26/8/13

Pivovar Hostivař, una reseña rápida


Bueno, por fin fui hasta Pivovar Hostivař. Desde su inauguración en abril (creo), había oído muchos muy buenos comentarios sobre él, pero su aparentemente remota ubicación siempre me había desalentado. Pero el otro día, me encontré con un par de horas para matar entre mis manos y decidí que les daría buen uso.

Llegar hasta ahí resultó ser más fácil y, en cierto modo, rápido de lo que había pensado. Hay bondis que salen desde Skálka que van hasta ahí (y hay uno, el 175, desde Florenc, que debe tardar una eternidad), pero estaba en Vršovice y elegí tomarme el 22 hasta la última parada en Nádraží Hostivař y tomar desde ahí el 183 o el 125 un par de paradas hasta Řepčická. Una pavada.

El brewpub ya se ve desde la parada, imposible perderse. A diferencia de la gran mayoría de brewpubs y micro cervecerías checas, Pivovar Hostivař no fue armado en un edificio que ya existía, sino que todo el edificio fue construido desde los cimientos. El aspecto es casi el de una caja de madera, con una ventana en la esquina mostrando la sala de cocción de acero inoxidable. No soy un gran fanático de la arquitectura moderna (o mejor dicho, de lo que pasa por arquitectura moderna en Praga), pero tengo que admitir que me gusta lo que hicieron acá, el edificio encaja perfectamente en su entorno.

La modernidad continua en los interiores. Por suerte, sin nada de ese falso retro de los restaurantes Pilsner Urquell, ni de esa cosa McDonaldiana de Potrefená Husa, sino un estilo con mucha personalidad. Dos de las paredes son ventanales y hay un impresionante mural hecho con chapitas que ilustra el proceso de elaboración cubriendo otra. Es extrañamente acogedor. Hay también un amplio jardín que promete ser espectacular una vez que crezcan los plátanos y pueden montar el área de juego para chicos.

El servicio fue muy bueno; rápido, atento, simpático. La comida, por otro lado, no me convenció. Elegí algo del limitado menú del día, bondiola ahumada con espinaca y knedlíky de papa. No estaba mal, pero algo soso, casi como una cantina de oficina. Esperaba más. Quizás debería haber pedido algo del menú permanente, que tiene buena pinta.

Pero lo que me llevó hasta ahí fueron las birras y Pivovar Hostivař la pega ahí. Su 11º hace todo lo que una buena světlý ležák debe hacer, ni más, ni menos, lo cual me gusta mucho, mucho. Su 12º es una excelente polotmavé, con una nota de flor de diente de león que lograba hacer que el amargor herbal y algo que me hizo acordar a la garrapiñada trabajen juntos en armonía. La cerveza especial ese día era una Weizen, que de todas fue la que menos me gustó. Casi como la comida, se dejaba tomar muy bien, pero a mí gusto le faltaba carácter. La sesión terminó con la H-Ale. Últimamente, me he vuelto un poco desconfia con las “Ejly” checas (estoy preparando un artículo al respecto), pero esta resultó ser una de esas que me hace tener esperanzas en el futuro. No era demasiado aromática, pero tenía una textura limpia y muy sabrosa, en un cuerpo casi de matrona, con un lupulado perfectamente balanceado que se hamacaba entre lo floral y lo conífero. No demasiado sesionable con 15º, pero y una buena manera de terminar una velada (o, en mi caso, una tarde).

También hablé con uno de los dueños, a quien había conocido en aquel viaje a Franconia hace dos años. Se acercó a mi mesa después de que me reconoció* y charlamos un rato (me mostró también la fábrica, bastante linda), pero eso es algo que voy a dejar para otra entrada.

Así que bueno, queda la pregunta ¿vale la pena el viaje a Pivovar Hostivař? Sí, si tenés tiempo, seguro. Se ha puesto mucha atención al detalle en este emprendimiento, y esto incluye a las cervezas, lo cual, en estos tiempos en donde se abren dos nuevas micro cervecerías por mes, es algo que merece una buena dosis de reconocimiento.

Na Zdraví!

