28/9/12

Cada día se aprende algo nuevo


El otro día fui a la inauguración oficial de Břevnovský Pivovar en el monasterio del mismo nombre. Lindo evento, la verdad, con el Prior del monasterio bendiciendo a la cervecería y, por supuesto, a las cervezas, y algunos amigos que hicieron de la tarde algo todavía más ameno; hay pocos placeres en esta vida mayores que una charla amigable acompañada de excelentes cervezas, y las birras de Břevnov son de primerísimo nivel.

Su světlý ležák, en mi opinión, está ya entre las mejores que se pueden tomar en este país. Es totalmente diferente a cualquiera que haya tomado antes. Está ese clásico, maravilloso, sexy cuerpo maltoso de una lager rubia checa de las buenas (bendita sea la decocción), pero esta está casi a reventar de notas de menta y algo que me recuerda a masticar una hoja de salvia, en el medio hay algo frutal que mi amigo Evan Rail describió como la parte del durazno que está al lado del carozo, aunque también podría describirse como un damasco no del todo maduro. Le da la cerveza un carácter verdaderamente único y siempre me ha intrigado de dónde venía. Con su creador, Jan Šuráň, a mano, esta era la mejor oportunidad para sacarme esa duda.

"Son los lúpulos", me dijo con algo de entusiasmo antes de que termine de preguntarle. Son Saaz, o Žatecký Poloraný Červenák, como se los conoce acá, pero provienen de unos lupulares cerca de Louny que tienen 70 años de edad. Honza me explicó cuál era la diferencia entre entre estos y el resto de los lúpulos con unos detalles técnicos que en su momento entendí, pero que ya he olvidado.

Fue la primera vez que oía algo sobre la edad del lupular teniendo algún efecto en las características de nuestra hierba aromática favorita, me pareció fascinante y me hizo darme cuenta cuánto hay sobre cerveza de lo que no tengo mucha idea, ¡y me encanta!

Pero bueno, antes de despedirme, quería compartir con ustedes algo de lo que el Prior dijo en su bendición, no es una cita exacta, pero viene así:
"La cerveza es algo bueno. Reúne a la gente y siempre en buena voluntad"
.Sabias palabras de un hombre que saber apreciar una copa.
Photo: Evan Rail
Na Zdraví!

26/9/12

3 boliches nuevos


Hubo una época, no mucho tiempo atrás, en la que Pilsner Urquell era la apuesta más segura para un bar/café, etc. nuevo en Praga. Parece que ya no más. Hace poco les conté sobre aquel bolichito en Malá Strana que tiene Žatec y la charla que tuve con su dueño. El lunes pasado tuve una charla muy similar en un lugar nuevo en Žižkov que vende las cervezas de Pivovar Dalešice, un nombre que rara vez se ve en la capital checa.

Un par de amigos me habían contado de este lugar unos días antes y como andaba por el barrio y tenía algo de tiempo, decidí darme una vuelta y ver qué onda. U Krkouna está en una callecita en la parte baja de Žižkov, cerca de Husitská. Parece un barcito chico, pero tiene un salón bastante grande (y lindo) en la parte de atrás. Me posé en el bar y pregunté a quien resultó ser el dueño cuál era la cerveza más fresca que tenían. Me contestó que habían pinchado todos los barriles ese día así que elegí Dalešická 11º. Maravillosa, un soneto de maltas pilsner recitado por una belleza eslava vestida con flores.

Mientras saboreaba cada molécula de mi birra, el dueño me comentó que cuando estaban armando la taberna no querían saber nada de las macros y un amigo les recomendó a Dalešice. Él y su mujer quedaron muy impresionados con las cervezas y llamaron a la fábrica para preguntarles si estaban interesados en hacer negocio con ellos. La persona con la que hablaron les hizo un par de preguntas y les dijo que llamaría una hora más tarde. Dos horas pasaron y nada, entonces el pibe este volvió a llamar y esa misma persona les avisó que ya estaban en camino a Praga para arreglar todo con ellos.

El lugar abrió hace apenas dos semanas y todavía parece que están terminando de planchar algunas arrubas, pero las cervezas están muy bien cuidadas y vale la pena darse una vuelta para una o dos birras rápidas.
La visita a U Krkouna me hizo acordar de dos otros boliches nuevos que he visitado en estos días.

Restaurace U Bohouše lo encontré de casualidad mientras estaba dando una vuelta por Vinohrady. Me llamó la atención el cartel de Lobkowicz en una esquina en donde si mal no me acuerdo solía haber un bolichón de mala muerte con Gambrinus. El cambio no podría haber sido más radical. Los interiores de U Bohouše me hicieron acordar un poco a Nota Bene, con buen gusto, moderno, quizás le falte un poco de espíritu, pero así todo bastante acogedor. Si bien las cervezas no son nada difíciles de encontrar, siguen siendo bienvenidas en el tipo de lugar que años atrás habría ofrecido Stella para ser moderno y diferente.

