9/12/14

SinCata: Jaws Beer Tomahawk.lgr


Recibí estas dos cervezas de mi amigo ruso Jegor (es curioso como nos conocimos, en Svijany Pivní Slavnosti de 2007, en donde cruzamos un par de palabras, y ahora nos juntamos a birrear cada vez que se da una vuelta por Praga). Son de Jaws, una micro-cervecería de Ekaterimburg, la mejor de la zona, de acuerdo con él.

El otro día abrí la de la derecha. Tomahawk.lgr, más que nada porque a excepción del % de alcohol y el grado Plato, estimo, no había otra información en la etiqueta (o mejor dicho, no había nada que pudiese entender, todo estaba en ruso) y creo que tomar una birra sin saber casi nada de ella puede ser bastante divertido.

Sí, ya sé. Podría haberla buscado en internet. Pero en serio, ¿para qué? No tenía ganas de generar expectativas innecesarias, ya tenía la cerveza en la mano, había sido un regalo y la iba a tomar sea lo que sea, así que pensé que sería mejor hacerlo libre de sobrecarga de datos.

Saqué un vaso de la alacena, pero dije “a la mierda”, y agarré mi jarro de cerámica favorito (en lo que
a mí respecta, el mejor recipiente para prácticamente cualquier tipo de cerveza, y no discutas porque estás equivocado).

Esperaba que la cerveza sea negra (¿por qué usaría alguien una etiqueta negra de no ser así) y lo era, y bastante, si el color café con leche de la espuma puede servir de indicativo.

Al principio, de manera casi insensata... No, no, esa no es la palabra. Instintiva, ahí esta, busqué un estilo que le vaya a la cerveza, lo cual también puede ser bastante divertido (¿será...? No, ese no es fiel a la cerveza. ¿Quizás es...? No, no del todo, pero le podríamos dar una medalla de plata, qué se yo). Pero me duro dos o tres sorbos, no más. Luego de haber determinado que se trataba de una cerveza muy bien hecha y hasta ahí bastante buena, ya estaba listo para comenzar con la actividad más placentera de tomar—levantar, inclinar, sorber, disfrutar, repetir—mientras mi mente se ocupaba de otras cosas más importantes. Y aun así, mi atención sería aprehendida un par de veces más antes de que haya terminado el jarro, como si la cerveza quisiese dejar bien en claro lo espantosamente equivocado que está Randy Mosher.

Ser un bebedor que sabe lo que quiere y le gusta, mucho más divertido y placentero que ser un catador.

Na Zdraví!

5/12/14

La Ronda rebuteada "La Relación entre Blogueros y Productores"


No iba a participar, aunque el tema que Cerveriana propone a los gritos este mes para la segunda edición del reboot, remake, como mierda quieran llamarlo de La Ronda me parece algo más interesante que el que El Jardín del Lúpulo propuso el mes pasado, pero justo en este momento no tengo nada mejor que hacer, y la pregunta que el muchacho este hace–¿COMO PENSÁIS VOSOTROS QUE DEBE SER LA RELACIÓN ENTRE BLOGUERO Y PRODUCTOR?–es de muy fácil respuesta.

No existen motivos para que la relación entre bloguero y productor deba ser diferente a cualquier otra relación resultante de una transacción comercial, con todos los derechos y obligaciones derivados de ella. Cualquier cosa que trascienda esa relación, queda a puro y exclusivo criterio de las partes, y dependerá en mayor o menor medida de las circunstancias, el carácter de los individuos y, seamos sinceros, de sus intereses, objetivos y necesidades.

En otras palabras, el bloguero no tiene ningún tipo de obligación de darle trato preferencial al productor, ni de consumir sus productos, ni mucho menos de hablar bien (o mal) de ellos. Del mismo modo, el productor no tiene ningún tipo de obligación de darle a un bloguero un trato diferente al que le puede dar a cualquier otro consumidor, ni mucho menos de darle atención alguna al contenido que el bloguero produzca.

Me parece muy claro, y que no deja demasiado lugar al debate, mucho menos, la polémica.

Pero antes de terminar, hay dos cosas que quería mencionar.

Cerveriana pregunta si un bloguero puede perder su objetividad al ayudar a un productor. ¿Me habré perdido de algo? Porque hasta donde yo sé, la objetividad (ni la imparcialidad) es algo que no podría considerarse como un requisito de los blogs, diría que por el contrario ¿Cómo se puede perder algo que nunca existió?

Y me gustaría también saber a qué se refiere Cerveriana con lo siguiente AL HILO DE LA FRASE "SUMAR Y NO DIVIDIR" ¿A CUALQUIER PRECIO?. Yo creo que las posiciones de blogueros y productores no podrían estar más divididas: los unos gastan plata en cerveza, los otros se ganan la vida vendiéndola, pero quizás estoy viendo las cosas desde otro ángulo.

Pero bueno, más no me queda decir, sobre este tema ya he hablado hace poco acá y acá.

Na Zdraví!

3/12/14

3 Breves Reseñas de 3 Boliches Nuevos


(Bueno, uno de ellos no es tan nuevo, en realidad)

He visitado tres lugares nuevos que han dado mucho que hablar. La semana pasada fui a BeerGeek y Dno Pytle, y la anterior a Vinohradský Pivovar.

BeerGeek, un desprendimiento de lo que muchos consideran como la mejor Pivotéka praguense, abrió a mediados de octubre, creo, y se convirtió en un éxito instantáneo entre la intelectualidad cervecera local. En muchas maneras, es lo que Zubatý Pes fue hace 3 años (y sigue siendo), solo que BeerGeek tiene la ventaja de llegar a un mercado mucho más maduro, en una dirección mucho mejor, y con un local bastante más lindo. Me gustó el boliche mucho más de lo que algunas fotos que había visto me hicieron creer que me gustaría (aunque sigo creyendo que los LCD para la lista de cervezas son objetivamente feos), y me sentí cómodo enseguida—el bar tiene muy linda pinta, al igual que la ventana a la cámara refrigerada con barriles y botellas. Tengo dudas de si 30 grifos no son un poco demasiada para un bar que no es muy grande, pero todas las cervezas que tomé* estaban en buenas condiciones (si bien un toque demasiado gasificadas en un par de casos), y la gente detrás de este pub sabe lo que hace y lo quiere hacer bien, y por ello merecen ser exitosos. Esperemos que puedan poner arrancar pronto con la cocina y al menos ofrecer algo básico para picar.

Dno Pytle abrió a principios de año y tuve ganas de visitarlo desde el día que me enteré que se especializaban en cervezas alemanas dispensadas por gravedad, y soy fanático de las cervezas dispensadas por gravedad de Alemania, o de cualquier otro país. Luego de varios planes frustrados de darme una vuelta, por fin pude ir sin haberlo planeado (lo decidí mientras todavía estaba en BeerGeek). Es muy probable que para cuando llegué a Dno Pytle haya estado un poquitín pasadito de copas, y solamente vi la parte de arriba, y aun así me encantó. Estaba tomando una birra, charlando con el dueño de turno—son dos-- sobre el concepto del boliche, sus planes—hasta el momento, han estado ofreciendo cervezas dispensadas por gravedad solo un par de días por semana, pero ahora, con nuevos almacenes, lo quieren hacer todos los días—y de otras cosillas cerveceras cuando el pibe aceptó pinchar un barril de algo que debe haber sido una Dopplebock, estaba buenísima, pero me dejó casi KO (era la décima birra del día con el estómago casi vacío), pero no me arrepiento en lo más mínimo. Igual que en BeerGeek, la gente detrás de este pub sabe lo que hace, y están determinados a hacerlo bien; también se merecen el éxito.

Me gustaría poder elogiar del mismo modo a Vinohradský Pivovar. Si bien abrió en octubre, hubo que esperar más o menos un mes para que la cerveza de la casa esté lista. Paré a almorzar unos días después de que pincharon la primera partida de Vinohradsky Ležák. Normalmente, habría esperado al menos un mes antes de siquiera pensar en ir a un nuevo brewpub o comprar algo de una micro nueva, pero esta tiene pedigree—Franta Richter es el Maestro Cervecero. Empecemos por lo bueno. El lugar, si bien no de mi estilo, es muy lindo, y la vista al equipo de cocción de cobre de 25hl es un espectáculo; servicio y comida, ambos muy buenos; la cerveza, por otro lado, buena no estaba. Un delicado blend de clavo de olor y cable quemado, así es como puedo describir la no muy intensa, pero sí muy desagradable nota de esa cerveza; y no soy el único que la ha sufrido. En su página de FB, Vinohradský Pivovar explicó que se trataba de la partida de prueba, lo cual no me pone para nada contento. Esperemos que cualquiera haya sido el moco que se mandaron ahí pueda ser resuelto para las partidas futuras.

Ya está, nada más. Sigan tomando.

Na Zdraví!

BeerGeek Bar
50.0770831N, 14.4500106E
Vinohradská 62 – Praha-Vinohrady
+420 775 260 871
Lun-Dom: 15-02
Metro A, Tranvía: 11, 13 – Jiřího z Poděbrad

Dno Pytle
50.0729339N, 14.4234533E
Kateřinská 10 – Praha 2-Nové Město
+420 773 028 326
Lun-Vie: 14-23, Sáb-Dom: 17-00
Tranvía: 4, 10, 16, 22 – Štěpánská; Bus: 291 – Větrov

Vinohradský Pivovar
50.0752981N, 14.4576075E
Korunní 106 – Praha-Vinohrady
+420 222 760 080 – rezervace@vinohradskypivovar.cz
Lun-Dom: 11-24
Tranvía: 10, 16; Bus: 136, 175 – Orionka

*No pagué por las cervezas en BeerGeek. Las tomé durante una entrevista con Munchies

21/11/14

Pensamientos de viernes


Cuanto más leo la entrada del otro día de Birraire ”Las Mismas Reglas para Todos” más discrepancias encuentro.

El problema no es tanto el mensaje que quiere transmitir, sino el forzado—y para mi falaz—paralelo entre productores y blogueros que usa para ello (nota: por blogueros me refiero a los autores de blogs de “consumidores” y no de “empresarios”, no porque tenga algo en contra con estos últimos, sino porque... bueno, ya verán).

Lo que le molesta a Birraire es que las “malas prácticas” de algunos blogueros han hecho que todos terminemos en la misma bolsa. Como si eso fuese un problema más serio que un pellizco al ego. Uno, dos, diez, cien, mil lectores más o menos de un día para el otro no hacen ninguna diferencia de peso, ninguno vive de esto, es un hobby que algunos nos hemos tomado demasiado en serio; además creo que los que son capaces de producir contenido interesante, tarde o temprano van a recibir la atención y el reconocimiento que se merecen.

En contraste, para los productores, terminar en la misma bolsa junto con los competidores que no saben hacer las cosas bien puede significar un inconveniente constante y sonante. Pero así son las reglas del juego y las tienen que aceptar, en tanto no sean capaces de encontrar una alternativa a la marca “Cerveza Artesana”.

Son reglas diferentes a las de los blogs. O mejor dicho, son reglas que los blogueros se pueden dar el lujo de ignorar y quebrantar sin demasiado temor a las consecuencias, porque en realidad no hay demasiadas. Un blog es expresión pura, contenido de consumo gratuito cuya calidad dependerá en gran medida de la personalidad y de los objetivos que cada bloguero tenga como autor.

