2/6/15

Excursión de cumpleaños


Para su trigésimo-décimo cumpleaños, mi mujer decidió que hacer una fiesta en casa era demasiado quilombo y se le ocurrió que sería mejor ir hacer una excursión de un día, solamente nosotros tres (y el perro). Quería un lugar que no esté muy lejos, en donde preferentemente no hayamos estado, al menos no con nuestra hija, y podríamos hacer algo más que sentarnos todo el día en un bar (lamentablemente para mí).

Prachovské Skály cumplía con todos los requisitos. Este parque nacional en Český Ráj, cerca de Jičín está a algo más de una hora y media en auto desde casa; habíamos estado ahí una vez, pero hace casi 10 años, y hay otras cosas interesantes cerca.

Estaba lloviendo cuando me levanté temprano a la mañana, y el pronóstico para el resto del día no prometía nada bueno. Sin embargo, para cuando el resto de la familia se levantó, el sol le estaba pidiendo a las nubes de muy buena manera que se vayan a la mierda, y el clima terminó siendo caso perfecto para lo que teníamos planeado.

El viaje fue bastante lindo, más lindo cuanto más nos acercábamos a Český Ráj (la campiña checa es hermosa, en especial en esta época del año). Dejamos el auto cerca de una de las entradas al Parque Nacional Prachovské Skály, eran más o menos las 11.

Puede que haya sido por el clima a la mañana, pero no había mucha gente y pudimos estar solos en algunas de las partes más espectaculares del parque. Fantástico, casi mágico.
La primera parte de trayecto terminó en Turistická Chata, en donde fuimos bienvenidos por una de las caracterísiticas que me molesta de este país (aunque estoy seguro no es endémica): un lugar que podría ser un fantástico jardín cervecero al estilo bávaro, un destino en sí mismo, pero que, debido al mechupaunhuevismo sintomático de los operadores, resulta ser una trampa para turistas que vende muy caro comida chatarra pre-fabricada y cerveza pedorra en vasos de plástico. Es algo que he encontrado en Křivoklát, la cumbre de Říp y muchas otras atracciones.
Para ser justos, sin embargo, Turistická Chata resultó ser un poquitín mejor de lo que parecía al principio. Por supuesto que había smažák con papas y otras cosas parecidas probablemente provenientes de la góndola de congelados del Lidl más cercano, pero mi mujer se quedó bastante satisfecha con lo que le sirvieron en la nueva panquequería que abrió esta temporada y la birra estaba bastante mejor de lo que es la norma: Březňák 10º, en vaso de plástico, pero bien tirada y un excelentes condiciones (tomé dos para estar seguro).
Lo mismo no se puede decir del jardín cervecero cerca de la otra entrada, en donde habíamos dejado el auto. La cerveza, Nová Paka estaba servida en jarra de vidrio, pero eso es lo único bueno que se puede decir de ella; no estaba bien tirada y el operador del lugar no parece creer en la importancia de limpiar las líneas de dispensado. Les juro que no me importó no tener tiempo para otra.
Todavía era temprano, teníamos planeado ir a algún lugar a tomar la leche, pero la patrona tenía ganas de para en otro par de lugares antes. Como era la cumpleañera, con gusto le dí el gusto.

Humprecht, en Sobotka, era el lugar más cercano. Es un palacete con una poco usual forma redonda que era usado como refugio de caza por alguna familia ricachona del pasado. Muy lindo, pero no entramos, soltamos al perro por primera vez en el día y caminamos un poco por el bosque que rodea al edificio. No nos quedamos mucho tiempo, no había ningún restaurante o jardín cervecero a la vista (¿o había? Cartel de Staropramen, nada).

Mientras íbamos al auto mi mujer se acordó que Kost estaba muy cerca, a un puñado de kilómetros. Podíamos ir a dar una vuelta. Buena idea.

