31/5/16

Sobre abstinencia, ritual y apatía


Sentía que había estado tomando un poco demasiado en las semanas anteriores—más de lo habitual, que también es un tanto demasiado. Estaba pensando en tomarme unos días, quizás una semana, sin escabio después de Vysmolení (en donde, a propósito, la de superputabombamadre. Gracias a la gente de Černoskotelecký Pivovár por dejarme pasar la noche en la cervecería, como todos los años—y en esta oportunidad por haberme llevado a la cama). La resaca jurásica con la que me levanté al día siguiente hizo que la decisión sea muy fácil.

Para ser sincero, no sé qué era lo que esperaba del intento, pero no fue difícil; para nada. Sí, hubieron momentos en los que tuve ganas de birra, en especial mientras preparaba la cena, pero eran efímeros; como si de repente me diese cuenta de que algo faltaba en el ritual alquímico de transmutar productos e ingredientes en algo mayor a la suma de sus partes, solo para ver que era tan importante; su ausencia no afectaría el resultado.

Para el tercer día, creo, lo que sentía no era sed ni ganas; era apatía. Mi interés en la cerveza no era mayor al de cualquier otro tema sobre el que me interesa leer. Puede que haya sido un mecanismo de defensa—no podés tener ganas de algo que no te interesa (ayudó también el tener una semana bastante ocupada que no dejó tiempo para ir de bares. Aunque sí pasé por el frente de un par de mis viejos favoritos, sin sentirme tentado a entrar). En todo caso, no estaba contando las horas o días que había pasado sin una gota/hasta que volvería a saborear una cerveza.

Pero no completé la semana. Teníamos planeado un viaje a Ríp planeado para el sábado pasado con las familias de algunos de los compañeritos de clase de mi hija. Estuvo bueno, a pesar de la presencia de demasiados pendejos (más de uno, es demasiado, la verdad).

Luego de haber caminado un par de kilómetros entre campos, desde la estación de tren de Ctiněves, subimos la legendaria colina desde el lado más empinado. Fui el primero en hacer cumbre (suena grandioso, pero son apenas un poco más de 450 m de alto). En la cima, hay una oportunidad perdida que hace las veces de aguadero; un lugar operado por mechupaunhuevistas profesionales que saben que la gente que llega hasta ahí va a comer y tomar cualquier porquería que le vendan (aunque para darles crédito, los precios son más que razonables). Al acercarme, me dije “¡qué mierda!” Había probado ser capaz de pasar varios días sin escabio sin sufrir ninguna consecuencia por ello, y fui a comprar una cerveza. Habría sido un pecado no hacerlo—algunos rituales deben ser observados a pleno.

La cerveza que tienen es Bakalář (quizás porque la consiguen más barata que otras, o porque es la única dispuesta a hacer entregas ahí), servida en vaso de plástico, por supuesto. Luego de esperar pacientemente en la cola, recibí mi velká 11° y encontré un lugar debajo de un árbol para sentarme y disfrutar de mi recompensa.

Una bosta. Los grifos no se ven desde la ventana, pero juzgando por la apariencia de la espuma, mi birra no fue servida de un tirón, y apostaría que una buena era el goteo de otras anteriores por el barril hacía demasiada espuma; todo dispensado desde grifos que dudo sean limpiados con la frecuencia que deberían.

La terminé, tenía mucha sed y necesitaba tomar algo que no sea agua mineral, pero no tuve ganas de tomar otra, en lugar de ello, compré un helado. Sí, era así chota: después de una semana de ni siquiera oler cerveza y de haber caminado varios kilómetros y escalado una colina en el medio de un día cálido y húmedo, no tuve ganas de tomar otra birra.

Pero el día no terminó ahí.

Luego de una simpática situación con el tren de vuelta a Vraňany, en donde habíamos dejado el auto (el tren que estábamos esperando en Vraždov se había roto, pero el maquinista nos vino a buscar con un autobús que nos llevó a otra estación, en donde puso en marcha otro tren para que podamos ir a nuestro destino), el día siguió en la casa de una de las familias del grupo. Cuando paró de llover, fuimos al jardín e hicimos una fogata para asar špekáčky, mientras los purretes jugaban. El anfitrión fue al pub local a buscar cerveza con un par de botellas de plástico. Me ofrecieron un poco, lo acepté con gusto; más por buena educación que por ganas—de nuevo, el ritual. Esta vez se trataba de Svijany Fanda, que estaba bien, pero después de terminar la porción chica que me habían dado, ni se me pasó por la cabeza tomar otra—la apatía se había vuelto a hacer cargo.

