30/8/12

Catados pensamientos


Últimamente parece haber una epidemia de catas y degustaciones de cervezas. Creo que no pasa un día sin que lea sobre alguna que se está por llevar a cabo y me han hecho preguntarme si estas catas realmente aportan algo a la Cultura Cervecera, y cuanto más lo pienso, más me parece que no.

No estoy hablando acá de las catas que son en realidad la presentación de un elaborador; esas me parecen copadas porque suelen dar la oportunidad de conocer a la gente detrás del producto, lo cual siempre me resulta interesante. Tampoco estoy hablando de las cenas maridaje, ya que las considero un juego culinario en donde la cerveza puede ser tranquilamente reemplazada con cualquier otra bebida y el resultado va a ser escencialmente el mismo, una nueva experiencia sensorial para los participantes. Me refiero a las catas guiadas.

Ya he hablado de mamarrachos como este o este, gente que organiza catas o cursos de cata y apreciación con el único objetivo de separar a los incautos de su dinero aprovechando una moda mientras desparraman desinformación. Por suerte, hay gente seria, que sabe algo del tema y organiza este tipo de eventos con las mejores intenciones. Su objetivo enriquecer la Cultura Cervecera, presentar a la cerveza como una bebida y no como una marca, etc. (además de, en ocasiones, promocionar también sus locales, lo cual me parece fenómeno). Todo bien, pero después veo una foto como la de abajo (fuente) y se me cae el corazón.
He visto varias otras fotos parecidas, gente sentada como en una escuela, tomando nota y escuchando atentamente lo que alguien dice con un vaso en la mano. Todo demasiado solemne, o al menos esa es la impresión que me queda.

Pero el mayor problema para mí es la manera en que las catas suelen estar armadas. Un rejunte de cervezas de diferentes estilos con poca, si es que alguna, relación entre ellas. La idea con esto es demostrar la infinita variedad que la bebida ofrece. Pero para eso no hace falta un curso, solo basta con ver las etiquetas para darse cuenta.

En mi página de Facebook, Alan McLeod recomendaba evitar este tipo de eventos y usar la plata para comprar cervezas nuevas cada mes, confiando en la habilidad que cada uno tiene para aprender y encontrar sus propios intereses. Sabias palabras. Pocas cosas son más gratificantes que aprender algo por uno mismo, ¡máxime cuando es algo tan fácil como tomar cerveza! En tiendas o bares especializados suele haber gente capaz de recomendar y guiar, solo basta con preguntarles.

Sin embargo, es cierto que hay gente que necesita que la lleven de la mano, que difícilmente se animaría a comprar algo sobre lo cual sabe poco y nada y quizás estas degustaciones les ayudan a perder el miedo. Pero podrían hacerse de otra manera. Pivní Rozmanitost, por ejemplo, organiza catas temáticas con un cierto número de cervezas de un mismo estilo o categoría. No hace falta prestar demasiada atención para darse cuenta que una Stout es distinta a una Weizen, solo hace falta mirarlas; pero encontrar las diferencias entre cuatro o cinco cervezas que en los papeles son lo mismo ya es otra cosa.

Pero incluso con este y otros tipos de degustaciones, me parece que esta clase de eventos, en general, no aportan nada a la cultura cervecera. Miren de nuevo la foto. La cerveza no es algo hecho para olfatearse y tomar de sorbitos en medidas de 0,1l mientras se escucha a alguien dictar qué aromas y sabores se supone se tienen que encontrar, la cerveza está para ser tomada y disfrutada. Si la gente del otro lado del mostrador quiere enriquecer nuestra cultura cervecera, deberían entonces ayudarnos a que disfrutemos mejor de nuestras cervezas. Los elaboradores deberían dar más información y trabajar un poco más con comerciantes y hosteleros para que sus cervezas lleguen al consumidor en la mejor condición posible. Faltando esto, el resto son puras charlatanerías.

Todo esto me ha generado otra pregunta, una pregunta más grande: ¿Existe la "Cultura Cervecera" o es solamente una fantasía que a todos nos gusta creer y difundir?

Na Zdraví!

29/8/12

El Radlergate


Luego de aquella cata de Radler en Czech Radio (de la cual hablé un poco acá), se me ocurrió hacer algo parecido con los radlers de las cerveceras más pequeñas y ver cómo se comparaban con los de las macros. Decidí que no valía la pena. No tenía sentido gastar tiempo y dinero en algo que seguramente no disfrutaría, habiendo tantas cervezas en serio que me encantan. (Si están curiosos, První Pivní Extraliga hizo en junio una cata, con interesantes resultados).

Más allá de que estos productos me gusten o no, la realidad es que son bastante populares y puedo entender por qué: son refrescantes, fáciles de tomar, dulces y tienen algo de alcohol. A los ojos de muchos, son una mejor alternativa a las gaseosas o la cerveza sin alcohol. No es de extrañarse que los elaboradores, en especial los más grandes, están encantados con ellos.

Como sucede con todo lo que se vuelve muy popular, tarde o temprano pasa que algunas personas lo empiezan a ver con un ojo más crítico y los radlers no son excepción. De repente la Internet descubrió que estos menjumjes contienen aditivos químicos. La cosa se difundió de tal manera que hasta llegó al noticiero de TV Prima (acá, un poquitín después de los 19'). ¡Pero qué sorpresa, che!

