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Una anécdota con moraleja

Catfish Sumeček es una de mis cervezas favoritas de Pivovar Kocour. Es una de esas birras casi perfectas, sesionable, pero que a la vez se puede tomar despacio mientras se lee un libro y escucha buena música, interesante, pero que también se puede tomar con el único objetivo de calmar la sed. El otro día me pintó que sería lindo poder tomarla en casa el fin de semana. Mientras estaba haciendo la compra en Pivkupectví estaba de gran charla, agarré una botella de la heladera correspondiente, pagué por ella, sin interrumpir demasiado la charla, la metí en mi mochile y apenas llegué a casa la puse en la heladera.

Su momento llegó en la cena del domingo. Abrí la botella y sentí un aroma extraño emanando de ella. Nada que se pueda identificar como una contaminación o infección, simplemente algo que no tenía nada que hacer ahí. Cuando la serví noté que la cerveza era un toque más oscura y amarronada de lo que la recordaba y que ese aroma foráneo se había intensificado. Había algo que estaba mal con esa cerveza, muy mal. Tan mal estaba que ni siquiera era Catfish Sumeček, sino que era V3 Rauchbier. No me di cuenta de ello gracias a finalmente haber identificado ese aroma (el ahumado, por supuesto), sino porque por fin miré la etiqueta de la botella que había comprado casi una semana antes. En fin.

Pero eso no fue lo peor. No pude disfrutar de esta cerveza. No porque haya habido algo mal en ella, V3 es una buena ahumada y es posible que se haya llevado mejor con la lasagna que la otra, pero lo que yo quería y había esperado tomar era la Sumeček.

Esto me hizo pensar en la manera en que las expectativas afectan la impresión que nos llevamos de una cerveza (o cualquier producto o servicio). Es cierto que en este caso mis expectativas eran bien específicas (una cerveza determinada), pero calculo que entienden lo que quiero decir. Leemos blogs y algunos consultan sitios como llenos de reseñas de cervezas, en algunos casos, tremendamente halagadoras que enormemente suben el nivel de expectativas. A esto hay que sumarle la información no del todo concreta que a veces aparece en las etiquetas, como los estilos, los cuales muchos asocian con un rango exageradamente limitado de características sensoriales. Entonces me pregunto en qué medida esto ayuda y en qué medida perjudica a una cerveza y nuestra relación con ella y si no son a veces aquellas cervezas de las cuales menos referencias tenemos las que más disfrutamos.

¿Y la moraleja? Hay que presar atención cuando se está comprando algo.

Na Zdraví!

Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo , a me pasa que pienso en una comida y pienso y pienso y la hago y cuando la como , chau me empacho y a tirarme el cuerito.

    saludos


    omar

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  2. No somos maquinas analizadoras, la objetividad en la apreciación de una cerveza no existe. Cada catador esta influenciado por su historia y su presente.
    Me ha pasado de tener distinta apreciación de una misma cerveza en dos circustancias distintas.
    O por ejemplo nunca me sentaría a comer una buena picada con una quil...Sin embargo entre amigos en una fiesta anulo mis papilas gustativas y tomo algunos vasos.
    Abría que aclarar al menos el estado de ánimo del catador antes de la cata para tener en cuenta también ese parámetro.jajajaj

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    1. Muy cierto Nano. El momento también afecta nuestra apreciación de una cerveza y cuál es el momento más adecuado para una u otra cerveza depende mucho de cada uno de la experiencia que se tenga como bebedor.

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  3. Creo que debería aclarar que Sumeček es algo así como una American Pale Ale...:)

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  4. Salvando la divertida anécdota (cosa que hubieses solucionado si prestaras un poco más de atención a la etiquetas... jaja!!) la verdad que estoy bastante de acuerdo con lo que comentas. No sabes la cantidad de veces que he disfrutado mucho más de una cerveza de la que nadie me había hablado antes (sin ser necesariamente un cervezón en todas esas ocasiones) que de una cerveza con mayor caché. Esto demuestra que una cerveza no es solo el contenido, sinó eso sumado a la compañía con que la tomas, el entorno (sea bar o casa), el ánimo con que te encuentres ese día, etc, etc, etc...

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    1. Yo creo que con el tiempo y la experiencia uno va aprendiendo a elegir las cervezas de acuerdo con el momento. Por ejemplo, yo rara vez tomo una birra grandota y compleja si estoy reunido con amigos porque no le voy a poder prestar a la cerveza la atención que se merece ya que en ese momento son los amigos lo que más importa.

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