29/4/13

Pensamientos de Lunes


Interesante. Casi al mismo tiempo, dos blogs, uno yanki y el otro checo responden a la reacción del otro lado del mostrador a casi el mismo “problema”.

Jeff, en Beervana, ha estado conduciendo unas catas ciegas comparativas de lagers rubias de producción masiva. En una de ellas, las muestras de Stella Artois y Beck's resultaron estar azorrinadas (botella verde expuesta a la luz vaya uno a saber cuánto tiempo). Un tal Jack (que no tiene ninguna relación con ABIB, los fabricantes de esas dos cervezas) dejó un comentario diciendo que no era justo incluir en una cata una botella que puede haber sido maltratada.

Mientras tanto, en estos pagos. Pivníci publicaban los resultados de su encuesta sobre botellas PET1. Al final del artículo nos cuentan que han recibido indignados e-mails de dueños o maestros cerveceros quejándose de que sus cervezas habían sido evaludas en en formato PET y no de barril en tal o cual hospoda.

La respuesta tanto de Jeff como de los Pivníci puede resumirse en “si estás sabés que el envase puede ser un problema ¿por qué mierda vendés tu cerveza así?” Y no podría estar más de acuerdo. Para mí, una birra no se termina de hacer sino hasta que llega a mi vaso o hasta que pago por la botella en un negocio2. Por lo tanto, es responsabilidad de la empresa elaboradora cuidar de que sus productos lleguen al consumidor en las mejores condiciones posibles. Lamentablemente, ya sea por falta de voluntad o de recursos, muchos son los productores que no se hacen cargo del control de calidad una vez que las cervezas abandonan la fábrica, dejando todo en manos del interés, las ganas y la capacidad de terceros.

Esto me hace acordar a algo que leí ya hace un tiempo en el blog de Alan (¿o fue en el de Stan?) sobre una de las primeras definiciones de “cerveza/cervecería artesanal”. Ya me he olvidado de los detalles (y no tengo ganas de buscar el artículo, quizás su autor será tan gentil de dejar el enlace), pero más o menos establecía que artesana aquella cervecería que, entre otras cosas, solamente vendía directamente al consumidor a fin de no arriesgar la calidad de su producto. Y tiene mucha razón, incluso con muy buena voluntad y grandes recursos, cada vez que un elaborador deja su producto en manos de un tercero, lo único que puede hacer es esperar que esa persona le de el cuidado adecuado, cosa que a menudo no sucede.

Pero no seamos fundamentalistas. Una cervecería es, primero y principal, una empresa, y como toda empresa, su razón de ser es la de generar ganancias para sus propietarios, lo cual es muy difícil lograr sin asumir riesgos y sin algo de transigencia hacia algunos ideales3. Es difícil estar en contra de ello, después de todo, sin esos empresarios que han asumido esos riesgos y transigido esos ideales no sería posible disfrutar de la variedad que muchos tenemos la suerte de disfrutar hoy.

Por otro lado, es también cierto que algunos de esos empresarios son los mismos que se llenan la boca diciendo que ellos representan a la verdadera Cultura Cervecera, de que lo que los motiva es la pasión y el amor por la cerveza, no el dinero. Todo mientras alegremente envían sus productos a través de países, continentes, mares u océanos, muchas veces sin filtrar ni pasteurizar, claro, porque eso significa comprometer la calidad y es contrario al idea de artesanalidad.

Claro que nadie hoy día debería sorprenderse al enterarse que una buena parte de la composición del discurso de las personas que quieren nuestro dinero es verso del más alto octanaje. Aunque, parece que hay no pocos ingenuos de este lado del mostrador más que dispuestos a creer este tipo de boludeces y difundirlas.

Hablando de boludeces de este lado del mostrador. Simon Johnson el otro día compartió un video que es una joya, “Sh!t Beer Geeks Say”. ¡Brillante! ¡No tiene desperdicio! Máxime porque creo que la mayoría de nosotros, en más de una ocasión, hemos dicho alguna de esas pelotudeces.

Esto me lleva a un muy buen artículo que leí el otro día, 15 Things Craft Beer Fans Think (But Nobody Says). Aunque algunas de esas cosas son específicas del ecosistema cervecero yanki, otras pueden ser aplicadas perfectamente a cualquier país (a lo sumo, ajustando algunos detalles), y que hasta he tratado en este blog, por ej. acá y acá.

