30/12/13

El último del año


¡Mirá vos! La versión en inglés del blog cumple 6 años. ¡No! ¡No! ¡Esperá! ¡No te vayas, por favor! Esta no es una de esas entradas aniversario de auto-felicitación, un aspecto muy onanista de una actividad que, tal como un ex(?) bloguero de Asturias alguna vez dijo, tiene ya mucho de onanismo. No, no es nada de eso, es peor. Es ombliguismo puro, al nivel de intentar mover telekinéticamente la pelusa.

Muchos de ustedes habrán notado que no he publicado demasiado últimamente. De hecho, éste ha sido por lejos el año menos productivo de este blog. Son varios los motivos, el primero es que 2013 ha sido un año bastante choto en lo personal; han habido algunas cosas positivas, sí, pero el balance general es negativo. La falta de tiempo y dinero para viajar también ha limitado mi producción. Todo esto, además de otras cosas, explica por qué la mayoría de mis entradas de este año han sido diatribas. Las diatribas son buenas para desahogarse y canalizar algunas frustraciones que no están necesariamente relacionadas con la cerveza. Sin embargo, luego de haber escrito con Alan una diatriba de casi 50.000 palabras, medio como que me han aburrido un poco ya.

Es hora de replantear mi relación con el blogueo. He decidido que voy a volver a reseñar cervezas, pero no como solía hacerlo, o como todo el mundo hace. Quiero reseñar cervezas sin recurrir a las notas de cata – me tienta llamarlo una “redefinición de reseña de cerveza”, pero sería un poco boludo, quizás, aunque, por otro lado, las reseñas muy probablemente serán medio boludas, así que ahí lo tienen. Todavía estoy trabajando en ello y quiero encontrar las cervezas adecuadas para empezar.

También quiero escribir más historias. Me parece que no se escriben suficientes historias sobre la cerveza y su gente, y menos aun si miramos a la cerveza checa. Conozco mucha gente cuyas historias merecen ser contadas y cuyos puntos de vista merecen ser compartidos y discutidos, y estoy seguro que hay una gran audiencia que lo sabrá apreciar. Pero no quiero hacerlo gratis.

No quiero ser arrogante, ni tampoco estoy sugiriendo que pondré un 'paywall' en blog (sería una huevada). Se trata de ser justo conmigo mismo. Las diatribas son fáciles, básicamente, son opiniones y una opinión es algo que a uno se le puede ocurrir en cualquier momento y sin demasiado trabajo; a lo sumo harán falta un par de enlaces para respaldarla. Una historia – una buena historia, hay que aclarar – necesita tiempo, comprobar la información de una manera más cuidada que en una diatriba y también algo de investigación. Es también probable que haga falta entrevistar a alguien, y no me gustan las entrevistas telefónicas o por e-mail si pueden ser evitadas. Prefiero mucho más estar que esa persona en un mismo lugar, hablar con ella, con casi ninguna pregunta preparada de antemano, simplemente escuchando lo que tiene pare decir, quizás mientras compartimos algunas cervezas, porque las historias se cuentan y escuchan mejor cuando se comparte un par de cervezas con alguien. Este tipo de entrevista a menudo implica viajar, lo cual toma más tiempo y también dinero. Ésta es, básicamente, la razón primaria por la cual no quiero escribir estas historias gratis, la otra, y quizás la principal, es que creo que soy capaz de escribir muy buenas historias y me gustaría que ese trabajo sea recompensado adecuadamente. Voy a tener que encontrar la manera de lograr que esto suceda. Estoy abierto a sugerencias.

Otra cosa que me gustaría hacer este año es empezar a trabajar en la segunda edición de la Guía Cervecera Para Borrachines. Una amiga ha estado intentando conseguir algo de financiamiento para ella, pero todavía no hay nada en concreto y puede que nunca lo haya. Más allá de eso, igual quiero escribirla y quiero que sea mejor que la anterior, con una aplicación para teléfonos inteligentes y tabletas que la acompañe. Vamos a ver en qué termina todo.

Ésto es todo, creo. No esperen demasiado de mí en 2014.

Na Zdraví! ¡Feliz año nuevo!

