25/2/15

Sobre Untappd


Susana la de los 2d2 dio bastante que hablar cuando dijo en FB: “No me gusta nada el Untappd. No me gusta ni qué fomenta ni en qué consiste, consideraciones cerveceras aparte; y, además, creo que es tremendamente tóxico.”

A mí tampoco me gusta Untappd, porque:

No me gusta asignar ningún tipo de puntuación a una cerveza (o cualquier otro tipo de producto). Es más, lo veo absurdo. Por un lado, porque fuera del marco de una competencia no existe ningún parámetro objetivo para una puntuación, y por otro, y más importante, porque no soy un robot y mi opinión de una cerveza va a variar dependiendo del cuándo y el dónde la tome, y hasta de quién me la sirva.

No me gusta el consumismo y la mentalidad Pokemon que fomenta, en especial con los “badges”. Sé que el usuario es libre de ignorarlos, pero están allí y el concepto es contrario a la relación que hoy tengo con la cerveza.

No me gusta la manera en que desvirtúa el significado de “share” y “drink socially”. Decir que en Untappd se está compartiendo algo o se está bebiendo en sociedad, es casi como decir que al poner un comentario en un video de YouPorn se está participando de una orgía. Es solamente onanismo semi-público. Pero, para ser justos, es un producto de estos tiempos en donde para muchos una persona o cosa al otro lado de la línea telefónica o internética merece más atención que la persona al otro lado de la mesa.

Nada de esto significa que tengo algo en contra de Untappd, simplemente que no me gusta. Hay gente que lo encuentra útil y entretenido, y me parece bien, pero yo no y, por lo tanto, elijo no participar.

Dicho todo esto, no me parece justo criticarlo por fomentar la banalidad, no porque lo veo como algo que invita a la reflexión y al pensamiento profundo, sino porque la cerveza es, por naturaleza, algo banal. No tomamos cerveza para enriquecer nuestro intelecto o espíritu, o para hacer de nuestro mundo un mejor lugar donde vivir, la tomamos por placer y gratificación—sea este el placer sensorial, de su capacidad de intoxicarnos, de coleccionar chapitas, etc. Puede que elijamos alguna marca sobre otra por motivos ajenos a lo organloléptico, pero el hedonismo siempre prevalece—nadie va a comprar una cerveza que sabe le disgustará. Aunque cabe decir que para aquellos que, como Suana, viven de algún modo de la cerveza, el producto juega en su vida un papel que no es para nada banal.

Lo que sí me parece absolutamente fuera de lugar es afirmar, o incluso sugerir, que Untappd es algo tóxico.

Independientemente de mis gustos y opiniones, Untappd sigue siendo una plataforma que permite a los consumidores hacer públicas sus opiniones, y eso es algo que jamás debería considerarse tóxico, porque de otro modo también lo serían los blogs, los sitios como RateBeer, las redes sociales y cualquier otro tipo de foro público.

Si hay algo que podría considerarse tóxico para mí es la actitud de aquellas personas, en su mayoría habitantes del otro lado del mostrador, que se niegan a aceptar las reglas del juego—el que vende un producto lo está exponiendo a la crítica pública, y el que lo compra se hace acreedor del derecho de criticarlo de la manera y por los medios que considere más convenientes—y que fomentan una retórica “nosotros contra ellos” o insultan la inteligencia del consumidor, que me parecen mucho más nocivos que una crítica mala leche. Por suerte parecen ser cada vez menos, o al menos, cada vez más la gente que no los toma en serio, esperemos que la tendencia se mantenga.

Na Zdraví!

20/2/15

Mirá vos


Para ser sincero, dudo mucho que me molestaría en ir a Haštalský dědek si no fuese el único boliche en Praga en donde puedo cambiar los vouchers que Heineken me manda para sus cervezas estacionales. No es que haya algo particularmente malo en él (aunque ser recibido por una banda de sonido compuesta por una radio pop checa tampoco es algo particularmente bueno), pero, al igual que muchos otros restaurantes y bares en hoteles, parece más un artículo obligatorio que un negocio que podría, o debería, funcionar por sí mismo, algo que casi se puede respirar.

Pero allí estuve el otro día, voucher en mano, para mis dos jarras de Krušovice Kazbek Ležák. En realidad, no tenía planeado ir, pero mi programa cambió casi al último momento y me dije “por qué no”, después de todo, esta nueva cerveza me había despertado algo de curiosidad.

Puede ser que, más allá de la curiosidad, mis expectativas no hayan sido muy altas, pero esta lager rubia "monovarietal" me gustó mucho. Me encantó como usaron este todavía nuevo lúpulo checo (el cual me gusta describir como una versión más gruñona del Saaz): tal como corresponde para una Světlý Ležák, no gritaba como Ian Gillan en los años 70, sino que cantaba como Tom Waits en esos años. Muy agradable, en serio.

