30/10/13

Bienvenida sea la ambición


“Pasión”, “seguir un sueño” son palabras que a menudo se oyen asociadas con nuevos emprendimientos cerveceros, mientras que la palabra “ambición” casi nunca es mencionada. Me pregunto por qué. Será quizás que a no pocos cerveceros “artesanales” les gustaría hacernos creer que no son “comerciales”, que no hacen cerveza por dinero sino por sabor, y otras boludeces por el estilo; como si querer enriquecerse trabajando fuese algo condenable.

Para mí, en cierto modo, la ambición es más importante que la pasión. Es más probable que una persona ambiciosa sepa lo que está haciendo y en qué se está metiendo, que tenga un plan y sepa lo que es necesario hacer para llevarlo a cabo. En el ecosistema cervecero local, al menos en lo que respecta a Praga y su periferia, esto significa hacer cerveza de buena calidad, tener una buena marca y saber cómo venderla, y creo que Zemský Akciový Pivovar cumple bastante bien con esos criterios.

Me encontré por primera vez con Zemské Pivo en uno de los 48 grifos de Zlý Časy. Lo que llamó mi atención fue que la tarjeta informativa mencionaba que era de Praga. ¿Una nueva cervecería en la ciudad? No del todo, me contaron. Se trata, por el momento, de un “létající pivovar” (cervecería voladora – la denominación local para los los gypsy/contract breweries). Estaba ya listo a descartarla como otra cervecería nueva de la cual no tengo referencias, pero el grifero de turno me la recomendó y tengo que decir que me causó una muy buena impresión. La cerveza es una světlý ležák muy, muy linda que hace todo lo que tiene que hacer, y lo mismo podría decir de la desítka.

Con el paso de las semanas empecé a oír más sobre esta cervecería y me enteré que una de las personas detrás del emprendimiento es Max Munson, dueño de los restaurantes Jáma. Me encontré con él el otro día para hacerle algunas preguntas sobre la cervecería. Me contó, entre varias otras cosas, que el director de la empresa es Pavel Prchál, que viene de Pivovary Lobkowicz y tiene 15 años de experiencia en la industria.

Max también me explicó que las recetas para las cervezas son obra del maestro cervecero de Chotěboř, Oldřich Zaruba. Uno de los motivos para elegir Chotěboř fue que la empresa propietaria será el proveedor de toda la tecnología (es ya bien sabido que la cervecería en Vysočina es en realidad una suerte de instalación modelo para una empresa más interesada en vender tecnología de producción cervecera que cerveza en sí).

No mucho antes de haberme encontrado con Zemské Pivo, había oído sobre planes para volver a abrir una cervecería en el viejo Pivovar Braník, que InBev había cerrado en 2007. De ser cierto, serían excelentes noticias. Como muchos, creía que Zemský Pivovar estaba relacionado con ello. Resultó no ser verdad, cuando le pregunté sobre el tema, Max me dijo que no tenían nada que ver con ello. Dijo que la cervecería, que esperan tener funcionando el año próximo, sí va a estar en Praga, pero que no estaba todavía en posición de decirme exactamente dónde, ya que todavía hay temas contractuales y oficiales que faltan resolver. Sin embargo, basándose en esta imagen, hay un lazo histórico, Zemský Pivovar estará ubicado en el lugar que supo albergar a una cervecería ya desaparecida y olvidada.

Hasta ahí, todo bien. Hay experimentada, la cerveza es muy buena, están armando la marca de una manera bastante inteligente, pero lo que realmente los diferencia de todas las otras cervecerías nuevas, y no tan nuevas, de Praga y alrededores es su escala. Zemský Akciový Pivovar no va a ser un brewpub, ni siquiera una micro basada en distribución como Břevnovský o Matuška. Serán, tal como ellos mismos lo declaran, una malý průmyslový pivovar (cervecería industrial pequeña) con 20.000hl/año de capacidad desde el principio, lo cual es el doble de la capacidad actual de Únětický (n. del a., de acuerdo con a legislación checa, minipivovar es aquel que produce > 10.000hl/año). ¡Eso es ambición!

