la próxima vez que tenga que tomar el tren.

Una cosa que noto cuando pago con tarjeta, y no por primera vez: la camarera muy rápidamente saltea la pantalla que sugiere una propina antes de pasarme la terminal para que apoye la tarjeta y se va con una sonrisa tan pronto la transacción es autorizada; y no creo que espere que deje plata en la mesa, hablé con ella en checo todo el tiempo. Me pregunto que dirían sobre esto aquellos que se escandalizaron con un comentario que hice hace unos años sobre las propinas.

Tengo 50% de probabilidades de terminar en una parada sin ningún boliche cerca. Eso no está bien y es algo que no tuve en cuenta al empezar este juego y me pregunto cuántas paradas así hay. Pero tengo suerte, no me voy a tener que preocupar de eso hoy, el 26 que me va a llevar a Strossmayerovo nám. está llegando.

El viaje es corto pero con algo de entretenimiento a bordo. La mujer sentada en el asiento de adelante al mío es compartiendo con alguien en el teléfono (y con todos los demás en el tranvía, parece) las vicisitudes de un polvito que se echó, pero después de la chanchada, y cuando el amor de su noche empezó a ocuparle toda la cama. Tengo ganas de decir algo, pero antes de poder hacerlo, me tengo que bajar.

Recorrí este barrio bastante durante el trabajo de campo para la Guía Cervecera para Borrachines, lo cual me ha dejado escaso en opciones, si voy a seguir al pié de la letra las reglas de este juego. Me detengo por un rato y me acuerdo de ese bar a la vuelta de la esquina. Creo que ahí es donde me está esperando la siguiente cerveza.

¡Aha! No está a la vuelta de esta esquina, sino de la otra, en Fárskeho; una pequeña falla en mi GPS mental. Y helo allí, U Divadla.

Es tan bolichonoso como el otro era cadenoso. No se ha reparado mucho en la decoración, o, mejor dicho, a nadie cobró un montón de guita para convencer a un grupo de ejecutivos que este es el tono correcto de beige para las mesas.

Los últimos miembros del público del almuerzo están vaciando sus platos y sus copas, pero una parte del pub sigue sin fumar. Ahí es dond eme siento, en un lugar con buena vista al bar.

Pido Gambáč y al mozo/grifero no parece importarle que no voy a comer nada. La cerveza viene rápido y sabe fresca y bien tirada. Es toda la atención que me hace falta prestarle. ¡Ah! La belleza de tomar una cerveza que conocés bien, una vez que se ha determinado que está en buenas condiciones, te podés dedicar a algo más estimulante como la compañía, que en mi caso es Galilee. Estoy en las últimas páginas, y ha mejorado un tanto luego de que la historia empezó a enfocarse un poco más en los Barbarrosa y menos en los Geary. Me había olvidado casi todo del final, que es abierto (me acuerdo que Cliver Barker mencionó en una entrevista una segunda parte, pero nunca más oí de ella), y me gusta más por ello. A veces, está quedarse con algunas preguntas sin respuesta.

El mozo/grifero me mira desde el bar justo cuando apoyo el jarro vacío en la mesa. Me muestra el pulgar y yo asiento. El intercambio no verbal resulta, por supuesto, en un segundo jarro para reemplazar el vacío, el cual a su vez será seguido de un tercero un rato más tarde. He decidido que quiero terminar el libro, y me gusta acá. Esta es una buena hospoda (tal como hospody con una mesa para štamgasty suelen ser), una en donde me siento cómodo y que incluso en las primeras horas de la tarde tiene una linda onda de rrioba. Tengo que volver algún día.

Pero la última página ha sido leída y la última birra ha sido bebida. Es hora de partir y ver a dónde me va a llevar DPP ahora.

Na Zdraví!

