21/3/16

Reseña de Vuelta a las Raíces: Pivovar Narodní y Pivovar U Dobřenských


A menos que alguien me dé motivo para lo contrario, tengo como política personal esperar como mínimo seis meses antes decidir si le voy a dar mi dinero a una nueva cervecería. Mis días de cazador de novedades han quedado en el pasado y quiero tener algún grado de certeza when compro una cerveza; en el mercado hay suficiente buena birra como para perder el tiempo financiando bosta.

Ese plazo ya ha pasado (hace uno o dos meses, en realidad) y, sin tener razón alguna para lo contrario, decidí que darme una vuelta por Pivovar Narodní y Pivovar U Dobřenských; ambos, brewpubs haciendo cerveza Ciudad Vieja de Praga desde el verano pasado.

Pivovar Narodní abrió en realidad en la primavera, prácticamente al lado del Teatro Nacional, pero les tomaría un par de veces más darle vida al macerador. No serían demasiado cándidos al respecto, las cervezas que vendían provenían de Kácov; si se trataba de productos hechos a pedido o re-etiquetados nunca quedó demasiado claro. El equipo de cocción, por otro lado, es originario del ya cerrado brewpub de Průhonice, y creo que el paquete incluyó al maestro cervecero.

Pero aquí me encuentro, en las tempranas horas de una tarde martes lluviosa de fines de invierno. Los interiores tienen una marcada influencia de la escuela Potrefená Husa de diseño interior, pero tipo que funciona, incluso con el escaparate de souvenirs al lado de la puerta. Puede que sea la parrilla a leña (¿o carbón?) que domina el salón. El bar también está al lado de la entrada, pero no tiene dónde sentarse. El único lugar para tomar una birra al paso es un barril parado, debajo de las escaleras que llevan al loft. Hay otro salón, más aburrido, más adentro y atrás hay un muy lindo jardín cervecero—cerrado, por supuesto.

Hay bastante gente para esta hora en un día de semana—muchos son locales—y la mayoría no está tomando cerveza (hay un grupo de cinco jóvenes que hablan en alemán, todos tomando Coca-Cola). Poder pedir mi primera birra tarda un poco demasiado. Hay un solo camarero de turno, y parece que todo el mundo llegó más o menos al mismo tiempo.

Son tres las cervezas de barril o, mejor dicho, dos y media: una Světlá 11° en versión filtrada y sin filtrar y una Polotmavá 13°; las únicas tres cervezas que hacen, y todas vendidas en esas putas porciones de 400 ml.

Pido primero la 11° filtrada, preguntándome por qué un brewpub se molesta en filtrar, y cuál de las dos versiones se vende mejor. En todo caso, lo que me traen no es lo que llamaría una buena cerveza. Está servida muy, muy fría, tanto que casi me anestesia la punta de la lengua, y empiezo a sospechar que no es por accidente: hay una nota suave pero persistente que me recuerda a cerveza de una botella PET que nunca vio el interior de una heladera, comprada una tarde de verano en una Večerka vietnamita. Prefiero no saber la forma que asumirá una vez que agarre temperatura.

Le sigue la versión más cruda. La verdad que no noto una gran diferencia en la apariencia, pero sabe mejor, y no está tan fría. No obstante, hay algo que no está del todo bien. Me siento como si escuchase una orquesta sinfónica con un flautista fuera de tiempo; a diferencia del Dr. Lecter, no puedo determinar cuál. Puede que sea la nota discordante de la cerveza anterior todavía colgada de mi paladar.

Cierro la sesión con la Polotmavá 13°. A diferencia de las otras dos, no le encuentro nada malo. Tampoco nada notablemente bueno. Es el equivalente en cerveza a un veterano empleado bancario que ya hace rato le chupa todo un huevo y solo hace lo mínimo indispensable para mantener el laburo.