¿Pero puede Praga sustentar una cervecería tan grande? Max me aseguró que sí. Son conscientes de la dura competencia que van a enfrentar con, por ejemplo, Kout na Šumavě, Únětický o Kácov; cervezas con las cuales, Max cree, Zemské Pivo será lo más probablemente comparada. Pero él también cree que todavía queda mucho terreno fértil. Y puede que tenga razón; tal como discutí acá, en un mercado que se achica, más y más hosteleros están buscando maneras de revitalizar sus negocios y tener una cerveza alternativa a las grandes marcas ha probado ser un éxito para no pocos, algo que Max Munson sabe de primera mano. Por el momento, y además de Jáma v Jámě, Zemské Pivo tiene un grifo permanente en un boliche de Smíchov llamado Hospůdka Sokol, donde al parecer le está yendo bien. Otros planes para cuando la cervecería esté funcionando incluyen la expansión de la línea de productos con estilos no tradicionalmente checos, elaborados en colaboración con Maestros Cerveceros extranjeros especializados en ellos. Por ahora, están preparando su especial de navidad que sería una Polotmavé.

Esperemos que su visión sea la correcta. En lo que a mí respecta, gente astuta y ambiciosa serán siempre bienvenidos al mercado cervecero.

Na Zdraví!

28/10/13

Es momento de relajarse


Sería injusto decir que el día fue una mierda, no lo fue. Pero fue uno de esos días del montón que te deja un extraño sabor en la boca, casi como morder una semilla de limón comiendo una ensalada de otro modo olvidable.

Por suerte, ya está llegando a su fin. La cena ya ha sido comida y disfrutada por la familia, y ha llegado la hora de lentamente desconectar los sesos mirando un poco de tele. O al menos eso es lo que haría si hubiese algo que me gustase ver.

Mi mujer ha elegido una de esas películas románticas formulistas que a mí me parecen tan aburridas, pero a que a ella le gusta mirar hasta que se queda dormida. Me quiero relajar, no aburrirme. Aburrirme en frente de la tele tiene el efecto opuesto, máxime cuando mi humor está lejos de ser el ideal. Así que elijo ir arriba a ver algo, leer algo o escuchar algo en mi PC.

¡Escuchar algo! Ya está. Decidido. Y creo que hacerlo en compañía de una cerveza es una muy linda idea.

¿Qué puedo escuchar? ¿Algo de los primeros discos de Tom Waits? No, escuchar los primeros discos de Tom Waits siempre da ganas de tomar Stout y no tengo ninguna Stout. ¿Duke Elegant, de Dr. John ? ¿Murder Ballads, de Nick Cave? ¿Jackie Cane, de Hooverphonic? ¿Buddy Guy and Junior Wells Alone and Acoustic? ¿Debussy, quizás? No, no, no, no y no.

La decisión llega de manera natural cuando me siento frente a la computadora y oigo la lluvia en el tragaluz encima del escritorio. Libertango, de Astor Piazzola, algo que va muy bien con el clima de esta noche, y con todo lo demás.

Sirvo la cerveza, pongo los pies en el escritorio, aprieto Play; las cosas sabrán que pronto serán dejadas atrás.

Solo hacen falta un par de compases para hacerme sentir mejor, mucho mejor. La cerveza resultó ser una muy buena elección también. Es un poco como la música. Masculina, pero no a lo macho. Suave y caballerosa. El tipo de birra que me imagino alguien como Manfred von Richthofen o William Bishop le gustaría tomarse después de bajarse del avión en una tarde de otoño.

¿Cómo se llama la cerveza, quieren saber? La verdad, no importa. Estoy seguro que en casa tienen algo parecido. Es solamente una cerveza, ¿para qué complicar las cosas?

Na Zdraví!

23/10/13

¿Tienen algo que hacer este 2 de noviembre?


Cuando hicimos aquella cena maridaje en Céleste hace ya más de dos años el plan era repetir la experiencia en un futuro cercano. Sin embargo, las vueltas de la vida conspiraron en contra de ello y no pudo ser posible, hasta ahora.

