19/2/16

El Desafío del Tranvía (4): Strossmayerovo nám - Lipánska - Nákladové nádraží Žižkov


Cuando salí de U Divadla esperaba que el destino me ponga en el 17 a Trója, una parte de la ciudad que nunca he explorado, pero terminé en el 26 en camino a Lipánska. Al menos ya sé dónde voy a tomar la siguiente birra: Lavička.

A pesar de que siempre me ha gustado la pinta de este lugar desde afuera, nunca entré; ni siquiera lo tuve en cuenta para la 2ª Edición de la Guía Cervecera para Borrachines. No sé porqué.

El interior es más o menos lo que esperaba. Es un restaurante de cabo a rabo, no un pub. La decoración no lo deja en dudas, así como el bar casi oculto detrás del hogar; no tiene dónde sentarse y está bastante abarrotado, como si no esperasen (¿o quisiesen?) que alguien se pose en él. En resumen, un lindo boliche para traer a un cónyuge o pareja de larga data, pero no tanto para birrear con amigotes.

Todavía queda parte del público del almuerzo, y todos están muy letárgicos, a excepción de las dos mamínky y sus retoños—de muy buen comportamiento los cuatro—y un tipo furiosamente escribiendo en su celular lo que parece ser una novela corta, mientras su comida enfría debajo de sus narices. (a riesgo de quedar como un snob patético, esto es una prueba de lo poco que a algunos les importa la comida. No puedo creer que haya gente que le da más importancia a un mensaje de texto, o incluso una llamada, que a la comida que pidieron y van a pagar, pero cada uno tiene diferentes prioridades.)

La cerveza, Bernard Nefiltrovaná 12°, está en muy buena forma (mejor de lo que esperaba, teniendo en cuenta que casi nadie está tomando cerveza), solo les reprocho no haberla servido en un vaso remojado en agua fría, como es apropiado.

Lavička no es mi tipo de lugar, pero me imagino que a la patrona sí le gustaría. Lo tendré en cuenta, en especial en verano, parece que tienen un lindo patio.

Ha empezado a llover, esa llovizna bajo la cual es muy agradable caminar, en especial en una ciudad. Pero no puedo darme el gusto, soy un hombre en una misión… ¿Dónde oí eso? No importa, tengo que tomar el tranvía. Esta vez es el 9 a Nákladové nádraží Žižkov.

La verdad, no hay mucho de donde elegir. Un tugurio con Staropramen y un Činské Bistro con Samson al lado de la parada. Me parece que voy a tener que ir a U Kozla, en Basilejské nám.

¡No! Todavía no. Voy a explorar un poco las calles secundarias a ver si tengo suerte, y si no, por lo menos voy a haber dado la caminata que tanto quería.

No me encontré con ningún bar (me gustaría hablar con quienquiera haya sido que dijo que Žižkov tiene la más alta concentración de bares en… algún lado). Pero no me quejo, el paseo estuvo lindo y estoy de buen ánimo para una cerveza.

Esta sí que es una hospoda. Salón con bar a la entrada—con una mesa para štamgasty—y el comedor, subdivido, atrás. Todo es reconfortantemente anticuado. A excepción de algunas de las botellas exhibidas a lo largo de las paredes recubiertas de madera (hay una de cerveza de trigo sarraceno de Eslovenia, nunca había visto algo así), dudo que la decoración haya cambiado mucho en el último cuarto de siglo—incluyendo a lo manteles feos y el mozo con corte mullet que solo toma pedidos de comida (hay otro para las bebidas). Solo me gustaría que las ventanas no fuesen esmeriladas, el tiempo está perfecto para ver pasar al mundo mientras se toma despacio una cerveza.

La clientela está conformada por un grupo bastante diverso: hombres y mujeres de edades y condiciones sociales diferentes, y no veo a nadie con la geta pegada a una pantallita, como si la atmósfera del bar les hubiese hecho los amos electrónicos que llevan en bolsos y bolsillos. El mozo recitando con mucha paciencia, y de memoria, el menú del día a un cliente ciego contribuye a la onda de rioba que me está haciendo sentir tan cómodo.

Es una lástima que no puedo elogiar la cerveza.

No me doy cuenta que hay algo mal con ella sino después de haber pedido la segunda, cuando eruté. Los eructos son una herramienta menospreciada para evaluar lo que yo he dado en llamar el pos-retrogusto de una cerveza. Por ejemplo, me gustan mucho los eructos de una IPA limpia y aromática. En este casi, sin embargo, el pos-retrogusto evoca abrir la puerta y entrar a un sótano profundo y mal ventilado de un edificio viejo. No me acuerdo cuándo fue la última vez que tomé Kozel Světlý, pero dudo que sea la cerveza; algún problema con las líneas de dispensado me imagino debe ser la causa más probable, en cuyo caso pedir alguna de las otras cervezas de barril no sería sensato. Una pena, estaba disfrutando de este boliche.

Hora de irse, me parece

Na Zdraví!

Restaurace Lavička
50°5'3.961"N, 14°27'5.107"E
Seifertova 77 – Praha-Žižkov
+420 222 221 350 - zahradni@restaurace-lavicka.cz
Lun-Sun: 11-23

U Kozla
50°5'14.561"N, 14°28'10.942"E
Jana Želivského 4 – Praha-Žižkov
+420 222 580 405
Lun-Sun: 11-23

1/2/16

El Desafío del Tranvía (3): Chotkový Sady - Hlavní Nádraží - Strossmayerovo nám.


No sé para qué me puse la campera, me la tengo que volver a sacar antes de llegar a la parada Chotkový sady; es increíble lo mucho que ha cambiado el tiempo.

Acaba de llegar un tranvía a la parada. Podría agarrarlo. Empiezo a caminar un poco más rápido, hasta estiro el brazo esperando que el conductor me vea y espere un poquito. Pero no. Las puertas se me cierran casi en la cara y el tranvía se va. Voy a tener que esperar a otro. ¡Mirá! ¡Ya llegó uno! Antes de que pueda terminar de escribir esta oración.

Es el 5 y mi siguiente destino es Hlavní Nádraží. La estación es, por supuesto, donde voy a tomar la siguiente birra.

Paso por en frente de Potrefená Husa sin siquiera bajar un cambio. Por un, efímero, momento se me ocurre subir a Fantová Kavárna, que reabrió el verano pasado después de varios años después de varios años y amplias reformas. Pero sigo hasta el final de hall, hasta Krušovická Šalanda.

Adentro es muy cadenoso; lo cual no sorprende a nadie. Pero de algún modo encaja en el ecosistema de una estación de tren, en donde los parroquianos son más que nada transitorios. Pero hay algo de onda, gracias, en gran parte, al grupo de metaleros que se apropiaron de la pecera para fumadores. La mayoría está tomando cerveza, pero despacio, tranqui; no como se podría esperar del estereotipo.

A menudo decimos que la cerveza junta a la gente y sin embargo, dudo que a la mayoría del grupo le estén prestando más atención a la cerveza que están tomando que a las sillas en donde están sentados. Es la música lo que los ha juntado. ¿La música junta a la gente? ¿La comida? ¿El porno alemán con enanos? No, es la gente que junta a la gente. Tendemos a gravitar hacia aquellos con tenemos intereses comunes porque sabemos que vamos a tener algo fácil y seguro de qué hablar, y más interesante que el tiempo. Estoy convencido que la mayoría de la gente se siente incómoda si no tienen nada que decir cuando están en compañía de otros, como si le tuviesen miedo a su propio silencio, o a la pregunta “¿estás bien?”. Quizás sea por eso que es tan habitual ver grupos entrando juntos a un bar, restaurante o café, sólo para meter la geta en sus teléfonos tan pronto como tienen los culos en la silla, sino antes.

El servicio es rápido y simpático. La cerveza, por otro lado, está demasiado fría; sospechosamente fría, aunque no parece tener nada de malo una que toma temperatura hacia el final, y pido otra para estar seguro.

Me está gustando acá. Hay un lindo bochinchito y hasta la música, la típica playlist de radio pop compuesta en su mayoría por one-hit wonders de hace un par de décadas, no me molesta. Los precios también están sorprendentemente dentro de lo razonable. No es un lugar al que vendría deliberadamente, pero está lo suficientemente bien para llegar a la estación una birra más temprano la próxima vez que tenga que tomar el tren.