Una experiencia en general poco satisfactoria. Estoy seguro que a Pivovar Nardoní mal no le va a ir mal: la comida que vi tenía buena pinta, el servicio terminó siendo bueno, los precios son razonables y tienen una ubicación de primera. Sin embargo, para mí es un boliche redundante. Para este tipo de cervezas prefiero ir a los relativamente cercanos Vinohradský Pivovar o Bašta, en donde voy a poder tomar una porción entera de mejor cerveza a mejor precio, o incluso al casi vecino U Medvídku.

Esperemos que U Dobřenských sea mejor. Tiene que serlo, es bastante más caro.

Pivovar U Dobřenských funciona en el local que supo ocupar un pub de nombre similar, pero de muy corta vida, que servía Kout na Šumavě, en la calle del mismo nombre que, por algún motivo, siempre tengo problema para encontrar. Al igual que Narodní, les tomaría uno o dos meses para poner en marcha la fábrica. A diferencia de Narodní, no cabía duda de que las cervezas que ofrecían eran las suyas y no las de otros con una camisa nueva.

Lo que destaca a esta cervecería es el uso de ingredientes no convencionales en todos sus productos, pero no a estilo Opat—productos ya terminados, saborizados con extractos o jarabes—sino que de veras usan esos ingredientes en la cocción: tribulus terrestris, salvia y espino amarillo. El precio es también algo que la destaca: dependiendo de la cerveza, 65 y 72 CZK por putas porciones de 400 ml—alrededor de 80 y 90 CZK por medio litro. Creía que era la cervecería más cara, hasta que vi la carta actualizada de Strahov.

El pub en sí es más de mi gusto. La verdad que es hermoso. Techos abovedados con ladrillo a la vista, hierro forjado, el equipo de cocción y los tanques y los grifos hechos a medida, y una hogar crean muy bonito ambiente para sentarse, al menos en la parte de adelante. El salón de atrás, con más mesas, es un poco soso en comparación.

Los únicos presentes cuando llego son un grifero y un grupo de cuatro, del cual dos parecen ser los dueños o alguien asociado al dueño, hablando de negocios—se menciona a Matuška y Hendrych en relación a un bar o un café, pero no puedo concentrarme en la conversación, el excelente Jazz que están pasando insiste en apropiarse de mi atención. Lo único que sí me sorprende es que fumar está permitido en este salón.

Arranco la sesión con la cerveza de espino amarillo, la primera en la lista. Recibo un vaso con un líquido tan turbio que en algunos lados se lo consideraría Verdadera Cerveza Artesanal. El menú ofrecedatos sobre los yuyos empleados, que quizás incluyen notas de cata, pero me abstengo de leerlo. Quiero ir ciego, confiando en mis sentidos y no lo en los ajenos. Hay una nota ligeramente ácida que presumo proviene de las bayas. Está bien balanceada, pero la cerveza no me deja contento. Necesita pulido; aunque es posible que me hayan servido el fondo de un barril. En cualquier caso, por esta guita estaba esperando algo mejor que una elaboración casera.

La siguiente en la lista es Tribulus, la más cara del montón y la cerveza insignia de la casa. Se ve mucho mejor que la anterior: más o menos el mismo color, pero mucho más límpida. No tengo la más puta idea del sabor de esta hierba, pero si me diesen la cerveza a ciegas, probablemente creería se trata de una Pale Ale de laguna denominación u otra elaborada con un varietal de lúpulo con el cual no estoy familiarizado. En otras palabras, no sabe a té helado con alcohol sino a cerveza, a una excelente. Es hermosa, brinca llena de alegría, encantada de conocerte y de ponerse a tu servicio. Una verdadera belleza.

Esto me deja con la Stout con salvia. Stout no es el estilo más aromático, y a la hierba la conozco bien (la cultivamos en el jardín y la uso mucho para cocinar), así que no me cuesta encontrarla cuando acerco la nariz al vaso. Es un aroma relativamente intenso, pero al mismo tiempo bajo control. En el paladar, por suerte, todo tiene un balance perfecto, aunque más precario. No los voy a aburrir con notas de cata, para darse una idea de cómo es esta birra, sírvanse una buena Stout, froten unas hojas de salvia con los dedos e imagínense todo eso junto, pero mejor. Es una cerveza musculosa y masculina, como un herrero. La podría tomar todo el día y no me cansaría.

