3/9/12

Conclusiones catadas


Estuve pensando un poco más durante el fin de semana sobre el tema de las degustaciones, etc. y su aporte a la cultura cervecera (todavía no estoy seguro si la "cultura cervecera" existe o no, pero digamos que sí) y he llegado a algunas conclusiones.

En los comentarios, se mencionó más de una vez la palabra "aprender", se dijo que la gente "aprende" en estos eventos. ¿Aprender qué? ¿Aprender a beber? Alex Padró no es alguien con quien coincido muy a menudo, pero sí que la pegó con este comentario, cuando dijo que a beber aprendés a los 2 años, así que ya nadie te lo puede enseñar. ¿Aprender a disfrutar de la cerveza? ¿Me están queriendo decir que hasta que no me informaron sobre la temperatura y el tipo de vaso adecuado para servir un Barley Wine no disfrutaba de la cerveza, o no sabía hacerlo? ¿Qué son, pelotudos o se creen ya tan superiores que son unos imbéciles? (y esto va también para mi yo de hace unos años). ¿Aprender a apreciar la cerveza? ¿De qué estamos hablando, de arte moderno? Para apreciar la cerveza no hace falta mucho más que prestarle atención a lo que se está bebiendo, ahí está el secreto.

Lo que estos eventos ofrecen es información y consejos de parte de gente con experiencia y conocimientos en la materia (o al menos así debería ser). Pero tomar cerveza no es una actividad creativa en donde es necesario saber emplear ciertas técnicas y seguir ciertos procedimientos para llegar al resultado deseado; es un acto de consumo. Si a mí se me ocurre poner aquel Barley Wine media hora en el freezer y después tomarlo de la botella, la cerveza no habrá cambiado, lo que cambia es la experiencia y si esa experiencia me satisface, entonces no hice nada mal.

Esto no significa que datos como temperatura de servicio o, hasta cierto punto, los vasos son una huevada. Bajo ningún punto de vista, tienen su razón de ser, y nadie la discute, pero todo eso termina subordinado a los gustos de cada uno. Recuerdo cuando le dije al maestro cervecero de Pardubický Pivovar que a mí me gustaba tomar la Porter a "temperatura ambiente". El tipo no lo pudo entender, pensó quizás que estaba un poco loco. El creía que la cerveza era mejor cuando estaba más fría. ¿Quién tenía razón? Los dos. Este hombre conoce la cerveza mejor que nadie, pero nadie conoce mis gustos mejor que yo, y la experiencia me dice que, para mi gusto, Pardubický Porter es mejor a "temperatura ambiente".

Pero más allá de lo valiosos y prácticos que puedan resultar toda esta información y consejos, no son más que conocimientos y tener conocimientos no es lo mismo que tener cultura. Yo puedo haber estudiado mucho sobre religiones, puedo haber leído atentamente sus libros sagrados y puedo ser capaz de explicar el significado de sus liturgias y símbolos (no lo soy, pero me gustaría), pero como soy ateo no tengo cultura religiosa, a diferencia de un creyente y practicante que participa de los rituales y observa los festivales con convicción a pesar (o quizás debido a, pero ese es otro tema) de que sabe poco y nada sobre su historia y simbolismo. Con la cerveza es parecido, podés tener un tipo que ha leído mucho, que ha evaluado y probado miles de cervezas de todo el mundo,  que participa habitualmente de, o incluso organiza y da, cursos de cata, degustación o apreciación, pero solo toma cerveza en casa o, a lo sumo, en catas privadas con otras personas similares. A lo mejor se cree "culto", pero si no participa del ritual de la cerveza, es decir, si no la cosume en un bar, taberna, etc. no tiene cultura, ya que la cultura, por definición, es algo público y participativo, y ahí está la clave.

Estos eventos rara vez tienen en cuenta un factor de suma importancia, que la cerveza (su disfrute y eventual cultura) no se trata solamente de lo que se tiene en el vaso, sino también del momento, la situación, el lugar y la compañía en los que es consumida.

Ya les conté sobre la mejor cerveza (comercial) que tomé en mi vida, en Creta, una Euromacrolager servida a la griega, helada en un vaso recién sacado del freezer. Los que saben dicen, no sin razón, que esa no es la manera que una cerveza debe ser consumida. Los que saben no hicieron los 16km de la cañada de Samaria con 30ºC a la sombra. Esa birra en ese momento y lugar fue deliciosa y con gusto la volvería tomar en un momento y lugar similar. Más cerca de casa: por más brillante que sea la IPA de la casa en Pivovar Strahov, no puede con Kozel en U Černého Vola.

