28/1/16

Duerman tranquilos, Ležák está segura


El público general puede dar un respiro de alivio, su identidad cultural está a salvo de los ruines burócratas. Al mismo tiempo, los frikis y elaboradores locales pueden ir a dormir tranquilos sabiendo que la nomenclatura cervecera checa ya no será objeto de burla internacional una vez que la nueva legislación haya entrado en vigor. El el punto más polémico del proyecto de enmienda del Reglamento nro. 335/1997 del Ministerio de Agricultura de la República Checa ha sido resuelto.

Se ha acordado que Ležák seguría existiendo como categoría, pero solo reservada a cervezas de fermentación baja, tal y como Dios y Praotec Čech lo quisieron, mientras que el resto será indicado como Plné Pivo—siempre para cervezas de 11 a 12,9° Plato.

En una conferencia de prensa el martes pasado, representantes de la Asociación Checa de Micro-Cervecerías (Českomoravský svaz minipivovarů – ČMSMP) explicaron que este y otros cambios serán un reflejo más fiel de la imagen actual del mercado cervecero local, y agregaron que, a fin de mantenerse al paso de la evolución del mercado, se pueden esperar más enmiendas en el futuro cercano.

Es un objetivo que comparto y por lo tango me gustaría contribuir con algunas ideas para las futuras enmiendas:

Výčepní pivo como nombre para una categoría ha quedado obsoleto. Desde 2009, la mayoría de la cerveza en la República Checa se toma de botella, y estoy estoy seguro de que alguien en algún lado se está riendo de la idea de láhvové výčepní pivo, al igual que sucedía con Ležák de fermentación alta. La legislación debería también atender esto. Mi primera opción para un nuevo nombre, Lahváč, presentaba dos problemas: por un lado, la gente ya no pediría “Výčepní”, sino “Lahváč” y el camarero podría traerles una botella en lugar de una cerveza de barril. Un mejor nombre entonces podría ser Chlastační pivo. Me parece que suena bien—Braník chlastační pivo světlý—y es muy correcto. Degustační pivo podría ser también considerado en lugar de Silné.

El nombre Plné pivo parece haber sido elegido un poco a las apuradas y es por ello, creo, que, además de dejar la puerta abierta a demasiados chistes fáciles, no expresa plenamente el contraste con Ležák. Para tal fin sugiero Stoják, Rychlák, Svrchňák o Ejlák.

Pero los cambios no deberían terminar ahí. La nomenclatura cervecera está poblada de inexactitudes, algunas de las cuales son casi ofensivas. India Pale Ale debería ser revisada. Además de que las IPAs modernas no tienen nada que ver con India, el nombre refiere también a la opresión y brutalidad del colonialismo. Sugiero Hop-forward Pale Ale o Indiscreet Pale Ale, si prefieren quedarse con la sigla. Imperial, como indicativo de más fuerte, presenta un problema similar. Este país no ha sido parte de un imperio por casi un siglo y además de ello, la palabra es contraria a los principios que forman los pilares de los valores europeos. Sugiero Democratic, Inclusive o Humanistic como alternativas.

Pero me estoy dejando llevar por el entusiasmo. Esta preocupación trasciende las fronteras de la cultura cervecera checa y por ende debería ser discutida en la escena internacional.

Na Zdraví!

25/1/16

El Desafío del Tranvía (2): I.P. Pavlova - Újezd - Chotkový Sady


Hay un tranvía en la parada (I.P. Pavlova, en caso de que te hayas perdido la primera entrega). Lo podría agarrar, pero no soy Bruce Springsteen—no he nacido para correr. Y tampoco hace falta; cualquier tranvía me deja bien.

No tengo que esperar mucho hasta que llega uno, el 22 al centro. Trato de calcular dónde me voy a tener que bajar, pero no estoy del todo seguro si hay una parada entre Karlovo nám. y Národní tř. Sí, hay una. Újezd es entonces mi destino. Ya sé dónde voy a tomar mi siguiente cerveza.

Kampárium era uno de los lugares que quería visitar para la segunda edición de la Guía Cervecera para Borrachines. Al final no fui; no sé por qué—fiaca, probablemente. Ahora tengo una excusa para ver qué onda, y tomar algo de Polička, ya que estamos.

Sin contar el personal, está vacío. Ambos camareros me saludan con una amplia sonrisa cuando entro y bajo la escalera, como si se alegrasen de ver a alguien que los saque de su embole.

