10/10/16

Prague Beer Week Grand Finále - Reseña


El primer Prague Beer Week tuvo lugar entre el 3 y el 9 de octubre con una serie de eventos en varios puntos de la ciudad que tenían a la cerveza (o craft pivo, como decía su nota de prensa, en fin) como su único, y algo endeble, punto en común. Culminó el fin de semana con el Grand Finále, un festival de cata en Kulturní Sportovna, en Smíchov; el único de los eventos al que asistí, el viernes.

(Aclaración: me dieron una acreditación de prensa, no tuve que pagar la entrada de 100 CZK, recibí 5 fichas y la copa sin tener que pagar el depósito. Para ser sincero, no habría asistido de otro modo. No aficionado a las catas—prefiero tomar—y, en principal, porque estoy en contra de tener que pagar para entrar a un lugar a comprar cerveza.)

Kulturní Sportovna es un viejo depósito al lado de la terminal de autobuses Na Knížecí, que ha sido restaurado lo mínimo indispensable para hacerlo funcional. El espacio perfecto para este tipo de evento: acogedor, rústico, nada pomposo y con una ligera onda de taberna rural; sin duda, mucho más agradable que un hotel de lujo, un palacio o un centro de exposiciones.

A la izquierda de la entrada estaba el bar permanente del lugar y frente a este habían instalado un bar móvil que preparaba cócteles con cerveza. Entre ellos había un espacio prácticamente vacío. La comida era provista por un food truck estacionado afuera, al lado de la entrada. Las cervezas checas eran dispensadas en un bar largo en forma de U instalado detrás de una columna en el medio del salón, mientas que las importadas podían encontrarse en el sótano.

No soy la audiencia de este tipo de eventos así que no puedo evaluar el ambiente con justicia. La música no me gustó mucho (mi problema), pero la tenían a un volumen moderado y no hacía falta gritar para mantener una conversación con la persona de al lado.

Todo daba la impresión de estar muy profesionalmente organizado. Había bastante lugar para sentarse, con mesas dispuestas alrededor de los grifos con cerveza checa, y algunas más, abajo. Había también un par de tanques con agua para enjuagar la copa oficial del festival, una Teku (que me parece muy fea y para degustar no es mejor, ni peor, que prácticamente cualquier otro tipo de vaso o copa de vidrio; pero está de moda y tiene un tallo alto que la hace automáticamente pituca). En la entrada entregaban tarjetas con una lista de todas las cervezas disponibles, indicando sus estilos, Plato y contenido alcohólico; muy útil para poder elegir las cervezas, en lugar de darle la vuelta al bar.

Todo parecía estar funcionando muy bien, al menos durante el par de horas que pasé el viernes. El único detalle a objetar fue la falta de agua para enjuagar el paladar entre las muestras. Jarras en las mesas o al menos una fuente habrían estado muy bien, en especial teniendo en cuenta que muchas de las cervezas eran de sabores muy intensos.

La selección de cervezas era excelente: 45 cervezas de 15 cervecerías/marcas (10 domésticas, 5 importadas), con la suficiente variedad para dejar contento a cualquiera. Había Lagers rubias y oscuras, una Weizenbock, Pale Ales y Stouts de varias convicciones, hasta agrias.

Como tomar una muestra de cata de una cerveza de sesión es un derroche de tiempo, y cerveza, opté por los pesos más pesados. Las cervezas checas que tomé—No Idols DIPA de Clock, Asfalt de Zhůřák, Superfly India Saison de Falkon, Morion Stout de Albrecht, Weizenbock de Zichovecký, Russian Imperial Stout de Permon, Sweet Jesus de Sibeeria—estuvieron todas de muy buenas a excelentes; aunque quizás servidas demasiado frías, en especial las Stouts. La única nota discordante fue High Diver, una IPA elaborada por Next Level Brewing, de Alemania, que me pareció horrible. A las demás cervezas importadas no les dí pelota. Costaban dos fichas; demasiado caro para algo de lo cual no tenía ninguna referencia. Lo que me lleva lo único que me molestó:

El precio.

Las fichas costaban 35 CZK y cada una alcanzaba para una muestra de cerveza checa. Si bien el tamaño de las muestras parecía estar a criterio del grifero, la mayoría de las que tomé eran de 0,2l. Eso equivale a casi 90 CZK por medio litro. Exagerado; y hasta ridículo para algunas de las cervezas. Es bastante más de lo que cuesta una Matuška o Falkon (dos de las marcas más caras del país) en boliches como BeerGeek o Zlý Časy, que además no te cobran 100 CZK para entrar. 25 CZK, aunque aún lejos de ser barato, habría sido razonable. En serio, por ese precio por volumen podés comprar en no pocos bares de la ciudad un litro de excelentes cervezas (o craft pivo, si así las quieren llamar), un par de las cuales también disponibles en este festival.

Pero como ya dije, fue un evento muy bien puesto y los organizadores merecen los elogios, más allá de los precios. Muchas gracias por la invitación.

Na Zdraví!

13/9/16

Escapada Cervecera a Uhřiněves


Un par de días después de mi paseo cervecero en Slaný decidí que el tiempo estaba lo suficientemente lindo como para darse una vuelta por Pivovar Uhřiněves, o, mejor dicho, Pivovarská, el restaurante de la cervecería.

Llegar fue una pavada, un viaje de 20 minutos en un City Elephant desde Hlavní Nádraží que no me costó ni un mango por la línea es parte del sistema de transporte público de Praga. Desde la estación de Uhřiněves hasta la cervecería es solamente una caminata relativamente corta aunque no muy agradable. (que resultó ser un tanto más larga para mí. En Prátelství, la arteria principal de la localidad, fui para la izquierda cuando tendría que haber agarrado para la derecha—habían pasado un par de días desde que había mirado el mapa y la memoria me falló. Y podría haber sido también aun más corta y agradable se hubiese notado el sendero a unos metros a la derecha de la estación, que ni siquiera había visto en el mapa).

Según lo poco que pude encontrar al respecto, la historia de Pivovar Uhřiněves es muy parecida a la de Unětický Pivovar: originalmente abierto en la segunda década del siglo XVIII y cerrado en 1949, después de haber sido nacionalizado por el régimen Comunista, luego de haber intentado volver a ponerlo de pié al terminar la Segunda Guerra Mundial. Según lo que un amigo involucrado en el proyecto me había dicho el año pasado, la resurrección de la cervecería fue financiada parcialmente con fondos de la UE, y que una de las condiciones de la subvención fue que la fábrica esté funcionando comercialmente para noviembre. El plazo no fue cumplido (y me pregunto cómo lo solucionaron, voy a tener que averiguarlo), y la cervecería no abriría oficialmente sino hasta abril de este año.

Lo primero que me llamó la atención cuando por fin llegué al restaurante fue su jardín cervecero. Bastante grande para los estándares checos y un jardín hecho y derecho, con grandes árboles y demás chiches; sin duda, uno de los más lindos que he visto en este país. No obstante, fui a sentarme a dentro, porque sí.

El interior resultó ser un poco más chico de lo que me había imaginado. Si uno entra desde la calle (y no desde el jardín, como hice yo), es recibido por una zona de bar relativamente amplia. Hay dos salones más, a la derecha, y un entrepiso justo arriba, cerrado al mediodía. Elegí una mesa con buena vista a los grifos, al lado de una ventana, cerca de la puerta.

El servicio fue impecable y la comida, aunque nada memorable, no decepcionó. Hasta tuve compañeros de mesa espontáneos: un tipo con su hijo de 10 años. Me contó que conocía el boliche de antes de que lo haya tomado Pivovar Uhřiněves (o, quizás, ¿de que lo haya recuperado? Ya que parece que había sido originalmente abierto por la cervecería original), agregando que ahora era un poco mejor. Lamentablemente para él, había venido en auto y tuvo que conformarse con nealko pivo, pero tenía mucha curiosidad sobre mi opinión de las cervezas, y seguro que ustedes también ya.

Empecé por el escalafón más bajo de la escala Balling the la casa, con Alois 11°; una Světlý Ležák que se acomoda muy bien a medio camino entre una Desítka y una Dvanáctka, no solo en lo etílico, sino también en lo sensorial. Un ejemplo perfecto de todo lo que puede hacer una excelente cerveza de una Lager Rubia. Me salteé un escalafón, para quedarme en el mismo campo cromático, y elegí Alois 14° como segundo plato. Los que reseñan y califican cervezas solo en base a muestras de cata probablemente juzgarían a esta como sosa y aburrida. Sin embargo, ya que la mayoría de ellos no entiende demasiado de cerveza, sus opiniones deberían ser ignoradas. Empieza un poco sosa, sí, pero empieza a abrirse luego de un par de tragos, convirtiéndose en una belleza sutil y bastante compleja; casi bipolar, con una tomabilidad engañosa contrastada por una arista afilada para que no olvides con quién estás tratando. Es lo que me imagino que una buena Exportbier debe haber sido.

A un escalón Balling más abajo está Alois 13°, una Polotmavý. Teniendo en cuenta el alto nivel que habían fijado las dos cervezas anteriores, esta se quedó un poco corta. No le encontré nada técnicamente malo, pero la faltaba ese cuerpo y redondez que tanto me gusta en las cervezas de este tipo. Por suerte, Porter 16° tenía los músculos suficientes como para compensar las faltas de su hermana ámbar. ¡Qué belleza es esta Porter de convicción Báltica! Tiene todo lo que me gusta del estilo, presentado con garbo y competencia. Sería perfecta si la sirviesen en porciones completas de medio litro en lugar de (solamente) en 0,4l; pero para ser justos, eso no es culpa ni de la cerveza, ni del maestro cervecero. Pero más allá de eso, a veces pienso que es una pena que la mayoría de los checos parecen estar más dispuestos a toma una Ejl o ČIPE pedorras que una Lager negra excelente como esta; no se puede culpar a los elaboradores. Habrá entonces que valorar las pocas buenas Lager negras que hay y apoyar a los cerveceros que las hacen, en lugar de correr detrás de las últimas novedades.

En conclusión, ir a Uhřiněves fue una buena decisión. Todas las buenas referencias que tenía de la cervecería (suficientes como para romper mi moratoria de 6 meses con nuevos minipivovary ) quedaron confirmadas. Y si no tienen ganas de hacer el viaje, Pivovar Uhřiněves tiene un pub en Vinohradská, pero todavía no lo he visitado.

Na Zdraví!

Pivovar Uhřiněves – Pivovarská Restaurace
50°1'46.881"N, 14°36'18.711"E
K sokolovně 38 – Praha-Uhřiněves
+420 267 711 949 – info@restaurantpivovarska.cz
Lun-Sáb: 11-24, Dom: 11-23

6/9/16

Paseo Cervecero en Slaný


Iba a ir solo, pero el día anterior, un lunes, un viejo amigo que hacía mucho tiempo no veía me mandó un mensaje de texto. Le conté de mi plan y el muchacho se invitó.

Nos encontramos a la hora acordada en la estación de metro Veleslavín, junto cuando el bondi se acercaba a la parada. Luego de un un tranquilo y cómodo viaje de media hora, nos bajamos en la terminal de autobuses de Slaný. Una corta caminata nos llevó a Továrna Slaný, un nuevo minipivovar que había abierto en febrero en un edificio que supo ser una fábrica (de ahí su nombre), en donde Jakub Veselý, el mismo de Pivo Falkon, hace las veces de Maestro Cervecero.

Por algún motivo, esperaba que el local sea diferente. Quizás un espacio abierto, con techos más altos y el bar al fondo del salón o justo a la entrada. En lugar de ello, está distribuido en varios salones, haciéndolo más grande de lo que parece al principio, con una relativamente pequeña zona de bar a la izquierda de la puerta; todo en madera oscura, incluyendo los muebles. Es un poco demasiado genérico para mi gusto, y (al igual que la tipografía del logotipo) demasiado parecido a un Pilsner Urquell Original Restaurant. Pero eso al fin y al cabo es de muy poca importancia, en especial cuando el servicio y la comida que tuvimos fueron muy buenos.

