27/3/13

Simple


Hay algo (tontamente) gratificante al entrar a un pub, saludar al barman y ver que el tipo está haciendo tu cerveza. Y sabés que es tu cerveza, porque no tomás lo que casi todo el mundo toma, y no ves a nadie que esté tomando esa cerveza en ese momento. Hay algo todavía más gratificante cuando el barman trae tu cerveza (que, a pesar de no ser la que toma todo el mundo y de que no hay nadie que la esté tomando en ese momento, está en maravillosas condiciones) y pregunta si ya no tiene que hacer la de tu amigo, que debería estar llegando en cualquier momento.

Esto, junto con los encuentros casuales que hacen que te quedes para una cerveza más, que se convierten en tres, la sensación de ser bienvenido y esperado (incluso cuando venís por primera vez), las cervezas que sin más siguen llegando mientras la charla continua, el intercambio de comentarios chistosos con la persona que te las trae, todo eso es lo que separa a un gran pub minimalista de los buenos y hasta de los muy buenos. Todo eso es lo que me encuentro casi cada miércoles a la tarde cuando me reúno con un cliente en Pivnice Ferdinand, un bolichón perdido en una calle perdida de Vršovice. (mi cliente insiste en encontrarnos allí, dice que si nos juntásemos en su oficina seríamos interrumpidos cada cinco minutos, y yo no voy a andar discutiendo).

Como muchos otros bares de barrio medio atorrantes, sin pretenciones, de la vieja escuela esta cervecería puede llegar a ser un gusto adquirido para algunos, en especial para los acostumbrados a lugares más amigables hacia las últimas tendencias. Para mí, este es el tipo de lugar en donde siempre me sentí en casa.

Como ya lo he dicho, me encantan los bares multi-grifos, pero a veces prefiero la simpleza, prefiero pedir solamente "pivo", o ni siquiera necesitar pedirla. En la simpleza puede haber belleza, en la belleza puede haber simpleza.

Na Zdraví!

Pivnice Ferdinanda
50°4'18.030"N, 14°27'40.435"E
Bulharská 28 - Praga-Vršovice
Lun-Dom: 13-22

25/3/13

Un obituario


La semilla de este blog fue plantada una tarde en la primavera de 2005, si mal no me acuerdo, cuando de manera impulsiva se me ocurrió parar en un boliche cerca del parque Letná a tomarme una birra rápida antes de ir a dar una clase. Lo que me atrajo a ese lugar fue el cartel de una cervecería de la cual no sabía absolutamente nada, pero la cerveza que me sirvieron esa tarde, una světlý ležák que tenía el mismo nombre del local, fue la que hizo que empiece a prestarle más atención a lo que tenía en el vaso, lo cual fue el punto de partida de mi viaje por el mundo de lo que considero la bebida más fascinante.

Aquellos que siguen toda esta sanata desde hace un tiempo, o al menos los que leyeron mi historia como bebedor, saben bien de qué cerveza y pub estoy hablando, algunos incluso hasta lo han visitado.

Lamentablemente, Svijanský Rytíř ha dejado de existir.

No es algo nuevo, es algo que sabía desde hace casi medio año. Un día estaba por el barrio y como hacía ya mucho que no me daba una vuelta por el que supo ser uno de mis lugares favoritos, se me ocurrió parar a tomar una birra rápida en honor aquellos días más simples de mi vida. En la puerta había un cartel anunciando que el local estaba "temporariamente" cerrado. He visto muchos lugares cerrados "temporariamente" que nunca volvieron a abrir, pero ver que adentro todavía estaban los muebles y los grifos hizo que mantenga una vaga esperanza. Pasé un par de veces más, y todo seguía igual, esa esperanza, cada vez más pequeña, se negaba a extinguirse.

Hasta el otro día. Ya desde la esquina de Pivnice Šumavan pude ver lo que siempre había sabido. El cartel de Svijany había desaparecido y un papel pegado en el vidrio de la puerta anunciaba la pronta apertura de un restaurante indio.

Desconozco los motivos por los cuales cerró, quizás se había venido abajo. De hecho, la última vez que fui con mi mujer a almorzar ahí, algo había cambiado, ya no era lo mismo. Ya no importa. Voy a extrañar a Svijanský Rytíř, pasé muy buenos momentos ahí, solo, con amigos y hasta con mi mujer, nuestro almuerzo de los viernes, seguido de una caminata por Letná, se convirtió en una especie de ritual durante el embarazo y fue en Svijanský Rytíř donde viví uno de los momentos más increíbles de mi "carrera" como bloguero, cuando un grupo de daneses que estaban ahí almorzando, al reconocerme, me aplaudió e hizo que por un momento me sintiese como una suerte de celebridad.