No voy a ponerme a discutir si estos aditivos, o algunos de ellos, son perjudiciales para la salud (el argumento de que algunos están prohibidos en USA y Canadá es débil, hay aditivos y prácticas prohibidas acá que son legales allá). Dicho esto, no estoy de acuerdo con su uso, los veo como un sustituto barato de ingredientes naturales (que suelen saber mejor). Por ejemplo los endulzantes artificiales, la verdad que no puedo entender a la gente que voluntariamente consume esa porquería.

Por otro lado, Staropramen ofrece un muy lógico motivo por el cual usan aspartame, etc. en Cool:
Para los que no saben checo, lo que el vocero de Staropramen explica es que usan edulcorantes para mantener bajas a las calorías, porque así es como los adultos jóvenes, en especial las mujeres, lo quieren.

¡Mentira! Que yo me acuerde, Staropramen Cool, Lemon o Grep, nunca han sido vendidos como "light" o "bajas calorias", ni siquiera se lo menciona en la página web del producto. Siempre han sido vendidos como un refresco bajo en alcohol; y lo mismo puede decirse del resto. Lo único que quieren mantener bajo con los edulcorantes son los costos.

En mi segunda semana en la facultad, nuestro profesor de marketing (y tipo que sabía un montón y en ese momento estaba trabajando en la industria alimenticia) nos hizo la siguiente pregunta: Si el azúcar es el ingrediente más caro ¿Por qué las mermeladas y jaleas light cuestan más que las normales?. La respuesta era bastante fácil, porque hay tontos que las compran pensando que están recibiendo más valor, o algo por el estilo. Lo que nos sorprendió, sin embargo, fue saber que los edulcorantes eran más baratos. Y esta no es la única manera en la que los cerveceros ahorran plata.

La otra vez, con Jan Šuráň, no hablamos solamente de la Asociación de Microcerveceros, hablamos también de cerveza, de elaboración y la industria, y entre los temas que tocamos estuvo el de los radlers. Honza me contó que el motivo principal por el cual usan endulzantes artificiales son los impuestos.

Tal como en, creo, la mayoría de los países, la cerveza en la República Checa es gravada en base a la densidad del mosto, medida aquí en grados Balling. Básicamente, se trata del porcentaje de sólidos (azúcares en su mayoría) que hay en el mosto antes de que empiece a fermentar. Cuanto más alto sea el porcentaje, más alto es el potencial alcohólico. Por algún motivo, siempre pensé que este impuesto se pagaba antes de que la cerveza fermente. Estaba muy equivocado, se paga por el producto terminado. La densidad orginal puede calcularse fácilmente con la densidad final y el porcentaje de alcohol.

Los Radlers son una mezcla de cerveza con gaseosa. En este caso, el impuesto nose grava a la cerveza, sino al producto que va en la botella, la bebida ya mezclada. Si se usase una bebida endulzada con azúcar, esto incrementaría la densidad final y, por ende, el producto tendría que pagar un impuesto más alto. Los elaboradores no quieren eso.

Pero bueno, calculo que todo esto te importa un joraca si sos alguien a quien le gusta este tipo de productos. Seguí tomándolos, ¿quién soy yo para decirte lo contrario?

Na Zdraví!

22/8/12

Esta semana en el Prague Post

Hablé con Jan Šuran, presidente de la Asociación de Microcervecerías Checas, que me contó sobre esta organización, su trabajo y sus planes.

Yo estoy con las bolas llenas del calor y con pocas ganas de traducir, así que si quieren leer, ya saben dónde ir.

Na Zdraví!

20/8/12

17/08/2012 El día que entendí Saison


Es la tardecita (o lo que los checos genialmente llaman podvečer) de un día algo caluroso. Estoy sentado en mi terraza, disfrutando de la sombra, la brisa y de estar solo en casa. Estoy escuchando un mix de Dr. John, Sly & The Family Stone y Paul Butterfield Blues Band. Todo está sonando a un volumen que estaría prohibido si mi familia estuviese en casa. Pocas cosas son más catárticas que pasar música a todo taco, sabiendo que no vas a molestar a nadie.

Un par de días antes compré una botella de Saison Dupont porque sí. Nunca he sido un fan de las Saisons y no he sido capaz de entender el por qué hay tantos frikis cerveceros que lo son. No es que me disgustan, sino que si me dan a elegir, prefiero tomar otra cosa. Siempre tuve la impresión de que este estilo (¿o familia?) no era más que una cerveza de sesión común y corriente llevando un traje que no le queda bien. Un albañil que se coló en una fiesta cheta y espera que nadie se de cuenta.

Pero acá estoy, con los pies sobre la mesa, una tablita con un pedazos de queso ligeramente aromático bañado en cerveza al lado mío y listo para servir la Dupont. Tomo el primer trago, lo revuelco un poco en el paladar, el segundo trago es para bajar un poco del queso y ahí es donde me cae la ficha. No sé si es por la música (hay una especie de conexión entre el mix de Blues-R&B-Funk y la birra), el clima o quizás la vista del campo recientemente cosechado detrás de nuestro jardín, pero miro al diseño retro de la etiqueta y empiezo a ver las cosas de diferente manera.

Resulta que no se trata de un albañil que se coló en la fiesta, sino de un tío del campo que alguien trajo y le dio el traje. No se ha olvidado, ni reniega de sus orígines, pero está disfrutanto de toda la atención, mientras que le resulta divertidamente curiosa la reverencia con la que le tratan.

Siguen sin ser mi tipo de cerveza favorito, pero ahora sí puedo decir que me gustan las Saison. Me encanta su suave y compleja rusticidad y su algo conflictuada personalidad. Creo también que de alguna manera extrañan aquellos simples días en los que la gente las tragaba "solamente" para calmar la sed, en lugar de tomarlas de a traguitos de una copa con forma de tulipán, o lo que sea (si pudiesen hablar, quizás dirían que por ello están un poco celosas de las lager rubias).

