Ir al contenido principal

Pivovar Hostivař, una reseña rápida


Bueno, por fin fui hasta Pivovar Hostivař. Desde su inauguración en abril (creo), había oído muchos muy buenos comentarios sobre él, pero su aparentemente remota ubicación siempre me había desalentado. Pero el otro día, me encontré con un par de horas para matar entre mis manos y decidí que les daría buen uso.

Llegar hasta ahí resultó ser más fácil y, en cierto modo, rápido de lo que había pensado. Hay bondis que salen desde Skálka que van hasta ahí (y hay uno, el 175, desde Florenc, que debe tardar una eternidad), pero estaba en Vršovice y elegí tomarme el 22 hasta la última parada en Nádraží Hostivař y tomar desde ahí el 183 o el 125 un par de paradas hasta Řepčická. Una pavada.

El brewpub ya se ve desde la parada, imposible perderse. A diferencia de la gran mayoría de brewpubs y micro cervecerías checas, Pivovar Hostivař no fue armado en un edificio que ya existía, sino que todo el edificio fue construido desde los cimientos. El aspecto es casi el de una caja de madera, con una ventana en la esquina mostrando la sala de cocción de acero inoxidable. No soy un gran fanático de la arquitectura moderna (o mejor dicho, de lo que pasa por arquitectura moderna en Praga), pero tengo que admitir que me gusta lo que hicieron acá, el edificio encaja perfectamente en su entorno.

La modernidad continua en los interiores. Por suerte, sin nada de ese falso retro de los restaurantes Pilsner Urquell, ni de esa cosa McDonaldiana de Potrefená Husa, sino un estilo con mucha personalidad. Dos de las paredes son ventanales y hay un impresionante mural hecho con chapitas que ilustra el proceso de elaboración cubriendo otra. Es extrañamente acogedor. Hay también un amplio jardín que promete ser espectacular una vez que crezcan los plátanos y pueden montar el área de juego para chicos.

El servicio fue muy bueno; rápido, atento, simpático. La comida, por otro lado, no me convenció. Elegí algo del limitado menú del día, bondiola ahumada con espinaca y knedlíky de papa. No estaba mal, pero algo soso, casi como una cantina de oficina. Esperaba más. Quizás debería haber pedido algo del menú permanente, que tiene buena pinta.

Pero lo que me llevó hasta ahí fueron las birras y Pivovar Hostivař la pega ahí. Su 11º hace todo lo que una buena světlý ležák debe hacer, ni más, ni menos, lo cual me gusta mucho, mucho. Su 12º es una excelente polotmavé, con una nota de flor de diente de león que lograba hacer que el amargor herbal y algo que me hizo acordar a la garrapiñada trabajen juntos en armonía. La cerveza especial ese día era una Weizen, que de todas fue la que menos me gustó. Casi como la comida, se dejaba tomar muy bien, pero a mí gusto le faltaba carácter. La sesión terminó con la H-Ale. Últimamente, me he vuelto un poco desconfia con las “Ejly” checas (estoy preparando un artículo al respecto), pero esta resultó ser una de esas que me hace tener esperanzas en el futuro. No era demasiado aromática, pero tenía una textura limpia y muy sabrosa, en un cuerpo casi de matrona, con un lupulado perfectamente balanceado que se hamacaba entre lo floral y lo conífero. No demasiado sesionable con 15º, pero y una buena manera de terminar una velada (o, en mi caso, una tarde).

También hablé con uno de los dueños, a quien había conocido en aquel viaje a Franconia hace dos años. Se acercó a mi mesa después de que me reconoció* y charlamos un rato (me mostró también la fábrica, bastante linda), pero eso es algo que voy a dejar para otra entrada.

Así que bueno, queda la pregunta ¿vale la pena el viaje a Pivovar Hostivař? Sí, si tenés tiempo, seguro. Se ha puesto mucha atención al detalle en este emprendimiento, y esto incluye a las cervezas, lo cual, en estos tiempos en donde se abren dos nuevas micro cervecerías por mes, es algo que merece una buena dosis de reconocimiento.

Na Zdraví!

Pivovar Hostivař
50°2'46.940"N, 14°32'56.636"E
Lochotínská 656 - Praga-Hostivař
+420 702 202 903 - info@pivovar-hostivar.cz
Lun-Dom: 11-23

*Como política, y al menos que vaya por trabajo, no llamo o escribo a boliches para hacerles saber que voy a visitarlos. En primer lugar porque no creo que soy tan conocido y, en segundo lugar, porque incluso si lo fuese, no creo que merezco ningún tratamiento especial. Dicho esto, siempre me alegra poder charlar con cualquiera que me reconozca. Y sí, acá tuve que pagar la cuenta como cualquier hijo de vecino, y con gusto.

Comentarios

  1. muy bueno.. a ver si voy a verlo... espero que tengas algun momento en la 2da semana de octubre a ver si nos vemos por lo menos un rato... no vas a ir a Unetice a aprender a tocar el ukelele ??
    ;-)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario