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Cavilando en el bondi de vuelta a casa


El fin de semana pasado fui contratado como guía cervecero para un grupo de 22 suecos. Lindo currito, no me puedo quejar.

Primero fuimos a Pivovar U Tří Řůží, en donde había arreglado una cata de las seis cervezas de fabricación propia que tenían ese día. Presenté a cada una de ellas (todas muy, muy buenas), contesté las preguntas que algunos de los miembros del grupo hizo sobre ellas, y sobre la cerveza en general, mientras que el resto en su mayoría comentaba lo que estaba probando. Todos quedaron muy satisfechos.

Una vez terminada la degustación, tomamos el tranvía a Klášterní Pivovar Strahov, en donde cenaríamos. Teníamos dos mesas largas reservadas en un salón que compartiríamos con otros dos grupos, más grandes que el nuestro, uno de gente cincuentona, el otro de estudiantes universitarios.

Por suerte, nosotros fuimos los primeros en llegar y pudimos pedir la comida y la primera ronda antes de que los otros dos grupos aparezcan. (aunque, hay que mencionar que el servicio fue en todo momento fantástico, incluso atendiendo a más de 100 personas). A diferencia de la cata, acá las preguntas fueron bastante pocas, los suecos parecían estar contentos con recibir jarros llenos de las excelentes cervezas que hacen en Strahov. Todos estaban de buen humor.

Luego de que los otros dos grupos hayan llegado, un dúo de polka empezó a tocar. La dechovka me gusta tan poco como a cualquier otro ser urbano que no se ha jubilado aun, pero tengo que confesar que en un salón cervecero repleto ese tipo de música tiene más sentido que cualquier otro. No tardó mucho para que todo el mundo levante sus vasos, golpee las mesas o aplauda al ritmo de la música. Cuando el dúo no tocaba, cada uno de los grupos se ponía a cantar sus propias canciones, bien fuerte, para el agrado de los otros dos, y también las sonrisas del personal. Uno de los suecos hasta logró que los tres grupos hagan una ola mexicana. Todos reían y cantaban, y la estaban pasando una bomba de putasmadres, a excepción quizás de un par de los purretes del más joven de los grupos, que se sentían demasiado modernos como para divertirse tanto. Una velada terriblemente fantástica, ¡y encima me pagaron!

Por algún motivo, en el bondi de vuelta a casa, todo esto hizo que me pusiera a pensar en el quilombo que Shock Top armó con su última campaña de marketing al atreverse a sugerir que la cerveza artesanal es pretenciosa. ¡Qué lo parió! Sí que se enojaron algunos.

Es una tontería, por supuesto. Una bebida no puede ser pretenciosa. ¿Empezaría a ponerme caras una botella de, digamos, Heady Trooper o Dark Lord si se me ocurriese mezclar la cerveza con Fanta, o si la tomase directamente de la botella mientras miro la tele y como Pizza congelada? Algunas personas, seguro que sí, y es probable que me intentarían convencer de que estoy haciendo mal.

Entonces, no es la cerveza, sino ese tipo de gente que rodea a la cerveza la que a menudo hace que todo parezca pretencioso, con sus caras serias, lenguaje esotérico, catas guiadas, maridajes con comida, elaboradas notas de cata, vasos correctos y temperaturas apropiadas.

No estoy diciendo que haya algo de malo en ello. Por el contrario. En primer lugar, porque en su peor manifestación, no es más que marketing disfrazado de algo cultural. En segundo lugar, porque, marketing o no, hay gente que sinceramente disfruta de tomar parte de ello. Sin embargo, no debemos olvidarnos que hay mucha otra gente que solo ve sanata pretenciosa y snob en toda esa seriedad y premeditación, en todas esas cosas que hay que hacer bien para poder disfrutar de una cerveza como es debido; o lo ve como algo que le quita mucho de lo divertido a su escabio favorito, y no se los puede culpar, como tampoco deberíamos sorprendernos cuando una empresa lo utiliza en su marketing.

Pero de vuelta a mi historia. Más allá de lo bien que salió la cata en Pivovar U Tří Řůží, no creo que haga falta que les diga en dónde nos divertimos más.

Na Zdraví!

Comentarios

  1. Para corroborar lo que escribiste, te cuento que hace un tiempo leía el libro de un experto en vinos, copas, maridajes, etc. Decía que el vino debe beberse como y con lo que a uno le gusta.
    Lo que me hizo acordar de esto fue cuando pusiste lo de beber cerveza con Fanta; en mis pagos se le dice "cascarudo".
    Tus artículos son excelentes!!

    Polo, desde Resistencia, Chaco, Argentina.

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