Pero bueno, una Saison es una buena compañía para una tardecita de verano; tan buena compañía como un tío del campo que ha visto mucho y todavía le gusta tomarse todo en joda.

Na Zdraví!

17/8/12

Fin de semana épico en Varnsdorf


He pasado a formar parte del grupo de blogueros/autores cerveceros conformado por, entre otros, Ron Pattinson, Martyn Cornell y Velký Al. He tomado parte activa en la creación de una cerveza nueva.

Todo empezó en febrero de este año, cuando Gazza Prescott, de Steel City Brewing Co., estuvo de visita por estos pagos. Nos encontramos en Zlý Časy y estábamos hablando del impacto de la crisis en el financiamiento del teatro independiente, o alguna cosa por el estilo, ya no me acuerdo bien, cuando de golpe, y sin que nos diésemos cuenta, la charla empezó a girar en torno a la cerveza. Entre las muchas cosas que hablamos, estuvo The Grim North, el restulado de una colaboración entre la micro catalana Marina y Steel City, que fue bastante bien recibida.

Le pregunté a Gazza si le gustaría hacer algo parecido acá. Le tomó un par de milisegundos para contestar que sí. Le pregunté entonces a Hanz si no quería participar también. Contestó todavía más rápido. Empezamos a hablar sobre qué tipo de cerveza podríamos hacer. Al principio pensé en alguna de esas loquísimas IPA's escocesas del siglo 19 que Ron estaba presentando en su blog, pero Gazza dijo que le gustaría hacer algo más checo, y tenía razón. Elegimos Baltic Porter, no hay demasiadas lagers oscuras fuertes, a pesar de que existe una buena tradición con ellas.

Kirsten England, conocido por Let's Brew Wednesdays, tuvo la gentileza de mandarme una receta de una Baltic Porter que Gazza retocó un poco antes de que se la mandásemos a Pivovar Kocour, a donde la fuimos a elaborar el pasado fin de semana.
Gazza, Hanz y yo llegamos a Varnsdorf alrededor de las 9 de la mañana el sábado. Fuimos recibidos por Pepa, el dueño de la cervecería, y Standa y Martin, los cerveceros. Nos pusimos a trabajar casi de inmediato. Hubo que hacer algunos ajustes a la recete y la manera en que sería cocida, macerado de doble decocción, por supuesto, es una lager después de todo.
Una vez que las maltas especiales (Carafa special I, Carared and Munich I) fueron al molino (las maltas Pilsen tienen su propio y muy grande molino), fuimos a la sala de cocción ya con una birra en nuestras manos*. Los tachos de Kocour son una obra de arte. Datan de la decada de 1950, fueron originalmente empleados por el Instituto de Investigación Cervecera cuando tenían su boliche en la cervecería de Braník. Kocour se lo compró a Černokostelecký Pivovar hace un par de años. Están hechos de cobre, calentados por vapor. Es algo hermoso de mirar y cuando se lo toca uno tiene una sensación que el acero inoxidable no le da, como si fuese un alma. Todos nos enamoramos de ellos.
Una vez que el macerado empezó, nos encargamos de lo otro que habíamos venido a hacer, comer y beber, en especial beber. ¡El morfi estuvo de 20! Caldo de ciervo con albondiguitas de hígado para el desayuno, guláš de ciervo para el almuerzo, codillo de cerdo ahumado y asado para la cena, y un paté de ciervo para la merienda de la medianoche. Todo casero, todo delicioso. Entre esto y aquello le pasamos lista a casi toda la línea de Kocour. No tengo demasiado que agregar sobre las Ales de la casa (lamentablemente la Stout no estaba disponible), en términos generales, son bastante buenas. Lo que me sorprendió fueron las lagers. Tanto la tmavý como la světlý ležák eran una maravilla. Con toda la atención que su línea de cervezas de fermentación alta recibe, es fácil olvidarse qué tan bueno es Pivovar Kocour a la hora de hacer lagers.
Mientras comíamos, o cuando no teníamos que estar en la sala de cocción, hablámos de cerveza y su elaboración. Discutimos la posibilidad de añejar en barrica la X-31 (pedazo de monstruo), Gazza nos explicó los principios del acondicionamiento en botella (Kocour intentó hacer algo con ello una vez, pero no salió bien) y tanto durante las charlas como durante la cocción todos aprendimos mucho, en especial yo.

Y ya que estoy hablando de comer y tomar, quería aprovechar para decirles algo más sobre el boliche en Kocour. Realmente vale la pena visitarlo. Tiene uno de los bares más bonitos del país. En los jardines hay animales de granja corriendo por acá y allá. Una vez que hagan realidad sus planes de agregar algo de alojamiento en las instalaciones, va a ser un muy buen destino para toda la familia.
De vuelta a la cocina. Desde el momento en que las maltas empezaron a ser molidas, hasta que el mosto fue al fermentador, pasaron 14 horas. El recirculado fue eterno y tuvimos que esperar un buen rato hasta que empezó el hervor. Gipsy Porter (tal es su nombre) va a ser una cerveza grandota. Queríamos 19º balling, tuvimos casi 20º. Es negra, bien negra, más negra que ojete de gorila y el mosto estaba riquísimo. Estamos todos muy, muy entusiasmados y ya no podemos esperar a poder tomarla en un par de meses.
Fuimos al hotel después de la medianoche, cansados, algo ebrios, pero con esa sensación de satisfacción que se tiene después de haber creado algo.

