23/9/13

¿La muerte de la hospoda o el principio de una era dorada?


Iba a escribir algo sobre la relación entre las cervezas alternativas y el capitalismo, pero las cavilaciones de Alan sobre los descuentos en los precios de Craft Beers que la cadena Wal-Mart aparentemente ofreceráen me pusieron a pensar sobre una noticia que apareció en varios medios la semana pasada, los checos están tomando más cerveza en casa que en bares.

Contrario a lo que el artículo enlazado de iDnes dice, esto no es ninguna novedad, sino una tendencia que empezó en 2010, cuando por primera vez en la historia se vendió más cerveza en botella que de barril (ese año, la producción de cerveza en la República Checa había bajado en un 7,9%).

Si bien sigo creyendo que el impacto de los cambios demográficos, gente y empresas se han mudado hacia las periferias de los centros urbanos, lo cual resultó en que muchos se vean forzados a ir a trabajar en auto, ha sido más significativo de lo que muchos creen, sería ingenuo negar que la crisis, en este país más que nada la percepción de tal, ha jugado un papel más que importante. Pero más allá de las razones, la gente de verdad está gastando menos en bares y restaurantes, y es posible que una buena parte del consumo haya sido trasladada al hogar.

El artículo de iDnes también menciona la diferencia en los precios de barriles (vendidos a hosteleros) y botellas (precio final en supermercados), lo cual me hizo acordar un muy buen artículo que Pivní Recenze publicó el año pasado (no puedo encontrar el enlace, perdón).

Cuando me mudé acá en 2002 no había mucha diferencia de precio entre una botella de cerveza en un supermercado y una pinta de la misma marca en una hospoda de barrio. Hoy es completamente diferente, mientras los precios en supermercados se han mantenido casi iguales, en los pubs en algunos casos se han casi duplicado. Tal como Pivní Recenze explica, esto se debe a que los hosteleros compran cerveza, en especial las grandes marcas como Gambrinus, a un precio por volumen más alto que el que los consumidores pagan en supermercados, a pesar de que los costos de producción y venta de cerveza en botella son bastante mas elevados que en barril. La conclusión es evidente, las cerveceras están subsidiando los precios que se ven forzadas a darle a las cadenas de supermercados a costa de los hosteleros.

¿Puede ser entonces que estas empresas sean las que están arruinando a la hospoda?

Bueno, no tan así. Hace casi dos meses, el periódico E15 reportaba sobre el tema de los cierres en la hostelería y el presidente de la asociación que los representa fue citado diciendo ”nuestros restaurantes tienen una calidad irregular, algunos son buenos, por otro lado, hay muchos que ofrecen baja calidad y no serán capaces de sobrevivir por mucho tiempo”. En otras palabras, es más posible que que cierren boliches chotos que los buenos.

Esto, por supuesto, no debería sorprender a nadie. Cuando ir de copas deja de ser algo casi cotidiano para convertirse en algo casi reservado para ocasiones especiales, mucha gente será más selectiva y se inclinará hacia aquellos locales que le ofrezcan más valor por su dinero. No es de extrañarse entonces que las mayores cerveceras checas estén apostando tanto en sus cadenas de gastro-pub. En julio, en Nám. Míru, abrió Vinohradský Parlament, que parece ser la primera sucursal de una nueva cadena de Staropramen, y la otra punta de la plaza un nuevo boliche de estandarizado aspecto de Gambrinus, cuyo nombre he olvidad, abrió la semana pasada.

Pero, y más allá de las cadenas de gastro-pub, si las grandes cerveceras no están matando a la hospoda, ¿puede ser que se están jodiendo a sí mismas, hasta el punto de poner en riesgo su dominio en el mercado?

Sí, sigue siendo cierto que casi la mitad de la birra que se toma en este país viene de Plzeňský Prazdroj, con las otras dos multinacionales vendiendo casi 30% entre las dos. El problema de esto es que toma al mercado cervecero checo como algo más o menos uniforme, cuando la realidad es que las dinámicas en el off-trade (comercios minoristas, etc.) y el on-trade (hostelería) son muy, muy diferentes.

Sus impresionantes estructuras logísticas les dan a las macros una enorme ventaja en el off-trade. Pueden hacer llegar sus cervezas a cualquier lugar en cualquier momento, es por ello que uno puede encontrar Braník hasta en el más remoto almacén o estación de servicio. Las regionales, en su mayoría, no pueden permitirse tales lujos y esto, junto con una menor flexibilidad de precios, las pone afuera de una buena parte de este mercado.

