28/1/13

Aficionados vs Profesionales


Birraire publicó hoy un muy buen análisis de la situación del sector "micro" de la industria cervecera española y no podría estar más de acuerdo.

Como en muchos otros países, en España se está inflando una burbuja micro cervecera. A diferencia de la burbuja checa, donde el modelo brewpub sigue siendo el dominante, la española se ha estado nutriendo principalmente de elaboradores caseros que (muy probablemente) intentando encontrarle una salida a la crisis, y alentados por el creciente interés en la (falsamente) llamada "cerveza artesana", han montado pequeños emprendimientos cerveceros con muchas ilusiones, pasión, no pocos sacrificios, y todavía más esperanzas.

El tema es que la pasión, las ilusiones y el entusiasmo no suelen ser los mejores consejeros, máxime si hablamos de montar una empresa. Esto se relaciona un poco a lo que decía el otro día
"Si sos un homebrewer que está planeando hacerse comercial en 2013, antes de cocinar tu primera birra, dejá el homebrewer en casa. Elaborar cerveza ya no va a ser tu hobby, va a ser tu laburo."
Y justamente ese uno de los desafíos más grandes los habitantes de ese segmento de la industria. No se trata aquí de la calidad de los productos, sino de un tema más filosófico. Un homebrewer hace cerveza para sí mismo, sin ningún tipo de compromiso ni riesgos, mientras que el elaborador comercial hace cerveza para otros. El producto entonces ya no debe tanto ser algo que le guste a él o a ella, sino al consumidor.

Es algo lógico, sin embargo, no son pocos los fetichistas que ven en esto una especie de traición a ciertos ideales imaginarios. "El artesano debe mantener el espíritu libre y aventurero del home brewer, porque solo de esta manera podrá seguir haciendo cerveza con pasión", y otras huevadas por el estilo. Lamentablemente, no son pocos los fabricantes que se dejan llevar por estas estupideces (y por su propio fetichismo), niegan ser "comerciales", nos aseguran que no hacen cerveza por plata, que lo hacen por pasión y por amor al arte, sin darse cuenta que toda esa sanata puede convertirse en la pala que cave la misma tumba de su empresa.

El día que la burbuja reviente, los que sobrevivan no van a ser los apasionados, los románticos o los idealistas, sino los fríos, calculadores y profesionales. Serán aquellos que fueron capaces de construir empresas sólidas alrededor de ideas y estrategias claras, los que entendieron, al menos internamente, que la cerveza es un producto industrial, que el éxito a largo plazo no está en seguir modas y dejar contentos a los fetichistas con novedades semanales, sino en satisfacer a los verdaderos bebedores, a esos que buscan un producto de buena calidad, estable y a precio razonable, a esos que prefieren tomar a degustar, a esos para quienes la cerveza no es un fin en sí mismo sino un elemento más de sus tiempos libres.

Para lograr esto hace falta también un cambio de nuestra parte. Hay que quitarle el dominio del discurso al fetichismo (que es un poco el objetivo del libro que estoy escribiendo con Alan), dejar de celebrar lo nuevo de manera casi automática, ser más cínicos y más críticos hacia el amateurismo, los experimentos a costa del consumidor y, por sobre todo, dejar de usar la palabra "comercial" como algo despectivo, ya que no estamos hablando de arte, sino de cerveza. En tanto tengan respeto por el consumidor y sean honestos, hay que darle mucho más reconocimiento a los que hacen cerveza por plata, más allá de lo que luego decidan hacer con esa plata, ya que es algo que no debería importarnos en lo más mínimo.

Quizás sea también hora de que se empiece a hablar un poco más de la parte menos divertida de tener una fábrica de cerveza.

Na Zdraví!