Entre entonces (sábado a la noche) y ahora (tardecita del lunes), solo he tomado una de las botellas UzenejŽitnýVideňák (alias Mad Max, la cerveza que Pivovarský Dům elaboró según mi receta, o idea) que hacía 10 días estaban ocupando espacio en la heladera, mientras miraba una película ayer a la noche; casi de manera ritual.

¿Qué es lo que me quedó de todo esto? No sé. No tomar por algunos días está bien—y seguro que mi hígado lo agradece—pero tampoco es motivo alguno de orgullo. A lo mejor, lo que descubrí que, al menos para mí, la cerveza es más que nada una parte de un ritual: cocinar, la cena, una recompensa, un accesorio de una reunión social. Aunque, pensándolo bien, nada nuevo.

Na Zdraví!

13/5/16

Recordatorio para el Próximo Sábado 21/5


Este sábado 21 de mayo, Černokostelecký Pivovár será el escenario de la quinta edición de Vysmolení, uno de los dos únicos festivales cerveceros locales a los que me gusta ir (el otro es el evento hermano, Vysmolení, en septiembre). Tiene prácticamente todo lo que creo un buen festival cervecero debería tener:
  • Entrada libre y gratuita (¿pagar una entrada para poder comprar cerveza? ¡Játejoder!)
  • Una relativamente limitada pero bien elegida gama de cervezas, varias dispensadas de barriles de madera.
  • Todas las cervezas están disponibles en porciones de medio litro, para tomar con ganas.
  • Vasos de plástico para los prefieren ahorrarse la inconveniencia de un vaso de vidrio, mientras que los que no tienen problema con ello pueden comprar uno en el lugar, o traer el propio (marcado).
  • No hay mucho amontonamiento y el lugar es espectacular y al aire libre.
  • La música no empieza sino hasta la media tarde, y como ya estás medio alegrón, no molesta.

Además de todo ello, podés ver maestros toneleros practicando su arte y visitar la fábrica, que está en las últimas fases de reconstrucción.

Como todos los años, estoy muy entusiasmado. Pasar el día entero tomando buena birra entre amigos es siempre un gran placer. Nos vemos.

Na Zdraví!

6/5/16

Pilsner Urquell Busca Nuevo Dueño


No debo haber sido el único que el año pasado exclamó “¡'taqueloparió!” al enterarse que la misma gente que cagó Staropramen (y otras marcas en varios países) serían los dueños de la cerveza insignia de la República Checa.

¡Ya no hay qué temer!

Como me imagino muchos sabrán ya, a fin de satisfacer las demandas de esos molestos reguladores de la UE, ABIB se ha comprometido a vender unidades en Europa del Este, entre las cuales se encuentra Plzeňský Prazdroj (parece que Grolsch, Peroni y Meantime no alcanzaron).

Lo que me resulta más interesante es que esto es prácticamente igual a lo que ABIB hizo en 2009 cuando vendieron un paquete de cervecerías en Europa del Este que incluía a Staropramen (lo cual tuvo lugar un año después de la fusión con AB y, si mal no me acuerdo, más o menos cuando empezaron a circular los rumores sobre el interés de ABIB en SAB-Miller. No puede tratarse de una coincidencia).

Esto no debería sorprender a nadie. El mercado cervecero en esta región está estancado, en el mejor de los casos, debido, en parte, a una población que envejece, y, salvo un par de excepciones, no tiene marcas con valor alguno fuera de sus respectivos patios—“cuántas ganas tengo de tomar una botella de esa famosa Lager genérica húngara”, es algo que jamás nadie ha dicho. Los brasileños están atrás de los mercados de los países en desarrollo, que todavía tienen un enorme potencial de crecimiento.

La pregunta es quién va a comprar el paquete. Las otras macros europeas—MC, Heineken y Carlsberg—están descartadas; a menos que estén dispuestas a desinvertir en la misma región, lo cual dudo. Las apuestas parecen favorecer ya sea a Asahi, que ya se han comprometido a comprar Peroni et al, o a un fondo de inversión, como en 2009.

Cuando se dio a conocer la noticia de la mega-fusión, algunos (entre los que me incluyo) empezaron a especular si el nuevo conglomerado cerraría alguna de las cuatro fábricas que Prazdroj opera, con Kozel siendo el candidato más probable. No teníamos base sólida, solo que es lo que empresas de este tipo suelen hacer (pregúntenle a Heineken, por ejemplo). ¿Será este el caso con el eventual nuevo dueño?

Si me diesen a elegir, preferiría a Asahi. Son los más probables a quedarse por el largo plazo (y además ya están en el negocio de la cerveza), mientras que de un fondo de inversiones se puede esperar una reestructuración del paquete a fin de venderlo unos años más tarde, tal como hizo CVC.

Prepárense, se avecinan tiempos interesantes.

Na Zdraví!

PS: Me divierte mucho el contorsionismo mental de esos artesanáfilos que se enojan mucho, mucho cada vez que una Craft brewery es vendida a una macro, pero no ven problema alguno cuando otra pierde su calidad de “independiente” con un fondo de inversión.

19/4/16

Unas Birras Pascuales


Parte de la última Semana Santa la pasamos con los parientes de mi mujer en Strakonice. El domingo fuimos a Sušice, una localidad a unos 30 km. El tiempo estaba hermoso y el viaje fue muy agradable, como es de esperarse en las rutas secundarias de Bohemia del Sur.

Sušice es una ciudad bastante bonita, con un casco histórico bien conservado y un muy lindo parque en una isla del río Otava. Lamentablemente, era aun demasiado pronto en la temporada y el jardín cervecero estaba cerrado, de otro modo, habría sido perfecto (es un jardín cervecero como Perun manda, a la sombre de grandes árboles y no unas mesas en un estacionamiento).

Después de pasear y soltar al perro por un rato, fuimos hacia el centro a buscar un lugar donde comer. Elegimos un restaurante en la plaza, porque sí, Restaurace Gloria. Sin nada que destacar, ubicado en un sótano abovedado. Tenía pinta de ser un lugar que en algún momento tuvo ambiciones que jamás se materializaron. La comida estaba bien, ni más ni menos, y tenían Svijany de barril.

Cuando empecé con esto de escribir sobre cerveza, hace ya una década, el solo ver un cartel de Svijany era suficiente como para entusiasmarme. Mucho ha cambiado desde entonces; la cervecería, creo, ha duplicado su tamaño, y no sin algunos dolores de crecimiento. Se dice que empezaron a usar HGB para compensar por la falta de capacidad, mientras se expandían físicamente. En todo caso, perdí interés en sus cervezas y, de tomarlas casi todos los días—al menos la 12°—hoy solo las elijo si no hay nada mejor a mano—como en este caso.

El camarero se equivocó con la primera birra que pedí y me trajo Kněžna, la cerveza oscura de Svijany. No me acuerdo cuando fue la última vez que la había tomado, pero incluso cuando Svijany era mi cervecería favorita, no me gustaba mucho—demasiado dulce. ¡Vaya sorpresa! Totalmente diferente a lo que me acordaba. Más chocolate y torrado y menos caramelo. ¿Habrán dejado de usar sacarina para hacerla? Le siguió 450, una cerveza que lanzaron hace dos años, para celebrar el (supuesto) 450 aniversario de la cervecería, elaborada con lúpulos Saaz de su propia plantación. La había tomado una sola vez y me pareció medio pedorra. No esta vez. Estaba muy rica, una Světlý Ležák sacada de un manual de elaboración: chispeante, fresca, limpia, con el cuerpo correcto y el suficiente carácter como para quedarse con algo de tu atención. Quizás es hora de revisar a Svijany, pensé cuando dejábamos el restaurante.

Luego de una escala rápida en un café, también en la plaza, cruzamos el río en dirección a (?), una loma con vistas fantásticas a la ciudad y la campiña circundante.

Pocos metros luego de haber cruzado el puente, vi un cartel indicando la dirección a un “minipivovar a restaurace”, uno del cual nunca había oído.

