31/8/11

Notable mejora

En la página inicial de su excelente blog, Appellation Beer, Stan Hieronymus presenta las "Nuevas Reglas Cerveceras", un decálogo que todo el mundo debería tener en cuenta.

Tengo que admitir que yo no soy de seguir mucho la regla #3, "Debes beber al menos dos porciones de una cerveza antes de pasar juicio sobre ella". Como el resto, tiene mucho sentido, pero mi realidad es que si una cerveza no me ha causado una buena impresión, difíclmente vuelva a tener ganas de tomarla, habiendo tanto y tan bueno para elegir, no creo que vale la pena la molestia.

Tal fue el caso de Merlin, la cerveza negra insignia de K Brewery, que según ellos, está inspirada en Stout y se elabora con cebada tostada. La probé al poco tiempo de haber salido, en mi primera visita a Kopito, en Žižkov, no me gustó y nunca más se me ocurrió pedirla. Hasta el otro día.

Estaba cerca de Jiřího z Poděbrad cuando me agarró una de esas tormentas que tanto rompieron las pelotas a principios de agosto. Tenía que buscar refugio, estaba a unos 200m de U Sadu, pero estaba sin nada de efectivo encima y ahí no se puede pagar con tarjeta, me quedó entonces la alternativa de Kopyto, un poco más lejos, pero donde sí toman plástico. Fui allí corriendo.

He estado parando en Kopyto bastante seguido ultimamente, varias veces para almorzar (se come bastante bien), pero por lo general para tomarme una Velen rápida antes de una clase que tengo ahí cerca. ¡Qué buena que está en esta temporada la cerveza de trigo de Černá Hora, ha sobrepasado a la de Primátor! Ese día, sin embargo, estaba con ganas de tomar una cerveza oscura y noté que a Merlin ahora la vendían en vaso de medio litro a 32CZK, en lugar de 0.3l por el mismo precio, como en otros lados. Sin demasiadas ilusiones, pedí una.

No sé qué le han hecho, pero la han mejorado bastante. No se nota demasiado todavía el adjunto de cebada tostada, sí, hay una nota tostada, pero no es más intensa que la que se puede encontrar en, por ejemplo, Herold. Pero más allá de eso, la cerveza está más rica, más redonda, con sabores más interesantes. Terminé tomándome tres y de haber tenido tiempo, me hubiese quedado para una o dos más. La volví a tomar en otras ocasiones y mi impresión se mantiene, muy buena lager oscura.

Todo esto no significa que a partir de hoy voy a empezar a seguir la regla #3 de Stan, pero creo que voy a empezar a prestarle un poco más de atención a cervezas que en el pasado no me han gustado para ver qué es lo que el tiempo ha hecho con ellas.

Na Zdraví!

PD: Nota a K-Brewery. ¡Déjense de joder! Por mejor que esté, esta cerveza no es lo suficientemente especial para ser vendida únicamente en medidas de 0.3l (tanto tirada como en botella - Kopyto es la excepción). Distribúyanla en una medida para hombres, 0.5l y me tendrán como consumidor habitual.

29/8/11

Desilusión en Žatec

La semana pasada tuve que visitar Žatec, la ciudad que es quizás el corazón de la cerveza checa, ya que le da su nombre a uno de los varietales de lúpulos más famosos y apreciados del mundo Saaz (el nombre de la ciudad en alemán). El viaje fue por trabajo, visité el Museo del Lúpulo y Instituto del Lúpulo, donde hablé con el encargado de la cervecería de investigación que allí opera. Muy interesantes ambas visitas y las personas que allí conocí y me dieron muy buen material para mi próximo artículo en Bar&Beer.

Por supuesto que no pude dejar de darme una vuelta por el brewpub local U Orloje, que está ubicado al lado del museo y adjunto al centro de visitantes de Chrám Chmele a Piva (el templo del lúpulo y la cerveza - el apodo que ha adoptado la región).
El lugar es muy lindo por dentro, moderno, pero con cierto espíritu. Tienen también un jardín cervecero muy grande, que tendría mucha más onda si tuviesen esas mesas largas con bancos (que deberían ser obligatorias en todo jardín cervecero) en lugar de esos muebles de metal que van mejor con una cafetería (pero eso es cosa mía).
El servicio fue bastante correcto, aunque algo lento. La comida, nada memorable, aunque, hay que aclarar que pedí el último plato que quedaba del menú del día y había cosas que pintaban bastante interesantes en el menú permanente. Hasta ahí, todo más o menos bien, el problema fueron, lamentablemente, las cervezas, que es bastante grave para un brewpub.