Es que tomar cerveza no es una ciencia, no existen los absolutos, ni siquiera las reglas. El otro día lei a alguien que decía que la cerveza siempre debe ser tomada en vaso de vidrio, explicaba muy bien por qué y tiene toda la razón, pero todos esos argumentos se desvanecen cuando estás en Franconia tomando Kellerbier en un jarro de cerámica (de hecho, he descubierto placer de tomar en casa lager de un jarro de cerámica y les juro me parece mejor que en vidrio, y miren esta foto y díganme si no es una hermosura). Es más, tengo que confesar que en ciertas circunstancias, no tengo ningún problema en tomar birra de vaso de plástico o incluso directamente de la botella o lata, aunque más nos sea porque es más cómodo y no tengo ganas de andar cuidando un vaso que a lo mejor voy a terminar rompiendo o perdiendo. Si en esas situaciones estuviese tomando de un vaso de vidrio, no disfrutaría tanto del momento y, por ende, tampoco de la cerveza.

No quiero decir con toda esta sanata que las catas, los cursos de apreciación o como quiera que se llamen son algo negativo, para nada. Se los puede considerar artificiales y hasta ajenos a la cerveza y su cultura, pero hay que admitir que, bien hechos, pueden ser interesantes y hasta entretenidos, y son excelentes para el marketing (porque seamos sinceros, la mayoría son en realidad eventos promocionales) y además, ¿qué hay de malo en divulgar información y presentarle alternativas a los consumidores?

Pero más allá de lo que cada uno de nosotros piense sobre estos eventos y de su aporte a la cultura cervecera, más allá de si existe una "cultura cervecera", hay una verdad casi universal en la que creo todos vamos a coincidir: tomar es siempre mejor que catar.

Na Zdraví!

15 comentarios:

  1. Max, no estoy nada de acuerdo contigo.
    Me gustaría saber entonces qué motivos crees que tiene alguien para apuntarse a una cata por segunda vez. Yo creía que porque había disfrutado en la primera y había cambiado su perspectiva y su 'manera de beber'.

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    1. ¿Por lo que digo hacia el final, quizás? ¿Porque "bien hechos, pueden ser interesantes y hasta entretenidos."? Yo he estado en catas y presentaciones varios (hasta he moderado alguna que otra) y son interesantes, máxime si se tiene la oportunidad de hablar con la gente que hace la cerveza.

      ¿Aportan algo a la cultura cervecera? No. Ni ahí.

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    2. La gente que se asiste a catas no es tonta.
      ¿Por qué crees que tienen la sensación de aprender y de que cuanto más "saben" más disfrutan con la cerveza.

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    3. ¿Dónde dije que la gente que va a las catas es tonta? ¿Dónde lo sugiero siquiera?

      Yo estoy diciendo que esos eventos no enseñan, dan información y presentan alternativas. Qué tan valiosas son esa información y alternativas, dependerá de cada uno. Tomando la posta de Marcos, son un poco, como bien dice Marcos arriba, como las clases de historia o geografía en la escuela, datos que te pueden o no ser útiles solo si uno es capaz de ponerse a analizarlos y meditarlos por sí mismo.

      Por otro lado ¿Están disfrutando más o solamente tienen esa sensación? ¿Te pueden enseñar a disfrutar? ¿Y hasta dónde llega la validez práctica de todo ese conocimiento? Volviendo al ejemplo de la entrada, si me preguntás qué cerveza es mejor, Kozel o Strahov (la světlý ležák que hacen para pascuas, para comparar bien). Strahov, sin duda, por varios cuerpos y te puedo dar muchos motivos por qué. ¿Qué cerveza prefiero tomar en Malá Strana? Kozel, en Vola, por varios cuerpos y la disfruto más que la de Strahov. Como disfrutaría más de una Mahou en un bolichón de barrio de Madrid, que de una Zulogaarden en un Cocktail Bar.

      La calidad de la cerveza, sí, termina en el vaso. La experiencia de tomar cerveza, por otro lado, va mucho más allá y es la experiencia la que tiene más peso.

