28/12/15

2015 - El Año Menos Productivo


Este ha sido el año menos productivo del blog, por lejos. No lo estoy lamentando, ni mucho menos pidiendo disculpas al respecto. Tuve mucho laburo—por suerte, incluso si hubo momentos que se fueron un poco al carajo—y el libro, que no fue tarea fácil, pero que valió mucho la pena—estoy orgulloso de él y se está vendiendo bastante bien.

El otro, quizás más importante, motivo por el cual he estado escribiendo tan poco es que tengo la sensación de que no me queda nada más para decir sobre la cerveza. Ya perdí la cuenta de cuantas entradas empecé a redactar, solo para abortarlas un par de oraciones más tarde porque vi que me estaba repitiendo—“¿otra vez esto? Qué mierda, voy a ver boludeces en Reddit”. De hecho, me parece que todo el discurso cervecero se está repitiendo a sí mismo (y puede que lo haya estado haciendo por un buen rato ya. Me cuesta entender, por ejemplo, cómo es que sigue habiendo tanta gente que se molesta cada vez que una empresa cervecera independiente es adquirida por una más grande; pasa en casi todas las industrias en donde las economías de escala juegan un papel importante, ¿por qué debería ser diferente con la cervecera? ¡Ah! Claro, el cuento de hadas.

Al margen, y ya que estoy en el tema. A todos esos propietarios y ejecutivos del sector que toman el púlpito cada vez que se da a conocer una venta: ¡cierren el orto ya! En serio. Cuando tenía nueve o diez años, mi vieja fue conmigo y mi hermana a comprarnos zapatillas. Yo quería las zapatillas de Bjorn Borg, pero no las tenían en mi número. Tenían el número de mi hermana, que se las probó y dijo que las quería. Mi reacción fue decirle que era una tonta; que las zapatillas no eran para mujeres sino para varones; que se iban a burlar de ella; que no podía tener esas zapatillas. Esos propietarios y ejecutivos del sector cervecero me hacen acordar de la anécdota. Si lo hacen porque les molesta no poder tener las zapatillas que quieren o porque esperan que la pataleta les va a conseguir unas mejores, difícil decir, pero se están poniendo bastante patéticos.

Y para ser justos. A todos los propietarios que han recientemente vendido sus empresas cerveceras: ¡también cierren el orto! Ese verso de que “la cerveza no va a cambiar” no se lo cree nadie, ni ustedes mismos. Va a cambiar, si sirve al propósito de los nuevos dueños, y no hay nada que ustedes puedan hacer al respecto; si ese cambio será para mejor o para peor, dependerá de a quién se pregunte. A propósito, leí un artículo hace poco (y me encantaría que me pinte el orto buscarlo) que decía que algunas cervecerías están ajustando las recetas de sus IPAs de cabecera para volverlas a hacer relevantes (y creo que saben a lo que me refiero con ello). Estas cervezas también están cambiando porque sirve al propósito de sus dueños; si ese cambio es para mejor o para peor, dependerá de a quién se pregunte.

Pero basta de diatriba. Esta no es una entrada de diatriba, es de ombliguismo.

Como iba diciendo, el discurso cervecero se ha vuelto demasiado redundante y me ha dejado de interesar. He decidido enfocarme en lo que sí me afecta como consumidor—mi propio ecosistema y experiencia cerveceros. Lo que se esté discutiendo en los EEUU, el Reino Unido, España o Escandinavia no me incumbe; al menos no lo suficiente como para comentar acá. Para eso tengo a Facebook.

Tengo un proyecto que me ha estado dando vueltas por la cabeza por un buen tiempo que quiero realizar en 2016, quizás con alguien más. Lo anunciaré una vez que haya arreglado algunos detalles. Voy a empezar también con una nueva serie en la que visitaré bares al azar. Va a ser muy simple: en una parada a determinar voy a tomar el primer tranvía (o autobús) que pase en cualquiera de las direcciones, me voy a bajar en la décima parada y voy a ir al primer pub que me encuentra, preferentemente uno que no esté ya en el libro. Andá a saber, a lo mejor me encuentro algún tesoro perdido, o no; como mínimo, me voy a divertir un poco, que es lo que quiero.

Hay un par de cosas más, pero ya verán; en todo caso, no esperen un 2016 mucho más productivo.

Pero bueno, feliz año nuevo a todos.

Na Zdraví!

16/12/15

Matando el tiempo


Ayer a la tarde me quedé con un par de horas para matar entre una cata que moderé en Vinohradský Pivovar para Prague Beer Garden y la inauguración de Bad Flash Bar, el nuevo boliche de Zlý Hanz and Kulový Líbor, lo cual me dio una muy buena excusa para darme una vuelta por un bar que había abierto recientemente, 20 Píp Craft Pub.