Volvimos a Kocour a las 9 del domingo. Tuve uno de los mejores desayunos de mi vida, paté de ciervo casero y SUB-Nahradník bajo el suave sol mañanero. Cuando nos despedimos había un vínculo especial entre nosotros, uno más profundo y fuerte que antes, y se podía ver en los ojos de cada uno esa mirada que dice "¡Puta madre! ¡Tenemos que volver a hacer esto algún día!".
En lo personal, esta ha sido una experiencia fantástica. Después de más de cinco años de sanatear y escribir sobre cerveza, por fin he tenido la oportunidad de cambiar el paisaje cervecero de una manera tangible, aunque esto no signifique mucho más que un arbustito en la ladera de una colina. Desde el fondo de mi alma quiero agradecer a Gazza, Hanz y el equipo de Pivovar Kocour por hacer esto posible.

Na Zdraví!

16/8/12

Escándalo Innecesario


La comunidad birrera española se puso en armas el otro día al anunciarse que no una, sino dos catas de cervezas habían sido prohibidas por DAMM, la macro catalana. Una de ellas había sido organizada un bar, la otra, por una tienda especializada en cervezas belgas, y ambas se debían llevar a cabo en el marco de un evento llamado la Festa Major de Gràcia, del cual la cervecera es patrocinador.

La tormenta de ira e insultos que estó desató hacia DAMM no puede sorprender a nadie; sin embargo, lo que esta empresa hizo fue hacer valer la letra de un contrato de patrocinio (lo cual tampoco debería sorprender a nadie). Este contrato fue firmado de con los organizadores del evento, quienes recibieron algún dinero a cambio de darle a DAMM la exclusividad para vender cervezas durante los festejos. Algunos puede que no les guste, pero la exclusividad a cambio de patrocinio es algo que se viene haciendo desde siempre y en términos generales (y más allá de algunos abusos olímpicos), yo no veo mucho de malo en ello, es más, me parece algo positivo ya que ambas partes salen beneficiadas.

La ira cervecera entonces, debería ser dirigida un poco más hacia los organizadores de la Festa de Gràcia, no tanto por haber aceptado el dinero y las condiciones de DAMM (después de todo, la fiesta esta no es un evento cervecero), sino por haber aceptado, o hasta sugerido, que estas catas se lleven a cabo. Conocían la letra del contrato, lo firmaron de manera voluntaria, nadie les torció el brazo, así que ahora no se pueden hacer las víctimas ni venir con la excusa de que tienen las manos atadas. Al mismo tiempo, DAMM, ni nadie, pueden ser criticados por querer ejercer sus legítimos derechos.

Dicho esto, los de DAMM son una manga de pelotudos, o al menos hay gente en la empresa que lo es. Todo esto está a un periodista aburrido de convertirse en el tipo de escándalo de poca envergadura que le encanta a la internet, el de un gigante aparentemente abusando de su posición para perjudicar a pequeños empresarios.

Esto me hace acordar a los tropezones de relaciones públicas que Plzeňský Prazdroj sabe tener. Dos ejemplos, la multa que le pusieron a un par de hosteleros que habían decidido de manera unilateral rescindir sus contratos con la cervecera y la denuncia que le hicieron a Kout na Šumavě hace algo más de dos años. En ambos casos, Prazdroj estaba respaldado por la ley, pero eso no significa que no hayan quedado como unos hijos de puta ante la opinión pública (además de darle prensa a Kout). Con DAMM pasa exactamente lo mismo, al tomar esta actitud no se dan cuenta que el riesgo es mucho mayor al supuesto beneficio. Nadie va a una celebración popular como las Festes porque quiere catar cervezas "artesanas" o belgas o lo que sea, van para divertirse de la mejor manera que les de la cabeza y el bolsillo, y saben mejor que nadie que las micro cervezas, bajo ningún punto de vista, son competencia para las macros, y mucho menos en España.

Pero este es un síntoma de los tiempos, Prazdroj y DAMM no son los únicos que han hecho pelotudeces parecidas (o peores). Este es el tipo de actitudes que sugieren un pánico incipiente ante el estancamiento, sino la caída en las ventas, ante el quiebre del modelo de expansión continua que tan bien les funcionó en las últimas décadas (si los números de Pivovary.info para 2008 son correctos, entre ese año y este, el volumen de producción de Prazdroj cayó en más de 3 millones de hl). Estas actitudes, por otro lado, son producto de empresas que han perdido todo contacto con la realidad, empresas que toman todas sus decisiones basados en estudios de mercado, pronósitcos, estadísticas e indicadores económicos. Puede que sepan muy bien lo que las masas quieren tomar, pero ya no tienen puta idea de lo que la gente piensa.

Na Zdraví!

PD: Estoy al tanto que esta no es la primera vez que DAMM hace algo por el estilo. El par de casos de los cuales sé algunos detalles son muy parecidos a este, la empresa exigiendo se cumpla con un contrato.

15/8/12

Un par de pensamientos desconectados


Iba a escribir sobre otro tema hoy, algo que seguramente les hubiese encantado. Van a tener que esperar, lo que vi y experimenté en un corto recorrido cervecero el otro día me puso a pensar sobre un par de cosas.