21/12/13

Pensando en grande


El otro día, un artículo en The Guardian titulado Limited-edition beer: fool's gold? (Cerveza de edición limitada: ¿el oro de los tontos?) causó un poco de revuelo. Alan comentó al respecto, al igual que varios otros a través de diferentes canales – algunos coincidiendo con el autor, otros no.

Ya saben ustedes cuál es mi posición al respecto. Me gusta vivir en un mundo en donde los empresarios que producen algo tan poco esencial como la cerveza puedan fijar el precio que se les ocurra por su producto; queda en mí, el consumidor, decidir si lo voy a comprar o no, porque en realidad no se trata del precio, sino del valor, y el valor as algo tan subjetivo como gusto. Si alguien tiene ganas de pagar un ojo de la cara por una cerveza de edición limitada, difícil de conseguir, incluso cuando pueden comprar otra de calidad comparable, quizás disponible durante todo el año, vendida a una fracción del precio, es su elección y no tengo nada en contra de ello.

Pero al mismo tiempo, sí me molesta ver los artilugios que algunos productores usan para inflar los precios sin ofrecer a cambio un valor proporcional: envases pitucos para cervezas del montón, colaboraciones que en realidad no aportan nada nuevo, falsas recreaciones históricas, el uso de ingredientes exóticos y muy caros que, al contar la cantidad usada en el volumen de cerveza elaborado con ellos, uno termina con apenas unos pocos miligramos en cada botella, y escasez prefrabricada – ya saben de lo que hablo, esas cervezas de edición limitada, partida única y otras cosas difíciles de conseguir, que para mí son el peor de los engañapichangas. Salvo contadas y notables excepciones, no hay nada en la actualidad, además del marketing y el oportunismo, nada que realmente pueda justificar esa escasez y los precios inflados que suelen acompañarla. Pero una vez más, todo lo que puedo hacer es encogerme de hombros, hay gente que encuentra valor en ello, es su dinero. A esas cervezas puedo ignorarlas o, si llaman mi atención, y son para mí nuevas, simplemente aplico este principio para poder tener una buena idea de antemano si comprarlas será dinero bien gastado o no.

Lo que por otro lado me resulta muy interesante es ver cómo gente que aparentemente sabe no sólo es engañada por esos trucos, sino que también los celebra (todos hemos sido culpables de ello en algún momento u otro, creo). Internet nos ha convencido que esas cervezas son grandes cervezas, las mejores del mundo, creando en algunas personas un deseo casi automático de tenerlas, cazarlas, como si su reputación de conocedores dependiese de poder componerles notas de cata.

Algunos de los comentarios, o mejor dicho, quejas, luego de la edición de este año del Barcelona Beer Festival dan buen ejemplo de esto. Antes del evento los organizadores publicaron la lista de las cervezas que tenían preparadas, algunas de las cuales caían en la categoría consideradas-grandes-pero-pocas-veces vista (al menos en España). Esto motivó a algunas personas a trazar detallados planes de intoxicación antes de ir al festival. Cuando esos planes no pudieron ser cumplidos (aparentemente algunas de las cervezas ni siquiera fueron pinchadas) esta gente se quedó un tanto descontenta, algunos hasta llegaron a admitir que su razón principal para ir al festival fue la promesa de esas cervezas.

Sí, entendieron bien. El motivo principal de esta gente para viajar a otra ciudad, gastar dinero en alojamiento, comida y demás no fue la posibilidad de pasar un par de días agradables, tomando buena cerveza en buena compañía. No, fueron porque querían cazar un puñado de cervezas que necesitaban probar. ¿Qué habría pasado si hubiesen pinchado una o más de esas cervezas sobre el final del día, cuando ellos estaban ya física y sensorialmente cansados y, probablemente, al menos un poquitín mamados? Por supuesto habrían corrido al bar a comprar un vaso de cada una. ¿Habrían sido capaces de apreciarlas en toda su grandeza? Lo dudo. Para ellos, ser capaz de decirle a todo el mundo y su vecino que han cumplido con esa misión en carrera de bebedores habría sido suficiente, me imagino.