Es el tipo de local al que hace unos años habría corrido a visitar tan pronto como fuese posible, luego de haberme enterado de su existencia. Hoy, sin embargo, lugares como este (con más o menos grifos) se han vuelto algo muy común, pero igual tenía curiosidad de ver si 20 Píp ofrecía algo nuevo.

Lamentablemente, no puedo dar mi opinión al respecto. Fui al boliche, sí, y tiene linda pinta; agradable y lo suficientemente chico como para que me ponga a dudar de la decisión de tener tantos grifos.

No había mucha gente cuando llegué un poco después de las 5—solo una pareja mayor tomando café y un par de pibes charlando en el bar con el grifero. Tomé una mesa cerca de la entrada y me puse a leer la carta de cervezas. ¡'TAQUELOPARIÓ! ¡Esos precios! Si la memoria no me traiciona, la cerveza más barata en la lista costaba 58 CZK el medio litro, y no de Matuška, Clock or Falkon, but for Cvíkov 14°, que está muy lejos de ser una de las marcas más caras del mercado.

Agarré mis petates y me las tomé, sin haber pedido nada. Es algo que no recuerdo haber hecho nunca, al no en un boliche que tenía ganas de visitar, pero no estoy dispuesto apoyar un modelo comercial así, no cuando Praga, y Vinohrady, está hoy día llena de boliches que ofrecen buena cerveza a precios más razonables.

Pero si te sentís ricachón y querés darte una vuelta, andá, y después contame. En todo caso, les deseo éxito a los dueños de 20 Píp (no tengo motivos para lo contrario). A lo mejor se las ingenian para encontrar su público, del cual dudo que algún día vaya a ser parte.

Na Zdraví!

20 Píp Craft Pub
50°4'33.743"N, 14°26'16.392"E
Slezská 1 – Prague-Vinohrady
+420 605 000 866
Lun-Dom: 15-01

PD: Terminé en Dno Pytle, de lo cual no me arrepiento en los más mínimo. También la pasé bomba en la inauguración de Bad Flash Bar. Mucha gente amiga, es una lástima que no pude quedarme por más tiempo. Les deseo éxito a esos dos pajeros, la verdad que les quedó lindo el boliche.

30/11/15

Cuatro birras mirando la tele en Kladno


Televisores en pubs. No son el santo de mi devoción. Los puedo tolerar cuando están sin sonido (uno puede ignorar las imágenes mejor que los sonidos, y la mayoría de los sonidos que salen de la tele es el equivalente acústico del efecto que una intoxicación alimentaria tiene en tus tripas) pero no demasiado. Y sin embargo, a veces que una tele encendida, incluso con sonido, puede ser una fuerza al servicio del bien.

El último local que visité para la segunda edición de Praga: Guía Cervecera Para Borrachines fue Starokladenský Pivovar. Era una tarde fría y lluviosa a principios de octubre; era mi primera visita en al menos cuatro años y hacía mucho que no veía las cervezas de esta micro en Praga, al menos no en los boliches que frecuento o en los que estuve durante el trabajo de campo para el libro. Tenía mucha curiosidad.

El lugar no había cambiado mucho, al menos no de una manera visible. Había pocos parroquianos a esa hora del día, y la mayoría estaba tomando Gambrinus, creo. Yo me senté al bar y pedí la desítka de la casa, ¡fantástica! Una verdadera delicia, tanto la primera como la segunda jarra.

La TV estaba en el Discovery Channel, o algo por el estilo. Un tipo se sentó al lado mío y pidió una Gambáč, justo cuando empezaba un programa—una carrera extrema en donde tres o cuatro equipos de cuatro hombres bien machos tienen que atravesar un terreno muy jodido. El tipo de programa que te hace parar el zapping una tarde aburrida de domingo, al menos por un rato.

El tipo sentado al lado mío y yo lo estábamos mirando, y él se da vuelta y con una gran sonrisa dice: “ty jsou magoři”. No podría haber estado más de acuerdo, lo cual inició la charla, un poco sobre aquellos magoři y otro poco sobre bueyes perdidos.

Fue una de esas conversaciones cortas y casuales que tienen lugar en pubs de todo el mundo, y que pueden hacer que una cerveza sea todavía más rica, ni más, ni menos.

Y a propósito, las tres cervezas que degusté tomé ahí—desítka, polotmavé and tmavé—estaban espectaculares, y cómicamente baratas; en serio, las cuatro pintas más los pasajes de bondi de ida y vuelta me salieron más baratos que tomar cuatro birras en no pocos pubs praguenses.

Na Zdraví!

17/11/15

La Ronda: Postureo en la Cerveza


Cerveriana invita la Ronda de este mes y quiere saber nuestra opinión sobre el postureo en la cerveza. Para ello hace una serie de preguntas que no leí porque no me gusta que me griten, continuaré, entonces, con lo que se me ocurra.

Voy a definir al “postureo” como el uso o la compra de un producto o marca no solo por su calidad intrínseca, sino también como un accesorio de un estilo de vida o para indicar la pertenencia del usuario a una tribu o estado social (real o no), etc.