El mercado on-trade, por otro lado, es muchísimo más competitivo. Si esos maravillosos mapas de Pivídky pueden ser considerados estadísticamente relevantes (y yo creo que sí), indican que las cervecerías regionales, incluso algunas de las más chicas, dominan sus pagos. Compensan su falta de infraestructura con la proximidad al cliente (y la identificación local).

Pero lo más curioso de todo esto es que el renacimiento de las cervecerías regionales checas y el boom de las microcervecerías, que es más evidente en los grifos que en las góndolas, empezó casi al mismo tiempo en el que la industria dejó de crecer y empezó a achicarse. Yo no creo que esto sea una coincidencia, estas dos cosas deben estar conectadas.

En estos tiempos donde la gente es más selectiva, ofrecer algo diferente del resto puede servir para llamar la atención de los clientes, lo cual es la razón que los dueños de un par de boliches en su momento nuevos me dieron para su elección de marcas más pequeñas; no querían tener lo que todo el mundo tenía. Esto también puede servir para revitalizar locales ya existentes. La dueña de la hospoda de mi pueblo que vende Únětická 10° me contó el motivo casi Hrabaliano detrás se decisión: se habían muerto un par de los štamgasty y pensó que tener esa cerveza traería nuevos clientes y compensar la pérdida de ingresos. Y Jáma podría contarnos una historia bastante parecida (libre de muertes) que data desde hace ya más de tres años, y podría seguir dando ejemplos.

Hasta cierto punto, el afán por la diferenciación es algo que Stella Artois supo aprovechar muy efectivamente a mediados de la pasada década para introducir la marca en, por ejemplo, pizzerías y no pocos locales de moda entonces. Podemos ver como esto vuelve a suceder ahora con la nueva camada de cafés, pubs y bares que han estado creciendo como hongos por toda Praga, aunque con mejor birra. La diferencia, sin embargo, es que los propietarios parecen ser más proactivos y selectivos respecto a las cervecerías con las cuales deciden trabajar, a menudo eligiendo cervezas con las que ellos mismos se sienten identificados. Dudo mucho que cervecerías como KocourMatuška, Únětice o Břevnov, entre muchas otras, habrían sido tan exitosas como lo son hoy hace diez años.

A todo esto, hay que sumarle el hecho de que muy a menudo las marcas regionales, y no pocas de las micros, son más baratas que la grandes.

Cerca de hay un tugurio nicotinoso de la vieja escuela llamado U Demníky. Este lugar siempre fue un antro de Pilsner Urquell y Gambrinus, pero hace unos meses empezaron a ofrecer Hubertus 10º (Kácov) y Krakonoš 12º, ambas a un precio significativamente más bajo que las otras dos. Adivinen qué es lo que veo a la mayoría de la gente tomar cada vez que paro ahí para una birra al paso.

Bien, yo creo que Hubertus es muy superior a Gambáč, y estoy seguro que muchos de ustedes coincidirán conmigo, pero al mismo tiempo, es muy posible que a muchos de los parroquianos en este pub el sabor les importe un carajo y dos tercios, y que simplemente estén respondiendo a la diferencia de precio, y, tal como suele suceder, cuando todo lo demás es comparable, lo más barato se convierte en mejor.

Pero a pesar de todo ello, siguen habiendo montones de tabernas, en especial en pequeñas ciudades y pueblos, con propietarios con poca visión y demasiada timidez que se resisten a cambiar. ¿Pero qué tanto podrán durar con una clientela que además de envejecer es cada vez menos acaudalada y con poco, si es que algo, que pueda atraer nuevos clientes?

Cualesquiera sean las fortunas de estos locales, lo que estamos viendo es una tendencia que ya es irreversible. Una tendencia que, si las góndolas de Tesco y Kaufland son un buen indicador, puede que esté empezando a afectar al mercado off-trade.

Interesantes son los tiempos que se avecinan y, como un amante de la buena cerveza que valora la variedad, no podría estar más contento.

Na Zdraví!

13/9/13

Observaciones de viernes


Me gusta que haya crítica. La veo que algo positivo y necesario en el discurso cervecero, y hasta diría fundamental para que los consumidores recibamos el respeto que nos merecemos. Sin embargo, para poder cumplir esa función, la crítica, aun más que el elogio, debe estar bien fundamentada e informada y, por sobre todo, ser justa y clara. Es por ello que me parece que el otro día, el Jardín del Lúpulo la pifió bastante en su crítica a una feria a la que había asistido.