Esto, y otras cosas que he leído en los últimos meses me me han hecho pensar si no estamos viendo una tendencia hacia una dosis de cinismo saludable y razonable del tipo que “Cerveza Artesanal”, como toda marca, se merece. Y a lo mejor, esta tendencia se esté empezando a derramar al otro lado del mostrador.

En su perfil de Twitter, la micro argentina Nuevo Origen dice “Hacemos buenas cervezas, no nos va el mote de cerveza artesanal.” Es marketing, sí, pero es marketing con huevos. La etiqueta Artesanal es a menudo usada para justificar ineptitud, precariedad y falta de profesionalismo. Con “buena cerveza”, sin embargo, no hay donde esconderse, lo cual demuestra, por parte del elaborador4, una gran confianza en su producto.

¿Y no es justamente esto lo que todos, absolutamente todos queremos en realidad, “Buena Cerveza”? “Artesanal”, “Gourmet”, “Boutique”, “De Autor” son solamente etiquetas vacías que a lo sumo hablan más del productor que del producto. “Buena” es la única etiqueta que deberíamos querer comprar y apoyar.

Sí, micro-macro, de aquí-de allá, independiente-corporativa son elementos a tener en cuenta hasta cierto punto. Pero, en lo que a mí respecta, ni de cerca tan importantes como “Buena”. Solo aquel elaborador que es capaz de ofrecerme “Buena” (o como mínimo “Bien Hecha”, ya que “Buena” puede ser algo muy subjetivo) puede empezar a hablarme de todo el resto, de otro modo, mejor que se calle.

Na Zdraví!

1 Soy comprador más o menos habitual de cervezas en botella de plástico. Para mí, el problema no está tanto con el material del envase (que tampoco es el ideal), sino con la manera en que las botellas son manipuladas en los comercios, y lo mismo podría decir sobre las botellas verdes. De hecho, más de una vez me ha pasado comprar en un supermercado cerveza echada a perder, incluso en botella marrón.
2 La verdad que lo del vaso también podría aplicarse con las botellas compradas en negocios, pero tampoco vamos a ser tan estrictos.
3 No se refiere acá a ideales morales o éticos, o a creencias, sino al concepto de un modelo perfecto.
4 He intercambiado algunos e-mails con Marcelo Braga y me da la impresión de ser un buen tipo. No conozco sus cervezas, pero me gustaría.

22/4/13

Sobre reseñas


Como habrán notado, las reseñas de cerveza han dejado de ser algo habitual en este espacio. Las pocas que hago sirven más que nada para ilustrar algún tema que me anda dando vueltas por la cabeza. La principal causa de esto es que me aburrí de tomar notas de cata, de transcribirlas y (salvo una o dos excepciones) de leerlas. Me cansé de sentirme casi obligado a diseccionar cada trago de una cerveza nueva en busca de elementos que se repiten una y otra vez. No solo porque me parece una pérdida de tiempo y energía, sino porque me di cuenta que se convierte en un obstáculo para el verdadero disfrute de la cerveza en sí, y por sí, misma. Ahora, cuando tomo una cerveza nueva, prefiero dejar que ella me diga algo, en lugar de sacarle las palabras a la fuerza, y si hay algún elemento sensorial digno de destacar, confío en que mi memoria sabrá mantenerlo resguardado por si en algún momento resulta útil.

Hay también otro problema con las reseñas de cervezas. Por un lado está el uso algunos descriptores muy detallados en las notas de cata ¿qué puede significar papaya, regaliz o agua rosas para alguien que nunca los haya probado? Por otro lado, y todavía más importante, está el hecho de que no existen estándares. Lo que es excelente, interesante, extraordinario para mí, puede ser mediocre, aburrido, cotidiano para otros; y no existe discusión posible. Si alguien declara que no hay mejor birra que Braník o Mikkeller 1000IBU no va a estar equivocado, cada persona tiene experiencias y gustos diferentes y todas son opiniones calificadas. Esto no es como, qué se yo, el cine iraní, que alguien como yo podría describir como 120 minutos de puro aburrimiento, a lo cual alguien con mucho conocimiento de las artes cinematrográficas podría responder diciéndome que no estoy entendiendo el mensaje, que debería ver la obra completa del autor y otras cosas por el estilo, sobre las cuales va a tener muchísima razón porque ha estudiado el tema en detalle y ver una película es una experiencia intelectual, mientras que tomar cerveza es una experiencia sensorial y absolutamente subjetiva, en donde nadie puede equivocarse. No hace falta saber, entender o tener cualquier tipo de información previa sobre la cerveza que estamos tomando para ser capaces de determinar si nos gusta o no.