Tenían cuatro cervezas de barril. Empecé con la Továrenská 10° světlé, una de esas cervezas que tiene todo lo que tiene que tener, pero un poco mal puesto. Entraba con algo de amargor, seguido por una cucharada demasiado generosa de dulzura casi caramelosa que rápidamente se hacía a un lado para dejarle paso a un final aguado, allí donde quizás el amargor debería haber estado. Insastisfactoria, es la palabra más correcta que se me ocurre para evaluarla. Kruták 12° světlé, la que siguió, tenía todas esas mismas cosas, pero más uniformemente distribuidas y en una capa un poco más espesa. Un ejemplo académico de lo que debería ser una buena Světůý Ležák. La verdad que me encantó. Terminé el almuerzo, que pasamos charlando de los más variados temas, con Salzberg 12° tmavé, una lager oscura que con maestría caminaba en el límite entre lo dulce y lo tostado. Increíblemente agradable. No me molesté con la cuarta, la IPA de 15°, Protektor, que solo estaban disponible en 0,3l por el mismo precio que medio litro de las otras. No entiendo por qué lo hacen (y me pregunto si los costos de producción de una IPA son tanto más altos como explicar la diferencia de precio). Mi amigo la tomó y dijo que estaba bien.

El balance general es muy bueno, y por sí mismo hizo que el viaje valiese la pena. Pero ya que estábamos en Slaný, habría sido un pecado no darse una vuelta por Pivovar Antoš.

El tiempo había decidido finalmente honrar su amenaza cuando dejamos Továrna. No estaba diluviando, todavía, pero ya nos estábamos mojando mientras caminábamos por Wilsonová hacia el centro. Fue en esa arteria en donde un cartel llamó mi atención. Anunciaba Zichovecký Pivovar, el escenario de World Beer Idol, la competencia en la que había sido jurado en enero. Estábamos en la entrada de Hugo Bagel Café.

Después de pensarlo por uno o dos segundos, entramos para hacer una escala. Si me hubiesen mostrado una foto del boliche, y me hubiesen dicho que está en Vinohrady o Holešovice, probablemente lo habría creído. Tiene la pinta y la decoración que se ha vuelto casi estándar en la nueva raza de café/bar/pub que se ha estado multiplicando por toda Praga. La comida que pasó ante nuestros ojos en ruta a otras mesas también se veía y bien, y el servicio fue excelente. La cerveza, por otro lado… Pedí una 10° de Zichovec, fue la sombra de los buenos recuerdos que tenía de ella; puede que no haya estado tan fresca como debería. Mi amigo pidio Matuška Apollo Galaxy y quedó muy satisfecho.

No es el tipo de local que uno espera encontrar en una ciudad checa mediana, pero una muy agradable sorpresa y, espero, parte de una tendencia más extendida por todo el país.

La lluvia se había intensificado durante nuestra escala y ya era bastante hinchapelotas, y no podría decirse que era de ayuda para encontrar el camino cuando entramos en la ciudad vieja de Slaný. Me di cuenta que no estaba seguro de la ubicación de la cervecería en relación a donde estábamos nosotros, y terminamos tropezándonos con ella cuando pensé que nos habíamos perdido.

Volver a estar bajo techo fue muy agradable, y volver a esta brewpub después de quizás dos años lo fue aun más. Nada había cambiado desde mi última visita, por suerte (aunque la empresa se ha expandido con una segunda, y más grande, fábrica en la periferia de la ciudad). El servicio fue tan bueno como había sido en los dos locales anteriores, y acá también tenían una Desítka de barril, Rarach. Muchísimo mejor que las dos anteriores; excelente, de hecho. Lo mismo podría decirse de la Polotmavá 13°. A veces, me gustaría que las microcervecerías checas se enfoquen más en cervezas como esta y menos en IPAs, pero quizás no son tan sexy (¿o rentables?). No obstante, cerré la corrida cervecera  con Tlustý Netopýr. No me importó (demasiado) que esta IPA de centeno también esté disponible solo en porciones de 0,3l (¡es de solamente 17°!), a un precio más alto que el de las otras dos por medio litro. Tenía ganas de tomar una malé pivo de todos modos y, con un palmarés de ya tres litros de cerveza, muchas cosas habían dejado de importarme. Además, la cerveza sí que es excelente y fue el moño perfecto para un día genial en compañía de un buen amigo.

Ya sea solo o acompañado, Slaný es sin duda un excelente destino para una excursión cervecera fuera de Praga.

Továrna Slaný
50°13'43.028"N, 14°4'40.694"E
Wilsonová 689 – Slaný
info@tovarnaslany.cz – +420 312 522 822
Lun-Jue, Dom: 11-22, Vie-Sáb: 11-23

Bagel Café Hugo
50°13'48.153"N, 14°4'51.795"E
Wilsonová 585 – Slaný
hugo@bagelcafe.cz – +420 734 154 250
Lun-Jue, Dom: 10:30-22, Vie-Sáb: 10:30-23

Pivovar Antoš
50°13'47.938"N, 14°5'19.052"E
Vinařického 14 – Slaný
kontakt@antosovakrcma.cz – +420 731 413 711
Lun-Jue: 11-23, Vie-Sáb: 11-24, Dom: 11-22

19/8/16

Cinco Años de Únětický Pivovar


Es una tardecita de viernes a mediados de agosto y, a pesar de que el tiempo no promete gran cosa, estoy sentado en el patio de Únětický Pivovar, esperando en compañía de una Desítka a los dueños, Lucie y Štěpán Tkadlec.

Unos minutos más tarde, justo cuando mi půl litr está peligrosamente cerca de vaciarse, llegan en sus monopatines. Vine a hacerles una entrevista en ocasión del quinto aniversario de la resurrección de la cervecería (que fue celebrado en mayo).

Mis esperanzas de tener una sesión seria de preguntas y respuestas empiezan a parecer más inciertas que el tiempo cuando Lucka insiste que tomemos algo más fuerte que cerveza. Pero no sé por qué me sorprendo, después de todo, estoy con gente amiga que tiene una cervecería y que les gusta el buen escabio tanto como a mí, sino más.

Recién luego de la llegada de tres jarras de cerveza y tres copas de Single Malt Scotch, y luego del “Na Zdraví!”, me las ingenio para arrancar la entrevista con algunas preguntas personales.

Ambos empezaron a trabajar en Pivovary Staropramen en 1998, pero en diferentes partes de la empresa. Lucie estaba en la sección financiera con auditorías internas. Štěpán estaba en los laboratorios, para luego estar a cargo de la línea de envasado y más tarde de inversiones en tecnología. No se conocerían sino hasta que Lucko tuvo la tarea de implementar SAP.

Lucie dejaría la empresa con el nacimiento de su primera hija. Štěpán lo haría más tarde; necesitaba un cambio. Tuvo por un tiempo una empresa de organización de eventos, pero aún tenían la necesidad de “hacer algo”.

Para ese entonces, estaban viviendo en la vecina Roztoky, y frecuentaban la bodega que sigue funcionando en el complejo de la antigua cervecería. Fue en una de sus visitas que tuvieron la idea de devolver el edificio a su propósito original.

Tuvieron suerte. En primer lugar porque el edificio se había mantenido en relativamente buen estado (entonces era empleado para almacenar productos lácteos), y en segundo lugar, porque el propietario quería terminar la relación con la empresa que operaba los almacenes. En 2010, se firmaron los contratos y se estrecharon las manos. La inversión total para poner en marcha la cervecería sería de 40 millones CZK (unos 1,6 millones EUR entonces). A diferencia de no pocas cervecerías nuevas, el financiamiento no provino de una campaña de crowdfunding o de subvenciones gubernamentales o de la UE. Una parte provino de préstamos, el resto, de dos inversores privados—amigos, que siguen siendo copropietarios.

La llovizna se ha puesto muy molesta y no tiene intención alguna de irse a otro lado. Agarramos los vasos y vamos adentro, al restaurante de la cervecería, que funciona en la antigua maltería construida en 1711, la parte más vieja del complejo.

Cuando nos sentamos a su mesa favorita, Štěpán y Lucie se disculpan, tienen que atender al encargado del restaurante—el Chef va a dejarlos y necesitan solucionar el tema de su reemplazo. Los Tkadlec manejan también el restaurante. Lucie me explica que lo tienen bajo una empresa filial para poder tener mejor control sobre la contabilidad, y agrega que prácticamente no genera ganancia. Le va de maravillas los fines de semana, en especial en primavera y verano, pero durante la semana va muy poca gente—algo que puedo atestiguar. Pero jamás se les ocurriría cerrar5lo. Para ellos es una parte importante de la cervecería, y no solo como un escaparate para sus productos. Cada año venden ahí 1.000 hl de cerveza, la mitad en botellas PET, pero hay otros lugares como Vzorkovna, el café de la Biblioteca Técnica Nacional, Pražán (en Výstaviště Praha Holešovice) y Kavárna Liberál que venden todavía más.

Ya desde el principio, Štěpán y Lucka querían que la cervecería fuese más que una empresa que elabora y vende cerveza. Su intención era convertirla en una parte integral de la comunidad, el pueblo de Únětice. Encontraron un fan en el alcalde, Vladimír Vytiska, quien les dio un apoyo total una vez que hubo conocido a los cuatro dueños y lo que tenían en mente.

Casi como si hubiese estado esperando el pié—es un músico y miembro de la compañía de Divádlo Sklep—el Sr. Vytiska se une a nuestra mesa para tomar un par de cervezas. Jarra en mano, me cuenta que le había encantado la idea de restaurar la cervecería. De hecho, es algo sobre lo que había pensado ya en la década de 1990, pero sin ningún resultado. El edificio de la cervecería fue una de las propiedades que el estado puso en venta en la Gran Privatización luego de la caída del régimen Comunista, y las municipalidades no tenían permitido tomar parte de las licitaciones; aunque, él también admite que el momento probablemente no habría sido el adecuado para una cervecería como esta.

El papel que Únětický Pivovar juega en la comunidad puede verse claramente en Posvicení la feria de la parroquia local que tiene lugar mañana en el patio y los viejos establos de la cervecería, a la cual voy a asistir como todos los años, y no tanto por la Lager de centeno elaborada especialmente para la ocasión, sino por la atmósfera (y también para ver al alcalde tocar el ukelele).

Una de las cosas que verdaderamente me sorprendió fue lo rápido que la cervecería fue puesta en marcha. Habían tomado posesión de los edificios en noviembre de 2010 y en mayo del año siguiente ya estaban elaborando la cerveza que sería servida en la inauguración en junio.

Fue casi cuestión de vida o muerte, me explican. Al no tener otra fuente de financiación, tenían que llegar a la temporada de verano desde el principio para al menos poder sobrevivir ese primer año. Fue muy duro, fue una locura, pero cuando vieron la multitud juntándose en el patio el día de la inauguración, sintieron que todo había valido la pena.
Y tuvieron razón. Ese primer año elaboraron unos 2.500 hl, y les tomaría apenas tres para llegar a los 10.000 hl/año que marcan el límite para ser legalmente un minipivovar. Gran parte de ello fue gracias a mucho trabajo de ventas—salir a ofrecer el producto y la cervecería—pero hubieron veces que la cerveza por sí misma fue capaz de presentar un argumento convincente. Cuando les pregunté cómo habían sido capaces de meter sus cervezas tan relativamente rápido en hospody de vieja escuela como U Pětníka, me contaron que habían tratado varias veces de hablar con el dueño—que también es propietario de Na Urale y Na Slamníku—pero el personal no quería saber nada. Ya habían prácticamente perdido las esperanzas cuando un día el tipo este pasó en bicicleta por la cervecería, paró a tomarse una en el bar y decidió que sus pubs tenían que vender esas cervezas.

En la actualidad Únětický Pivovar emplea casi 30 personas (incluyendo el personal del restaurante), la mayoría vecinos o de las localidades cercanas. El año pasado elaboraron 12.000 hl y este año esperan sacar 12.5 o 13 mil. Si bien Lucie tira la cifra de 20.000 hl para un futuro no muy lejano, no parecen ver al crecimiento como un objetivo por sí mismo, sino más bien como un resultado. Dicho esto, el equipo de cocción ya está que revienta, y pronto van a tener que decidir qué hacer: agregar una o dos ollas más o reemplazarlo por uno de 50 hl (el actual es de 25 hl). Una cosa sí es segura, no tienen ninguna intención de alterar su enfoque a la cerveza: 10° y 12° seguirán siendo las únicas cervezas elaboradas durante todo el año, complementadas por un puñado de cervezas estacionales.