Por un lado, mencionó ciertas insuficiencias, algunas de las cuales, según otros comentarios, resultaron no ser tales, y por otro, cometió el para mí grave error de poner a todos en la misma bolsa al decir que se había encontrado con:
barriles en mal estado que no se cambiaban cuando se avisaba, cervezas vendidas a falta de un mes de maduración, cervezas que no habían alcanzado las expectativas del propio fabricante, cervezas contaminadas, cervezas “experimentales”...
Más abajo, el autor aclara que también se había encontrado con productos buenos, pero el daño ya estaba hecho. Si, luego de mencionar un evento específico, se va a hacer una crítica tan severa, hay que dar nombres, de otro modo, se corre el riesgo de que paguen justos por pecadores, y que el debate se desvirtúe. Quizás, lo que el autor podría haber hecho es hablar de los problemas de las ferias en general, sin utilizar a ninguna específica como ejemplo, después de todo la entrada fue más que nada el pie para el debate semanal.

Pero más allá de eso, hay una queja, tanto del autor del blog, como de varios de los comentaristas, que de hecho es casi perenne cuando se habla de ferias y festivales “cervezas que los mismos fabricantes venden a precios más elevados que en tiendas”.

¿Hay alguien que, de manera razonable, me pueda explicar cuál es el problema? Porque yo la verdad es que no veo absolutamente nada reprochable.

En un evento de este tipo un productor no puede aprovechar una condición de exclusividad para fijar precios que podrían considerarse abusivos, tal como a veces sucede por ejemplo en conciertos. Aquí el consumidor tiene mucho de donde elegir y los precios son solo una más de esas variables.

¿Entonces, cuál es el problema? ¿Que el productor se ha fijado un margen de ganancia mucho más elevado que el que tiene al venderle a minoristas?

Asumiendo por un momento de que esto es un hecho, de que sí, de que incluso teniendo en cuenta todos los otros costos en los que el productor haya incurrido para poder estar presente en una feria dada, él aun así está ganando más por cada medida de cerveza de lo que gana vendiéndola a una tienda o bar, ¿desde cuándo está mal que un productor (y en especial un productor) quiera ganar unos mangos más, máxime cuando estamos hablando de un entorno en el que la competencia no podría ser más libre?

¿Entonces, cuál es el problema? ¿Que fuiste hasta ese evento para poder probar esa cerveza y te la encontrase más cara que en una tienda?

Olvidémonos por un rato de que A: si podés conseguir esa cerveza más barata en otro lado, sos libre de comprarla ahí, y B: que una cerveza en botella no es lo mismo que en barril. Si vos consideraste que la posibilidad de tomar una o varias cervezas específicas justifica la inversión en tiempo y dinero para asistir a un evento determinado, entonces unos mangos más en el precio no deberían hacer ninguna diferencia (de más está decir que estamos hablando siempre de cervezas que, como mínimo, están bien hechas. Las cervezas mal hechas siempre son caras, más allá de su precio de venta).

¿Entonces, cuál es el problema? ¿Que los productores no entienden que las ferias son oportunidades para promocionarse?

Dejémonos de joder un poco. Nosotros, los consumidores, tenemos derecho a exigir de los productores calidad, valor y buen trato, pero no de dictar el modo en el que deben llevar su empresa y determinar sus estrategias. Si un productor ve a las ferias más que nada como una buena fuente de ingresos, él o ella sabrá por qué lo hace y de no ser así, los riesgos y los eventuales problemas serán enteramente suyos.

Dicho esto, y para ser sinceros, si yo fuese productor, tomaría a las ferias y festivales más que nada como una oportunidad para promocionar mi producto y empresa, ya que me parece lo más razonable. Sin embargo, y como no soy un productor, no puedo evitar hacerme la siguiente pregunta ¿son estos eventos efectivos para promocionarse y hacerse conocer?

A primera vista la respuesta es sí. El público que asiste a estos eventos es de un espectro más amplio y variado del de la clientela de locales especializados. Sin embargo, la triste realidad es que la capacidad de atención del público en general no es particularmente largo y por ende es muy probable que, a menos que pueda volver a encontrarlas muy pronto, muchos, sino la mayoría, no tardará demasiado en olvidarse de lo que tomó aquel sábado en aquella feria, y menos aun serán los que vayan al día siguiente a su bar preferido a exigirle al hostelero que ofrezca aquella cerveza que tanto le gustó en aquella feria.