Como Tribulus, Salvia Stout se ve y se siente como el producto de un Maestro Cervecero que sabe lo que hace y no tiene miedo de demostrarlo.

Si bien había oído buenos comentarios sobre las cervezas, sus precios (y porciones) me desalentaron a venir antes, pero debo decir que al final fue plata muy bien gastada (al menos en dos de tres), lo cual es mucho más de lo que puedo decir sobre Narodní. Voy a volver a Pivovar U Dobřenských y les recomiendo que vayan.

Na Zdraví!

Pivovar Narodní
50°4'53.031"N, 14°24'56.807"E
Narodní 8 – Praha-Nové Město
+420 222 544 932 – pivovar@pivovarnarodni.cz
Lun-Dom: 11-23:30
Trams: 6, 9, 17, 18, 22 – Narodní Dívadlo

Pivovar U Dobřenských
50°5'2.632"N, 14°24'56.012"E
U Dobřenských 3 – Praha-Staré Město
+420 222 222 141 – info@pivovarudobrenskych.cz
Lun-Dom: 14-24
Trams: 6, 9, 17, 18, 22 – Narodní Dívadlo

PS: Sepan disculpar la falta de fotos. Dejé la cámara en casa, si quieren ver algunas, vayan a las páginas de los brewpubs.

14/3/16

El Desafío del Tranvía (5): Nákladové nádraží Žižkov - Perunova - I.P. Pavlova


¡La concha de la lora!

Sabía que el destino eventualmente me llevaría de vuelta a una de las paradas en las que ya he estado, pero esperaba que no sea tan pronto; y encima a Perunova! (y todavía estoy erutando el sótano de U Kozla).

El problema acá, que no tuve en cuenta en mi primera vuelta, es que las paradas están muy cerca unas de otras, incluyendo las de Vinohradská, lo cual me limita todavía más (de hecho, me mandé un moco cuando fui a Restaurace Orion, pero ya es tarde para hacerse problema).

El boliche más cercano es un Rock Bar que solo vende Pilsner Urquell en medidas de 0,4l. Prefiero una porción entera de Staropramen, que es lo que voy a terminar haciendo, en U Michála.

Tiene la pinta del tipo de boliche que probablemente evitaría, incluso si fuese el único en el pueblo. No solo por la marca que vende, es feíto. Es bastante chico, con una decoración involuntariamente minimalista; como si se hubiesen mudado hace poco y estuviesen esperando que les traigan algunas cajas.

Habiendo dicho todo eso, el boliche está casi lleno, con un animado grupete de cincuentaipicos (a mis cuarentaipico, ser el más joven en un grupo me produce un placer irracional).

Me siento al bar y pido una Světlý (bien servida, hay que decir). Los otros tíos posados ahí la están pasando bastante bien. El que está al lado mío está contando una anécdota de cuando él y su amigote estuvieron en Austria y escabiaron hasta ser los últimos en quedar de pié, en los tempos en los que los soudruzi todavía llevaban la batuta. ¿Se acuerda este tipo del sabor de ese escabio? ¿Le importaba en ese momento el significado de ir de copas allí, o ir a Austria era para él otro día en el laburo? Son cosas que me encantaría saber, pero que jamás me atrevería a preguntarle a un extraño; y escuchar la conversación tampoco me ayuda ya que se ha ido por otros, todavía etílicos, caminos.

El bar sigue siendo feo, pero a esta gente no le importa. A mí también dejó de importarme, pero no me pinta quedarme a tomar otra birra; me siente un poco como colado en una fiesta. Pago y vuelvo a la parada del tranvía.

¿Pueden creerlo? Estoy yendo a I.P. Pavolvá, de nuevo. Pero esta vez sé a dónde voy a ir.

