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Birreando en Franconia (Día 1)

A pesar de que todavía faltan unas dos semanas para mi cuadrigésimo cumpleaños ya he recibido un regalo de puta madre (¿ustedes no mandaron el suyo todavía? ¿qué están esperando?) una invitación a pasar un fin de semana en Franconia, Alemania, que tuvo como programa principal asistir al Annafest de Forchheim.

El Annafest es un festival cervecero enorme que se celebra todos los años a fines de julio en lo que se conoce como el Kellerwald, palabra que puede ser traducida como "bosque de las bodegas". Es un colina boscosa a las afueras de Forscheim (un pueblito muy lindo) donde están las cervecerías locales tienen sus "keller", profundas bodegas excavadas en la roca en donde tradicionalmente se ponían a "lagerizar" cervezas. Hay cinco a seis que funcionan durante todo el año, pero durante el festival abren más de 20 y a las cervecerías locales se les suman varias otras de la región. Hay también por supuesto música en seis escenarios, atracciones tipo parque de diversiones, muchos stands con comida, etc.

La excursión había sido organizada por Pivo, Bier & Ale y en el grupo eramos 15, incluyendo Pavel Borowiec, jefe de redacción de PBA. Una linda banda de gente, con varios conocidos y otros con quien pronto me hice amigos.

Salimos de Praga a las 11, hicimos una parada en una estación de servicio cerca de la frontera y nos adentramos en Alemania. Nuestro objetivo era Nüremberg, en donde nos alojaríamos. El tráfico en la ruta cerca de la cuidad era de terror, como todo viernes a la tarde.

Llegamos al Hotel Nestor, en donde pasaríamos las siguientes dos noches (mucho mejor de lo que lo hubiese esperado, mi habitación era casi lujosa) y después de dejar los bolsos y estirar un poco las piernas nos pusimos en camino hacia Forchheim, previa escala en Erlanger, para buscar a Daša Hrnečková, quien sería muy importante este fin de semana.

Tomó bastante encontrar a esta dama (por el tráfico y porque por algún motivo el navegador GPS se negaba a hacer su trabajo en esta ciudad) y cuando llegamos a Forchheim estábamos todos con MUCHA sed. Tuvimos que esperar un rato más. Fuimos recibidos por una personalidad local que nos contó un poco sobre la ciudad y el festival cervecero. Para cuando terminó creo que la mayoría de nosotros hubiésemos sido capaces de matar un jabalí con nuestras propias manos para poder tomar una birra.

Por fin llegamos al Kellerwald y les juro que es impresionante. Una atmósfera que no se puede creer y un entorno casi de ensueño. Ya había mucha gente y lo que se respiraba era alegría absoluta. Muy contagioso.

No perdí demasiado tiempo mirando a mi alrededor y fui al primer keller que encontré para tomarme mi primer Maß de Festbier. La festbier son cervezas ámbar (lager, por supuesto) de entre 5,5-5,7% de alc. (si no me equivoco, por graduación Balling son Bock, o casi) que se maduran en los keller y se dispensan por gravedad, no con presión. El Maß, con el que estas cervezas se toman, es una jarra de cerámica de 1l. No soy amigo de tomar en tupláky, como lo llaman los checos, porque si no querés que la cerveza se te caliente, la tenés que tomar demasiado rápido. Pero es diferente con estos jarros de cerámica, el material mantiene la temperatura por mucho tiempo, así que uno puede tomar la cerveza sin ningún tipo de apuro.
Algo que no me molesté en comprobar con la la primera del día, que fue de Neder, una de las cervecerías locales. El Maß se vacío como si hubiese estado pinchado. Apenas lo terminé, me hice de otro. Todas las festbier son prácticamente lo mismo, muy maltosas, con notas que (y no se lo tomen demasiado en serio) me hicieron acordar a pan de gengibre y gracias al sistema de dispensado, muy poco carbonatadas y tremendamente tomables. La de Neder resultó ser especialmente rica, un toque más lupulada que el resto, lo que le daba una vuelta muy floral (todos usan Tettnanger acá).
No nos quedamos demasiado en el Keller de Neder. Había una banda de pop alemán tocando música horrenda, así que nos movimos a otro lugar más tranquilo, el keller de Eichorn, otra de las cerveceras locales, cuya festbier estaba también buenísima. Cuando ya estaba por mi segundo Maß de Eichorn me di cuenta que tenía hambre y pedí algo de comida (además de los stands de comida rápida, todos los Keller sirven platos en serio). Gran error. No porque la comida fuese mala, ¡estaba genial! Sino que la porción era enorme y se convirtió en un obstáculo para seguir tomando cerveza. (a propósito, 7EU por ese plato me pareció un muy buen precio, en el Czech Beer Festival una porción más chica de algo de menor calidad me va a costar más o menos lo mismo, quizás los organizadores deberían darse una vuelta por el Annafest para aprender un par de cosas).
Me costó terminar ese cuarto Maß de la noche y ya casi que me había decidido ir a explorar un poco cuando alguien tuvo el atino de pedirme otro Maß más. Entonces fue que me di cuenta que el Annafest se trata de ver cuántas cervezas distintas se puede uno tomar en un día (son todas prácticamente iguales), sino de disfrutar el hecho de estar tomando cerveza con amigos. Para eso se viene uno hasta Forchheim.

Curiosamente, para cuando estaba terminando mi quinto litro de Festbier, ya me sentía más ligero y casi listo para un sexto, pero lamentablemente ya era hora de volver al autobús.

Mi fui a dormir bien pasada la medianoche, sorprendentemente poco ebrio teniendo en cuenta la cantidad de festbier que había consumido, y sería solo el principio...

Na Zdraví!

Comentarios

  1. Tengo una sana envidia, parece que pasastes un excelente momento en el festival !
    hay segunda parte ? ya quiero leerla
    Cheers !

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  2. Como digo al cierre, fue solo el principio. Dos días más faltan. No te das idea de lo bomba que la pasamos...

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  3. dia 2 y dia 3 ya , el publico lo aclama troesma


    saludos


    omar

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  4. Hola...Éxitos. Quiero saber cual es para ti el jarro cervecero que más te gusta, ya sea por la forma, la comodidad al agarrarlo, porque guarda más tiempo el bouquet de la cerveza o por otras características.
    Gracias por tu respuesta y suerte
    Rafael

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  5. Hola Rafael,

    Todo depende de lo que esté tomando, pero si hablamos del tipo de cerveza que tomo todos los días, lagers de cualquier color con % de alcohol moderado, entonces es el jarro de vidrio pesado de medio litro porque es el qué más cómodo siento en mi mano. Tengo también otros vasos, para cerveza de trigo, un nonic, copas, vasos altos, etc., que voy usando según las ganas y la cerveza.

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  6. FILOSOFO, es cierto que la cerveza sabe mejor cuanto mas delgado sea el vidrio del vaso, o son figuraciones mias? Me interesa saber la opinion de un profesional

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  7. Antes que nada, gracias por lo de "profesional" :)

    La verdad que no sé, nunca se me ocurrió comparar si una cerveza sabe mejor en un vaso de vidrio delgado que en uno más grueso. Tocando de oído, creo que es una impresión que puede dar el hecho que un cristal o vidrio más delgado se siente mejor en los labios. Mi jarro favorito es de vidrio bastante grueso y pesado y es en el que algunos tipos de cerveza me saben mejor. Creo que es una cuestión meramente personal....

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