Es algo que las empresas promueven con gusto para explotar esa necesidad y deseo que muchos tienen de ser parte de algo, o al menos ser vistos como tal. Es un recurso que puede ser muy efectivo a la hora de generar lealtad en el consumidor y es natural entonces que los empresarios del sector cervecero—tanto productores como vendedores y aledaños—también lo promuevan.

La resistencia y antipatía que a veces genera el postureo en la cerveza se debe, por un lado, a la imagen de la cerveza como bebida vulgar, barata; un refresco y no mucho más; tan prevalente aun que ha hecho que hasta periodistas gastronómicos declaren pelotudeces como: el champán se guarda para las grandes ocasiones y la cerveza sólo es el principio del camino del bebedor. Pero eso es algo que se aprende trago a trago; y por otro, y en mayor medida, a que el grueso del discurso ha sido plagiado del vino.

Catas, maridajes, notas de cata, degustaciones, la copa correcta, etc.—todo inventado por el vino—no es más que postureo que nos vende que solo a través de la adquisición de un conocimiento casi esotérico impartido por un puñado de iluminados comprenderemos el verdadero significado de Cultura Cervecera y seremos así capaces de disfrutar la bebida de la manera apropiada y en su máxima expresión.

Más allá de la opinión que cada uno tenga al respecto y de su contribución o no a la cultura cervecera (nota: soy contratado para moderar catas y maridajes, y por buena guita y lo hago con mucho gusto, pero me sigue pareciendo pura sanata), el problema para mí reside en que es muy forzado y casi vacío. Le falta esa mística y romanticismo característicos del vino, que la cerveza jamás tendrá.

El jugo de uvas fermentado está asociado de una manera más inmediata que la cerveza a la naturaleza y sus ciclos, a la tierra y sus tradiciones, en especial en aquellos países con tradiciones cerveceras pobres. El vitivinicultor cuida de los viñedos y supervisa él mismo la cosecha y la metamorfosis de esta en una bebida tan noble—o al menos así es como nos lo han vendido, tan exitosamente.

Mientras tanto, la gran mayoría de los fabricantes de cerveza adquiere los ingredientes a través de intermediarios y distribuidores; gente no participa del proceso productivo, solo mueven mercadería de un lugar a otro a cambio de un margen de ganancia—nada malo en ello, por el contrario, pero no hay mucho romanticismo o mística en un pedido por e-mail y un pago por transferencia bancaria. Y a pesar de ello, no son pocos los que nos siguen insistiendo, muy, muy serios, que la cerveza es una bebida sana, natural y fresca, tal como afirma Luis G. Balcells en el primer párrafo de su opus Cerveza – La Bebida de la Felicidad—que, dicho sea de paso, es bastante poco feliz.

Todo eso es postureo, falso y hueco. Pero funciona, a los unos, porque los hace sentir más especiales, sofisticados, parte de algo, y a los otros porque les ayuda a ganar más plata.

Pero al final del día, es solo cerveza.

Na Zdraví!

23/10/15

¡REGOCIJAOS! ¡REGOCIJAOS! ¡Que el día ha llegado!


¡SÍÍÍÍ, LA PUTA MADRE!

La segunda edición de Praga: Guía Cervecera Para Borrachines ya está en las calles virtuales y la pueden pueden pedir su copia impresa o el e-book acá, en Lulu.com.

Me tomó más tiempo y fue mas laburo de lo que había esperado, pero valió la pena; estoy contento con el resultad. Creo que esta edición es mejor que la anterior—aunque ustedes sabrán juzgarlo. Es más grande, de eso no hay duda. Tiene 17 recorridos cerveceros y una sección separada que cubren más de 130 pubs, cafés, restaurantes y brewpubs de todo tipo, tamaño y color.
Los mapas hechos a mano no faltan, por supuesto. Pero esta vez los quise hacer más funcionales y están disponibles on-line. No son tan lindos como los míos, pero si tienen una cuenta en Google, los pueden consultar y hacer otras cosas con ellos acá. Si no tienen cuenta en Google, igual los pueden ver e imprimir.

Esta no es una guía exhaustiva, y mucho menos del tipo “Lo Mejor de...”. Es totalmente subjetiva y los motivos por los cuales los pubs han sido elegidos son de lo más variados. La guía es también 100% independiente. No tuve ningún sponsor y todas las cervezas tomadas, que fueron muchas, fueron pagadas de mi propio bolsillo.

A diferencia de la edición anterior, voy a intentar mantener esta al día, publicando actualizaciones, espero, dos veces al año. Cómo serán esas actualizaciones, todavía no lo he decidido.

Pero basta de boludeo. Les estoy haciendo perder tiempo y seguro que ya no pueden esperar a comprar este libro tan fantástico. ¡Vayan nomás!

Na Zdraví!

PD: Si querés vender copias de este libro en tu local, boliche, puesto en la feria, mandame un e-mail para poder arreglar los detalles.