Krušovická Šalanda
50°5'0.799"N, 14°26'3.023"E
Hlavní nádraží – Praha-Vinohrady
+420 774 439 430 – 157.salanda@autogrill.net
Lun-Dom desde las 7

U Divadla
50°5'58.975"N, 14°26'7.813"E
Pplk. Sochora 9 – Praha-Holešovice
+420 774 713 141 – udivadla@gmail.com
Lun-Vie: 10-23, Sáb-Dom: 11-23

28/1/16

Duerman tranquilos, Ležák está segura


El público general puede dar un respiro de alivio, su identidad cultural está a salvo de los ruines burócratas. Al mismo tiempo, los frikis y elaboradores locales pueden ir a dormir tranquilos sabiendo que la nomenclatura cervecera checa ya no será objeto de burla internacional una vez que la nueva legislación haya entrado en vigor. El el punto más polémico del proyecto de enmienda del Reglamento nro. 335/1997 del Ministerio de Agricultura de la República Checa ha sido resuelto.

Se ha acordado que Ležák seguría existiendo como categoría, pero solo reservada a cervezas de fermentación baja, tal y como Dios y Praotec Čech lo quisieron, mientras que el resto será indicado como Plné Pivo—siempre para cervezas de 11 a 12,9° Plato.

En una conferencia de prensa el martes pasado, representantes de la Asociación Checa de Micro-Cervecerías (Českomoravský svaz minipivovarů – ČMSMP) explicaron que este y otros cambios serán un reflejo más fiel de la imagen actual del mercado cervecero local, y agregaron que, a fin de mantenerse al paso de la evolución del mercado, se pueden esperar más enmiendas en el futuro cercano.

Es un objetivo que comparto y por lo tango me gustaría contribuir con algunas ideas para las futuras enmiendas:

Výčepní pivo como nombre para una categoría ha quedado obsoleto. Desde 2009, la mayoría de la cerveza en la República Checa se toma de botella, y estoy estoy seguro de que alguien en algún lado se está riendo de la idea de láhvové výčepní pivo, al igual que sucedía con Ležák de fermentación alta. La legislación debería también atender esto. Mi primera opción para un nuevo nombre, Lahváč, presentaba dos problemas: por un lado, la gente ya no pediría “Výčepní”, sino “Lahváč” y el camarero podría traerles una botella en lugar de una cerveza de barril. Un mejor nombre entonces podría ser Chlastační pivo. Me parece que suena bien—Braník chlastační pivo světlý—y es muy correcto. Degustační pivo podría ser también considerado en lugar de Silné.

El nombre Plné pivo parece haber sido elegido un poco a las apuradas y es por ello, creo, que, además de dejar la puerta abierta a demasiados chistes fáciles, no expresa plenamente el contraste con Ležák. Para tal fin sugiero Stoják, Rychlák, Svrchňák o Ejlák.

Pero los cambios no deberían terminar ahí. La nomenclatura cervecera está poblada de inexactitudes, algunas de las cuales son casi ofensivas. India Pale Ale debería ser revisada. Además de que las IPAs modernas no tienen nada que ver con India, el nombre refiere también a la opresión y brutalidad del colonialismo. Sugiero Hop-forward Pale Ale o Indiscreet Pale Ale, si prefieren quedarse con la sigla. Imperial, como indicativo de más fuerte, presenta un problema similar. Este país no ha sido parte de un imperio por casi un siglo y además de ello, la palabra es contraria a los principios que forman los pilares de los valores europeos. Sugiero Democratic, Inclusive o Humanistic como alternativas.

Pero me estoy dejando llevar por el entusiasmo. Esta preocupación trasciende las fronteras de la cultura cervecera checa y por ende debería ser discutida en la escena internacional.

Na Zdraví!

25/1/16

El Desafío del Tranvía (2): I.P. Pavlova - Újezd - Chotkový Sady


Hay un tranvía en la parada (I.P. Pavlova, en caso de que te hayas perdido la primera entrega). Lo podría agarrar, pero no soy Bruce Springsteen—no he nacido para correr. Y tampoco hace falta; cualquier tranvía me deja bien.