Es diferente con los bares, etc, y es por ello que me gusta más reseñarlos. Hay una serie de estándares casi universales que sirven como base para una evaluación. Creo que las cosas que hacen que un boliche sea bueno, no genial o fantástico, sino bueno, pueden ser reconocidas por casi todo el mundo.

Boak and Bailey mencionaban muchos de ellos el otro día. Con el único con el que no estoy del todo de acuerdo es con el punto 4. Las sonrisas, me parece, están sobrevaloradas, o mejor dicho, han sido devaluadas casi al nivel de un requisito como tener baños limpios y funcionales o que no te claven con la cuenta. Y eso está mal, y por varios motivos. Nadie debería estar obligado a sonreír su por algún motivo, cualquiera sea, no tiene ganas de hacerlo. Para mí, una sonrisa falsa y forzada es peor que un gruñido honesto. Creo que buena educación, profesionalidad y eficiencia son más que suficientes para hacer sentir a cualquier parroquiano que su presencia es apreciada. Todo lo demás, si es genuino y sincero, es un plus; es casi como encontrarse con una cerveza sublime entre un montón de cervezas buenas.

Pero estoy divagando, es de reseñas de lo que quería hablar.

Para bien para mal, hoy la tecnología nos permite publicar reseñas en tiempo real. Entramos a un lugar, tomamos el primer trago de una birra y solo basta un tipi-tipi-tap para compartir nuestra opinión con todo el mundo. La verdad, no es algo que me gusta demasiado.

En lo personal, antes de ponerme a escribir una reseña sobre un boliche, prefiero rumiarla, hacerla rebotar un par días en mi mente para darle un poco de perspectiva. ¿Puede que esa supuesta falla sea algo premeditado dirigido a un público al cual no pertenezco? Lo mismo podría aplicarse a la cerveza, una vez pasada esa primera impresión ¿cómo se compara con otras similares? ¿volvería a comprarla? ¿qué tan buena es su relación calidad/precio? Todo eso a menudo necesita algo de tiempo para ser considerado y hace que la reseña sea, en mi opinión, mejor y más útil para el que la lea.

Sin embargo, esa reseña instantánea, inmediata, redactada en el mismo momento en que la experiencia ocurre podría considerarse, en especial cuando hablamos de una cerveza, como más honesta, ya que es más visceral, guiada más por los sentimientos y los sentidos que el intelecto.

Interesante.

Na Zdraví!

19/4/13

De a dos en Pivovar Marina Holešovice


Había oído de Pivovar Marina Holešovice ya en 2010. Un conocido había diseñado el logo y hasta habían puesto una página de Facebook donde mostraban las etiquetas de sus futuras cervezas. Pero un día, la página de FB cerró, al igual que el proyecto, y todos medio que nos olvidamos del asunto, hasta principios de este año.

Otra empresa se había hecho cargo del proyecto y esta cervecería/restaurante/pub abrió sus puertas en febrero. Pero habría que esperar otras cinco, seis semanas para que las cervezas de la casa estén listas, ya que el lugar no recibió los últimos permisos para elaborar sino hasta el día antes de su apertura. Yo, por otro lado, tendría que esperar todavía un par de semanas más para ponernos de acuerdo con mi colega del Prague Post, Fiona Gaze, en una fecha para hacer una de nuestas reseñas dobles.

Incluso antes de poner un pie en Pivovar Marina, hay que darle crédito a los dueños por la manera en que han usado el espacio. Es un edificio bastante grande (que según he oído, supo albergar una oficina de la aduana). En la parte central, la más alta, pusieron la cámara para los tanques de fermentación y maduración, la cocina, los baños y sobre todo esto, un salón privado. En una de las alas hay un restaurante mediterráneo, en la otra, una pivnice. ¡Es una genialidad! Imaginate, dos o tres parejas que se juntan a comer o tomar algo. Las chicas, si son de las que no les gustan los pubs, pueden ir al restaurante, mientras que los chicos van a la pivnice, en donde hasta pueden agarrar un partido de algo en la tele. Todo el mundo se queda contento.