Pivovar Hostivař
50°2'46.940"N, 14°32'56.636"E
Lochotínská 656 - Praga-Hostivař
+420 702 202 903 - info@pivovar-hostivar.cz
Lun-Dom: 11-23

*Como política, y al menos que vaya por trabajo, no llamo o escribo a boliches para hacerles saber que voy a visitarlos. En primer lugar porque no creo que soy tan conocido y, en segundo lugar, porque incluso si lo fuese, no creo que merezco ningún tratamiento especial. Dicho esto, siempre me alegra poder charlar con cualquiera que me reconozca. Y sí, acá tuve que pagar la cuenta como cualquier hijo de vecino, y con gusto.

23/8/13

Sobre ingredientes y huevada natural


Unas semanas atrás estaba charlando con Laďa Veselý, el Maestro Cervecero de U Medvídku, que, entre birra y birra me contó algo bastante curioso.

Resulta que habían recibido una visita de la Státní Zemědělská a Potravinářská Inspekce (Inspección Estatal Agrícola y Alimentaria - SZPI), quienes les llamaron la atención por un par de insuficiencias en las etiquetas, entre ellas, la mención de levaduras entre los ingredientes.

Se podrán imaginar la sorpresa de mi amigo, alguien que hace décadas practica el oficio y es un Maestro Cervecero con todas las letras. Sin embargo, parece ser que, de acuerdo con la legislación checa, las levaduras no son un ingrediente de la cerveza.

Esto quizás podría haber tenido sentido hace 150-200 años atrás, pero hoy suena casi absurdo, y no solo si nos referimos a cervezas sin filtrar o similares. Sin embargo, también recuerdo aquel folleto de Pilsner Urquell que decía que la cerveza era elaborada con tres ingredientes, y que no contaban a las levaduras porque eran retiradas luego de que hayan hecho su trabajo, por algo debe ser.

En cierto modo, esto tiene su lógica. Cuando mencioné esto en mi página de Facebook, alguien comentó que desde el punto de vista estrictamente biológico las levaduras no son un ingrediente, sino un agente, ya que, según esta persona, la cerveza no está hecha “con” con levaduras, sino “por” levaduras, lo cual es bastante parecido a lo que el representante de la SZPI le dijo a Laďa.

Una vez más, hoy día esto le suena algo absurdo a cualquiera que tenga un mínimo de conocimiento sobre el proceso de elaboración. Pero más allá de eso, ¿qué pasaría si le aplicásemos a misma lógica a los otros ingredientes más comúnmente utilizados?

Con el agua es bien claro. Alguien una vez dijo que la cerveza en realidad es agua enriquecida, y tiene un poco de razón.

En cuanto a los lúpulos, otro de los que comentó en FB decía que, según esa lógica, no son un ingrediente ya que lo que se quiere de ellos es más que nada alfa ácidos. Yo, sin embargo, lo veo más como la relación entre el jugo y la fruta; una vez extraído lo que se necesita del producto, el resto se desecha como una cáscara.

Mientras tanto, con las maltas, ahí sí que nos encontramos con algo interesante. Lo que las levaduras fermentan no es el grano, sino azúcares que ni siquiera ocurren naturalmente en el grano, como es el caso de los alfa ácidos del lúpulo, sino que son el resultado de la hidrólisis enzimática del almidón del grano que sucede durante la maceración. Una vez que el suficiente almidón hubo sido transformado en azúcar, el grano ya no tiene ninguna utilidad para la producción de ese lote de cerveza y ya no jugará ningún otro papel en el proceso.

Entonces, y siempre aplicando la lógica de la SZPI, ¿si las levaduras no pueden ser consideradas como un ingrediente, por qué sí las maltas? Por supuesto, ya el hecho de sugerir esto es tanto o más absurdo que la legislación checa, y no solo porque la malta le da a la cerveza mucho más que almidón/azúcar, pero aun así da un poco que pensar.

Y una de las cosas en las que me hace pensar es eso de “Cerveza Natural”. No entiendo por qué hay elaboradores (y hasta consumidores) que siguen insistiendo con esa falacia.

Sí, ya sé, es marketing, pero es un marketing que me rompe bastante las pelotas ya que, de manera intencional o no, nos toma a todos por tarados.