Cuando empecé con esto de escribir sobre cerveza, hace ya una década, si ver un cartel de Svijany era suficiente como para entusiasmarme, encontrarme de casualidad con un brewpub del cual no sabía me habría causado un frenesí extático. Aunque, ahora que lo pienso, no sé que tan probable habría sido entonces encontrarme de casualidad con un brewpub del cual no sabía. Las micro-cervecerías eran relativamente pocas, y seguro habría investigado un poco antes de ir a cualquier lado (y habría hecho todo lo posible para timonear el viaje en dirección a una cervecería). Pero las cosas han cambiado, mucho. Dejé de prestarle atención a las noticias sobre nuevas cervecerías ya hace algunos años; no solo porque es casi imposible mantenerse al día—parece que cada semana hay una cervecería nueva—pero también porque ya estoy algo desencantado con ello.

Habiendo dicho todo esto, todavía queda algo del ticker en mí y no había modo de que pasase por enfrente de una cervecería sin tomarme por lo menos una, y quizás poner algunas botellas en la mochila.

Pivovar U Švelchů abrió en 2014. El pub tiene muy linda pinta, con mucha madera y, en general, un estilo que, si bien moderno, no va a quedar obsoleto en un par de años. Estaba también mucho más animado que el restaurante en donde habíamos comido, y me hizo lamentar no haber hecho los deberes; almorzar acá habría tenido más onda, pensé, hasta que tomé su Světlý Ležák. Una cagada esa cerveza: demasiado carbonada, dulce donde debería ser amarga y amarga donde debería ser dulce, vacía en el medio y con una pizca de cable quemado para añadir complejidad. Tenían otras tres cervezas pinchadas, incluyendo una IPA (claro), y algunas más en botella; no me molesté con ellas. Si son capaces de ofrecerme una Světlý Ležák como la gente, me cago en el resto.

Pero para ser sincero, es muy posible que haya tenido mala suerte. De haber ido una semana antes o después me podría haber encontrado con cerveza buena, o hasta fantástica. Es la lotería de las micros, y parece que muchos dueños están satisfechos; en tanto la gente siga comprando, no tienen motivos para preocuparse, o mejorar, quizás.

Minipivovary como este son lo que te hacen valorar muchos más a las marcas regionales, en especial que se han vuelto algo tan común. No son chetas ni innovadoras y les cuesta mantenerse al ritmo de las nuevas tendencias—si es que se molestan—pero en su mayoría siguen siendo fiables y asequibles, un refugio tanto de la europivo como de las lottery ležák y las IČE sobrevaloradas. Se merecen más reconocimiento.

Na Zdraví!

Restaurace Gloria
49°13'54.089"N, 13°31'11.310"E
Nám. Svobody 6 – Sušice
+420 608 246 869 – info@voky.cz
Lun-Dom: 10-22

Pivovar U Švelchů
49°13'44.886"N, 13°31'27.045"E
Nuželická 25 – Sušice
+420 725 840 119 – info@pivovarsusice.cz
Lun-Jue: 10-22, Vie-Sáb: 10-23, Dom: 10-21

21/3/16

Reseña de Vuelta a las Raíces: Pivovar Narodní y Pivovar U Dobřenských


A menos que alguien me dé motivo para lo contrario, tengo como política personal esperar como mínimo seis meses antes decidir si le voy a dar mi dinero a una nueva cervecería. Mis días de cazador de novedades han quedado en el pasado y quiero tener algún grado de certeza when compro una cerveza; en el mercado hay suficiente buena birra como para perder el tiempo financiando bosta.

Ese plazo ya ha pasado (hace uno o dos meses, en realidad) y, sin tener razón alguna para lo contrario, decidí que darme una vuelta por Pivovar Narodní y Pivovar U Dobřenských; ambos, brewpubs haciendo cerveza Ciudad Vieja de Praga desde el verano pasado.

Pivovar Narodní abrió en realidad en la primavera, prácticamente al lado del Teatro Nacional, pero les tomaría un par de veces más darle vida al macerador. No serían demasiado cándidos al respecto, las cervezas que vendían provenían de Kácov; si se trataba de productos hechos a pedido o re-etiquetados nunca quedó demasiado claro. El equipo de cocción, por otro lado, es originario del ya cerrado brewpub de Průhonice, y creo que el paquete incluyó al maestro cervecero.