No pude hablar con el dueño acá, pero el camarero me atendió de manera muy profesional y estaba bien informado sobre las cervezas que vendía, me explicó de muy buena manera que Chlumecký Vít era una cerveza de trigo (y una muy buena cerveza de trigo). Me fui con la sensación de que este restaurante no fumador podría ser un lindo lugar para traer a una señorita luego de un paseo por Riegrový Sady, sin sacrificar la posibilidad de tomar cerveza decente (o para una niña amante de la buena birra para encontrarse con sus amigas).

El tercer lugar es el que más me ha gustado, aunque más no sea porque es el que me resulta más conveniente. Krkonošská hospůdka está a la vuelta del paso a nievl en Hradčanská. Es un lindo bolichito con un dueño muy simpático. Krakonoš 12º, una birra hermosa en su simpleza, es la pivo de la casa y está acompañada de Nová Paka y dos grifos rotativos dedicados, más que nada, a cervezas de la región que le da el nombre al pub. Diría que esta hermosa hospoda no-fumador debería ser parada obligada para cualquiera que esté por el rioba después de las 3PM, uno no tarda mucho en sentirse como si estuviese yendo allí a calmar la sed desde hace mucho tiempo.

La escena cervecera en Praga siempre ha sido genial, toda esta diversidad la está haciendo todavía mejor y la ola parece estar lejos de haber llegado a su cresta todavía.

Na Zdraví!


U Krkouna
50°5'10.903"N, 14°26'46.518"E
Orebitská 3 - Praha-Žižkov
+420 608 501 181 - info@ukrkouna.cz
Lun-Vie: 10.30-23 Sáb-Dom: 11-23

U Bohouše
50°4'42.009"N, 14°26'36.384"E
Polská 34 - Praha-Vinohrady
+420 608 277 771 - rezervace@restauraceubohouse
Lun-Dom: 11-23

Krkonošská hospůdka
50°5'53.908"N, 14°24'23.345"E
Muchova 7 - Praha-Dejvice
Lun-Vie: 15-22, Sáb-Dom: 17-22

24/9/12

WOW!


Para ser sincero, no tenía planeado escribir nada sobre la quinta edición de Slunce v Skle, que tuvo lugar el sábado pasado. No porque hubo algo que no estuvo bien, todo lo contrario, como cada año, estuvo fenomenal, todavía es el mejor festival que se organiza en este país. La cosa es que no creí que tendría nada nuevo que agregar a lo que escribí hace dos años: una atmósfera genial, un montón de amigos y conocidos, el clima empezó medio pedorro pero después se puso muy lindo...

La diferencia más grande, quizás, fue la calidad de las cervezas. A diferencia de los dos años anteriores, no me encontré con ninguna cerveza chota. Aunque tampoco fue tanto lo que tomé, o mejor dicho, no tomé de tantas cervecerías como en las pasadas ediciones. Es también posible que lo que había escrito el viernes haya jugado cierto papel y, en lugar de ir atrás de cada nombre nuevo (y había varios), preferí ir a lo seguro y me quedé con lo que ya conocía o tenía buenas referencias. ¡Hasta repetí algunas cervezas! Y a pesar de que no llegué a tomar algunas que me hubiese gustado tomar, al final del día no me arrepentí porque había disfrutado lo que sí había tomado. Puede haber sido también porque en su mayoría tomé de a medio litro (de vasos de plástico, este año no tuve ganas de tener que hacerme cargo de un pedazo de vidrio que a lo mejor terminaría rompiendo, como ya me ha sucedido) o porque pasé más tiempo hablando con gente y no con cerveza (charlar con Adrian Tierney-Jones, uno de los mejores periodistas cerveceros del mundo, fue un toque de lujo para un día que no podría haber sido mejor).

Y a pesar de todo esto, si no hubiese sido por Kocour no me habría molestado en escribir nada hoy.

Después de llegar y hacerme de una muy necesaria birra (una sensual 11º de Vimperk) fue para el stand de Kocour para saludar a Sanda Deus, el cervecero en jefe, y preguntarle cómo andaba nuestra criatura. "Mám ho na čepu" (la tengo pinchada), me contestó. ¡¿QUE?! Él la había probado, le encantó y decidió que sacaría un barril de 30l para una vuelta de prueba en el festival.

No me voy a hacer el objetivo acá, después de todo, fui parte del equipo que elaboró Gipsy Porter, pero les juro que nunca estuve tan entusiasmado por tener una cerveza en mi mano y esta es ¡DERREMILPUTAMADRE FANTÁSTICA! Todavía estaba un toque joven, pero ya era perfecta. Era todo lo que había esperado que sería y todavía más: regaliz, chocolate amargo, menta, oporto y una o dos gotas de puro paraíso. Así es como se la describí a Gazza por SMS.