Kost es un castillo impresionante que a mantenido la mayoría de su diseño Gótico original. A diferencia de muchos otros castillos, no se encuentra en una colina, sino en un valle, y se dice que nunca fue conquistado.
Dejamos el auto casi al pié del castillo, a lado de un jardín cervecero con bastante buena pinta y Rohozec de barril. Casi por reflejo, empecé a gravitar hacia el jardín cervecero, pero mis chicas no querían saber nada de ello. A lo mejor podría tomar una rápida después de ver el castillo, pensé. Me olvidaría de ello gracias a lo que nos encontramos dentro de los muros de Hrad Kost.

Las visitas guiadas al castillo habían terminado por el día y no había mucha actividad, pero las puertas seguían abiertas y entramos.

A la izquierda de la entrada hay un edificio que tiene la tienda de recuerdos y las cajas. Vi algunas mesas al final del edifico que tenían mejor pinta que lo que uno suele encontrar en lugares como este. De más está decir, fui derecho para ahí, mientras mis niñas daban una vuelta.

Esas mesas estaban frente a una puerta grande con un cartel encima anunciando Restaurace U Draka, que parecía estar cerrado. Pero seguí caminando porque había más mesas alrededor del edificio (que supo ser la cervecería del castillo) y que terminaban formando un estrecho patio que miraba a una laguna. Una parte de este estaba bajo techo, el resto se componía de grandes mesas de madera, cada una con una escultura de madera. Estaban rodeadas por más esculturas de madera y juegos a lo largo de la pared de la vieja cervecería. Al fondo del patio, había una parrilla con rodeada de asientos. Hermoso paisaje.
¡Y tenían comida! Comida de verdad, nada de las porquerías de siempre. Lamentablemente, la cocina ya había cerrado, pero podíamos tomar algo si teníamos ganas (por supuesto que sí).

Pedí una desítka de Kostecké Pivo, una cerveza, que según afirman, es elaborada especialmente para el restaurante en alguna fábrica anónima, de acuerdo a una receta original de vaya uno a saber cuándo; lo cual me cuesta mucho creer, y no solo porque la historia de la cerveza es muy probablemente la huevada más grosera sobre cerveza que he leído en mi vida (en serio, si van a sanatear, al menos encuentren alguien con un conocimiento básico del tema). Pero lo verdaderamente importante es lo que está en el vaso (de plástico, en este caso), y esta birra no estaba nada mal; si bien, para mi gusto, tenía demasiada malta caramelizada. Así que huevadas, y quizás mentiras, aparte, Kostecké Pivo es bastante mejor a lo que uno puede encontrarse en la mayoría de los castillos y palacios, y, a 25 CZK el medio litro, muy buena relación calidad/precio.
Lo mismo puede decirse del morfi, al menos del salmón a la parrilla que comimos (libre de huevadas). La parrilla todavía estaba abierta y no tuvieron problema alguno en servirnos algo. No soy fanático del salmón, pero este estaba muy rico. La porción era bastante grande, con una generosa guarnición de ensalada de repollo y pan; y todo por 150 CZK. ¡Buenísimo!

Fue un excelente broche para un gran día. Restaurace U Draka nos encantó, es casi todo lo que me gustaría fuesen lugares como Turistická Chata—un destino en sí mismos—y nos prometimos que volveríamos para probar el resto de la comida.

Una manera genial de celebrar un cumpleaños, creo.

Na Zdraví!

3 comentarios:

  1. Sin duda fue una manera bonita de celebrar un cumpleaños. Qué mejor cosa que hacer que una buena ruta por un paraje idílico y rememorar tiempos pasados de una visita anterior.
    Según has descrito cómo llegar a la cervecería del castillo parece que yo mismo me estaba adentrando por el mismo.

    Enhorabuena por tal día y genial entrada mostrando una parte de la campiña checa.

    Un saludo

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  2. Espectacular jornada para ese 30+10 (¿tan duro es llegar a los 40? Jajaja!) y una pasada los sitios que enseñas y describes. Va a ser cierto que en R.Checa no todo es cerveza ;). Un saludo Max!

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    1. ¿tan duro es llegar a los 40?
      Difícilmente te puedo contestar, este año recién cumple treintaicatorce...

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