24/1/13

De a dos en Pivovar Victor


Allá por principios de 2009 Hotel Victor puso contento a más de un birrero local. En ese entonces era una rareza, un boliche que servía únicamente cervezas de una micro, y encima de Chýně. El lugar no estaba mal, pero en algún momento algo cambio, los dueños quizás, en perdió algo de su atractivo; justo cuando el boom del multigrifo estaba estallando. Las últimas dos veces que fui las cervezas de Chýně estaban en condiciones espantosas y me prometí que nunca volvería. Es por ello que para fines del año pasado, cuando Hotel Victor se transformó en Pivovar Victor, no me entusiasmé mucho y no tenía ningún apuro en ver qué tal eran sus cervezas.

Y tampoco estaba demasiado ansioso por ir a reseñarlo con mi colegua del Prague Post, Fiona Gaze. Pero el laburo es el laburo y hay veces que tenemos que ir a lugares y hacer cosas que puede que no nos gusten.

Llegué un poco antes de la hora acordada. Además del personal, sentado frente a una tele a volumen demasiado alto, el lugar estaba vacío. Me senté al lado del equipo de cocción, 2hl calculo, y el simpático camarero bajó el volumen a niveles más civilizados. Pedí una Světlý Ležák para que me ayude a pasar el rato hasta que llegue mi colega.

La cerveza resultó ser una agradable sorpresa. No está ni ahí a la altura de Benediktin o Únětice, pero estaba suave, limpia y bien hecha. Lejos de ser memorable, pero se dejaba tomar muy bien, tanto que pedí otra porción cuando llegó Fiona, y el precio de 35CZK por medio litro tampoco está nada mal.

La otra cerveza que tenían ese día era la Black Victor, que me fue descripta como una Stout. Alguien a quien los estilos le importen más carajos que a mí, seguramente dudaría de tal afirmación, problema de él. A mí me pareció una linda, linda cerveza negra. Por lo general las negritas me gustan más tirando hacie el tostado, pero esta tenía ese toque de chocolate con leche disuelto en café de filtro que me puede dejar más que satisfecho. Tenía también un cuerpo muy suave, y una tomabilidad casi criminal para una cerveza de 14º. Si no hubiese tenido que atender otros asuntos esa tarde, con gusto me hubiese quedado a tomar más de los dos púl litro que me bajé.

Con cervezas tan competentes, es una lástima que lo mismo no pueda decirse sobre la comida. El menú, para empezar, carece de imaginación. Parece un rejunte de todos los clásicos de trampas para turistas con nada que verdaderamente se destaque. Los precios son también bastante altos, al mismo nivel que los de Pivovar U Tří Růží, que tiene una dirección bastante más prestigiosa. Eso en sí mismo no sería problema si la comida estuviese también al nivel de la del brewpub de la Ciudad Vieja.

En los casi 11 años que llevo viviendo acá he comido en todo tipo de lugares, de mala muerte al lujo, y todo lo que hay en el medio, y lo que me dieron el otro día en Pivovar Victor está entre lo peor que he visto.

La sopa de ajo no estaba mal, pero a 60CZK era ridículamente cara (para que se den una idea, la gloriosa Gulášovká en U3R estaba a 65CZK), pero eso no se puede comparar con el desastre que fue el pato. La única manera que puedo describirlo con justicia es asqueroso. Parecía algo que fue repetidas veces congelado y recalentado en microondas. A pesar de que tenía mucho hambre, no pude terminarlo, ¡y todo por el módico precio de 250CZK! (Ese día no me acordaba, pero en U3R también había comido el pato, que no solo lo tienen 40CZK más barato, sino que estaba muy, muy bueno - iba a decir "mejor", pero la verdad que una tostada con chorizo vegano y tofurkey sería más apetitoso que lo que me sirvieron en Victor). Y a la pobre de Fiona tampoco le fue muy bien con su almuerzo.

A pesar de que no puedo decir nada malo sobre las cervezas, dudo mucho que vaya a volver a Pivovar Victor en algún futuro cercano. No existen las excusas para comida tan cara y mala (y para baños tan apestosos) y con Merenda y el recientemente reabierto U Slovanské Lípy, además de varias otras hospody en el barrio que ofrecen mejor valor y calidad, tampoco hay demasiadas excusas para que yo vaya, ni siquiera para tomar una rápida.