Entonces, si quiere obtener un retorno de su inversión en tiempo, dinero y esfuerzo, al productor no le alcanza con contar con la memoria de cada persona que se acercó a comprarle una birra. Para ello, la fería debería ser un medio para que el productor pueda ponerse en contacto con hosteleros, minoristas o distribuidores, es decir, la gente que hará la parte más pesada, e importante, del trabajo de convencer al consumidor.

En donde los productores sí creo que le pueden sacar el jugo a las ferias es lo que respecta a relaciones públicas, además de la posibilidad de intercambiar información y experiencias con sus pares (y competidores, porque tampoco seamos ingenuos). Si esto es suficiente justificativo para que un productor ponga precios promocionales, ya será cuestión de cada uno.

Por otro lado, ¿será que los eventos de este tipo son muy efectivos a la hora de promocionar la marca “cerveza artesanal” y no tanto para las marcas individuales? Me gustaría la experiencia que los productores tienen con todo esto. Yo estoy solamente especulando y pensando en voz alta.

Pero más allá de todo esto, e incluso si las ferias fuesen una inmejorable herramienta de marketing, eso debería por qué limitar el derecho inalienable de un productor de fijar el precio que más le venga en gana por el fruto de su trabajo. Nadie está obligado a comprar una cerveza que le parece demasiado cara, y si alguien así lo sintiese, quizás sea hora de que vaya reconsiderando sus prioridades en la vida.

Na Zdraví!

PD: Mientras terminaba de escribir esto, JDL publicó un comentario en donde se hacen cargo de uno de los errores que cometieron. Bien por ellos.

11/9/13

Un par de comentarios culturales


Stan Hieronymus, en su contribución en la última edición de Session, se puso a pensar sobre el significado de cultura cervecera. La existencia de la cultura cervecera también me había dado vueltas por la cabeza cuando critiqué las catas y degustaciones.

Iba a escribir una diatriba más larga al respecto, pero me di cuenta que me repetiría, ya había hablado del tema antes, de hecho, en más de una ocasión, pero todavía hay un par de cosas que creo vale la pena mencionar.

“Beber socialmente” mientras se está sentado solo frente a una computadora, smartphone o tableta, siguiendo toda la rutina internética de foto-red social-puntuación/reseña, es a la cultura cervecera lo que el cíbersexo es a garchar. Seguro que puede ser divertido, pero igual terminás solo, lavándote en el baño sin nadie que te haga unos mimos.

(como comentario al margen: seguir esa rutina mientras se está con gente, o tomar notas de cata en un festival o pub, es todavía peor. Eso es como estar mirando porno en internet mientras que la mujer/hombre de tus sueños está esperándote en pelotas en tu cama.)

Por otro lado, las catas guiadas, en la mayoría de los casos, son a la cultura cervecera lo que las visitas guiadas a ciudades siguiendo un paraguas son a viajar. Si tenés suerte, tu guía puede ser alguien que sepa algo del tema (cosa que a menudo no pasa) y, si prestás atención y no te aburrís, puede que recibas algo de información interesante. Pero incluso así no vas a experimentar nada, no solo porque la información probablemente no será muy diferente a la que podrías encontrar en un buen libro, sino porque te van a haber mostrado solo la superficie, sin siquiera haberla rascado un poco. El guía te moverá del punto A al punto B, y así sucesivamente, no vas a interactuar o formar una relación con casi nada o nadie. Vas a terminar sin saber nada de la realidad del lugar, para ello, tendrías que seguir tu propio camino y conocer a la gente que vive y trabaja allí.

Es lo mismo con la cultura cervecera. De hecho, diría que un tipo que va a un buen pub a encontarse con amigos y tomar varias pintas de lo que sea que tengan tiene más cultura cervecera que los habitantes habituales de los dos paradigmas arriba mencionados. Sí, puede que tengan más conocimientos cerveceros que nuestros amigos del pub, pero, aunque relacionados, el conocimiento no es lo mismo que la cultura, ya que tener uno no es condición previa para tener el otro.

Alguno argumentará que el cíbercervecismo y las catas guiadas son manifestaciones de la cultura cervecera, después de todo, cada una tiene sus códigos y rituales. Para mí, sin embargo, son, en el mejor de los casos, subculturas que, en cierto modo, subvierten la naturaleza de la cerveza, ya que hacen que el tomar y/o catar cerveza sea casi un objetivo en sí mismo en lugar de parte de, o a lo sumo una excusa para, un cuándo y un dónde más amplios y profundos. Aquellos que no entienden esto, no entienden a la cerveza.

