22/4/13

Sobre reseñas


Como habrán notado, las reseñas de cerveza han dejado de ser algo habitual en este espacio. Las pocas que hago sirven más que nada para ilustrar algún tema que me anda dando vueltas por la cabeza. La principal causa de esto es que me aburrí de tomar notas de cata, de transcribirlas y (salvo una o dos excepciones) de leerlas. Me cansé de sentirme casi obligado a diseccionar cada trago de una cerveza nueva en busca de elementos que se repiten una y otra vez. No solo porque me parece una pérdida de tiempo y energía, sino porque me di cuenta que se convierte en un obstáculo para el verdadero disfrute de la cerveza en sí, y por sí, misma. Ahora, cuando tomo una cerveza nueva, prefiero dejar que ella me diga algo, en lugar de sacarle las palabras a la fuerza, y si hay algún elemento sensorial digno de destacar, confío en que mi memoria sabrá mantenerlo resguardado por si en algún momento resulta útil.

Hay también otro problema con las reseñas de cervezas. Por un lado está el uso algunos descriptores muy detallados en las notas de cata ¿qué puede significar papaya, regaliz o agua rosas para alguien que nunca los haya probado? Por otro lado, y todavía más importante, está el hecho de que no existen estándares. Lo que es excelente, interesante, extraordinario para mí, puede ser mediocre, aburrido, cotidiano para otros; y no existe discusión posible. Si alguien declara que no hay mejor birra que Braník o Mikkeller 1000IBU no va a estar equivocado, cada persona tiene experiencias y gustos diferentes y todas son opiniones calificadas. Esto no es como, qué se yo, el cine iraní, que alguien como yo podría describir como 120 minutos de puro aburrimiento, a lo cual alguien con mucho conocimiento de las artes cinematrográficas podría responder diciéndome que no estoy entendiendo el mensaje, que debería ver la obra completa del autor y otras cosas por el estilo, sobre las cuales va a tener muchísima razón porque ha estudiado el tema en detalle y ver una película es una experiencia intelectual, mientras que tomar cerveza es una experiencia sensorial y absolutamente subjetiva, en donde nadie puede equivocarse. No hace falta saber, entender o tener cualquier tipo de información previa sobre la cerveza que estamos tomando para ser capaces de determinar si nos gusta o no.

Es diferente con los bares, etc, y es por ello que me gusta más reseñarlos. Hay una serie de estándares casi universales que sirven como base para una evaluación. Creo que las cosas que hacen que un boliche sea bueno, no genial o fantástico, sino bueno, pueden ser reconocidas por casi todo el mundo.

Boak and Bailey mencionaban muchos de ellos el otro día. Con el único con el que no estoy del todo de acuerdo es con el punto 4. Las sonrisas, me parece, están sobrevaloradas, o mejor dicho, han sido devaluadas casi al nivel de un requisito como tener baños limpios y funcionales o que no te claven con la cuenta. Y eso está mal, y por varios motivos. Nadie debería estar obligado a sonreír su por algún motivo, cualquiera sea, no tiene ganas de hacerlo. Para mí, una sonrisa falsa y forzada es peor que un gruñido honesto. Creo que buena educación, profesionalidad y eficiencia son más que suficientes para hacer sentir a cualquier parroquiano que su presencia es apreciada. Todo lo demás, si es genuino y sincero, es un plus; es casi como encontrarse con una cerveza sublime entre un montón de cervezas buenas.

Pero estoy divagando, es de reseñas de lo que quería hablar.

Para bien para mal, hoy la tecnología nos permite publicar reseñas en tiempo real. Entramos a un lugar, tomamos el primer trago de una birra y solo basta un tipi-tipi-tap para compartir nuestra opinión con todo el mundo. La verdad, no es algo que me gusta demasiado.

En lo personal, antes de ponerme a escribir una reseña sobre un boliche, prefiero rumiarla, hacerla rebotar un par días en mi mente para darle un poco de perspectiva. ¿Puede que esa supuesta falla sea algo premeditado dirigido a un público al cual no pertenezco? Lo mismo podría aplicarse a la cerveza, una vez pasada esa primera impresión ¿cómo se compara con otras similares? ¿volvería a comprarla? ¿qué tan buena es su relación calidad/precio? Todo eso a menudo necesita algo de tiempo para ser considerado y hace que la reseña sea, en mi opinión, mejor y más útil para el que la lea.

Sin embargo, esa reseña instantánea, inmediata, redactada en el mismo momento en que la experiencia ocurre podría considerarse, en especial cuando hablamos de una cerveza, como más honesta, ya que es más visceral, guiada más por los sentimientos y los sentidos que el intelecto.

Interesante.

Na Zdraví!

12 comentarios:

  1. Buenas Max. No estoy del todo de acuerdo en alguno de los puntos.

    Creo que en primer lugar es importante diferenciar entre una reseña y una puntuación. Me gusta pensar que he aprendido mucho acerca de la cerveza (y aún me queda muchísimo más) gracias a pararme a describir en letra lo que siento al beberla.