No hay lugar para sentarse al bar. Hay bancos en la pared opuesta, pero esos estantes semicirculares (no se los puede llamar mesas) entre ellos pintan espantosamente incómodos. Elijo la mesa más cerca del bar y pido Hradební Tmavé. No tomo esa cerveza desde que Kaaba cerró hace casi dos años, estoy contento de volver a verla. El camarero, por otro lado, no parece estar muy contento de que no quiero nada de comer.

La cerveza tarda en llegar, y la espera no lo vale. Su carácter distintivamente “añejo” podría haber sido valorado por un bebedor de Porter en la Londres del s. XVIII, pero yo soy un bebedor de (más que nada) Lager en la Praga del s. XXI. Debería devolverla, pero no tengo ganas; no está en peor forma que la Gambrinus que tomé en Na Břežance. Voy a enterrar la geta en el libro y tratar de no prestar demasiada atención. (Para ser justos, cabe decir que el vaso fue muy bien lavado y enjuagado).

Estoy tentado a pedir la 15° de Dobruška que también tienen de barril, pero mejor no. No solo tengo miedo de que esté todavía peor que lo que estoy terminando, sino que ya no me quiero quedar acá. Este boliche es tan aburrido como la música que pasan, y tan ligeramente irritante como las flores artificiales que decoran el cielorraso. (En serio, ¿quién decora un techo abovedado con ladrillos a la vista con lotos de plástico? ¿Qué mensaje quieren dar? ¿Que el propietarios es una señora cincuentona, bochinchera, con algunos kilos de más, que lleva anillos dorados en todos sus dedos regordetes y tiene un peinado ridículo?). Pago y me voy, y me siento mejor por no haberme tomado la molestia de venir a Kampárium por el libro.

Újezd es un poco chota. Tiene tres direcciones, las paradas están lejos una de la otra y no hay buena visibilidad. Pero tengo suerte, antes de poder determinar dónde voy a tener que pararme, el 12 viene de Smíchov. Arranco al trote, no me lo quiero perder.

La ruta del 12 cambió hace un par de años, creo. Mejor así, de otro modo me habría tenido que bajar en Čechův Most, y esa parada sí que es una garompa. Ahora me voy a tener que bajar en Chotkový Sady, que tampoco está mucho mejor.

Si el tiempo estuviese más lindo, como para sentarse debajo de un árbol tomando birra en vaso de plástico, me metería in Letná, incluso si rompiese un poco las reglas, pero no lo está y me las voy a tener que arreglar con lo que tengo a mano: un restaurante italiano cuyo nombre no recuerdo o Café Pointa. Elijo el segundo a fuerza de que está más cerca.

Cheto el boliche; casi tan cheto como los parroquianos (que estoy seguro deben ganar en promedio bastante más que yo). Para dejar más en claro que yo no soy el público de este establecimiento, soy el único que está tomando cerveza, pero no es eso lo que en verdad me molesta (en serio, tengo 44 pirulos y tengo toda las dosis de muechupaunhuevadrix al día). Tardo un rato en darme cuenta qué es: las mesas están demasiado amontonadas, previniendo cualquier sensación de intimidad. Puedo oír demasiado claro cada una de las palabras de la conversación de la mesa de al lado, y no porque estén hablando en voz alta. Una de las presentes está hablando de toda la gente que conoce un una Municipalidad. Se que no debería estar escuchando, pero pero es imposible evitarlo.

Tampoco me quedo para una segunda vuelta. La cerveza, Pilsner Urquell, no está mal, pero me parece que la voy a pasar mejor en otro lugar, a pesar de que no sé dónde.

Kampárium
50°4'54.523"N, 14°24'20.932"E
Říční 9 – Praha-Malá Strana
+420 730 629 299 – kamparium@kamparium.cz
Lun-Sáb: 10:30-23, Dom: 11-22

Cafe Pointa
50°5'48.688"N, 14°24'27.105"E
Na valech 2 – Praha-Hradčany
+420 233 321 289 - info@cafepointa.cz
Lun-Vie: 9-22, Sáb-Dom: 9-21:30

18/1/16

El Desafío del Tranvía (1): Karlovo nám.- Perunova - I.P. Pavlova


Aquí estoy entonces, cruzando la calle a la parada Karlovo nám.–Moraň. Ansioso de empezar con el Desafío Cervecero en Tranvía.