De más está decir, le avisé a todo el mundo que Gipsy Porter estaba con ganas de conocerlos. Les encantó a todos. Mi amigo Ian me sugirió votarla como la mejor cerveza del festival, algunos de mis amigos también lo hicieron ¡y terminó ganando!

Ya saben cuál es mi actitudo hacia premios y medallas y no voy intentar hacerles creer que este es un premio serio y prestigioso, estoy también dispuesto a admitir que muchos de los votos que Gipsy Porter recibió fueron de gente que me conoce y sabía que era mi cerveza, pero cuando la anunciaron como la mejor del festival casi reviento de alegría y gracias a todas las felicitaciones que le siguieron casi que no podía entrar en mí mismo y me fui a dormir varias horas más tarde todavía con una sonrisa de oreja a oreja.  Pero más importante que un premio, cualquier premio, es que a la gente le gustó, y mucho, el barril ya se había agotado a eso de las 4 y media.

De repente, ese arbustito que plantamos con Gazza, Hanz y Pivovar Kocour ya no parece tan chiquito y puede que hasta se convierta en un árbol porque Kocour lo quiere volver a hacer.

Gipsy Porter, estoy orgulloso de vos y ya no puedo esperar volver a encontrarte en un par de semanas, esta vez en Praga.

Na Zdraví!

21/9/12

Pensamientos de Viernes por la Mañana


El otro día me encontré con este muy buen Artículo en The Economist que plantea que tener mucho para elegir resulta en que la gente compra menos ya que no se pueden decidir. Boak & Bailey han sufrido algo similar hace poco durante una visita a Londres, en donde tuvieron la molesta sensación de que la elección de un pub o una cerveza podía significar estarse perdiendo algo mejor.

Cuando voy a lugares tipo Zlý Časy cada vez más a menudo me sucede que tomo el camino opuesto. Me inclino por birras que ya conozco y quizás, dependiendo de qué tanto vaya a quedarme, la compañía y el humor que tenga, elijo una o dos cervezas nuevas, pero solo luego de haber tomado al menos un par de medios litros antes. De hecho, me está aburriendo cada día más todo esto de la inflación de nuevas cervezas y parte de mí está empezando a desear que la burbuja de una vez por todas reviente.

Todo esto está sucediendo gracias (o debido) a los fetichistas cerveceros. Gente que parece que prefiere hablar de antes que tomar cerveza. Gente que en lugar de disfrutar lo que tienen ahora en el vaso, se angustian sobre qué es lo que van a pedir después, y va a tener que ser algo nuevo, algo que no hayan visto antes, porque siempre va a ser mejor aquella cerveza que a lo mejor les gustará que una que ya tomaron y les gustó, y si el boliche no tiene nada nuevo, entonces al dueño no le interesa la cultura cervecera, no tiene pasión, no sabe cómo llevar el negocio y por ende, es hora de ir a otro lado.

Los fetichistas cerveceros son también esos que no van a festivales a pasar un lindo día con amigos en un jardín cervecero glorificado. Van para ver qué novedades hay, para escribir sus notas de cata, tweets o "compartir" cervezas en Untappd (nunca las palabras "compartir" y "tomar socialmente" han sido peor utilizadas). De más está decir, ellos jamás tocarán un vaso de plástico, insistirán que todas las cervezas estén disponibles en medidas de 0.15l. No tienen tiempo para andar tomando, cuando hay tanto para degustar.

En un mundo normal, este tipo de gente sería marginalizada. Pero son muy ruidosos y algunos elaboradores (muchos de ellos también fetichistas) han decidido dedicarse casi exclusivamente a atender las necesidades de este nicho dentro de un nicho. Y es así como tenemos un número desproporcionado de cervezas extremas o "experimentales" o esos estúpidos estilos "nuevos" como Black o Imperial Pilsner.

Ojo, no tengo nada en contra de los fetichistas. Por un lado porque supe ser uno, y por otro, porque todos tenemos (y necesitamos) nuestras obsesiones. En lo que respecta a los elaboradores, solamente hacen su negocio y nadie me obliga a comprar sus productos si no tengo ganas.

El problema acá es que algunas de estas cervecerías se han vuelto muy exitosas, o al menos, se habla mucho de ellas, y entonces muchas otras hacen lo que las empresas suelen hacer, subirse a una tendencia mientras se pueda. ¿Pero es todo esto algo positivo para los que preferimos tomar cervezas normales y para la industria en sí?

Un par de meses atrás, mientras almorzábamos, discutíamos esto con Evan Rail y él mencionó una palabra muy importante "enfoque", o mejor dicho, la falta de este. Como él  (y seguro, como muchos de ustedes) he tomado algunas cervezas de DeMolen, Mikkeller y Matuška algo decepcionantes. No es que eran malas (bueno, en realidad, DeMolen Hop&Stout fue un desastre), sino que daban la impresión de que sus elaboradores no habían terminado de ajustar las tuercas en una receta, cuando ya estaban trabajando en otra nueva. En otros casos, eran como si a un buen cocinero italiano le hubiesen dicho justo antes de que cierre el restaurante que tenía que preparar algo tailandés para el almuerzo del día siguiente. En la República Checa, por ejemplo, esto ha resultado en muy capaces elaboradores de lagers haciendo Ales bastante mediocres.

Al ritmo que todas estas novedades parecen estar saliendo, los amantes de la cerveza (ya saben, los que preferimos tomar a degustar) a veces no tenemos la posibilidad de desarrollar una relación con cervezas que nos han causado una buena impresión. ¿Cuántas de ellas han sido descontinuadas o empujadas a un lado para hacerle lugar en tanques y bares a las (quizás no del todo logradas) novedades? Un muy buen ejemplo de ello son Vyškov y sus IPA's. La primera fue muy buena y tremendamente exitosa, la media partida que habían elaborado se agotó en apenas unos días, pero en lugar de hacer una partida completa de la misma cerveza, cambiaron la receta y el producto resultante no salió tan bien.

No me malinterpreten, me gusta cuando una cervecería expande su cartera, pero no por el solo hecho de "tener algo nuevo". Tiene que haber una idea, un plan a largo plazo, un concepto si se quiere y no esta filosofía de "a ver qué sale de esto" que parece estar detrás de muchas cervezas nuevas.

Y a lo mejor no es solo a nosotros, los consumidores, a quienes todo esto esta afectando, sino también a los pequeños elaboradores que recién están empezando, en especial en los "mercados emergentes". ¿Puede ser que esta burbuja que ellos tan felizmente están inflando en realidad es un freno a su crecimiento a largo plazo y un obstáculo para mejorar su eficiencia como empresa?

El mes pasado tuve una excelente charla con el dueño y el Maestro Cervecero de Únětický Pivovar. Una de las cosas que más me gustan de esta cervecería es que hacen solamente dos tipos de cerveza, más una especial de estación cada tantos meses. Ellos me dijeron que uno de los principales motivos de esto es tener una mejor "gestión de capacidad". Nunca había oído este termino antes, y resulta que es muy importante, en especial cuando se elaboran lagers, y no es allí donde termina. Para un elaborador nuevo, armar una cartera de 10 o más birras distintas en apenas un año significa abarrotarse de diferentes tipos de maltas y lúpulos o peor todavía, hacer pequeños pedidos a medida que hace falta. La fábrica va a tener que empezar chica para poder elaborar varios tipos de cerveza diferente en volúmenes pequeños, lo cual, junto con lo anterior, significará costos de producción más altos y cerveza más cara. Y lo que es peor es que, irónicamente, ser lo suficientemente exitoso como para verse forzado a aumentar la capacidad puede terminar siendo puede terminar siendo algo peligroso, en especial si sucede relativamente rápido.

Una leyenda dice que Barrabás fue liberado por Poncio Pilato no porque haya tenido más seguidores que Jesús, sino porque estos gritaron más fuerte (aunque la teoría propuesta en la película "The Life of Brian" es también una posibilidad). Quizás está siendo hora que los que preferimos calidad por sobre pura diversidad empecemos a gritar más fuerte antes de que sea tarde.

Na Zdraví!

17/9/12

Algunas Reseñas Rápidas (IV)


Una nueva edición del resumen de reseñas originalmente publicadas en mi página de Facebook para los cuatro o cinco de ustedes que no están en el libro de las caras.

Slaný TUPL IPA: Podría ser un poquitín más aromática, podría tener un final un poquitín más largo, pero ¡AL CARAJO CON ESO! ¡Masticable, compleja, gratificante belleza!
Cigar City Cucumber Saison: Estaría mintiendo como un hijo de puta si dijese que esta es una de mis cervezas favoritas, pero ¡qué lo parió! Esta es una muy interesante birrita que manera maestral evita caer en el truco fácil. Una que me gustaría volver a tomar. (¡Gracias Glen!).

Opat Benediktin 15º: Como si una Märzen estuviese tratando de hacer una maldad.

Přerovský Negr: Un grone que mete miedo con su pinta de malparido, pero que después de todo, termina siendo un tipo divertido con quien pasar un rato.
Novopacké Kvasničák: Puntos por ser una de las pocas kvasnicové propiamente dichas. Empieza bastante bien, pero termina dejando el retrogusto de una oportunidad perdida. En serio quería que me guste.