Pero bueno, una vez adentro, es fácil ver el trabajo y el cuidado que ha sido dedicado a restaurar y reacondicionar el edificio. El techo, con sus vigas de madera y un impresionante candelabro de hierro forjado son una belleza. El mobiliario del pub quizás no es muy de mi gusto, pero tengo que admitir que va muy bien con el espacioso salón dividido en varios niveles y galerías. Todo está dominado por el equipo de cocción, que parece de 20hl, pero en realidad es de 10hl con un revestimiento de cobre que lo hace ver más grande.

Un desvío en un par de las líneas de tranvía que van a la parada Manini hizo que Fiona se retrase un buen rato. Me estaba muriendo de hambre (y de sed) cuando llegué, pero no tenía ganas de empezar a almorzar todavía, así que pedí un hermoš (y una desítka). El queso en escabeche estaba muy bueno, aunque no podría decirse que barato a 70CZK. Vino con una canasta con bastante pan para mojar en el sabroso aceite de la marinada. Por ahora, todo bien.

Una vez que mi colega llegó (pueden leer su reseña acá, no le gustó mucho la parte mediterránea), me pedí una dršťková polévka (45CZK). Buenísima, grasosa, sabrosa, bien especiada. Con algunos pedazos más de callos habría sido perfecta.

De plato principal me elegí vepřové koleno. Hacía mucho que no comía un buen codillo de cerdo y estaba con muchas ganas. Voy a tener que seguir esperando. El menú dice que está asado en cerveza negra y cebolla. Habrá que creerle, pero vino sin ni una gota de los jugos de cocción; de hecho, estaba bastante seco. En serio, por 310CZK esperaba algo MUCHO mejor. Tendría que haber seguido el ejemplo de Fiona y pedir guláš (145CZK), que sí estaba muy bueno y muy por adelante en términos de calidad/precio. Aunque para ser justos, la guarnición que traía no estaba nada mal.

Así con la comida, al menos en lo que respecta a la pivnice, la pegan bastante. ¿Y qué de las cervezas? Podría decirse lo mismo.

Puede que sean cuestiones de mercado, pero no hay muchos micros, en especial entre las más nuevas, que hagan desítka, lo cual es una lástima. Marina no está entre ellas y su lager rubia de 10º, llamada Přístavní Výčepní, es un excelente ejemplo de por qué este tipo de cerveza merece más cariño. Una tomabilidad divina, pero con el suficiente sabor sutil como para atrapar tu atención por uno o dos sorbos, luego de lo cual hace lo que toda buena cerveza de sesión debería hacer, pasar a segundo plano y dejar que la atención del bebedor se vuelque a cosas más importantes como disfrutar de la buena charla y la buena compañía.

En donde no la pegaron fue con la 12º, Holešovický Ležák. No le encontré ningún toque defectuoso, pero estaba tremendamente carbonatada y el gusto a CO2 la rompía en pedazos. Me parece que la falla estuvo en los grifos, más que en los tanques. No importa, la elaboración de la cerveza no termina sino hasta que llega al vaso, y esta lager rubia no estaba del todo bien hecha.

Por suerte, esta fue la única que falló. Tmavý Ležák era una de esas lagers bien oscuras, con un cuerpo suave y cremoso y sabrosas notas a café dulce, sin llegar a ser empalagosa. Pšeničné Pivo 11%, por otro lado, era una de esas cervezas de trigo con las que podría pasar toda la tarde sin cansarme. Y esta en particular estaba muy bien servida, un tanto menos fría que el resto, y casi sin gas. Deliciosa. Así que las cervezas, en términos generales, bastante buenas, y a 35CZK/0,5l (33, para la desítka), a buen precio también.

No se puede culpar a los dueños de Pivovar Marina Holešovice por falta de ambición. Sin embargo, al menos en el lado de la pivnice, todavía quedan algunos detalles por pulir; por ejemplo los vasos. Yo no soy un snob de los vasos, pero creo que deberían tener vasos ad-hoc para Weizebier, y poner logos en el resto no haría daño tampoco. Dicho esto, uno de mis clientes vive en el barrio y me dijo que no podría estar más contento con este boliche, creo que yo también estaría igual de contento.