Los techos y los árboles se aferran a aa nieve que cayó hace un par de días, como si se estuviesen regodeando en la sensación. Pronto, sin embargo, la nieve se derretirá y se convertirá en lo que muchos checos sin cariño y con razón llaman sračka. Mientras tanto, yo la disfruto (¿cuándo fue la última vez que nevó así? ¿El invierno pasado? No estoy seguro, ni tampoco del anterior.)

No tengo que esperar, veo un tranvía viniendo justo cuando piso la vereda: el 10 a Sídliště Ďáblice. Cuento las paradas; me voy a tener que bajar en Perunova. ¡Taqueloparió! Conozco a todos los bares por ahí, están en la guía (y los que no están, no valen la pena). ¡Pero…! Hay uno. Está un poco más lejos de lo que me gustaría, pero tampoco tengo demasiado de donde elegir.

Cuando empiezo a caminar cuesta abajo por Chorvatská me doy cuenta de que quizás esta no haya sido una gran idea. Para volver voy a tener que escalar la calle, en la vereda helada, con varios kilos de comida en la mochila. Y se sorprenden que no esté gordo.

Debo haber pasado miles de veces por Restaurace Orion en camino a Vršovice, y nunca se me ocurrió entrar, a pesar de que en verano la terraza tiene linda pinta. Lamentablemente, hoy no está el día como para sentarse afuera; voy a tener que ir adentro.

Es mucho más chico de lo que pensaba. No puede ser más ancho que un vagón de tren. No hay mucha gente (aunque dudo que este boliche pueda acomodar la suficiente cantidad de gente como para considerarse “mucha”, al menos no adentro). Tengo hambre y agarro una mesa en un rincón del salón principal. La lista cervecera es de convicción Gambrinus-Kozel-Urquell. Pido una Gambáč—es lo que todos están tomando—y queso feta frito con papas (que resulta ser una delicia).

La tele está encendida, pero no en un canal de deportes o música. Están pasando los últimos minutos de un documental sobre el naufragio de Costa Concordia. Es tan sensacionalista como se podría esperar. La única parte interesante está al final cuando hablan—muy brevemente—del proyecto para rescatar el naufragio (desde que trabajé en la construcción de una central termoeléctrica me fascinan los proyectos de ingeniería a gran escala). Otro documental arranca luego de una tanda; uno que no podría estar más fuera de lugar. Es sobre Lebensborn, el programa de la SS para que soldados arios garchen con chicas arias para producir bebés arios que conquistarían el mundo, o algo por el estilo. Es un tema serio que debe ser conocido, pero no es del tipo que uno quiere ver o escuchar mientras trata de disfrutar una birra; casi lamento que no tengan puesto MTV.

Después de terminar la segunda birra y pagar la cuenta, me despido, tratando de decidir si Orion me gustó o no. La cerveza y la comida estaban más que bien—mejor de lo que había esperado, quizás—pero el boliche no tiene mucha onda (y dudo que mejoraría más tarde en el día). Sin embargo, una vez que lleguen los días más cálidos, podría ser buen lugar para una birrita al aire libre—lo deberé tener en cuenta.

No importa cuál tranvía llegue primero, si el 10 o el 16 en cualquiera de las direcciones; ambos siguen la misma ruta, al menos la cantidad requerida de paradas, que ahora es cuatro.

Veo que se acerca un 10, que me va a llevar de vuelta hacia donde vine. Pero no todo el camino, me voy a tener que bajar en I.P. Pavlova.

No me pinta ir hasta U Graffů, en la plaza. Agarro Lublaňská. Hay un Pub “Irlandés” y uno con mucha pinta de trampa para turistas. No gracias, por duplicado y con sello oficial. Va a tener que ser el que está al final de la cuadra, con el cartel de Gambrinus.

Al igual que con Orion, debo haber pasado por Na Břežance una bocha de veces, pero nunca entré. Es hora de corregir eso.

Este boliche sí que está vivo, muy vivo; y lleno. Tengo suerte de encontrar una mesa en el salón principal. En el bar no hay luegar y el Salónek parece estar reservado para una reunión de ex-alumnos de algún liceo, clase 1917.

El servicio en Orion era medio pachorra; acá es rapidísimo y muy atento. No tardo nada en pedir la primera cerveza, Gambrinus 12° Neflitrované.