No sería posible terminar la entrevista sin hablar de Vladimír Černohorský, el primer Maestro Cervecero de Únětický Pivovar, fallecido hace un año. El primer encuentro de Lucie y Štěpán con esta gran (y muy extrañada) personalidad del mundillo cervecero checo fue un clásico: Černohorský los recibió diciendo que admiraba a gente que prefería comprar una cervecería en lugar de un Lamborghini; y la cosa mejoró a partir de ahí. Ivan Chramosil, que hace poco se jubiló después de más de cuatro décadas en U Fleku, se ha unido al equipo, intentando llenar un poco el vacío dejado por Vladimír. Él diseñó la receta de la excelente Desítka de Aniversario servida en mayo. El día a día de la producción, sin embargo, está a cargo de Jan Lumbert, un tipo muy macanudo que no es ningún novato tampoco. Antes de venir a Únětice (localidad en donde vive), había trabajado 13 años como maestro cervecero en Staropramen.

Mientras empezamos a intercambiar anécdotas sobre nuestro común amigo Černohorský, otra gente se une a la mesa y la entrevista es ya del todo otra sesión en un bar, con la charla yendo de acá para allá y amistades siendo establecidas y reforzadas, mientras Štěpán llena en la cava de lagerización un Mazák de cobre con Posvícenský Speciál, la lager de centeno de 11.5° que será pinchada mañana; y todo sigue hasta pasada la hora de cierre. (Por suerte para mí, una de las camareras se ofreció a llevarme en auto, de otro se me habría complicado llegar a casa).
No voy a dármelas de observador objetivo. Tengo una relación especial con Únětický Pivovar que va mucho más allá de la cerveza. Se lo mucho que Lucka y Štěpán se han esforzado para llegar a donde están hoy, y creo que lo mismo podría decirse de todos los que trabajan allí. Su éxito es más que merecido.

Na Zdraví!

9/7/16

Fuera de Tema o ¿Habría que Prohibir la Cerveza?


El otro día, la gente de Cerveza Artesana llamó a sus seguidores de Facebook y de su página web a que firmen una petición para que la Unión Europea esencialmente prohíba al glifosato, el herbicida de más amplio uso en el mundo, si no me equivoco.

El argumento para ello es que el glifosato es una sustancia supuestamente cencerígena, de acuerdo a la clasificación de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (International Agency for Research on Cancer – IARC), que la incluye en la Categoría 2A – Cancerígenos Probables, junto con las carnes rojas, el mate consumido a más de 65°C y ser peluquero, entre otras cosas.

Lo curioso de esto es que esa misma lista incluye en la Categoría 1 – Cancerígenos Conocidos, junto con fumar, la carpintería, el plutonio y los escapes de motores diésel, al producto que Cerveza Artesana activamente promueve ya desde su mismo nombre: las bebidas alcohólicas.

No es mi intención con esto acusar a esta gente de hipócrita, no tengo motivos para creer que lo son, pero sí son víctimas de la ignorancia. En su llamado no hacen más que copiar y pegar los cansinos argumentos de una campaña de miedo, sin cuestionarlos y mucho menos corroborar la información. De otro modo, dudo que habrían mencionado la lista del IARC. No solo porque indica que el producto cuyo consumo ellos fomentan es “más peligroso” que el producto que quieren se prohíba, sino porque habrían estado al tanto de que la Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura han declarado oficialmente y de manera conjunta que es improbable que el glifosato suponga un riesgo cancerígeno para los seres humanos por exposición a través de los alimentos. (el .pdf de la declaración en inglés se descargar aquí).

El problema es que el significado de la lista de la IARC no es tenido en cuenta, o ha sido directamente tergiversado, en gran parte como resultado del hambre de los medios por titulares bombásticos que generen tráfico para sus sitios web—el llamado clickbait. Pero, tal como este este video en inglés lo explica de una manera muy clara y didáctica, lo que las categorías de la lista indican son más que nada riesgos hipotéticos: si se cumplen ciertas condiciones (nivel de exposición, dosis, etc.) este producto/sustancia/actividad se sabe es cancerígeno, es probablemente o posiblemente cancerígeno, no se ha podido determinar que lo sea, probablemente no lo es. Para poner un ejemplo claro: un par de birritas después del laburo, o un pucho después de un polvo no significa que vayamos a desarrollar algún tipo de cáncer; al igual que comer un pan elaborado con harina de trigo transgénico rociado con Roundup.

Pero el sensacionalismo no reconoce lógica. Hace unos meses, el mundo se sacudió al enterarse que restos de glifosato habían sido encontrados en las 14 marcas de cerveza más populares de Alemania. ¡Horror!

Claro, si nos ponemos a leer el artículo debajo del titular apocalíptico o buscar un poco más de información (pero quién tiene tiempo para eso cuando hay tantos selfis para hacer), nos encontramos con una realidad completamente diferente. El divulgador científico Kevin Folta hace un muy buen análisis del tema: las concentraciones de glifosato detectadas en las cervezas van de los 0,46 µg/l a los 29,74 µg/l (microgramos por litro). En otras palabras, hay gente que pretende que nos asustemos por la presencia de dosis insignificantes de un “cancerígeno probable” en un producto que contiene 50.000.000 µg/l de un “cancerígeno conocido”.

En serio, dejémonos de joder un poco, si a pesar de todas las muertes causadas por el alcohol, no tenemos problemas en aceptar el hecho de que su consumo moderado no significa un riesgo para la salud—y hasta creemos que es saludable—¿por qué le tenemos miedo a una sustancia que ha probado ser eficaz y segura si la emplea tal como se indica?

Na Zdraví!

PD: A veces me pregunto si la campaña contra el glifosato (un producto ya no sujeto a patente) no es orquestada y financiada por algún fabricante, o propietario de la patente, de algún pesticida orgánico. (¿vieron? proponer una teoría conspirativa es muy fácil. Ahora es solo cuestión de esperar que Monsanto me envíe los honorarios por Bitcoin).

31/5/16

Sobre abstinencia, ritual y apatía


Sentía que había estado tomando un poco demasiado en las semanas anteriores—más de lo habitual, que también es un tanto demasiado. Estaba pensando en tomarme unos días, quizás una semana, sin escabio después de Vysmolení (en donde, a propósito, la de superputabombamadre. Gracias a la gente de Černoskotelecký Pivovár por dejarme pasar la noche en la cervecería, como todos los años—y en esta oportunidad por haberme llevado a la cama). La resaca jurásica con la que me levanté al día siguiente hizo que la decisión sea muy fácil.

Para ser sincero, no sé qué era lo que esperaba del intento, pero no fue difícil; para nada. Sí, hubieron momentos en los que tuve ganas de birra, en especial mientras preparaba la cena, pero eran efímeros; como si de repente me diese cuenta de que algo faltaba en el ritual alquímico de transmutar productos e ingredientes en algo mayor a la suma de sus partes, solo para ver que no era tan importante; su ausencia no afectaría el resultado.

Para el tercer día, creo, lo que sentía no era sed ni ganas; era apatía. Mi interés en la cerveza no era mayor al de cualquier otro tema sobre el que me gusta leer. Puede que haya sido un mecanismo de defensa—no podés tener ganas de algo que no te interesa (ayudó también el tener una semana bastante ocupada que no dejó tiempo para ir de bares. Aunque sí pasé por el frente de un par de mis viejos favoritos, sin sentirme tentado a entrar). En todo caso, no estaba contando las horas o días que había pasado sin una gota/hasta que volvería a saborear una cerveza.

Pero no completé la semana. Teníamos un viaje a Ríp planeado para el sábado pasado con las familias de algunos de los compañeritos de clase de mi hija. Estuvo bueno, a pesar de la presencia de demasiados pendejos (más de uno, es demasiado, la verdad).

Luego de haber caminado un par de kilómetros entre campos, desde la estación de tren de Ctiněves, subimos la legendaria colina desde el lado más empinado. Fui el primero en hacer cumbre (suena grandioso, pero son apenas un poco más de 450 m de alto). En la cima, hay una oportunidad perdida que hace las veces de aguadero; un lugar operado por mechupaunhuevistas profesionales que saben que la gente que llega hasta ahí va a comer y tomar cualquier porquería que le vendan (aunque para darles crédito, los precios son más que razonables). Al acercarme, me dije “¡qué mierda!” Había probado ser capaz de pasar varios días sin escabio sin sufrir ninguna consecuencia por ello, y fui a comprar una cerveza. Habría sido un pecado no hacerlo—algunos rituales deben ser observados a pleno.

La cerveza que tienen es Bakalář (quizás porque la consiguen más barata que otras, o porque es la única dispuesta a hacer entregas ahí), servida en vaso de plástico, por supuesto. Luego de esperar pacientemente en la cola, recibí mi velká 11° y encontré un lugar debajo de un árbol para sentarme y disfrutar de mi recompensa.

Una bosta. Los grifos no se ven desde la ventana, pero juzgando por la apariencia de la espuma, mi birra no fue servida de un tirón, y apostaría que una buena era el goteo de otras anteriores por el barril hacía demasiada espuma; todo dispensado desde grifos que dudo sean limpiados con la frecuencia que deberían.

La terminé, tenía mucha sed y necesitaba tomar algo que no sea agua mineral, pero no tuve ganas de tomar otra, en lugar de ello, compré un helado. Sí, era así chota: después de una semana de ni siquiera oler cerveza y de haber caminado varios kilómetros y escalado una colina en el medio de un día cálido y húmedo, no tuve ganas de tomar otra birra.

Pero el día no terminó ahí.

Luego de una simpática situación con el tren de vuelta a Vraňany, en donde habíamos dejado el auto (el tren que estábamos esperando en Vraždov se había roto, pero el maquinista nos vino a buscar con un autobús que nos llevó a otra estación, en donde puso en marcha otro tren para que podamos ir a nuestro destino), el día siguió en la casa de una de las familias del grupo. Cuando paró de llover, fuimos al jardín e hicimos una fogata para asar špekáčky, mientras los purretes jugaban. El anfitrión fue al pub local a buscar cerveza con un par de botellas de plástico. Me ofrecieron un poco, lo acepté con gusto; más por buena educación que por ganas—de nuevo, el ritual. Esta vez se trataba de Svijany Fanda, que estaba bien, pero después de terminar la porción chica que me habían dado, ni se me pasó por la cabeza tomar otra—la apatía se había vuelto a hacer cargo.

Entre entonces (sábado a la noche) y ahora (tardecita del lunes), solo he tomado una de las botellas UzenejŽitnýVideňák (alias Mad Max, la cerveza que Pivovarský Dům elaboró según mi receta, o idea) que hacía 10 días estaban ocupando espacio en la heladera, mientras miraba una película ayer a la noche; casi de manera ritual.

¿Qué es lo que me quedó de todo esto? No sé. No tomar por algunos días está bien—y seguro que mi hígado lo agradece—pero tampoco es motivo alguno de orgullo. A lo mejor, lo que descubrí que, al menos para mí, la cerveza es más que nada una parte de un ritual: cocinar, la cena, una recompensa, un accesorio de una reunión social. Aunque, pensándolo bien, nada nuevo.

Na Zdraví!

13/5/16

Recordatorio para el Próximo Sábado 21/5


Este sábado 21 de mayo, Černokostelecký Pivovár será el escenario de la quinta edición de Vysmolení, uno de los dos únicos festivales cerveceros locales a los que me gusta ir (el otro es el evento hermano, Vysmolení, en septiembre). Tiene prácticamente todo lo que creo un buen festival cervecero debería tener:
  • Entrada libre y gratuita (¿pagar una entrada para poder comprar cerveza? ¡Játejoder!)
  • Una relativamente limitada pero bien elegida gama de cervezas, varias dispensadas de barriles de madera.
  • Todas las cervezas están disponibles en porciones de medio litro, para tomar con ganas.
  • Vasos de plástico para los prefieren ahorrarse la inconveniencia de un vaso de vidrio, mientras que los que no tienen problema con ello pueden comprar uno en el lugar, o traer el propio (marcado).
  • No hay mucho amontonamiento y el lugar es espectacular y al aire libre.
  • La música no empieza sino hasta la media tarde, y como ya estás medio alegrón, no molesta.