La pérdida de un buen boliche es siempre una lástima. Por suerte las memorias siempre quedan.

Na Zdraví!

18/3/13

Me gusta es más que suficiente


Jeff, en Beervana se ha estado preguntando, no una, sino dos veces como definir "buena cerveza" y junto con el más que interesante debate que tuve con un tal Víctor en la entrada del otro día, hicieron que me pregunte si todo este sanateo alrededor de la cerveza no nos ha hecho perder contacto con lo básico y fundamental.

Más allá de los valores que cada uno le pueda agregar a la cerveza, más allá de las etiquetas y los chovinismos, más allá de los versos marketineros, la realidad es que la cerveza no es ni más ni menos que una bebida alcohólica. El verdaderamente único propósito por el cual una cerveza comercial es creada1 es para ser bebida. La empresa quiere que ese acto de beber nos resulte placentero, pero no porque nos tiene cariño, sino porque entiende que el placer incrementa la probabilidad de una compra repetida, lo cual es fundamental para la sostenibilidad de cualquier negocio.

Tomar cerveza no es un ejercicio intelectual, no hay mensajes ni simbolismos que hace falta comprender, no hay códigos ni antecedentes con los que hace falta estar familiarizado para poder disfrutar2. Tomar cerveza es una experiencia sensorial, y como tal, 100% subjetiva, y que es evaluada de con el mismo criterio desde que nacemos, en base a qué tanto nos gusta (o disgusta).

Podemos escribir libros enteros y dar largos discursos diseccionando, intelectualizando y analizando esa experiencia sensorial, y la cerveza que la generó, pero todo va a poder ser reducido (y va a estar subordinado a) "gustar". Todas esas elaboradas y detalladas notas de cata y reseñas que muchos se toman la molestia en escribir, no son más que explicaciones y racionalizaciones de ese "gustar".

Por supuesto, la sensación de placer, el "gustar" puede ser afectado por una multitud de factores internos o externos a la persona: nivel de fatiga física y mental, lo que se haya consumido antes o durante la experiencia sensorial, la compañía, el clima, el lugar, la hora del día, etc., pero también el marketing y lo que se pueda haber oído sobre la cerveza. Pero la opinión sobre esa cerveza siempre va a ser, escencialmente, "gustar".

Cuando decimos que una cerveza nos gusta (sea por el motivo que sea), estamos expresando que beberla nos genera placer. Si el placer es algo que, en relación a sí misma, una persona define como "bueno", entonces, si una cerveza me gusta, es, en lo que a mí respecta, buena. Por ende, "gustar" no es solo más que suficiente para determinar qué tan buena es una cerveza, sino que, podría decirse que, al menos desde el punto de vista del consumidor, no hay otra manera de determinarlo.

Ahora, ¿qué es lo que hace que una cerveza guste y otra no? Eso ya es otro tema.

Na Zdraví!

PD: No me meto con la relación "calidad/precio", porque eso es cuestión más bien comercial. Una cerveza, A, me puede gustar más que otra cerveza, B, pero como comprar a B me significa un gasto en dinero y esfuerzo lo suficientemente menor como para incrementar su valor en relación con A, de manera tal que, pudiendo elegir entre las dos, será B la que más probablemente vaya a comprar nuevamente.

1 Hay cervezas que parecen ser elabroadas más que nada para que su fabricante pueda mostrarle al mundo qué tan larga tiene la verga o para obtener el tipo de atención mediática que de otro modo costaría mucho dinero, pero son excepciones.

2 A lo mejor me esoty contradiciendo, varias veces he dicho que para poder realmente disfrutar una cerveza hay que "entenderla". No, para disfrutar una cerveza, solo hace falta tomarla y por más que te lo expliquen, si algo no te gustó, te va a seguir sin gustar, a lo sumo vas a poder entender por qué le gusta a otra gente.

15/3/13

Estúpido populismo cervecero


Vít Bárta y su circo político Věci veřejné son unos de los habitantes más nefastos y patéticos del paisaje político checo (uno que tiene precisamente un déficit de nefasto y patético). En las elecciones parlamentarias de 2010, tuvieron un incomprensible éxito gracias a una campaña que estaba basada más que nada en marketing y esloganismos. Ese éxito los ayudó a formar parte de la coalición guvernamental y a partir de allí su popularidad empezó a caer más rápido de lo que había subido, debido, en gran parte a su ineptitud y a los múltiples escándalos que los plagaron, que culminaron en una ruptura del partido (la gente que se fue formó su propio mal chiste) luego de la causa penal por corrupción en contra de Bárta.