    Eso sí, lo que escribo es lo que me viene a la mente en mi caso, que muy probablemente no sea válido para otras personas. Tengo algunas referencias de aromas que podrían ser algo controvertidas, pero a mí me sirven para expresar lo que siento.

    Las puntuaciones, aunque pueden ser orientativas, realmente son muy engañosas.

    Asimismo, discrepamos en que creo que como más conoces de una cerveza, más elementos de juicio tienes para saber si te gusta. Al fin y al cabo, el paladar está juzgando el producto. A veces, una cerveza puede haberme parecido rarísima (recuerdo una Haandbryggeriet + Narke), pero al conocer sus ingredientes pude empezar a entender mejor qué es lo que mis sentidos notaban, y apreciar la cerveza de manera mucho más adecuada.

    Por último, comparto tu visión sobre las reseñas inmediatas, aunque creo que pueden aportar algo. Siempre, sin embargo, una impresión madurada, tomada en calma y, si se puede, en distintos ambientes y ocasiones, será mucho más completa y fidedigna.

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    1. Yo creo que hay poca diferencia entre una reseña y una puntuación. Para mí, esta última, no es más que una ilustración de la reseña. O sea, no creo que haya nadie que diga, por ej. "esta cerveza me pareció aburrida..." y después le ponga 8/10. Ahora, como bien decís vos, las puntuaciones me parecen engañosas, prefiero leer la evaluación en palabras.

      Creo que te equivocás con el tema del conocimiento. Te dan una cerveza a "doble ciego" (no tenés ningún tipo de información previa sobre esta, no sabés quién la hizo, ni dónde, ni con qué, ni su taxonomía, en otras palabras, vas a tener que confiar únicamente en tus sentidos), vas a poder determinar, sin ningún problema si te gusta o no, lo vas a poder hacer vos, lo va a poder alguien que solamente toma Heineken. La diferencia es que vos vas a ser capaz de explicar mejor por qué esa cerveza te gustó (o no), y ahí es donde los conocimientos sí son valiosos. No a la hora de determinar si una cerveza te gusta o no (eso te lo dicen tus sentidos), sino de saber por qué y, con esa información, vas a ser más capaz de buscar cervezas de características similares que una persona que carece de esos conocimientos.

      La cerveza esa que mencionás te pareció rarísima, saber cuáles eran los ingredientes no hizo que la cerveza te parezca menos rara, sino que te explicó por qué la sentías tan así. Si esa cerveza, además de haberte parecido rarísima, te hubiese parecido repugnante, dudo que leer la información sobre los ingredientes hubiese logrado que tu gusto cambie.

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    2. Pues yo soy de la opinión que el conocimiento puede hacerte interpretar mejor una comida o una bebida, y llegar a apreciar algo que "a ciegas" se te escapaba.

      De la misma manera, pero a la inversa, quizás el sabor de un insecto pueda gustar a muchas personas, pero al conocer que es un insecto muchas mentes pasan a percibirlo como un sabor malo. En mi caso con la cerveza, conocer sus ingredientes me ayudó a que mi paladar interpretara mejor lo sabores, y disfruté más de su consumo.

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    3. Pero quizás te olvidás de algo importante. A vos las cervezas raras te gustan, o esa es mi impresión. Si no me equivoco, sos una de esas personas que buscan activamente cervezas raras, poco ordinarias y, si estoy en lo correcto, encontrarte con algo "raro" en una cerveza, ya es de por sí placentero. Saber qué es lo que hace cerveza sea rara es intelectualmente satisfactorio, ya que resuelve, lo que podría decirse es un enigma ¿qué carajo es esa nota a pepinos agridulces bañados en chocolate que tiene esta cerveza que tanto me intriga y me gusta?. Saberlo es gratificante, pero no hace necesariamente que la experiencia sea en sí más placentera, porque esta no lo fue, lo más probable es que esa información no cambie esa opinión.

      Por otro lado, lo de los insectos es algo notable, y es producto de los prejuicios. Si hicieses una encuesta, la mayoría de la gente se negaría a probar saltamontes fritos, porque son bichos repugnantes, y sin embargo, muchos de ellos no tendrán ningún problema en comer langostinos (o gambas, creo que los llaman ustedes) fritos, a pesar de que también son artrópodos que comen la mierda del fondo del mar. En ese caso, la gente se está engañando a sí misma.

      Esto podría quizás aplicarse a las cervezas agrias. A mí no me terminan de convencer, quizás porque la mayoría de las que he probado me hacen acordar a lagers hechadas a perder. De hecho, alguien en algún lado comentó una vez que en una cata ciega, es muy posible que muchos de los que hoy se dicen adeptos a las cervezas agrias, no sean capaces de diferenciarlas de una lager rubia sin filtrar podrida (lo cual es algo que jamás tomarían voluntariamente).