Pero vino la segunda jarra...

Pivo vaří sládek ale ho dělá hospodský es lo que declara la sabiduría cervecera checa, y con mucha razón. No importa tanto lo buena que una cerveza esté en la fábrica, sino lo buena que está en el vaso. Y no solo eso, la misma cerveza va a salir diferente en diferentes bares, algo que he vivido (¿o bebido?) en innumerables ocasiones. Pero el otro día, en Haštalský dědek, debe haber sido la primera vez que lo viví (¿o bebí?) en un mismo bar.

Al primer medio-litro lo sirvió un pibe joven de una tirada. La cerveza se veía perfecta—espuma blanca espesa que te daban ganas de comerla con cuchara—y así sabía. Antes de que la termine, el pibe este se fue a tomar una pausa (era temprano a la tarde y el lugar estaba casi vacío) y fue reemplazado por una chica con uñas esculpidas. Sirvió la birra en dos tiradas, dejando que la espuma se asiente por uno o dos minutos luego de la primera.

Ya no se veía tan bien. Había un poco de gasificación visible—en la primera no había nada—y la espuma tenía un aspecto más jabonoso. La cerveza en sí había cambiado también. Había perdido algo de su balance; todavía era Tom Waits, pero más Bone Machine que Closing Time.

A su modo, fue una experiencia muy interesante que me hizo dar cuenta de lo relativamente poco que se habla de este (en mi opinión el más importante) eslabón en la cadena de producción de cerveza, y que debería aprender más sobre él.

Na Zdraví!

PD: Gracias a Heineken.CZ for la gentileza.

13/2/15

Una reunión


Es algo que nos debe haber pasado a todos. Tenés un amigo, uno cercano incluso. Lo conocés desde hace años y han pasado mucho juntos, pero, entonces, la vida los empieza a separar. No parece haber ninguna razón puntual para ello; los dos siguen viviendo en la misma ciudad y niguno ha hecho nada que pueda haber hecho enojar al otro. De hecho, es probable que ni siquiera seas capaz de especificar cuándo fue que la cosa empezó a cambiar porque no te diste cuenta sino hasta que tu amigo volvió un status update más en Facebook, y ya no te acordás de cuándo fue la última vez que se sentaron juntos a tomar una birra.

Eso es más o menos lo que me pasó con Primátor Weizenbier, en su momento, una de mis cervezas favoritas, y la primera Weizen con la que desarrollé una relación (y relación con las cervezas de trigo no podría haber empezado peor). Me encantaba, la tomaba seguido, pero por algún motivo u otro, no soy capaz de decir cuál, se salió de mi rotación habitual. Pensé en ella a menudo, pero, al igual que una llamada o un e-mail a aquel amigo, siempre dejé comprar una botella o ir a algún lugar a tomarla para otro momento más conveniente que nunca pareció querer llegar.

Hasta el otro día.

Estaba en Vršovice haciendo el trabajo de campo para mi libro. Neklid era el siguiente boliche en la lista. Era temprano a la tarde y el lugar estaba casi vacío. Entré pensando en tomar una Únětické Pivo. No fue sino hasta que me saque la campera y me senté que me acordé que ahí solían tener Primátor Weizenbier de barril (hacía mucho que no venía). ¡Y todavía la tenían! Pedí una, por supuesto.
¡Estaba buenísima! Fue como encontrarse con ese viejo amigo en un bar que habías olvidado era de sus favoritos, y ambos notaron la presencia del otro exactamente al mismo tiempo. Nos pusimos un poco al día, y me hizo sentir muy bien, los recuerdos me hicieron sentir bien. Cada trago me hizo acordar de porqué esta cerveza siempre me había gustado tanto.

Tomé dos, me habría quedado por varias más si hubiese tenido tiempo. Tal como lo haría con ese amigo, nos despedimos prometiendo que de ahora en más intentaríamos encontrarnos más a menudo. Y es una promesa que he cumplido; invité a Primátor Weizenbier a casa después de quién sabe cuánto tiempo. Me hizo sentir bien también.

Hmmm... Creo que tengo una llamada telefónica pendiente...

Na Zdraví!

11/2/15

The Session #96 - Festivales


El amigo Birraire, en su manifestación angloparlante, aprovechando el inicio de la temporada (y estimo, también, su papel en la organización del Barcelona Beer Festival) convocó este mes a The Session con los festivales como tema, preguntando si son, o deberían ser, eventos para reunir a frikis o para promover la cerveza.

A continuación, les dejo la traducción de mi contribución:

Años atrás, podría haber respondido de otra manera, pero hoy los festivales son algo que ya no me entusiasma. No soy amigo de las multitudes ni de hacer cola, y no me gusta el tipo de consumismo que promueven, en especial los más grandes, que hacen alarde de cientos, sino miles de cervezas diferentes. No es que tenga algo en contra de ellos, sino que, al igual que con las películas románticas, no soy su público.