Los productores no se pueden permitir tales lujos tan liberalmente. Venden una mercadería e intentan convencernos que la mercadería que ellos fabrican es mejor que la alternativa para que nuestro dinero termine en sus bolsillos y no en los de la alternativa, lo cual es su objetivo primario, por lejos (cualquier otro objetivo que puedan tener como empresarios dependerá siempre de su capacidad de alcanzar el primero). Es razonable, entonces, que las reglas sean más estrictas, que se espere de ellos un mínimo de profesionalismo, de valor a cambio de nuestro dinero y de respeto por el cliente y el consumidor. Lo único que se le puede razonablemente exigir a un bloguero es que sea honesto, pero eso es lo mínimo que se le exige a cualquier persona, más allá de lo que haga.

Claro que al igual que los blogueros, los productores son libres de ignorar, desestimar y hasta burlarse de las críticas y los críticos, pero, a diferencia de los blogueros, es algo que podría llegar a costarle.

Las raíces de este desafortunado paralelo creo que se pueden encontrar en la idea de Birraire de que los blogueros somos también players en la industria, algo que para mí bordea lo absurdo (perdón Joan, no es de mala onda, pero otra palabra no se me ocurrió). Según la analogía futbolística con la que él explica esta idea en un comentario:
...sencillamente somos una parte, un jugador más del partido. No somos el delantero centro goleador, pero sí un lateral derecho que tiene que tapar su banda, o un suplente. La cerveza, en un país sin tradición que empieza a ver como va creciendo su panorama, es un gran partido donde cuentan los 11 del campo más todos los del banquillo: y todos tienen que estar en forma.”
Sin ponerme a pensar demasiado sobre la identidad del rival que blogueros/consumidores y productores/empresarios se supone tenemos en común, voy a seguir la analogía de Birraire: no somos el lateral derecho, ni estamos en el banco de suplentes, ¡no somos ni siquiera el aguatero del equipo!

Seamos serios. No tenemos nada en juego en la industria. No nos hemos endeudado para poder escribir nuestros blogs, y no se deriva de ellos ninguna obligación para con nadie más que nosotros mismos. No tenemos que salir a la calle a venderlos en un mercado con cada vez más competidores. Producimos si tenemos tiempo y ganas (independientemente de qué tan en serio cada uno se tome a su blog, dudo que haya alguien que lo priorice sobre su trabajo, estudios u otras obligaciones), el único efecto que puede tener interrumpir la actividad por un par de semanas o un par de meses es una caída en el número de visitas. No tenemos que rogar que los clientes nos paguen en término para poder nosotros pagar en término a nuestros proveedores, porque no tenemos ni unos ni otros. No sufrimos la angustia de casi todo empresario pequeño sobre el largo y mediano, y en algunos casos hasta el corto, plazo de nuestros emprendimientos porque de un día para el otro, y sin ningún motivo ni esfuerzo, lo podemos abandonar sin que ello conlleve consecuencia alguna ¿cuántos son los empresarios que podrían decir eso "basta, me aburrí, chau"? Pero tampoco cosechamos los beneficios; el éxito (o el fracaso) de tal o cual empresa muy probablemente no resultará en ningún cambio significativo en nuestras vidas, ni en lo material ni en lo personal.

No, no somos players. Algunos serán el gordo que le pega al bombo en la tribuna, otros, los comentaristas o cronistas del partido, y el resto son como muchos aficionados al deporte, no son hinchas de ninguno de los equipos, solamente quieren sentarse a ver buen fulbo y comentarlo más tarde con sus amigos en el bar o la oficina.

Esto no es una actitud corporativista de mi parte. Como lector, puedo contar contar con los dedos de una mano los blogs cerveceros en español que valen la pena. Al resto, es decir, a casi todos, los encuentro desde aburridos y redundantes, a directamente malos. ¿Y qué? Como digo arriba, un blog es expresión cuya calidad, contenido y propósito queda a criterio exclusivo del autor. La crítica y la polémica, gratuitas o no, el elogio, la objetividad, la subjetividad, la imparcialidad o el enamoramiento, la huevada, la información, el copia-pega, la nota de cata, la reseña—positiva o negativa—la diatriba y la queja, esté todo esto bien o mal escrito, con o sin errores gramaticales o de ortografía, y todo puede ser ignorado, y también criticado.

Na Zdraví!

16/11/14

Un poco de sanata dominguera desde España


Una tienda especializada Catalana ha tenido la enorme gentileza de explicarnos por qué la cerveza artesana no es tan barata con cuatro argumentos muy simples y que seguramente acabarán con el acalorado debate sobre los precios. El primero de los cuales es el siguiente:
Producción limitada. Este tipo de cerveza no se podrá comprar en otra ciudad o región, a no ser que se trata de una tienda online especializada en cerveza artesana, como es Beer Delux. El ratio de las microcervecerías artesanas no supera los 100 km. Es un producto de calidad que podría verse alterado si se somete a temperaturas inadecuadas. La producción es limitada, con lo que es más fácil que se agote. Se trata de un producto exclusivo (énfasis en el original) y los clientes son conscientes de que si no lo compran en ese momento, quizás no podrán hacerlo hasta un año después.
¡Mierda! Y yo que creía que era debido a economías de escala, los márgenes que se fijan distribuidores, minoristas y hosteleros, y la aceptabilidad de cierta parte del mercado. ¡Qué ingenuo!

En serio loco, ¡dejate de joder!

Podría seguir con lo de las materias primas autóctonas (sic), la innovación y otras gemas que se pueden encontrar en la sanata de esta gente, pero creo que el párrafo citado ya dice suficiente.

Es increíble que a esta altura del partido siga habiendo gente que nos toma por pelotudos de esta manera tan alevosa.

Na Zdraví!

PS: Más allá de mis preferencias personales, no suscribo al argumento de que la buena cerveza debe ser un producto popular, ni al que debe un producto para unos pocos privilegiados. Puede ser ambos, y cada empresario es libre de posicionarlo como mejor le parezca, pero por favor, que lo haga sin insultar nuestra inteligencia.

13/11/14

Voy a ser justo con B:CRYO


El comentario que hice esta mañana en mi página de FB sobre B:CRYO, el nuevo producto de Budějovický Budvar me salió un tanto negativo, y quizás no del todo justo.

B:CRYO es, básicamente, una Eisbock. De acuerdo al video que pueden ver en la página enlazada arriba, fue creada de un accidente (¿dónde oí eso ya?) que resultó en la crioconcentración (me gusta más que “destilación en frío”, es mucho más correcto) de las cervezas regulares de Budvar a 21% de alc./vol (lo cual, desde el punto de vista legal, la pone en la misma categoría que el Whisky)

Este producto, que estuvo en desarrollo por dos años, tendrá una disponibilidad muy limitada—en apenas unos pocos bares selectos—y se sirve de una manera un tanto rara (van a tener que ver el video para entenderlo, y sí, esa botella es de plástico).

Como consumidor, no es algo que me pueda interesar. En primer logar, por el precio—Pivní.info habla de 300-400CZK por 0,3l, que es mucho más de lo que estoy dispuesto pagar hoy día por un vaso de escabio, más allá del octanaje. En segundo lugar, porque no quiero verme obligado a ir a un bar específico por producto de este tipo. Y en tercer lugar, porque el modo de servicio de demasiado circo para mi gusto (me pregunto cuánto del precio se van en el “ritual”), y no me gusta atraer ese tipo de atención en un bar.

Sin embargo, como un observador entusiasta del mercado cervecero local, B:CRYO es bastante interesante. Es la primera cerveza de su tipo en el país, y no es el producto de una de las micro-cervecerías progresivas que han aparecido en los últimos años, sino que viene de una de las cervecerías más grandes, y quizás más conservadoras, del país, que, dicho sea de paso, es una empresa estatal.

Si esta Eisbock termina siendo algo bueno o no, es algo que deberán decir otros. Yo no la puedo evaluar ni de una ni de otra manera hasta que no la haya tomado, lo cual no es probable. Pero si alguno de ustedes se la encuentra, y tienen 400CZK de más en el bolsillo, díganme que les pareció.

Na Zdraví!

11/11/14

Unas palabras sobre ética


Ayer, Andrés Lúpulo dejó en su perfil de Facebook un comentario que causó bastante revuelo:
Hoy me preguntan unos conocidos con negocio relacionado con la cerveza por un blogger con página dedicada a comentar cervezas, cervezeras, cervecerías, tiendas... Les comento que me suena de facebook y que la verdad no se si lo conozco en persona o no, ya que me pierdo a veces con los nombres de blogs y las personas que están detrás, y es que cada día hay más. Intrigado por el motivo, les pregunto la causa y me dicen que a cambio de 12 cervezas a su elección (CON DOS COJONES), el susodicho hablaría bien de su negocio en su página (sin conocerles de nada, sin haber estado nunca, y sin saber como es el negocio, si está bien surtido, si está bien atendido...).
Y que toca un tema polémico que ha sido discutido en más de una oportunidad en la blogosfera cervecera angloparlante, en especial por Andy Crouch, pero que hasta ahora había sido prácticamente ignorada por los blogueros hispanos.

Empecemos por ser sinceros. Todos queremos tomar gratis, es el ideal del consumidor—la gratificación sin esfuerzo ni costo. Pero somos personas razonables y civilizadas y aceptamos los principios de la transacción comercial; no nos molesta pagar por productos o servicios (al menos no cuando nos satisfacen) en gran parte porque entendemos que de esta manera colaboramos con la sostenibilidad de las empresas que nos los ofrecen, máxime cuando se trata de cerveza—un producto no esencial que podemos elegir de entre una amplia oferta. Sin embargo, el ideal siempre está allí, como un deseo acechando en algún rincón más o menos iluminado de nuestro Ello.

Convertirse en un autor o bloguero de cierto renombre en un mundillo tan pequeño como el cervecero trae consigo una serie de ventajas: somos invitados a eventos, a visitar fábricas, a viajar, nos mandan botellas; en otras palabras, las oportunidades de tomar gratis no son tan raras. Es algo que por supuesto disfrutamos mucho, y agradecemos también.

Pero al mismo tiempo, esto inevitablemente nos lleva a un área gris de la ética. Por un lado tenemos el efecto psicológico de la satisfacción del deseo primordial—lo gratis siempre es más rico—y por otro, las reglas tácitas de la cortesía que hacen que nos sea difícil criticar algo que nos han “regalado”. (Tengo que confesar que no sé qué habría hecho si en el viaje al que Heineken-CZ me invitó el año pasado no la hubiese pasado bien.) Esto algo que, por supuesto, los empresarios saben bien, y que es moneda corriente en todo tipo de industria y sector.

Sin embargo, lo que hace este pibe (y no voy a decir quién es, porque no quiero hacerle ningún tipo de publicidad, pero si tienen curiosidad, pueden ir al hilo que enlacé arriba sí que voy a decir quién es, Birraperotorio del Xino, un blog lamentable en más de un sentido) va mucho más allá de esto. Este muchacho, ha contactado de manera sistemática a empresarios del sector cervecero—elaboradores, distribuidores y minoristas—pidiéndoles productos como canje publicitario, haciendo alarde de los muchos seguidores que tiene en redes sociales (como si eso fuese un indicador fiable hoy día). La ética de este proceder es ya de por sí cuestionable, más aun cuando el autor del blog no hace mención clara de esto; pero no termina ahí, sino que el autor también asigna puntuaciones a cada una de las cervezas (el caradura hasta le da una puntuación a la calidad precio, de algo que no pagó), como si se tratase de reseñas independientes y desinteresadas, cuando en realidad se trata groseras transacciones publicitarias.