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    4. Aunque a lo mejor estamos hablando de dos cosas diferentes. Yo hablo de reseñar y evaluar una cerveza, o cervezas. O sea, estoy hablando de las impresiones y sensaciones que genera la bebida. El acto de tomar una cerveza, es otra cosa. Una cerveza que vos en tu casa no tomarías ni loco, en una reunión con amigos quizás hasta la disfrutás. Lo cerveza no ha cambiado, sino que se ha convertido en una parte más de un momento placentero. ¿Podría decirse entonces que el conocimiento previo afecta no a la bebida, sino al acto de consumirla?

      Interesante.

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    5. Hubo un señor, allá por los 1800 y tantos, filósofo él, que planteaba una reciprocidad entre el hombre como modificador del medio y el medio como modificador del hombre. Basado en esto, me pregunto si al analizar un objeto (testear una nueva cerveza o conocer un nuevo pub), no genera un nuevo conocimiento tal que nos cambie como persona y por lo tanto, cambie nuestra particular visión del objeto analizado (cerveza o pub). Digamos, al testear una cerveza rara, uno podrá decir inmediatamente MG/NMG/MDI, pero también podrá incitar en nosotros una serie de cuestionamientos tales que nos enriquecerán. Quizás ese nuevo conocimiento nos revele un cambio en nuestra apreciación inicial MG/NMG/MDI. En este ejemplo, no cambia el entorno de testeo, solo cambia el conocimiento del testeador modificando su entendimiento sensorial. No estoy diciendo nada nuevo, se sabe desde antaño que los sentidos se educan tanto como nuestro comportamiento y apreciaciones.
      También me pregunto, basado en la modificación que produce el medio, cuán rápido es este cambio. Esto me traslada a la observación de las reseñas “en tiempo real” o “rumiadas” y me vuelvo a preguntar, ¿quien opina en cada una de estas reseñas realizadas en momentos distintos?, la antigua persona sin el nuevo conocimiento aportado por la visita para el caso de la reseña en tiempo real? O la nueva persona enriquecida por todo el conocimiento que adquirió a raíz de la vista en el caso de la reseña “rumiada”.
      Me dirán que esto es demasiado para una simple “tomada de birra” en un pub de barrio en Praga, quizás si, pero que lindo chamuyo mientras tomamos… no?
      Victor

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    6. Buenas preguntas todas... Y dan que pensar... Yo todavía me acuerdo de mi primera experiencia con una cerveza de trigo, me pareció algo repugnante. Recuerdo como si fuese ayer el esfuerzo que hice para que esa porquería me gustase (me había salido bastante cara) y el dolor que me causó tener que terminar tirándola porque me pareció intomable. Me tomó varios años volverme a animarme a tomar cervezas de trigo y hoy me encantan. Ese yo de hace 12-13 años atrás no estaba más equivocado respecto a las cervezas de trigo que el yo de hoy día; era una persona "distinta"...

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  2. MAX capo, recien acabo de leer tu entrevista ... que graaaande.... la fama va aumentando.. a ver si cuando vuelva a Prg no tenga que pedir cita para verte con tu asistente..
    saludos
    Xavi

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    1. Será solo cuestión de averiguar en cual de mis "watering stations" voy a estar para tener una cita conmigo :)

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    2. Donde está la entrevista para leer?
      Saludos!

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  3. Dejá las reseñas de lado y dedicate a las cervezas y los buenos bares. Después contanos. Saludos.

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  4. ME HA GUSTADO BASTANTE TU POST MAX PORQUE ME VEO IDENTIFICADO CON EL. DESPUES DE UNA ÉPOCA DE INTENTAR SACAR HASTA EL ÚLTIMO MATIZ DE CADA CERVEZA, SER HABÍA CONVERTIDO EN UN PUTO ESTUDIO SESUDO EN VEZ DE UN DISFRUTE DE LOS SENTIDOS.
    EL OTRO DIA EN LA FERIA DE LA CERVEZA DE NOBLEJAS, VI ALGUNOS COMPAÑEROS MIOS HACIENDO NOTAS Y DISECCIONANDO LAS CERVEZAS Y YO DIRECTAMENTE CHARLANDO CON TODOS LOS AMIGOS QUE ENCONTRÉ Y DISFRUTÁNDOLAS. RECIENTEMENTE EN OTRA REUNIÓN BLOGUERA MADRILEÑA ME PASÓ LO MISMO, SOLO QUERÍA DISFRUTARLA Y DEJARME DE PETROLEOS Y BARRICAS, SOLO BUENA CERVEZA EN BUENA COMPAÑIA Y DISFRUTÉ COMO UN ENANO.
    TAMBIEN COMPARTO TU EXPERIENCIA TRIGUEÑA, MI PRIMERA CERVEZA DE TRIGO ME PARECIÓ ASQUEROSA Y AHORA SON MIS PREFERIDAS, EN FIN, NO PARAMOS DE EVOLUCIONAR ( ¿O NOSOTROS TAMBIEN INVOLUCIONAMOS COMO LA "CERVEZA ARTESANA"? JAJAJAJA )
    UN SALUDO MAX.

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