19/4/15

Popularidad, gustos personales y cultura cervecera


Hubo un tiempo, hace unos años, cuando parecía que Staropramen estaba mejorando. Fue cuando la marca de Smíchov se había convertido en la insignia de un puñado de cervecerías de Europa del Este que un fondo de inversiones belga le había a ABIB, y había decidido llamar Starbev.

No duró demasiado. En 2012, Starbev fue vendida a Molson-Coors y esos días pertenecen al pasado. Si es que fueron alguna vez realidad. Mi impresión puede haber sido producto de la ilusión o de haber tomado la cerveza en uno de esos cuándos-y-dóndes que hacen que todo sea más rico. Sea lo que sea, hoy me encuentro coincidiendo plenamente con la reseña de Staropramen Světlý publicada por Pivní Receze el otro día.

El comentario al final, por otro lado. Bueno...

Según Moro, el autor Staropramen je českou dvojkou na trhu – toto dosti vypovídá o pivní kultuře v našem státě. (Staropramen es segunda en el mercado checo, lo cual dice bastante sobre la cultura cervecera en nuestro país).

¿En serio?

Si Staropramen dice tanto sobre la cultura cervecera checa, me pregunto entonces qué es lo que Jupiler, Oettinger Pils y Carling Lager dicen sobre la cultura cervecera en Bélgica, Alemania y el Reino Unido, respectivamente. ¿Que son iguales a la checa, y la de todo el mundo?

Este mapa muestra las marcas más vendidas de cada país. Todas son lager rubias de producción masiva, del tipo que calificaríamos como sosas, sin carácter, sino directamente una mierda; propiedad de multinacionales en su gran mayoría, sino todas. Lo mismo que Staropramen. (La única excepción, Irlanda, ofrece una imagen distorsionada. según un comentario del Beer Nut en el blog de Stonch, las lager rubia se venden más que Guinness en una proproción de 3 a 1, pero el mercado está dividido entre varias marcas, todas grandes y multinacionales.)

¿Qué es lo que nos dice esto, que las culturas cerveceras locales distintivas no existen, que son solo un mito o algo especialmente preservado para turistas y románticos?

Eso sí que sería una flor de huevada.

La posición de Pivovary Staropramen como (distante) segundo en el mercado checo tiene poco y nada que ver con la cultura cervecera. Se debe a otros factores, y los más importantes, en mi opinión, son disponibilidad y hábitos de consumo.

No creo que haya un solo supermercado, samoška, večerka (vietnamská o no), smíšené zboží or nápojka en este país que no venda al menos una de las marcas de Pivovar Staropramen. Esto es muy importante, más aun hoy día que el 59% de la cerveza consumida en la República Checa es de botella (plástico y vidrio) y lata. Hay gente que a lo mejor prefiere otra—digamos mejor—marca, pero si no la encuentra cuando va a hacer la compra semanal a Kaufland o Albert, va comprar Staropramen, Braník, o algo por el estilo, porque son baratas y cumplen con lo que se espera de ellas—al igual que la mayoría de las otras cosas que tienen en el changuito. Sumemos a esto el aun sustancial número de bares, etc. que venden Staropramen, y la imagen es bastante clara para cualquiera que tenga ganas de verla.

¿Qué es lo que sacamos de esto entonces?

a) Que, a menos que estemos dispuestos a re-examinar el concepto mismo de “cultura cervecera”, lo que la popularidad de Staropramen nos dice de la checa es absolutamente un joraca.

b) Que los gustos y preferencias personales casi nunca ofrecen una buena base para observaciones más amplias.

Na Zdraví!