Esta vuelta hay algunos cambios. No va a ser una cena en día de semana, sino un almuerzo de sábado; en lugar de una cerveza por plato, tres de ellos serán maridados con dos.

Tal como la vez anterior, estuve a cargo de elegir las cervezas, pero esta vuelta fue un poco más difícil ya que iba a tener que trabajar alrededor de un menú que ya estaba definido. Pero igual fue muy divertido, en especial la parte en donde, junto con el chef, probamos cada uno de los platos para poder armar los maridajes (una vez más, la mayor sorpresa fue lo bien que la cerveza ahumada se llevó con el pescado).

Los maridajes entre cerveza (o cualquier otra bebida) y comida son para mí un juego culinario cuya única (y flexible) regla es que la bebida no abrume a la comida; fuera de ello, todo vale. Tener que maridar los primeros tres platos con dos cervezas en lugar de una, me dió la oportunidad de jugar con contrastes; me pareció que no tendría demasiado sentido tener dos cervezas de un mismo estilo, así que elegí dos cervezas bien diferentes para cada plato. La idea es que la gente tome ambas y decida cuál le gusta más. Sería si las mezclan, después de todo, es un juego.

Pero bueno, este es el menú que podrán encontrar el 2 de noviembre.
Amuse bouche
Sopa de judías blancas Coco de Paimpol con trucha ártica ahumada y  milhojas de zanahoria
(Servido con Primátor 13% y Maisel's Weisse)
Filé de esturión, puré de tupinabo con hongos de estación, , Jerusalem artichoke pureé with seasonal mushrooms, pimientos de Espelette, mousse de limón
(Servido con Schlenkerla Märzen y Benediktin IPA)
Lomo de cerdo Mangalica, col crespa caliente, coliflor, ensalada de papas y corteza de serdo, mousse de rábano picante, jus
(Servido con Benediktin Imperial Pilsner y Schneider TAP 5)
El queso, mimolette de 18 meses con mermelada casera de ruibarbo
(Servido con Fuller's London Porter)
Postre, Crémes brulées con stevia, frutas frescas y bizcochos
(Servido con Rodenbach Gran Cru)
El precio, incl. trago de bienvenida (Bernard Světlý Ležák), té, café y agua es de 1190CZK por persona. Se recomienda hacer reservaciones, ya sea on-line en esta página o por e-mail a info@celesterestaurant.cz. El almuerzo empieza a las 12 y los últimos pedidos se toman a las 2.

Como la vez pasada, seré el anfitrión del evento y con mucho gusto responderé a cualquier pregunta que quieran hacerme.

Na Zdraví!


Céleste Restaurant and Bar
50°4'31.443"N, 14°24'50.651"E
La Casa Danzante, Rašínovo nábřeží 80 - Praga 2
+420 221 984 160 - info@celesterestaurant.cz

20/10/13

En respuesta a BrewDog


(Nota: Originalmente esta entrada fue publicada en la solamente en inglés y no tenía intención de traducirla porque sigue más o menos la misma línea que lo escribí el otro día, pero tuvo bastante repercusión así que se me ocurrió que la compartiría con los que no la leyeron. Aquí les va).