Además de todo ello, podés ver maestros toneleros practicando su arte y visitar la fábrica, que está en las últimas fases de reconstrucción.

Como todos los años, estoy muy entusiasmado. Pasar el día entero tomando buena birra entre amigos es siempre un gran placer. Nos vemos.

Na Zdraví!

6/5/16

Pilsner Urquell Busca Nuevo Dueño


No debo haber sido el único que el año pasado exclamó “¡'taqueloparió!” al enterarse que la misma gente que cagó Staropramen (y otras marcas en varios países) serían los dueños de la cerveza insignia de la República Checa.

¡Ya no hay qué temer!

Como me imagino muchos sabrán ya, a fin de satisfacer las demandas de esos molestos reguladores de la UE, ABIB se ha comprometido a vender unidades en Europa del Este, entre las cuales se encuentra Plzeňský Prazdroj (parece que Grolsch, Peroni y Meantime no alcanzaron).

Lo que me resulta más interesante es que esto es prácticamente igual a lo que ABIB hizo en 2009 cuando vendieron un paquete de cervecerías en Europa del Este que incluía a Staropramen (lo cual tuvo lugar un año después de la fusión con AB y, si mal no me acuerdo, más o menos cuando empezaron a circular los rumores sobre el interés de ABIB en SAB-Miller. No puede tratarse de una coincidencia).

Esto no debería sorprender a nadie. El mercado cervecero en esta región está estancado, en el mejor de los casos, debido, en parte, a una población que envejece, y, salvo un par de excepciones, no tiene marcas con valor alguno fuera de sus respectivos patios—“cuántas ganas tengo de tomar una botella de esa famosa Lager genérica húngara”, es algo que jamás nadie ha dicho. Los brasileños están atrás de los mercados de los países en desarrollo, que todavía tienen un enorme potencial de crecimiento.

La pregunta es quién va a comprar el paquete. Las otras macros europeas—MC, Heineken y Carlsberg—están descartadas; a menos que estén dispuestas a desinvertir en la misma región, lo cual dudo. Las apuestas parecen favorecer ya sea a Asahi, que ya se han comprometido a comprar Peroni et al, o a un fondo de inversión, como en 2009.

Cuando se dio a conocer la noticia de la mega-fusión, algunos (entre los que me incluyo) empezaron a especular si el nuevo conglomerado cerraría alguna de las cuatro fábricas que Prazdroj opera, con Kozel siendo el candidato más probable. No teníamos base sólida, solo que es lo que empresas de este tipo suelen hacer (pregúntenle a Heineken, por ejemplo). ¿Será este el caso con el eventual nuevo dueño?

Si me diesen a elegir, preferiría a Asahi. Son los más probables a quedarse por el largo plazo (y además ya están en el negocio de la cerveza), mientras que de un fondo de inversiones se puede esperar una reestructuración del paquete a fin de venderlo unos años más tarde, tal como hizo CVC.

Prepárense, se avecinan tiempos interesantes.

Na Zdraví!

PS: Me divierte mucho el contorsionismo mental de esos artesanáfilos que se enojan mucho, mucho cada vez que una Craft brewery es vendida a una macro, pero no ven problema alguno cuando otra pierde su calidad de “independiente” con un fondo de inversión.

19/4/16

Unas Birras Pascuales


Parte de la última Semana Santa la pasamos con los parientes de mi mujer en Strakonice. El domingo fuimos a Sušice, una localidad a unos 30 km. El tiempo estaba hermoso y el viaje fue muy agradable, como es de esperarse en las rutas secundarias de Bohemia del Sur.

Sušice es una ciudad bastante bonita, con un casco histórico bien conservado y un muy lindo parque en una isla del río Otava. Lamentablemente, era aun demasiado pronto en la temporada y el jardín cervecero estaba cerrado, de otro modo, habría sido perfecto (es un jardín cervecero como Perun manda, a la sombre de grandes árboles y no unas mesas en un estacionamiento).

Después de pasear y soltar al perro por un rato, fuimos hacia el centro a buscar un lugar donde comer. Elegimos un restaurante en la plaza, porque sí, Restaurace Gloria. Sin nada que destacar, ubicado en un sótano abovedado. Tenía pinta de ser un lugar que en algún momento tuvo ambiciones que jamás se materializaron. La comida estaba bien, ni más ni menos, y tenían Svijany de barril.

Cuando empecé con esto de escribir sobre cerveza, hace ya una década, el solo ver un cartel de Svijany era suficiente como para entusiasmarme. Mucho ha cambiado desde entonces; la cervecería, creo, ha duplicado su tamaño, y no sin algunos dolores de crecimiento. Se dice que empezaron a usar HGB para compensar por la falta de capacidad, mientras se expandían físicamente. En todo caso, perdí interés en sus cervezas y, de tomarlas casi todos los días—al menos la 12°—hoy solo las elijo si no hay nada mejor a mano—como en este caso.

El camarero se equivocó con la primera birra que pedí y me trajo Kněžna, la cerveza oscura de Svijany. No me acuerdo cuando fue la última vez que la había tomado, pero incluso cuando Svijany era mi cervecería favorita, no me gustaba mucho—demasiado dulce. ¡Vaya sorpresa! Totalmente diferente a lo que me acordaba. Más chocolate y torrado y menos caramelo. ¿Habrán dejado de usar sacarina para hacerla? Le siguió 450, una cerveza que lanzaron hace dos años, para celebrar el (supuesto) 450 aniversario de la cervecería, elaborada con lúpulos Saaz de su propia plantación. La había tomado una sola vez y me pareció medio pedorra. No esta vez. Estaba muy rica, una Světlý Ležák sacada de un manual de elaboración: chispeante, fresca, limpia, con el cuerpo correcto y el suficiente carácter como para quedarse con algo de tu atención. Quizás es hora de revisar a Svijany, pensé cuando dejábamos el restaurante.

Luego de una escala rápida en un café, también en la plaza, cruzamos el río en dirección a (?), una loma con vistas fantásticas a la ciudad y la campiña circundante.

Pocos metros luego de haber cruzado el puente, vi un cartel indicando la dirección a un “minipivovar a restaurace”, uno del cual nunca había oído.

Cuando empecé con esto de escribir sobre cerveza, hace ya una década, si ver un cartel de Svijany era suficiente como para entusiasmarme, encontrarme de casualidad con un brewpub del cual no sabía me habría causado un frenesí extático. Aunque, ahora que lo pienso, no sé que tan probable habría sido entonces encontrarme de casualidad con un brewpub del cual no sabía. Las micro-cervecerías eran relativamente pocas, y seguro habría investigado un poco antes de ir a cualquier lado (y habría hecho todo lo posible para timonear el viaje en dirección a una cervecería). Pero las cosas han cambiado, mucho. Dejé de prestarle atención a las noticias sobre nuevas cervecerías ya hace algunos años; no solo porque es casi imposible mantenerse al día—parece que cada semana hay una cervecería nueva—pero también porque ya estoy algo desencantado con ello.

Habiendo dicho todo esto, todavía queda algo del ticker en mí y no había modo de que pasase por enfrente de una cervecería sin tomarme por lo menos una, y quizás poner algunas botellas en la mochila.

Pivovar U Švelchů abrió en 2014. El pub tiene muy linda pinta, con mucha madera y, en general, un estilo que, si bien moderno, no va a quedar obsoleto en un par de años. Estaba también mucho más animado que el restaurante en donde habíamos comido, y me hizo lamentar no haber hecho los deberes; almorzar acá habría tenido más onda, pensé, hasta que tomé su Světlý Ležák. Una cagada esa cerveza: demasiado carbonada, dulce donde debería ser amarga y amarga donde debería ser dulce, vacía en el medio y con una pizca de cable quemado para añadir complejidad. Tenían otras tres cervezas pinchadas, incluyendo una IPA (claro), y algunas más en botella; no me molesté con ellas. Si son capaces de ofrecerme una Světlý Ležák como la gente, me cago en el resto.

Pero para ser sincero, es muy posible que haya tenido mala suerte. De haber ido una semana antes o después me podría haber encontrado con cerveza buena, o hasta fantástica. Es la lotería de las micros, y parece que muchos dueños están satisfechos; en tanto la gente siga comprando, no tienen motivos para preocuparse, o mejorar, quizás.

Minipivovary como este son lo que te hacen valorar muchos más a las marcas regionales, en especial que se han vuelto algo tan común. No son chetas ni innovadoras y les cuesta mantenerse al ritmo de las nuevas tendencias—si es que se molestan—pero en su mayoría siguen siendo fiables y asequibles, un refugio tanto de la europivo como de las lottery ležák y las IČE sobrevaloradas. Se merecen más reconocimiento.

Na Zdraví!

Restaurace Gloria
49°13'54.089"N, 13°31'11.310"E
Nám. Svobody 6 – Sušice
+420 608 246 869 – info@voky.cz
Lun-Dom: 10-22

Pivovar U Švelchů
49°13'44.886"N, 13°31'27.045"E
Nuželická 25 – Sušice
+420 725 840 119 – info@pivovarsusice.cz
Lun-Jue: 10-22, Vie-Sáb: 10-23, Dom: 10-21

21/3/16

Reseña de Vuelta a las Raíces: Pivovar Narodní y Pivovar U Dobřenských


A menos que alguien me dé motivo para lo contrario, tengo como política personal esperar como mínimo seis meses antes decidir si le voy a dar mi dinero a una nueva cervecería. Mis días de cazador de novedades han quedado en el pasado y quiero tener algún grado de certeza when compro una cerveza; en el mercado hay suficiente buena birra como para perder el tiempo financiando bosta.

Ese plazo ya ha pasado (hace uno o dos meses, en realidad) y, sin tener razón alguna para lo contrario, decidí que darme una vuelta por Pivovar Narodní y Pivovar U Dobřenských; ambos, brewpubs haciendo cerveza Ciudad Vieja de Praga desde el verano pasado.

Pivovar Narodní abrió en realidad en la primavera, prácticamente al lado del Teatro Nacional, pero les tomaría un par de veces más darle vida al macerador. No serían demasiado cándidos al respecto, las cervezas que vendían provenían de Kácov; si se trataba de productos hechos a pedido o re-etiquetados nunca quedó demasiado claro. El equipo de cocción, por otro lado, es originario del ya cerrado brewpub de Průhonice, y creo que el paquete incluyó al maestro cervecero.

Pero aquí me encuentro, en las tempranas horas de una tarde martes lluviosa de fines de invierno. Los interiores tienen una marcada influencia de la escuela Potrefená Husa de diseño interior, pero tipo que funciona, incluso con el escaparate de souvenirs al lado de la puerta. Puede que sea la parrilla a leña (¿o carbón?) que domina el salón. El bar también está al lado de la entrada, pero no tiene dónde sentarse. El único lugar para tomar una birra al paso es un barril parado, debajo de las escaleras que llevan al loft. Hay otro salón, más aburrido, más adentro y atrás hay un muy lindo jardín cervecero—cerrado, por supuesto.

Hay bastante gente para esta hora en un día de semana—muchos son locales—y la mayoría no está tomando cerveza (hay un grupo de cinco jóvenes que hablan en alemán, todos tomando Coca-Cola). Poder pedir mi primera birra tarda un poco demasiado. Hay un solo camarero de turno, y parece que todo el mundo llegó más o menos al mismo tiempo.

Son tres las cervezas de barril o, mejor dicho, dos y media: una Světlá 11° en versión filtrada y sin filtrar y una Polotmavá 13°; las únicas tres cervezas que hacen, y todas vendidas en esas putas porciones de 400 ml.

Pido primero la 11° filtrada, preguntándome por qué un brewpub se molesta en filtrar, y cuál de las dos versiones se vende mejor. En todo caso, lo que me traen no es lo que llamaría una buena cerveza. Está servida muy, muy fría, tanto que casi me anestesia la punta de la lengua, y empiezo a sospechar que no es por accidente: hay una nota suave pero persistente que me recuerda a cerveza de una botella PET que nunca vio el interior de una heladera, comprada una tarde de verano en una Večerka vietnamita. Prefiero no saber la forma que asumirá una vez que agarre temperatura.

Le sigue la versión más cruda. La verdad que no noto una gran diferencia en la apariencia, pero sabe mejor, y no está tan fría. No obstante, hay algo que no está del todo bien. Me siento como si escuchase una orquesta sinfónica con un flautista fuera de tiempo; a diferencia del Dr. Lecter, no puedo determinar cuál. Puede que sea la nota discordante de la cerveza anterior todavía colgada de mi paladar.

Cierro la sesión con la Polotmavá 13°. A diferencia de las otras dos, no le encuentro nada malo. Tampoco nada notablemente bueno. Es el equivalente en cerveza a un veterano empleado bancario que ya hace rato le chupa todo un huevo y solo hace lo mínimo indispensable para mantener el laburo.

Una experiencia en general poco satisfactoria. Estoy seguro que a Pivovar Nardoní mal no le va a ir mal: la comida que vi tenía buena pinta, el servicio terminó siendo bueno, los precios son razonables y tienen una ubicación de primera. Sin embargo, para mí es un boliche redundante. Para este tipo de cervezas prefiero ir a los relativamente cercanos Vinohradský Pivovar o Bašta, en donde voy a poder tomar una porción entera de mejor cerveza a mejor precio, o incluso al casi vecino U Medvídku.

Esperemos que U Dobřenských sea mejor. Tiene que serlo, es bastante más caro.

Pivovar U Dobřenských funciona en el local que supo ocupar un pub de nombre similar, pero de muy corta vida, que servía Kout na Šumavě, en la calle del mismo nombre que, por algún motivo, siempre tengo problema para encontrar. Al igual que Narodní, les tomaría uno o dos meses para poner en marcha la fábrica. A diferencia de Narodní, no cabía duda de que las cervezas que ofrecían eran las suyas y no las de otros con una camisa nueva.

Lo que destaca a esta cervecería es el uso de ingredientes no convencionales en todos sus productos, pero no a estilo Opat—productos ya terminados, saborizados con extractos o jarabes—sino que de veras usan esos ingredientes en la cocción: tribulus terrestris, salvia y espino amarillo. El precio es también algo que la destaca: dependiendo de la cerveza, 65 y 72 CZK por putas porciones de 400 ml—alrededor de 80 y 90 CZK por medio litro. Creía que era la cervecería más cara, hasta que vi la carta actualizada de Strahov.

El pub en sí es más de mi gusto. La verdad que es hermoso. Techos abovedados con ladrillo a la vista, hierro forjado, el equipo de cocción y los tanques y los grifos hechos a medida, y una hogar crean muy bonito ambiente para sentarse, al menos en la parte de adelante. El salón de atrás, con más mesas, es un poco soso en comparación.

Los únicos presentes cuando llego son un grifero y un grupo de cuatro, del cual dos parecen ser los dueños o alguien asociado al dueño, hablando de negocios—se menciona a Matuška y Hendrych en relación a un bar o un café, pero no puedo concentrarme en la conversación, el excelente Jazz que están pasando insiste en apropiarse de mi atención. Lo único que sí me sorprende es que fumar está permitido en este salón.

Arranco la sesión con la cerveza de espino amarillo, la primera en la lista. Recibo un vaso con un líquido tan turbio que en algunos lados se lo consideraría Verdadera Cerveza Artesanal. El menú ofrecedatos sobre los yuyos empleados, que quizás incluyen notas de cata, pero me abstengo de leerlo. Quiero ir ciego, confiando en mis sentidos y no lo en los ajenos. Hay una nota ligeramente ácida que presumo proviene de las bayas. Está bien balanceada, pero la cerveza no me deja contento. Necesita pulido; aunque es posible que me hayan servido el fondo de un barril. En cualquier caso, por esta guita estaba esperando algo mejor que una elaboración casera.

La siguiente en la lista es Tribulus, la más cara del montón y la cerveza insignia de la casa. Se ve mucho mejor que la anterior: más o menos el mismo color, pero mucho más límpida. No tengo la más puta idea del sabor de esta hierba, pero si me diesen la cerveza a ciegas, probablemente creería se trata de una Pale Ale de laguna denominación u otra elaborada con un varietal de lúpulo con el cual no estoy familiarizado. En otras palabras, no sabe a té helado con alcohol sino a cerveza, a una excelente. Es hermosa, brinca llena de alegría, encantada de conocerte y de ponerse a tu servicio. Una verdadera belleza.

Esto me deja con la Stout con salvia. Stout no es el estilo más aromático, y a la hierba la conozco bien (la cultivamos en el jardín y la uso mucho para cocinar), así que no me cuesta encontrarla cuando acerco la nariz al vaso. Es un aroma relativamente intenso, pero al mismo tiempo bajo control. En el paladar, por suerte, todo tiene un balance perfecto, aunque más precario. No los voy a aburrir con notas de cata, para darse una idea de cómo es esta birra, sírvanse una buena Stout, froten unas hojas de salvia con los dedos e imagínense todo eso junto, pero mejor. Es una cerveza musculosa y masculina, como un herrero. La podría tomar todo el día y no me cansaría.

Como Tribulus, Salvia Stout se ve y se siente como el producto de un Maestro Cervecero que sabe lo que hace y no tiene miedo de demostrarlo.

Si bien había oído buenos comentarios sobre las cervezas, sus precios (y porciones) me desalentaron a venir antes, pero debo decir que al final fue plata muy bien gastada (al menos en dos de tres), lo cual es mucho más de lo que puedo decir sobre Narodní. Voy a volver a Pivovar U Dobřenských y les recomiendo que vayan.

Na Zdraví!

Pivovar Narodní
50°4'53.031"N, 14°24'56.807"E
Narodní 8 – Praha-Nové Město
+420 222 544 932 – pivovar@pivovarnarodni.cz
Lun-Dom: 11-23:30
Trams: 6, 9, 17, 18, 22 – Narodní Dívadlo

Pivovar U Dobřenských
50°5'2.632"N, 14°24'56.012"E
U Dobřenských 3 – Praha-Staré Město
+420 222 222 141 – info@pivovarudobrenskych.cz
Lun-Dom: 14-24
Trams: 6, 9, 17, 18, 22 – Narodní Dívadlo

PS: Sepan disculpar la falta de fotos. Dejé la cámara en casa, si quieren ver algunas, vayan a las páginas de los brewpubs.

14/3/16

El Desafío del Tranvía (5): Nákladové nádraží Žižkov - Perunova - I.P. Pavlova


¡La concha de la lora!

Sabía que el destino eventualmente me llevaría de vuelta a una de las paradas en las que ya he estado, pero esperaba que no sea tan pronto; y encima a Perunova! (y todavía estoy erutando el sótano de U Kozla).

El problema acá, que no tuve en cuenta en mi primera vuelta, es que las paradas están muy cerca unas de otras, incluyendo las de Vinohradská, lo cual me limita todavía más (de hecho, me mandé un moco cuando fui a Restaurace Orion, pero ya es tarde para hacerse problema).

El boliche más cercano es un Rock Bar que solo vende Pilsner Urquell en medidas de 0,4l. Prefiero una porción entera de Staropramen, que es lo que voy a terminar haciendo, en U Michála.

Tiene la pinta del tipo de boliche que probablemente evitaría, incluso si fuese el único en el pueblo. No solo por la marca que vende, es feíto. Es bastante chico, con una decoración involuntariamente minimalista; como si se hubiesen mudado hace poco y estuviesen esperando que les traigan algunas cajas.

Habiendo dicho todo eso, el boliche está casi lleno, con un animado grupete de cincuentaipicos (a mis cuarentaipico, ser el más joven en un grupo me produce un placer irracional).

Me siento al bar y pido una Světlý (bien servida, hay que decir). Los otros tíos posados ahí la están pasando bastante bien. El que está al lado mío está contando una anécdota de cuando él y su amigote estuvieron en Austria y escabiaron hasta ser los últimos en quedar de pié, en los tempos en los que los soudruzi todavía llevaban la batuta. ¿Se acuerda este tipo del sabor de ese escabio? ¿Le importaba en ese momento el significado de ir de copas allí, o ir a Austria era para él otro día en el laburo? Son cosas que me encantaría saber, pero que jamás me atrevería a preguntarle a un extraño; y escuchar la conversación tampoco me ayuda ya que se ha ido por otros, todavía etílicos, caminos.

El bar sigue siendo feo, pero a esta gente no le importa. A mí también dejó de importarme, pero no me pinta quedarme a tomar otra birra; me siente un poco como colado en una fiesta. Pago y vuelvo a la parada del tranvía.

¿Pueden creerlo? Estoy yendo a I.P. Pavolvá, de nuevo. Pero esta vez sé a dónde voy a ir.

Si la memoria no me falla, Pivní Mapa abrió hace algo más de dos años, con 45 grifos. Nunca me molesté en ir, pero pasé por el local un par de veces. No era mucho más grande que mi living y tenía toda la pinta de un local de kebab para llevar. Según lo que me contaron (pero nunca confirmé), la idea era que los clientes vendrían a que les llenen botellas para llevarlas a casa, para compensar por el tamaño del lugar. En los papeles, es una idea que podría decirse interesante; lamentablemente, sin embargo, la ubicación es una bosta, casi en la esquina de Legerová y Anglická, una zona con muy poco tráfico peatonal, en donde ni siquiera podés parar el auto. Para sorpresa de nadie, la rotación terminó siendo mucho menos de la ideal (incluso cuando solamente funcionaban 30 de los 45 grifos) y no le tomó mucho en empezar a ser comparado con U Radnice.

Lo que sí me sorprendió fue enterarme que seguía abierto; bueno, más o menos. El local que si no me equivoco ocuparon ha sido convertido en un estudio de cocinas. El único rastro de su existencia es el logo en un pizarrón a lado de la entrada de un bar becino, Sklípek U Munků, también adornada con un cartel de Bakalař.

Si es de hecho Pivní Mapa—y par ser sinceros, no estoy seguro*—sus ambiciones son mucho más realistas: seis cervezas de barril (aunque parece que otros días tienen más). El boliche en sí está en un sótano profundo y me hace acordar a un restaurante en un hotel 3 estrellas de ciudad chica. A excepción de la dueña, una señora Rusa de cuarentaitantos, y la mujer con la que está cerrando una reunión de trabajo, el local está vacío (y muy silencioso, lo único que se oye es el zumbido de un equipo de refrigeración y alguien en la cocina picando verduras). A pesar de que abrió hace ya más de media hora, tengo buenos motivos para creer que soy el primer parroquiano del día. Decir que mis expectativas son bajas, es expersar lo obvio.

La lista de cervezas incluye nombres que me habrían entusiasmado mucho cuando empecé a bloguear: Primátor, Litovel, Bakalař, Beroun. Elijo Bakalař 12° y cruzo los dedos.

¡La puta, qué buena está esta birra! A la temperatura justa, bien tirada luego de haber enjuagado los tubos y remojado el vaso, fresca y quirúrgicamente limpia; una Světlý Ležák sacada de un manual de elaboración cervecera. La mejor cerveza que he tomado hasta ahora en este juego.

Encendieron la música, Pop genérico del tipo más soso e inofensivo (que, cabe decir, se lleva bien con la decoración), y sigo estando solo (si no se tiene en cuenta el libro que estoy leyendo, Cannabis a History, por Martin Booth). Pero estoy de buen humor, tan bueno que se me ha despertado el espíritu de aventura y en lugar de pedir otra Bakalař, elijo Berounský medvěd tmavý 13°. Como la anterior, en excelente forma, y una ganga a 30 CZK el medio litro.