Vyškov Heffeweizen: Podría tener algo más de especias, pero igua bastante linda.
Matuška Fastball: Sin lugar a dudas, podría haber usado algo de filtrado.
Antares Imperial Stout: Ciruelas pasa en ron con azúcar marrón y espolvoreadas de chocolate. Me hizo acordar mucho a la de Samuel Smith. Lindo trago pero no del todo recomendada para los que gustan del lado más bonchinchero de la familia Imperial Stout.

Antares Barley Wine: Con 0,5% de alcohol menos y la misma densidad original podría haber sido una cerveza absolutamente fantástica. Del tipo que te gustaría te arrope en la cama y te de un beso de buenas noches en la frente. Linda y agradable de todos modos, pero podría haber estado mejor (Gracias Pablo Rodríguez, de Cervecería Antares por estas dos).

Y un pensamiento corto para cerrar: ¿Cuál es la diferencia entre una Imperial Pilsner y una Helles Bock? ¿Más lúpulos y menos sentido?

Na Zdraví!

10/9/12

Tanto Populares como elitistas


Luego de oir a un par de pseudo-enófilos decir que no podían tomar en serio a la cerveza hasta que "sea más como el vino", Velký Al volvió a tirar en contra de la "vinificación" de la cerveza. Coincido con él, me resulta esa huevada de que "la cerveza es el nuevo vino". Sin embargo, hay algo que Al no tiene del todo en cuenta cuando se queja de la gente que quiere hacer de la cerveza una bebida para los pudientes, la historia.

Si leemos los estudios de Martyn Cornell y Ron Pattinson sobre la historia de la cerveza en el siglo 19 y más allá, veremos que no siempre ha sido únicamente la "bebida del hombre común". Las clases acomodadas supieron tener cervezas casi exclusivas para sus miembros, las más famosas de las cuales son quizás las Pale Ale (sea o no India), a las cuales podemos sumar las Russian Stout, elaboradas para la clase dirigente rusa, entre otras (fíjense sino lo que Ron cuenta acá sobre los primeros pasos de las Lagers de Viena en el Reino Unido). Mientras tanto, en el continente, la Reinheitsgebot fue enmendada en el siglo 17 para permitirle a los aristócratas bávaros elaborar cervezas de trigo y no hay que olvidarse tampoco de que prácticamente cada castillo y palacio tenía su propia fábrica de cerveza, ni que la elaboración comercial de cerveza en países como Bohemia era un privilegio de los burgueses (siempre que leo algo sobre la historia de la cerveza en estos pagos, me quedo con la impresión de que todos tomaban "la misma birra", pero no estoy del todo seguro de que sea correcta).

Con el vino ha pasado lo contrario, siempre ha sido también una bebida vulgar, en especial en los países productores. Hasta no hace demasiado, en los restaurantes de barrio en Buenos Aires, la gente pedía el tinto o el blanco de la casa, en los hogares se tomaba vino de mesa y en los asados, vino de damajuana. Y sigue siendo así en muchos lugares. Cuando estuvimos en Grecia hace unos años, en las tabernas pedíamos "vino de la casa", casi de la misma manera en la que en una hospoda tradicional checa pediría una desítka. En Praga hay un montón de vinárny de barrio que no describiría como sofisticadas y al burčák, más allá de lo exquisito que puede ser, yo no lo calificaría como una bebida refinada. Mientras que los moravos, en especial aquellos que son micro-elaboradores, no suelen intelectualizar sus vinos en demasía.

El mayor responsable en el cambio del paradigma cervecero fue la industrialización en la segunda mitad del siglo 19 (aunque las guerras mundiales y, en el caso norteamericano, la prohibición también jugaron parte importante). Mal que le pese a los "artesanos", la cerveza siempre ha sido un producto industrial de fabricación en serie. Salvo contadísimas excepciones, todas las cervezas pasan por el mismo proceso: macerado, recirculado, hervido, enfriado, fermentación, maduración/acondicionamiento; la única diferencia son las escalas. Como todo producto industrial, a la cerveza también se le aplica la regla "a mayor producción, menores costos relativos" (y mayor eficiencia de procesos). Producir cervezas solo para un nicho, entonces, dejó de tener sentido comercial y económico.

El vino, por otro lado, no cuenta con las ventajas de la cerveza, solamente se puede hacer una vez al año y su producción requiere de mucha más mano de obra, en especial para la cosecha.

La revolución del vino en Argentina se produjo cuando los empresarios se dieron cuenta que podrían ganar más dinero elaborando cierto nivel de calidad y reduciendo los volúmenes. La cosecha es la partida de costos de producción más significativa, y recolectar una tonelada de uvas cuesta básicamente lo mismo, más allá de la calidad de vino en que se terminen convirtiendo. Una menor producción facilita la gestión de calidad y el producto resultante puede venderse con un margen de ganacia mucho más elevado.