Antes de que llegue, noto a una mujer en una mesa cercana mirándome como si estuviese intentando acordarse de dónde me conoce, esperando estar equivocada. Me pone un poco nervioso, tengo que confesar. Trato de olvidarla leyendo mi libro: “Galilee”, de Clive Barker. (Lo estoy disfrutando menos que la primera vez que lo leí hace cosa de diez años. Parece un poco como si Neil Gaiman hubiese tratado de escribir una novela de Jackie Collins.)

A propósito, la cerveza: el paladar está dominado por una nota suave, pero implacable de el-motivo-por-el-cual-jamás-seré-fanático-de-las-Lambic. Quiero pedir algo distinto para el segundo plato, pero estoy leyendo cuando vacío el vaso—y sigo evitando la mirada de esa dama—y solo puedo asentirle a la camarera que me pregunta si quiero otra antes de que desaparezca con el vaso.

La verdad, no importa. La cerveza sigue siendo tomable, apenas (y la segunda está mejor), y me está gustando la onda acá en Na Břežance. No hay nada diferente o nuevo, nada notable, nada que no haya visto en innumerables otros pubs de la ciudad. Puede que el motivo sea la familiaridad; o que el boliche sigue lleno, y muy ruidoso. No hay ninguna tele a la vista, ni tampoco música que yo pueda oír; solo el sonido de gente pasándola bien. La mejor música que un pub puede tener.

Casi pido una tercera birra, pero tengo otras cosas que hacer. Otro día, quizás.

Restaurace Orion
50°4'26.674"N, 14°27'33.972"E
Říčanská 7 – Praha-Vinohrady
+420 702 806 632 – restorion@centrum.cz
Lun-Dom: 11-23

Na Břežance
50°4'26.618"N, 14°25'52.757"E
Lublaňská 49 – Praha Vinohrady
+420 222 514 124 – 222 514 124
Lin-Vie: 10-24, Sáb-Dom: 11-24

14/1/16

Sobre los cambios en la legislación cervecera checa


Las normas cerveceras checas están a punto de ser actualizadas. La mayoría de los cambios, sin embargo, son de nomenclatura; aunque no todo es un sinsentido.

Una vez que la enmienda entre en vigor, la categoría Speciál será llamada Silné Pivo. Tiene algo de sentido, a lo mejor; una cerveza no tiene que ser de más de 13° para ser “especial”, y no hay nada de especial en muchas de las cervezas por encima de esa graduación Balling. Aunque, si se puede considerar fuerte una cerveza con un poco más de 5% de alcohol o no, es ya otra cuestión.

Porter, como categoría legal va a desaparecer. Con este cambio sí que estoy de acuerdo. Hoy, un elaborador que produzca algo tipo Fuller's London Porter podría técnicamente tener problemas porque la cerveza no es de 18° Balling o más. Ya no. (Solo me pregunto cuánto tardará en aparecer el primer friki gritando que Pardubický Pivovar le va a tener que cambiar el nombre a su Porter porque no es una Ale).

El punto más polémico en la enmienda propuesta—al menos para la comunidad cervecera local—es que el texto actual no contempla cambiar el nombre de la categoría Ležák, algo que de lo que varios se vienen quejando ya hace rato. La verdad, no veo del todo dónde está el problema. A ninguna de esas personas parece molestarles que haya Black IPA, Imperial Pilsner o Imperial Black Berliner Weisse (les juro que no es invento mío), o que Výčpení Pivo se venda en botella y lata. ¿Por qué entonces Ležák está mal?

Ladislav Jakl, que de birra sabe un poco, lo explica acá. Olvidemos por un momento la retorcida y no del todo correcta analogía con los autos. Según él—y todos los demás—Ležák es un estilo, y por ende, solo cervezas de dicho estilo pueden ser categorizadas como tal. Veo varios problemas con esta postura. En primer lugar, Výčpení Pivo y Speciál pueden ser Ležák, si por ello entendemos Lager. Pero Lager no es un estilo, es una familia cervecera; o más precisamente, un método de elaboración de cerveza. Cualquier cerveza de fermentación baja va a ser lager, y hasta cervezas de fermentación alta pueden serlo también si la maduración se realiza a temperaturas bajas y es relativamente larga, tal como es elc aso con Kölsch, Alt y algunas cervezas de abadía (aunque con estas es un poco más complicado).