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    4. No pretendía dar a entender que tú hubieras tratado de tonta a la gente que va a las catas es tonta. Te lo planteaba para ver qué explicación le das a que mucha gente, de distinta índole y condición, como se dice por aquí, es decir, tontos, listos, experimentados y no experimentados, cultos e incultos, tengan la sensación de que disfrutan más si no es así. Por otro lado, ¿tiene sentido eso de disfrutar falsamente o creer que estás disfrutando sin estar disfrutando? Yo creo que no.
      La cerveza tiene dos vertientes: la cata formal y la lúdico-social (bebo con mis amigos y me lo paso bien porque estoy en mi tiempo libre y porque la compañía es grata y porque el alcohol de la cerveza me achispa). Independientes. La primera tiene unos fundamentos técnicos; las segunda, no. Y en la segunda la cerveza es un elemento más, y sustituible por vino o por cualquier otra bebida de poco contenido alcohólico (¿es más divertido beber cerveza que beber vino o sidra, por decir algo?).
      Para mí, con la cerveza ocurre como con todas las áreas del ‘saber’: cuanto más sé, más me gusta aprender, y cuanto más aprendo, más desaprendo, y desde luego siempre disfrutando a tope, cada día más.
      La primera vez que leí a Borges me pareció un coñazo. Y me pareció igual de coñazo la segunda, la tercera y la cuarta vez. Y aquellos que se masturbaban las meninges con El Viejo me parecían unos pedantes y unos snob. Yo era lectora, era muy buena lectora, pero no conseguía conectar con Borges… hasta que un día, en una tertulia literaria (quienes tengan menos de 35 años igual no saben qué es, un día os lo explicaré), que sería en literatura lo que una cata en cerveza, alguien propuso leer y analizar Acercamiento a Almotásim… y lo leímos y lo comentamos… y conecté. Entendí a el cuento y me fascinó. Y hasta hoy.
      Ahora cuando leo un cuento de Borges, “pongo el chip Borges” y busco los elementos definitorios, que son comunes, claro está… Y me lo paso TETA.
      Yo, para beber, vino, cerveza, sidra… me da igual… porque cuando bebo por divertimento me da igual una cosa que la otra; para catar, cerveza o codillo al horno con verduritas, que me pirra.
      A disfrutar no se enseña. La enseñanza consiste en la transmisión de unos conocimientos con los que puedes hacer dos cosas: disfrutar más o no disfrutar más. Quien va a una cata y repite es del primer grupo.
      Al menos eso es lo que yo creo, claro está.

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    5. Para hacer otra analogía educativa. A las catas y degustaciones las veo como un curso de idiomas centrado casi exclusivamente en la enseñanza de la gramática y vocabularios (por traducción). ¿Es necesario saber esas cosas? Podría decirse que sí. ¿Termina uno aprendiendo el idioma? No, porque no aprende a comunicarse, no aprende a pensar en ese idioma y termina sin saber hablar efectivamente.

      Las catas (generalizando, por supuesto) no enseñan a pensar sobre la cerveza. Se les dice a los participantes "este estilo se toma a tal temperatura", como si fuese regla dorada, pero nunca se les da a probar la misma cerveza (sin decir cuál es) servida a diferentes temperaturas para que la gente decida cuál le gusta. Se les enseñan las diferencias sobre cerveza con una paleta de muestras de diferentes estilos, orígenes, etc.; eso no es más que una muestra empírica de lo que dicem la etiquetas. No se les enseña a encontrar las diferencias por sí mismo, porque son pocas las catas que se hacen alrededor de un mismo estilo o categoría de cerveza.

      Lo que se hace es decirle "la P se toma así y tiene estas caraterísticas. La W se toma así y tiene estas caraterísticas. La S se toma así y tiene estas caraterísticas" (que muchas veces no es correcto, porque lo que es mango para mí, puede ser un damasco para otro), con algo de información de relleno como los ingredientes, etc.. En la siguiente cata, un mes más tarde, quizás, se pone, en el mejor de los casos, otra P, otra W y otra S y se repite. Aquel que va a ambas catas difícilmente puede comparar las cervezas porque es muy probable que se haya olvidado de cómo era lo que probó en la primera. Termina sabiendo algo de gramática, quizás se acuerda del vacabulario que le enseñaron por traducción, pero no puede hablar.