Esto me hace acordar a algo que pasó hace ya varios años en Argentina durante el lanzamiento de uno de los últimos libros de la serie de Harry Potter, no me acuerdo cuál. Los editores y los medios habían generado mucho bombo alrededor de él, y algunas librerías especializadas de Buenos Aires, muy astutamente, aprovecharon la oportunidad y anunciaron que abrirían sus puertas a la medianoche del día del lanzamiento mundial del libro – cabe aclarar que sólo la versión original en inglés estaría disponible, la traducción al español no estaría lista sino hasta un par de meses más tarde. Como era de esperarse, no pocas personas hicieron horas de cola frente a las librerías, esperando por ese importante momento en la historia de la literatura. Una de las primeras personas en comprar su copia fue entrevistada por un diario. El tipo dijo, reventando de regocijo, me imagino, que en realidad él no sabía inglés, pero igual quería tener el libro antes que nadie. El autor de la crónica mencionó luego que el libro, de ser el envase de una historia, se había convertido en un objeto en sí mismo.

Estas cervezas de las que hablo también se han convertido en un objeto para algunos. Tomar algo sabroso, interesante, intoxicante ya no es el verdadero placer. El verdadero placer está en poder subir fotos de esas cervezas, junto con sus notas de cata en salas de trofeos como Utappd, Twitter, Facebook, un portal de reseñas o un blog. Naturalmente, la gente del otro lado del mostrador sabe de ello y a menudo lo manipulan para sacarle ventaja, lo cual no debería sorprender a nadie.

No quiero decir con esto que estas cervezas, o al menos algunas de ellas, no son grandes cervezas por sus propios méritos, o que podrían ser legítimamente consideradas como tal. La cosa es que se espera que sean grandes cervezas. Entonces, cuando resultan serlo, todo lo que han hecho es satisfacer una expectativa, y si satisfacer una expectativa es lo mínimo que todo producto o servicio por el cual pagamos debería hacer, ¿no las convierte entonces en adecuadas?

Me estoy yendo al carajo acá.

No tiene demasiado sentido ponerse a discutir cuáles de estas cervezas son grandes cervezas, o si se merecen toda la admiración que reciben, o si hay otras mejores que son más fáciles y baratas de conseguir. Después de todo, la grandeza, como el valor está en le paladar de cada uno. Sea lo que sea, no me interesan en lo más mínimo. En lo que a mí respecta, no hay ninguna cerveza lo suficientemente especial para hacer que cave un pozo en mi billetera, para hacer que me tome más molestias que las necesarias o para convertirse en un fin en sí mismo. Y la verdad que no importa qué tan grandes sean o no, porque les sigue faltando el tipo de grandeza que hoy día prefiero, la grandeza de lo ordinario.

Hay grandeza en una cerveza bien hecha, buena, sabrosa que puedo tomar sólo por el hecho de que tengo ganas de tomar una cerveza bien hecha, buena, sabrosa.

No me refiero a ningún estilo, tipo o categoría en particular. Pueden ser fuertes o de sesión, de sabores intensos o sutiles, rubias u oscuras, lupuladas o maltosas, clásicas o modernas, locales o importadas, etc. Me refiero a cervezas que solemos tener en el armario, la bodega o la heladera y que abrirlas no necesita, o es, una ocasión especial que requiere del estado de ánimo y de salud correctos; cervezas que no se van a ofender si las servís en cualquier vaso limpio que tengas a mano y que no esperan, y mucho menos exigen, demasiada atención de tu parte; cervezas que podés tomar en cualquier momento que te pinte tomar una cerveza con tales y cuales características, mientras hacés alguna de esas cosas que son normales en tu vida, que no tienen nada que ver con la cerveza. Y si resulta que no tenés alguna de ellas en tu armario, bodega o heladera, sabés que conseguirla no significará una inversión importante en tiempo, esfuerzo o dinero.

Esas cerveza son grandes cervezas, y su grandeza, para mí, es más grande que la grandeza de aquellas otras grandes cervezas. No son objetos, son cerveza, una bebida ligeramente (aunque, en algunos casos, no tan ligeramente) intoxicante que no nos obligan a sacar fotos o escribir nada al respecto.

Algunos de ustedes no estarán de acuerdo conmigo. Me dirán que esas grandes cervezas que son también difíciles de conseguir merecen toda la atención que deberíamos prestarles, y todavía más, que merecen ser bebidas en el momento correcto a fin de poder ser apreciadas plenamente, lo cual, de hecho, es lo que las hace tan especiales.

¿Pero es verdad?