Esta revolución, al menos en Argentina, se produjo en el momento indicado. Luego de más de medio siglo de incertidumbre política y económica, los años 90 trajeron consigo una sensación de prosperidad. La clase media por fin tenía en sus bolsillos plata (o al menos crédito) para gastar y decidieron disfrutarlo. Esta fue la época en la que la TV por cable dejó de ser un lujo para unos pocos y se expandió de manera increíble, proporcionando una plataforma ideal para promocionar los nuevos vinos. La gente dejó de tomar vino tinto o blanco, ahora tomaba Malbec o Chardonnay, y los vinos de mesa prácticamente desaparecieron de las pautas publicitarias para ser reemplazados por la cerveza, la nueva bebida informal y de las masas.

Además de la imagen sofisticada que algunas marcas ya tenían, el marketing tomó la limitación geográfica y estacional del producto como una ventaja y lo invistió con una mística que la cerveza jamás podrá adquirir: la naturaleza, el paso de las estaciones, las tradiciones ancestrales, la cosecha de la vid y el terruño. Las denominaciones de origen no necesitan explicar localidad, no dejan dudas sobre ello. Todos saben qué es un Rioja 2010, pero ¿qué tan local es una artesanal italiana elaborada con maltas alemanas, lúpulos yankis y levaduras belgas? Fue fácil, entonces, lograr que el consumidor se sienta sofisticado, refinado y, hasta cierto punto, conocedor por estar consumiendo un producto elaborado en un lugar y un momento bien determinados.

Mientras todo esto sucedía, y en especial durante los últimos 5-15 años, en algunos países empezó a crecer el número de micro elaboradores de una manera notable. Como ya he dicho antes, esto no fue algo casual, sino un síntoma más de un cambio más amplio en la mentalidad de un cada vez más elevado número de consumidores. Debido a sus estructuras y tamaños, estas fábricas no han logrado ni las economías de escalas, ni la eficiencia de aquellas más grandes y asentadas. Como resultado de ello, sus productos suelen ser más caros que los de las grandes marcas, y es natural entonces que, para convencer al público de pagar un precio más elevado por "cerveza", se haya decidido adoptar y adaptar el discurso del vino. Se empezó a hablar aromas, sabores y cuerpos, así como de autenticidad, de lo limitado de las partidas, y las diferencias entre ellas, de artesanalidad, de estilos (que serían como las cepas de las cervezas), mientras que la falta de un terruño propiamente dicho, fue compensada con el localismo globalizado y la figura del Maestro Cervecero como herramienta de marketing.

Es cierto que muchas veces los intentos de "chetizar" a la cerveza dejan bastante que desear, algunos tienen poco sentido (incluir muestas de 0.1l de cervezas de sesión en una cata guiada), mientras que otros son directamente ridículos (cerveza "gastronómica" o "boutique"). Pero más allá de todo eso, lo que algunos de a poco están logrando es que la cerveza vuelva ser parte de un entorno al que supo pertenecer.

En lo personal, no me molesta ni me preocupa en lo más mínimo la profusión de cervezas caras o la supuesta burbuja que se ha inflado en torno a ellas. Por un lado, porque nadie me obliga a comprarlas y por otro, porque no creo que con el discurso de la cerveza suceda lo mismo que con el del vino, que prácticamente no toca el tema de los vinos baratos, paracen tratarlos como si fuesen un pariente del que una familia de abolengo está avergonzada.

Aquellos que entendemos algo de cerveza, a quienes esta bebida nos interesa más allá de la moda o el boom y que somos capaces de apreciar su infinita variedad, sabemos muy bien que "barato" no es lo mismo que "berreta" (quizás le debería explicar esto al que eligió poner la frase "Life is too short to drink cheap beer" al final del video "I'm a craft beer drinker"). En lo que respecta al resto de los mortales, es decir, a la gente normal, en tanto sigan habiendo empresas para quienes producir grandes volúmenes de apenas unos pocos productos por fábrica siga siendo más rentable que lo opuesto, nunca nos dejarán olvidar que la cerveza es aquella bebida que se consume sin pensar demasiado mientras se la está pasando bien.

Hay gente hoy que toma ciertas cervezas porque están de moda, porque los hace sentir superiores al resto de los mortales o lo que sea, es cuestión de ellos (y en el largo plazo, quizás un problema para aquellos empresarios que solo buscan captar ese segmento del mercado). Yo, y muchas personas más, seguiremos tomando cerveza más que nada, porque nos gusta tomar cerveza, sin necesidad de intelectualizarla para poder disfrutarla.