Na Zdraví!

Pivovar Marina Holešovice
50°6'22.763"N, 14°27'22.943"E
Jankovcová 12, Prague 7 - HOLEŠOVICE
+420 220 571 183 - rezervace@pivovarmarina.cz
Lun - Dom: 11 - 24

15/4/13

La falacia de lo caro


Si bien el tema de los precios me parece una polémica inexistente ya que el supuesto problema tiene una solución muy fácil, nadie está obligado a comprar una cerveza que le parezca demasiado cara, hay algunas actitudes de elaboradores y vendedores que realmente me molestan. Por ejemplo, esta:
Esta cita (en español, Un amigo no deja a un amigo tomar cerveza barata) es muy parecida a la que cierra el video "I'm a Craft Beer Drinker" (que más que bebedores, muestra vendedores de cerveza), "Life is too short to drink cheap beer" (La vida es muy corta para tomar cerveza barata). Ambas citas son perversiones de originales en donde la palabra "Cheap" ha reemplazado a "Bad". Con lo cual los autores de "I'm a Craft Beer Drinker (seller?)" y el poster de arriba (que lleva la firma de una cervecería) están abiertamente implicando que la cerveza barata es mala, y por ende, solamente la cerveza cara es buena.

Yo no tengo problema con que elaboradores (y comerciantes) busquen convencerme de que el precio de sus productos (o servicios) es justo, que se corresponde con su calidad, incluso si lo justifican con valores agregados abstractos, pero esto ya es faltarle el respeto a la inteligencia del consumidor, ya que en lugar de al menos intentar explicarme los motivos por los cuales sus cervezas cuestan lo que cuestan, emplean trucos retóricos deshonestos.

Cualquiera con un paladar mínimamente bien viajado sabe bien que existen no pocas cervezas de precio moderado a bajo que son excelentes, o que al menos tienen una excelente relación calidad/precio, así como que existen no pocas cervezas de precio elevado a descomunal que son bastante pobres o al menos tienen una muy pobre relación calidad/precio, y esto lo saben también productores y comerciantes (o al menos deberían saberlo).

Por otro lado, de estas dos barbaridades retóricas, la que más me molesta es la que cierra el video, ya que sugiere (intencionalmente o no) que una cerveza no puede ser "artesanal" si no es cara.

Lo curioso es que a menudo se puede ver a "cerveceros artesanales" hablar de innovación, creatividad, romper barreras, pensar diferente, llevar la cerveza a otro plano de existencia, etc., etc. Todo muy lindo, pero esa sanata raramente, si es que alguna vez, menciona a los precios y al valor, y pesar de ello, es casi siempre recibida con brazos abiertos por un público que parece haber perdido una parte de su capacidad de pensamiento crítico.

El otro día, mi amigo Chris Lohring, dueño de Notch Brewing, decía en esta entrevista: "Nada te hace más creativo que imponerse límites". ¡Cuánta razón tiene! Si bien Chris se refiere a su especialización, las cervezas de sesión, esos límites podrían perfectamente aplicarse a los precios. Es muy fácil hacerse el creativo, el innovador, cuando se sabe que un pequeño nicho del mercado va a salir corriendo a comprar casi cualquier ridiculez que se le ocurra más allá del precio. Mucho más difícil es encontrar la manera de hacer cervezas interesantes que puedan venderse a precios más bajos.

Hay algunos que lo han logrado. Esta cerveza, por ejemplo, que está orgullosa de ser barata, o Dougall's en España, que no para de recibir halagos por ser más barata (y parece que mejor) que la mayoría. Hay muchos, muchos más tienen esta filosofía, pero que lamentablemente no reciben la atención que se merecen.

Como siempre, la causa de todo esto se puede encontrar de este lado del mostrador. Esa minoría ruidosa que solamente busca novedades, que está dispuesta a viajar cientos de kilómetros con la promesa de poder probar alguna que otra cerveza y así cumplir con un detallado plan de intoxicación, que prefiere gastar 10€ o más en una botella de cerveza que no sabe si le gustará en lugar del mismo dinero en varias botellas de buena birra que ya conoce. En tanto el discurso siga siendo dominado por esta gente, los mercaderes de engañapichangas se multiplicarán, quitándole espacio a los que le hacen verdadero honor al noble oficio de elaborar cerveza.