Sin intentar definir lo indefinible y olvidándonos de los dogmas de conveniencia, hay una clara diferencia semiótica entre los opuestos de hecho “Artesanal” e “Industrial” que es independiente de las respectivas calidades (y obviamente del hecho de que en sí, la cerveza es un producto industrial). Entonces, si alguien dice que hace “Cerveza Artesanal”, la primera imagen que la mayoría tendrá es la de un producto elaborado en pequeña escala, a diferencia de una cerveza “industrial”, que será de producción masiva. Naturalmente, los mercaderes de discurso artesanáfilo han demonizado lo “industrial” porque, bueno, es siempre más fácil inventarse un enemigo y apuntar a lo que (supuestamente) hace mal, que intentar solucionar los problemas propios, pero ese ya es otro tema.

El problema que tengo con el uso de “Natural” para describir una cerveza (o una cierta categoría de cervezas) es que implica que lo otro (las industriales, claro) es “Artificial”, lo cual es una pelotudez grande como una casa. CCM+Lúpulo y Gambrinus Světlý (o para ponerlo en un contexto español, San Miguel 1516) están elaboradas con los mismos ingredientes y procesos básicos. El hecho de que la primera reciba un acabado más en “bruto” que la otra no la hace ni más ni menos natural. Incluso si diese como ejemplo a alguna cerveza elaborada con un 35% de arroz, esta no sería menos natural que La Maricantana (de hecho, hasta podría decirse que es más natural).

Y sin embargo, a pesar de todo esto, sigue habiendo gente empeñada en defender esta farsa, empleando para ello argumentos que o bien son prueba de su propia ignorancia y/o hipocresía o, peor aun, del poco respeto que le tienen a la inteligencia de los consumidores.

Pero bueno, como decía 2d2dspuma hace poco, tarde o temprano la gente se va a dar cuenta de que esto y más solamente mentiras para justificar ineptitud o falta de recursos. Lo que suceda después de ello ya no es problema nuestro.

Na Zdraví!

19/8/13

Eureka


Si bien ya he dado unilateralmente por terminada la discusión de lo que significa “Cerveza Artesanal”, hay gente que sigue insistiendo en encontrarle un significado que vaya más allá de una arbitrariedad de la retórica mercadotécnica y el otro día, mientras miraba pasar la campiña de Bohemia Central por la ventana del autobús, se me ocurrió que quizás sí se podría encontrar una definición consensuada de “Cerveza Artesanal” y quería proponerla.

Una cerveza solo puede ser artesanal cuando está elaborada por un artesano. ¿Qué tal? ¡Genial! Más claro, imposible. Ahora sí nos podemos sentar y discutir otras cosas.

¿Cómo?

¡Ah! ¿Qué es un artesano? ¡Puta, che! ¡Qué rompe pelotas, loco! ¡No hay poronga que les venga bien!

OK, si insisten.

Para mí un artesano no es necesariamente un empresario, pero sí es un profesional que ejerce un oficio (en este caso el de elaborar cerveza), ya sea por cuenta propia o no. Por “profesional” me refiero no solo a alguien que se gana la vida con el oficio, sino también a alguien que conoce muy bien ese oficio, que tiene experiencia y/o ha sido capacitado, ya sea académicamente o mediante un aprendizaje con un maestro. Es por ello que yo no veo como “artesanos” a aquellos que montan su propia fábrica luego de uno o dos años de homebrewing y un par de cursos de elaboración.

Un artesano sabe que no es un artista. No hace cerveza para ganar medallas o alimentar su ego, las hace para satisfacer a la gente que paga por ellas y asume que la gente paga por ellas porque las quiere tomar, no contemplar o coleccionar.

La filosofía del artesano es, principalmente, la de la calidad, porque entiende que la calidad es una de las claves para su prosperidad a largo plazo. Un artesano no elabora su producto con objetivo de ajustarse a falsos dogmas de conveniencia, sino para lograr la calidad que él desea, o que le es exigida. Para ello emplea las herramientas más adecuadas que estén a su alcance (ingredientes, tecnologías, procesos, etc.), sin importar lo que esos dogmas de conveniencia digan sobre ellas

Un artesano nunca está 100% satisfecho con los resultados, sabe que siempre hay algo para mejorar y sabe que siempre hay algo nuevo para aprender.

Un artesano conoce bien los riesgos de trabajar en condiciones que podrían considerarse precarias y los asume y toma todas las medidas posibles, y más, para minimizarlos.