Parece que los muchachos de BrewDog se han tomado en serio sus planes para la apropiación corporativa de “Craft Beer” (Cerveza Artesanal), una marca de dominio público. De acuerdo con su reciente comunicado de prensa (lo siento, pero para mí las empresas no escriben blogs), quieren lograr una definición oficial:
... en primer lugar para proteger a los cerveceros artesanales y lo que estamos construyendo; en segundo lugar para guiar a los consumidores en esta nueva y emergente categoría en el Reino Unido; en tercer lugar para asegurar que los verdaderos cerveceros artesanales puedan cobrar un precio justo y sostenible por sus obras maestras; y en cuarto lugar para permitir que las cervezas artesanales crezcan tan fuertemente en el Reino Unido como en los Estados Unidos.
Y la definición que proponen es la siguiente:
Una Cervecería Artesanal europea:
1) Es pequeña. Elabora menos que 500.000hl al año. *ver punto 3 abajo.
 2) Es auténtica. a) elabora todas sus cervezas en densidad original b) no utiliza arroz, maíz o cualquier otro adjunto que disminuye el sabor y reduce los costos.
3) Es honesta. a) Todos los ingredientes están claramente listados en la etiqueta de todas sus cervezas. b) El lugar en donde la cerveza es elaborada está claramente listado en todas sus cervezas. c) Todas sus cervezas son elaboradas en cervecerías artesanales.
 4) Es independiente. No es más que en un 20% propiedad de una empresa elaboradora de cervezas que opera cualquier cervecería que no sea una cervecería artesanal. 
No voy a comentar sobre estos puntos*. Los que siguen este blog saben ya cuál es mi opinión, basta con decir que coincido con algunos y discrepo con otros. Tal como lo veo, BrewDog quiere empezar un club privado y quieren decidir quiénes podrán ser miembros. Todo bien.

El problema que tengo, sin embargo, es que esta definición no trata lo que más nos preocupa a los consumidores, la calidad. Ninguno de estos cuatro puntos puede garantizarnos buena cerveza o como mínimo, cerveza bien hecha, que es en realidad lo que todos queremos. Algunas de las peores cervezas que he tomado en mi vida fueron hechas por cervecerías que encajan perfectamente en esta definición de cerveza artesanal y sin embargo, eran una mierda, una mierda objetiva. Eran cervezas que jamás tendrían que haber sido servidas en un vaso, cervezas que jamás deberían haber dejado la fábrica e incluso cervezas que jamás deberían haber sido hechas, pero, de acuerdo con la definición propuesta por BrewDog, podrían orgullosa y oficialmente llamarse a sí mismas “Artesanales”.

Si esta gente de veras pretende hacer de “Cerveza Artesanal” algo similar a una certificación, entonces van a tener que contemplar estándares de calidad, de otro modo, oficial o no, seguirá siendo solamente una marca. Pero quiero creer que apuntan más alto y es por ello que sugiero que los siguientes puntos, o algo por el estilo, sean agregados a la definición:
  • La persona a cargo de la producción en una cervecería artesanal debe ser, en todo momento, alguien con al menos, digamos, 3 años de experiencia profesional. Las cervecerías nuevas que no cumplan con este requisito deberán esperar tres años, sin cambiar el jefe de producción, para solicitar la certificación. (Me parece que si podemos discriminar por tamaño y estructura propietaria, también podemos discriminar por experiencia profesional.)
  • Una cervecería artesanal aplicará procesos de control de calidad certificados, que podrán ser auditados en cualquier momento por una eventual asociación.
  • A menos que sea vendida directamente al público, la cerveza artesanal sólo podrá ser comercializada y distribuida por vendedores certificados, quienes también tendrán que cumplir con normas relacionadas a las condiciones de transporte, almacenaje, dispensado y capacitación del personal.
Pero creo que estoy perdiendo el tiempo. Dudo que alguna vez siquiera se pongan a considerar lo de arriba. No por el desafío que ello implica, sino porque el objetivo de todo esto nunca ha sido la calidad, sino proteger su propia quintita, tal como BrewDog deja bien en claro al principio: ¿Por qué necesitamos una definición? 3 palabras: Blue Fucking Moon.”.

¿Saben una cosa? Nunca he tomado Blue Moon, pero me gustaría mucho, mucho hacerlo. Ha sido tan difamada por ciertos intereses empresarios y sus decerebrados fanáticos que estoy empezando a tener la impresión de que es una birra de la puta madre. De otro modo, ¿por qué esos intereses empresarios le tienen tanto miedo? Porque de eso se trata, de miedo. Tienen miedo de que las cervecerías industriales han decidido hacer cerveza que puede competir en términos de sabor e imagen, y las detestan porque de un sorbo tiran abajo mucho del discurso que han estado construyendo todos estos años: cervecerías grandes = cerveza mala / cervecerías pequeñas = cerveza buena.