2014 va a ser un flor de año electoral y los partidos y agrupaciones políticas ya están empezando a pre-calentar sus campañas, la banda de payasos y rubias de VV no es excepción. Como nadie un su sano juicio podría volver a creer la plataforma de "Boj proti korupce" que tan bien les funcionó en las elecciones anteriores, Bárta, ahora ya jefe formal de su proyecto empresarial partido político, tuvo que elegir otro tema populista para llevarlos truinfalmente de nuevo al lugar que se merecen (el inodoro de la historia), y el alto precio de los alimentos es tan apropiado como cualquier otro.

En lo que respecta a este log, Vít Bárta ha aparecido en varios medios declarando que ha decidido boicotear a Plzeňský Prazdroj luego de haberse enterado que Pilsner Urquell se puede conseguir más barata en Alemania que aquí. ¡EL HORROR! De acuerdo con él, esto se debe al escandaloso 43% de participación en el mercado de la emrpesa. ¡EL HORROR!

Ahora, 43% del mercado en manos de una sola empresa puede que sea demasiado, no cabe discusión, pero este tarado (ya sea a sabiendas o no, no sé qué es peor) no está teniendo en cuenta algunos factores muy, pero muy importantes.

Pilsner Urquell puede que sea la marca insignia, pero no es la única que Prazdroj tiene en su cartera. El mayor grupo cervecero checo tiene un total de 8 marcas, que producen 20 cervezas diferentes (incl. nealko y radlers). Urquell ni siquiera es tampoco la más vendida. De hecho, estoy seguro que al menos en algunos negocios, las baratas Klasík Primus venden más botellas.

La mayoría de la cerveza en comercios minoristas se vende en cadenas de supermercados (que a mi entender son los verdaderos culpables, no tanto del precio de los alimentos, sino de la pobre calidad de estos. Retiro lo dicho, los verdaderos culpables somos nosotros, los consumidores). Cualquier fronterizo mental con dos ojos funcionales que vaya a una sucursal de estas cadenas va a poder notar sin ningún problema que Pilsner Urquell no es la única cerveza disponible. Si alguien tiene ganas de una světlý ležák puede elegir, además de la ya mencionada, Budvar, Staropramen, Lobkowicz, Krušovice, Bernard y varias más, dependiendo del tamaño y ubicación del supermercado. Entre todas ellas, Urquell va a ser casi sin excepciones la más cara. Esto se debe simplemente a que se lo pueden permitir, no tanto gracias a su tamaño, sino a su estrategia de marketing. Nos guste o no, Pilsner Urquell es la marca de cerveza favorita en la República Checa y hay mucha gente que la sigue considerando como la mejor cerveza del mundo. En cierto modo, su política de precios es un poco como aquel viejo slogan de Stella Artois en el Reino Unido, "reassuringly expensive".

En Alemania, no tienen esa posición. En primer lugar, porque es una cerveza importada, y en segundo lugar, porque a los ojos de los consumidores alemanes, Pilsner Urquell es tan buena y prestigiosa como Budvar (que en realidad recibe mucho más respeto y cariño en el exterior que en casa), debido a ello, Prazdroj pueden darse el lujo de vender más caro que los de Bohemia del Sur.

Los precios de ciertas cervezas han sido tema de varias polémicas, todas sin sentido, en mi opinión. Nadie está de algún modo obligado a comprar una cerveza que considera demasiado cara, y mucho menos cuando tiene a mano alternativas de calidad comparable (sino mejor). Es por ello que politizar un asunto de tal vaciedad es no solamente ridículo, sino una total falta de consideración hacia la inteligencia del público (algo que los políticos en general saben hacer muy bien). Por otro lado, las chances de Bárta de ser elegido para cualquier cargo son casi tan buenas como las mías, así que no hay nada de qué preocuparse.

Na Zdraví!

11/3/13

Pensamientos de lunes


La reciente publicación de la nueva Guía de Estilos de la Brewers Association de Estados Unidos, me hizo acordar de algo que ya desde principio de año me venía dando vueltas por la cabeza, luego de haber leído este sorprendentemente buen artículo en la revista Brando.