¿Pero qué pasa si Ležák no es lo mismo que Lager? Como traductor sé bien que a menudo es el contexto y no el diccionario lo que determina cómo una palabra debe ser entendida en otro idioma, y esto es especialmente válido para la cerveza. Una Helles es una Helles y una Dunkles es una Dunkles; se las puede describir como un tipo de Lager rubia/oscura alemán o bávaro, pero en realidad son más que eso. ¿Deberíamos entonces tomar la palabra Ležák de la misma manera? Pero entonces, ¿qué hay de Světlý, Polotmavý y Tmavý/Černý? No importa, es un debate que no tiene sentido ya. O que pronto no lo tendrá, una vez que el nombre de la categoría sea cambiado a Plné Pivo (Vollbier, o Cerveza Llena), tal como ha sido anunciado.

Estoy tentado a hacer el chiste tonto de que todo aquello que no sea Plné Pivo sera ¿qué, Prazdné Pivo? Solo para ilustrar lo innecesario de todo esto. A todos los efectos y propósitos, las categorías podrían bien llamarse Honza, Pepa y Tonda y no habría ninguna diferencia para el consumidor, y muy poca para los elaboradores. La nomenclatura vigente no ha sido ningún obstáculo para la explosión en diversidad estilística de los últimos años (nunca tuvieron obligación de incluir la categoría, en letras grandes, en la etiqueta del frente), y no creo que la enmienda vaya afectar esta realidad de un modo u otro. Todo el mundo compra cerveza de una graduación Balling, marca, color o estilo determinados, y lo seguirá haciendo. No creo que nadie nunca vaya a preguntar si la Stout que está por pedir es Ležák o Speciál, Plné o Silné, Pepa o Tonda.

Na Zdraví!

12/1/16

Cómo Viví World Beer Idol


Estaba en Hradčanská en una fría mañana de verano, demasiado temprano, esperando al minibus que nos llevaría a Zichovecký pivovar y todavía no estaba del todo seguro que podía esperar de World Beer Idol, mi primera experiencia como juez en un concurso cervecero. ¿Sería capaz de hacer un buen laburo? ¿Iba a ser todo tan solemne como me temía?

El viaje a Zichovec transcurrió sin más; pasé la mayor parte del tiempo charlando con Chris Baerwaldt, de Pivovar Zhůřák, y llegamos al brewpub que sería el escenario del evento a eso de las 9.

La cosa no tardó demasiado en arranchar. Jakub Veselý, el organizador, dividió a los jueces en tres grupos. El mío era bastante internacional: dos checos, un francés, un Australiano, un Yanki y yo. Nos entregaron las planillas para las puntuaciones y nos explicaron cómo las teníamos que completar. Las cervezas iban a ser calificadas según apariencia (15 puntos), aroma (30 puntos), sabor y sensación en boca (30 puntos) y estilo (25 puntos).

Nunca había asignado puntajes a una cerveza, jamás. Siempre lo había visto como algo carente de propósito. Al principio, la falta de una referencia tangible y objetiva me incomodó; ¿qué es la perfección en [insertar estilo/categoría]? Teníamos la guía de estilos, me iba a tener que alcanzar con eso. Y conocía lo suficientemente bien las categorías para las que me había anotado como para ser capaz de hacer una evaluación justa.

No me tomó demasiado empezar a sentirme cómodo con la idea de los puntos para los diferentes aspectos de cada cerveza; ayudó que la primera categoría que nuestro grupo evalúo fue German Pils. Rápidamente comprendí que no debía comparar a las cervezas una con otra—como hago en la vida real—sino evaluarlas según las requisitos de las características de cada categoría. En caso duda, prefería errar hacia la generosidad. Pero sería también estricto y hasta implacable si una muestra así lo merecía. Lo único que no dejó de molestarme fue darle una baja calificación a una cerveza de otro modo excelente porque algo en ella estaba fuera de los parámetros de la categoría—no era fiel al estilo—pero tales eran las reglas y había que respetarlas.

Habrían otras tres rondas en la sesión matutina, y para el mediodía habíamos calificado un total de 20 muestras en 10 categorías: German Pils, Imperial Pilsner, Dopplebock/Eisbock, Smoked Lager, German Hefe-Weizen, Dunkelweizen, Weizenbock, Porter, Extra Stout, e Imperial Stout (para algunas de las categorías había una sola muestra y las encontré más fácil de evaluar).