26/9/15

La Ronda: Macros y Micros


Tenía pensado dejar pasar La Ronda de este mes, convocada por Humulus Lupulus, tengo bastante trabajo terminando el libro y la verdad que el tema... bueno. Pero en un recreo escribí lo siguiente, así que acá tienen:

Olvidémonos por un momento de los detalles: tamaño, escalas de producción, estrategias y políticas comerciales, constitución societaria, etc., y enfoquémonos en lo básico: ¿Qué es una macro-cervecería? Una empresa cuyo negocio es la venta de las cervezas que fabrica. ¿Qué es una micro-cervecería? Una empresa cuyo negocio es la venta de las cervezas que fabrica. Ergo, son parte de la misma industria. ¿Qué es lo que una macro-cervecería quiere? Mi dinero. ¿Qué es lo que una micro-cervecería quiere? Mi dinero, por supuesto. Ergo, son competidores; no importan los detalles ni los discursos mercadotécnicos, el hecho innegable y objetivo es que cada mango que gasto en una es un mango que no voy a poder gastar en la otra.

Ya está, se acabó, ¿por qué seguir?

Todo lo que pudo ser debatido, ya ha sido debatido ad nauseam: que las macros (a veces) se aprovechan de su posición dominante en el mercado, que las micros (algunas) se aprovechan de la ignorancia del consumidor promedio, que cervecerías más grandes están comprando cervecerías más chicas (como si eso fuese algo nuevo bajo el sol), que a menudo el marketing y las declaraciones públicas de macros y micros nos toma por tarados o parecen ser parte de un esfuerzo deliberado para insultar nuestra inteligencia… todo eso ya ha sido agotado, y aburre.

Es hora de dejar todo esto atrás, y enfocarnos en cada empresa, sus productos, políticas y discursos, por separado y, más allá de los detalles—tamaños, escalas de producción, estrategias y políticas comerciales, constituciones societarias, etc.—criticar lo que merezca ser criticado, elogiar lo que merezca ser elogiado y comprar lo que merezca ser comprado.


Na Zdraví!

10/9/15

Importante Novedad


Tengo el agrado de anunciar que he completado la parte más grande, difícil pero más entretenida del proyecto “Praga: Guía Cervecera Para Borrachines – 2da edición”: escribir el libro. Tiene 16 recorridos y un par de secciones, y en total cubre más de 130 bares, cafés y restaurantes de toda la ciudad y sus alrededores.

Es cierto que lo terminé con algunos días de retraso (en parte porque decidí que el último capítulo sería un épico recorrido de 11 bares escrito en estilo de relato corto) y quedan todavía algunas líneas por componer. Pero ya puedo empezar con la parte más tediosa de editar y poner todo junto, incluyendo fotos, para que hacer de unos cuantos archivos de texto un libro.

No sé qué tanto me va a tomar para terminar eso. Dependerá del trabajo, ya saben, del que paga las cuentas (y la cerveza), y que siempre tiene la más alta prioridad (e menos que alguien comprar algunas centenas de copias por adelantado para que pueda dedicarme full-time a la tarea).

Eso es todo. Sigan tomando lo que estaban tomando.

Na Zdraví!

4/9/15

Una Diatriba Medida


Cervezas servidas en porciones de 0,4 l no son nada nuevo. Flekovský, Sv. Norbert, Staropramen Granát, Velvet y Kelt (cuando todavía existía), y Ferdinand Sedm Kulí siempre han estado disponibles en ese tamaño, únicamente. Pero parece que últimamente esta plaga se ha multiplicado. Ninguno de los tres brewpubs más nuevos de la Ciudad Vieja, U Tří růží, Národní and U Dobřenských, sirven sus cervezas en porciones completas, para adultos, de medio litro. También hay bares como Pivo a Párek y Pivní Rozmanitost que ahora venden algunas cervezas en 0.4l, y hasta empresas más grandes como Plzeňský Prazdroj y Pivovary Lobkowicz han empezado con esto.

Esto no me gusta, para nada.

Cuando pienso en točené (o, para hablar como se debe, čepované) pivo, me imagino un vaso o jarro de medio litro (o uno de 0,3 l, en esas raras ocasiones que quiero malé pivo), así que una porción de 0,4 l me causa la sensación de que me están pijoteando.

Sé que es solamente una sensación (aunque si en Vojanův dvůr podés comprar medio litro de cerveza de U Tří Růží al mismo precio que 0.4 en la cervecería, o si 0.4 l de Bernard Černý cuesta lo mismo que solía costar 0.5l, en el mismo bar, por un engañapichangas, ya no estoy tan seguro). Tal como lo veo, no se trata más que de un truco psicológico similar a poner un producto a 99,90 en lugar de 100, ya que se usa más que nada para las cervezas más caras.