Si la memoria no me falla, Pivní Mapa abrió hace algo más de dos años, con 45 grifos. Nunca me molesté en ir, pero pasé por el local un par de veces. No era mucho más grande que mi living y tenía toda la pinta de un local de kebab para llevar. Según lo que me contaron (pero nunca confirmé), la idea era que los clientes vendrían a que les llenen botellas para llevarlas a casa, para compensar por el tamaño del lugar. En los papeles, es una idea que podría decirse interesante; lamentablemente, sin embargo, la ubicación es una bosta, casi en la esquina de Legerová y Anglická, una zona con muy poco tráfico peatonal, en donde ni siquiera podés parar el auto. Para sorpresa de nadie, la rotación terminó siendo mucho menos de la ideal (incluso cuando solamente funcionaban 30 de los 45 grifos) y no le tomó mucho en empezar a ser comparado con U Radnice.

Lo que sí me sorprendió fue enterarme que seguía abierto; bueno, más o menos. El local que si no me equivoco ocuparon ha sido convertido en un estudio de cocinas. El único rastro de su existencia es el logo en un pizarrón a lado de la entrada de un bar becino, Sklípek U Munků, también adornada con un cartel de Bakalař.

Si es de hecho Pivní Mapa—y par ser sinceros, no estoy seguro*—sus ambiciones son mucho más realistas: seis cervezas de barril (aunque parece que otros días tienen más). El boliche en sí está en un sótano profundo y me hace acordar a un restaurante en un hotel 3 estrellas de ciudad chica. A excepción de la dueña, una señora Rusa de cuarentaitantos, y la mujer con la que está cerrando una reunión de trabajo, el local está vacío (y muy silencioso, lo único que se oye es el zumbido de un equipo de refrigeración y alguien en la cocina picando verduras). A pesar de que abrió hace ya más de media hora, tengo buenos motivos para creer que soy el primer parroquiano del día. Decir que mis expectativas son bajas, es expersar lo obvio.

La lista de cervezas incluye nombres que me habrían entusiasmado mucho cuando empecé a bloguear: Primátor, Litovel, Bakalař, Beroun. Elijo Bakalař 12° y cruzo los dedos.

¡La puta, qué buena está esta birra! A la temperatura justa, bien tirada luego de haber enjuagado los tubos y remojado el vaso, fresca y quirúrgicamente limpia; una Světlý Ležák sacada de un manual de elaboración cervecera. La mejor cerveza que he tomado hasta ahora en este juego.

Encendieron la música, Pop genérico del tipo más soso e inofensivo (que, cabe decir, se lleva bien con la decoración), y sigo estando solo (si no se tiene en cuenta el libro que estoy leyendo, Cannabis a History, por Martin Booth). Pero estoy de buen humor, tan bueno que se me ha despertado el espíritu de aventura y en lugar de pedir otra Bakalař, elijo Berounský medvěd tmavý 13°. Como la anterior, en excelente forma, y una ganga a 30 CZK el medio litro.

Dos chabones, rusos o ucranianos, llegan mientras escurro las últimas gotas de mi cerveza oscura y hacen que me pregunte cómo es este boliche a la noche, y qué tipo de gente lo frecuenta. En todo caso, ha sido una verdadera sorpresa y un más que bienvenido cambio, al menos cerveceramente hablando. Voy a tener que darme otra vuelta algún día.

Na Zdraví!

Kafé Bar U Michála
50°4'30.685"N, 14°27'9.266"E
Korunní 86 – Praha-Vinohrady
+420 605 869 351 – michal.synek@gmail.com
Lun-Vie: 8-23, Sáb-Dom: 14-23

Pivní Mapa
50°4'36.310"N, 14°25'50.220"E
Legerova 76 – Praha-Vinohrady
+420 721 250 180 – info@pivnimapa.eu
Lun-Vie: 14-23, Sáb-Dom: 15-23

(*) La página web original de Pivní Mapa anunció en su momento la mudanza a U Munků. Creo que debería prestar atención a este tipo de cosas. Aunque, por otro lado, nadie me paga por eso.

11/3/16

Fiesta de Quince Cervecera


Černokostelecký Pivovár los invita a todos a la celebración de su 15º aniversario el próximo sábado 19/3, y, si andan por acá, no se lo deberían perder. En Serio.
Lo que esta gente ha hecho es simplemente fantástico. 15 años atrás se hicieron cargo de las ruinas de una cervecería que los Comunistas cerraron en la década de 1980, y desde entonces la han estado restaurando lenta, cuidadosa y meticulosamente.