Todo empezó en Valašská pivnice, un boliche relativamente nuevo en Hradčany. Había visto buenos comentarios sobre él y tenía curiosidad por las cervezas que sirven, BON, una fábrica que por algún motivo creí que había desaparecido. El lugar es bastante lindo. Está en un sótano abovedado, bien decorado (me encantaron los muebles), muy acogedor. Encontré una mesa libre y esperé a ser atendido, y esperé y esperé. La camarera paso por mi mesa varias veces y justo cuando me estaba empezando a irritar y listo para irme a la mierda, ella me vio y vino hecha una bola de disculpas. Cuando me trajo la cerveza, todavía se estaba disculpando. Acepté todas sus disculpas con una sonrisa, la piba estaba bastante ocupada corriendo de acá para allá para atender a los turistas rusos. De ahí en más fue fantástica, simpática y muy atenta.

Esto me hizo pensar sobre el servicio en tabernas y lo mucho que se lo critica. Si bien me he encontrado con un buen número de tarados, la verdad es que, en términos generales, estoy satisfecho con la manera que me atienden en la mayoría de las tabernas locales. Es cierto que no soy muy exigente, no espero que los camareros me sonrían, que finjan ser mis amigos o que me pregunten qué tanto me gustó la comida cuando no les podría importar menos; siempre voy a preferir el gruñido auténtico a la sonrisa falsa. Básicamente, lo que quiero es ser tratado con un mínimo de respeto, que me sepan responder a cualquier pregunta razonable y que me traigan mis birras y cualquier otra cosa que pueda llegar a pedir sin demora innecesaria, y eso es lo que recibo en la mayoría de las tabernas. (De más está decir que ayuda mucho evitar tratar a los camareros como si fuesen sirvientes)

Pero bueno, a las cervezas. La rubia Starovalašský Kvasničák estaba servida espantosamente fría y tenía un toquecito acético que no le quedaba del todo bien. Una vez que tomó algo de temperatura, las notas de pan de las maltas pusieron un poco de orden y, si bien nada memorable, la birra terminó siendo bastante buena. La oscura Rubín 14º estaba todavía mejor (y servida a la temperatura correcta). La acidez seguía ahí, pero ahora envuelta en una delgada capa de frutas oscuras. Hubiese sido bastante aburrida si no fuese por las notas de café dulce que llegan corriendo al final. Prefiero las cervezas oscuras con más tostado, pero estaba muy linda y terminé tomando dos.

Me gustó Valašská pivnice. Los precios son más que razonables para la zona (36-38CZK/0.5l de birra) y parece atraer a no solo turistas. Sin duda una buena opción si se está en el barrio.

Cuando me fui, luego de prometerle a la camarera que sí, volvería, bajé por Úvoz hacia Nerudová y U Kocoura. Casi al final de esta calle veo un cartel de Žatec colgando a la entrada de un barcito, bonito el lugar. Me posé en uno de los bancos y pedí una cerveza. No estaba buena, Žatec 11º filtrada y pasteurizada no ha sido jamás una gran cerveza, y esta no estaba muy bien tirada. Le pregunté al barman (que resultó ser el dueño) qué tal le gustaba esta cerveza a la gente, lo cual inició una charla sobre cerveza y bolilches que duró unos cuantos minutos. En síntesis, es un ejemplo de lo que decía el otro día, más y más gente está prefiriendo, o al menos aceptando, marcas regionales. Esto también está ayudando a los hosteleros, el pibe este me dijo que cuando se hizo cargo del lugar, no quiso mantener a Pilsner Urquell porque todos los otros boliches del barrio tenían esa marca. La cerveza no estuvo muy buena, pero la charla sí lo fue, y gracias a ella terminé disfrutando de la cerveza.

Le puse fin a la tarde en U Kocoura, tomando maravillosamente servida Bernard sin filtrar traída a mi mesa por un tío de seño fruncido, pero muy eficiente, en una hospoda que es lo que todas las hospody deberían ser, mientras pensaba en todo lo de arriba y en por qué mierda la gente de Galerie Montanelli cerraron el pasaje a Baráčnická Rychta desde Nerudova.

Na Zdraví!

13/8/12

El Factor "Dónde"


Sin tener en cuenta el precio, estoy seguro de que si les diese a elegir entre las cervezas de Velkopopovický Kozel y las de Pivovar Strahov (alias, Svatý Norbert) la gran mayoría de ustedes (sino todos) elegirían las de Strahov sin pensarlo media vez; es que son muy, muy buenas.

Sin embargo, a menudo pasa con la cerveza que no es tanto lo que se toma, sino dónde se lo toma y, volviendo a Kozel y Sv. Norbert, si tiramos el factor "dónde" la elección ya no es tan fácil, o sí. Les cuento.

El otro día a la tarde tenía un plan: ir a tomar de birras rápidas a U Černého Vola, al cual no visitaba desde aquella vez que su existencia estuvo en riesgo. De ahí ir a Pivovar Strahov, para probar la Weizen veraniega y tomar su sobresaliente IPA; y terminar la sesión en un nuevo lugar que abrió cerca de Hradčanská antes de tomarme el bondi a casa. Fracasé, no hice tiempo para la última parada y la culpa fue de U Černého Vola.

Entré y saludé al výčepní. De golpe oigo una especie de gruñido atrás que me pregunta "Pivo?". Era el camarero. Dije que sí y encontré lugar en una mesa ocupada por una pareja de rusos. La cerveza llegó bien rápido y bien tirada.

Era mi primera birra del día, una Kozel 12º. Prácticamente se desvaneció por mi garganta. No hizo falta pedir la segunda.

El lugar se fue llenando. En un momento cerré los ojos por unos segundos para escuchar la banda de sonido: gente hablando, alguna risa y el "¡tum!" del camarero poniendo půl litry en las mesas. Una música casi celestial.