Un artesano ejerce su oficio con orgullo y nunca ofrecería como bueno un producto que sabe no cumple unos mínimos parámetros de calidad.

Estoy seguro que hay elaboradores, y no pocos, que encajan más o menos bien en esta descripción. Lamentablemente, se han dejado usurpar el título de “Artesano” por improvisados, chantas, oportunistas y otros que han hecho de “Cerveza Artesana” en una etiqueta cuyo significado se limita a eslóganes vacíos.

Por otro lado, cuando terminaba de escribir toda esta sanata de arriba, me encontré con este excelente artículo sobre Ramūnas Čižas, un maestro cervecero lituano y me dí cuenta que “Cerveza Artesanal” es lo que hace este tipo, todo lo demás son diferentes escalas de producción industrial.

Na Zdraví!

12/8/13

Algo de birra en medio de tanta agua


El otro día fui con mi familia y unos amigos a dar un paseo en canoa por el río Sázava. Estuvo fantástico, hermoso paisaje, tranquilo y divertido para todos los presentes, pendejos incluidos. Ni siquiera el tremendo calor fue demasiada molestia, cuando no soplaba una agradable brisa, todo lo que hacía falta para refrescarse era meterse en el río. En serio, si alguna vez tienen la oportunidad de hacer algo parecido, no lo duden, no se van a arrepentir.

Pero este blog no es de viajes y turismo, es de cerveza y la cerveza, por supuesto, no faltó.

Llegamos a Týn n. Sázavou un poco después de las 9:30 y nos encontramos con el resto del grupo. Antes de ir a Čerčany a buscar las canoas pude meter una birra rápida, Ferdinand 11º, de barril en un negocio que vendía frutas y verduras, salchichas y cerveza. Estaba bien tirada, en vaso de plástico, como debe ser, y, de más está decir, buenísima; pocas cosas son mejores que la primera birra en un caluroso día veraniego.

Una vez en Čerčany nos metimos en el agua y fuimos hacia la aventura.

A mi jermu y a mí nos tomó un rato lograr algo que podría considerarse un ritmo (y a mi hija dejar de cagarse encima del miedo), pero una vez que le encontramos la vuelta el paseo fue fácil y muy divertido.

Paramos a almorzar en un restaurante de aspecto bastante lindo que funcionaba en un viejo molino. No tenía ganas de comer nada pesado, así que pedí un nákladaný hermelín, sorprendentemente bueno. La birra, por otro lado, no lo estaba. Creo que era Konrad 10º, pero no me molesté en confirmarlo, no estaba en buena forma ni demasiado bien tirada. Así y todo, cayeron dos pintas. La primera decidió suicidarse en mi garganta y la segunda, bueno, porque incluso cerveza pedorra es mejor que cualquier otra cosa que se puede tomar en un restaurante como ese en un día de calor.

Luego de unos kilómetros alguien decidió parar para la merienda. No sé qué tanto tiempo había pasado desde el almuerzo (no tenía idea de qué hora era, casi un lujo en estos tiempos), pero ya me estaba empezando a hacer falta un trago.

El lugar en donde paramos resultó ser una de las hospody más lindas en las que he estado en mi vida. Bistro Ledce, ubicado al lado de un prado en donde vacas pastaban muy tranquilamente, adentro de un edificio que supo ser un establo o algo por el estilo (mis conocimientos de arquitectura rural de Bohemia están un poco desactualizados, pero era bastante grande y completamente abierto a un lado). El boliche en sí mismo había sido construido de una manera muy ingeniosa: paneles crudos de madera aglomerada separando la cocina y el bar a la izquierda, con los baños construidos de manera similar a la derecha. En el medio, muebles simples, de aspecto bastante usado que se desparramaban hasta el frente del edificio. El personal era simpático y estaban pasando muy linda música. Las cervezas, Rychtař 12º y Prince Max, una desítka muy sólida que me gustaría que Lobkowicz distribuyese un poco más ampliamente. Elegí la 10, buena condición, fresca. Me tomé tres y estaba más feliz que un chancho en un pub en el medio de la nada, me habría quedado ahí por el resto del verano si me hubiesen dejado.