No tengo que esperar mucho hasta que llega uno, el 22 al centro. Trato de calcular dónde me voy a tener que bajar, pero no estoy del todo seguro si hay una parada entre Karlovo nám. y Národní tř. Sí, hay una. Újezd es entonces mi destino. Ya sé dónde voy a tomar mi siguiente cerveza.

Kampárium era uno de los lugares que quería visitar para la segunda edición de la Guía Cervecera para Borrachines. Al final no fui; no sé por qué—fiaca, probablemente. Ahora tengo una excusa para ver qué onda, y tomar algo de Polička, ya que estamos.

Sin contar el personal, está vacío. Ambos camareros me saludan con una amplia sonrisa cuando entro y bajo la escalera, como si se alegrasen de ver a alguien que los saque de su embole.

No hay lugar para sentarse al bar. Hay bancos en la pared opuesta, pero esos estantes semicirculares (no se los puede llamar mesas) entre ellos pintan espantosamente incómodos. Elijo la mesa más cerca del bar y pido Hradební Tmavé. No tomo esa cerveza desde que Kaaba cerró hace casi dos años, estoy contento de volver a verla. El camarero, por otro lado, no parece estar muy contento de que no quiero nada de comer.

La cerveza tarda en llegar, y la espera no lo vale. Su carácter distintivamente “añejo” podría haber sido valorado por un bebedor de Porter en la Londres del s. XVIII, pero yo soy un bebedor de (más que nada) Lager en la Praga del s. XXI. Debería devolverla, pero no tengo ganas; no está en peor forma que la Gambrinus que tomé en Na Břežance. Voy a enterrar la geta en el libro y tratar de no prestar demasiada atención. (Para ser justos, cabe decir que el vaso fue muy bien lavado y enjuagado).

Estoy tentado a pedir la 15° de Dobruška que también tienen de barril, pero mejor no. No solo tengo miedo de que esté todavía peor que lo que estoy terminando, sino que ya no me quiero quedar acá. Este boliche es tan aburrido como la música que pasan, y tan ligeramente irritante como las flores artificiales que decoran el cielorraso. (En serio, ¿quién decora un techo abovedado con ladrillos a la vista con lotos de plástico? ¿Qué mensaje quieren dar? ¿Que el propietarios es una señora cincuentona, bochinchera, con algunos kilos de más, que lleva anillos dorados en todos sus dedos regordetes y tiene un peinado ridículo?). Pago y me voy, y me siento mejor por no haberme tomado la molestia de venir a Kampárium por el libro.

Újezd es un poco chota. Tiene tres direcciones, las paradas están lejos una de la otra y no hay buena visibilidad. Pero tengo suerte, antes de poder determinar dónde voy a tener que pararme, el 12 viene de Smíchov. Arranco al trote, no me lo quiero perder.

La ruta del 12 cambió hace un par de años, creo. Mejor así, de otro modo me habría tenido que bajar en Čechův Most, y esa parada sí que es una garompa. Ahora me voy a tener que bajar en Chotkový Sady, que tampoco está mucho mejor.

Si el tiempo estuviese más lindo, como para sentarse debajo de un árbol tomando birra en vaso de plástico, me metería in Letná, incluso si rompiese un poco las reglas, pero no lo está y me las voy a tener que arreglar con lo que tengo a mano: un restaurante italiano cuyo nombre no recuerdo o Café Pointa. Elijo el segundo a fuerza de que está más cerca.

Cheto el boliche; casi tan cheto como los parroquianos (que estoy seguro deben ganar en promedio bastante más que yo). Para dejar más en claro que yo no soy el público de este establecimiento, soy el único que está tomando cerveza, pero no es eso lo que en verdad me molesta (en serio, tengo 44 pirulos y tengo toda las dosis de muechupaunhuevadrix al día). Tardo un rato en darme cuenta qué es: las mesas están demasiado amontonadas, previniendo cualquier sensación de intimidad. Puedo oír demasiado claro cada una de las palabras de la conversación de la mesa de al lado, y no porque estén hablando en voz alta. Una de las presentes está hablando de toda la gente que conoce un una Municipalidad. Se que no debería estar escuchando, pero pero es imposible evitarlo.