Na Zdraví!

9/9/13

Un día con Heineken/Starobrno


Tengo que confesar que, cuando me llamaron la primera vez, no estaba del todo seguro se debía aceptar la invitación de Heineken a su viaje de prensa a Brno el miércoles pasado, en parte porque tenía miedo de que me iba a tener que bancar más sanata marketinera y de RR.PP. que cualquier ser humano debería tener que bancarse. Pero después me dije “qué mierda”, no hicieron nada de eso en ninguno de los eventos de RR.PP. a los que había asistido, y no pensé que sería diferente esta vuelta. (además, y para ser sincero, me imaginé que disfrutar un poco de generosidad corporativa no estaría nada mal). Me alegro de haber aceptado la invitación, no solo porque la sanata marketinera se mantuvo a niveles aceptables y razonables, sino también, y principalmente, porque pasé un día genial, además de bastante educativo.

Como la agenda estaba muy llena, tuvimos que salir espantosamente temprano. Viajé con otros tres periodistas y dos personas de la agencia que maneja las RR.PP de Heineken, quienes nuestros guías.

Nos ofrecieron cerveza y algo para picar apenas el minibus emprendió el camino. Me encanta vivir en un país en donde tomarse una birra a las 7 de la matina no es algo condenable, aunque, a decir verdad, Starobrno Medium de lata está lejos de ser una de las mejores cervezas, dicho esto, cualquier cerveza es mejor que ninguna cereza y mentiría si dijese que no la disfruté, al menos un poco.

Una vez en Brno, paramos apenas un rato para encontrarnos con los periodistas locales que nos acompañarían y gente de la empresa que nos acompañaría en las actividades del día, y nos fuimos directo a la primera de ellas, una visita a Soufflet, la maltería más grande del país, en su planta en Prostějov.

Ya había visitado algunas malterías, así que no estaba esperando ver nada que no hubiese visto antes. Lo que sí fue interesante fue lo que nos contaron ahí, que me hizo ver a la cerveza y su elaboración desde una perspectiva completamente diferente.

Nos explicaron en gran detalle los procesos de control de calidad. Se toman muestras de la cebada que llega a la planta apenas los camiones que la transportan cruzan la puerta, estas se analizan en el acto para determinar si el grano cumple con las estrictas normas de calidad de la empresa. Solo entonces se los deja descargar. Como había visto en Benešov, los diferentes varietales de cebada se mantienen separado durante todo el proceso de producción y se mezclan únicamente para cumplir con los parámetros requeridos por los diferentes clientes.

La parte más interesante de la charla fue, quizás, la relación en cifras entre la producción de cebada y de cerveza. De acuerdo con los cálculos del director de la empresa, 85g de malta hacen falta para producir una birra de 12º Balling, y eso no fue lo más curioso. Basado en ese número, y la cantidad de cebada que se necesita en promedio para hacer 1kg de malta, y la producción promedio de una hectárea de cebada, este tipo calculó que 1m2 de un campo de cebada producirá 10 pintas de dvanáctka. Piensen en eso la próxima vez que se les ocurra caminar a través de un campo.

Después de un correcto almuerzo en la maltería, nos subimos de nuevo al auto para nuestra siguiente visita, una cooperativa agrícola que provee cebada a Soufflet.

Es increíble lo poco que reparamos en esta materia prima. Sin embargo, hay mucha atención al detalle en su producción, después de todo, sin cebada de calidad no es posible producir malta de calidad y sin malta de calidad es muy difícil producir cerveza de calidad. El cultivo de cebada, entonces, no se trata solamente de tirar unas semillas en un campo y después cosechar lo que haya crecido un par de meses más tarde. El momento indicado debe ser elegido para sembrar el varietal indicado en el lugar indicado ya que cada varietal tiene características diferentes que son afectadas por condiciones climáticas y de suelo. Durante los meses entre la siembra y la cosecha, la salud del cultivo se controla con mucho cuidado y luego el momento indicado para la cosecha se elige a fin de obtener la calidad indicada, pero no pueden lograr esto si el grano, una vez cosechado, no es adecuadamente limpiado, separado y almacenado.

Lo que todo esto nos dice es que la elaboración de cerveza es un larga cadena de procesos que empieza ya en los campos y culmina en el vaso, en la que cada eslabón tendrá un efecto en la calidad del producto.