Volvimos a las canoas para la última parte del paseo. Tuvimos que apurarnos un poco al final porque no queríamos llegar tarde para devolver los botes y todavía nos quedaba un buen trayecto.

Al final llegamos con más de media hora de changüí. Las oficinas de la empresa de alquiler compartían edificio con una pizzería y, como no había ningún otro lugar a la vista, se decidió que allí cenaríamos. Yo no estaba demasiado entusiasmado, el restaurante tenía Staropramen. Casi que me quejo, por reflejo, pero lo pensé mejor. Estábamos todos cansados y con hambre y sed, y no quise ser uno de esos pelotudos cerveceros que esperan que el mundo se acomode a sus gustos, así que allí fui, callado, esperando que al menos la pizza fuese buena.

Era buena, muy buena, la verdad. En lo que respecta a la birra, la primera no cuenta, la debo haber absorbido por la piel más que tomarla. No le empecé a prestar atención sino hasta la mitad del segundo vaso y les digo que no estaba nada mal. Al menos no tan chota como la recordaba y hasta más agradable que la última Gambrinus 10º que había tomado. Ese segundo vaso fue seguido de dos más y no habría tenido problema con otros dos si el tiempo lo hubiese permitido.

En el viaje de vuelta a casa empecé a pensar. ¿Era Staropramen ahora mejor que Gambáč? Después de que los brasucas se las tomaron, Staropramen se volvió la marca insignia del grupo de cervecerías que dejaron atrás, StarBev, el cual es hace un año propiedad de Molson-Coors, y esto puede que haya traído consigo una mejora en la calidad, o al menos una vuelta a prácticas que los contadores de AB-InBev quizás no permitían. Al mismo tiempo, cada día me cuesta más tomarme una Gambrinus.

Una idea empezó a tomar forma al día siguiente. ¿Qué tal si comparo las dos birras más comunes de Praga? Pensé en ir a una par de buenos boliches de cada una y ver cuál de las dos es mejor en su mejor forma, y también hacer una cata comparativa en casa con sus botellas. Podría ser divertido y buen material para un artículo.

Terminó en la nada. Pronto me di cuenta de que sería una enorme pérdida de tiempo (y dinero) ya que al fin y al cabo no sería prueba de nada y no solo porque no soy un consumidor de ninguna de esas dos cervezas.

La cerveza siempre es parte de un cuándo y un dónde, y el cuándo y el dónde de esa Staropramen difícilmente podría haber sido mejor: agradablemente cansado al final de un día maravilloso, en un muy lindo lugar, acompañado de gente querida. Ahora, si visitase hospody de Staropramen y Gambrinus me encontraría en diferentes cuándos y dóndes, que afectarían a esas cervezas. Por otro lado, probar ambas una al lado de la otra en casa tendría todavía menos sentido; tomar cerveza solo con el fin de analizarla es algo que ya no me interesa hacer, medio que me parece una tontería.

Así que ahí lo tienen, la pasé tan, tan bien con mi familia y amigos que hasta Staropramen me pareció rica.

Na Zdraví!

11/8/13

¿Me equivoco?


Alguien tenía que decir esto, y se me ocurrió hacerlo en forma de meme porque soy así de moderno.
Na Zdraví!

10/8/13

Pensamientos de fin de semana


Esta entrada de Boak & Bailey me hizo acordar de algo que hace rato me está dando vueltas por la cabeza.

Por mucho tiempo he lamentado la falta de atención y respeto que la cerveza recibe de la mayoría de los periodistas culinarios y críticos de restaurantes; como por ejemplo aquella reseña a un restaurante especializado en cocina checa elaborada con ingredientes de origen local que destacaba la extensa lista de vinos, pero no hacía mención a la cerveza de barril, o un restaurante italiano elogiado por la autenticidad de los ingredientes (importados) que utiliza, mientras que se ignoraba el hecho de que la única cerveza disponible era una marca pseudo-importada, y otras cosas por el estilo. Pero últimamente me he estado preguntando qué tan malo es eso y si es algo que debería importarme.