El informe habla de una nueva tendencia en el mercado argentino, los grandes productores están apostando cada vez más a la variedad con cervezas que en mayor o menor medida se apartan del paradigma de la lager rubia pedorra. A diferencia de otras piezas similares, el autor, un tal Andy Cohen, no se limitó a poner una lista con notas de cata levantadas de materiales de marketing de los productores, sino que hizo un trabajo periodístico bastante decente y buscó la opinión de representantes de micro-cervecerías locales, quienes en su mayoría parecen ver a estas nuevas cervezas no como una amenaza a sus negocios, sino como algo positivo ya que estos productos lograrán que cada vez más gente se de cuenta que "cerveza" no es solo es paradigma que menciono arriba (es interesante el contraste entre la reacción de las micros argentinas y las "craft" yankies frente a más o menos el mismo tema*).

El único problema que parece haber con estas birras es que a veces no "respetan" los estilos que dicen ser. En clara alusión a Quilmes Stout, que según el autor fue la que inició esta tendencia, un micro cervecero se lamenta "Mucha gente, cuando habla de stout, dice: «Me gusta/no me gusta porque es dulce». En realidad, la variedad stout casi nunca es dulce, pero las industriales dieron a entender que sí." 

Entiendo un poco por qué esto le molesta a este tipo, él a lo mejor hace una Stout de esas bien torradas y amargonas y si alguien la toma luego de haber probado y disfrutado la de Quilmes, lo más probable es que se lleve una sorpresa (que podrá o ser o no agradable); mientras que otra persona a quien la Quilmes Stout no le gustó porque es dulce, puede que no quiera probar la que este buen señor hace porque la va a poner en la misma bolsa, o no, todo depende de qué tan bueno sea este buen señor a la hora de vender sus cervezas.

Pero más allá de eso, lo que me llamó la atención es eso de "respetar" el estilo. ¿Respetarlo en qué sentido, de acuerdo con qué? Muchos responden a esta pregunta con "la guía de estilos del BJCP/BA", lo cual no tiene mucho sentido por tres motivos: 1) no es ni ha sido reconocida en ningún país del mundo como un estándar tipo ISO, 2) no puede ser utilizada como manual de elaboración (ni pretende serlo), 3) ni siquiera es una guía de estilos propiamente dicha, sino un listado de categorías para competencias que tiene poco y nada en cuenta historia o tradiciones, y la inclusión de nuevos estilos, al menos en el caso de la guía de BA, depende en gran medida de qué tan bueno sea el lobby de los elaboradores interesados en abrir una nueva categoría para competencias.

La única finalidad real las guías de estilos del BJCP o de la BA, etc. son las competencias. A los participantes les sirven para saber en qué categoría pueden presentar su cerveza (recuerdo que hace unos años Primátor English Pale Ale ganó una medalla en el World Beer Awards en la categoría Brown Ale) y a los jueces les sirve para saber cuáles son los parámetros de evaluación en una categoría dada.

Ya es bien sabido cómo son evaluadas las cervezas en competencias como World Beer Cup (a ciegas, medidas pequeñas de muestras enviadas por los productores, condiciones bien controladas), lo que no es tan sabido es cómo se determinan los ganadores. La evaluación de cada juez debe ser, por supuesto, lo más objetiva posible, el criterio es 100% técnico y la cerveza ganadora será aquella que mejor se ajuste a los parámetros técnicos de su categoría, y en el WBC y otras competencias esto se decide no por puntos, sino por concenso, o sea que todos los miembros del jurado, más allá de sus gustos personales, están de acuerdo en que tal o cual muestra es la mejor técnicamente hablando.

Es justamente por eso que entre los pensamientos sueltos de fin de año puse "Aquel que usa la guía de estilos del BJCP como uno de sus parámetros para evaluar cervezas, demuestra que entiende muy poco sobre el BJCP, los estilos y la cerveza." Cualquiera que a la hora de reseñar una cerveza usa una lista de categorías para competencia, lo está haciendo mal. En la vida real, una birra se tiene que evaluar en base a qué tanto nos gusta, la relación precio/calidad y cómo se compara con otras cervezas similares que hayamos probado. Por otro lado, para hacer una correcta evaluación técnica de una cerveza es necesario en primer lugar conocer la intención del elaborador, que es lo que en realidad define si una cerveza está bien hecha o no.

Lamentablemente hay demasiada gente a ambos lados del mostrador que le ha otorgado una autoridad casi legislativa (sino religiosa) a un mero listado de categorías de competencia y es por eso que entiendo, y comparto, el fastidio de Ron Pattinson con las especificaciones de Grätzer (Grodziskie), uno de los dos nuevos estilos las dos nuevas categorías aceptadas por la Brewers Association este año. Ron ha estado trabajando mucho y por bastante tiempo para resucitar a este tan interesante, extinto y casi olvidado estilo polaco. A la BA todo eso le importó un carajo y prefirió abrir una categoría que se ajuste a lo que unos pocos elaboradores yankis están haciendo hoy. La llamaron Grätzer, pero tan poco que ver con la historia y la tradición, que la podrían haber llamado Kaczynski.