A diferencia de la mayoría de las “cerverías fénix”, Černokostelecký Pivovár es una de las pocas en donde el equipo de cocción no fue convertido en chatarra luego haber cerrado. ¿Y lo mejor de eso? Podría decirse que es el corazón de las tareas de restauración y que pronto (¿este año, quizás, Vodouch?) debería volver a la vida. Ahora, tengan en cuenta que este no es el equipito automatizado y computarizado con el que se pueden encontrar en casi todas las microcervecerías modernas. No, es un mamotreto de 160 hl alimentado a leña o carbón con dos bandejas de refrigeración de 80 hl bajo el techo, y lo van a usar para hacer cerveza. Hasta un cínico hijo de puta como yo tiene que reconocer que lo que motiva a esta gente es algo más que el deseo de llevar adelante un emprendimiento exitoso, y la mejor palabra que se me ocurre es “pasión”.
Las bandejas enfriadoras, que se espera funcionen sin problemas.
De todos modos, incluso si no pueden ir a la fiesta del sábado que viene, traten de algún día de darse una vuelta por Černokostelecký Pivovár. Créanme que no lo van a lamentar. Para cualquier con un mínimo interés sobre la cerveza y su historia, el museo hará que la visita bien valga la pena, y ni hablar de ver la fábrica restaurada; y el pub está muy bueno también, al igual que las cervezas de la microcervecería de la casa Minipivovar Šnajdr.

Na Zdraví!

Černokostelecký Pivovár
50°13'47.938"N, 14°5'19.052"E
Českobrodská 17 – Kostelec nad Černými lesy
+420 774 533 672 – spravce@pivovarkostelec.cz
Lun-Dom: 11-23
Bus: 381, 387 – Kostelec n.Č.l.-náměstí (desde Háje)

3/3/16

Una posdata


¡Pero me cayo en yo! ¿Cómo pude haberme olvidado mientras escribía la entrada de ayer? Me cayó la ficha cual sopapo de dama ofendida recién cuando estaba preparando la cena, y es la mejor evidencia para apoyar mi argumento de que en el discurso cervecero checo, minipivovar = Cerveza Artesana(l)/Craft Beer

¿Se acuerdan del truco marketinero de Gambrinus del año pasado? Con el falso Pivovar Patron, lo que Gambrinus quería demostrar (o al menos así lo afirman) era que, libre de prejuicios, sus cervezas eran tan buenas como la de los minipivovary.

Revisé la cobertura mediática de la campaña y no me fue posible encontrar una sola mención de řemeslné pivo(var), no siquiera en blogs o foros; minipivovary, en contraste, aparece en todos los artículos y entradas. Volví a ver también el el video oficial de la “gran revelación” en donde actoresconsumidores dicen que Patron es tan sabrosa como una cerveza de un malý pivovar.

Esto es prueba clara de que, incluso para los ilusionistas del marketing, mini/malý pivovar significa mucho más que tamaño; que los consumidores han investido a esas palabras con atributos equivalentes a los que en otros países disfruta la marca Artesana(l). Si son merecidos o no, eso ya es otra cuestión; las peores y más sobrevaloradas cervezas que he tomado en mi vida eran producto de Craft Breweries/Cervecerías Aresanas(les)/Minipivovary, así como las mejores.

Al fin y al cabo, sin embargo, no es nada más que marketing, en donde las palabras no son mucho más que algo que puede ser retorcido, estrujado y abusado en casi cualquier manera que pueda ser conveniente para lograr ventas.

Na Zdraví!

2/3/16

La redundancia de "Řemeselné pivo(var)"


Como alguien que se gana la vida con los idiomas y que le encanta jugar con ellos, casi me arranqué los pelos el otro día cuando leí la nota de prensa de Česká a Moravská Pivní Koruna. No debido a quiénes fueron los galardonados (aclaración: en enero, los organizadores me pidieron que nomine 10 minipivovaru, lo cual hice, y me invitaron a formar parte del jurado que elegiría a los ganadores, lo cual no pude aceptar, así que desconozco cuáles fueron los criterios aplicados; en todo caso, no viene al caso), pero debido a por lo que fueron premiados: ser los mejores Craft Pivovary del país.

