30/11/15

Cuatro birras mirando la tele en Kladno


Televisores en pubs. No son el santo de mi devoción. Los puedo tolerar cuando están sin sonido (uno puede ignorar las imágenes mejor que los sonidos, y la mayoría de los sonidos que salen de la tele es el equivalente acústico del efecto que una intoxicación alimentaria tiene en tus tripas) pero no demasiado. Y sin embargo, a veces que una tele encendida, incluso con sonido, puede ser una fuerza al servicio del bien.

El último local que visité para la segunda edición de Praga: Guía Cervecera Para Borrachines fue Starokladenský Pivovar. Era una tarde fría y lluviosa a principios de octubre; era mi primera visita en al menos cuatro años y hacía mucho que no veía las cervezas de esta micro en Praga, al menos no en los boliches que frecuento o en los que estuve durante el trabajo de campo para el libro. Tenía mucha curiosidad.

El lugar no había cambiado mucho, al menos no de una manera visible. Había pocos parroquianos a esa hora del día, y la mayoría estaba tomando Gambrinus, creo. Yo me senté al bar y pedí la desítka de la casa, ¡fantástica! Una verdadera delicia, tanto la primera como la segunda jarra.

La TV estaba en el Discovery Channel, o algo por el estilo. Un tipo se sentó al lado mío y pidió una Gambáč, justo cuando empezaba un programa—una carrera extrema en donde tres o cuatro equipos de cuatro hombres bien machos tienen que atravesar un terreno muy jodido. El tipo de programa que te hace parar el zapping una tarde aburrida de domingo, al menos por un rato.

El tipo sentado al lado mío y yo lo estábamos mirando, y él se da vuelta y con una gran sonrisa dice: “ty jsou magoři”. No podría haber estado más de acuerdo, lo cual inició la charla, un poco sobre aquellos magoři y otro poco sobre bueyes perdidos.

Fue una de esas conversaciones cortas y casuales que tienen lugar en pubs de todo el mundo, y que pueden hacer que una cerveza sea todavía más rica, ni más, ni menos.

Y a propósito, las tres cervezas que degusté tomé ahí—desítka, polotmavé and tmavé—estaban espectaculares, y cómicamente baratas; en serio, las cuatro pintas más los pasajes de bondi de ida y vuelta me salieron más baratos que tomar cuatro birras en no pocos pubs praguenses.

Na Zdraví!

17/11/15

La Ronda: Postureo en la Cerveza


Cerveriana invita la Ronda de este mes y quiere saber nuestra opinión sobre el postureo en la cerveza. Para ello hace una serie de preguntas que no leí porque no me gusta que me griten, continuaré, entonces, con lo que se me ocurra.

Voy a definir al “postureo” como el uso o la compra de un producto o marca no solo por su calidad intrínseca, sino también como un accesorio de un estilo de vida o para indicar la pertenencia del usuario a una tribu o estado social (real o no), etc.

Es algo que las empresas promueven con gusto para explotar esa necesidad y deseo que muchos tienen de ser parte de algo, o al menos ser vistos como tal. Es un recurso que puede ser muy efectivo a la hora de generar lealtad en el consumidor y es natural entonces que los empresarios del sector cervecero—tanto productores como vendedores y aledaños—también lo promuevan.

La resistencia y antipatía que a veces genera el postureo en la cerveza se debe, por un lado, a la imagen de la cerveza como bebida vulgar, barata; un refresco y no mucho más; tan prevalente aun que ha hecho que hasta periodistas gastronómicos declaren pelotudeces como: el champán se guarda para las grandes ocasiones y la cerveza sólo es el principio del camino del bebedor. Pero eso es algo que se aprende trago a trago; y por otro, y en mayor medida, a que el grueso del discurso ha sido plagiado del vino.

Catas, maridajes, notas de cata, degustaciones, la copa correcta, etc.—todo inventado por el vino—no es más que postureo que nos vende que solo a través de la adquisición de un conocimiento casi esotérico impartido por un puñado de iluminados comprenderemos el verdadero significado de Cultura Cervecera y seremos así capaces de disfrutar la bebida de la manera apropiada y en su máxima expresión.

Más allá de la opinión que cada uno tenga al respecto y de su contribución o no a la cultura cervecera (nota: soy contratado para moderar catas y maridajes, y por buena guita y lo hago con mucho gusto, pero me sigue pareciendo pura sanata), el problema para mí reside en que es muy forzado y casi vacío. Le falta esa mística y romanticismo característicos del vino, que la cerveza jamás tendrá.

El jugo de uvas fermentado está asociado de una manera más inmediata que la cerveza a la naturaleza y sus ciclos, a la tierra y sus tradiciones, en especial en aquellos países con tradiciones cerveceras pobres. El vitivinicultor cuida de los viñedos y supervisa él mismo la cosecha y la metamorfosis de esta en una bebida tan noble—o al menos así es como nos lo han vendido, tan exitosamente.

Mientras tanto, la gran mayoría de los fabricantes de cerveza adquiere los ingredientes a través de intermediarios y distribuidores; gente no participa del proceso productivo, solo mueven mercadería de un lugar a otro a cambio de un margen de ganancia—nada malo en ello, por el contrario, pero no hay mucho romanticismo o mística en un pedido por e-mail y un pago por transferencia bancaria. Y a pesar de ello, no son pocos los que nos siguen insistiendo, muy, muy serios, que la cerveza es una bebida sana, natural y fresca, tal como afirma Luis G. Balcells en el primer párrafo de su opus Cerveza – La Bebida de la Felicidad—que, dicho sea de paso, es bastante poco feliz.

Todo eso es postureo, falso y hueco. Pero funciona, a los unos, porque los hace sentir más especiales, sofisticados, parte de algo, y a los otros porque les ayuda a ganar más plata.

Pero al final del día, es solo cerveza.

Na Zdraví!