Ojo, esto es esnobismo invertido, no me molesta que se hable “en serio” de cerveza, o que haya foodies que de un día para otro se vuelvan amantes de la cerveza, o que restaurantes tengan un sommelier para las cervezas, o que la gente del otro lado del mostrador quiera llegar a nuevos consumidores. El problema es la manera en la que se hace. Muchas veces parece algo artificial, forzado. Esa es la sensación que me queda cada vez que me encuentro con fotos muy bien compuestas de cervezas en copas de vino, o de tallo largo en general. Es como ver una mujer atractiva llevando vestido de gala y botas de trekking, tomando whisky en un salón de té. No hay nada malo en eso, pero se ve fuera de lugar o como una tonta, e innecesaria, manera de querer llamar la atención.

¿En serio la cerveza necesita ser cubierta en una fina capa de sofisticación y obligada a hablar con un acento cheto para ganarse algún respeto? ¿Por qué? ¿Solamente para que sea aceptada por gente que probablemente la tome como otra moda pasajera? ¿No será que el problema en realidad es nuestro, que somos nosotros los que necesitamos que la cerveza reciba la aprobación de las élites para así sentirnos mejor con nuestros gustos?

No sé ustedes, pero yo me siento cómodo con la cerveza como algo que no necesita ser catado o degustado para ser apreciado. Me siento cómodo con que tomar cerveza no sea un fin en sí mismo sino parte de algo más grande y, sí, agradable. Me siento cómodo con que la auténtica cultura cervecera sea la de pubs, tabernas y bares que la de degustaciones y maridajes. Me siento cómodo con la cerveza como algo que me hace erutar, mear, tirarme pedos y ponerme en pedo, en lugar de algo que debe ser contemplado con reverencia. Me siento cómodo con la idea de que la cerveza sea solamente cerveza.

Na Zdraví!

9/8/13

Sin excusas


Hace poco estuve como guía de un grupo de noruegos y, después de un muy buen almuerzo en U Slovanské Lípy, paramos a tomar una birra Pivovar Victor. Era la primera vez que iba desde que lo reseñé a principios de año, que puede ser resumida en cerveza decente, comida espantosa.

Cuando llegamos el lugar estaba vacío, y fuimos recibidos muy bien por el tío de la barra, que es bastante simpático. De las tres cervezas que tenían ese día, pedimos la Kouřované (ahumada). No tenía un muy buen aspecto, lo que había en el vaso más que cerveza, parecía ser algo que alguien había traído de las márgenes barrosas del Vltava luego de una tormenta, lo más curioso es que no desprendía casi ningún aroma. Tal como temía, la cerveza estaba intomable, parecía tener todas las contaminaciones e infecciones juntas.

Llamé al Výčepní y le expliqué la cerveza estaba en mal estado. Sin ningún problema, retiró los vasos, prometiendo unos nuevos, la única excusa que puso fue que era una "cerveza viva" y esas son cosas que pasan. Una vez en el bar nos advirtió que las cervezas iban a demorar un poco porque tenía que cambiar el barril y limpiar las líneas.

Tirada desde el nuevo barril, la cerveza era ya otra cosa, lindo color ámbar tirando a ocre de aspecto muy limpio y tengo que decir que estaba realmente muy buena.

Y sin embargo, no me fui del todo contento.

Cabe destacar, sí, la actitud de este buen hombre. He estado en lugares donde te miran con cara rara cuando les decís que la cerveza está mala, pero este tipo lo tomó muy bien, se disculpó y siguió disculpando. Hasta ahí todo bien. ¡Pero Victor es un brewpub! Un lugar como Zlý Časy puede poner la excusa de que justo les tocó un barril choto. ¿Pero Victor? ¿A quién le puede hechar la culpa si la única cerveza que venden es la que hacen ellos? (y eso de que es una "cerveza viva" es una pelota de pelotudeces) ¿No hay nadie en la empresa que se tome la molestia de hacer un control de calidad básico? ¡Tienen solamente tres grifos! Esa ahumada estaba impresentable, no se trataba de una ligera contaminación u oxidación, ya a la vista se notaba que no estaba bien, esa cerveza no tendría que haber salido del bar.