Una cosa que noto cuando pago con tarjeta, y no por primera vez: la camarera muy rápidamente saltea la pantalla que sugiere una propina antes de pasarme la terminal para que apoye la tarjeta y se va con una sonrisa tan pronto la transacción es autorizada; y no creo que espere que deje plata en la mesa, hablé con ella en checo todo el tiempo. Me pregunto que dirían sobre esto aquellos que se escandalizaron con un comentario que hice hace unos años sobre las propinas.

Tengo 50% de probabilidades de terminar en una parada sin ningún boliche cerca. Eso no está bien y es algo que no tuve en cuenta al empezar este juego y me pregunto cuántas paradas así hay. Pero tengo suerte, no me voy a tener que preocupar de eso hoy, el 26 que me va a llevar a Strossmayerovo nám. está llegando.

El viaje es corto pero con algo de entretenimiento a bordo. La mujer sentada en el asiento de adelante al mío es compartiendo con alguien en el teléfono (y con todos los demás en el tranvía, parece) las vicisitudes de un polvito que se echó, pero después de la chanchada, y cuando el amor de su noche empezó a ocuparle toda la cama. Tengo ganas de decir algo, pero antes de poder hacerlo, me tengo que bajar.

Recorrí este barrio bastante durante el trabajo de campo para la Guía Cervecera para Borrachines, lo cual me ha dejado escaso en opciones, si voy a seguir al pié de la letra las reglas de este juego. Me detengo por un rato y me acuerdo de ese bar a la vuelta de la esquina. Creo que ahí es donde me está esperando la siguiente cerveza.

¡Aha! No está a la vuelta de esta esquina, sino de la otra, en Fárskeho; una pequeña falla en mi GPS mental. Y helo allí, U Divadla.

Es tan bolichonoso como el otro era cadenoso. No se ha reparado mucho en la decoración, o, mejor dicho, a nadie cobró un montón de guita para convencer a un grupo de ejecutivos que este es el tono correcto de beige para las mesas.

Los últimos miembros del público del almuerzo están vaciando sus platos y sus copas, pero una parte del pub sigue sin fumar. Ahí es dond eme siento, en un lugar con buena vista al bar.

Pido Gambáč y al mozo/grifero no parece importarle que no voy a comer nada. La cerveza viene rápido y sabe fresca y bien tirada. Es toda la atención que me hace falta prestarle. ¡Ah! La belleza de tomar una cerveza que conocés bien, una vez que se ha determinado que está en buenas condiciones, te podés dedicar a algo más estimulante como la compañía, que en mi caso es Galilee. Estoy en las últimas páginas, y ha mejorado un tanto luego de que la historia empezó a enfocarse un poco más en los Barbarrosa y menos en los Geary. Me había olvidado casi todo del final, que es abierto (me acuerdo que Cliver Barker mencionó en una entrevista una segunda parte, pero nunca más oí de ella), y me gusta más por ello. A veces, está quedarse con algunas preguntas sin respuesta.

El mozo/grifero me mira desde el bar justo cuando apoyo el jarro vacío en la mesa. Me muestra el pulgar y yo asiento. El intercambio no verbal resulta, por supuesto, en un segundo jarro para reemplazar el vacío, el cual a su vez será seguido de un tercero un rato más tarde. He decidido que quiero terminar el libro, y me gusta acá. Esta es una buena hospoda (tal como hospody con una mesa para štamgasty suelen ser), una en donde me siento cómodo y que incluso en las primeras horas de la tarde tiene una linda onda de rrioba. Tengo que volver algún día.

Pero la última página ha sido leída y la última birra ha sido bebida. Es hora de partir y ver a dónde me va a llevar DPP ahora.

Na Zdraví!

Krušovická Šalanda
50°5'0.799"N, 14°26'3.023"E
Hlavní nádraží – Praha-Vinohrady
+420 774 439 430 – 157.salanda@autogrill.net
Lun-Dom desde las 7

U Divadla
50°5'58.975"N, 14°26'7.813"E
Pplk. Sochora 9 – Praha-Holešovice
+420 774 713 141 – udivadla@gmail.com
Lun-Vie: 10-23, Sáb-Dom: 11-23