Na Zdraví!

7/9/12

Lecturas Seleccionadas: Agosto


Todos tienen un almanaque a mano, así que nada de huevada inicial. Directo al grano.

Martyn Cornell continúa con su misión de acabar con los mitos de la historia de la cerveza, en este caso de la IPA. Lectura obligada, en especial para aquellos que copian y pegan de Wikipedia.

Y hablando de historias míticas, Evan Rail echa algo de luz sobre los orígenes de Pilsner Urquell. Como muchos mitos y leyendas, el del nacimiento de la cerveza checa más famosa tiene su origen en hechos reales. Resulta que, a diferencia de lo que yo había propuesto en su momento, la protesta de los burgueses sí tuvo lugar, pero no del todo por los motivos que nos han hecho creer.

Ya en el presente, Garret Oliver habla con mucha autoridad de los crímenes que la hostelería comete en contra de la cerveza. Al menos en lo que respecta a la mayoría de los resaturantes checos, yo agregaría uno, le dan mierda de importancia y todavía menos respeto.

El tema de las reseñas negativas ya ha sido discutido hasta el hartazgo, cada uno tiene una posición tomada al respecto, que debe ser respetada. La realidad es que, les guste o no los que están del otro lado del mostrador, hay gente que no es tímida a la hora de hacer una reseña negativa y Boak & Bailey ofrecen consejos para poder lidiar con ellas de una manera adecuada. A nadie le gusta que le digan que está haciendo algo mal, seamos sinceros, pero una persona que espera dinero a cambio de sus productos o servicios está obligado a aceptar las reglas del juego, y estas incluyen las reseñas negativas (más allá de los justas o injustas que estas sean).

Y ya que estamos con reseñas, un blog de cine explica por qué ellos creen que los puntajes con estrellas (o lo que sea) no funcionan y propone un método alternativo para calificar películas. Un sistema de doble puntaje basado en calidad y potencial de repetición (es decir, qué tanto te gustaría volver a ver la misma película). Se podría aplicar muy fácilmente a la cerveza, calidad y tomabilidad (en el sentido qué tanto te gustaría volver a tomar una cerveza dada en el corto plazo), al cual yo agregaría disponibilidad, ya que al ser un producto de consumo, una cerveza que yo puedo comprar cuando a mí se me ocurre, siempre va a ser mejor que aquella que solo puedo comprar cuando se le ocurre a su elaborador/distribuidor.

Un poco de humor también, gentiliza de Pete Brown, que en su Twitter preguntó cuántos blogueros cerveceros hacen falta para cambiar una lamparita, y en su blog publicó una recopilación de las mejores respuestas.

Para cerrar, la huevada del mes. Iba a dedicarle una entrada completa, pero decidí que no valía la pena. Sin más les presento a VG Nostrum, la "Cerveza Gastronómica". (y yo que pensaba que "Gourmet" era el apelativo más boludo)
Na Zdraví!

5/9/12

Esta semana en el Prague Post

No tengo tiempo para traducir, así que si quieren saber de qué se trata První Pivní Extraliga van a tener que ir a esta página. Si la cosa afloja un poco, voy a tratar de traducirlo.

Na Zdraví!

3/9/12

Conclusiones catadas


Estuve pensando un poco más durante el fin de semana sobre el tema de las degustaciones, etc. y su aporte a la cultura cervecera (todavía no estoy seguro si la "cultura cervecera" existe o no, pero digamos que sí) y he llegado a algunas conclusiones.

En los comentarios, se mencionó más de una vez la palabra "aprender", se dijo que la gente "aprende" en estos eventos. ¿Aprender qué? ¿Aprender a beber? Alex Padró no es alguien con quien coincido muy a menudo, pero sí que la pegó con este comentario, cuando dijo que a beber aprendés a los 2 años, así que ya nadie te lo puede enseñar. ¿Aprender a disfrutar de la cerveza? ¿Me están queriendo decir que hasta que no me informaron sobre la temperatura y el tipo de vaso adecuado para servir un Barley Wine no disfrutaba de la cerveza, o no sabía hacerlo? ¿Qué son, pelotudos o se creen ya tan superiores que son unos imbéciles? (y esto va también para mi yo de hace unos años). ¿Aprender a apreciar la cerveza? ¿De qué estamos hablando, de arte moderno? Para apreciar la cerveza no hace falta mucho más que prestarle atención a lo que se está bebiendo, ahí está el secreto.

Lo que estos eventos ofrecen es información y consejos de parte de gente con experiencia y conocimientos en la materia (o al menos así debería ser). Pero tomar cerveza no es una actividad creativa en donde es necesario saber emplear ciertas técnicas y seguir ciertos procedimientos para llegar al resultado deseado; es un acto de consumo. Si a mí se me ocurre poner aquel Barley Wine media hora en el freezer y después tomarlo de la botella, la cerveza no habrá cambiado, lo que cambia es la experiencia y si esa experiencia me satisface, entonces no hice nada mal.