Na Zdraví!

Pivovar Victor
50°5'12.585"N, 14°27'0.374"E
Husitská 72, Prague 3
info@pivovarvictor.cz - +420 601 577 477
Lun-Dom: 11-23

21/1/13

Noticias sobre mi nuevo libro


La idea que anuncié el otro día, escribir un libro de "pensamientos cerveceros", ha evolucionado de una manera inesperada.

Resulta que Alan McLeod, autor de "A Good Beer Blog", también había estado pensando en escribir algo por el estilo y se le ocurrió que podríamos escribir algo juntos. La propuesta me encantó, Alan siempre me ha parecido uno de los blogueros más interesantes y comparto en gran medida su manera de ver las cosas.

La verdad que estamos los dos muy entusiasmados con la idea. Hemos estado intercambiando e-mails como dos amantes a larga distancia (sin fotos cachondas, por suerte) para empezar a darle forma a este proyecto.

Todavía no tenemos idea de qué tan largo va a ser, y mucho menos de cuándo va a estar listo. De lo que sí estamos seguros es de que va a ser algo completamente diferente a lo que hasta hoy se ha escrito sobre cerveza. Los temas que vamos a tratar, bueno, si siguen nuestros blogs, ya se los pueden imaginar, y todo estará embalado en una narrativa bastante divertida y algo surrealista.

Las primeras palabras ya han sido forjadas, el viaje recién empieza, veremos hasta (y por) dónde nos lleva. Estén atentos.

Na Zdraví!

14/1/13

¿Qué les parece?


Con el trabajo para la segunda sección de La Guía Cervecera Para Borrachines parado, me vino a la cabeza una idea para otro "libro" y me gustaría saber su opinión al respecto.

No se va a tratar de una guía esta vez. Lo que quiero hacer es agarrar los pensamientos sueltos que publiqué el otro día, extenderme en ellos, enlazarlos con algunas de las cosas que he escrito en el último año, con la intención de revisar todo eso dentro de ese contexto. Y tampoco descarto la posibilidad de nuevas reflexiones o hasta de cambiar de opinión sobre lo que vengo diciendo hasta ahora.

Todavía no sé qué tan largo será y no hay una "fecha de entrega determinada" (dependerá en gran medida de la carga laboral que tenga y de mis humores), pero antes de empezar quería saber si hay gente interesada en leer algo por el estilo (y pagar por ello) o, por qué no, si alguien tiene alguna idea sobre la forma que esto podría tomar.

Así que, díganme.

Mientras tanto, voy a estar tomando una(s) cerveza(s) para inspirarme.

Na Zdraví!

11/1/13

Pensamientos de viernes


Tomando la posta de Alan, Beervana Jeff también está intentando redefinir las categorías para cervecerías de una manera que sea más realista a la realidad actual de la industria yanki.

Me gusta cómo son las cosas acá. Hay cuatro categorías legalmente reconocidas que se basan en el volumen anual de producción, nada más. Todos hacen "pivo" y los intentos de inventar algo que describa a ciertas cervezas no han tenido mucho éxito, lo cual, como ya he comentado, me parece fenómeno.

Pero volvamos con Jeff. Para el final de su entrada dice que "en realidad no hay ningún uso para el término (craft-artesanal) y me voy a poner en una campaña personal para eliminarlo de mi vocabulario". Y creo que todos deberíamos hacer lo mismo.

Olvidémonos del término "Artesanal", en cualquier idioma, para describir ciertas cervezas y cervecerías. Alguna vez habrá significado algo, pero hoy día se ha vuelto una etiqueta más, como "Premium", que no significa nada en lo que respecta a la calidad de la cerveza. (de hecho, diría que "Premium", tiene más significado cualitativo que "Artesanal"). Nosotros, los consumidores, no nos estamos haciendo ningún favor perpetuando el mito de la cerveza "artesanal".