Nos esperaba otra parada, Březovské vodovody, en Březové nad Svitavou. Un trayecto largo, zarandeado y muy pintoresco en pequeñas carreteras que cruzaban colinas, bosques y pueblitos, al final del cual nos mostrarían la fuente de agua para casi toda la ciudad de Brno, incluyendo la cervecería.

La excursión fue bastante interesante desde el punto de vista histórico y tecnológico, pero no tuvo demasiado que agregar en lo que respecta a la cerveza, ya que Starobrno tiene que tratar el agua para hacerla más adecuada para las cervezas que elaboran. Más allá de eso, la ubicación del pozo es impresionante en su belleza.

Fuimos de vuelta a la capital de Moravia del Sur para dejar nuestros petates en el hotel y refrescarnos un poco (a propósito, el hotel, Holiday Inn, estuvo muy, muy bueno, el tipo de generosidad corporativa que estaba esperando). Luego nos llevaron a la cervecería para lo que sería el punto culminante del día, la re-inauguración de la pivnice de la cervecería luego de reformas.

Más que una pivnice, el boliche es un pub hecho y derecho que sirve comida, no solamente snacks. Está diseñado en el estilo Primera República-chic aprobado por un departamento de marketing que le resultará familiar a cualquiera que haya estado en alguno de los Pilsner Urquell Original Restaurants del país. No está mal, pero demasiado sucursaloso para mi gusto. El jardín cervecero, por otro lado, es lindísimo, y estaba hasta las tetas.

La ceremonia de inauguración estuvo adornada con tres jugadores del equipo de hockey sobre hielo local, que se sacaron fotos tirando cerveza y todas esas otras cosas que estimo son comunes en eventos de este tipo. El tipo de las que francamente puedo prescindir, pero me dejaron de importar una vez que tuve una birra en la mano, y me importaron todavía menos cuando me hice de otra, lo cual no requirió de demasiado tiempo o esfuerzo, el servicio parecía tener como misión no dejar a nadie con un vaso vació por más de unos segundos. Picadas, impresionantes picadas, fueron también provistas para ayudarnos a tomar todavía más.

En cuanto a la cerveza, primero me dieron la nueva 12º que se llama dvouchmelněné, o algo por el estilo. Es una versión más lupulada de la Starobrno Světlý Ležák que encontré curiosamente parecida a algunas partidas de Pilsner Urquell, aunque esto puede ser una absoluta huevada de mi parte. También tomé Krušovice Pšeničné, que estaba muy buena, bastante más sabrosa que las versiones en botella que he tomado. Sin embargo, como acompañante para la mayor parte de la velada elegí Nefiltrované, la cual encontré muy agradable.

Pero tomar, comer y charlar no fue lo único que hicimos, también vimos algunas cosas, cosas muy copadas. Primero nos mostraron el, ¿cómo podría llamarlo?, bar de capacitación que tienen ahí. Básicamente es un bar perfectamente funcional con algunas modificaciones. Lo usan más que nada para enseñarle a hosteleros y griferos (me gusta este neologismo que me acabo de inventar) cómo darle el mejor cuidado a la cerveza, desde el almacenaje de los barriles, a las diferentes técnicas de dispensados, incluyendo el mantenimiento de las líneas, cómo lavar los vasos correctamente y hasta algo de análisis sensorial básico; en mi opinión, quizás el aspecto más importante de la cultura cervecera, y uno que muchos elaboradores, grandes y pequeños, suelen descuidar.

Volvimos a la pivnice a tomar un par de birras más antes de visitar la fábrica. Nuestro guía sería el Maestro Cervecero (no puedo acordar su nombre), un tipo muy simpático que, como todos los maestros cerveceros que he conocido, ama su trabajo y le encanta hablar sobre él. Nos mostró toda la cervecería, contestó a todas nuestras preguntas, hasta nos llevó hasta la pasarela por encima de los tanques cilindrocónicos, desde donde pudimos disfrutar una maravillosa vista de la ciudad por la noche. Pero una visita a una cervecería no estaría completa sin una parada en los sótanos para tomar cerveza directamente de los tanques de lagerización, la misma nefiltrované que había estado tomando en el bar, que sabía sorprendentemente diferente.

Luego de la excursión, nos quedamos en el bar para comer y tomar un poco más (o mejor dicho, para comer un poco, y tomar mucho más). Toda formalidad en el trato hacía rato que había desaparecido, charlamos y nos reímos casi como viejos amigos hasta bastante tarde; uno de esos maravillosos cuándos y dóndes en donde la cerveza que estás tomando ya no es tan importante, es otro elemento que hace que ese cuándo y dónde sea maravilloso, lo cual es la verdadera naturaleza de la cerveza. A la mañana siguiente estábamos todos sufriendo de ligeras resacas y experimentando esa conexión especial que solo extraños que han ido de copas juntos la noche anterior pueden sentir.