La sesión vespertina fue de tres rondas. Nuestra mesa evaluó APA e IPA (que, para ser sinceros, fueron en general bastante pobres; solo dos de las cervezas podrían ser consideradas decentes, en el mejor de los casos). Y la tercera, Radler, fue evaluada por los tres grupos (y la verdad, uno de los Radlers estaba muy bueno).

Tenía miedo que todo fuese muy serio y aburrido. No lo fue. Nos tomamos el trabajo muy en serio (al menos yo lo hice), pero no hubo nada de esa solemnidad tipo tribunal. Hablamos bastante entre nosotros, compartiendo nuestras opiniones sobre las muestras—más que nada entre ronda y ronda—pero no discutimos los puntajes. En general, la onda no fue muy diferente a la de un festival; temprano, cuando nadie está en pedo todavía. Fue muy entretenido, la verdad.

Lo que más me sorprendió, y no gratamente, fue la paupérrima calidad de algunas de las muestras. No puedo entender cómo un elaborador profesional con una mota de amor propio puede enviar voluntariamente a un concurso una cerveza que es una mierda objetiva (aunque, por otro lado, hay elaboradores profesionales que venden mierda objetiva, no sé que es lo que me sorprende).

Pero la fiesta no había terminado aun. Faltaba elegir a la mejor cerveza del concurso, el verdadero World Beer Idol.

Para la final se formó un panel con siete jueces. Fui elegido entre ellos, lo cual fue para mí algo totalmente inesperado (y halagador, hay que decir).

El procedimiento en este caso fue diferente. Nos trajeron muestras de seis categorías, una por categoría; supongo, las que recibieron los puntajes más altos: Helles, Witbier, Dopplebock/Eisbock, Bière de Garde, Oud Bruin, y Smoked Lager. El ganador no sería elegido por puntaje, sino por eliminación. Luego de catar cada una de las muestras, se decidió cuál sería eliminada, una por una; todo por consenso, hasta que llegamos a las últimas dos: Dopplebock y Bière de Garde. Aquí no nos fue posible coincidir, así que votamos y la segunda ganó por una mano levantada. Yo había votado por la Dopplebock (había sido mi favorita de la sesión matutina), pero solo por una cuestión de gusto personal; la Bière de Garde era una cerveza excepcional y, sin dudas, un justo ganador.

No se nos divulgó las identidades de las cervecerías participantes, y los ganadores serán oficialmente anunciados en unos días.

Gente con más experiencia en este tipo de cosas que yo (que eran todos, creo) elogiaron a la organización. Hubieron un par de traspiés, y algunas cosas para mejorar, pero nada grave; todo funcionó bastante bien. En lo personal, la experiencia fue mucho más agradable de lo que había esperado. No cambió mi opinión sobre la relevancia de los concursos para el consumidor—es más, hasta diría que la reforzó—pero debo confesar que no me molestaría repetirla algún día.

Una vez terminada la seria labor de catar y juzgar, llegó el momento de la seria labor de tomar las cervezas de la casa.

No tenía ninguna referencia de Zichovecký pivovar (de hecho, ignoraba su existencia), pero debo decir que las cervezas que elaboran van de lo muy bueno a lo sobresaliente (la IPA era quizás la más floja, pero aun así bastante buena para los estándares checos), al igual que la comida, el servicio y el lugar en general. Podría decirse que fue una agradable recompensa: poder conocer una cervecería que de otro modo dudo me hubiese tomado la molestia en visitar (está a un par de cuadras del medio de la nada, entre Slaný y Žatec) (ACLARACIÓN: no pagamos por las cervezas que consumimos, ni por el almuerzo).

El minibus de vuelta a Praga nos pasó a buscar a eso de las seis. Todos estábamos de muy, muy buen humor. La mayoría terminó en BeerGeek para seguir bebiendo. Yo me bajé en Hradčanská dejé Honza Šuráň y Pavel Borowiec me convenciesen de ir a tomar un par de birras con ellos, antes de ir a casa.

Difícil lo mío.

Na Zdraví!

8/1/16

Presentando: El Desafío Cervecero en Tranvía


Si bien lo mencioné el otro día, tenía ganas de dar más detalles sobre este proyecto.