Andrés, entre otros, se equivoca al cuestionar la objetividad del blog. Las opiniones nunca pueden ser objetivas, pero sí deben ser honestas, y justamente eso, la honestidad de las opiniones, lo que se debería poner en gran duda.

Pero bueno, no tenemos obligación de leer (ni respetar) al blog este, al igual que los empresarios no están obligados a colaborar con su autor. Somos todos adultos y cada uno sabe lo que hace.

Sin embargo, y mientras pensaba en todo esto, me acordé de una iniciativa que hace poco se dio a conocer en el Jardín del Lúpulo, intentar trabajar más estrechamente con elaboradores.

Tengo mis dudas sobre la efectividad de los blogs en general como canal promocional, pero estimo que los empresarios tienen un panorama más claro que yo, así que sin datos concretos es mejor no discutir al respecto. Lo que me genera todavía más dudas es el aspecto ético de esta relación casi simbiótica, cuando es propuesta por los blogueros como algo que podría beneficiar de igual manera a los habitantes de ambos lados del mostrador.

Yo no creo que los blogs en general deberían buscar crear una relación con los empresarios que vaya más allá de lo comercial. Pero no seamos ingenuos, esto no significa que hay que evitar relacionarse con los empresarios, sino que la relación debería surgir preferentemente como algo espontáneo, no muy diferente a la relación que cualquier fulano puede llegar a desarrollar con el dueño de su bar preferido; o al menos debería surgir como una iniciativa del empresario, quien es el que en última instancia, podría decirse, se termina beneficiando en mayor medida.

En los más de siete años que llevo escribiendo, he tenido la suerte de conocer mucha gente del otro lado del mostrador, y desarrollar con muchos de ellos relaciones que han trascendido lo comercial. Salvo contadísimas excepciones, esas relaciones empezaron cuando yo era un cliente más o menos habitual, pero siempre satisfecho, de estos empresarios, y en la mayoría de los casos, la iniciativa fue de ellos.

Por supuesto que me he beneficiado mucho con estas relaciones, he viajado, tomado, comido, festejado, todo a cuenta de la casa, pero sigo siendo cliente de esas personas, y nunca espero (y mucho menos exijo) que me den algo gratis porque no sería del todo respetuoso de su trabajo.

Son también relaciones que valoro mucho, me han dado la posibilidad de tener experiencias como esta o esta, por poner dos ejemplos, y algunas de estas personas se han convertido en amigos, y siempre que puedo, trato de ayudarlos, de una manera que va más allá de una simple mención en mi blog.

No obstante, soy más consciente que nadie del dilema ético que este tipo de relaciones a veces presenta, pero, tal como dije a fin del año pasado, quiero escribir historias y sin un cierto nivel de acceso privilegiado, sería muy difícil lograrlo. El desafío en este contexto es mantener la transparencia y la honestidad conmigo mismo, que es, me imagino, el desafío de cualquier bloguero que quiera ser respetado y tomado mínimamente en serio.

Pero qué mierda, a seguir tomando que la vida se acaba.

Na Zdraví!

8/11/14

Es solo un buen negocio


En los años que han pasado desde la publicación del libro de Evan Rail The Good Beer Guide—Prague & The Czech Republic, el número de micro cervecerías en este país se ha prácticamente quintuplicado (solamente en Praga hay en estos momentos 23, comparado con las 6 que había en 2007, y hay por lo menos una más planeada).

Más allá de lo que algunos creen, o esperan que creamos, esto no tiene nada que ver con una revolución, y mucho menos un movimiento, sino con plata. El boom micro cervecero no se deben a que casi 200 entusiastas cerveceros románticos han decidido hacer realidad el sueño de sus vidas, sino más que nada porque emprendedores ven al modelo de micro cervecería como una inversión sensata—en tanto tengas el lugar, tener tu propia fábrica funcionando no es demasiado caro. Y tengo los números para probarlo. He hablado con un par de personas que conocen esa parte de la industria muy bien y lo que me dijeron es muy interesante.

Sin tener en cuenta los trabajos de albañilería que puedan ser necesarios para acomodar el equipo, podés tener una fabrica con un equipo de cocción para 5hl por menos de 3 millones CZK, o algo más de 4 millones, si querés tachos para 10hl—en ambos casos, más que suficiente para un brewpub con una capacidad decente.

Una vez que el equipo está listo, y todos los papeles y permisos están en orden, vas a poder hacer una Světlý Ležák por 14-15 CZK/l (más o menos lo mismo que el precio mayorista de medio litro de Gambáč de barril), incluyendo costos de energía y mano de obra e impuestos. Una Světlý Ležák que no solo vas a poder vender a 30-35 CZK/0,5l sin que nadie se queje, sino que probablemente también te va a ayudar a atraer nuevos clientes. No es de sorprenderse entonces que todo el mundo y su tía le tenga ganas al negocio; y dudo que vaya a detenerse pronto. Creo que en el mercado hay tanto espacio como pueblos, ciudades y barrios capaces de mantener al menos un bar o restaurante lo suficientemente grande.

Lamentablemente, y como suele suceder en las industrias que atraen a todo el mundo y su tía, la calidad promedio termina sufriendo, y las micro cervecerías no son una excepción.

En los papeles, sin embargo, no debería ser así. Es verdad que hay una enorme escasez de cerveceros con capacitación profesional en este país, una situación que no pinta vaya a cambiar en un futuro inmediato. (Como nota al margen, la elaboración de cerveza en la República Checa es, de acuerdo con la ley, un oficio calificado; para las empresas esto significa que están obligadas a emplear a alguien con la calificación profesional pertinente para hacerse cargo de la producción, aunque más no sea para firmar las fichas de elaboración—la ley no requiere que estén físicamente presentes durante la elaboración, pero que se hagan formalmente responsable de ella). Los equipos disponibles hoy día pueden estar altamente automatizados. Funcionan no muy diferente a una de esas máquinas para hacer pan: ponés los ingredientes en las cantidades correctas, elegís el programa apropiado y la computadora se hace cargo de la mayor parte del trabajo. Al igual que con el pan, no hay motivo por el cual no deberías ser capaz de hacer cerveza decente, o hasta muy buena con ello. Pero la cerveza no es igual que el pan.

Según lo que me han dicho algunas personas, hay dos factores que a menudo resultan en cerveza pedorra: Los dueños empiezan a boludear con la máquina. Creen que después de hacer un par de partidas exitosas ya pueden armar sus propias recetas sin demasiada idea de lo que están haciendo. No es un problema demasiado grave, cualquiera debería desconfiar de cervecerías nuevas con muchos productos diferentes. Los otro, sin embargo, es mucho peor, y no te das cuenta hasta que es muy tarde; está relacionado también con la falta de mano de obra calificada. Algunos dueños tienden a no prestarle atención a cosas que son automáticas para con un mínimo de experiencia o capacitación profesional que podría resumirse en “el proceso de elaboración no termina en la sala de cocción”. Agregale a esto el pijoterismo y el mechupaunhuevismo para nada raro entre la gente que quiere hacer guita rápida de lo que hoy está de moda y no es de extrañarse que haya brewpubs con cervezas tan chotas o hasta podridas.

Lo cual es el motivo por el cual ya no me entusiasman las nuevas cervecerías por el solo hecho de ser nuevas, y no soy el único. Mi filosofía ahora es en general ingorarlas en tanto no tengo algún tipo de buenas referencias. Es prejuicioso, ya lo sé, pero no hay nada malo en ser un consumidor prejuicioso. Mi tiempo y dinero son limitados y prefiero gastarlos en cervezas que los puedan hacer valer. Por suerte para mí, eso es algo que no escasea en estos pagos.

Na Zdraví!

28/10/14

Cavilaciones de Martes por la Tarde


Nos debe haber sucedido a todos—y a algunos, más de una vez—descubrimos algo que nos entusiasma de sobremanera y nos sentimos obligados a compartirlo con el mundo.

En ocasiones, ese entusiasmo es tal que no nos alcanza con decirle al mundo “mirá qué lindo que es el objeto de mi entusiasmo, mirá lo interesante que es, fijate que...”. No, esperamos que el mundo también se entusiasme, que nos pida no solo que le contemos más, sino que le expliquemos cómo hacer para conseguirlo; y cuando el mundo no demuestra el suficiente interés, es decir, no le da al objeto de nuestro entusiasmos el respeto que insistimos se merece, lo tomamos como una afrenta personal, y cuestionamos la sensatez y la inteligencia del mundo.

Confieso haber sido culpable de esto. Me costaba entender por qué los restaurantes de alta categoría no se “tomaban en serio” a la cerveza ¿Cómo era posible que ofrezcan cartas de vino kilométricas, pero la única opción para los que querían cerveza era una marca genérica, por lo general en botella? Y empecé a cuestionar la sensatez y la inteligencia de los propietarios de esos restaurantes, cuando el insensato y poco inteligente era quizás yo.

Porque.

En la actualidad conseguir buena cerveza—a los objetos de una economía de palabras, entiéndase por “buena cerveza” a cervezas que verdaderamente me gustan y no aquellas que solamente tolero o me disgustan—no requiere de ningún esfuerzo especial de mi parte, ya sea si la quiero tomar en casa, o fuera, en donde tengo más lugares que ofrecen buena cerveza de los que el tiempo me da para visitar, incluso si lo que quiero es comer bien.

Por supuesto que las circunstancias todavía me podrían llevar a algún local gastronómico de alta categoría con una oferta cervecera de pobre a inexistente. En tal caso, es muy probable que esas circunstancias sean más importantes que mis preferencias etílicas y, en vista de lo expuesto en párrafo anterior, creo ser bien capaz de sobrevivir un almuerzo, cena o velada sin tomar buena cerveza. Hay más en la vida que ello.

En resumen, tengo demasiado para elegir como para preocuparme por estas cosas, y no creo que mi vida mejoraría, y mucho menos que el mundo sería un mejor lugar, si el día de mañana el grueso de los propietarios de restaurantes de alta categoría decidiesen darle a la cerveza un trato similar al del vino.

Pero aun así, vale la pena analizar los motivos por los cuales los propietarios de (no solo) restaurantes de alta categoría, o al menos la gran mayoría de ellos, no están interesados en la buena cerveza. Y como no tengo nada mejor que hacer hoy, y porque creo que ver las cosas de una perspectiva más amplia ayuda a entenderlas mejor y fomenta un mejor pensamiento crítico (y puede también ayudarnos a que demos cuenta de lo absurdo y poco inteligentes que a veces podemos ser).

Para empezar, hay un par de cosas a tener en cuenta: en lo que respecta a su relación con la cerveza, los propietarios de restaurantes de alta categoría no son diferentes al consumidor promedio. Como muchos otros consumidores promedio, es muy posible que estén al tanto de la existencia de alternativas al arquetipo de cerveza, y hasta que las consuman ocasionalmente, y con gusto, pero siguen siendo empresarios las decisione que toman dentro de su trabajo serán siempre para el bien de su empresa, ya sea en el corto o el largo plazo, y no para poner contento a nadie en particular.

Yendo a los motivos de su desinterés birrero.

Es probable que nadie haya aun sido aun capaz de hacerles ver los beneficios que ofrecer una carta de cervezas interesantes podrían generar para su negocio. Más claro, echarle agua. Sí, sí, estas cervezas artesanales son deputamadre—el otro día tomé una y me encantó, en serio, ¡estaba rebuena!—pero mostrame los números, pibe".