No voy a discutir sobre gustos, pero tratemos de ver las cosas desde otra perspectiva. ¿Si el bar o tienda más cercano a tu casa o laburo empezase a vender estas cervezas de manera regular, o si vivieses al lado de la fábrica, o si su disponibilidad en el mercado, y por qué no su precio, fuese más 'normal', cómo cambiaría tu relación con ellas? ¿Las tomarías, por ejemplo, un jueves mientras preparás una béchamel para la cena y ecsuchás Antibalas Afrobeat Orchestra o Freak Power, como hice yo con Schlenkerla Urbock? ¿Irías a ese hipotético bar al salir del trabajo para tomarte un par de vasos de camino a casa?

Pensá un poco la respuesta antes de seguir leyendo. No hagas trampa. Sé honesto con vos mismo.

Si la respuesta es sí, entonces quizás lo que las hace tan especiales no tanto lo extraordinariamente buenas que son, sino lo extraordinariamente raras, y esa rareza es muy probablemente fabricada. No es más que un artificio que empresas emplean para incrementar sus márgenes de ganancia y/o su reputación entre cierto grupo de consumidores.

Por otro lado, 'grande', 'maravilloso', 'sublime', 'especial', y otros adjetivos por el estilo han sido tan abusados que han sido despojados de gran parte de su significado original, y no sólo en lo que respecta a la cerveza.

¿Pero por qué me caliento por estas cosas? Tengo a mi alcance suficientes cervezas que son al menos bastante buenas y sólidas para elegir, y seguro que ustedes también, lo cual debería ser más que suficiente para cualquiera. Hay alguna cerveza mejor, o más grande, que una buena que podemos tomar ahora mismo?

Na Zdraví a Veselé Vánoce!

19/12/13

Observaciones a la distancia


¿Se acuerdan el innecesario alboroto que se armó el año pasado cuando Damm no permitió la celebración de un par de eventos promocionales – perdón, catas de “cervezas artesanales” - dentro del marco de la Festa Major de Gràcia? Como era de esperarse, la tribu artesanáfila se solidarizó con los damnificados, los empresarios que, aprovechando la convocatoria de Festa, habían organizado aquellos eventos para poder enriquecer sus cajas – perdón, la cultura cervecera local – y acusaron a la macro catalana de un montón de cosas, cuando en realidad, de lo único que habían sido realmente culpables fue de exigirle al organizador de la Festa que cumpla con las obligaciones asumidas en el contrato que ambas partes habían firmado.

Fast forward a fines de 2013 y nos encontramos con el mismo tipo de gente (quizás no las mismas personas, pero sí de la misma tribu) que en la correspondiente reseña, y los comentarios que le siguieron, criticaron no sin dureza a la organización de la I Feria de Cerveza de Navidad de Pozuelo por permitir la venta de Heineken en el bar en donde el evento se había llevado a cabo, ¡y hasta tuvieron el descaro de promocionar esa porquería industrial1 ¡Vade retro! ¡Anatema a los herejes! ¿Cómo se les ocurre tal blasfemia?

La cosa en realidad vino más o menos así. A diferencia de lo que muchos, incluso los autores del blog, pensaron, el organizador y el propietario del lugar en donde se celebró la feria son dos personas diferentes. El primero, si mal no entiendo, alquiló el espacio al segundo. Según las propias palabras del organizador, el restaurante tiene contrato con Heineken y se había acordado con el dueño que sólo ofrecería cañas, y no pintas, de la marca holandesa y que tampoco la ofrecería junto con comida, lo cual no fue cumplido (sería interesante oír la versión del dueño, aunque no existen motivos para dudar de la palabra del organizador). Todo esto en realidad es un poco anecdótico, ya que los que se quejaron desconocían este detalle. Lo que les molestó fue el hecho mismo que en el marco de un evento dedicado a una marca, se venda cerveza de otra, lo cual algunos llegaron a calificar de falta de respeto.

¿Falta de respeto? ¡Dejame de joder! ¿Hacia quién?

¿Hacia los asistentes? Nadie fue obligado a tomar una Heineken si no quería. Los que fueron a Pozuelos a tomar cerveza artesanal pudieron toda la cerveza artesanal que sus finanzas le permitieron y, de quererlo, hasta le pudieron hacer un corte de manga al grifo de Heineken para sentirse mejor consigo mismos. Si alguno se sintió injuriado por el sólo hecho de compartir el recinto con gente que estaba tomando cerveza que a él o ella no le gusta, bueno, esa persona tiene problemas más serios que resolver.