En un Tweet, Boak and Bailey decían que es difícil tener una conversación con palabras más genéricas. No estoy de acuerdo, es en realidad muy fácil. En lugar de perder tiempo y energía tratando de explicar lo que cerveza artesanal es o no, se puede hablar de las cervecerías y sus cervezas y de por qué uno piensa que son buenas o no.

No es que esté en contra del uso de "artesanal" por sí mismo, del mismo modo que no estoy en contra del uso de "premium". Si a la gente del otro lado del mostrador le ayuda a vender un par de botellas más, bien por ellos. Nosotros deberíamos ignorar todo eso y dejar que ellos definan "Cerveza Artesanal" con cualquier pavada que les resulte conveniente.

Después de todo, todas las cervezas comerciales, más allá del volumen de su producción, son industriales, siempre lo han sido.

Na Zdraví!

9/1/13

La Ronda - El Festival Ideal


En marzo se celebra la segunda edición del Barcelona Beer Festival  y como los organizadores quieren mejorar, nos pidieron a los blogs hispanoparlantes que resucitemos "La Ronda" y hablemos de cuál sería nuestro festival ideal para ver qué ideas pueden sacar de ahí.

No estuve en el BBF 2012 (y veo difícil que esté en el 2013), así que no puedo hablar de lo que hay que mejorar o no. Sé, por lo que leí en los blogs, que estuvo bastante bueno, pero yo prefiero opinar en base a mi experiencia y no a la ajena.

En lo que a mí respecta, lo más cercano a un festival ideal es Slunce v Skle, que se celebra todos los años en septiembre, en Pilsen. (sería 100% si se hiciese más cerca de casa, pero por otro lado, ir en el bondi de Zlý Časy es también parte de la experiencia).

Son varios los motivos por el cual este festival me parece el mejor que se hace acá (qué tan relevantes puedan ser para el BBF, se lo dejo a los organizadores, je).

El lugar:
Si bien la convocatoria lo está dejando chico, el patio del hotel Purkmistr y la pequeña plaza frente a él tiene una atmósfera única. Y la entrada es gratis.

La variedad:
No tanto en números. 100, 200, 500, 1.000 o 10.000 nombres distintos hacen poca diferencia porque igual no las voy a poder tomar todas. Me refiero a variedad cualitativa. En SVS hay de todo para todos, desde desítky, jedenáctky y dvanátcky hasta IPA, Imperial Stout, importadas (por supuesto que, siendo la Rep. Checa, son las primeras las que predominan). Nadie se va a quedar con ganas y todos van a poder encontrar algo que les guste.

Los precios:
Prácticamente todas las cervezas de producción nacional se venden a los mismos precios, que son iguales o menores que en un bar de Praga. Me parece absurdo que un festival me cobre más que un bar, en donde tengo servicio a la mesa, vasos limpios y otras comodidades.

Las medidas:
Todas las cervezas están disponibles en 50 o 30cl. En las últimas dos ediciones aparecieron los llamados "minituplaky", jarritas de 10 o 15cl (se pueden ver en esta foto) para los fetichistas.

Los elaboradores:
Todas las cervezas son servidas por la gente que las hace. Me gusta hablar con gente que fabrica cerveza, me gusta mucho el entusiasmo que muchos de ellos tienen por su producto. Creo que es importante porque le da a la cerveza el toque humano que las grandes empresas ya han perdido.

La comida:
No es lo mejor del festival, pero tampoco está mal y hace lo que tiene que hacer, ayudarte a tomar más cerveza.

Hasta acá Slunce v Skle. En lo que respecta a otras cosas festivaleras que se han discutido entre los blogueros de España:

La música:
A menos de que estemos hablando de un lugar muy grande, al aire libre y/o de música acústica, que la música en vivo la dejen en un club o en un festival ad hoc. Me encanta escuchar música, pero el problema de tener una banda en vivo (más allá de que tan buena pueda llegar a ser) en un lugar cerrado es que el volúmen va a ser demasiado alto y va a terminar estorbando. La música, la verdad, la veo como algo muy prescindible.