Na Zdraví!

PD: Si sos elaborador y estás pensando en hacer un desgloce de tus costos para explicar tus precios, no te molestes. La información podrá ser interesante, pero carece de importancia. A mí como consumidor, lo que me interesa es obtener valor por mi dinero, si no sos capaz de hacer cervezas más baratas, hacelas mejor, sino sos capaz de hacerlas mejor, cerrá, el mercado no te necesita.

8/4/13

Pensamientos de Lunes


Este Twit the El Jardín del Lúpulo me hizo pensar en un par de cosas que más de una vez han sido discutidas en blogs y foros, pero a las que siempre vale la pena volver.
Antes de continuar, quiero aclarar que creo que el hashtag del Twit no es más que un chiste por parte de EJDL. Lamentablemente, sin embargo, no son pocos los artesanáfilos que creen que que los toman Cruzcampo Glacial, u otra cerveza similar, son tarados.

Esta actitud (que debo confesar en algún momento supe compartir) es algo que hoy día me molesta cada vez más del mundillo cervecero. Por sí mismos, los gustos en cerveza no hacen de nadie una persona más sofisticada, ética y ni hablar de inteligente. Es más, si de tarados estamos hablando, no es tarado aquel que toma lo que le gusta y se lo dice al mundo, sino aquel que piensa que aquel que toma lo que le gusta y se lo dice al mundo es un tarado.

Mal que le pese a los artesanáfilos y al discurso marketinero de algunos elaboradores, la gente toma lo que toma porque le gusta, porque considera que esa cerveza, (Cruzcampo Glacial, Braník, Quilmes Cristal, Corona, Foster's, Bud Light o como sea que se llame en tus pagos) cumple con las expectativas o satisface una necesidad lo suficiente como para que el consumidor esté dispuesto a pagar por ella.

Que yo, vos o mi vecino estemos de acuerdo en que esa cerveza es una Mierda, no significa que la persona que la consume esté equivocada al consumirla y al decir que le encanta. De hecho, esa persona, su amigo o su vecino podrían tranquilamente decir que alguna de esas cervezas que son capaces de causarle una erección al "Público Experto" (esta huevada no la inventé yo) son una Mierda.

Pero claro, algún miembro de ese autodenominado Público Experto desestimará esa opinión por ser de alguien que en realidad no toma cerveza, que toma solamente para llenarse la panza y mear, y que por ende no sabe apreciar a esa cerveza causadora de erecciones, o no la puede disfrutar poque no la entiende.

Y yo me pregunto; ¿podrá ser que el Público Experto tampoco entiende a las Cruzcampos Glaciales de este mundo?

A lo mejor existe, aunque lo dudo, pero sería interesante ver algún estudio demográfico independiente de los consumidores de cervezas alternativas. Estoy convencido de que el grueso de ese mercado está compuesto por gente que compra cervezas alternativas de manera más o menos habitual, aunque no exclusiva. Es decir que el martes, cuando llega del trabajo, en su casa abre una DIPA y la toma a la temperatura correcta, en el vaso adecuado y el viernes, o el sábado a la noche, cuando se junta con amigos, o mientras ve el fulbo en su casa toma una macro marca directamente de la botella, o servida bien helada sin tener ningún tipo de conflicto interno, porque después de todo, es solamente cerveza.

Mientras escribo esta sanata, me acuerdo de otra cosa que me anda dando vueltas desde que tomé aquella Rauchweizenbock contaminada. Si lo que determina "buena cerveza" es el gusto, entonces, no hay ninguna "mala cerveza". Hay cervezas bien hechas, y hay cervezas mal hechas, pero eso es algo técnico, yo me refiero a la calidad percibida por el consumidor, en tanto haya gente que esté dispuesta a pagar por una birra porque le gusta, esa cerveza, para esa gente, en ese momento, no es "mala". Que yo, vos o mi vecino podamos pensar que lo es, es simplemente una opinión, ni más ni menos.

Estos y otros tantos temas, son los que trata el libro que estoy escribiendo con Alan, que ya tiene más de 30.000 palabras, y todavía no hemos terminado el primer borrador. Pero bueno, no creo que esto sea sorpresa para nadie.

Na Zdraví!