Es por otro lado posible que piense que expandir la oferta cervecera podría ser bueno para su negocio, pero no ha podido aun encontrar el proveedor adecuado. Los propietarios de restaurantes de alta categoría están acostumbrados a un cierto nivel de servicios por parte de sus proveedores de, por ejemplo, vino y, naturalmente, exigirán lo mismo de un proveedor de cerveza ¿por qué no?. Todo el verso de artesanal-100% natural-tradicional-revolución-movimiento que pueden funcionar con los consumidores—lo más ingenuos—no van a funcionar con un empresario de este ramo. Al tipo lo que le importa no es solo el producto, sino también el servicio y la profesionalidad de su proveedor.

Deberíamos preguntarnos, entonces, si se ha trabajado lo suficiente para convencer a los propietarios de restaurantes de alta categoría (o al público suburbano al ramo) sobre los beneficios comerciales de la buena cerveza y si hay gente capaz de cumplir con las expectatives y exigencias de estos empresarios en lo que respecta a profesionalismo, fiabilidad y calidad.

Pero hay dos motivos más que se me ocurren en este momento:

El propietario tiene un acuerdo firmado con una de las grandes empresas (quizás parecido a lo de este pibe), y está lo suficientemente satisfecho con lo que consigue a cambio como para buscar alguna alternativa.  En su momento es algo yo habría considerado no muy diferente a un soborno, pero que un empresario ve como una ayuda financiera, y tiene toda la razón.

No le gusta la cerveza, y no hay nada ni nadie que le pueda hacer cambiar de opinión. Y no importa lo lindo que le quede el vestido de seda, para él seguirá siendo un producto menor, propio de las masas incultas y malolientes, que no se merece respeto alguno, y mucho menos compararse con el buen vino.

Y hay de este tipo de gente, sí que la hay.

¿Y?

En serio, ¿Y?

Na Zdraví!

17/10/14

Se viene Česká pivní válka


Lo que ven abajo es la cola de un documental co-producido por Evolution Films, Česká Televize, y FAMU titulado Česká pivní válka (Czech Beer Wars).

El documental sigue a tres personajes: Pepa Krýsl, una muy conocida figura del mundillo cervecero checo, un Maestro Cervecero que se gana la vida, básicamente, vendiendo cervecerías; Martin Jarošek, un compositor tan enojado con Plzeňský Prazdroj que se va hasta Sudáfrica para, bueno, la verdad que no sé para qué y Ladislav Bureš, un elaborador casero de Moravia.

Soy bien consciente de que criticar una película solamente sobre la base de la cola es un ejercicio intelectual sin sentido, además de injusto. Pero la internet funciona gracias a esas dos cosas, y al porno, así que aquí les va.

De acuerdo a lo que se puede ver en la cola y lo que se puede leer en la sinopsis de prensa de la película (en checo), tengo la impresión de que hay algo ruidosamente ausente en la historia, las cervecerías regionales.

En la República Checa hay hoy un boom micro-cervecero no porque en los últimos años casi 200 entusiastas cerveceros han decidido hacer realidad el sueño de toda su vida, sino más que nada porque hay empresarios que lo ven a las micro-cervecerías como una inversión sensata—si se tiene el lugar, tener la cervecería propia funcionando no es muy caro, y si la empresa está bien manejada, se puede esperar un retorno de la inversión en cinco años. En otras palabras, es el amor al dinero más que el amor a la cerveza lo que ha alimentado este fenómeno. Nada de malo en ello, como consumidor, evalúo a una cervecería en principio de acuerdo a la calidad de sus productos, y no por las intenciones e ideales de sus dueños. Pero más allá de eso, con tan buenas posibilidades de éxito, no se puede hablar de una guerra, y mucho menos de una revolución. Un renacimiento, podrá ser, pero ya no estoy tan seguro.

Las cervecerías regionales, por otro lado, no la tuvieron tan fácil. Luego de una guerra mundial, cuatro décadas de deliberado descuido comunista, desregulación repentina del mercado y el estilo depredador del capitalismo de la década de 1990, es verdaderamente sorprendente que hoy todavía haya tantas dando vuelta, en especial teniendo en cuenta cuántas fueron las que no tuvieron esa suerte.

Más allá de la opinión que se pueda tener sobre las empresas, sus dueños o sus productos (no son todos santos, ni tampoco buenos), el hecho es que sin Bernard, Svijany, Ferdinand y las otras 30 y pico de cervecerías regionales, el paisaje cervecero checo sería hoy muy parecido al de la mayoría de los países, con poco o nada entre lo macro y lo micro, algo para nada bueno, en mi opinión. De hecho, me pregunto cuántos bares tipo Kulový Blesk, cervecerías tipo Matuška, pivotéky y cervezas importadas habría hoy en el mercado si las cervecerías regionales no hubiesen sido capaces de arrastrarse del olvido durante la década pasada (eso sí que es un renacimiento).

Pero bueno, a lo mejor estoy siendo injusto y, regionales o no, la película termina estando buena. Me imagino que voy a tener que verla para darme cuenta.

Na Zdraví!

Česká pivní válka debuta el 30 de octubre.

11/10/14

Sobre cerveza y las moscas que la aman


Este artículo sobre las moscas de la fruta y la cerveza realmente vale la pena leerse (en pocas palabras, el motivo por el cual estos bichitos de mierda están tan atraídos a tu birra es simbiosis; y es una relación que viene desde hace mucho, mucho tiempo), y llega justo cuando Ron Pattinson ha estado publicando una serie muy interesante sobre la historia de las Lambic.

Es una lástima, sin embargo, que la autora, Annie Sneed, no es alguien con más conocimiento cervecero, o al menos con una visión más amplia del tema. Si lo fuese, dudo que luego de hablar sobre un estudio realizado por la Universidad de Leuven y el Instituto de Biotecnología de Flandes, Bélgica, habría dicho que ”hay una nueva tendencia entre los elaboradores de cerveza llamada 'fermentación salvaje'”. Y quizás también habría sido llevada a hacer las preguntas que muchos nos haríamos, en especial, luego de enterarnos que:
Debido a que las levaduras no pueden viajar por sí mismas, (…) probablemente desarrollaron esa estrategia como un modo de escapar de entornos pobres en nutrientes, y migrar a lugares ricos en nutrientes frecuentados por las moscas de la fruta como frutas maduras o basura podrida.
Las preguntas, entonces, son: ¿Significa esto que los microorganismos que participan en la fermentación espontánea no están en el aire después de todo? ¿Juegan las moscas de la fruta algún papel en la producción de Lambic, o lo han jugado en el pasado? ¿Es posible que debamos a ellas la misma existencia de la cerveza?

Quizás alguien pueda responderlas, quizás no. Más allá de eso, son una nuestra de lo mucho que nos queda por saber sobre nuestro escabio favorito.

Na Zdraví!

PD: No es de ningún modo mi intención criticar a la autora, o a la revista, ya que ella no se la da de experto o divulgadora en el tema, y, por otro lado porque abre la puerta para que alguien que sí es un experto investigue un poco más.

10/10/14

Kostelec, Kounice, Comunidad, Tradición


El caballero de la foto de abajo es el Sr Kárel Klusáček, propietario de la Maltería y Micro Cervecería de Kounice, quien lejos de ser uno de esos dueños ausentes, cuida de prácticamente todos los aspectos del manejo de la empresa, y tiene 83 años.
Tuve el placer, y el honor, de conocerlo el miércoles pasado durante una excursión que había armado para un buen amigo mío y un par de sus compadres.

El viaje empezó con un almuerzo en Černokostelecký Pivovar, o mejor dicho, en Háje, en donde nos tomamos el bondi de las 10 para ahí.

Unos días antes había hablado con Milan Starec, alias Květák, para avisarle que íbamos a ir, y pedirle ayuda con la visita a Kounice. Ningún problema, dijo, ellos podían arreglar lo que haga falta, hasta conseguir un taxi, o algo por el estilo, para ir a esa localidad.

Lo llamé cuando llegamos. Me dijo que Vodouch, el dueño, nos encontraría en el restaurante después de comer, y que el se encargaría de todo.

La comida estuvo buena, muy buena. Las cervezas, todavía mejor; una 10º de Frýdlant y Černá Svině, la lager negra de 13º elaborada allí, en Minipivovar Šnajdr. Vodouch apareció cuando estábamos a media jarra de esa cerveza, y su primera pregunta fue si nos gustaba. ¡Era una belleza! Mejor que otras veces. Una partida extraordinariamente buena de una cerveza que ya en sí es muy buena y que esperan que sea la norma de ahora en más. Y tuvimos suerte, era el último barril.

Una vez que los vasos se hubieron vaciado, Vodouch nos mostró todas las instalaciones de la cervecería, dejándonos tocar todo, respondiendo a cada una de nuestras preguntas; una excursión VIP, podría decirse. Si todo resulta tal cual lo planeado, la fábrica que con un increíble esfuerzo han estado restaurando por más de una década debería volver a la vida a principios del año próximo. Lo que esta gente está haciendo ahí no es nada menos que destacable. Una historia que me he prometido contar, pronto.

Luego de la excursión, Vodouch nos dijo que lo esperemos al lado de una Transit blanca—a Kounice nos iba a llevar él, aprovechando para devolver unos barriles vacíos. En el patio nos encontramos con Hanz, Zlý Hanz. Estaba devolviendo unas cosas que había pedido prestadas para una (exitosa) presentación que él y Kulový Líbor habían dado para su negocio de importación. (Para los que todavía no lo entienden, así es una comunidad cervecera de verdad; gente que se ayuda mutuamente, sin esperar más que un gracias, o una birra, a cambio).

Llegamos rápido a Kounice, está a apenas 13km. En el camino, Vodouch me habló sobre algunas de las cosas en las que están trabajando. También comentó que para Vysmolení y Vykulení del año que viene quiere tener un máximo de 10 cervezas diferentes en cada uno; según no tiene ningún sentido tener más, y estoy de acuerdo.

El Sr. Klusáček no estaba todavía cuando llegamos, pero se encontraba en camino. A Kounická Hospůdka entonces. No teníamos ganas de esperar parados afuera en lo se había vuelto un hermoso día de otoño.
Lindo bolichito es ese bar de pueblo, de un modo sin pretensiones, y de pueblo. La primera ronda fue la Světlý Ležák de la casa. Excelente, aunque un poco demasiado carbonatada. Es lo que cualquier Světlý Ležák de las buenas debe ser, pero con algo más, algo que una nota de cata no podría describir en su totalidad. Le siguió Mouřenín, la Tmavý Ležák, aunque no tan buena como Černá Svině, estaba muy rica también.

El Sr. Klusáček no estaba esperando en la entrada de la maltería cuando salimos del bar unos minutos más tarde. Nos recibió a cada uno con una gran sonrisa y un firme apretón de manos. Estaba contento, y ansioso, de poder enseñarnos su reino.

El negocio familiar empezó en 1860 cuando el abuelo del Sr. Klusáček, que venía de una familia con ya un par de generaciones en el ramo cervecero, le compró los Liechtensteins la cervecería y maltería. En 1900, cerró la cervecería (el edificio todavía está en pie, a la izquierda de la entrada) cuando estaba claro que no podía competir con las modernas fábricas de cervezas lager en las ciudades más grandes vecinas–Nymburk, Český Brod, Kostelec--y decidió concentrarse en la producción de malta. Luego de conseguir poder absoluto a fines de la década de 1940, el régimen Comunista echó a su hijo (el padre del Sr. Klusáček) y estatizó la empresa.
El Sr. Klusáček no volvería a ver el interior de las instalaciones hasta que le fueron restituidas a principios de la década el 1990. Recientemente jubilado, se propuso hacer lo que cualquier otra persona sensata en su situación haría, tomar con firmeza el timón y continuar con la tradición familiar (tradición en serio, de carne y hueso) ahí donde su padre había sido forzado a dejarla. Tuvo un poco de suerte también; los camaradas habían continuado con la producción de maltas de suelo de alta calidad durante los 40 años que duró el régimen.