Esto lo hace un poco tonto. Para bien o para mal, hay creciente número de gente, al menos en Praga, que se acostumbrado a pagar precios altos por cervezas que ellos consideran lo valen. El precio ya ha dejado de ser una barrera automática para el éxito de una micro-cervecería, pregúntenle a Matuška, si no me creen. Entonces, si un bar me está cobrando 56 CZK por 0,4l, ¿por qué no pueden cobrar 70 CZK por una porción completa? No lo entiendo. (el caso de Pivovar Národní es todavía más difícil de enteder, ¿35 CZK por 0,4 l? ¿Cuál es el problema con 45 CZK por medio litro?)

Para ser justos, podría decirse que esto es un capricho mío. Después de todo, por volumen, estoy pagando lo mismo más allá del tamaño del vaso (a excepción de Bernard Černá Lavina, es sí es un curro). Las botellas de 75 cl, por otro lado…

Solía comprar Antoš Tlustý Netopýr bastante a menudo. No era barata (110-120 CZK por una botella PET de 1 l), pero lo valía. Sin embargo, últimamente la he visto disponible solo en una muy linda botella de vidrio de 75 cl ¡AL MISMO PRECIO! Lo mismo sucede con las cervezas de Frýdlant y algunas otras que no me acuerdo ahora.

¿Soy acaso el único que cree que esto no está bien, pagar un recargo del 25% sin nada de valor equivalente a cambio de ello?

Esto se lo podemos agradecer a los snobs de las botellas de vidrio; esa gente que está convencida y dispuesta a decirle a todos aquel que quiera escuchar, y al que no quiere escuchar también, que las botellas PET no son un contenedor digno de un líquido precioso como la buena cerveza, y que deberían estar reservadas a porquerías como Braník, o algo así. Por supuesto, no están al tanto que lo mismo se decía sobre las botellas de vidrio hace algo así como un siglo atrás.

Es verdad que el PET no es un material ideal, estoy de acuerdo. Pero tampoco lo es el vidrio*; he comprado muchas botellas de vidrio (marrón) con cerveza oxidada, afectada por la luz, o peor. Hoy trato de tener más cuidado y el problema ya ha desaparecido, al igual que con las botellas PET. No es tan difícil, en serio.

Entones, lo que he decidido hacer es boicotear las cervezas checas con un contenido de alcohol menor al 8% vendidas en botellas de 75 cl (y sus todavía más estúpidas hermanas de 33 cl). Ya no las compro, para tomar en casa; para llevar de regalo siguen teniendo mejor relación precio-calidad que un vino por la misma plata.

Na Zdraví!

* A menos que estemos hablando de cervezas con acondicionamiento en botella o barril, cualquier otra cosa que tomar directo del tanque de fermentación secundaria es una concesión en calidad.

11/8/15

Vladimír Černohorský, un Obituario


Nunca me voy a olvidar de cómo conocí a Vladimír Černohorský. Pavel Borowiec, the Editor en Jefe de Pivo, Bier & Ale me había pedido que me encuentre con él en Pivovar U Valšů.

El brewpub había cambiado de dueños y habían contratado a Černohorský para que les ponga las cosas cerveceramente en orden.

Llegué más o menos a la hora acorada, y fui para abajo. Allí me recibieron dos tíos sentados a la mesa al lado del equipo de cocción. El más viejo me preguntó, a lo guapo, qué es lo que yo estaba haciendo ahí. Cuando le contesté, se paró, sacó una navaja del bolsillo y dijo algo amenazador.

No me asustó, me pareció divertido, y el viejo este contestó con una enorme y franca sonrisa. Me invitó a tomar asiento y me dio una birra mientras esperaba a mi colega, que ya estaba en camino.

Nos volvimos a encontrar unos días más tarde en un viaje al Annafest. Allí me enteré quién era Vladimír Černohorský, uno de los Maestros Cerveceros más respetados y admirados de la República Checa, y que había estado en el oficio por más de medio siglo.

Eso fue más que suficiente para que lo respete, pero cuando me enteré que todavía tenía ganas de aprender cosas nuevas, empecé a admirarlo—alguien que solo sabe tanto y que le sigue gustando lo que hace después de tanto tiempo, sino que quere aprender más; eso es un verdadero Maestro.

Durante la segunda tarde de ese viaje estábamos compartiendo una mesa, charlando, y en un momento él me miró y declaró que teníamos que ser amigos. Me sentí honrado.

Nos hicimos amigos. Vladimír era el Maestro Cervecero en Únětický Pivovar y nos encontramos en innumerables ocasiones. En joda, yo lo llamaba Děda (Nono), y podía sentarme horas escuchando sus historias—tenía millones, una mejor que la otra.

Hoy me enteré que falleció.

Perdí a un amigo. Pero la comunidad cervecera checa ha perdido mucho más. Ha perdido un verdadero Maestro, un Caballero y un Tipazo, y con él, ha perdido todas esas historias que valían la pena contar.

La gente va y viene, las historias que valen la pena contar, deberían permanecer. Ojalá me hubiese tomado el tiempo para recopilar las de mi amigo.