      Yo aprendí de cerveza tomando, comparando lo que tomaba, explorando y prestándole atención a las diferencias de cada cerveza. Para acordarme, tomaba notas de lo que le encontraba a cada una. Fue recién después que empecé a buscar más información que me explique el por qué de esas diferencias. Yo no creo que hoy a la cerveza la disfruto más que antes, la disfruto igual, la diferencia es que puedo explicarme el por qué, lo cual me ha hecho un consumidor más selectivo, que siempre es bueno. Quizás eso es lo más positivo de las catas, ahora que lo pienso, ayudar a los consumidores a que sean un poco selectivos (aunque también existe el riesgo de convertirlos en unos snobs, pero esa es otra cosa).

      La analogía de Borges (o cualquier otra expersión artística) no es del todo válida porque al arte muchas veces hace falta saber interpretarlo para apreciarlo. Si no conocés el simbolismo que manejaba Borges, el contexto histórico-cultural en el que sus obras fueron escritas, difícilmente vas a poder entender lo que el tipo quería decir.

      La cerveza no transmite un mensaje, no hay un simbolismo. O te gusta o no te gusta. Si no te gusta, te la pueden explicar de 10.000 maneras, y te va a seguir sin gustar y si te gusta, te la pueden basurear de 10.000 maneras y te va a seguir gustando.

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    6. El gusto... eso es tan impreciso...
      ¿No sería lógico que la cerveza no nos gustara a ninguno puesto que el amargo es el sabor del veneno en la naturaleza?

      Las cervezas agrias están malas... hasta que te dicen que no todas.

      Hace poco abrí una y a los 10 minutos escribí al productor para asegurarme de que era 'eso' lo que quería vender. Me explicó cómo lo había hecho y... empezó a gustarme.

      ¿Por qué? La cerveza es una experiencia global: vista, olfato, sabor, tacto, oído... e intelecto. Todo pasa por ahí.
      No hay un sabor universalmente agradable. Tampoco hay un olor universalmente desagradable (menos el del huevo podrido). Todo es cultura.

      Es mucho más divertida Lina Morgan o las cervezas dulces... pero a quien lleva mucho tiempo bebiendo cerveza acaban por gustarle las fermentaciones mixtas...

      Sobre lo de las catas: te entiendo perfectamente y estoy en parte de acuerdo contigo. Sin embargo, hay buenos y malos maestros y buenos y malos sistemas: muchos de mis compañeros acabaron hablando inglés y yo no; posteriormente se ha demostrado que el método de enseñanza del inglés era nefasto. Y sin embargo muchos de mis compañeros aprendieron inglés con él.
      Creo que en una buena cata se dan pautas y se fijan conceptos que luego el participante desarrolla por su cuenta. No se pueden hacer milagros en 2 horas pero sí dotar de herramientas.
      Creo que casi todo depende de la orientación de la cata y eso da para muuuucho.

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    7. A mí siempre me ha gustado la cerveza, pero soy raro.

      He tomado cervezas que no me han gustado, me las han explicado, incluso sus elaboradores, y me siguieron sin gustar. Ya no me pasa tanto, pero antes tomé cervezas que no me gustaron y después de un tiempo las volví a probar y me gustaron, mis gustos habían evolucionado (y las cervezas quizás habían cambiado). Es más, he tomado cervezas mal hechas (que no reflejaban la intención del elaborador) y me gustaron todavía más que su versión "bien hecha". ¿Pero está contaminada? ¿Y? Me gusta, que es lo importante. Y así es como la mayoría de la gente es, para bien o para mal.

      A las agrias, las tengo ahí. Tengo un par de amigos que son fanáticos y no me han logrado contagiar su entusiasmo. Las lambic, etc. tienen un proceso de elaboración y una historia fascinantes que me encanta escuchar y leer y me encantaría algún día ir a hablar con sus creadores, pero si me dan a elegir, en la mayoría de las ocasiones, prefiero tomar una Budvar o una Urquell.

      Pero bueno, es evidente que vemos las cosas de maneras diferentes y nunca nos vamos a poner de acuerdo, así que te propongo un nuevo modelo de catas que se me acaba de ocurrir: Dependiendo del tipo de cervezas 3-5 muestras (lo ideal sería todas del mismo estilo/categoría, pero puede funcionar también con una variación), todas presentadas a ciegas y en porciones normales para ellas. Todos sentados a la misma mesa y dejar que los asistenetes hablen primero y den sus impresiones sobre lo que van tomando. Recién hacia el final, el moderador explica cuestiones técnicas, etc. de cada muestra.