Tampoco me quedo para una segunda vuelta. La cerveza, Pilsner Urquell, no está mal, pero me parece que la voy a pasar mejor en otro lugar, a pesar de que no sé dónde.

Kampárium
50°4'54.523"N, 14°24'20.932"E
Říční 9 – Praha-Malá Strana
+420 730 629 299 – kamparium@kamparium.cz
Lun-Sáb: 10:30-23, Dom: 11-22

Cafe Pointa
50°5'48.688"N, 14°24'27.105"E
Na valech 2 – Praha-Hradčany
+420 233 321 289 - info@cafepointa.cz
Lun-Vie: 9-22, Sáb-Dom: 9-21:30

18/1/16

El Desafío del Tranvía (1): Karlovo nám.- Perunova - I.P. Pavlova


Aquí estoy entonces, cruzando la calle a la parada Karlovo nám.–Moraň. Ansioso de empezar con el Desafío Cervecero en Tranvía.

Los techos y los árboles se aferran a aa nieve que cayó hace un par de días, como si se estuviesen regodeando en la sensación. Pronto, sin embargo, la nieve se derretirá y se convertirá en lo que muchos checos sin cariño y con razón llaman sračka. Mientras tanto, yo la disfruto (¿cuándo fue la última vez que nevó así? ¿El invierno pasado? No estoy seguro, ni tampoco del anterior.)

No tengo que esperar, veo un tranvía viniendo justo cuando piso la vereda: el 10 a Sídliště Ďáblice. Cuento las paradas; me voy a tener que bajar en Perunova. ¡Taqueloparió! Conozco a todos los bares por ahí, están en la guía (y los que no están, no valen la pena). ¡Pero…! Hay uno. Está un poco más lejos de lo que me gustaría, pero tampoco tengo demasiado de donde elegir.

Cuando empiezo a caminar cuesta abajo por Chorvatská me doy cuenta de que quizás esta no haya sido una gran idea. Para volver voy a tener que escalar la calle, en la vereda helada, con varios kilos de comida en la mochila. Y se sorprenden que no esté gordo.

Debo haber pasado miles de veces por Restaurace Orion en camino a Vršovice, y nunca se me ocurrió entrar, a pesar de que en verano la terraza tiene linda pinta. Lamentablemente, hoy no está el día como para sentarse afuera; voy a tener que ir adentro.

Es mucho más chico de lo que pensaba. No puede ser más ancho que un vagón de tren. No hay mucha gente (aunque dudo que este boliche pueda acomodar la suficiente cantidad de gente como para considerarse “mucha”, al menos no adentro). Tengo hambre y agarro una mesa en un rincón del salón principal. La lista cervecera es de convicción Gambrinus-Kozel-Urquell. Pido una Gambáč—es lo que todos están tomando—y queso feta frito con papas (que resulta ser una delicia).

La tele está encendida, pero no en un canal de deportes o música. Están pasando los últimos minutos de un documental sobre el naufragio de Costa Concordia. Es tan sensacionalista como se podría esperar. La única parte interesante está al final cuando hablan—muy brevemente—del proyecto para rescatar el naufragio (desde que trabajé en la construcción de una central termoeléctrica me fascinan los proyectos de ingeniería a gran escala). Otro documental arranca luego de una tanda; uno que no podría estar más fuera de lugar. Es sobre Lebensborn, el programa de la SS para que soldados arios garchen con chicas arias para producir bebés arios que conquistarían el mundo, o algo por el estilo. Es un tema serio que debe ser conocido, pero no es del tipo que uno quiere ver o escuchar mientras trata de disfrutar una birra; casi lamento que no tengan puesto MTV.