Fue un gran día en muchos aspectos, y quiero agradecer a la gente de Heineken CZ por haberme invitado.

Na Zdraví!

PS: Heineken sigue estando lejos de ser una de mis empresas favoritas por aquí. Puedo comprender su decisión de cerrar cuatro cervecerías, por no me gusta para nada que se hayan asegurado que nadie las vuelva a usar, matando, en algunos casos, siglos de tradición cervecera. Dicho esto, de las tres multinacionales que operan en el mercado checo, y más allá de los productos engañapichangas, los holandeses son lo que parecen interesarse más en la cerveza.

Aclaración: todo lo que comimos y tomamos en la cervecería estuvo a cuenta de la casa.

6/9/13

¿Están por el barrio el fin de semana que viene?


Entonces, ya tienen un plan.

El sábado 14/9 tiene lugar la décima edición de Černokosteleckého Vykulení en Černokostelecký Pivovar, que es muy similar a otro gran evento cervecero, Vysmolení.
Como pueden ver en el afiche de arriba, la oferta cervecera es bastante más amplia que la del evento en mayo. Más allá de eso, no van a faltar tampoco cervezas dispensadas directamente de barricas recién calafateadas, incluyendo a un par de alemanas, además de una Porter checa que está lagerizando desde marzo, creo, en barricas de vino tinto catalán. No puedo imaginarme una mejor excusa para no perdérselo.

Na Zdraví!

PD: Los bondis a Kostelec nad Černými Lesy salen cada hora desde Háje (381, 387) y el viaje toma 45'.

2/9/13

Diatriba de lunes por la mañana


Cuando me encontré con este artículo en Food Republic titulado “8 Simple Steps: How To Not Be A Dick While Drinking Beer” (8 simples pasos: Cómo no ser un forro mientras se toma cerveza) pensé que sería otra de esas cargadas a los snobs cerveceros. ¡Qué equivocado estaba! El artículo podría fácilmente resumirse “si criticás a la cerveza artesanal en voz alta sos un forro, con algo de sentido común y buenos modales”.

Para ser justos, el autor del artículo, Jon Katz, tiene razón en un par de cosas; es una lástima que están ahogadas por el tipo de huevada artesanáfila que ya debería haber sido erradicada de discurso cervecero.

Lo que motivó al autor a escribir el artículo fue, en sus palabras (traducidas, claro) “un comentario dejado por un bebedor de cerveza insatisfecho en la página de Facebook de una cervecería favorita”.

Lamentablemente, el comentario no es citado ni enlazado así que no podemos saber a lo que el autor se refiere con agresión pasiva, pero parece que lo que más le molestó fue que un producto de esa cervecería, una cerveza que él considera como buena, fue descrita como “agua de fregadero”, lo cual para él demasiado duro e innecesario. (aunque, para mí, es un perfecto descriptor de algunas cervezas que he tomado).

La verdadera huevada, sin embargo, empieza en el segundo párrafo, que abre con esta perla de sabiduría, y cito:
“Es fácil olvidarse de que la cerveza es un privilegio, no un derecho de nacimiento.”
¡Andá a cagar chabón! En serio.

Me gustaría poder creer que este sinsentido no es más que el resultado de una desafortunada elección de palabras, pero no puedo. En su naturaleza es similar a esa estupidez de que los cerveceros artesanales salvaron a la buena cerveza de la extinción emitida por cierto cervecero inglés residente en España. Pero más allá de eso, mis impresiones se ven confirmadas por el mismo autor unas líneas más abajo, en el mismo párrafo, cuando dice “converting a friend to craft beer-ism” (traducido, más o menos, “convirtiendo a un amigo al artesanal-ismo). Lo hace sonar como suerte de ideología dura basada en dogma que no debe ser cuestionada.