A los pocos, muy pocos, a los que voy, los elijo más por la atmósfera y la gente que sé voy a encontrar, que la cerveza; después de todo, cervezas buenas e interesantes es algo que puedo encontrar todos los días, casi sin esfuerzo alguno. En otras palabras, para mí un festival no es mucho más que un jardín cervecero glorificado.

Esta es, a propósito, la razón por la cual me niego terminantemente a pagar una entrada para un festival, ya sea abierta o encubierta. Bares y jardines cerveceros no cobran entrada por el privilegio de comprar cerveza, así que no veo por qué debería pagar por lo mismo en un festival. Una vez más, no estoy en contra del cobro de entrada en sí; los festivales son emprendimientos privados y los organizadores tendrán sus legítimos motivos para cobrar entrada, o no, no importa, porque de todas maneras no creo que vaya obtener ningún valor real a cambio de mi dinero.

En lo que respecta al papel que los festivales juegan; al no tener ninguna participación en la industria, solo puedo especular y es probable que mis conclusiones no sean correctas. Cada festival es diferente y los organizadores tendrán cada uno sus propios objetivos. Objetivos que para nosotros los consumidores no son, ni deberían ser, de nuestra incumbencia. No hemos asumido ninguno de los riesgos derivados de organizar un evento de este tipo, entonces no tenemos derecho a cuestionar su propósito.

Pero más allá de todo eso, y de los motivos que nos llevan a un festival (que a menudo implican tiempo y dinero para llegar hasta ahí), lo que todos verdaderamente queremos es pasarla bien; y en tanto el festival nos proporcione ese buen momento, su propósito, bien sea este promocionar una industria, dejar contentos a los frikis o lucrar con algo mientras está de moda es muy poco relevante.

Na Zdraví!

PS: No hago distinción entre festivales y ferias. De este lado del mostrador, la diferencia es más que nada organizativa. Ambos ofrecen básicamente lo mismo: un evento en donde por un tiempo limitado cervezas de varios productores están disponibles “bajo un mismo techo”.

8/2/15

Es Curioso (II)


El año pasado, hubo gente que se sintió agraviada por lo que un ejecutivo de Damm dijo sobre la cerveza marca “Artesana”, y algo parecido ocurrió el otro día con el (cabe decir muy buen) comercial de Budweiser. No puedo evitar pensar que es el mismo tipo de gente que propaga infogramas como estos dos:



Además de lo que dije, por ejemplo, acá, acá y acá, el único comentario que tengo sobre el infograma de la izquierda es me resulta gracioso que se critique a la globalización al tiempo que se celebran cosas como una IPA o Saison elaborada con maltas alemanas y lúpulos australianos, y que el cuarto punto compara peras con pizza.

En cuanto al de la derecha. Se lo podría desestimar como una pavadita en donde los diferentes estilos de cerveza casi que podrían ser reemplazados por tipos de chocolate, té o géneros cinematográficos sin necesidad de cambiar demasiado las descripciones, si no fuese lo que dice sobre Lager. Hace casi trece años que vivo acá, tomo lager todos los días (a propósito, las Pilsen también son lager), he visitado todo tipo de bares y establecimientos con despacho de bebidas y nunca fui testigo de una pelea, ni mucho participado en una (de hecho, la última vez que quise agarrarme a trompadas con alguien fue hace 20 años en un partido de basket).

Pero lo que verdaderamente me molesta de esto, no es lo que se dice, sino quién lo dice. Todos somos propensos a decir pelotudeces. Es inevitable, somos ignorantes con derecho a opinar y muchas veces tenemos inclinación a creer solo aquello que confirma nuestra visión del mundo; es más cómodo y reconfortante que preguntarnos si a lo mejor no estamos equivocados. Pero los que firman estos dos infogramas no son unos ignorantes cualquiera, son parte de la industria, se supone que saben de lo que hablan y que están bien al tanto de que lo que están diciendo ahí son pelotudeces por donde se las mire, en especial en el caso del gráfico de la izquierda—el de la derecha, después de todo es una broma, que me causa tanta gracia como darme cuenta que se me acabó el papel higiénico después de un garco particularmente untuoso.

¡Pero claro! Tonto de mí, si no es más que una estrategia de marketing. Es bien claro, entonces, qué es lo que esta empresa piensa de su público.

Na Zdraví!

PS: Es increíble que estamos ya en 2015 y que lo que dije en 2011 siga siendo igual de válido hoy como entonces.

2/2/15

Hostinec U Tunelů - Amor a primera vista


Amor a primera birra, es algo que me ha ocurrido en numerosas ocasiones. Saben de lo que hablo, entrás a un boliche por primera vez, sin saber muy bien qué esperar, pero cuando estás tomando la primera cerveza, te das cuenta que estás en el lugar correcto.