A toda esta historia, junto con la manera en la que las maltas de suelo son producidas, cómo el mismo varietal de cebada puede tener diferentes propiedades cuando es cultivado en campos a 30km uno de otro, y mucho más, el Sr. Klusáček no lo contaba mientras nos guiaba por las instalaciones de la maltería y luego, de la cervecería; sin detenerse en ningún momento para tomar aire, sin disculparse por ir despacio, porque despacio no iba. Su única “queja” fue un comentario que hizo mientras bajaba por una empinada, y antigua, escalera de madera: tenía que ir con cuidado porque hacía poco había tenido una operación de columna.
En la sala de cocción, un equipo de 5hl, además de cerveza y elaboración, nos habló sobre su e-shop de ingredientes (maltas propias y de Weyermann; lúpulos, checos e importados, y levaduras) que suministra a micro cervecerías de todo el país, sobre el negocio de exportación, su historia con un elaborador tejano, y más. Y en el abarrotado espacio de los fermentadores y los tanques, confesó que las cervezas no son elaboradas por él mismo, sino por un Maestro Cervecero que tiene contratado, pero que está aprendiendo.

Probamos las cervezas, claro, directo de sus tanques. La IPA, la cerveza con jengibre, ambas excelentes, y la Světlý Ležák, que nos voló la cabeza, sorprendentemente mejor que a apenas a unos metros en el bar. (una prueba más de que los que dicen que la cerveza sin filtrar por naturaleza “evoluciona” no tienen puta idea de lo que hablan, o nos toman por boludos, no sé qué es peor).

Cuando la visitá terminó, y luego de despedimos del Sr. Klusáček, todavía nos quedaba alrededor de media hora antes de que venga el autobús a Český Brod, donde tomaríamos el tren de vuelta a Praga. De vuelta a la hospoda, entonces, esta vez para una IPA, una de las mejores que tomado de producción nacional. Pero la conversación ya no era sobre cerveza, sino sobre este tío increíble de 83 años. Una persona que ama, y está orgulloso de lo que hace, con más vitalidad que la mayoría de la gente con la mitad de su edad que conozco, incluyéndome a mí algunos días.

Me hice una promesa, voy a volver a Kounice, y voy a sentarme con el Sr. Klusáček para escuchar su historia, en todo detalle. Como la de Vodouch, o la de Hermana Doris y la de Sonja, la del Sr. Klusáček es una historia que merece ser contada, el tipo de historias que el periodismo cervecero necesita en mayor número.

Na Zdraví!

9/10/14

Local vs Bueno vs Sobresaliente


Un par de días atrás, Stan Hieronymus se preguntaba si la calidad es más importante que la localía.

Para mí, la respuesta es muy fácil, un gran SÍ. Ya lo he dicho muchas veces, creo que es importante apoyar a emprendimientos locales. Pero también creo que todo está subordinado a la calidad, o mejor dicho, a mi percepción de la misma; y eso incluye a la localía. Si una cervecería local no es capaz de hacer una cerveza que yo quiera tomar, no voy a comprarla, no voy a apoyar a esa empresa. ¿Por qué habría de hacerlo? Por suerte, tal no es el caso donde vivo, y me gusto mucho apoyar a mi cervecería “local”, que elabora cervezas excelentes, con mis compras y más.

Pero lo que más atrajo mi atención en esa entrada fue la cita de un artículo firmado por un tal Greg Engert, que dice:
Bien, el deseo de tomar cervezas locales ha alcanzado un punto febril que a menudo ciega tanto a taberneros como a bebedores de cerveza artesanal sobre lo que en última instancia debería guiar nuestra elección: ¿es la cerveza de la más alta calidad? ¿Está libre de sabores indeseados? ¿Es deliciosa? En resumen, ¿es sobresaliente y memorable?
En lo personal creo que la búsqueda de Engert de lo sobresaliente y memorable es una tontería, en el mejor de los casos. Es ponerte en una posición en donde lo más probable es que termines decepcionado. ¿Puede haber alguien sensato que quiera vivir así? ¿Acaso no es bueno los suficientemente bueno? ¿Desde cuándo? Deberíamos recibir lo bueno con brazos abiertos; celebrarlo. Lo sobresaliente no debería dejar de ser eso, algo más allá de lo ordinario, algo que nos sorprenda, y por ello, más valioso. Cuando todo es sobresaliente, nada lo es.

Na Zdraví!

PD: Por otro lado, el hecho que alguien pueda considerar a una cerveza libre de sabores no deseados como algo sobresaliente y memorable habla por sí mismo.

30/9/14

La Respuesta


Estás en un pub (o un bar, o lo que sea, sabés a lo que me refiero). No estás solo, estás con grupo de gente. No estás ahí para una cata o ningún otro evento específicamente cervecero, estás ahí simplemente para pasar un rato con esa gente, y ese lugar fue elegida porque a todos les gustó lo suficiente, o algo por el estilo.

Pedís una cerveza, no es la primera cerveza del día, quizás ni siquiera la primera cerveza de esa sesión; y es una cerveza que ya tomaste varias veces, pero que no tomás muy a menudo. No hay nada en esa cerveza que te genere más expectativas que las que te pueda generar cualquier otra cerveza que ya conozcas. La pediste solamente porque en ese cuándo y dónde te dieron ganas de algo por el estilo.

Te traen la cerveza, le das las gracias a la persona que te la trajo asintiendo, y seguís con la charla que estabas teniendo, o escuchando lo que alguno de tus amigos estaba contando, o algo por el estilo.

Cuando llega el momento (qué se yo, terminaste de decir lo que estabas diciendo, o de masticar lo que estabas masticando, o no querés que la espuma se caiga) le das a la cerveza el primer sorbo, o mejor dicho, un buen trago.

Y ahí es cuando ocurre. Puede que dure una fracción de segundo, puede que dure algo más. Pero sucede. Cuando el trago te llena la boca, el mundo a tu alrededor se detiene y tus sentidos forman parte de un vórtice. Te sentís casi como el protagonista de un cliché de publicidad de TV, y no te importa.

Exhalás, ponés el vaso en la mesa, mirando a la cerveza, y sin sentir la transición, volvés a la realidad, consciente de que encontraste la respuesta a la pregunta de qué es lo que hace a una gran cerveza.

Na Zdraví!

29/9/14

Cavilando en el bondi de vuelta a casa


El fin de semana pasado fui contratado como guía cervecero para un grupo de 22 suecos. Lindo currito, no me puedo quejar.

Primero fuimos a Pivovar U Tří Řůží, en donde había arreglado una cata de las seis cervezas de fabricación propia que tenían ese día. Presenté a cada una de ellas (todas muy, muy buenas), contesté las preguntas que algunos de los miembros del grupo hizo sobre ellas, y sobre la cerveza en general, mientras que el resto en su mayoría comentaba lo que estaba probando. Todos quedaron muy satisfechos.

Una vez terminada la degustación, tomamos el tranvía a Klášterní Pivovar Strahov, en donde cenaríamos. Teníamos dos mesas largas reservadas en un salón que compartiríamos con otros dos grupos, más grandes que el nuestro, uno de gente cincuentona, el otro de estudiantes universitarios.

Por suerte, nosotros fuimos los primeros en llegar y pudimos pedir la comida y la primera ronda antes de que los otros dos grupos aparezcan. (aunque, hay que mencionar que el servicio fue en todo momento fantástico, incluso atendiendo a más de 100 personas). A diferencia de la cata, acá las preguntas fueron bastante pocas, los suecos parecían estar contentos con recibir jarros llenos de las excelentes cervezas que hacen en Strahov. Todos estaban de buen humor.

Luego de que los otros dos grupos hayan llegado, un dúo de polka empezó a tocar. La dechovka me gusta tan poco como a cualquier otro ser urbano que no se ha jubilado aun, pero tengo que confesar que en un salón cervecero repleto ese tipo de música tiene más sentido que cualquier otro. No tardó mucho para que todo el mundo levante sus vasos, golpee las mesas o aplauda al ritmo de la música. Cuando el dúo no tocaba, cada uno de los grupos se ponía a cantar sus propias canciones, bien fuerte, para el agrado de los otros dos, y también las sonrisas del personal. Uno de los suecos hasta logró que los tres grupos hagan una ola mexicana. Todos reían y cantaban, y la estaban pasando una bomba de putasmadres, a excepción quizás de un par de los purretes del más joven de los grupos, que se sentían demasiado modernos como para divertirse tanto. Una velada terriblemente fantástica, ¡y encima me pagaron!

Por algún motivo, en el bondi de vuelta a casa, todo esto hizo que me pusiera a pensar en el quilombo que Shock Top armó con su última campaña de marketing al atreverse a sugerir que la cerveza artesanal es pretenciosa. ¡Qué lo parió! Sí que se enojaron algunos.

Es una tontería, por supuesto. Una bebida no puede ser pretenciosa. ¿Empezaría a ponerme caras una botella de, digamos, Heady Trooper o Dark Lord si se me ocurriese mezclar la cerveza con Fanta, o si la tomase directamente de la botella mientras miro la tele y como Pizza congelada? Algunas personas, seguro que sí, y es probable que me intentarían convencer de que estoy haciendo mal.

Entonces, no es la cerveza, sino ese tipo de gente que rodea a la cerveza la que a menudo hace que todo parezca pretencioso, con sus caras serias, lenguaje esotérico, catas guiadas, maridajes con comida, elaboradas notas de cata, vasos correctos y temperaturas apropiadas.

No estoy diciendo que haya algo de malo en ello. Por el contrario. En primer lugar, porque en su peor manifestación, no es más que marketing disfrazado de algo cultural. En segundo lugar, porque, marketing o no, hay gente que sinceramente disfruta de tomar parte de ello. Sin embargo, no debemos olvidarnos que hay mucha otra gente que solo ve sanata pretenciosa y snob en toda esa seriedad y premeditación, en todas esas cosas que hay que hacer bien para poder disfrutar de una cerveza como es debido; o lo ve como algo que le quita mucho de lo divertido a su escabio favorito, y no se los puede culpar, como tampoco deberíamos sorprendernos cuando una empresa lo utiliza en su marketing.

Pero de vuelta a mi historia. Más allá de lo bien que salió la cata en Pivovar U Tří Řůží, no creo que haga falta que les diga en dónde nos divertimos más.

Na Zdraví!

24/9/14

Un Almuerzo Casual


El otro día un asunto del que me tenía que encargar me llevó a Braník, más precisamente cerca de donde Zemský Pivovar va a tener su cervecería (y una bocha de laburo por delante). Debe haber sido la primera vez que iba a ese barrio, y una vez que terminé lo que tenía que hacer, y con tiempo en mis manos, decidí que haría lo que siempre hago en tales situaciones, pasear.

El día estaba muy lindo para caminar, incluso cuesta arriba, y esa parte de Braník resultó ser un barrio residencial bastante lindo y muy tranquilo, aunque algo corto de bares (encontré uno solo, y no muy atractivo).

Sintiendo cada vez más sed, seguí mis pies hasta terminar en Podolí, frente a un local llamado Pivovarská Restaurace Dvorce (mis pies siempre han sido el mejor guía). El nombre me sonaba de algún lado y, después de estar parado ahí por un minuto, me acordé que lo había visto mencionado un par de veces en Pivni.info. El boliche vende cervezas de las dos cervecerías de Richter—U Bulovky y Jihoměstský—con precios que van de las 30 a las 39 CZK.