Nos dicen que tenemos que odiar a Blue Moon, y otras cervezas similares, no debido a su sabor o valor. ¡No! Las debemos odiar porque son hechas por malvadas corporaciones megamultinacionales que, contrario al “Espíritu de la Cerveza Artesanal” (me gustaría haber inventado esta huevada), esconden del público su verdadera identidad. Aparentemente, hay gente que en serio cree el cuento de hadas de que si Molson-Coors admitiese abiertamente que son los que están detrás de Blue Moon, todo el mundo dejaría de tomarla y correría a los brazos de la Cerveza Artesanal. Bueno, permítanme que se los diga de esta manera:

¡A NADIE LE IMPORTA UN JORACA!

En serio, nos guste o no, a la mayoría de la gente no le importa en lo más mínimo quién hace sus cerveza, al igual que sucede con los que hacen sus i-Bosta, sus jeans o sus productos de merchandising. La gente compra una cerveza porque la consideran lo suficientemente buena como para pagar por ella y no porque quieran dejar algo en claro (bueno, hay algunos de hecho compran cerveza por motivos que nada tienen que ver con la cerveza en sí misma, pero son una minoría).

¿Es esto positivo? No, no lo creo. Todos deberíamos ser más responsables y estar más informados. Deberíamos ser más escépticos con lo que nos dice la gente que quiere nuestro dinero. Deberíamos cuestionarlos más, a todos, grandes y pequeños, porque las empresas pequeñas pueden ser tan conchudas como las grandes, el tamaño de una empresa no está proporción inversa a la virtud.

¡Así qué, dejen de chillar y maduren! Si hacen buena cerveza y saben cómo venderla, tienen poco para temer.

Na Zdraví!

*¡Por supuesto que voy a comentar! Si el uso de adjuntos y HGB para reducir costos es contrario a lo “artesanal”, no debería aplicarse lo mismo a ingredientes y procesos engañapichangas que solo incrementan el precio en una proporción mayor que la de los costos adicionales? Qué se yo, se me ocurre.

11/10/13

Diatriba de viernes


Es ya bien sabido las cervezas alternativas en España son ya un boom, algunos hasta dirían una moda, que cada día está captando más atención del público y los medios, algo que siempre le viene bien a cualquier ramo.

La publicación de un nuevo libro sobre cervecerías “artesanas” en España (felicitaciones a los autores) fue reportada esta semana en por eldiario.es. Lamentablemente, en lugar de contar un poco más la historia detrás del libro y sus autores, el artículo nos regala con las huevadas que el proselitismo artesanáfilo ya nos ha acostumbrado, por ejemplo:
...más de 130 microcervecerías se afanan en recuperar una tradición con más de 5.000 años de historia. (La palabra tradición ya ha sido más manoseada que un monaguillo, pero esto ya es llevarla a niveles insospechados)
Para que sea artesanal, sólo se pueden utilizar ingredientes naturales, seguir un proceso controlado y "no filtrarla ni pasteurizarla", como se hace con la industrial, ya que "empobrece la calidad del producto" (No sé si esto es producto de la ignorancia o del tipo de cinismo que avergonzaría hasta un político en campaña. Tampoco sé cuál es peor)
Lo que más me llamó la atención, sin embargo, fue el penúltimo párrafo que empieza diciendo:
Al ser un sector en rápida expansión, "se están cometiendo algunas irregularidades...
Al principio pensé que hablaría de elaboradores que comercializan sus productos a pesar de no tener todos los papeles en regla, o de los que a sabiendas venden como buenos productos fallados. ¡Qué ingenuo que soy!
”...y vendiendo como artesanales cervezas que se han pasteurizado para permitir su exportación, ya que se conservan por más tiempo", ha añadido Reixach (n. del a., Guillem Reixach, de Cerveza Artesana, la empresa que publicó el libro), quien ha dicho a Efe que apuesta por una regulación para "definir y controlar" el producto.
Esto parece confirmar lo que he leído en otro lado, hay gente que quiere codificar la definición de cerveza artesana o artesanal, la cual, si nos atenemos al discurso predominante, determinará que una cerveza no puede ser ni filtrada ni pasteurizada si quiere llevar la etiqueta “artesana/l”, que resultaría muy conveniente a los intereses de algunos empresarios. Es difícil resistirse a la idea de que a estos empresarios la cultura cervecera, el buen hacer y ni hablar del consumidor les importan poco y nada; que lo único que buscan es cuidar su quintita apelando a una fantasía para esconder su falta de recursos e infraestructura, y quizás hasta la poca confianza que tienen en sus propios productos.