Estaba por terminar mi segunda birra ya sin demasiadas ganas de irme. Veo al camarero martillando las mesas con jarros llenos de Kozel. Cuando termina la ronda se da cuenta que le sobraba uno y me digo "si me lo da, me quedo". El tipo me debe haber leído la mente, o no, sin preguntar nada martilló mi lugar de la mesa con ese vaso y me quedé.

Al rato llegaron dos viejitos, cuyas birras también llegaron sin que nadie las llame. Me puse a charlar y reírme con estos dos tipos que cualquiera querría de abuelo. Me quedé una birra más, irse requirió un enorme esfuerzo de voluntad.

Llegué a Strahov. Me senté adentro. Hacía demasiado calor para sentarse en el patio y además estaba lleno de turistas. Una camarera me trajo mi Weizen rápido y con una sonrisa, otra camarera me trajo mi IPA rápido y con una sonrisa. Las dos cervezas estaban fantásticas, hermosas, sexy, de lo mejor que se puede tomar hoy día en Praga. Pero faltaba algo. Cerré los ojos para escuchar la banda de sonido: La radio, Europa 2 y esa música que suena como si hubiesen puesto un gato en un lavarropas viejo funcionando.

Terminé ambas excelentes cervezas y me fui a casa con ganas de volver a Vola y seguir tomando Kozel.

Na Zdraví

10/8/12

Pensamientos de viernes por la mañana


A algunos quizás les costará creerlo, pero yo no soy de esos que van predicando el evangelio de la buena cerveza a todo aquel que no quiera oirlo (a menos que esté mamado). En realidad, si no estoy entre gente interesada en cerveza, prefiero guardar mis opiniones; he aprendido a beber y dejar beber. Cuando estoy de invitado, soy capaz de desconectar ciertas partes de mi cerebro y tomar lo que haya, sin chistar, intentando disfrutar del momento y la copañía, con la cerveza como un condimento para hacerlos más amenos. Sin embargo, sucede muy a menudo que alguien me presenta como el tipo que "sabe cerveza", a lo cual casi invariablemente le sigue la pregunta de cuál es mi cerveza favorita, o algún otro gatillo conversasional parecido.

Lo que no me termina de sorprender en estas situaciones es encontrarme con gente que tiene muchas ganas de hablar de cerveza, lo mucho que se entusiasman al poder compartir sus experiencias con nuevas marcas y/o lugares. Nombres como Svijany, Bernard o Černá Hora, y más recientemente, Únětice se mencionan casi con reverencia. Esto demuestra que cada vez hay más gente que le ha perdido el miedo y la desconfianza a marcas alternativas a las más grandes, lo cual no es más que el primer paso para perderle el miedo a cervezas con colores, aromas, sabores, ingredientes e historias diferentes a los acostumbrados. Sin embargo, lo que es interesante es que la gente sigue hablando de marcas, porque sigue tomando "lo mismo de siempre" estilísticamente hablando. No fue sino hasta que lei esta entrada en el blog de Jeff que me puse a pensar en las implicaciones de esto y de por qué es algo bueno para el mercado y los consumidores.

En su blog, Jeff explica por qué él cree que la IPA es el estilo que define a la cerveza yanki. No me voy a poner a polemizar sobre ello (y si alguno quiere hacerlo, que vaya a la página enlazada), sino que voy a hacer una especie de paralelo con lo que sucede acá. Más allá del enorme crecimiento en la popularidad de estilos de fermentación alta, la República Checa es y seguirá siendo por siempre "Lagerlandia". El renacimiento de las regionales vino montado en jedenáctky dvanáctky y las lager rubias de algún tipo u otro siguen siendo, por lejos, la principal fuente de ingreso de las más de 130 micro cervecerías que hoy existen; de hecho, creo que se pueden contar con los dedos las micros que no tienen una světlý ležák.

La gran ventaja que estas cervezas tienen es que no hace falta explicarlas. Hasta el consumidor más obtuso sabe lo que significa Světlá 12º, no le va a tener miedo, es algo que reconoce, no necesita "estar preparado", no es necesario ningún tipo de transición. Tampoco existe el riesgo de que se asuste al primer trago al ser recibido por sabores u aromas completamente diferentes a los que está acostumbrado, y lo mejor de todo es que va a poder comparar de igual a igual esa Světlá 12º con aquellas que toma, o tomaba, habitualmente y es muy probable que le guste más. Lo que hay que tener en cuenta acá es que decir que la Trippel-Imperial-Barrel-Aged-Sour-Belgian-Black-IPA del día es mejor que Krušovice es una estupidez, porque, a pesar de que ambas sean "cervezas", son dos cosas demasiado diferentes como para poder compararlas adecuadamente, ahora, decir que Kácov 10º es mejor que Gambrinus 10º ya es otra cosa...

Esto, por supuesto, significa un riesgo para las macros checas, y lo saben. Están bien al tanto de que cada vez hay más gente que piensa que Gambrinus, Staropramen, etc. son aguadas, causan dolores de cabeza o, simplemente, son una mierda. No es casualidad que de golpe empezaron a vender algunas de sus marcas sin pasteurizar o sin filtrar o a asignarles una graduación balling específica. La cuestión es si no se les hizo demasiado tarde. El tiempo dirá.

No soy amigo de los chovinismos y estoy bien al tanto de las falcencias de la actual escena cervecera local y de lo interesante que son las escenas de algunos otros países, pero les juro que como buen cervezófilo que soy, no cambiaría a la República Checa por ningún país del mundo.