Era ya tarde a la hora del almuerzo, las mesas afuera estaban todas ocupadas. Iba a tener que sentarme adentro. La mejor manera de describir el interior es “olvidable”, como si los dueños solo se hubiesen molestado en poner los muebles y el resto de las cosas necesarias para que un bar funcione. El servicio, por otro lado, fue muy simpático y, más importante, eficiente. La comida también estaba buena. Pedí jabalí al horno con repollo y knedlíky, genial a 75CZK.

Tal como digo arriba, las seis cervezas de grifo son elaboradas por Richter. Tenía mucha sed cuando llegué y casi por reflejo pedí la 11º, solo para darme cuenta de que era Jihoměstská; luego de mi última experiencia con ella, antes de terminar empapado hasta los huesos, no estaba seguro de que quería volver a tomarla, pero era demasiado tarde, la camarera ya la estaba sirviendo. Mira vos qué sorpresa. Estaba en gran forma, aunque con un poco demasiado gas, sabía a una buena Vienna Lager, probablemente el mejor vaso de esta cerveza que alguna vez haya tomado.

Mi espíritu de aventura se despertó cuando terminé de comer y pedí la Pale Ale, una ganga a 39CZK. Una belleza, de verdad una belleza. Nada de esa cosa lupulada bochinchera que le gusta a los pendejos de hoy día, más clásico inglés que yanki moderno. Sabrosa, limpia y maravillosamente bien hecha. Me habría quedado a tomar otra de no ser por la banda de sonido. Horrenda.

Estimados propietarios y encargados de restaurantes,

Me parece bien que dejen que el personal escuche música mientras trabajan, incluso si lo que quieren escuchar el tipo de bosta generada por computadora que algún ejecutivo decidió tenía que ser el hit del verano. ¿Pero hace falta que sea con la puta radio, y en particular, una radio pop checa?

Puedo entender que haya gente que le gusta esa música, a pesar de que yo la encuentro repugnante, pero a nadie en su sano juicio le puede gustar la tanda publicitaria, a nadie en su sano juicio le puede gustar que cada diez minutos le griten para convencerlos que compren mierda que no necesitan.

¿Es tan difícil enchufar una notebook vieja a unos parlantes y pasar música desde ahí?

Por favor, considérenlo, el mundo les estará agradecidos.

Aparte de eso, el lugar es muy recomendable.

Na Zdraví!

Pivovarská Restaurace Dvorce
N 50°2.80080', E 14°24.96283'
Jeremenkova 7 – Praga-Podolí
+420 728 532 020 – restaurace@dvorce.cz
Lun-Vie: 11-23, Sáb-Dom: 12-23
Travía: 3, 17. Bus: 118, 124 (Dvorce)

22/9/14

Una receta para celebrar la llegada del otoño


Un par de semanas atrás, mientras íbamos al mercado de los sábados en Dejvice, le pregunté a mi hija qué quería para cenar. Pato, dijo (¿no tengo la mejor hija del mundo?). Por algún motivo que ya he olvidado, asar un pato entero no estaba en los papeles. Por suerte, uno de los puestos tenía pechugas de pato y compré tres. Mientras tomaba una birra después de hacer las compras, me puse a pensar cómo las iba a cocinar.

Esto es lo que se me ocurrió. Van a necesitar:
  • Pechugas de pato (por supuesto), deshuesadas
  • 250-300ml de buena lager rubia (cualquier cerveza rubia podría funcionar, incluso una IPA)
  • 2-3 (dependiendo de qué tan espesa sea) cucharadas de mermelada de grosella roja (o cualquier otro tipo de baya)
  • 1 zanahoria mediana, pelada y cortada en cubitos
  • 1 cebolla mediana, picada gruesa
  • Salvia, ajedrea, mejorana
  • 1 cucharita de canela
  • sal, pimienta
Poner una sartén profunda a calentar hasta que llegue a una temperatura de qué-hacés-pelotudo-querés-prenderle-fuego-a-la-casa grados y poner las pechugas ya condimentadas con el lado de la piel hacia abajo. Dejarlas freír hasta que la piel se ponga marrón y darlas vuelta. No hace falta nada de aceite, la maravillosa grasa de abajo de la piel del pato se va a encargar de todo muy bien. Freír las pechugas por un par de minutos y retirarlas de la sartén. Bajar el fuego un poco y agregar las verduras y luego las hierbas. Revolver todo hasta que la cebolla tome algo de color. Agregar la cerveza, dejar que baje la espuma, y agregar la mermelada de a una cucharada por vez y revolviendo para que no se pegue en el fondo. Revolver, dejando que hierva un rato y volver a poner las pechugas, esta vez con la piel hacia arriba. Tapar la sartén y guisar con calma por unos 40-45 min. Si al final la salsa está demasiado ligera, se la puede espesar, reduciéndola por un par de minutos con el fuego al mango—traten de mantener las pechugas calientes mientras lo hacen. Listo. Delicioso. En serio.

19/9/14

Me pongo a reponderte, 2d2 :)


(Iba a poner un comentario en la entrada en tu blog, pero qué mierda, me pareció más divertido ponerlo acá, el resto es libre de comentar donde más les pinte).

Me has malinterpretado.

Antes de empezar quiero dejar bien claro que lo que digo lo digo dentro del contexto del consumidor promedio, el mercado masivo, lo que todos éramos antes de descubrir que la cerveza no es únicamente el arquetipo y hacer de la bebida y su mundo un hobby o, en tu caso, un negocio. Escribo sobre cerveza, doy charlas, he moderado degustaciones, cenas maridaje y excursiones; no me considero un experto, pero soy capaz de hablar con expertos sin que me consideren un ignorante y algunos hasta me hacen preguntas y buscan mi opinión, pero, más allá de lo que sé o no sobre el tema, jamás he renegado de “mis raíces” de consumidor cervecero y es desde ahí de donde hablo cuando hablo de “cerveza” como concepto, bebida, producto, industria o lo que sea.

Aclarado esto, yo jamás di por sentado que existe un modelo de consumo único. No sé cómo llegaste a esa conclusión. En un absurdo. Incluso en el mercado masivo no existe un modelo de consumo único, de existirlo no habrían cervezas premium y todo vendría en un mismo tipo de envase. Sin embargo, sí creo que existen arquetipos de consumo de cerveza, que varían de país en país, regiones, o entornos socioculturales. Acá el más común es estar en una hospoda con un vaso o jarro de medio litro de lager rubia en la mesa, que será reemplazado apenas se vacíe por otro igual.

No estoy de acuerdo. El ser humano convierte en ejercicio intelectual cualquier actividad, ¡incluso el alimentarse!...

Fijate que yo digo “primordialmente sensorial” y no “exclusivamente sensorial”. Son dos cosas diferentes.

Es perfectamente posible disfrutar y apreciar una cerveza y todos sus matices de aromas, sabores y texturas sin saber siquiera cómo se llama la cerveza que estás tomando, es solo cuestión de prestar atención.

Tener información sobre la cerveza que estás tomando (cómo, dónde, por quién, con qué, por qué, cuándo y en qué condiciones fue elaborada, la historia, la personalidad de la empresa/persona que elaboró, su estado de ánimo al momento de elaborarla o diseñar la receta y lo que busca lograr con ella, la manera en que ha sido transportada, almacenada, servida, el estilo de la cerveza, lo que sabés sobre ese estilo y tus experiencias con otras cervezas similares o elaboradas por la misma persona/empresa, el tipo de consumidor al que el elaborador apunta llegar con esa cerveza y si vos encajás en ese modelo o no, el precio y el diseño de la etiqueta, etc.) van a influenciar sin duda tu experiencia sensorial y tu evaluación de esa cerveza, (por algo se dice que la cerveza es más rica cuando es gratis, y ni hablar de lo que me consta hacen algunos elaboradores cuando se les contamina una partida: le agregan “sour” o “lambic”, o algo por el estilo para no tener que tirarla), pero es algo de lo que se puede prescindir para poder disfrutar de una cerveza, no así, por ejemplo, con una obra literaria, que exige que al menos tengas el suficiente conocimiento del idioma en el que está escrita para poder empezar a apreciarla.

Eso no quita que sea valioso informarse, por el contrario. Cuanto más informado estás mejor vas a poder elegir. Lamentablemente, eso es algo que muchos elaboradores (grandes, medianos y pequeños) no terminan de entender, o a lo mejor entienden muy bien, después de todo, es más rentable vender algo podrido como sour, que tirarlo, pero eso ya es otro tema.

Pero hay que ser también consciente de los sentidos no son un teclado un mouse y que el sistema nervioso no es una PC. Tus percepciones, evaluaciones y opiniones se verán inevitablemente afectados por un innumerables factores, entre los que se encuentra la información previa que tenga o no sobre la cerveza que estés tomando. Pero no solo eso tu percepción, evaluación y opinión de una cerveza también va a ser diferente si la tomás a la mañana o a la noche, en verano o invierno, si dormiste bien o mal, si estás de buen o mal humor, si estás escuchando música clásica o heavy metal, si estás en un bolichón de barrio o un restaurante de lujo, si estás solo o con amigos o con gente que no te cae bien (mejor mala cerveza en buena compañía que buena cerveza en mala compañía) sin que haya ninguna diferencia objetiva en lo que tenés en el vaso. A todo esto hay que agregarle también tu experiencia como consumidor de otros productos, ¿vas a sentir notas de mango/regaliz" si nunca probaste un mango o el regaliz? (aunque esto quizás signifique ponernos a discutir del elemento absurdo de las notas de cata)

Pero al fin y al cabo, y como decís vos, todo depende de cada uno y cada uno ha sido moldeado de una manera diferente por su entorno y cultura. Hay gente que gusta de intelectualizar todo, otros que no. Yo, en lo que respecta al consumo de cerveza, me encuentro en este último grupo, soy más visceral. Ponerme a pensar demasiado en lo que estoy tomando, me parece un derroche de energía. Cuando me encuentro con una cerveza nueva, prefiero dejar que hable por sí misma que lo que me dice siempre me parece más interesante y, además, seguro que a mi alrededor hay cosas todavía más interesantes como para ponerme a intelectualizar lo que estoy tomando. La tomo, ¿me gusta? ¿cuánto cuesta? ¿me gusta lo suficiente como para querer tomarla de nuevo, a ese precio? Eso, y el nombre, es toda la información que necesito en ese momento. Al resto, si no lo tengo ya, siempre lo puedo buscar más tarde.

Sea lo que sea, y de lo que sí estoy seguro es de que en la cerveza no hay absolutos, no hay maneras “correctas” de tomar, apreciar o disfrutar de una cerveza porque no hay maneras “incorrectas”, como tampoco hay cervezas “malas”, hay cervezas que no te gustan. Hay que escruchar menos a los expertos y confiar más los sentidos y capacidad de aprender propios.

Na Zdraví!

PD: Todo tiene su arte y hay arte en todo, qué es arte y qué no es arte, es otro tema.

16/9/14

Esta es quizás mi última palabra sobre "Cerveza Artesanal"


Un par de semanas atrás, Alan y yo recimbimos un e-mail de Stan Hieronymus que nos decía que, en un momento de debilidad, había aceptado escribir un artículo sobre la frase "craft beer" (cerveza artesanal, porque así se la ha traducido en todo sentido), preguntándonos si la frase frase, o el concepto, generaba una mentalidad de "nosotros contra ellos".