Después de terminar la segunda birra y pagar la cuenta, me despido, tratando de decidir si Orion me gustó o no. La cerveza y la comida estaban más que bien—mejor de lo que había esperado, quizás—pero el boliche no tiene mucha onda (y dudo que mejoraría más tarde en el día). Sin embargo, una vez que lleguen los días más cálidos, podría ser buen lugar para una birrita al aire libre—lo deberé tener en cuenta.

No importa cuál tranvía llegue primero, si el 10 o el 16 en cualquiera de las direcciones; ambos siguen la misma ruta, al menos la cantidad requerida de paradas, que ahora es cuatro.

Veo que se acerca un 10, que me va a llevar de vuelta hacia donde vine. Pero no todo el camino, me voy a tener que bajar en I.P. Pavlova.

No me pinta ir hasta U Graffů, en la plaza. Agarro Lublaňská. Hay un Pub “Irlandés” y uno con mucha pinta de trampa para turistas. No gracias, por duplicado y con sello oficial. Va a tener que ser el que está al final de la cuadra, con el cartel de Gambrinus.

Al igual que con Orion, debo haber pasado por Na Břežance una bocha de veces, pero nunca entré. Es hora de corregir eso.

Este boliche sí que está vivo, muy vivo; y lleno. Tengo suerte de encontrar una mesa en el salón principal. En el bar no hay luegar y el Salónek parece estar reservado para una reunión de ex-alumnos de algún liceo, clase 1917.

El servicio en Orion era medio pachorra; acá es rapidísimo y muy atento. No tardo nada en pedir la primera cerveza, Gambrinus 12° Neflitrované.

Antes de que llegue, noto a una mujer en una mesa cercana mirándome como si estuviese intentando acordarse de dónde me conoce, esperando estar equivocada. Me pone un poco nervioso, tengo que confesar. Trato de olvidarla leyendo mi libro: “Galilee”, de Clive Barker. (Lo estoy disfrutando menos que la primera vez que lo leí hace cosa de diez años. Parece un poco como si Neil Gaiman hubiese tratado de escribir una novela de Jackie Collins.)

A propósito, la cerveza: el paladar está dominado por una nota suave, pero implacable de el-motivo-por-el-cual-jamás-seré-fanático-de-las-Lambic. Quiero pedir algo distinto para el segundo plato, pero estoy leyendo cuando vacío el vaso—y sigo evitando la mirada de esa dama—y solo puedo asentirle a la camarera que me pregunta si quiero otra antes de que desaparezca con el vaso.

La verdad, no importa. La cerveza sigue siendo tomable, apenas (y la segunda está mejor), y me está gustando la onda acá en Na Břežance. No hay nada diferente o nuevo, nada notable, nada que no haya visto en innumerables otros pubs de la ciudad. Puede que el motivo sea la familiaridad; o que el boliche sigue lleno, y muy ruidoso. No hay ninguna tele a la vista, ni tampoco música que yo pueda oír; solo el sonido de gente pasándola bien. La mejor música que un pub puede tener.

Casi pido una tercera birra, pero tengo otras cosas que hacer. Otro día, quizás.

Restaurace Orion
50°4'26.674"N, 14°27'33.972"E
Říčanská 7 – Praha-Vinohrady
+420 702 806 632 – restorion@centrum.cz
Lun-Dom: 11-23

Na Břežance
50°4'26.618"N, 14°25'52.757"E
Lublaňská 49 – Praha Vinohrady
+420 222 514 124 – 222 514 124
Lin-Vie: 10-24, Sáb-Dom: 11-24

14/1/16

Sobre los cambios en la legislación cervecera checa


Las normas cerveceras checas están a punto de ser actualizadas. La mayoría de los cambios, sin embargo, son de nomenclatura; aunque no todo es un sinsentido.