Na Zdraví!

8/8/12

Aguante Zlý Časy


No se puede creer lo que ha crecido Zlý Časy en los cuatro años que lo conozco. De ser un bolichón de barrio pasó a convertirse en el mejor lugar en Praga para ir a tomar cerveza, según la encuesta de un diario local, está entre los Top 50 en RateBeer y es EL lugar para ir a tomar buena birra. Recuerdo una visita un sábado a la noche a fines de 2008, estaba vacío; ¡hoy hay que tener suerte para encontrar un lugar donde pararse un lunes a la noche! A pesar de todo esto, Hanz, el dueño, no está listo para dormirse en los laureles, tal como lo demuestra el recientemente inaugurado bar.

Faltan terminar un par de detalles en la decoración, pero ya está funcionando el bar arriba, en lo que supo ser U Prince, ese tugurio de mala muerte con Staropramen, al que más de alguno terminó yendo pensando que estaba en el templo cervecero de Nusle.
El lugar está muy lindo, la verdad. 12 grifos, la mayoría con cervezas importadas de Alemania, USA, Holanda o Escocia. No fumador, bien iluminado. Casi que parece un café, pero en lugar de un capuchino, se puede tomar una IPA. Está abierto a partir de las 16 hasta las 2 o 3 de la matina. Vayan y vean.
Zlý Časy es un ejemplo de cómo hacer las cosas bien. Su crecimiento no fue apurado, fue bien planeado y requirió mucho esfuerzo e inversión. Hanz, un tipazo y un amigo, merece mucho reconocimiento, pero para mí, su logro más importante es que a pesar de todo, Zlý Časy sigue siendo ese bolichón de barrio del que me enamoré hace más de cuatro años.

Na Zdraví!

6/8/12

Lecturas seleccionadas: Julio


Gente de vacaciones y yo con bastante trabajo (por suerte), listado cortito esta vuelta, pero bien jugoso.

Empezamos con algo para leer en la playa, una fascinante historia de las Brettanomyces, por Martyn Cornell. He probado un par de cervezas 100% Brett. Me gustaron, sorprendentemente, le gustaron a mi mujer también. Entiendo por qué hay gente que se ha fanatizado con ellas, y entiendo por qué hay gente puede pensar que está tomando un cóctel de pis de gato y leche cortada. Si me dan a elegir, prefiero algo como Orval, con estos microorganismos cumpliendo un muy buen papel de reparto y no en el rol protagónico.

Mientras tanto, Pivní Recenze cavila sobre el significado de "Cerveza Premium" y llega a la sorprendente conclusión de que este se puede encontrar en alrededor de dos o tres carajos.

An Argentina, Ceresvis continua con su análisis de la escena cervecera local. Concuerda con mucho de lo que vengo diciendo ya hace un rato y de hecho, uno de sus párrafos fue en parte lo que me inspiró a escribir mi elogio a las macros (que fue sensación en Brasil).

Boak&Bailey presentan uno de los artefactos más útiles que se hayan inventado. Un aparato que dará por terminado más de un acalorado debate, el "Craftometer", capaz, entre otras cosas, de medir la pasión en partes por millón/mg. ¡Sensacional! Si alguno tiene un fetichista cervecero en la familia, ya sabe qué regalarle.

¿Qué fetichista cervecero? Adrian Tierney-Jones lo explica muy bien. La imagen que me queda es la de alguien que disfruta más de hablar de cerveza, de desear cerveza, de adorar algunas cervezas, que de tomar cerveza. Todos conocemos a alguien así.

El fetichismo cervecero me hace acordar a la pregunta más tonta que he visto en mucho tiempo, hecha en un foro de RateBeer: "¿Hay un prejuicio en los ratings cerveceros en contra de las macros?". Yo creo que existe un prejuicio en contra de casi cualquier cerveza que no sea difícil de conseguir/rara/extrema/cara, etc. Hace rato vengo pensando que los dueños de sitios como RateBeer deberían encontrar la manera de factorear precios y disponibilidad en los ratings, en donde menor precio y mayor disponibilidad favorezcan el puntaje. Pero bueno, ese no es problema mío, yo le doy a los puntajes cerveceros tanta importancia como a los resultados de las pruebas de tiro en los Juegos Olímpicos.

Na Zdraví!

3/8/12

Decisión difícil


Es media tarde, ya terminaste lo que sea que tenías que hacer hoy, estás cansado y tenés ganas de ir a casa, aunque resulta que estás cerca de tu local así que decidís que vas a parar ahí a tomarte un una o dos birras rápidas.

Se convierten en cuatro. Buena merca. Te sentís un poco mejor, pero decidiste que ya has tenido suficiente y vas a pagar la cuenta. Cuando estás pagando el camarero te pregunta con tono jodón "¿Cómo, ya te vas?". Le sonreís y de compromiso prometés que a lo mejor te das una vuelta mañana.

Justo cuando terminás de poner el vuelto en la billetera y agarrar tus cosas, otro camarero te mira con sonrisa atorranta y te dice, "mirá, está lloviendo".

No son soretes de punta (o pekineses de ojete, como decía un amigo), al menos no todavía, pero se puede ver gente ya con paraguas abiertos y otros apurándose para buscar algún refugio. Puteás a la lluvia, puteás al tipo este, te han obligado a tomar una decisión muy difícil, ¿mojarse un poco o emborracharse on poco?. ¡Taquelosreparió!

Está en tus manos.

Na Zdraví!