Pero aquí me encuentro, en las tempranas horas de una tarde martes lluviosa de fines de invierno. Los interiores tienen una marcada influencia de la escuela Potrefená Husa de diseño interior, pero tipo que funciona, incluso con el escaparate de souvenirs al lado de la puerta. Puede que sea la parrilla a leña (¿o carbón?) que domina el salón. El bar también está al lado de la entrada, pero no tiene dónde sentarse. El único lugar para tomar una birra al paso es un barril parado, debajo de las escaleras que llevan al loft. Hay otro salón, más aburrido, más adentro y atrás hay un muy lindo jardín cervecero—cerrado, por supuesto.

Hay bastante gente para esta hora en un día de semana—muchos son locales—y la mayoría no está tomando cerveza (hay un grupo de cinco jóvenes que hablan en alemán, todos tomando Coca-Cola). Poder pedir mi primera birra tarda un poco demasiado. Hay un solo camarero de turno, y parece que todo el mundo llegó más o menos al mismo tiempo.

Son tres las cervezas de barril o, mejor dicho, dos y media: una Světlá 11° en versión filtrada y sin filtrar y una Polotmavá 13°; las únicas tres cervezas que hacen, y todas vendidas en esas putas porciones de 400 ml.

Pido primero la 11° filtrada, preguntándome por qué un brewpub se molesta en filtrar, y cuál de las dos versiones se vende mejor. En todo caso, lo que me traen no es lo que llamaría una buena cerveza. Está servida muy, muy fría, tanto que casi me anestesia la punta de la lengua, y empiezo a sospechar que no es por accidente: hay una nota suave pero persistente que me recuerda a cerveza de una botella PET que nunca vio el interior de una heladera, comprada una tarde de verano en una Večerka vietnamita. Prefiero no saber la forma que asumirá una vez que agarre temperatura.

Le sigue la versión más cruda. La verdad que no noto una gran diferencia en la apariencia, pero sabe mejor, y no está tan fría. No obstante, hay algo que no está del todo bien. Me siento como si escuchase una orquesta sinfónica con un flautista fuera de tiempo; a diferencia del Dr. Lecter, no puedo determinar cuál. Puede que sea la nota discordante de la cerveza anterior todavía colgada de mi paladar.

Cierro la sesión con la Polotmavá 13°. A diferencia de las otras dos, no le encuentro nada malo. Tampoco nada notablemente bueno. Es el equivalente en cerveza a un veterano empleado bancario que ya hace rato le chupa todo un huevo y solo hace lo mínimo indispensable para mantener el laburo.

Una experiencia en general poco satisfactoria. Estoy seguro que a Pivovar Nardoní mal no le va a ir mal: la comida que vi tenía buena pinta, el servicio terminó siendo bueno, los precios son razonables y tienen una ubicación de primera. Sin embargo, para mí es un boliche redundante. Para este tipo de cervezas prefiero ir a los relativamente cercanos Vinohradský Pivovar o Bašta, en donde voy a poder tomar una porción entera de mejor cerveza a mejor precio, o incluso al casi vecino U Medvídku.

Esperemos que U Dobřenských sea mejor. Tiene que serlo, es bastante más caro.

Pivovar U Dobřenských funciona en el local que supo ocupar un pub de nombre similar, pero de muy corta vida, que servía Kout na Šumavě, en la calle del mismo nombre que, por algún motivo, siempre tengo problema para encontrar. Al igual que Narodní, les tomaría uno o dos meses para poner en marcha la fábrica. A diferencia de Narodní, no cabía duda de que las cervezas que ofrecían eran las suyas y no las de otros con una camisa nueva.

Lo que destaca a esta cervecería es el uso de ingredientes no convencionales en todos sus productos, pero no a estilo Opat—productos ya terminados, saborizados con extractos o jarabes—sino que de veras usan esos ingredientes en la cocción: tribulus terrestris, salvia y espino amarillo. El precio es también algo que la destaca: dependiendo de la cerveza, 65 y 72 CZK por putas porciones de 400 ml—alrededor de 80 y 90 CZK por medio litro. Creía que era la cervecería más cara, hasta que vi la carta actualizada de Strahov.