Lo siguiente es lo que le escribí a Stan un par de días después (ligeramente editado y traducido), que son creo, mis pensamientos finales sobre toda esta estupidez de la cerveza artesanal:

Primero que nada, yo no veo a “cerveza artesanal” como un concepto, sino como una marca, una que es básicamente de dominio público. Como a cualquier otra marca, se la ha asociado a una serie de atributos positivos (y más o menos caprichosos) lo cual la ha convertido en una marca muy exitosa y valiosa, con un creciente número de consumidores muy leales; gente que, en muchos casos, no toma Russian River, Stone o New Belgium, toman Cerveza Artesanal. Hasta ahí, todo bien. No tengo nada en contra de ello, por el contrario. Si emplear esas dos palabras puede ayudar a un buen elaborador a vender un par de hl más, no puede ser malo.

Lamentablemente, algunas personas en la industria han empleado esos atributos como una especie de cimiento para erigir una retórica de “nosotros contra ellos” que, en lugar de quedarse en “nosotros somos buenos y nuestros productos son excelentes”, apunta, de manera desproporcionada, a “ellos (las grandes cerveceras) son malos y sus productos son una mierda”, creando en el proceso la mitología de una revolución, un movimiento que pretende hacernos creer que una nano cervecería en Carolina del Norte, Sierra Nevada, un brewpub en Wyoming, un bar de barrio, una tienda especializada, y el consumidor están todos en la misma, y que el consumidor se encuentra al frente de la “guerra contra la cerveza de mierda”. Y con esto también han tenido éxito, no solo gracias a la gente al otro lado del mostrador que vende este cuento, sino también gracias a no pocos periodistas y blogueros. Comprar no es suficiente, hay que evangelizar a las masas, convertirlas a la cerveza artesanal.

Eso venía funcionando sin problemas hasta a que las cervecerías grandes, industriales y comerciales (como si las cervecerías artesanales no fuesen comerciales) se les ocurrió que ellas también querían jugar al “juego de la calidad”, ya sea con marcas propias o comprando cervecerías artesanales bien establecidas. Y lo han hecho muy bien, tan bien que algunas líneas se han vuelto borrosas hasta el punto en que la ecuación “cerveza macro = cerveza mala” empezó a caerse a pedazos, resultando en la estupidez de “craft vs crafty” de un par de años atrás, en donde la Brewers' Association básicamente nos decía que lo buena, interesante, bien hecha, sabrosa que una cerveza pueda ser no importa tanto como quién la hace. Nos siguen incitando a tomar partido (el suyo, claro), pero ahora el negocio ha tomado precedencia sobre la calidad. No podría esperarse menos de un gremio, pero es la manera poco honesta en que lo han hecho que ha molestado a tanta gente, entre la que me incluyo.

Y hay otra cosa. No puedo evitar tener la impresión de que, hasta cierto punto, el objetivo la huevada de craft vs crafty fue desviar la atención del hecho de que para aquella nano cervecería en Carolina del Norte, Sierra Nevada representa una amenaza mucho mayor que Blue Moon o Shock Top.

No sé por cuánto más tiempo van a poder mantener esta farsa. Hay ya señales de que el edificio se está empezando a derrumbar: Lagunitas quejándose de Sam Adams Rebel IPA (bastante gracioso viniendo de una empresa californiana que ha abierto una fábrica en el Medio Oeste) y lo de los “Gypsy Brewers” vs las cervecerías de “carne y hueso” (ahí hay otra historia de nosotros contra ellos), entre otros.

Pero creo que (aquellos que no nos ganamos la vida vendiendo cerveza) estamos ahogándonos en un vaso de agua. A la mayoría de la gente no le interesa tomar partido, menos cuando se trata de algo de tan poca importancia para ellos; y, nos guste o no, tampoco les interesa demasiado quién hace la cerveza que consumen. A lo mejor un día van al brewpub local, al día siguiente a Wal-Mart a comprar Sam Adams, y el fin de semana con gusto van a tomar Corona con un gajo de lima en una fiesta o Bud Light mientras ven el partido con amigos, sin ver en ello ningún conflicto moral. Y tienen razón. Nos han pintado una imagen de blanco y negro, cuando la realidad está llena de grises.

Na Zdraví!

15/9/14

Corto comentario sobre Vykulení


¿Qué puedo decir que no ya no haya dicho en mayo? Porque tal como dije la semana pasada, Vykulení is prácticamente lo mismo que Vysmolení, pero más grande, lo cual significa que es un evento cervecero de la puta madre, a pesar de no ser tan minimista. Las cervezas estaban muy, muy buenas, al menos aquellas a las cuales me tomé la molestia de prestarles atención. Algunos no quedaron muy contentos con la Smoked Porter, a mí me encantó, y aun aplauso para Jarín por ser cabeza dura y hacer la cerveza que él quiere hacer, como quiere hacerla, y hacerla bien, que es más de lo que se puede decir de demasiadas cervecerías nuevas estos días. No fue el caso del sábado en Černokostelecký Pivovar, por suerte. Una vez más, cervezas estaban muy, muy buenas, al menos aquellas a las cuales me tomé la molestia de prestarles atención, pero incluso entre aquellas a las cuales no les presté atención, no encontré nada que no me gustase. Pero tampoco las tomé a todas. Las cervezas single malt, esas sí que estaban ricas. Un ejercicio simple y lindo. Las tres, una con maltas Pilsner de Kounice y las otras dos con Munich I y II de Bamberg. Mis favoritas fueron la primera y la tercera, simplemente porque me gustaron más. Pero todas las cervezas que tomé estaban buenas, incluso aquellas a las cuales no les presté atención, porque, en serio, ¿quién quiere dedicarle demasiada atención a la cerveza cuando hay otras cosas más interesantes a las cuales prestarle atención. La atmósfera fue espectacular, pero es verdad que Černokostelecký Pivovar tiene ya una atmósfera muy especial. Agréguenle a eso amigos y caras conocidas con charla interesante y uno tiende a olvidarse de lo que está tomando, lo cual está bien, porque ¡vamos! Es solamente birra, pero birra muy bien curada. ¿Porqué no pueden ser así todos los festivales? No sé, no me importa. Cuando empezás a tomar a las 10 AM y no te vas a dormir sino hasta después de 2 de la matina habiéndote divertido más de lo que cualquiera sensatamente esperaría divertirse (lo cual pagás con la resaca adecuada al día siguiente), esa es una pregunta que no me voy a molestar en buscarle una respuesta. El hecho es que la gente de Černokostelecký Pivovar saben organizar un evento cervecero mejor que nadie que conozco.

Entonces, ¿qué puedo decir que no ya haya dicho en Mayo? No sé. Que estuvo genial, debería ser más que suficiente. No, no es suficiente. Aunque ya lo dije en mayo, lo voy a volver a decir ahora. Gracias Vodouch, Milan y Jarín (por dejarme pasar la noche en la cervecería, qué cosa más linda) y toda la gente ahí por tan fantástico día, y mis felicitaciones y respeto por el excelente trabajo que están haciendo.

Na Zdraví!

PD: No tengo ni puta idea de cuánto tomé, pero fue mucho, tanto lo que compré como lo que había en un grifo separado para los amigos de la casa (Únětický Posvícenský Ležák). Una vez más, gracias.

10/9/14

Nos vemos este sábado en Vyjulení


Tengo muchas ganas de que llegue el sábado. Voy a ir a Vykulení en Černokostelecký Pivovar.
Vykulení es bastante parecido a Vysmolení, pero más grande, con más cervezas y cervecerías, incluyendo algunas importadas (pueden ver la lista entera acá) y enfocado en las maltas de piso. Al igual que en el festival de mayo, habrán cervezas tiradas desde barricas en diferentes formas, pero también algunas cervezas single malt elaboradas por la micro-cervecería de la casa Černokostelecký minipivovar Šnajdr.

Todo pinta muy interesante, pero, sobre todo, estoy seguro que va a estar muy divertido y en muy buena compañía.

Nos vemos ahí.

Na Zdraví!

PD: Al igual que en las anteriores ocasiones, me han invitado a pasar la noche en Kostelec. ¡Qué lindo que es no tener que pensar en cómo volver a casa después de estar escabiando todo el día!

1/9/14

El desafío de la pajita


No comparto del todo la teoría (a falta de una palabra mejor) del “vaso correcto” para tal o cual estilo de cerveza. En primer lugar, porque las experiencias sensoriales no pueden ser evaluadas o cuantificadas objetivamente, (fuera de un ambiente controlado) y en segundo lugar, porque si bien la ciencia detrás de eso tiene algo de sentido*, hay muchos otros factores que contribuyen a la experiencia de tomar cerveza que la teoría no parece tener en cuenta. Pero no tengo ganas de discutir al respecto. Creo todos estaremos de acuerdo en que la cerveza se disfruta mejor desde un vaso de vidrio o cristal (bueno, yo prefiero un jarro de cerámica, pero tampoco discutamos sobre esto).

Sin embargo, si todavía tenés amigos entre la gente normal (ya saben, esos a quienes la cerveza no les importa mucho más que un carajo y medio porque es solamente cerveza) tarde o temprano te encontrarás en una situación en la que los vasos (y ni hablar del “vaso correcto”) brillarán por su ausencia. En el mejor de los casos, habrá vasos de plástico, pero muy a menudo, ni siquiera eso, y la única alternativa será tomar directo de la botella o lata, lo cual se nos ha dicho es algo muy, muy feo. Es una falta de respeto a la cerveza, en particular a la cerveza que vos trajiste, porque no querés tomar la mierda industrial que toman tus amigos, y porque no hay mejor lugar para difundir el evangelio de la cerveza artesanal que en un fiesta en el jardín de un amigo.

Por supuesto, podés traer tu propio vaso, ¿pero en serio querés ser ese tipo de persona? Y de ser así, ¿estás dispuesto a levantarte, ir a la cocina y lavar el vaso cada vez que terminás de tomar una cerveza? (Porque si sos tan obseso como para traer tu propio vaso, menos no podría esperarse de vos).

Tiene que haber una alternativa. Una que te ahorre el ignominia de tomar directamente de la botella, sin que sea un obstáculo para disfrutar de la joda.

¿Qué tal una pajita? (¡no de esas! ¡de las que se usan para tomar!) Son baratas, las podés comprar en cualquier supermercado y dejarlas, haciéndote el gil, en una mesa para después dártela de que estás haciendo una jodita, tomando con pajita. En el peor de los casos, te van a tomar como un excéntrico, que es mucho mejor que el “enfermito que trae su propio vaso a una fiesta”.

Cuando era joven y apuesto en Argentina (ahora soy maduro y bello) me acuerdo que se decía que si tomabas cerveza con pajita, o cuchara, inevitablemente te agarrabas un pedo de novela (me pregunto quién mierda puede tomar birra con cuchara). Seguro que era una de esas leyendas urbanas, para nada diferentes de la del maridaje letal entre vino y sandía, pero aun así, nunca se me ocurrió tomar una cerveza con pajita, y no sé de nadie que lo haya hecho. Tampoco recuerdo haber leído alguna vez algo al respecto. Así que, en lugar de googlear sobre el tema, se me ocurrió que sería más divertido encararlo empíricamente.