Na Zdraví!

* Seamos honestos, el problema de la BA no tiene nada que ver con transparencia propietaria, sino con el hecho que las macros han salido a competir con las Craft más grandes

6/3/13

Alternativa al pub


Hace algo más de un mes empecé una serie en el Prague Post sobre cafés en donde se puede tomar buena cerveza, o al menos, interesante. No tengo ninguna duda que el mejor lugar para ir a tomar cerveza es la hospoda, pero hay veces que uno necesita respirar otra atmósfera, ver otra gente, escuchar otra música, y por suerte Praga está llena de buenos cafés y el número de ellos que ofrece cervezas que no sean de las grandes marcas ha estado aumentando en los últimos años.

La primera entrega fue sobre mi café favorito Kaaba, del que ya había escrito, un lugar que me encanta y me inspira. La segunda entrega habla de tres lugares más, dos en Vršovice y uno al lado de la estación de metro I.P. Pavlova.

Mi colega en el Prague Post, Fiona Gaze hizo una muy buena reseña del primero, Café Sladkovsky, a la cual tengo poco que agregarle. A este boliche lo encontré hace algo más de un año depués de haberme un poco perdido en las calles del barrio (algo que me gusta mucho, perderme y después seguir a mis pies). Un lugar muy, muy lindo, incluso a pesar de que, a diferencia de Kaaba, cuando voy a Sladkovský, la impresión que me queda es que nadie se conoce, pero a nadie le importa. Las cervezas de barril son Únětice y Ježek en buena forma, la música es agradable y tienen sillones, ¿qué más se puede pedir?

A la vuelta de la esquina está Café v Lese, que parece algo así como el pariente pobre del campo de Sladkovský. No lo digo con mala onda, por el contrario, los muebles que parecen haber sido rescatados de varias víkendové chaty me gustan mucho, van muy bien con el aspecto desgastado del lugar en sí y hasta con la calle Krymská, y le da una onda bastante particular. Tiran dos cervezas Regent 11º y otra que cambia a medida que se vacían los barriles. En mi visita, Regent estaba espantosa, butterscotch y algo que no se me ocurre otra manera de describir que "masticar ramas de romero". La otra cerveza ese día era Chotěboř Sv. Ležák, que por suerte estaba deliciosa, llena de ese je ne sais quoi que hace que las lagers sean tan especiales. Me tomé un feca también, algo de Etiopía, ¡buenísimo!

Cargado de cafeína y cerveza, decidí dejar pasar al tranvía y caminar cuesta arriba hasta la útima parada de este mini paseo cervecero-cafetero, Pražírna. Es totalmente diferente a los dos anteriores. Quizás es por la ubicación, pero le falta esa onda de encuentro clandestino que tienen V Lese y Sladkovský. Igual es muy lindo a su manera, bastante adecuado para una reunión de negocios en un aire de sofisticación escandinava. El café torrado en las mismas instalaciones es excelente, las cerveza, no tanto. Kout 12º, a saber fresca y bien cuidada, estaba tirada con demasiada presión, era casi como tomar una botella de agua mineral Magnesia Perlivá. Igual me tomé dos, tenía bastante sed después de la caminata cuesta arriba desde Krymská.

Desde el punto de vista cervecero, el café que más me gustó fue Sladkovský, aunque a Pražírna solo hace falta ajustar los grifos un poco para ser igual de bueno. V Lese, por otro lado, me dejó la impresión de ser un poco timba con las birras.

Na Zdraví!

Café Sladkovsky
50°4'15.747"N, 14°26'56.047"E
Sevastopolská 17 - Praga-Vršovice
+420 776 772 478 - info@cafesladkovsky.cz
Lun-Vie 10-01, Sáb 17-01, Dom 11-01

Café v Lese
50°4'17.184"N, 14°26'54.232"E
Krymská 12 - Praga-Vršovice
+420 724 458 214 - ondrej.kobza@email.cz
Lun-Dom 12-01

Kavárna Pražírna
50°4'29.637"N, 14°25'52.518"E
Lublaňská 50 - Prague-Vinohrady
+420 720 385 622 - info@kavarnaprazirna.cz
Lun-Vie 8.30-22, Sáb 14-22