Pero no quiero estar demasiado triste. A él no le gustaría. Hagamos como Švejk, y vayamos a nuestro bar favorito a pedir una Tmavé Pivo, es un día de luto.

Na Zdraví!
Foto: Únětický Pivovar

3/8/15

Larga caminata cervecera


Mis niñas están de vacaciones en Grecia. Se fueron el lunes de la semana pasada y he estado solo desde entonces; yo no pude ir con ellas por problemas de pasaporte.

Estuve trabajando la mayor parte del tiempo hasta el jueves (trabajo de campo para el libro y escribiendo dos capítulos, y algunas traducciones) y me tomé el viernes libre. Quería hacer algo que hacía rato tenía ganas, una caminata desde Únětice a Stromovka, parando en cada lugar que venda cerveza en el camino.

Aquí les dejo el diario del día, con un montón de fotos.


Tomo el bondi de las 10:18 a Černý Vůl. El trayecto empieza ahí, caminando hasta Únětice, la mayor parte del tiempo, en el bosque.
La caminata empieza acá
Todavía no son las 11 cuando llego a la cervecería y el restaurante está cerrado. Doy una vuelta para sacar un par de fotos. El edificio con la fachada renovada se ve espectacular.
Qué buen laburo han hecho con la fachada
Rompo el ayuno con una 10º de la casa. Le sigue una 12º y el almuerzo, carne de cerdo en una salsa crema de hongos, con knedlíky. Carbohidratos y proteínas, me van a venir bien.
(Distancia recorrida hasta la primera cerveza, 2km)
Úňa 10°, excelente comienzo
Emprendo mi camino a Roztoky. Paso por la Casa Municipal y me pregunto qué carajo le han hecho. Llego a U Lasíků. Abre recién a las 3. No importa. El almuerzo fue bastante abundante y no me gustaría tener que dejar pasar alguno de sus pasteles caseros.
U Lasíků todavía cerrada
Dejo atrás las últimas casas y empiezo a entusiasmarme. Caminé Tyché údolí hace 4 años y siempre tuve ganas de volver a hacerlo.
Tíché údolí me espera
Es tan lindo como lo recordaba. Casi ningún sonido aparte de mis pasos y el arroyo fluyendo a mi izquierda. Y no lo tengo que compartir con nadie.
Paz
Es fácil perderse en los propios pensamientos. Hago fotos casi de manera automática. Me pregunta cuántas van a terminar sirviendo para algo.
Hongos coloridos al lado del arroyo
Se ve más gente a medida que me acerco a Roztoky. I algunas partes están más arregladas. Sigue siendo tan lindo. Tan increíble para mí que un lugar así pueda estar a apenas unos minutos del centro de una capital europea.
Un tipo pescando en el bosque
Un par de ruinas me anuncian que estoy en Roztoky y pronto llego a Hospůdka Zvířátka, que también está cerrada. Contaba con que algunos lugares no estarían abiertos tan temprano un día de semana, pero quería evitar las multitudes del fin de semana, y a los ciclistas—algunos pueden ser tan imbéciles como el peor de los colectiveros porteños—y ha funcionado bien por ahora; ya habrán otros lugares para saciar mi sed.
Zvířátka también cerrado
Las casas en este barrio son hermosas. Incluso esas que se ven medio descuidadas tienen un aire de elegancia y dignidad que dudo muchos mansiones comparables modernas algún día puedan tener.
Una de las tantas casas hermosas
Libros abandonados
Otra casa, y jardín, espectacular
Veo un restaurante con un lindo jardín, y el logo de Stella Artois. Tengo un odio irracional por esa marca, y verla es suficiente para que me den ganas de ir a otro lado. Además, sé que hay un lugar al lado, a la vuelta de la esquina.
Lindo jardí, pero ¿Stella Artois? Paso
No me había equivocado, y tienen Rychtář, una cerveza bastante mejor. El boliche está totalmente vacío. No es buena señal.
Mejor Rychtář al lado
La cerveza se ve bien en el vaso, pero no está buena. Me han dado el temido trubkáč, creo. Mejora un poco hacia el final, pero el daño ya está hecho.
(Distancia recorrida entre cervezas, 4,5 km)
Quizás no fue tan buena idea
El paisaje en el trayecto al ferry a Klecany no es muy bonito, de hecho, una parte es bien fea. Pero no es muy largo y cuando llego al río, todo vuelve a estar en orden.
Burger bar cerca del ferry, cerrado
No tengo que esperar demasiado para el ferry. Tengo suerte, cruza el río cada media hora y llegué un par de minutos antes de la 1 en punto.
El ferry que se acerca
Bastante gente. Una familia entera y dos pibes de 11-12 años con bicicletas, un tipo con un cajón de pepinos y una señora con un scooter. Pero no importa, me encanta cruzar el río así. Es casi como un subversión al apuro de la vida moderna.  
El Capitán
Hay un bar justo frente al “puerto”. Qué civilizados son los checos. Bastante gente también, pero suficiente lugar para sentarse, incluso a la sombra—está empezando a hacer calor.
Primer aguadero en la margen derecha
Pido una Gambáč. Tarda una eternidad. La mujer que atiende se queja que solamente sale espuma. Eso sí que nunca es buena señal. La birra está espantosa, sin gas y con un gusto rarísimo, químico. Casi no se puede tomar. Esperaba encontrarme con cervezas pedorras en el camino, pero tampoco tan malas. Pero me pongo a charlar con un viejo muy simpático y una pareja de ciclistas, hablamos de los sin techo, de perros tamaño rata, de tomates y de gatos. La estoy pasando tan bien que tomo sin darme cuenta. Tal como dice el refrán “mejor cerveza chota en buena compañía que buena cerveza en compañía chota.”
(Distancia recorrida entre cervezas, 1 km, sin contar el cruce en ferry).
Fuj!
Me despido de mis nuevos, y efímeros amigos y continúo mi camino. Un grupo de ciclistas y un par de patinadores me pasan por al lado. Debe ser horrible esto acá los fines de semana. Hacerlo un viernes fue una buena idea. El paseo sigue estando lindo, lo estoy disfrutando, y de golpe parece que ya no hace tanto calor.
Ya había bastante más tráfico
Un gatito que posa para mí
Ya estoy en Zdiby, y en seguida veo otro bar. Con Svijany. Supo ser mi marca favorita, pero últimamente se vino abajo. Y encima tienen Máz, la 11º, que nunca me gustó, ni siquiera cuando la cervecería estaba en su mejor momento.
Segundo aguadero, con Svijany
Está mucho mejor de lo que esperaba, máxime teniendo en cuenta el lugar, que tiene pinta de riesgo sanitario, pero al final se termina ganando un poco de mi cariño.
(Distancia recorrida entre cervezas, 1 km, más o menos).
Mejor de lo que esperaba
El paisaje se pone interesante, y estoy de muy buen humor. No tengo idea cuánto voy a tener que caminar hasta la próxima birra, y no me importa. Ni siquiera me desalienta demasiado pasar por un bar muy lindo y cerrado al lado del ferry a Sedlec. Ya me bajé 5 birras y necesito amainar un poco. Menos mal que me traje una botella de agua.
Sigo camino
Una fábrica abandonada
Aguadero cerrado, una lástima, pintaba lindo
Hermoso herraje en esta puerta
Llego a U Sluníčka. Es una terraza parcialmente techada sobre el camino, mirando al río. Es casi como estar en un país mediterráneo. Y solamente un cliente, un tipo tomando té o café y leyendo el diario. Me saluda un viejo, tacaño de sonrisa, pero que sí sabe como manejar los grifos. Agarra un vaso de un fregadero con agua fría y después hace algo que no recuerdo haber visto nunca: sirve los primeros ml en un vasito que tenía debajo del grifo y, sin cerrar el grifo, me hace la cereza de una tirada.  
Por fin un descanso
¡Qué belleza! El vaso dice Podkovaň, el pizarrón dice Gambrinus. Pero acá los nombres no importan, lo que tengo en la mano es una obra maestra. Resisto la tentación de pedir otra. Sé que va a llevar a varias más.
(Distancia recorrida entre cervezas, 3 km)
Feo lugar para tomar una birra
Me voy, a regañadientes. Hasta me alivia ver que Modrá Kotva esta cerrado. Vi varios carteles publicitándolo en el camino. Pero el lugar no es para nada lindo.
Modrá Kotva, cerrado. No importa, pintaba choto
Llego a otro bar con Svijany. Pinta bien, a pesar de que el paisaje ya no es tan lindo (a excepción, claro, de los carocitos que pasan patinando). Tienen la 12º. Hace un montón que no la tomo, y era mi cerveza de cabecera.
Otro aguadero con Svijany
Está lejos de ser aquella cerveza epifánica que tomé por primera vez hace 10 años en ese ya desaparecido boliche de Letná, pero no al punto de arruinar los recuerdos. Hace lo que tiene que hacer.

(Distancia recorrida entre cervezas: 1,2 km)
Svijany 12º. La recuerdo mejor
Refrescando un poco las patas

Me pongo de nuevo los zapatos y no tengo que caminar demasiado para el siguiente bar, que es muy lindo.  
Otro aguadero más, con Únětice y Regent

No van a tener a Únětická 12° tan bien como en la cervecería, así que pido Regent 10º, que la sirve una nena más o menos de la edad de mi hija. No está nada mal la birra. Limpia, fresca.
(Distancia recorrida entre cervezas: 0,2 km)
La grifera más adorable

Arranco la última etapa de la caminata, que me lleva bordeando el jardín zoológico y el Palacio Troja, y al puente para llegar a mi meta.
El Palacio Troja y sus jardines

Al pié del puente veo un bar con Staropramen, no hay nadie, la piba que lo atiende está masturbando un smartphone. No quiero hacer trampa y pido una cerveza, justo cuando a la cámara se le acaba la batería. ¡Qué boludo, tendría que haberla cargado antes de salir! Mis lectores tendrán que bancarse la calidad patata de mi celular.
Aguadero con Staropramen al lado del puente
Alguien menos racional que yo habría tomado eso como un mal augurio y habría seguido camino. La cerveza no está bien. No está tan mal como la Gambrinus en Klecany, pero un toque peor que la Rychtář en Roztoky. La termino a duras penas porque tengo sed.