No es la primera vez que me pasa algo parecido, me sucedió en Žatec hace dos años, y una de de las visitas a Pivovar Beznoska para mi reseña en el Prague Post, una de las cervezas estaba ya con medio pie en lo inaceptable. Tampoco soy el único que le ha sucedido, Pivníci se han encontrado con situaciones similares en más de una ocasión y lo mismo les ha sucedido a Pivní Recenze. Es algo difícil de entender que ya bordea la estupidez. Es la cerveza lo que hace que cada brewpub sea algo completamente único, es el atractivo principal (y en algunos casos, único) del lugar, es lo que hace que uno esté dispuesto a cruzar toda una ciudad, o hasta un país, y es inaceptable que en lugar donde se supone que las cervezas no pueden estar más frescas las sirvan podridas. ¿Si no le dan el respeto que se merecen a las cervzas que ellos mismos elaboran, qué puede uno esperar del resto de lo que venden?

En serio, loco, pónganse las putas pilas.

Na Zdraví!

4/8/13

Perfección


Es un día de mucho, mucho calor. Uno de esos días en los que preferís quedarte en casa con todas las persianas bajas, bien resguardado del sol. Sin embargo, prometiste tu ayuda a gente que se la merece y vas a tener que salir, y vas a tener que trabajar y vas a tener que estar al sol.

Pasado el mediodía, el calor es ya insoportable, a nadie ya casi le da el cuero para seguir laburando. Oís las palabras mágicas "Jdeme na pivo!". Terminás lo que estás haciendo y encarás hacia a la hospoda más cercana, que resulta ser un jardín cervecero, y que tampoco está tan cercana.

El lugar está un poco apartado del camino principal, la dirección la indica una flecha al lado de la cual está el cartel de una cerveza que a vos no te gusta. Pero bueno, en agradecimiento la gente esta invita y tampoco es que hay otra cosa para elegir; además, la sed siempre le gana al gusto.

Seguís las instrucciones de la flecha y tomás un sendero que va cuesta arriba. Luego de unos metros, ves la entrada al jardín cervecero y al lado de ella hay otro cartel, el de una cerveza que si bien no es de las que más te gustan, es, cualitativamente hablando, un paso adelante.

Vas con el resto del grupo al bar, tenés tanta sed que serías capaz de tomarte el sudor del sobaco de un cosaco si te lo sirviesen lo suficientemente frío y ahí la ves. Al principio no podés creerlo, pero está ahí. Todos los que están adelante tuyo la piden y se van a sentar. Es una de tus cervezas favoritas, muy probablemente LA favorita en un cuándo y un dónde como este.

Saboreás cada molécula de ese maravilloso líquido, pero de manera casi inconciente, el primer mediolitro cae tan rápido que casi no lo registrás. Pero no importa, no hay apuro para volver a trabajar, hay tiempo para otra y otra y otra y otra más, y bueno, por qué no, otra más.

Estás sentado a la sombra, tomando tranquilo de ese jarro de medio litro, hecho de tranquilizadoramente pesado cristal. Todos están relajados, charlando, riendo, intercambiando historias. Y seguís disfrutando de la compañía, de la charla, del merecido descanso y de la cerveza.

La cerveza como recompensa, la cerveza como lubricante social, la cerveza como relax, la cerveza sin pretensiones. La cerveza no puede ser mejor que esto. Es la perfección cervecera.

Na Zdraví!

2/8/13

The Session #78 "Tu Elevator Pitch"


The Session 78 es cortesía del blog Australiano Beer Bar Band y se titula "Tu Elevator Pitch for la Cerveza". La cosa viene así:
"Entrás a un ascensor y apretás el botón para tu piso. En el ascensor hay una alguien con una cerveza en la mano... y es una cerveza que te fastidia porque, en tu opinión, representa todo lo que está mal con el estado actual de la cerveza.
No podés evitar decir algo, así que enfrentás a esta persona con los motivos por los cuales su elección de cerveza es mala.
 Solamente tenés 30 segundos para vender tu idea de mejor cerveza, antes de que el ascensor llegue a su destino. No hay tiempo, lugar o palabras para desperdiciar. Tenés que capturar y persuadir la atención de este persona tan rápido como sea posible. Cuando la persona se baje del ascensor, querés que se haya convencido de que tenés la visión correcta de cómo mejorar el mundo de la cerveza".
 
OK, vamos a jugar de acuerdo con las reglas de este ejercicio intelectual, asumiendo que la persona con nosotros en el ascensor no se va a asustar si alguien le empieza a sanatear sobre algo en lo cual muy bien podría no tener interés alguno.

