28/12/15

2015 - El Año Menos Productivo


Este ha sido el año menos productivo del blog, por lejos. No lo estoy lamentando, ni mucho menos pidiendo disculpas al respecto. Tuve mucho laburo—por suerte, incluso si hubo momentos que se fueron un poco al carajo—y el libro, que no fue tarea fácil, pero que valió mucho la pena—estoy orgulloso de él y se está vendiendo bastante bien.

El otro, quizás más importante, motivo por el cual he estado escribiendo tan poco es que tengo la sensación de que no me queda nada más para decir sobre la cerveza. Ya perdí la cuenta de cuantas entradas empecé a redactar, solo para abortarlas un par de oraciones más tarde porque vi que me estaba repitiendo—“¿otra vez esto? Qué mierda, voy a ver boludeces en Reddit”. De hecho, me parece que todo el discurso cervecero se está repitiendo a sí mismo (y puede que lo haya estado haciendo por un buen rato ya. Me cuesta entender, por ejemplo, cómo es que sigue habiendo tanta gente que se molesta cada vez que una empresa cervecera independiente es adquirida por una más grande; pasa en casi todas las industrias en donde las economías de escala juegan un papel importante, ¿por qué debería ser diferente con la cervecera? ¡Ah! Claro, el cuento de hadas.

Al margen, y ya que estoy en el tema. A todos esos propietarios y ejecutivos del sector que toman el púlpito cada vez que se da a conocer una venta: ¡cierren el orto ya! En serio. Cuando tenía nueve o diez años, mi vieja fue conmigo y mi hermana a comprarnos zapatillas. Yo quería las zapatillas de Bjorn Borg, pero no las tenían en mi número. Tenían el número de mi hermana, que se las probó y dijo que las quería. Mi reacción fue decirle que era una tonta; que las zapatillas no eran para mujeres sino para varones; que se iban a burlar de ella; que no podía tener esas zapatillas. Esos propietarios y ejecutivos del sector cervecero me hacen acordar de la anécdota. Si lo hacen porque les molesta no poder tener las zapatillas que quieren o porque esperan que la pataleta les va a conseguir unas mejores, difícil decir, pero se están poniendo bastante patéticos.

Y para ser justos. A todos los propietarios que han recientemente vendido sus empresas cerveceras: ¡también cierren el orto! Ese verso de que “la cerveza no va a cambiar” no se lo cree nadie, ni ustedes mismos. Va a cambiar, si sirve al propósito de los nuevos dueños, y no hay nada que ustedes puedan hacer al respecto; si ese cambio será para mejor o para peor, dependerá de a quién se pregunte. A propósito, leí un artículo hace poco (y me encantaría que me pinte el orto buscarlo) que decía que algunas cervecerías están ajustando las recetas de sus IPAs de cabecera para volverlas a hacer relevantes (y creo que saben a lo que me refiero con ello). Estas cervezas también están cambiando porque sirve al propósito de sus dueños; si ese cambio es para mejor o para peor, dependerá de a quién se pregunte.

Pero basta de diatriba. Esta no es una entrada de diatriba, es de ombliguismo.

Como iba diciendo, el discurso cervecero se ha vuelto demasiado redundante y me ha dejado de interesar. He decidido enfocarme en lo que sí me afecta como consumidor—mi propio ecosistema y experiencia cerveceros. Lo que se esté discutiendo en los EEUU, el Reino Unido, España o Escandinavia no me incumbe; al menos no lo suficiente como para comentar acá. Para eso tengo a Facebook.

Tengo un proyecto que me ha estado dando vueltas por la cabeza por un buen tiempo que quiero realizar en 2016, quizás con alguien más. Lo anunciaré una vez que haya arreglado algunos detalles. Voy a empezar también con una nueva serie en la que visitaré bares al azar. Va a ser muy simple: en una parada a determinar voy a tomar el primer tranvía (o autobús) que pase en cualquiera de las direcciones, me voy a bajar en la décima parada y voy a ir al primer pub que me encuentra, preferentemente uno que no esté ya en el libro. Andá a saber, a lo mejor me encuentro algún tesoro perdido, o no; como mínimo, me voy a divertir un poco, que es lo que quiero.

Hay un par de cosas más, pero ya verán; en todo caso, no esperen un 2016 mucho más productivo.

Pero bueno, feliz año nuevo a todos.

Na Zdraví!

3 comentarios:

  1. Salud Max! Abrazo argento! Feliz año!

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  2. Tu blog tiene este punto de costumbrismo bien escrito que hace que escribas lo que escribas normalmente dé gusto leerlo. Pasa como con algunos monologuistas: el tema puede tener interés cero pero la experiencia de escucharlo es divertida. Esto es virtud, ya que el ombliguismo sin este toque que le das se transforma en egocentrismo sin interés. Yo seguiré esperando entradas, aunque haya menos.

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  3. Que tenga suerte en sus nuevas andaduras. Un saludo.

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