Este afán de manipular las leyes para beneficio propio es también un poco muestra de lo necios que son. Hace ya un rato que en diversos foros se puede leer a (no solo) consumidores informados que ya han dejado de creer en el cuento de hadas “artesanal = sin filtrar ni pasteurizar (y refermentada en botella)”, y sus voces, además de multiplicarse, cada vez suenan más fuertes. Un ejemplo de esto se puede ver en las respuestas a la pregunta que El Jardín del Lúpulo hizo esta semana, en donde la mayoría no ve al filtrado y hasta la pasteurización como algo contrario al idea de artesanalidad (tal como vengo diciendo hace rato). A lo mejor exagero, pero me da la impresión de que los únicos que siguen insistiendo con esta mentira son algunos productores o consumidores que no tienen todavía paladares lo suficientemente viajados como para darse cuenta por sí mismos.

Pero bueno, ¿por qué debería importarme todo esto? No vivo en España, para mí “cerveza artesana/l” no es más que una marca y yo no consumo marcas, consumo buena cerveza.

Pero igual me molesta. Y creo que debería molestarle a cualquiera que en España quiera ver una cultura cervecera más rica, más variada, más madura, sin importar del lado del mostrador en el que estén; incluso si creen que “cerveza artesana” es mucho más que una marca, incluso hasta si están convencidos de que las cervezas (sean o no de producción propia) se expresan mejores sin filtrar ni pasteurizar. Todos deberían resistirse a lo que podría terminar siendo no más que una apropiación corporativa de algo que siempre ha existido en el dominio público.

Aunque por otro lado, quizás está farsa resulte en algo positivo, menos elaboradores haciendo cerveza artesana y más haciendo cerveza buena.

Na Zdraví!

4/10/13

El cuento de la pinta pedorra y la joya oculta


Me encanta ir a lugares nuevos. Me encanta la sensación de cruzar una puerta por primera vez, siempre esperando encontrarme con el próximo gran pub o café; o al menos encontrarme con alguien con alguna historia interesante que contar. Lamentablemente, ya no tengo tanta renta o tiempo disponible como solía y lo que tengo prefiero gastarlo en la comodidad de la certeza que en la aventura de lo desconocido. Mi laburo, sin embargo, en ocasiones me lleva a territorios desconocidos, o mejor dicho, a territorios que hace rato no les he trazado un mapa, una oportunidad que siempre es bienvenida.

El miércoles pasado terminé con una clase cerca del parque Klamovka, en Praga 5, y tenía más de una hora para matar antes de ir a ver a un cliente nuevo en Petřiny. Excelente excusa para ir a visitar a Zahradní Restaurace Klamovka.

Era uno de esos hermosos y soleados días de principios de otoño, pero aun así estaba un tanto demasiado fresco para sentarse afuera en la sombra; una lástima, Klamovka tiene uno de los jardines cerveceros más lindos de la ciudad. Iba a tener que tomar adentro.

Siempre que voy a un lugar nuevo, prefiero sentarme en el bar, o al menos en alguna mesa desde donde pueda ver bien lo que el grifero hace con las cervezas. No fue posible aquí. El bar es casi diminuto y está al lado de la cocina. No tenía ganas de terminar oliendo como una vieja Chicken McNugget que ha pasado por una experiencia traumática. Fui al salón principal, amplio, espacioso, anodino, pero cómodo (y vacío). La única compañía eran las pantallas de TV puestas en un canal musical (por suerte, no MTV).