Dos chabones, rusos o ucranianos, llegan mientras escurro las últimas gotas de mi cerveza oscura y hacen que me pregunte cómo es este boliche a la noche, y qué tipo de gente lo frecuenta. En todo caso, ha sido una verdadera sorpresa y un más que bienvenido cambio, al menos cerveceramente hablando. Voy a tener que darme otra vuelta algún día.

Na Zdraví!

Kafé Bar U Michála
50°4'30.685"N, 14°27'9.266"E
Korunní 86 – Praha-Vinohrady
+420 605 869 351 – michal.synek@gmail.com
Lun-Vie: 8-23, Sáb-Dom: 14-23

Pivní Mapa
50°4'36.310"N, 14°25'50.220"E
Legerova 76 – Praha-Vinohrady
+420 721 250 180 – info@pivnimapa.eu
Lun-Vie: 14-23, Sáb-Dom: 15-23

(*) La página web original de Pivní Mapa anunció en su momento la mudanza a U Munků. Creo que debería prestar atención a este tipo de cosas. Aunque, por otro lado, nadie me paga por eso.

11/3/16

Fiesta de Quince Cervecera


Černokostelecký Pivovár los invita a todos a la celebración de su 15º aniversario el próximo sábado 19/3, y, si andan por acá, no se lo deberían perder. En Serio.
Lo que esta gente ha hecho es simplemente fantástico. 15 años atrás se hicieron cargo de las ruinas de una cervecería que los Comunistas cerraron en la década de 1980, y desde entonces la han estado restaurando lenta, cuidadosa y meticulosamente.

A diferencia de la mayoría de las “cerverías fénix”, Černokostelecký Pivovár es una de las pocas en donde el equipo de cocción no fue convertido en chatarra luego haber cerrado. ¿Y lo mejor de eso? Podría decirse que es el corazón de las tareas de restauración y que pronto (¿este año, quizás, Vodouch?) debería volver a la vida. Ahora, tengan en cuenta que este no es el equipito automatizado y computarizado con el que se pueden encontrar en casi todas las microcervecerías modernas. No, es un mamotreto de 160 hl alimentado a leña o carbón con dos bandejas de refrigeración de 80 hl bajo el techo, y lo van a usar para hacer cerveza. Hasta un cínico hijo de puta como yo tiene que reconocer que lo que motiva a esta gente es algo más que el deseo de llevar adelante un emprendimiento exitoso, y la mejor palabra que se me ocurre es “pasión”.
Las bandejas enfriadoras, que se espera funcionen sin problemas.
De todos modos, incluso si no pueden ir a la fiesta del sábado que viene, traten de algún día de darse una vuelta por Černokostelecký Pivovár. Créanme que no lo van a lamentar. Para cualquier con un mínimo interés sobre la cerveza y su historia, el museo hará que la visita bien valga la pena, y ni hablar de ver la fábrica restaurada; y el pub está muy bueno también, al igual que las cervezas de la microcervecería de la casa Minipivovar Šnajdr.

Na Zdraví!

Černokostelecký Pivovár
50°13'47.938"N, 14°5'19.052"E
Českobrodská 17 – Kostelec nad Černými lesy
+420 774 533 672 – spravce@pivovarkostelec.cz
Lun-Dom: 11-23
Bus: 381, 387 – Kostelec n.Č.l.-náměstí (desde Háje)

3/3/16

Una posdata


¡Pero me cayo en yo! ¿Cómo pude haberme olvidado mientras escribía la entrada de ayer? Me cayó la ficha cual sopapo de dama ofendida recién cuando estaba preparando la cena, y es la mejor evidencia para apoyar mi argumento de que en el discurso cervecero checo, minipivovar = Cerveza Artesana(l)/Craft Beer

¿Se acuerdan del truco marketinero de Gambrinus del año pasado? Con el falso Pivovar Patron, lo que Gambrinus quería demostrar (o al menos así lo afirman) era que, libre de prejuicios, sus cervezas eran tan buenas como la de los minipivovary.

Revisé la cobertura mediática de la campaña y no me fue posible encontrar una sola mención de řemeslné pivo(var), no siquiera en blogs o foros; minipivovary, en contraste, aparece en todos los artículos y entradas. Volví a ver también el el video oficial de la “gran revelación” en donde actoresconsumidores dicen que Patron es tan sabrosa como una cerveza de un malý pivovar.

Esto es prueba clara de que, incluso para los ilusionistas del marketing, mini/malý pivovar significa mucho más que tamaño; que los consumidores han investido a esas palabras con atributos equivalentes a los que en otros países disfruta la marca Artesana(l). Si son merecidos o no, eso ya es otra cuestión; las peores y más sobrevaloradas cervezas que he tomado en mi vida eran producto de Craft Breweries/Cervecerías Aresanas(les)/Minipivovary, así como las mejores.

Al fin y al cabo, sin embargo, no es nada más que marketing, en donde las palabras no son mucho más que algo que puede ser retorcido, estrujado y abusado en casi cualquier manera que pueda ser conveniente para lograr ventas.

Na Zdraví!

2/3/16

La redundancia de "Řemeselné pivo(var)"


Como alguien que se gana la vida con los idiomas y que le encanta jugar con ellos, casi me arranqué los pelos el otro día cuando leí la nota de prensa de Česká a Moravská Pivní Koruna. No debido a quiénes fueron los galardonados (aclaración: en enero, los organizadores me pidieron que nomine 10 minipivovaru, lo cual hice, y me invitaron a formar parte del jurado que elegiría a los ganadores, lo cual no pude aceptar, así que desconozco cuáles fueron los criterios aplicados; en todo caso, no viene al caso), pero debido a por lo que fueron premiados: ser los mejores Craft Pivovary del país.

¿Craft Pivovar? ¿Me están jodiendo?

Lo había oído mencionar en ciertos círculos cerveceros y siempre lo desestimé como “huevadas que dice la gente”. Esta es, sin embargo, la primera vez que lo veo impreso en “forma oficial”, pero eso no lo hace de ningún modo menos estúpido; por el contrario. Es también prueba de lo tonta y redundante que la denominación ”řemeselné pivovar” es y siempre ha sido.

La semana pasada, cuando comenté esto último en FB, Zemské Pivo discrepó en Twitter, lo que generó un prolongado, pero civilizado debate al respecto. No lo voy a enlazar, mucho menos empotrar (seguir una conversación vieja de Twitter es descorazonador, en especial cuando hay más de dos partes involucradas y se empiezan a revolear palabras precedidas por hashtag), les voy a explicar porqué creo que řemeselné pivovar es una pérdida de tiempo e inteligencia.

Es redundante porque en checo ya tenemos una denominación de amplio uso que funciona perfectamente: minipivovar. Zemské Pivo opina que no basta porque refiere solo al tamaño de una cervecería y no a su filosofía, enfoque o corazón, o lo que sea. Dejando a un lado la vaguedad de esas palabras, están equivocados. Hoy día, las hospody anuncian ”piva z minipivovarů” de la misma manera que “Craft Beer” (o “Cerveza Artesana(l)”, si lo prefieren) es anunciada en bares de otros países; lo cual veo como clara indicación que para el Honza promedio, minipivovar significa mucho más que una categoría de volumen de producción anual. Y en caso de que no sea lo suficientemente abarcadora, hay una alternativa. El otro día, el padre de una compañera de clase de mi hija me contaba que cuando va de viaje le gusta mucho visitar los soukromné pivovary locales (que puede ser traducido como “cervecerías independientes”). Lo he oído lo suficiente como para convencerme de que tiene el mismo significado que minipivovar, al menos para aquellos que puede no tengan idea de lo que significa IPA, pero aun así prefieren tomar algo que no sea Europivo. En contraste, no recuerdo haber visto un řemeselné pivo(var) en estado agreste.

Hay, a propósito, un detalle que los řemeselnistas parecen ignorar (o convenientemente olvidar): lo que aquí y en todo el mundo se entiende por la Tradicional Cerveza Checa no es el producto de iconoclastas idealistas cumpliendo su sueño de hacer del mundo un lugar mejor de a un půllitr a la vez, pero un retoño de la revolución industrial; el nacimiento de Pilsner Urquell, la más icónica de las cervezas checas, es un excelente ejemplo de ello. Pero no es por eso que creo que řemeselné pivovar es una tontería.

Lo que Zemské Pivo et al intentan hacer es forzar en el argot cervecero checo un concepto (a falta de una palabra mejor) que ha sido apropiado y degradado por diversos intereses corporativos y los ilusionistas del marketing, al punto que cada día son más los que se preguntan si alguna vez tuvo algún significado, solo porque creen que las palabras que los checos usan para describir lo mismo son demasiado objetivas y carentes de romanticismo. Incluso si compartiese esa opinión (que no es el caso), no vería ninguna necesidad de importar y traducir una etiqueta vacía cuando el idioma checo ya tiene una palabra que funcionaría de maravillas: Poctivé. Sé que hace unos años atrás la descarté, más o menos, pero más allá de eso, sigue siendo una palabra hermosa, y una que, a diferencia de řemeselné, no necesita de explicación alguna; todos saben lo que es Poctivé pivo. ¿Será ese el problema? Después de todo, es sabido que Craft/Artesana(l) ha sido blandida como una excusa para pobre consistencia e insuficiente arte y profesionalismo (además de precios inflados).

Pero qué sabré yo, no soy más que un choborra que opina demasiado.

Na Zdraví!

19/2/16

El Desafío del Tranvía (4): Strossmayerovo nám - Lipánska - Nákladové nádraží Žižkov


Cuando salí de U Divadla esperaba que el destino me ponga en el 17 a Trója, una parte de la ciudad que nunca he explorado, pero terminé en el 26 en camino a Lipánska. Al menos ya sé dónde voy a tomar la siguiente birra: Lavička.

A pesar de que siempre me ha gustado la pinta de este lugar desde afuera, nunca entré; ni siquiera lo tuve en cuenta para la 2ª Edición de la Guía Cervecera para Borrachines. No sé porqué.

El interior es más o menos lo que esperaba. Es un restaurante de cabo a rabo, no un pub. La decoración no lo deja en dudas, así como el bar casi oculto detrás del hogar; no tiene dónde sentarse y está bastante abarrotado, como si no esperasen (¿o quisiesen?) que alguien se pose en él. En resumen, un lindo boliche para traer a un cónyuge o pareja de larga data, pero no tanto para birrear con amigotes.

Todavía queda parte del público del almuerzo, y todos están muy letárgicos, a excepción de las dos mamínky y sus retoños—de muy buen comportamiento los cuatro—y un tipo furiosamente escribiendo en su celular lo que parece ser una novela corta, mientras su comida enfría debajo de sus narices. (a riesgo de quedar como un snob patético, esto es una prueba de lo poco que a algunos les importa la comida. No puedo creer que haya gente que le da más importancia a un mensaje de texto, o incluso una llamada, que a la comida que pidieron y van a pagar, pero cada uno tiene diferentes prioridades.)

La cerveza, Bernard Nefiltrovaná 12°, está en muy buena forma (mejor de lo que esperaba, teniendo en cuenta que casi nadie está tomando cerveza), solo les reprocho no haberla servido en un vaso remojado en agua fría, como es apropiado.

Lavička no es mi tipo de lugar, pero me imagino que a la patrona sí le gustaría. Lo tendré en cuenta, en especial en verano, parece que tienen un lindo patio.

Ha empezado a llover, esa llovizna bajo la cual es muy agradable caminar, en especial en una ciudad. Pero no puedo darme el gusto, soy un hombre en una misión… ¿Dónde oí eso? No importa, tengo que tomar el tranvía. Esta vez es el 9 a Nákladové nádraží Žižkov.

La verdad, no hay mucho de donde elegir. Un tugurio con Staropramen y un Činské Bistro con Samson al lado de la parada. Me parece que voy a tener que ir a U Kozla, en Basilejské nám.

¡No! Todavía no. Voy a explorar un poco las calles secundarias a ver si tengo suerte, y si no, por lo menos voy a haber dado la caminata que tanto quería.

No me encontré con ningún bar (me gustaría hablar con quienquiera haya sido que dijo que Žižkov tiene la más alta concentración de bares en… algún lado). Pero no me quejo, el paseo estuvo lindo y estoy de buen ánimo para una cerveza.

