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Algo de birra en medio de tanta agua


El otro día fui con mi familia y unos amigos a dar un paseo en canoa por el río Sázava. Estuvo fantástico, hermoso paisaje, tranquilo y divertido para todos los presentes, pendejos incluidos. Ni siquiera el tremendo calor fue demasiada molestia, cuando no soplaba una agradable brisa, todo lo que hacía falta para refrescarse era meterse en el río. En serio, si alguna vez tienen la oportunidad de hacer algo parecido, no lo duden, no se van a arrepentir.

Pero este blog no es de viajes y turismo, es de cerveza y la cerveza, por supuesto, no faltó.

Llegamos a Týn n. Sázavou un poco después de las 9:30 y nos encontramos con el resto del grupo. Antes de ir a Čerčany a buscar las canoas pude meter una birra rápida, Ferdinand 11º, de barril en un negocio que vendía frutas y verduras, salchichas y cerveza. Estaba bien tirada, en vaso de plástico, como debe ser, y, de más está decir, buenísima; pocas cosas son mejores que la primera birra en un caluroso día veraniego.

Una vez en Čerčany nos metimos en el agua y fuimos hacia la aventura.

A mi jermu y a mí nos tomó un rato lograr algo que podría considerarse un ritmo (y a mi hija dejar de cagarse encima del miedo), pero una vez que le encontramos la vuelta el paseo fue fácil y muy divertido.

Paramos a almorzar en un restaurante de aspecto bastante lindo que funcionaba en un viejo molino. No tenía ganas de comer nada pesado, así que pedí un nákladaný hermelín, sorprendentemente bueno. La birra, por otro lado, no lo estaba. Creo que era Konrad 10º, pero no me molesté en confirmarlo, no estaba en buena forma ni demasiado bien tirada. Así y todo, cayeron dos pintas. La primera decidió suicidarse en mi garganta y la segunda, bueno, porque incluso cerveza pedorra es mejor que cualquier otra cosa que se puede tomar en un restaurante como ese en un día de calor.

Luego de unos kilómetros alguien decidió parar para la merienda. No sé qué tanto tiempo había pasado desde el almuerzo (no tenía idea de qué hora era, casi un lujo en estos tiempos), pero ya me estaba empezando a hacer falta un trago.

El lugar en donde paramos resultó ser una de las hospody más lindas en las que he estado en mi vida. Bistro Ledce, ubicado al lado de un prado en donde vacas pastaban muy tranquilamente, adentro de un edificio que supo ser un establo o algo por el estilo (mis conocimientos de arquitectura rural de Bohemia están un poco desactualizados, pero era bastante grande y completamente abierto a un lado). El boliche en sí mismo había sido construido de una manera muy ingeniosa: paneles crudos de madera aglomerada separando la cocina y el bar a la izquierda, con los baños construidos de manera similar a la derecha. En el medio, muebles simples, de aspecto bastante usado que se desparramaban hasta el frente del edificio. El personal era simpático y estaban pasando muy linda música. Las cervezas, Rychtař 12º y Prince Max, una desítka muy sólida que me gustaría que Lobkowicz distribuyese un poco más ampliamente. Elegí la 10, buena condición, fresca. Me tomé tres y estaba más feliz que un chancho en un pub en el medio de la nada, me habría quedado ahí por el resto del verano si me hubiesen dejado.

Volvimos a las canoas para la última parte del paseo. Tuvimos que apurarnos un poco al final porque no queríamos llegar tarde para devolver los botes y todavía nos quedaba un buen trayecto.

Al final llegamos con más de media hora de changüí. Las oficinas de la empresa de alquiler compartían edificio con una pizzería y, como no había ningún otro lugar a la vista, se decidió que allí cenaríamos. Yo no estaba demasiado entusiasmado, el restaurante tenía Staropramen. Casi que me quejo, por reflejo, pero lo pensé mejor. Estábamos todos cansados y con hambre y sed, y no quise ser uno de esos pelotudos cerveceros que esperan que el mundo se acomode a sus gustos, así que allí fui, callado, esperando que al menos la pizza fuese buena.

Era buena, muy buena, la verdad. En lo que respecta a la birra, la primera no cuenta, la debo haber absorbido por la piel más que tomarla. No le empecé a prestar atención sino hasta la mitad del segundo vaso y les digo que no estaba nada mal. Al menos no tan chota como la recordaba y hasta más agradable que la última Gambrinus 10º que había tomado. Ese segundo vaso fue seguido de dos más y no habría tenido problema con otros dos si el tiempo lo hubiese permitido.

En el viaje de vuelta a casa empecé a pensar. ¿Era Staropramen ahora mejor que Gambáč? Después de que los brasucas se las tomaron, Staropramen se volvió la marca insignia del grupo de cervecerías que dejaron atrás, StarBev, el cual es hace un año propiedad de Molson-Coors, y esto puede que haya traído consigo una mejora en la calidad, o al menos una vuelta a prácticas que los contadores de AB-InBev quizás no permitían. Al mismo tiempo, cada día me cuesta más tomarme una Gambrinus.

Una idea empezó a tomar forma al día siguiente. ¿Qué tal si comparo las dos birras más comunes de Praga? Pensé en ir a una par de buenos boliches de cada una y ver cuál de las dos es mejor en su mejor forma, y también hacer una cata comparativa en casa con sus botellas. Podría ser divertido y buen material para un artículo.

Terminó en la nada. Pronto me di cuenta de que sería una enorme pérdida de tiempo (y dinero) ya que al fin y al cabo no sería prueba de nada y no solo porque no soy un consumidor de ninguna de esas dos cervezas.

La cerveza siempre es parte de un cuándo y un dónde, y el cuándo y el dónde de esa Staropramen difícilmente podría haber sido mejor: agradablemente cansado al final de un día maravilloso, en un muy lindo lugar, acompañado de gente querida. Ahora, si visitase hospody de Staropramen y Gambrinus me encontraría en diferentes cuándos y dóndes, que afectarían a esas cervezas. Por otro lado, probar ambas una al lado de la otra en casa tendría todavía menos sentido; tomar cerveza solo con el fin de analizarla es algo que ya no me interesa hacer, medio que me parece una tontería.

Así que ahí lo tienen, la pasé tan, tan bien con mi familia y amigos que hasta Staropramen me pareció rica.

Na Zdraví!

Comentarios

  1. Exelente relato , muy lindo , hasta que sin conocerte te veia ahi chupetiando y andando en canoa .
    Como puse en la entrada anterior , el otro dia en paris me dio gans de una Q cristal y me la compre , me la chupe con mu jermu y me encanto , yo preguntaba esta mal ? con esta nota me diste la respuesta , no , esta bien !!!.

    saludos


    Omar

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  2. Jajaja, Max tomando Staropramen alegremente. No sé si las cervezas evolucionan, lo que está claro es que las personas, o al menos la filosofía de cada uno, sí que lo hace.
    Cualquier día te vemos chupando Stella Artois calentorra jejeje. Era broma Max, muy buen post, y corroboro que lo de la canoa es superdivertido.

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  3. Pivni y lectores lo sabian ?

    http://www.clarin.com/sociedad/Crearon-cerveza_0_973702908.html


    omar

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    Respuestas
    1. Leí algo por ahí. Manzapivo escribió hoy sobre el invento este. Qué se yo, habría que probar el producto, pero me parece algo medio ridículo, la verdad.

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  4. Yo pienso que es ridiculo , la cervecza se elabora y se fermenta , al menos que sea algo con gusto a birra con algon sin ser cerveza algo sintetico , que se yo
    ahi voy a leer lo de manzapivo


    saludos

    omar

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