(Distancia recorrida entre cervezas: 1,9 km)
Apenas tomable
Cruzo el puente y me doy cuenta que todavía no estoy en Stromovka, me falta un puente más. Estoy en Císařský Ostrov. Vaya problema. Voy a tener que tomar más cerveza, y me estoy acercando a las caballerizas con el bar que sirve Konrad.
Kornad en la Caballeriza

¡Por el amor de Krishna! ¡Puta que los parió! ¡Esta birra es una MIERDA! (la tendría que haber pedido después de volver del baño). La de Klecany podría atribuirse a problemas técnicos y una buena dosis de mechupaunhuevismo. Pero esta no. Hay que tener ganas y determinación para hacer algo así. A esta birra la cagaron con premeditación y alevosía. Incluso si tuviese a alguien con quien charlar, no estoy seguro que podría terminarla. Y no la termino, me voy y la dejo en la mesa. No creo que le vaya a gustar ni siquiera a las avispas. ¡Me cago en esa gente!
(Distancia recorrida entre cervezas: 0,4 km)
Una garcha en vaso de plástico. Intomable

Por suerte ahí al lado está la escuela de equitación con el bar que vende Ferdinand, que espero me pueda sacar el mal gusto.
Ferdinand en una escuela de equitación
Pido una desítka y la pruebo apenas me la dan—ya no quiero sorpresas—está bien, bastante bien. Me siento a la única mesa en la sombra que todavía tiene lugar. La comparto con dos chicas bastante lindas. Una es alemana y la otra inglesa, y vinieron desde Mělník en bicicleta. Me dicen que se acordaban de haberme visto en el camino, y me acarician un poco el ego. Me preguntan si sé de algún hostel no muy lejos y cómo decir algunas cosas en checos. Contesto a sus preguntas y trato de ayudarlas. Lo único raro es que no toman nota de nada. Será que tendrán buena memora, no importa. La charla se va a otros temas y me hace acordar a muchas otras que tuve en muchos hostels de varios países cuando en mis años mozos viajaba solo; me trae un poco de nostalgia. Las chicas se van, les deseo suerte, termino mi cerveza y, ahora sí, voy para Stromovka.
(Distancia recorrida entre cervezas: 0,1 km)
Mucho mejor

Cruzo el último puente, y el túnel y llego al parque. Menos cansado de lo que esperaba. Por un momento considero ir derecho a Dejvice, pero me acuerdo que va a ser todo cuesta arriba. Puede que no esté tan cansado, pero tampoco vamos a andar boludeando. Agarro para la izquierda, para Výstaviště. Me tomo el tranvía desde ahí y a la mierda. Pero antes me encuentro con un lugar que no conocía, Grill Park Výstaviště. Habrá que ver de qué se trata.
Este lugar es nuevo, pinta lindo
El tipo del carrito me dice que tiene voy a tener que esperar porque tiene que pinchar un nuevo barril de Kozel. Buenas noticias. La cerveza está rica, y la bávorská klobása está de rechupete (puta, no sabía que tenía tanta hambre). Me gusta lugar, pero también me acuerdo de otro en Výstaviště que tengo ganas de visitar. Allí vamos, para la última birra.

(Distancia recorrida entre cervezas: 0,9 km)
Kozel de un barril fresco y klobása. Nada mal

U Primasů abrió hace poco en uno de los edificios originales del complejo, que estuvo abandonado por varios años, pero que desde el principió funcionó como un restaurante. Es muy bonito, y la camarera muy simpática. Le pido una desítka de Lobeč y un queso frito con papas.
La entrada a U Primasů
En lo que a mí respecta, Zdeněk Polreich se puede ir a lavar las tetas al río las Conchas. Smažák es buen morfi, cuando está bien hecho, y este está muy bien hecho. Rebozado dorado oscuro, crocante, sin una gota de aceite, con el interior todavía firme. Buen queso, bien frito. Y la birra estaba exquisita también. Cada gota.

(Distancia recorrida entre cervezas: 0,4 km)
Lobeč 10°. Broche de oro.
Me encantaría quedarme a tomar otra. Pero ya no puedo más, estoy bastante mamado. Me voy a ir a casa y dar un baño. Que el mundo se vaya a cagar. ¡Puta madre, que día!


Na Zdraví!