Los vasos:
Salvo el minituplák, SVS no tiene un vaso oficial, pero casi todos los elaboradores tienen sus propios vasos de 30 o 50cl para aquellos que quieran comprarlos. Luego de haber roto un par de vasos y perdido otro par, el año pasado me decidí por el plástico y no lo lamenté, es más lo recomiendo. No tener que preocuparme todo el día por un frágil pedazo de vidrio que hay que enjuagar después de cada birra fue muy cómodo, disfruté más del día y, por ende, de las cervezas que tomé.

Las novedades:
En SVS hay, pero no son el atractivo principal y no deberían serlo. Para mí, un festival es algo así como un jardín cervecero glorificado. Yo no voy a un festival a buscar trofeos, a escribir notas de cata y ver qué tantas cervezas nuevas puedo anotar en mi libretita. Un festival para mí es una excusa para tomarme el día, encontrarme con gente amiga, hacer amigos nuevos, pasarla bien y tomar mucha, mucha cerveza.

Esto está un poco relacionado con lo del catálogo. Me gustó lo que hizo la Asociación Checa de Microcervecerías en su evento en el Castillo de Praga, pero más que un festival, este evento fue una presentación de los miembros de la asociación ante un público más amplio. Si hablamos de algo como el BBF o SVS, o cualquier otro parecido, un catálogo no me parece algo tan necesario (es más, es otra cosa que terminaría molestando al final del día). Parte de la diversión para mí es la sorpresa, o preguntarle a un amigo qué es lo que está tomando y, si está bueno, ir a comprar lo mismo.

En síntesis. El festival ideal tiene que ser de entrada gratuita, tener una amplia variedad cualitativa a precios moderados a bajos (siempre relativamente hablando) y, lo más importante de todo, un festival tiene que ser una excusa para que la gente haga algo distinto, para que se junte y la pase bien.

Na Zdraví!

2/1/13

Pensamientos de año nuevo - Me cago en el movimiento


Hace cosa de dos meses, lei un excelente artículo sobre las cervezas Light en Estados Unidos que, aun dudando un poco de la completa veracidad de todo lo que se dice sobre su elaboración, hacer pensar mucho sobre el concepto de "artesanalidad" y "calidad". Pero no es sobre eso de lo que quería hablar hoy (aunque en serio, les recomiendo que lean el artículo), sino de lo que me hizo pensar un pequeño pasaje casi al principio:
Melissa Bradt (...) agregó. Le había comprado a su padre un cajón de cerveza artesanal pero no pudo convertirle. Después de que se tomó el regalo, se retiró al sótano a su kegerator lleno de Bud Light. "Fue un momento triste," dijo ella.
Analicemos esto un poco. A diferencia de aquel tarado en Ustí, el padre de esta chica probó las cervezas artesanales que había recibido, las tomó a todas y sin embargo regresó a los brazos de su querida Bud Light. ¿Qué es lo triste? ¿Que alguien se decide por algo que evidentemente disfruta? No, lo triste son los artesanáfilos como Melissa que creen que sus gustos son superiores a los de la mayoría y no pueden entender, o aceptar, que haya gente que voluntariamente consuma cervezas que ellos consideran "mierda".

Esto es en gran medida producto de esa figura mítica, "El movimiento de la cerveza artesanal", que nos ha hecho creer a los consumidores que en cierto modo estamos en la misma lucha contra la mala cerveza* que la gente al otro lado del mostrador (elaboradores, hosteleros, comerciantes, distribuidores), ya que todos compartimos los mismos ideales, el mismo objetivo y la misma pasión por la buena cerveza*. Y es por ello que algunos de nosotros sentimos que es nuestro deber promover y evangelizar a las masas sobre la cerveza de verdad.