¿Hacia los productores que se presentaron? Para ser sincero, si yo hubiese invertido todo ese tiempo, esfuerzo y dinero para estar allí, tampoco me resultaría muy simpático ver gente caminando con vasos de Heineken frente a mi puesto. Pero seamos sinceros, ¿qué tanta diferencia hace el contenido de ese proverbial vaso, si la persona que lo sostiene se va sin comprar mi producto?

Pero más allá de eso, los productores tuvieron aquí la oportunidad no sólo de competir entre sí, sino también de competir, prácticamente en igualdad de condiciones, con una de las marcas más reconocidas del mundo y favoritas ente los bebedores españoles, y demostrar que son mejores. Allí no había ningún representante de Heineken, estaban sólo los camareros del local vendiendo el producto que, en parte, paga sus salarios, mientras que los elaboradores tenían la ventaja de estar ahí, junto con sus productos, para explicarle a la gente qué hacen, cómo lo hacen y por qué. Es cuestión, entonces de que el paladar del consumidor decida.

Pero ahí está el tema. Lo que molestó no fue tanto el hecho de que en el mismo recinto en donde la feria se llevó a cabo se vendía una macro lager, sino que había gente que la compraba. Cada pinta de Heineken + tapa que alguien se sentaba a disfrutar representaba un mazazo en el discurso evangelista artesanáfilo. Esa ya cansino sanata que nos insiste que la gente sigue tomando mierda oligopólica industrial porque no tiene oportunidad de tomar obras maestras artesanales, que si la tuviesen, faltaría sólo un sorbo de una de esas maravillas vivas y en plena evolución del arte artesanal para que en su vida quieran volver a tomar esos menjunjes filtrados, pasteurizados, llenos de adjuntos y químicos que las monolíticas corporaciones multinacionales tienen el atrevimiento de llamar cerveza. Y sin embargo, ahí lo tienen, gente que aun teniendo la alternativa bajo sus narices, se decidió por lo de siempre. Se podría decir que al consumidor promedio todavía le falta un poco de espíritu aventurero, por al mismo tiempo, a nadie se le puede echar en falta el hecho de haberse quedado con la certeza de lo bueno frente a la promesa de lo mejor, en estos tiempos en donde la plata le sobra a cada vez menos gente.

En realidad, la oferta macro no fue el mayor problema de este evento, que en retrospectiva, estaba casi destinado a fracasar. Un par de elaboradores que se presentaron en la feria comentaron en el blog quejándose de algunas fallas más serias por parte del organizador. Es evidente que el tipo no estuvo a la altura de las circunstancias y aunque sería quizás injusto acusarlo de mala fe, su falta de experiencia en organización de eventos no es excusa para sus errores.

Por otro lado, el autor del blog menciona haber tomado la feria más de una cerveza mal hecha. Es curioso, parece éstas no efenden tanto al público artesanáfilo como la presencia de Heineken.

Sea lo que sea, a lo mejor este tipo de fiascos es precisamente lo que la escena española necesita en estos momentos.

En lo que respecta a las ferias y festivales, quizás serviría para que los que están pensando en organizar algún evento parecido se den cuenta que no es ninguna joda, y que si no se tienen los recursos, la capacidad o la experiencia para hacerla bien, quizás sea mejor ni siquiera intentarlo.

A los productores les podría servir para que replanteen sus estrategias y se pregunten un poco más seriamente si la inversión en tiempo, dinero y esfuerzo que conlleva estar presente en una feria realmente vale la pena o si esos recursos no podrían ser mejor empleados de otra manera.

Los autores de blogs también deberían aprovechar esto para hacer un por de auto-reflexión y meditar sobre nuestro papel en todo esto. La cerveza es un hobby que algunos nos hemos tomado demasiado en serio y en ocasiones somos víctimas de nuestro propio entusiasmo, y terminamos siendo explotados por empresarios que esperan que les hagamos publicidad o activismo gratis sólo por el hecho de que llevan una etiqueta determinada en la solapa. Hay que ser más cínicos, hay que darse cuenta que nuestros intereses no son los mismos que los de los elaboradores, hosteleros, comerciantes u organizadores de eventos – ellos quieren hacer plata, nosotros tenemos que gastarla.