Incluso con esto, veo dos inconvenientes fundamentales que dudo puedan ser superados.

La idea detrás de esto es poder comunicar un mensaje rápida y brevemente, logrando al mismo tiempo que la persona quiera saber más sobre lo que estamos presentando. El problema es que los argumentos que la mayoría utiliza para apoyar la idea de "mejor cerveza" son erróneos. Tomemos como ejemplo el más popular de todos: "elaboradores pequeños, independientes y/o locales". Por una lado, es injusto; tal como esas cervecerías, muchos bares, restaurantes y negocios que venden macro cerveza son empresas pequeñas que la tienen que pelear para competir con grandes empresas. Por otro lado, es mentira; el tamaño, la estructura propietaria y/o la dirección no son garantía de calidad o prácticas comerciales honestas. Y podría seguir, pero creo que ya he dejado mi punto bastante claro. Igual, acá no estamos hablando de una propuesta comercial o la idea de un proyecto, que captar el intelecto o hasta a las emociones de una persona; estamos hablando de cerveza y la cerveza es algo primordialmente sensorial. Si quiero mostrarle a esta persona lo que es "mejor cerveza", voy a tener que dejar que la cerveza hable por sí misma. La cosa es que, incluso si tuviese una "mejor cerveza" a mano o si pudiese convencer a este extraño de que me acompañe a algún lugar donde pueda probar "mejor cerveza", siempre existe la posibilidad de que esa cerveza no le guste y todo mi argumento so derrumbaría.

Lo cual me lleva al segundo inconveniente fundamental.

¿Qué es "mejor cerveza"? ¿Puede alguien definirla más allá de lo subjetivo? No, es imposible; tal como el concepto del bien y el mal, "buena cerveza" o "mala cerveza" son categorizaciones arbitrarias relativas a nuestra percepción de beneficio o perjuicio o, en el caso de la birra, placer, y el placer de una persona puede muy bien ser el asco de otra. Entonces, si le preguntase a esta persona por qué toma esa cerveza tan reprochable, su respuesta podría ser "porque me gusta", y como "me gusta" = "(subjetivamente) buena" su elección de cerveza jamás podría ser considerada mala.

Mis conclusión, entonces, es que este ejercicio no tiene demasiado sentido, ni siquiera a un nivel hipotético. La verdad que otra gente toma o no me chupa un huevo y la mitad del. No gano nada con cambiarle los gustos o los hábitos (y soy demasiado cínico ya como para creer que por sí mismo, un tal cambio por sí mismo pueda de este un mundo mejor o de una persona alguien más saludable o feliz), no es mi responsabilidad. Es el trabajo de los que venden cerveza y yo no me encuentro entre ellos, ni me pagan por hacerles marketing or RR.PP.

Así que, seguí tomando las cervezas que te gusta tomar, apoyá y promové a los elaboradores que las hacen. Sé un evangelista cervecero, si te resulta entretenido, pero lo tomes como tu misión, hay una delgada línea entre evangelismo y fundamentalismo.

Na Zdraví!

PD: Los que llevan tiempo leyendo este blog quizás se acuerdan que una vez hice algo como el "Pitch de 30 segundos", explicándole a algunas personas, en términos bien claros, por qué su elección de cerveza no era la correcta. En mi defensa, ese día estaba bastante borracho y en una hospoda. Por otro lado, parece que funcionó, el boliche este hace rato que vende Staropramen.

PD2: No me parece que hay nada que esté "mal con el estado actual de la cerveza".  Si hay algún problema, me parece que está más que nada de este lado del mostrador. 


PD3: Sí, es cierto que, de algún modo, yo "promuevo" cervezas, cervecerías y bares que a mí me gustan en mi blog y entre la gente que conozco, y también es cierto que quiero que esas empresas prosperen (tal como sucede con todas las empresas que creo hacen las cosas bien), pero no trata tanto de "promover" como de "compartir". Todos lo hacemos con las cosas que nos gustan (cerveza, películas, libros, música, negocios, etc.), pero lo que en realidad compartimos no es la cosa en sí, sino el placer y la alegría que esta nos proporciona, esperando que nuestros amigos, familiares, colegas, etc. también encuentren placer y alegría en ellas, o que al menos las entiendan de algún modo.