Amor a primera vista con un bar, sin embargo, eso es algo que no recuerdo que me haya pasado hasta que me tropecé con Hostinec U Tunelů hace un par de meses.

Había estado esa tarde en el Bajo Žižkov, investigando un poco para la segunda edición de La Guía Cervecera para Borrachines. Después de terminar en U Slovanské Lípy, en lugar de tomar el bondi o caminar hasta Florenc, decidí ir hasta Karlín por el túnel y luego tomar el tranvía hasta Dejvice en Sokolovská. Y allí lo encontré, tal como el nombre sugiere, justo al lado de la salida del túnel.

Había reemplazado hacía poco un bar del mismo nombre al que nunca me había sentido inclinado a visitar. Los carteles de Gambrinus que cubrían las grandes ventanas habían desaparecido, era ahora posible ver el interior, y era una belleza. Chic de Primera República por todos lados, y soy un fanático del Chic de Primera República. Gambáč también había desaparecido, reemplazada por Konrad, una cervecería regional de Bohemia del Norte que me gusta mucho.

¡Tenía que entrar! No podía resistirme. Me fijé en la hora; tenía tiempo para una birra rápida, quizás dos.

Entré. No me importó notar que no parecía haber un lugar para tomarse una na stojáka, en especial luego de ver la estufa a madera al lado del bar, con un par de cacerolas grandes y humeantes encima. ¡Sí! Estás en el lugar indicado, me dije.
Al ser un bar nuevo, a media tarde, no me sorprendió encontrarlo casi vacío, lo cual contribuyó a su encanto, es lo suficientemente pequeño como para que esa tranquilidad sea acogedora. Elegí una mesa en un rincón y le pedí una 12º a una camarera que vino tan pronto como me hube sentado.

Empecé entonces a prestarle atención a algunos detalles que hicieron que U Tunelů me guste todavía más: no había apoyavasos de cartón con el logo de Kornad, sino esos platitos gruesos de cerámica que eran la norma en los viejos tiempos; había un grifero, un tipo cuya labor principal es tirar cerveza y, seguramente, cuidarla también, al grifero tomando un jarro de vidrio grueso de medio litro (el cristal perfecto para este tipo de cerveza, y muchos otros) de una pileta llena de agua limpia y fría al lado de los grifos, y cómo llenaba ese jarro de una sola tirada.
La cerveza estaba rica, muy rica, por supuesto. Incluso antes de que me la trajesen, había decidido que no la tomaría rápido, y que no sería una. Llegaría a casa un poco más tarde de lo esperado, pero la patrona lo comprendería, estaba trabajando en el libro.

Todo iba de acuerdo al plan hasta que algo encendió una conversación con los dos alegres caballeros en la mesa vecina. Ya les conté qué es lo que suele pasar cuando alguien me pregunta de dónde soy. Lo mismo sucedió en esta ocasión, y pronto mis dos nuevos amigos insistieron en invitarme una birra cada uno.

Rehusarme habría sido de mala educación. Tampoco tuve demasiado conflicto con ello; ya casi que me había decidido a quedarme una birra más cuando pedí la segunda 12º, con una sopa para acompañarla (čočková, igual que la de mi babička, si hubiese tenido una babička checa que haga sopa de lentejas).
Terminé llegando a casa un par de horas más tarde de lo que había dicho, de muy buen humor, y muy entusiasmado con mi descubrimiento. La desaprobación de mi mujer duró hasta que empecé a preparar la cena (sin cortarme ningún dedo), mientras le contaba lo lindo que era ese boliche nuevo.

Volví a U Tunelů tan pronto como pude. Quería asegurarme que mi enamoramiento no era más que el resultado de las gafas cerveceras (había tomado ya cinco birras antes de aquella primera visita). No lo fue, el lugar es genial de cabo a rabo. Y es muy popular con los habitantes de las oficinas cercanas (no es de extrañarse, el limitado menú del día es tipo BBB, y lo mismo podría decirse de los platos para acompañar las cervezas, y el servicio es muy bueno también. He ido varias veces más (¡una vez hasta con la patrona!) y mi primera impresión se ha reforzado con cada visita. Este es un boliche bien hecho: de minimalismo cervecero, sin pretensiones, siguiendo la tendencia actual de ofrecer buena comida preparada con ingredientes frescos y de calidad, se siente clásico y creativo al mismo tiempo, además de ser increíblemente acogedor. Difícilmente se puede pedir más.

Na Zdraví!

Hostinec U Tunelů
50.0905706N, 14.4531067E
Thamová 1 – Praga 8-Karlín
+420 224 815 801 - utunelu@utunelu.cz
Lun-Sáb: 11-23
Metro B; Tranvías 3, 8 - Křižíková