Na Zdraví!

16/12/13

Pensaminetos de Lunes por la Mañana


Me encontré con un simpático artículo escrito por un tal Patricio Tapia, un periodista y autor chileno especializado en vinos. Como lamentablemente, muchos otros de sus colegas, Tapia parece saber tanto de cerveza y su mundo como yo de la infancia de Immanuel Kant, e importarle aun menos. Aunque, para ser justos, es también posible la ignorancia de la que hace alarde en el artículo no sea más que una pose, una suerte de sátira al estereotipo para dejar más en claro su mensaje. Sea lo que sea, es evidente que este muchacho no conoce a algunas de las personas que yo conozco, ni lee mucho de lo que yo leo, de otra manera no diría cosas como ”Para escribir la más perfecta y entusiasta de las “notas de cata” de una cerveza, bastan cuatro palabras: '¡Qué helada que está!'.. Por otro lado, si ignoramos el específico de la temperatura, cuatro o cinco palabras podrían ser más que suficiente para una buena nota de cata de cualquier cosa; así que creo que este párrafo puede ser un mejor ejemplo de lo que quiero decir:
”¿Quién se preocupa del correcto servicio de la cerveza? ¿Es que alguien, alguna vez, se ha quejado porque el amigo abrió de forma inadecuado una botella? ¿Es que alguien se quejó porque los vasos no eran los correctos? ¿Es que alguien, alguna vez, se puso de pie para reclamar porque el contundente sabor del asado no podía ser “maridado” con la ligereza de la cerveza de turno?”
Pero volviendo a lo que Tapia en realidad nos quiere decir: que le gustaría que el vino sea consumido con la misma naturalidad que se consume la cerveza, sin tanta formalidad. Esto coincide con algo que leí hace ya varios años en una entrevista una persona relacionada con una DOC española, Rioja si mal no me acuerdo, que, lamentando la caída de las ventas, veía como una alternativa para revertir esa tendencia buscar la manera de que el vino sea una bebida más “casual”, como la cerveza.

Así están las cosas hoy día, mientras algunos se están preguntando si el vino no se ha vuelto demasiado sofisticado para su propio bien (algo con lo que los periodistas especializados han contribuido en gran medida), otros insisten en envolver a la cerveza con un manto de sofisticación plagiado del vino. Podría decirse que esto no es más que una reacción al arquetipo de cerveza como producto genérico propagado principalmente por los grandes fabricantes, aunque yo lo veo más que nada como un artilugio marketinero para justificar precios a menudo inflados y cuestionables valores agregados, que explota la inseguridad de muchos consumidores, que no quieren ser vistos como alguien a quien le gusta tomar “solamente cerveza”. ¿Hasta dónde llegará todo esto?

Pero no que nunca suceda con la cerveza lo mismo que con el vino. Por un lado, porque, y más allá de lo que nos digan ciertos intereses comerciales, muchos somos los que tenemos bien claro que caro no es garantía de mejor, y por otro, porque la cerveza como accesorio de moda es algo que tarde o temprano pasará. Cuando ello suceda, el problema lo tendrán los empresarios que apostaron a ese modelo, los consumidores seguiremos tomando lo que nos gusta, buena cerveza a precio just nunca nos faltará.

Na Zdraví!

6/12/13

¿Se acuerdan del libro de Alan y Max?


”'Tiempo de mierda!” Gruñó al entrar, pasando una mano por su pelo mojado como si esperase poder secarlo de esta manera.

Saludó al grifero y encontró una mesa libre cerca del bar. No hizo falta pedir la cerveza. Se había materializado con un “¡tump!” para cuando se sacó la campera y la bufanda. Al observar el jarro de medio litro frente a él, decidió que el clima ya no le importaba un carajo, nada ya le importaba un carajo. En lo que a él respectaba, el mundo entero se podía ir a la mierda de la manera que vea más conveniente, y para dejarlo bien claro se bajó casi un tercio del vaso con un largo sorbo y lo puso de nuevo en la mesa con un “¡tump!” todavía más sonoro.