Esto no significa que datos como temperatura de servicio o, hasta cierto punto, los vasos son una huevada. Bajo ningún punto de vista, tienen su razón de ser, y nadie la discute, pero todo eso termina subordinado a los gustos de cada uno. Recuerdo cuando le dije al maestro cervecero de Pardubický Pivovar que a mí me gustaba tomar la Porter a "temperatura ambiente". El tipo no lo pudo entender, pensó quizás que estaba un poco loco. El creía que la cerveza era mejor cuando estaba más fría. ¿Quién tenía razón? Los dos. Este hombre conoce la cerveza mejor que nadie, pero nadie conoce mis gustos mejor que yo, y la experiencia me dice que, para mi gusto, Pardubický Porter es mejor a "temperatura ambiente".

Pero más allá de lo valiosos y prácticos que puedan resultar toda esta información y consejos, no son más que conocimientos y tener conocimientos no es lo mismo que tener cultura. Yo puedo haber estudiado mucho sobre religiones, puedo haber leído atentamente sus libros sagrados y puedo ser capaz de explicar el significado de sus liturgias y símbolos (no lo soy, pero me gustaría), pero como soy ateo no tengo cultura religiosa, a diferencia de un creyente y practicante que participa de los rituales y observa los festivales con convicción a pesar (o quizás debido a, pero ese es otro tema) de que sabe poco y nada sobre su historia y simbolismo. Con la cerveza es parecido, podés tener un tipo que ha leído mucho, que ha evaluado y probado miles de cervezas de todo el mundo,  que participa habitualmente de, o incluso organiza y da, cursos de cata, degustación o apreciación, pero solo toma cerveza en casa o, a lo sumo, en catas privadas con otras personas similares. A lo mejor se cree "culto", pero si no participa del ritual de la cerveza, es decir, si no la cosume en un bar, taberna, etc. no tiene cultura, ya que la cultura, por definición, es algo público y participativo, y ahí está la clave.

Estos eventos rara vez tienen en cuenta un factor de suma importancia, que la cerveza (su disfrute y eventual cultura) no se trata solamente de lo que se tiene en el vaso, sino también del momento, la situación, el lugar y la compañía en los que es consumida.

Ya les conté sobre la mejor cerveza (comercial) que tomé en mi vida, en Creta, una Euromacrolager servida a la griega, helada en un vaso recién sacado del freezer. Los que saben dicen, no sin razón, que esa no es la manera que una cerveza debe ser consumida. Los que saben no hicieron los 16km de la cañada de Samaria con 30ºC a la sombra. Esa birra en ese momento y lugar fue deliciosa y con gusto la volvería tomar en un momento y lugar similar. Más cerca de casa: por más brillante que sea la IPA de la casa en Pivovar Strahov, no puede con Kozel en U Černého Vola.

Es que tomar cerveza no es una ciencia, no existen los absolutos, ni siquiera las reglas. El otro día lei a alguien que decía que la cerveza siempre debe ser tomada en vaso de vidrio, explicaba muy bien por qué y tiene toda la razón, pero todos esos argumentos se desvanecen cuando estás en Franconia tomando Kellerbier en un jarro de cerámica (de hecho, he descubierto placer de tomar en casa lager de un jarro de cerámica y les juro me parece mejor que en vidrio, y miren esta foto y díganme si no es una hermosura). Es más, tengo que confesar que en ciertas circunstancias, no tengo ningún problema en tomar birra de vaso de plástico o incluso directamente de la botella o lata, aunque más nos sea porque es más cómodo y no tengo ganas de andar cuidando un vaso que a lo mejor voy a terminar rompiendo o perdiendo. Si en esas situaciones estuviese tomando de un vaso de vidrio, no disfrutaría tanto del momento y, por ende, tampoco de la cerveza.

No quiero decir con toda esta sanata que las catas, los cursos de apreciación o como quiera que se llamen son algo negativo, para nada. Se los puede considerar artificiales y hasta ajenos a la cerveza y su cultura, pero hay que admitir que, bien hechos, pueden ser interesantes y hasta entretenidos, y son excelentes para el marketing (porque seamos sinceros, la mayoría son en realidad eventos promocionales) y además, ¿qué hay de malo en divulgar información y presentarle alternativas a los consumidores?

Pero más allá de lo que cada uno de nosotros piense sobre estos eventos y de su aporte a la cultura cervecera, más allá de si existe una "cultura cervecera", hay una verdad casi universal en la que creo todos vamos a coincidir: tomar es siempre mejor que catar.

Na Zdraví!