El punto de partida va a ser la parada de tranvía Karlovo nám.–Moraň, por donde pasa la mayor cantidad de líneas. Voy a tomar el primer tranvía que venga en cualquiera de las direcciones y me voy a bajar en la sexta parada. Allí, voy a encontrar un pub, tomar un par de birras, comer algo quizás, y voy a volver a la parada en la que me bajé en donde voy a tomar el primer tranvía que venga en cualquier dirección y voy bajar en la cuarta parada, en donde voy a buscar un pub, etc., etc. El procedimiento se repetirá, siempre empezando desde la última parada en la que me bajé, hasta que ya no me canten las bolas.

Originalmente, los trayectos iban a ser de 10 paradas cada uno, pero me pareció que haría los viajes innecesariamente largos, así que los corté a seis paradas para un lado y cuatro, para el otro; eliminando el riesgo de volver a donde empecé demasiado pronto, u oscilar sin fin entre dos paradas.

Como no voy a saber en dónde voy a terminar, buscar información de antemano no va a tener sentido, y como no cargo internet en el bolsillo, voy a tener que confiar en mi memoria, en caso de conocer la zona, o en mis instintos, en caso de no conocerla. De todos modos, los bares que voy a visitar deberán ser para mí nuevos.

Estoy muy entusiasmado con este proyecto. Durante los trabajos de campo para la 2ª edición de la Guía Cervecera para Borrachines redescubrí el placer de visitar un boliche nuevo en mi ciudad. Y esta vez será todavía mejor: no voy a seguir ningún programa o gran propósito, más allá de redactar una reseña que espero sea algo más que el tipo veni, vidi, bibit. Es, sin dudas, mucho más divertido que tomar una cerveza nueva en casa, solo, sacarle una foto y escribir una nota de cata llena de sanata o recibir la última chapita en Untappd.

Manténganse en sintonía, la primera la primera aventura está pronto en su quiosco amigo.

Na Zdraví!

5/1/16

Adivinen qué voy a hacer este sábado


Para los seguidores de este blog, mi opinión sobre los concursos cerveceros es algo bien conocido, y es por ello que me causó un poco de sorpresa cuando hace algo más de dos meses, Jakub Veselý, de Pivo Falkon, me preguntó si quería ser uno de los jueces de una nueva competencia internacional que él esta organizando.

Acepté sin pensarlo dos veces. Me gusta tener nuevas experiencias cerveceras casi tanto como el más enfermo de los frikis, y esta me daría la oportunidad de ver cómo son las competencias, desde adentro.

La primera edición de World Beer Idol tendrá lugar este sábado 9 de enero, en Zichovecky pivovar. Es muy convencional: casi 40 categorías que cubren Lagers, Ales, Weizens, Porters y Stouts, Sours, y hasta Nealko and Radler; las muestras, enviadas por los elaboradores, serán evaluadas en catas ciegas, con una sesión a la mañana y otra a la tarde. A los jueces se les pidió que indiquen las categorías que creen ser capaces de evaluar objetivamente. Marqué unas cuantas—la mayoría de las Lager y Weizen y algunas del resto—no las voy a enumerar porque todavía no sé cuáles o cuántas voy a juzgar.

No estoy acostumbrado a evaluar cervezas en base a una medida de degustación—al menos, no cervezas que no son una mierda—sino en base a qué tanto las disfruto y la relación calidad/precio, y solo luego de haber tomado lo suficiente—por lo general, al menos medio litro. Pero los criterios de evaluación son muy claros y conozco las categorías lo suficientemente bien así que estoy seguro de poder cumplir con la tarea.

La verdad que estoy bastante entusiasmado. Voy a publicar una crónica sobre la experiencia, espero, en algún momento de la semana que viene. Manténganse en sintonía.

Na Zdraví!

*Por las dudas: Las competencias y sus resultados son irrelevantes en lo que respecta a la experiencia del consumidor. Las muestras evaluadas son seleccionadas y enviadas por los propios elaboradores; será muy razonable, pero no se trata de las cervezas que tomamos en la realidad.
La única excepción es První Pivní Extraliga que evalúa botellas de medio litro adquiridas por los organizadores a través de canales habituales, y también premia la consistencia. Pero es relevante solo hasta cierto punto, ya que la evaluación en sí se lleva a cabo en catas ciegas de medidas pequeñas.