PD: Ningún premio por adivinar qué es lo que elegí yo.

1/8/12

La historia y la falta de jardines

La imagen que ven arriba (fuente) es de una vieja postal de Pivovar Praha-Vinohrady. Si nunca han oído de él es porque ya no existe. Fue estatizado en 1945 y más tarde sería cerrado. Por algún tiempo, su maltería siguió funcionando para proveer a Staropramen, quienes luego usarían las instalaciones como depósito. Un incendio enorme en 2000 destruyó gran parte de los edificios, curiosamente, esto sucedió justo cuando la empresa de desarrollo inmobiliario propietaria del lugar estaba teniendo algunos problemitas con las autoridades de preservación histórica de Praga. Pero bueno, lo que queda de la cervería se puede ver hoy en el "lujoso" complejo residencial  Korunní Dvůr. El único vínculo con su pasado cervecero es un restaurancito que vende Stella Artois (ahora que lo pienso, esta cerveza marida muy bien con el complejo, hecha lo más barato posible y vendida a un precio ridículo a gente que cree que está comprando algo especial).

Pivovar Praha-Vinohrady, o Akciový pivovar a sladovna v Praze XII-Vinohrady, como se lo llamaba oficialmente, era una cervecería bastante grande. Tenía capacidad para 150.000hl, lo cual haría grande incluso hoy día. Era también famosa por sus cervezas, el estudio de cine que albergaba y su jardín cervecero. Esos árboles que ven en la postal cubrían aquel jardín cervecero, era enorme y debe haver estado de putamadre. Mirar la imagen me hizo dar cuenta de que esto ya no es algo que se ven mucho en Praga, o incluso en la República Checa.

Para una ciudad con una cultura cervecera tan fuerte y tan identificada con la bebida, y teniendo en cuenta que a los checos les gusta mucho ir afuera cuando el clima está lindo, es notable la poca cantidad de jardines cerveceros que hay en la ciudad. Hay un montón de terrazas, boliches con algunas mesas en la vereda y patios cerrados, y algunos están bastante buenos, pero no es eso a lo que me refiero. Estoy hablando de árboles viejos y frondosos, mesas de picnic que uno puede terminar compartiendo con extraños, ese tipo de cosa, lo que se puede encontrar en casi todas las ciudades bávaras. Alguien alguna vez me dijo que fueron los Comunistas los que erradicaron este tipo de lugares, no sé, pero sí sé que es una lástima.

Por supuesto que estoy al tanto de la existencia de Riegrový Sady y Letná, cumplen con todos los requisitos, a excepción de uno, la birra ¡es horrible! Y Letná, ¿35CZK por Gambáč en vaso de plástico? ¡Me estás jodiendo! Por suerte, para nosotros, los amantes de la cerveza decente, no todo está perdido. He estado en un par de lugares que han puesto una sonrisa en mi rostro.
El primero ya había sido mencionado en un par de páginas web, el jardín cervecero de Restaurant Pražan, en Výstavýště, justo al lado de Stromovka. Hasta hace poco era un lugar con Staropramen, que ha sido reemplazada por Únětické Pivo (¿puede haber un cambio mejor?). Pasé por ahí hace unos días a la tarde, está lejos de tener la onda de Riegrák, y ni hablar de las vistas de Letná (aunque algunas de las chicas patinando eran una vista más que agradable) y las mesas de picnic son más bien minoría, sí tiene árboles y  Únětická 10° a 24CZK/0.5l casi compensa por las insuficiencias (más allá de los vasos de plástico). Lo que fue una linda sorpresa fue ver el logo de Chýně entre los grifos, tenían Černý también a 24CZK. Luego del primero sorbo de esa belleza (que creo era la Stout "magnética") me di cuenta que tenía la vista más hermosa y la mejor atmósfera justo enfrente mío.
El segundo jardín fue todo un hallazgo para mí. Lo encontré de casualidad cuando estaba en camino a otro lugar y, a pesar de que el tiempo no sobraba, no pude resistir el llamado de una birra rápida en una de esas mesas de picnic. se llama Klubovna, no sabía que existía. Según su página web, es una especie de club estudiantil que organiza eventos culturales, conciertos, etc. La cerveza es Černá Hora, no es mi favorita, pero no deja de ser el tipo de pivo que te alegra encontrar porque sabés que podría haber sido mucho peor (y parece que así fue, en esta foto en la página de Facebook de Klubovna se pueden ver unas sombrillas de Staropramen). Me gustó mucho este lugarcito, es un poco chico, pero tiene todo lo que tiene que tener. Me gustaría tener algunas fotos, pero el otro día cuando fui me encontré con un cartel que decía que estaba cerrado hasta el 12 de agosto, habrá que esperar hasta entonces para volver.

Estoy seguro de que hay otros lindos jardines cerveceros con linda cerveza. Mucho me han hablado sobre uno que está al lado del río, en la vera opuesta a Zbraslav, que tiene Kout y es muy popular con ciclistas y patinadores, y está también Divčí Skok en Divoká Šárka, uno de esos lugares que por motivos que no soy capaz de encontrar, nunca he visitado. Si saben de algún otro, avisen.

Na Zdraví!

Restaurant Pražan
50°6'19.677"N, 14°25'45.062"E
Areál Výstaviště 67, Praha-Holešovice
restaurant@restaurantprazan.cz - +420 601 348 313
Lun-Dom: 11-23

Klubovna
50°5'54.213"N, 14°23'18.311"E
Generála Píky, Praha-Dejvice
Lun-Jue: 15-01 Vie-Sáb: 15-02