El primer sorbo de la primera cerveza del día. Ese placer sin adulterar, libre de la huevada reinante. De éso se trata la cerveza. Ésa es la verdadera esencia de la cerveza. Una entrada en su blog empezaba a escribirse a sí misma en su mente cuando notó una cara familiar entrando y quejándose del clima. Tal como él lo había hecho.

“¡Hey, Alan!” Dijo Max con una media sonrisa. “¿Como estás?”

“Mejor ahora. ¿Qué estás tomando?” Alan sacudió la lluvia de su sobretodo.

“Cerveza, ¿qué más?”

Alan sonrió.

Como si hubiese estado esperando por ese pié, el grifero tumpeó una pinta justo frente a Alan mientras él se sentaba. Vasos fueron levantados y ya no más palabras fueron dichas. Era ahora el turno de Alan de entrar en su propia comunión con el primer sorbo de la primera cerveza del día. Inmediatamente se relajó, exhalando sus preocupaciones.

“¡Una Ale de las más lindas que he tomado!” Declaró con la más completa satisfacción, chupando la espuma de su bigote.

Max se sorprendió. “¿Lo qué? ¡Esto no es una Ale! ¡Tiene 'lager' escrito en todos lados! ¡No podría ser más lager incluso si quisiese!” Max habló con un ligero toque de irritación y luego procedió a escurrir las últimas gotas de su jarro antes de tomar uno nuevo y lleno que le habían traído y se lo mostró a Alan para que pueda ver cuántas veces lager estaba escrito en la cerveza.

“¿Cómo puede ser esto una lager? ¿Te olvidaste la boca?”

La discusión empezó a tomar calor. Palabras como “notas”, “retrogusto”, “sensación en boca” fueron usadas. Luego fueron revoleadas de un lado a otro como bolas de nieve. Pronto la cordura, inteligencia y conocimiento de ambos fueron liberalmente puestos en duda.

El grifero los observaba con la más absoluta incredulidad. Tarados, pensó. Dos tipos aparentemente normales discutiendo de manera tan acalorada por algo de tan poca importancia. Para él, y seguramente para el resto de la gente en ese pub, era sólo cerveza. Por qué complicarse tanto, se preguntaba.

Pararon, cada uno guisándose en sus propios jugos.

“¡Puta madre! ¿A quién le importa?” dijo Alan apurando una sonrisa.

“Tarados. Éso es lo que somos.” Max ya no pudo aguantar la risa. El grifero sonrió y asintió mientras limpiaba el bar.

“Es increíble el peso que todos le damos a estas boludeces.” Max continuó, mirando a su alrededor. “Mirá a la gente acá. ¿A vos te parece que les importa? Estoy seguro que hay más de uno que no sería capaz de reconocer una planta de lúpulo incluso si les creciese desde el orto. ¿Y crees que no están disfrutando de sus cervezas? ¡Mierda que sí! Y quizás más que nosotros, porque no están derrochando tiempo o energía discutiendo sobre cosas sobre las cuales no tienen ningún control. Están disfrutando la cerveza por la cerveza en sí misma y esta cerveza no es el centro de sus universos en este pub, es sólo otra parte del todo. Y los entiendo. Te digo una cosa,” y con un tono casi conspirativo, dijo: “Por esta cerveza ni siquiera cruzaría la calle, pero sería capaz de cruzar toda la ciudad para tomarla ene este pub.”

Alan – entendiendo que no sería prudente interrumpir a Max en medio de una diatriba – se limitó a escuchar, aprendió algunas malas palabras nuevas y tomó su cerveza. Una vez que el argentino se detuvo para atender el llamado de su jarro, el canadiense decidió tirar un poco de leña al fuego de la diatriba. Después de todo, todavía tenía sed y no tenía intención de interrumpir la discusión.

“Vi un pub acá a la vuelta con unas cervezas bastante interesantes.”