La camarera vino apenas asenté mi trasero. Pedí una Pilsner Urquell, que me fue traída bien rápido y que resultó ser una de las peores pintas de Gambrinus que tomé en mucho tiempo. Quizás debería haberme quejado, pero tenía ganas. Terminé la birra a regañadientes, pagué y me fui.

¡Qué frustración! Me podría haber sentado ahí durante un par de cervezas haraganas mientras leía mi libro (tomar una birra despacio mientras se lee un libro en un bar tranquilo, uno de los mayores pequeños placeres de la vida), pero ese medio litro de abominación no lo permitió. Así que me quedé con todavía bastante tiempo para matar, sin lugar para matarlo, y no esperaba que en Petřiny haya algo que valga la pena. Supe tener un cliente en ahí, y me acuerdo que las opciones eran bastante tristes, un par de pizzerías y un bolichón Gambrinus de los feos. Pensé en buscar un lugar para sentarme al sol y leer, pero decidí tomarme el 191, a lo mejor podría pasear un poco por el barrio.

Por supuesto, la historia no termina acá.

En mis años de choborra errante debo haber desarrollado un instinto especial. Ya saben, ese que, antes de cruzar una calle, hace que mire alrededor prestándole atención a otras cosas además del tráfico; ese que a veces me hace doblar en una esquina cuando podría seguir caminando derecho; ese que el otro día hizo que me baje del bondi dos paradas antes, en Koleje Větrník.

La palabra checa “Kolej” tiene varios significados, uno de ellos es “residencia estudiantil”, y las residencias estudiantiles suelen estar equipadas con aguaderos, esta era uno de ellos. Crucé un estacionamiento, doblé a la derecha en Na Větrníku y vi un cartel que me dirigía a Kavárna do Větru.

No puedo decir que fue amor a primera vista. El café está ubicado en uno de esos edificios construidos en el estilo gris y deprimente que a los comunistas les gustaba tanto. Sin embargo, un cartel de Únětické Pivo debajo de una de las ventanas con feos barrotes negros fue suficiente como para animarme a ver qué había adentro, siempre lo es. Una chica, de esas que son lindas y no lo saben, o no les importa, me recibió en la puerta con una sonrisa franca y me animó a entrar.

Adentro, do Větru resultó ser muy lindo. Es uno de esos cafés de la nueva camada de los que hablaba el otro día. Es no fumadro, y está dividido básicamente en dos salones (con un tercero en preparación) y tienen un pequeño jardín en la parte trasera. Está muy agradablemente amueblado, con un toque humano y no de comité de marketing. Es muy acogedor, el tipo de lugar que te hace bajar un par de cambios apenas entrás.

Seguí a esta chica, me senté al bar y pronto estaba charlando con ella. Me contó que el boliche había abierto hace casi un año. La cerveza estaba bien. Tomé desítka, filtrada, sabía fresca y estaba razonablemente bien hecha (solo una observación, válida para cualquier que tira cerveza, enjuaguen los vasos con agua fría antes de servir). Me quedé por dos birras, me hubiese encantado quedarme por un par más, pero el deber llamaba. No hay problema, voy a volver de eso estoy seguro.

Es curioso a veces las vueltas que da la vida. Sin esa pinta pedorra en Klamovka, me habría quedado bastante a gusto en ese olvidable boliche del montón. Sin esa pinta pedorra, no habría encontrado esta joya oculta. Quizás debería estarle agradecido.

Na Zdraví!

Zahradní Restaurace Klamovka
50°4'17.342"N, 14°22'39.447"E
Klamovka 2051 – Prague 5
provozni@zahradnirestaurace.cz - +420 602 141 014
Lun-Dom: 11-24

Kavárna do Větru
50°5'16.994"N, 14°21'9.787"E
Za Zahradou 5 – Praga 6
+420 777 965 972
Lun-Sáb: 15-01, Dom: 15-24