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Pensamientos de fin de semana


Esta entrada de Boak & Bailey me hizo acordar de algo que hace rato me está dando vueltas por la cabeza.

Por mucho tiempo he lamentado la falta de atención y respeto que la cerveza recibe de la mayoría de los periodistas culinarios y críticos de restaurantes; como por ejemplo aquella reseña a un restaurante especializado en cocina checa elaborada con ingredientes de origen local que destacaba la extensa lista de vinos, pero no hacía mención a la cerveza de barril, o un restaurante italiano elogiado por la autenticidad de los ingredientes (importados) que utiliza, mientras que se ignoraba el hecho de que la única cerveza disponible era una marca pseudo-importada, y otras cosas por el estilo. Pero últimamente me he estado preguntando qué tan malo es eso y si es algo que debería importarme.

Ojo, esto es esnobismo invertido, no me molesta que se hable “en serio” de cerveza, o que haya foodies que de un día para otro se vuelvan amantes de la cerveza, o que restaurantes tengan un sommelier para las cervezas, o que la gente del otro lado del mostrador quiera llegar a nuevos consumidores. El problema es la manera en la que se hace. Muchas veces parece algo artificial, forzado. Esa es la sensación que me queda cada vez que me encuentro con fotos muy bien compuestas de cervezas en copas de vino, o de tallo largo en general. Es como ver una mujer atractiva llevando vestido de gala y botas de trekking, tomando whisky en un salón de té. No hay nada malo en eso, pero se ve fuera de lugar o como una tonta, e innecesaria, manera de querer llamar la atención.

¿En serio la cerveza necesita ser cubierta en una fina capa de sofisticación y obligada a hablar con un acento cheto para ganarse algún respeto? ¿Por qué? ¿Solamente para que sea aceptada por gente que probablemente la tome como otra moda pasajera? ¿No será que el problema en realidad es nuestro, que somos nosotros los que necesitamos que la cerveza reciba la aprobación de las élites para así sentirnos mejor con nuestros gustos?

No sé ustedes, pero yo me siento cómodo con la cerveza como algo que no necesita ser catado o degustado para ser apreciado. Me siento cómodo con que tomar cerveza no sea un fin en sí mismo sino parte de algo más grande y, sí, agradable. Me siento cómodo con que la auténtica cultura cervecera sea la de pubs, tabernas y bares que la de degustaciones y maridajes. Me siento cómodo con la cerveza como algo que me hace erutar, mear, tirarme pedos y ponerme en pedo, en lugar de algo que debe ser contemplado con reverencia. Me siento cómodo con la idea de que la cerveza sea solamente cerveza.

Na Zdraví!

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