Esta sí que es una hospoda. Salón con bar a la entrada—con una mesa para štamgasty—y el comedor, subdivido, atrás. Todo es reconfortantemente anticuado. A excepción de algunas de las botellas exhibidas a lo largo de las paredes recubiertas de madera (hay una de cerveza de trigo sarraceno de Eslovenia, nunca había visto algo así), dudo que la decoración haya cambiado mucho en el último cuarto de siglo—incluyendo a lo manteles feos y el mozo con corte mullet que solo toma pedidos de comida (hay otro para las bebidas). Solo me gustaría que las ventanas no fuesen esmeriladas, el tiempo está perfecto para ver pasar al mundo mientras se toma despacio una cerveza.

La clientela está conformada por un grupo bastante diverso: hombres y mujeres de edades y condiciones sociales diferentes, y no veo a nadie con la geta pegada a una pantallita, como si la atmósfera del bar les hubiese hecho los amos electrónicos que llevan en bolsos y bolsillos. El mozo recitando con mucha paciencia, y de memoria, el menú del día a un cliente ciego contribuye a la onda de rioba que me está haciendo sentir tan cómodo.

Es una lástima que no puedo elogiar la cerveza.

No me doy cuenta que hay algo mal con ella sino después de haber pedido la segunda, cuando eruté. Los eructos son una herramienta menospreciada para evaluar lo que yo he dado en llamar el pos-retrogusto de una cerveza. Por ejemplo, me gustan mucho los eructos de una IPA limpia y aromática. En este casi, sin embargo, el pos-retrogusto evoca abrir la puerta y entrar a un sótano profundo y mal ventilado de un edificio viejo. No me acuerdo cuándo fue la última vez que tomé Kozel Světlý, pero dudo que sea la cerveza; algún problema con las líneas de dispensado me imagino debe ser la causa más probable, en cuyo caso pedir alguna de las otras cervezas de barril no sería sensato. Una pena, estaba disfrutando de este boliche.

Hora de irse, me parece

Na Zdraví!

Restaurace Lavička
50°5'3.961"N, 14°27'5.107"E
Seifertova 77 – Praha-Žižkov
+420 222 221 350 - zahradni@restaurace-lavicka.cz
Lun-Sun: 11-23

U Kozla
50°5'14.561"N, 14°28'10.942"E
Jana Želivského 4 – Praha-Žižkov
+420 222 580 405
Lun-Sun: 11-23

1/2/16

El Desafío del Tranvía (3): Chotkový Sady - Hlavní Nádraží - Strossmayerovo nám.


No sé para qué me puse la campera, me la tengo que volver a sacar antes de llegar a la parada Chotkový sady; es increíble lo mucho que ha cambiado el tiempo.

Acaba de llegar un tranvía a la parada. Podría agarrarlo. Empiezo a caminar un poco más rápido, hasta estiro el brazo esperando que el conductor me vea y espere un poquito. Pero no. Las puertas se me cierran casi en la cara y el tranvía se va. Voy a tener que esperar a otro. ¡Mirá! ¡Ya llegó uno! Antes de que pueda terminar de escribir esta oración.

Es el 5 y mi siguiente destino es Hlavní Nádraží. La estación es, por supuesto, donde voy a tomar la siguiente birra.

Paso por en frente de Potrefená Husa sin siquiera bajar un cambio. Por un, efímero, momento se me ocurre subir a Fantová Kavárna, que reabrió el verano pasado después de varios años después de varios años y amplias reformas. Pero sigo hasta el final de hall, hasta Krušovická Šalanda.

Adentro es muy cadenoso; lo cual no sorprende a nadie. Pero de algún modo encaja en el ecosistema de una estación de tren, en donde los parroquianos son más que nada transitorios. Pero hay algo de onda, gracias, en gran parte, al grupo de metaleros que se apropiaron de la pecera para fumadores. La mayoría está tomando cerveza, pero despacio, tranqui; no como se podría esperar del estereotipo.

A menudo decimos que la cerveza junta a la gente y sin embargo, dudo que a la mayoría del grupo le estén prestando más atención a la cerveza que están tomando que a las sillas en donde están sentados. Es la música lo que los ha juntado. ¿La música junta a la gente? ¿La comida? ¿El porno alemán con enanos? No, es la gente que junta a la gente. Tendemos a gravitar hacia aquellos con tenemos intereses comunes porque sabemos que vamos a tener algo fácil y seguro de qué hablar, y más interesante que el tiempo. Estoy convencido que la mayoría de la gente se siente incómoda si no tienen nada que decir cuando están en compañía de otros, como si le tuviesen miedo a su propio silencio, o a la pregunta “¿estás bien?”. Quizás sea por eso que es tan habitual ver grupos entrando juntos a un bar, restaurante o café, sólo para meter la geta en sus teléfonos tan pronto como tienen los culos en la silla, sino antes.

El servicio es rápido y simpático. La cerveza, por otro lado, está demasiado fría; sospechosamente fría, aunque no parece tener nada de malo una que toma temperatura hacia el final, y pido otra para estar seguro.

Me está gustando acá. Hay un lindo bochinchito y hasta la música, la típica playlist de radio pop compuesta en su mayoría por one-hit wonders de hace un par de décadas, no me molesta. Los precios también están sorprendentemente dentro de lo razonable. No es un lugar al que vendría deliberadamente, pero está lo suficientemente bien para llegar a la estación una birra más temprano la próxima vez que tenga que tomar el tren.

Una cosa que noto cuando pago con tarjeta, y no por primera vez: la camarera muy rápidamente saltea la pantalla que sugiere una propina antes de pasarme la terminal para que apoye la tarjeta y se va con una sonrisa tan pronto la transacción es autorizada; y no creo que espere que deje plata en la mesa, hablé con ella en checo todo el tiempo. Me pregunto que dirían sobre esto aquellos que se escandalizaron con un comentario que hice hace unos años sobre las propinas.

Tengo 50% de probabilidades de terminar en una parada sin ningún boliche cerca. Eso no está bien y es algo que no tuve en cuenta al empezar este juego y me pregunto cuántas paradas así hay. Pero tengo suerte, no me voy a tener que preocupar de eso hoy, el 26 que me va a llevar a Strossmayerovo nám. está llegando.

El viaje es corto pero con algo de entretenimiento a bordo. La mujer sentada en el asiento de adelante al mío es compartiendo con alguien en el teléfono (y con todos los demás en el tranvía, parece) las vicisitudes de un polvito que se echó, pero después de la chanchada, y cuando el amor de su noche empezó a ocuparle toda la cama. Tengo ganas de decir algo, pero antes de poder hacerlo, me tengo que bajar.

Recorrí este barrio bastante durante el trabajo de campo para la Guía Cervecera para Borrachines, lo cual me ha dejado escaso en opciones, si voy a seguir al pié de la letra las reglas de este juego. Me detengo por un rato y me acuerdo de ese bar a la vuelta de la esquina. Creo que ahí es donde me está esperando la siguiente cerveza.

¡Aha! No está a la vuelta de esta esquina, sino de la otra, en Fárskeho; una pequeña falla en mi GPS mental. Y helo allí, U Divadla.

Es tan bolichonoso como el otro era cadenoso. No se ha reparado mucho en la decoración, o, mejor dicho, a nadie cobró un montón de guita para convencer a un grupo de ejecutivos que este es el tono correcto de beige para las mesas.

Los últimos miembros del público del almuerzo están vaciando sus platos y sus copas, pero una parte del pub sigue sin fumar. Ahí es dond eme siento, en un lugar con buena vista al bar.

Pido Gambáč y al mozo/grifero no parece importarle que no voy a comer nada. La cerveza viene rápido y sabe fresca y bien tirada. Es toda la atención que me hace falta prestarle. ¡Ah! La belleza de tomar una cerveza que conocés bien, una vez que se ha determinado que está en buenas condiciones, te podés dedicar a algo más estimulante como la compañía, que en mi caso es Galilee. Estoy en las últimas páginas, y ha mejorado un tanto luego de que la historia empezó a enfocarse un poco más en los Barbarrosa y menos en los Geary. Me había olvidado casi todo del final, que es abierto (me acuerdo que Cliver Barker mencionó en una entrevista una segunda parte, pero nunca más oí de ella), y me gusta más por ello. A veces, está quedarse con algunas preguntas sin respuesta.

El mozo/grifero me mira desde el bar justo cuando apoyo el jarro vacío en la mesa. Me muestra el pulgar y yo asiento. El intercambio no verbal resulta, por supuesto, en un segundo jarro para reemplazar el vacío, el cual a su vez será seguido de un tercero un rato más tarde. He decidido que quiero terminar el libro, y me gusta acá. Esta es una buena hospoda (tal como hospody con una mesa para štamgasty suelen ser), una en donde me siento cómodo y que incluso en las primeras horas de la tarde tiene una linda onda de rrioba. Tengo que volver algún día.

Pero la última página ha sido leída y la última birra ha sido bebida. Es hora de partir y ver a dónde me va a llevar DPP ahora.

Na Zdraví!

Krušovická Šalanda
50°5'0.799"N, 14°26'3.023"E
Hlavní nádraží – Praha-Vinohrady
+420 774 439 430 – 157.salanda@autogrill.net
Lun-Dom desde las 7

U Divadla
50°5'58.975"N, 14°26'7.813"E
Pplk. Sochora 9 – Praha-Holešovice
+420 774 713 141 – udivadla@gmail.com
Lun-Vie: 10-23, Sáb-Dom: 11-23

28/1/16

Duerman tranquilos, Ležák está segura


El público general puede dar un respiro de alivio, su identidad cultural está a salvo de los ruines burócratas. Al mismo tiempo, los frikis y elaboradores locales pueden ir a dormir tranquilos sabiendo que la nomenclatura cervecera checa ya no será objeto de burla internacional una vez que la nueva legislación haya entrado en vigor. El el punto más polémico del proyecto de enmienda del Reglamento nro. 335/1997 del Ministerio de Agricultura de la República Checa ha sido resuelto.

Se ha acordado que Ležák seguría existiendo como categoría, pero solo reservada a cervezas de fermentación baja, tal y como Dios y Praotec Čech lo quisieron, mientras que el resto será indicado como Plné Pivo—siempre para cervezas de 11 a 12,9° Plato.

En una conferencia de prensa el martes pasado, representantes de la Asociación Checa de Micro-Cervecerías (Českomoravský svaz minipivovarů – ČMSMP) explicaron que este y otros cambios serán un reflejo más fiel de la imagen actual del mercado cervecero local, y agregaron que, a fin de mantenerse al paso de la evolución del mercado, se pueden esperar más enmiendas en el futuro cercano.

Es un objetivo que comparto y por lo tango me gustaría contribuir con algunas ideas para las futuras enmiendas:

Výčepní pivo como nombre para una categoría ha quedado obsoleto. Desde 2009, la mayoría de la cerveza en la República Checa se toma de botella, y estoy estoy seguro de que alguien en algún lado se está riendo de la idea de láhvové výčepní pivo, al igual que sucedía con Ležák de fermentación alta. La legislación debería también atender esto. Mi primera opción para un nuevo nombre, Lahváč, presentaba dos problemas: por un lado, la gente ya no pediría “Výčepní”, sino “Lahváč” y el camarero podría traerles una botella en lugar de una cerveza de barril. Un mejor nombre entonces podría ser Chlastační pivo. Me parece que suena bien—Braník chlastační pivo světlý—y es muy correcto. Degustační pivo podría ser también considerado en lugar de Silné.

El nombre Plné pivo parece haber sido elegido un poco a las apuradas y es por ello, creo, que, además de dejar la puerta abierta a demasiados chistes fáciles, no expresa plenamente el contraste con Ležák. Para tal fin sugiero Stoják, Rychlák, Svrchňák o Ejlák.