La lista en sí misma sigue más o menos la misma línea intelectual, #1 – La crítica constructiva es constructiva si vos lo sos, dice:
Las cervecerías quieren escucharte, pero no sabotees sus plataformas sociales con mensajes ofensivos. Comprase una cerveza y quizás no fue tu favorita, pero no asustes a consumidores potenciales porque estás enojado. Si mandás un e-mail directamente a la empresa, ellos te mandarán un reemplazo gratis. The Bruery, the Organce County, hace poco hizo esto con el lanzamiento de su levente fallada Ebony & Oak stout, así que sí que pasa.
Bien, estoy de acuerdo en que no hace falta ser ofensivo, y que una crítica debe estar bien argumentada y ser justa, pero aun así, el autor se equivoca en más de una manera. Si alguien está enojado, no ligeramente decepcionado, pero enojado con el producto que ha comprado, tiene todo el derecho del mundo de dar a conocer su opinión de la manera, y por el canal, que le resulte más adecuado. Elaboradores que abren una página en Facebook para poder interactuar más directamente con sus clientes deberían aceptar esto como parte del juego (y esto también se aplica a los fanáticos de las cervecerías). Si tienen confianza en su producto y tienen el respeto de una sólida base de consumidores, entonces no tienen de qué temer (y si creen que una opinión negativa es injusta u ofensiva, siempre la pueden borrar).

Pero en donde el autor no solo se equivoca, sino que se vuelve casi irresponsable es en la segunda parte de #1.

No dudo que hay algunas cervecerías que con gusto envían reemplazos si les proporcionan razones lo suficientemente buenas, pero lo que el autor sugiere es que todas lo hacen, siempre. No, no lo hacen y, al menos que estemos hablando de una clara falla en los mecanismos de control de calidad (algo que le puede pasar a cualquiera), no veo razón por la cual los elaboradores deberían estar obligados a hacer esto.

El punto siguiente, #2 – Sí, la cerveza es cara, pero por lo general lo vale, es todavía peor:
Si estás comprando una cerveza cara, hay un motivo para ello: hacer buena cerveza puede ser caro, en especial las variaciones añejadas en barrica que a la gente (léase: nosotros) le encantan. Parte de gastar mucho dinero en cerveza es la aventura, y como toda aventura, si no es lo que esperás, no seas un tarado. Los bebedores de vino pagan 50USD por una botella de vino joven todo el tiempo y algunos de ellos son espantosos, pero es parte del juego. Reseñala en una página web, especificando el número de lote o la añada y seguí tu camino.
¿Por dónde empezar? Ah, sí. Hacer cerveza puede ser caro, pero no tiene que serlo, por otro lado, hay muchas cervezas caras que no son más que jugos del montón vestidos de seda y hay no pocas que son una absoluta mierda, y decirle al mundo que te sentís estafado por algunos de estos dos tipos no te hace un tarado, sino alguien que valora su dinero, una idea que parece escapársele al autor, o al menos cuando se trata de “cerveza artesanal”, tal como lo demuestra su comentario sobre vinos jóvenes. Ese comentario, vale la pena decir, es una manera bastante estúpida de presentar un argumento, es casi como comparar salchichas con chocolate. En primer lugar, porque el vino es mucho más caro de producir que la cerveza. En segundo lugar, porque el hecho que una cerveza cara y chota sea más barata que un vino choto, no hace que esa cerveza sea menos cara o menos chota.

Como capitalista que soy, me encanta vivir en un sistema en donde los productores de algo tan poco esencial como la cerveza puedan fijar para sus productos el precio que más se les antoje. Cualesquiera sean sus razones, es su elección y su derecho. Pero aquellos que venden cerveza que podría ser considerada cara deberían darse cuenta del hecho de que los precios elevados conllevan expectativas elevadas, y esas expectativas van a tener que ser satisfechas. Sus altos costos no solo no sirven de excusa para una pobre relación calidad-precio, sino que es también un insulto a la inteligencia de los consumidores.

Esta clase de evangelismo artesanáfilo que propaga gente como Jon Katz debería desaparecer ya. No le hace ningún favor a nadie. ¡La cerveza no es un privilegio! Las cervecerías no ponen sus cervezas en el mercado con el fin de otorgarnos derechos o ventajas especiales, lo hacen porque es su negocio, y una vez que esas cervezas están en el mercado, se vuelven otro más de los productos que podemos comprar con nuestra (en muchos casos, cada vez menor) renta disponible. Sin nosotros, los consumidores, esas cervecerías no existirían y deberíamos esperar, no, exigir, de ellas más respeto.

Alguien que pagó por un producto no puede ser considerado un forro por expresar su legítima opinión, más allá de lo dura que esta sea. Si tirarle mierda a las macros es algo aceptado, y hasta alentado, entonces las micros merecen ser tratadas de la misma manera. Después de todo, tanto unas como otras están atrás de lo mismo, nuestro dinero.

Na Zdraví!