Una vez que la enmienda entre en vigor, la categoría Speciál será llamada Silné Pivo. Tiene algo de sentido, a lo mejor; una cerveza no tiene que ser de más de 13° para ser “especial”, y no hay nada de especial en muchas de las cervezas por encima de esa graduación Balling. Aunque, si se puede considerar fuerte una cerveza con un poco más de 5% de alcohol o no, es ya otra cuestión.

Porter, como categoría legal va a desaparecer. Con este cambio sí que estoy de acuerdo. Hoy, un elaborador que produzca algo tipo Fuller's London Porter podría técnicamente tener problemas porque la cerveza no es de 18° Balling o más. Ya no. (Solo me pregunto cuánto tardará en aparecer el primer friki gritando que Pardubický Pivovar le va a tener que cambiar el nombre a su Porter porque no es una Ale).

El punto más polémico en la enmienda propuesta—al menos para la comunidad cervecera local—es que el texto actual no contempla cambiar el nombre de la categoría Ležák, algo que de lo que varios se vienen quejando ya hace rato. La verdad, no veo del todo dónde está el problema. A ninguna de esas personas parece molestarles que haya Black IPA, Imperial Pilsner o Imperial Black Berliner Weisse (les juro que no es invento mío), o que Výčpení Pivo se venda en botella y lata. ¿Por qué entonces Ležák está mal?

Ladislav Jakl, que de birra sabe un poco, lo explica acá. Olvidemos por un momento la retorcida y no del todo correcta analogía con los autos. Según él—y todos los demás—Ležák es un estilo, y por ende, solo cervezas de dicho estilo pueden ser categorizadas como tal. Veo varios problemas con esta postura. En primer lugar, Výčpení Pivo y Speciál pueden ser Ležák, si por ello entendemos Lager. Pero Lager no es un estilo, es una familia cervecera; o más precisamente, un método de elaboración de cerveza. Cualquier cerveza de fermentación baja va a ser lager, y hasta cervezas de fermentación alta pueden serlo también si la maduración se realiza a temperaturas bajas y es relativamente larga, tal como es elc aso con Kölsch, Alt y algunas cervezas de abadía (aunque con estas es un poco más complicado).

¿Pero qué pasa si Ležák no es lo mismo que Lager? Como traductor sé bien que a menudo es el contexto y no el diccionario lo que determina cómo una palabra debe ser entendida en otro idioma, y esto es especialmente válido para la cerveza. Una Helles es una Helles y una Dunkles es una Dunkles; se las puede describir como un tipo de Lager rubia/oscura alemán o bávaro, pero en realidad son más que eso. ¿Deberíamos entonces tomar la palabra Ležák de la misma manera? Pero entonces, ¿qué hay de Světlý, Polotmavý y Tmavý/Černý? No importa, es un debate que no tiene sentido ya. O que pronto no lo tendrá, una vez que el nombre de la categoría sea cambiado a Plné Pivo (Vollbier, o Cerveza Llena), tal como ha sido anunciado.

Estoy tentado a hacer el chiste tonto de que todo aquello que no sea Plné Pivo sera ¿qué, Prazdné Pivo? Solo para ilustrar lo innecesario de todo esto. A todos los efectos y propósitos, las categorías podrían bien llamarse Honza, Pepa y Tonda y no habría ninguna diferencia para el consumidor, y muy poca para los elaboradores. La nomenclatura vigente no ha sido ningún obstáculo para la explosión en diversidad estilística de los últimos años (nunca tuvieron obligación de incluir la categoría, en letras grandes, en la etiqueta del frente), y no creo que la enmienda vaya afectar esta realidad de un modo u otro. Todo el mundo compra cerveza de una graduación Balling, marca, color o estilo determinados, y lo seguirá haciendo. No creo que nadie nunca vaya a preguntar si la Stout que está por pedir es Ležák o Speciál, Plné o Silné, Pepa o Tonda.

Na Zdraví!