Elegí dos cervezas Hubertus Světlý Ležák, de Kácov, porque es el tipo de cerveza más común, y Staffordshire IPA, elaborada por Marston's para Marks and Spencer, porque sí. Al principio pensé en hacer una cata ciega, pero rápidamente me di cuenta de lo huevón que soy solo por pensarlo, así que hice lo posible por dejar atrás todo prejuicio y evalué las arriba mencionadas alternativas (vaso, plástico, botella, pajita) con la mente abierta. Cabe también aclarar que en cada caso tomé la botella entera ya que, fuera de las competencias (y a quién le importan las competencias), no tienen ningún sentido evaluar cervezas como estas dos (o cualquier otra, la verdad) en una medida más chica (y porque, si voy a hacer semejante pavada, al menos quiero terminar un poco alegre).

(Y no, no tomé las ocho botellas de un tirón, lo hice en días separados).

Vaso:
Hubertus se presentó con notas que sugieren un paseo al atardecer, a fines de verano, por un césped recién cortado, mientas comés una baguette recién hecha por un francés regordete y simpaticón. La IPA, por otro lado, me hizo acordar a bizcochos, tipo shortbread, quizás, pero no los verdaderos escoceses, sino una imitación barata de Lidl, acompañados de un plato de... ¡Dejémonos de joder! Eran como una buena Lager rubia y una más que decente IPA deben ser.

Para ser sincero, había planeado escribir notas de cata medio boludas como la de arriba, pero el experimento resultó ser más interesante de lo que había esperado. El vaso fue la muestra de control.

Plástico:
En ambos casos, se produjo muchas más espuma que en el vaso de vidrio, y tenía una consistencia diferente: como la espuma que te ponen arriba de un latté, o algo por el estilo, y se mantuvo por más tiempo. Debe ser el material. Ambas cervezas estaban también más amargas, como si los lúpulos hubiesen dado un paso al frente.

Botella:
Esta debe ser la primera vez que tomo una cerveza directo de la botella prestando atención. Hubertus estaba espantosamente carbonatada, al punto de que las burbujas demolían casi toda la estructura de la cerveza. La cosa mejoró a medida que se vaciaba la botella, con la cerveza volviéndose también más amarga. A la IPA, por otro lado, le fue bastante mejor. Seguía teniendo más gas que en el vaso de vidrio o de plástico, pero no tanto como la Lager. Puede que sea el diseño de la botella (con un cuello más corto y regordete), o puede que la birra haya tenido menos gas desde el vamos. Sea lo que sea, me gustó bastante, y también mantuvo un perfil más uniforme que la otra.

Pajita:
A decir verdad, no esperaba demasiado, pero aun así fue peor que eso, al menos con la Lager. Fue como tomar con un fuerte resfriado o una severa alergia al polen. La IPA salió mucho menos sosa. El amargor seguía ahí, pero casi como estar escuchando música a través de una pared delgada, y las maltas estaban casi ausentes. Sabía a té de lúpulo ligero con una pizca de algo dulce. No estaba desagradable, pero tampoco es algo que volvería a tomar.

¿Qué es lo que me queda de todo esto? En ambos casos, las me gustaron más en el vaso de vidrio, pero no mucho más. Me puedo imaginar gente que preferiría el perfil que les da el vaso de plástico. Después de todo, es una cuestión de gustos, así que quizás deberías intentarlo vos.

O no. En serio, si te hacés problema por cosas como esta cuando estás en una fiesta o algo por el estilo, es probable que estés tomando muy en serio algo que se supone es divertido. Muy a menudo (sino siempre), la mejor manera de tomar una cerveza es la más cómoda y conveniente que tenés a mano. Acordate de eso.

Na Zdraví!

*Actualización: Hoy me parece ya que la (pseudo)ciencia de la "copa correcta" no tiene nada de sentido.

25/8/14

De paseo con un amigo


Lo había estado planeando por un tiempo, la primera excursión cervecera de un día, no relacionada con trabajo, en vaya uno a saber cuánto tiempo. Había estudiado los horarios de los trenes, incluyendo diferentes alternativas para el trayecto de vuelta, horarios de apertura, direcciones, mapas. Ni siquiera me molestó que, como no quería volver a casa demasiado tarde para preparar la cena, me vi forzado a reducir el viaje de tres a dos cervecerías. Estaba igual de entusiasmado. Hasta había conseguido a un amigo para que venga conmigo.

Acordamos encontrarnos el martes de la semana pasada a las 10 en Hlavní Nádraží. El tren a Zadní Třebaň salía a las 10:20 y el viaje tardaría un poco más de media hora.

Fue un viaje sin problemas en uno de los trenes City Elephant (que están muy buenos) que pasamos más que nada poniéndonos al día (hacía más de un año que no veía a mi amigo). Llegamos a Zadní Třebaň sin retraso, pero cuando nos bajamos del tren me di cuenta que estaba un poco desorientado. No estaba seguro de la ubicación de Pivovar Bobr y Hostinec U Mlýna, donde Bobr tiene un grifo, en relación a la estación. Intenté preguntarle a un de personas, incluso a la piba de la boletería, pero ninguno era del pueblo. Después de putearme un poco por no haber impreso el mapa, elegí ir a la izquierda, sin saber si íbamos en buen camino hasta que le pregunté a una señora jugando con su hijo en un jardín.

Tampoco es que nos sirvió mucho, la verdad. El lugar estaba cerrado. Un pizarrón en el jardincito cervecero (que, dicho sea de paso, tenía muy linda pinta) decía que los lunes y martes se abría a las 3. ¡Me cago en ellos! ¡La página de internet decía que abría a las 10! Ya no se puede confiar en nadie estos días.

Pero estábamos en una misión y, con Dios como testigo, no íbamos a volver a la estación sin una birra en la barriga. Por suerte, no estábamos lejos de un bar, habíamos visto un cartel invitando a uno a la vuelta de la esquina.

Estaba en un camping, Kemp Ostrov, y tenía linda pinta, y también pintaba cerrado. Pero los štamgasty nos aseguraron que estaba abierto. Bastante simpáticos los tipos, con el grifero desaparecido, uno de ellos, viendo lo sedientos que estábamos, se levantó y nos sirvió una birra a cada uno.

Country Hospoda es, para todos los efectos, un bar multi-marca. Tienen Pilsner Urquell, Gambrinus 10º, Staropramen Nefiltrované y Svijanský Máz. Elegimos Máz (no creía que PU vaya a estar muy fresca, y las otras dos no me gustan mucho) y fuimos a sentarnos afuera.

Máz nunca fue una cerveza que me gustó demasiada, incluso cuando tenía a Svijany como mi marca favorita, pero la verdad que me pareció muy rica ese día. Quizás la ampliación de la capacidad les ayudó a solucionar algún problemita de calidad, o también puede haber sido el “factor dónde” (el día estaba hermoso y estábamos es un lugar muy lindo y tranquilo),

A ninguno de los dos nos hubiese importado quedarnos por otra ronda, pero tuvimos que irnos después de apenas una. Con toda la charla, y el lento ritmo del lugar, habíamos tomado nuestas cervezas más despacio que de costumbre (al menos en lo que a mí respecta). Nuestro tren salía en unos diez minutos y, si lo perdíamos íbamos a tener que esperar dos horas para el siguiente. Habíamos disfrutado del boliche y la birra, pero tampoco TANTO.

El tren ya estaba en la estación. Era uno de esos con motor diésel, de un solo vagón, viejos, rojos, que se parecen a un autobús. El viaje fue, cruzando campos, prados y bosques, en lo que parecía ser una de las partes más remotas de Bohemia Central, fue bastante agradable, incluso a pesar de que el tren a veces paraba en el medio de la nada.

Tardamos apenas 22 minutos en llegar a Všeradice, aunque pareció más, pero de una manera extrañamente placentera. Esta vez no tuvimos problemas en encontrar el camino desde la estación a la cervecería que queríamos visitar, había un cartel muy visible indicándo cómo ir hasta Zámecký Dvůr Všeradice.

Después de la decepción en Zadní Třebaň, tenía miedo de que este lugar también esté cerrado. Ver lo que evidentemente parecía una obra en construcción justo al lado de la entrada al complejo del palacio no hizo que me sintiera mucho mejor. Por suerte, se trataba de las reformas en solo uno de los edificios del complejo, el restaurante estaba abierto.

Si me preguntasen, diría que las canchas de tenis en el patio del palacio tienen tanto que hacer ahí como una stripper en un cumpleaños infantil, pero hay que admitir que los dueños han hecho un muy buen trabajo con el interior del restaurante. Está en lo que supieron ser los establos; apenas decorado, todo pintado en blanco, con cielorraso alto y abovedado (casi parece el interior de una iglesia Husita), con el bar en una punta, al lado de la entrada, y la fábrica en la otra. A diferencia de la gran mayoría de los brewpubs o, mejor dicho en este caso, brewstaurantes (vamos a ver si este neologismo pega) checos, la sala de cocción no está integrada al salón, sino que está en una estructura tipo caja, con una ventana que solo deja ver el equipo de cocción.

Como era de esperarse un martes temprano a la tarde, el lugar estaba tremendamente vació, pero no nos importó, para nada. Y nos importó todavía menos cuando empezaron a llegar las cervezas. Tenían cuatro en los grifos: Světlá y Polotmavá 11°, Světlá 13°, y Polotmavá 14°.

Ya con bastante tiempo por delante, decidí que recorrería los grifos y empecé con la Světlá 11º. ¡Qué belleza de cerveza! ¡Impresionante! Tenía todo lo que se puede esperar de una Světlý Ležák como dios manda, y más; una jedenáctka pulenta capaz de juntarle el culo con el mentón a patadas a cualquiera que se atreva a decir que las lager rubias son chatas y aburridas.

La Polotmavá 11° y la Světlá 13°, aunque no tan impresionantes como la anterior, eran de todos modos excelentes. La primera me hizo acordar a alguna que otra Landier, o quizás Kellerbier, pero sin querer ser ni una ni otra. La segunda era prácticamente como su hermana de 11º, pero con los lúpulos más sumisos ante maltas algo más musculosas.

Me quedaba una cerveza, la Polotmavá 14º. Por algún motivo, estaba esperando que siga el mismo patrón de las dos Světlé. En lugar de ello mi paladar recibió un soplamoco lleno de lúpulo. Era, por supuesto, la IPA de la casa. Pensé que no la tenían ese día porque el camarero no la mencionó por su nombre. Pero tampoco importó, estaba deliciosa, tal como la recordaba, e ideal para terminar la sesión.

La reputación de Pivovar Všeradice es más que bien merecida. Todas las cervezas estaban increíblemente bien hechas, con un perfiles muy limpios, algo que, al menos en lo que respecta a microcervecerías nuevas, a veces parece acercarse más a la excepción que a la regla.

El viaje de vuelta a Praga no fue tan fácil como el de ida. Tomamos el trencito a Lochovice, en donde a las 15:20 podríamos agarrar el expreso a Praga que venía de České Budějovice, Tenía 15 minutos de retraso, pero no nos importó en lo más mínimo. El día estaba igual de lindo que al principio, no teníamos apuro (y teníamos cerveza). Al final, llegamos a Praga para las cinco, tal como lo había planeado.

Misión cumplida. Fue un día fantástico.

Na Zdraví!

Pivovar BobrHostinec U Mlýna
N49°55'10.702'', E14°12'33.994''
U Mlýna 8 – Zadní Třebaň

Country hospoda "Na Ostrově"
N 49°55.25573', E 14°12.52732'
Ahí en Zadní Třebaň
kempostrov@gmail.com – +420 777 150 241

Pivovar Všeradice
N 49°52.39472', E 14°6.65623'
restaurace@zamecky-dvur.cz – +607 724 091
Dom-Jue: 10-22, Vie-Sáb: 10-24