El pub en sí es más de mi gusto. La verdad que es hermoso. Techos abovedados con ladrillo a la vista, hierro forjado, el equipo de cocción y los tanques y los grifos hechos a medida, y una hogar crean muy bonito ambiente para sentarse, al menos en la parte de adelante. El salón de atrás, con más mesas, es un poco soso en comparación.

Los únicos presentes cuando llego son un grifero y un grupo de cuatro, del cual dos parecen ser los dueños o alguien asociado al dueño, hablando de negocios—se menciona a Matuška y Hendrych en relación a un bar o un café, pero no puedo concentrarme en la conversación, el excelente Jazz que están pasando insiste en apropiarse de mi atención. Lo único que sí me sorprende es que fumar está permitido en este salón.

Arranco la sesión con la cerveza de espino amarillo, la primera en la lista. Recibo un vaso con un líquido tan turbio que en algunos lados se lo consideraría Verdadera Cerveza Artesanal. El menú ofrecedatos sobre los yuyos empleados, que quizás incluyen notas de cata, pero me abstengo de leerlo. Quiero ir ciego, confiando en mis sentidos y no lo en los ajenos. Hay una nota ligeramente ácida que presumo proviene de las bayas. Está bien balanceada, pero la cerveza no me deja contento. Necesita pulido; aunque es posible que me hayan servido el fondo de un barril. En cualquier caso, por esta guita estaba esperando algo mejor que una elaboración casera.

La siguiente en la lista es Tribulus, la más cara del montón y la cerveza insignia de la casa. Se ve mucho mejor que la anterior: más o menos el mismo color, pero mucho más límpida. No tengo la más puta idea del sabor de esta hierba, pero si me diesen la cerveza a ciegas, probablemente creería se trata de una Pale Ale de laguna denominación u otra elaborada con un varietal de lúpulo con el cual no estoy familiarizado. En otras palabras, no sabe a té helado con alcohol sino a cerveza, a una excelente. Es hermosa, brinca llena de alegría, encantada de conocerte y de ponerse a tu servicio. Una verdadera belleza.

Esto me deja con la Stout con salvia. Stout no es el estilo más aromático, y a la hierba la conozco bien (la cultivamos en el jardín y la uso mucho para cocinar), así que no me cuesta encontrarla cuando acerco la nariz al vaso. Es un aroma relativamente intenso, pero al mismo tiempo bajo control. En el paladar, por suerte, todo tiene un balance perfecto, aunque más precario. No los voy a aburrir con notas de cata, para darse una idea de cómo es esta birra, sírvanse una buena Stout, froten unas hojas de salvia con los dedos e imagínense todo eso junto, pero mejor. Es una cerveza musculosa y masculina, como un herrero. La podría tomar todo el día y no me cansaría.

Como Tribulus, Salvia Stout se ve y se siente como el producto de un Maestro Cervecero que sabe lo que hace y no tiene miedo de demostrarlo.

Si bien había oído buenos comentarios sobre las cervezas, sus precios (y porciones) me desalentaron a venir antes, pero debo decir que al final fue plata muy bien gastada (al menos en dos de tres), lo cual es mucho más de lo que puedo decir sobre Narodní. Voy a volver a Pivovar U Dobřenských y les recomiendo que vayan.

Na Zdraví!

Pivovar Narodní
50°4'53.031"N, 14°24'56.807"E
Narodní 8 – Praha-Nové Město
+420 222 544 932 – pivovar@pivovarnarodni.cz
Lun-Dom: 11-23:30
Trams: 6, 9, 17, 18, 22 – Narodní Dívadlo

Pivovar U Dobřenských
50°5'2.632"N, 14°24'56.012"E
U Dobřenských 3 – Praha-Staré Město
+420 222 222 141 – info@pivovarudobrenskych.cz
Lun-Dom: 14-24
Trams: 6, 9, 17, 18, 22 – Narodní Dívadlo

PS: Sepan disculpar la falta de fotos. Dejé la cámara en casa, si quieren ver algunas, vayan a las páginas de los brewpubs.