Pero los cambios no deberían terminar ahí. La nomenclatura cervecera está poblada de inexactitudes, algunas de las cuales son casi ofensivas. India Pale Ale debería ser revisada. Además de que las IPAs modernas no tienen nada que ver con India, el nombre refiere también a la opresión y brutalidad del colonialismo. Sugiero Hop-forward Pale Ale o Indiscreet Pale Ale, si prefieren quedarse con la sigla. Imperial, como indicativo de más fuerte, presenta un problema similar. Este país no ha sido parte de un imperio por casi un siglo y además de ello, la palabra es contraria a los principios que forman los pilares de los valores europeos. Sugiero Democratic, Inclusive o Humanistic como alternativas.

Pero me estoy dejando llevar por el entusiasmo. Esta preocupación trasciende las fronteras de la cultura cervecera checa y por ende debería ser discutida en la escena internacional.

Na Zdraví!

25/1/16

El Desafío del Tranvía (2): I.P. Pavlova - Újezd - Chotkový Sady


Hay un tranvía en la parada (I.P. Pavlova, en caso de que te hayas perdido la primera entrega). Lo podría agarrar, pero no soy Bruce Springsteen—no he nacido para correr. Y tampoco hace falta; cualquier tranvía me deja bien.

No tengo que esperar mucho hasta que llega uno, el 22 al centro. Trato de calcular dónde me voy a tener que bajar, pero no estoy del todo seguro si hay una parada entre Karlovo nám. y Národní tř. Sí, hay una. Újezd es entonces mi destino. Ya sé dónde voy a tomar mi siguiente cerveza.

Kampárium era uno de los lugares que quería visitar para la segunda edición de la Guía Cervecera para Borrachines. Al final no fui; no sé por qué—fiaca, probablemente. Ahora tengo una excusa para ver qué onda, y tomar algo de Polička, ya que estamos.

Sin contar el personal, está vacío. Ambos camareros me saludan con una amplia sonrisa cuando entro y bajo la escalera, como si se alegrasen de ver a alguien que los saque de su embole.

No hay lugar para sentarse al bar. Hay bancos en la pared opuesta, pero esos estantes semicirculares (no se los puede llamar mesas) entre ellos pintan espantosamente incómodos. Elijo la mesa más cerca del bar y pido Hradební Tmavé. No tomo esa cerveza desde que Kaaba cerró hace casi dos años, estoy contento de volver a verla. El camarero, por otro lado, no parece estar muy contento de que no quiero nada de comer.

La cerveza tarda en llegar, y la espera no lo vale. Su carácter distintivamente “añejo” podría haber sido valorado por un bebedor de Porter en la Londres del s. XVIII, pero yo soy un bebedor de (más que nada) Lager en la Praga del s. XXI. Debería devolverla, pero no tengo ganas; no está en peor forma que la Gambrinus que tomé en Na Břežance. Voy a enterrar la geta en el libro y tratar de no prestar demasiada atención. (Para ser justos, cabe decir que el vaso fue muy bien lavado y enjuagado).

Estoy tentado a pedir la 15° de Dobruška que también tienen de barril, pero mejor no. No solo tengo miedo de que esté todavía peor que lo que estoy terminando, sino que ya no me quiero quedar acá. Este boliche es tan aburrido como la música que pasan, y tan ligeramente irritante como las flores artificiales que decoran el cielorraso. (En serio, ¿quién decora un techo abovedado con ladrillos a la vista con lotos de plástico? ¿Qué mensaje quieren dar? ¿Que el propietarios es una señora cincuentona, bochinchera, con algunos kilos de más, que lleva anillos dorados en todos sus dedos regordetes y tiene un peinado ridículo?). Pago y me voy, y me siento mejor por no haberme tomado la molestia de venir a Kampárium por el libro.

Újezd es un poco chota. Tiene tres direcciones, las paradas están lejos una de la otra y no hay buena visibilidad. Pero tengo suerte, antes de poder determinar dónde voy a tener que pararme, el 12 viene de Smíchov. Arranco al trote, no me lo quiero perder.

La ruta del 12 cambió hace un par de años, creo. Mejor así, de otro modo me habría tenido que bajar en Čechův Most, y esa parada sí que es una garompa. Ahora me voy a tener que bajar en Chotkový Sady, que tampoco está mucho mejor.

Si el tiempo estuviese más lindo, como para sentarse debajo de un árbol tomando birra en vaso de plástico, me metería in Letná, incluso si rompiese un poco las reglas, pero no lo está y me las voy a tener que arreglar con lo que tengo a mano: un restaurante italiano cuyo nombre no recuerdo o Café Pointa. Elijo el segundo a fuerza de que está más cerca.

Cheto el boliche; casi tan cheto como los parroquianos (que estoy seguro deben ganar en promedio bastante más que yo). Para dejar más en claro que yo no soy el público de este establecimiento, soy el único que está tomando cerveza, pero no es eso lo que en verdad me molesta (en serio, tengo 44 pirulos y tengo toda las dosis de muechupaunhuevadrix al día). Tardo un rato en darme cuenta qué es: las mesas están demasiado amontonadas, previniendo cualquier sensación de intimidad. Puedo oír demasiado claro cada una de las palabras de la conversación de la mesa de al lado, y no porque estén hablando en voz alta. Una de las presentes está hablando de toda la gente que conoce un una Municipalidad. Se que no debería estar escuchando, pero pero es imposible evitarlo.

Tampoco me quedo para una segunda vuelta. La cerveza, Pilsner Urquell, no está mal, pero me parece que la voy a pasar mejor en otro lugar, a pesar de que no sé dónde.

Kampárium
50°4'54.523"N, 14°24'20.932"E
Říční 9 – Praha-Malá Strana
+420 730 629 299 – kamparium@kamparium.cz
Lun-Sáb: 10:30-23, Dom: 11-22

Cafe Pointa
50°5'48.688"N, 14°24'27.105"E
Na valech 2 – Praha-Hradčany
+420 233 321 289 - info@cafepointa.cz
Lun-Vie: 9-22, Sáb-Dom: 9-21:30

18/1/16

El Desafío del Tranvía (1): Karlovo nám.- Perunova - I.P. Pavlova


Aquí estoy entonces, cruzando la calle a la parada Karlovo nám.–Moraň. Ansioso de empezar con el Desafío Cervecero en Tranvía.

Los techos y los árboles se aferran a aa nieve que cayó hace un par de días, como si se estuviesen regodeando en la sensación. Pronto, sin embargo, la nieve se derretirá y se convertirá en lo que muchos checos sin cariño y con razón llaman sračka. Mientras tanto, yo la disfruto (¿cuándo fue la última vez que nevó así? ¿El invierno pasado? No estoy seguro, ni tampoco del anterior.)

No tengo que esperar, veo un tranvía viniendo justo cuando piso la vereda: el 10 a Sídliště Ďáblice. Cuento las paradas; me voy a tener que bajar en Perunova. ¡Taqueloparió! Conozco a todos los bares por ahí, están en la guía (y los que no están, no valen la pena). ¡Pero…! Hay uno. Está un poco más lejos de lo que me gustaría, pero tampoco tengo demasiado de donde elegir.

Cuando empiezo a caminar cuesta abajo por Chorvatská me doy cuenta de que quizás esta no haya sido una gran idea. Para volver voy a tener que escalar la calle, en la vereda helada, con varios kilos de comida en la mochila. Y se sorprenden que no esté gordo.

Debo haber pasado miles de veces por Restaurace Orion en camino a Vršovice, y nunca se me ocurrió entrar, a pesar de que en verano la terraza tiene linda pinta. Lamentablemente, hoy no está el día como para sentarse afuera; voy a tener que ir adentro.

Es mucho más chico de lo que pensaba. No puede ser más ancho que un vagón de tren. No hay mucha gente (aunque dudo que este boliche pueda acomodar la suficiente cantidad de gente como para considerarse “mucha”, al menos no adentro). Tengo hambre y agarro una mesa en un rincón del salón principal. La lista cervecera es de convicción Gambrinus-Kozel-Urquell. Pido una Gambáč—es lo que todos están tomando—y queso feta frito con papas (que resulta ser una delicia).

La tele está encendida, pero no en un canal de deportes o música. Están pasando los últimos minutos de un documental sobre el naufragio de Costa Concordia. Es tan sensacionalista como se podría esperar. La única parte interesante está al final cuando hablan—muy brevemente—del proyecto para rescatar el naufragio (desde que trabajé en la construcción de una central termoeléctrica me fascinan los proyectos de ingeniería a gran escala). Otro documental arranca luego de una tanda; uno que no podría estar más fuera de lugar. Es sobre Lebensborn, el programa de la SS para que soldados arios garchen con chicas arias para producir bebés arios que conquistarían el mundo, o algo por el estilo. Es un tema serio que debe ser conocido, pero no es del tipo que uno quiere ver o escuchar mientras trata de disfrutar una birra; casi lamento que no tengan puesto MTV.

Después de terminar la segunda birra y pagar la cuenta, me despido, tratando de decidir si Orion me gustó o no. La cerveza y la comida estaban más que bien—mejor de lo que había esperado, quizás—pero el boliche no tiene mucha onda (y dudo que mejoraría más tarde en el día). Sin embargo, una vez que lleguen los días más cálidos, podría ser buen lugar para una birrita al aire libre—lo deberé tener en cuenta.

No importa cuál tranvía llegue primero, si el 10 o el 16 en cualquiera de las direcciones; ambos siguen la misma ruta, al menos la cantidad requerida de paradas, que ahora es cuatro.

Veo que se acerca un 10, que me va a llevar de vuelta hacia donde vine. Pero no todo el camino, me voy a tener que bajar en I.P. Pavlova.

No me pinta ir hasta U Graffů, en la plaza. Agarro Lublaňská. Hay un Pub “Irlandés” y uno con mucha pinta de trampa para turistas. No gracias, por duplicado y con sello oficial. Va a tener que ser el que está al final de la cuadra, con el cartel de Gambrinus.

Al igual que con Orion, debo haber pasado por Na Břežance una bocha de veces, pero nunca entré. Es hora de corregir eso.

Este boliche sí que está vivo, muy vivo; y lleno. Tengo suerte de encontrar una mesa en el salón principal. En el bar no hay luegar y el Salónek parece estar reservado para una reunión de ex-alumnos de algún liceo, clase 1917.

El servicio en Orion era medio pachorra; acá es rapidísimo y muy atento. No tardo nada en pedir la primera cerveza, Gambrinus 12° Neflitrované.

Antes de que llegue, noto a una mujer en una mesa cercana mirándome como si estuviese intentando acordarse de dónde me conoce, esperando estar equivocada. Me pone un poco nervioso, tengo que confesar. Trato de olvidarla leyendo mi libro: “Galilee”, de Clive Barker. (Lo estoy disfrutando menos que la primera vez que lo leí hace cosa de diez años. Parece un poco como si Neil Gaiman hubiese tratado de escribir una novela de Jackie Collins.)

A propósito, la cerveza: el paladar está dominado por una nota suave, pero implacable de el-motivo-por-el-cual-jamás-seré-fanático-de-las-Lambic. Quiero pedir algo distinto para el segundo plato, pero estoy leyendo cuando vacío el vaso—y sigo evitando la mirada de esa dama—y solo puedo asentirle a la camarera que me pregunta si quiero otra antes de que desaparezca con el vaso.

La verdad, no importa. La cerveza sigue siendo tomable, apenas (y la segunda está mejor), y me está gustando la onda acá en Na Břežance. No hay nada diferente o nuevo, nada notable, nada que no haya visto en innumerables otros pubs de la ciudad. Puede que el motivo sea la familiaridad; o que el boliche sigue lleno, y muy ruidoso. No hay ninguna tele a la vista, ni tampoco música que yo pueda oír; solo el sonido de gente pasándola bien. La mejor música que un pub puede tener.

Casi pido una tercera birra, pero tengo otras cosas que hacer. Otro día, quizás.

Restaurace Orion
50°4'26.674"N, 14°27'33.972"E
Říčanská 7 – Praha-Vinohrady
+420 702 806 632 – restorion@centrum.cz
Lun-Dom: 11-23

Na Břežance
50°4'26.618"N, 14°25'52.757"E
Lublaňská 49 – Praha Vinohrady
+420 222 514 124 – 222 514 124
Lin-Vie: 10-24, Sáb-Dom: 11-24