¿Craft Pivovar? ¿Me están jodiendo?

Lo había oído mencionar en ciertos círculos cerveceros y siempre lo desestimé como “huevadas que dice la gente”. Esta es, sin embargo, la primera vez que lo veo impreso en “forma oficial”, pero eso no lo hace de ningún modo menos estúpido; por el contrario. Es también prueba de lo tonta y redundante que la denominación ”řemeselné pivovar” es y siempre ha sido.

La semana pasada, cuando comenté esto último en FB, Zemské Pivo discrepó en Twitter, lo que generó un prolongado, pero civilizado debate al respecto. No lo voy a enlazar, mucho menos empotrar (seguir una conversación vieja de Twitter es descorazonador, en especial cuando hay más de dos partes involucradas y se empiezan a revolear palabras precedidas por hashtag), les voy a explicar porqué creo que řemeselné pivovar es una pérdida de tiempo e inteligencia.

Es redundante porque en checo ya tenemos una denominación de amplio uso que funciona perfectamente: minipivovar. Zemské Pivo opina que no basta porque refiere solo al tamaño de una cervecería y no a su filosofía, enfoque o corazón, o lo que sea. Dejando a un lado la vaguedad de esas palabras, están equivocados. Hoy día, las hospody anuncian ”piva z minipivovarů” de la misma manera que “Craft Beer” (o “Cerveza Artesana(l)”, si lo prefieren) es anunciada en bares de otros países; lo cual veo como clara indicación que para el Honza promedio, minipivovar significa mucho más que una categoría de volumen de producción anual. Y en caso de que no sea lo suficientemente abarcadora, hay una alternativa. El otro día, el padre de una compañera de clase de mi hija me contaba que cuando va de viaje le gusta mucho visitar los soukromné pivovary locales (que puede ser traducido como “cervecerías independientes”). Lo he oído lo suficiente como para convencerme de que tiene el mismo significado que minipivovar, al menos para aquellos que puede no tengan idea de lo que significa IPA, pero aun así prefieren tomar algo que no sea Europivo. En contraste, no recuerdo haber visto un řemeselné pivo(var) en estado agreste.

Hay, a propósito, un detalle que los řemeselnistas parecen ignorar (o convenientemente olvidar): lo que aquí y en todo el mundo se entiende por la Tradicional Cerveza Checa no es el producto de iconoclastas idealistas cumpliendo su sueño de hacer del mundo un lugar mejor de a un půllitr a la vez, pero un retoño de la revolución industrial; el nacimiento de Pilsner Urquell, la más icónica de las cervezas checas, es un excelente ejemplo de ello. Pero no es por eso que creo que řemeselné pivovar es una tontería.

Lo que Zemské Pivo et al intentan hacer es forzar en el argot cervecero checo un concepto (a falta de una palabra mejor) que ha sido apropiado y degradado por diversos intereses corporativos y los ilusionistas del marketing, al punto que cada día son más los que se preguntan si alguna vez tuvo algún significado, solo porque creen que las palabras que los checos usan para describir lo mismo son demasiado objetivas y carentes de romanticismo. Incluso si compartiese esa opinión (que no es el caso), no vería ninguna necesidad de importar y traducir una etiqueta vacía cuando el idioma checo ya tiene una palabra que funcionaría de maravillas: Poctivé. Sé que hace unos años atrás la descarté, más o menos, pero más allá de eso, sigue siendo una palabra hermosa, y una que, a diferencia de řemeselné, no necesita de explicación alguna; todos saben lo que es Poctivé pivo. ¿Será ese el problema? Después de todo, es sabido que Craft/Artesana(l) ha sido blandida como una excusa para pobre consistencia e insuficiente arte y profesionalismo (además de precios inflados).

Pero qué sabré yo, no soy más que un choborra que opina demasiado.

Na Zdraví!