Hay que admitir que esta fantasía funciona bastante bien. No solo hay muchos que se niegan a criticar a los productores alternativos, sino que algunos incluso desaprueban que alguien lo haga, lo cual, a su vez, a resultado en que algunos elaboradores, por el hecho de ser "artesanales", se crean casi inmunes a las críticas públicas argumentando que estas le "hacen daño al movimiento".

Sin embargo, si nos ponemos a pensar un poco, vamos a ver lo ridículo y absurdo que este cuento. Los los ideales y objetivos de los consumidores y los vendores son opuestos (la pasión es solamente sanata marketinera) y la relación comercial no es más que el resultado de un compromiso que tanto unos como otros tenemos que hacer para satisfacer nuestras necesidades o deseos. Los elaboradores van a hacer solo aquellas cervezas que saben o creen que van a poder vender, nosotros vamos a comprar las cervezas que nos gustan o creemos nos van a gustar, mientras que el precio por ellas estará determinado por un punto intermedio entre lo que quiere ganar el productor y lo que está dispuesto a gastar el consumidor, con los unos intentando convencer a los otros de que gasten lo más posible (de más está decir, los productores siempre corren con ventaja ya que el consumidor suele ser ignorante, apático o no demasiado difícil de engañar).

Pero más allá de los delirios que algunos tienen, la realidad es que las cervecerías pequeñas/locales/independientes no son parte de ningún "movimiento", son parte de una industria. Tanto (insertar nombre de tu macro más odiada), como (insertar nombre de tu micro más amada) están en el mismo negocio, el de producir y vender cerveza. Las diferencias entre una y otra son el resultado de modelos de negocio y estructuras y políticas empresariales, nada más.

Cada una, a su manera, buscan lo mismo, que elijamos su producto sobre el de la competencia. Las macros, como apuntan a un mercado más masivo, apelan a equipos de fútbol, rubias tetonas, James Bond y demás yerbas, mientras que las micros, que apuntan a nichos, apelan a la localía, la pasión, la autenticidad y demás yerbas, que como las anteriores solo buscan que el consumidor se identifique con ciertos valores (que dicho sea de paso, tienen poco y nada que ver con la calidad de lo que nos llega al vaso). O sea, el objetivo útlimo de todas, grandes, chicas, independientes, corporativas, locales, globales es el mismo, separarnos de nuestro dinero.

Pero ojo, no lo tomen a mal, soy capitalista, me gusta que la gente quiera hacer plata, máxime cuando lo hacen trabajando y produciendo. Lo que no me gusta es que nos tomen por boludos, que nos vendan humo. Claro que hay que confesar que, al igual que el tema de los precios, la culpa es siempre nuesta. Somos nosotros los que tenemos que cambiar. Tenemos que darnos cuenta de que no tenemos ninguna obligación moral, o de otro tipo, de promover y apoyar automáticamente a este sector de la industria, y mucho menos, de difundir el "evangelio de la buena cerveza" (en serio, a veces me avergüenza haber creído eso). Por el contrario, deberíamos ser más cínicos y críticos con lo que nos dicen aquellos que buscan separarnos de nuestro dinero.

Pero tampoco quiero parecer tan amargo y frío. Compartir, aunque más no sea de manera figurativa, lo que nos gusta y genera placer es algo en sí mismo placentero y voy a seguir compartiendo mis gustos en cerveza y promover a las empresas que hacen las cosas como a mí me gusta que se hagan de la manera en que lo vengo haciendo, pero ya no con la intención de iluminar el paladar de nadie. Si un buen amigo, después de haber tomado un growler de Kout llenado directamente del tanque de maduración, prefiere después seguir tomando Braník directamente de la botella, no voy a pensar menos de él. Es más, ni siquiera tendría problema de compartir sus gustos cerveceros, ya que siempre es mejor cerveza chota con buena gente, que buena cerveza con gente chota.

Na Zdraví!

* Buena/mala cerveza: Si lo que define a la buena cerveza es el gusto, entonces, ninguna cerveza es intrínsecamente mala en tanto haya alguien que la disfrute y esté dispuesto a pagar por ella.