“Ah, sí,” se mofó Max. “Ese lugar. ¿Estuviste alguna vez ahí? Tiene la atmósfera de la sala de espera de un dentista. No voy a discutirte sobre las cervezas, son muy buenas, mucho mejor que ésta.” El segundo jarro desapareció, diestramente reemplazado por un tercero. “Pero sabés una cosa, si bien la verdad siempre está en el vaso, la cerveza es mucho más que eso.”
El fragmento que acaban de leer son las palabras que abren el libro que Alan hemos estado escribiendo juntos desde enero. Está casi terminado, le falta solamente pulir algunos detalles. Su título de trabajo, que puede o no ser el definitivo es, en inglés, “The Unbearable Nonsense of Craft Beer – A Rant in 9 Acts” (La Insoportable Sanata de la Cerveza Artesanal – Una Diatriba en 9 Actos).

2013 no ha sido un año fácil para ninguno de los dos. Fue jodido a veces encontrar el tiempo, la energía y el humor adecuado para sentarse a escribir, continuando el relato en donde el otro lo había dejado, pero fue divertido, muy divertido, y en cierto modo, un tanto adictivo; originalmente habíamos planeado unas 30.000 palabras, pero creció hasta casi 50.000. Era muy fácil dejarse llevar una vez que empezábamos a escribir; la estructura narrativa que elegimos darle – un viaje surrealista en el espacio-tiempo continuo a donde y cuandoquiera que sea que la cerveza decida llevarnos – nos permitió irnos un poco al carajo a veces – después de todo, hablamos de cerveza.

Lo que nos propusimos lograr con este libro quedará bien claro a cualquiera que lo lea. De hecho, creo que queda bien claro ya en el fragmento – impugnar el discurso cervecero imperante. En un nivel más personal, y creo que hablo también por Alan, quisimos retarnos a nosotros mismos como escritores. Escribir un libro requiere de una consistencia intelectual más sólida que para escribir unas entradas para el blog, que pueden estar temáticamente relacionadas, pero también separadas quizás por meses, sino años, ya que tarde o temprano te vas a encontrar con algo que te va a hacer rever tus opiniones, máxime cuando estás escribiendo con alguien cuya experiencia con la cerveza, y con la vida en general, difiere enormemente de la tuya.

Esto último fue para mí lo mejor de haber escrito este libro. Sigo el blog de Alan desde hace ya más de seis años, hemos intercambiado algunos e-mails en tono amistoso, pero no mucho más que eso, así que no puedo afirmar que nos conocíamos bien. La idea de escribir el libro juntos fue suya (yo tenía otra cosa en mente), pero me encantó desde el vamos, y luego de casi un año de haber trabajado con él, no podría estar más satisfecho del resultado. No sólo el libro es un poco como una de esas raras cerveza elaboradas en colaboración que van más allá del engañapichangas marketinero para producir algo verdaderamente nuevo que muy probablemente ninguno de los socios habría podido hacer por sí mismos, pero creo que también he ganado un buen amigo en el proceso.

¡Puta! Me estoy poniendo demasiado sentimental. Estoy promocionando un libro.

Una vez listo, el libro será publicado en Kindle y algunos otros canales también, y empezaré a trabajar en la traducción al español que tomará el tiempo que tome (el fragmento de arriba fue especialmente traducido para esta entrada). Tendrá también un wiki asociado para que la gente sepa donde ir a putearnos (hacer amigos no fue uno de nuestros objetivos) además de otras pavaditas internéticas que nos permitan interactuar con los lectores de alguna manera u otra – uno de nuestros planes es seguir escribiendo cosas juntos.

Así que, estén atentos.

Na Zdraví!

PD: Acordamos con Alan publicar el fragmento, y nuestros comentarios al respecto, de manera simultánea, acá pueden ir a leer lo que mi compañero de aventuras tiene que decir.

2/12/13

Luego de la última oleada de intentos de definir lo indefinible


(... en la cual, una vez más, he tomado parte, mea culpa)

Estimas elaboradores, minoristas, distribuidores, hosteleros, marketineros, gerentes de marca, CEO's, asesores de RRPP y cualquier otra persona directa o indirectamente involucrada en la venta de cerveza, quería pedirles halog, por favor:
En cuanto a nosotros, deberíamos dejar de hacerles el juego. Lo único que una cerveza tiene que ser, es buena. El resto* no es más diferentes tonos de sanata, y la sanata se acaba en el vaso.

Na Zdraví!

PS: El crédito se debe dar a quien se lo merece, esto fue inspirado por una entrada en el blog brasileño Bebendobem.

* esto asume, por supuesto, que la empresa que elabora la cerveza no es una bolsa de conchudos.