      La idea es doble, por un lado, poner a la cerveza más en su ámbito natural, y por otro que la gente aprenda a prestar por sí misma atención a lo que está tomando y confíe en sus propios sentidos y no en los ajenos. Es importante que tome toda la porción, a ver si se la aguanta, hay cervezas que son excelentes para degustar, pero que cansan si tomás algo más que 0.15l, y hay también cervezas que no dicen nada en una medida de degustación, pero que terminás el vaso relamiéndote y con ganas de tomar otra enseguida.

      ¿Van a terminar todos medio alegrotes? Lo más probable que sí, pero eso también es parte de la cultura cervecera.

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    8. Interesante la conversación. Yo voy a sacarle partido.
      Refleja las diferencias entre las personas.
      Lo que está claro es que tu disfrute y el mío son igual de legítimos.
      Voy a madurar la idea de la cata, a ver si es viable. Me gustan los experimentos.
      Sólo una pregunta: las porciones normales a las que te refieres son las porciones 'habituales' de consumo, ¿no?
      Es que esa es otra historia sobre la que hablar.

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    9. Exactamente, son las medidas habituales de consumo. Que también es un tema que da que hablar...

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  2. Max, cuando lei el primer parrafo "aparecieron" dos pensamientos, el primero es que pareceria que le faltan el respeto a la inteligencia de las personas, porque en realidad, como bien decis, es una estrategia publicitaria, y no tanto sobre las personas que concurren, por su limitacion en cuanto a cantidad, sino en la difusion rimbombante de dichos eventos. La segunda y un tanto graciosa pero no escapa a este tema, podrian existir tambien las catas de asado, aprender a comer asado, o pure, en fin, lo que se te ocurra, a comer, alimentarse, es un hecho natural, como beber, y si es birra, mejor.
    Salu!
    Ron

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  3. Yo creo que las catas, bien hechas, son interesantes y entretenidas, permite que los asistentes e incluso los moderadores encuentren y valoren (o critiquen) cosas a las que no habían prestado atención anteriormente. Por supuesto que la mayoría son eventos de Marketing o promoción, pero eso per se no suma ni resta, bienvenido sea que una cervecería invierta dinero y/o tiempo en un evento marketinero que involucre la toma de cerveza antes que invertir en merchandising como remeras, posters y demás pelotudeces muy útiles y hasta lindas pero que nada tienen que ver con la cerveza en si.
    Ahora, estoy de acuerdo en que cultura cervecera es otra cosa, saber que San Martín cruzó los Andes en 1817 o que Napoleon murió en 1821 no me hace un tipo culto en Historia, poder analizar esos hechos con el conocimiento y el entendimiento necesarios si. Lo mismo pasa, a mi criterio, con la cultura cervecera, en la que el conocimiento y experiencia no son suficientes pero si necesarios. En el caso de la Historia, parte del conocimiento está en los libros o en Wikipedia, en el caso de la cultura cervecera, en las cervezas que probas, en tu casa, en un bar o en una cata.

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    1. Si esas catas van dirigidas a los consumidores, no, no agregan nada a la cultura cervecera, porque vos terminás la cata y después te vas al bar de la esquina con tus amigotes a tomar una Imperial igual que la venías tomando antes de ir a la cata, y hasta te sigue gustando porque la estás tomando con amigos. Y nisiquiera creo que esos conocimientos sean necesarios. El tipo en una hospoda de Praga tomando su Gambrinus o Staropramen no sabe un pedo de cerveza, pero te juro que a esa birra la está disfrutando y hasta apreciando.

      Pero la pregunta sigue ¿existe la cultura cervecera?

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    2. Si, existe la cultura cervecera. Pero no tiene nada que ver con saber apreciar una cerveza. Cualquier persona puede disfrutar de una cerveza de la manera que quiera, sabiendo o no sobre lo que esta tomando. Fran !

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    3. Si 'conoce' lo que está tomando, disfrutará mucho más.
      Buscará, encontrará, asociará...
      Ocurre con el cine, la música, la literatura, la pintura... ¿por qué no con la gastronomía?

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