Elaboran tres cervezas, pedí primero la 11º, que se llama Žatecký Samec, en honor, según ellos, a una cerveza que se elaboraba en la ciudad hace varios siglos atrás. Me llegó con demasiada levadura y un ligero, y poco agradable, toque ácido, algo casi imperdonable para un brewpub, donde se supone que las cervezas no podrían ser más frescas. La tendría que haber devuelto, pero había esperado bastante para que me la trajeran, hacía mucho, mucho calor y tenía más sed que un beduino, así que para cuando me di cuenta, me habiá tomado ya la mitad del vaso.
Le siguió la Chmelový Ležák, otra lager rubia, en este caso de 12°. Mejor que la anterior, pero tremendamente aburrida. El nombre, Chmelový, refiere al lúpulo (chmel, en checo), pero en el sabor y el aroma había que hacer un esfuerzo para encontrar la hierba aromática. No estaba esperando algo al estilo DIPA yanki, pero podrían haberle dado más carácter Saaz, al menos en el aroma.
La peor, sin embargo, fue la Chrámové Tmavé, la cerveza oscura de la casa. La primera que me trajeron estaba ácida, la devolví, no sin cierto fastidio. La segunda, estaba mejor, pero el color, bastante más claro que una tmavé checa, me siguió dando la impresión que lo que me trajeron fue en realidad una řezané, lo cual sería quizás peor. La cerveza estaba absolutamente chata, sin ningún tipo de carácter. Como si hubiesen hecho la 12º con un puñado de maltas colorantes y menos lúpulo.
No me fui muy contento de allí, fui al centro en busca de un lugar en donde tomar algo de Pivovar Žatec, pero no pude encontrar ninún lugar decente en donde la tengan de barril, ni siquiera al lado de la misma fábrica. Bastante triste, la verdad.

Comparadas con lo que hacen otras micros que han abierto en estos últimos 12 meses (U Orloje abrió en diciembre del año pasado), como Pivovar Antoš, en Slaný, o Únětický Pivovar, U Orloje queda muy atrás. Claro que puede ser que haya tenido mala suerte ese día, en mi página de Facebook un amigo que del tema sabe mucho dejó un comentario diciendo que las cervezas de U Orloje le habían gustado mucho.

Sea lo que sea, si algún día tengo que volver a Žatec, voy a volver a visitar este brewpub, más que nada, porque no hay mucho más de donde elegir allí.
Pivovar a Restaurace U Orloje
GPS: 50°19'28.894"N, 13°32'41.524"E
Nám. Prokopa Malého 1951 - Žatec
restaurant@chchp.cz - +420 415 210 952
Lun-Dom: 11-22

26/8/11

Noticias cortas

He estado bastante ocupado estos días así que los interestantísmos temas que estaban en la gatera tendrán que esperar (si es que algún día les abro la puerta), igual, quería compartir con ustedes algo de lo que me ha estado pasando.

Estuvimos con mi familia en Český Kumlov, una ciudad fantástica, pero no creo que haga falta decirlo. Además de lo linda que es, me gustaron mucho los precios. Sentarse a la vera del río, casi abajo del castillo, y ver pasar a los canoístas mientras se toma buena BernardRegent Černý, o disfrutar también de las muy buenas cervezas de Humpolec en la terraza del café del teatro municipal, que tiene una de las mejores vistas de la ciudad, siempre comiendo bastante bien, con buen servicio y pagando alrededor de 35CZK por birras bien tiradas, es un lujo. Y ni hablar de tomar Eggernberg Nakouřený Švihák por 29CZK ¡en el castillo! Y estaba bien buena, no tanto como tomarla na stojáka en el pub de Pivovar Eggenberg mientras se charla con los štamgasty (a propósito ¡qué buena forma que tiene esta cerveza ahumada este año!)

El miércoles pasado estuve también en Beroun, este viaje fue ya más por trabajo, pero igual la pasé fenómeno. Berounský Medvěd es un brewpub único, en medio de un depósito de chatarra. Charlé un poco con los dueños y con el Maestro Cervecero, gente muy simpática. Las cervezas (elaboradas en un equipo armado con chatarra y con fuego alimentado a madera) son muy buenas, la Grizzly, una Porter Checa es una de esas cervezas que me gustaría tomar todo el invierno. El premio, sin embargo, se lo lleva la Cyklopivo una osmíčka, o sea, una lager (rubia) de 8º Balling, que es más rica y sabrosa que muchas otras cervezas con el doble de contenido alcohólico. Soberbia, en serio.

Pero la noticia más importante de la semana, sin dudas es que, luego de que mucha gente me lo haya pedido, la mejor guía cervecera de Praga (me cago en la modestia) puede ser ya adquirida (la versión en inglés) en Pivkupectví la botellería de Zlý Časy, a donde ayer llegaron 25 copias. Apúrense que se agotan.

Na Zdraví!

19/8/11

Año alto en IBU

La noticia ha sido comentada en diarios y televisión, la cosecha 2011 de los lúpulos Saaz será extraordinariamente buena, o demasiado buena, según algunos cultivadores de la preciada hierba aromática, ya que los precios han bajado tanto que ya han advertido que este año no les rinde cosechar.

Así que, amigos elaboradores de todos los países y tamaños, olvídense del Citra, Sorachi Ace, Amarillo y otros lúpulos de moda, transatlánticos o de las antípodas, pónganse en contacto con su dealer favorito y consigan una buena cantidad de Žatecký Porloranní červeňák o Premiant, que este año vienen regalados. Y antes de que me digan "¡Pero vieja! ¿Cómo voy a hacer mi súper doble-triple Imperial Indian Loquesea con Saaz?" Compren una botella de DeMolen Hel & Verdoemenis, que viene con 99IBU exprimidos a lúpulos Premiant y Hellertau (y es un cervezón de reputísima madre, al menos luego de añejar dos años, ideal para celebrar un evento especial) o elaboren algo más sutil, pero sabroso, ya saben, del tipo que le gusta a la GRAN mayoría de la gente (si no tenemos en cuenta a los Snobs, claro)
¡Ah! Queridos elaboradores checos, con los precios de sus lúpulos favoritos tan tirados, ya no tienen excusas para usar extractos este año, pónganse las pilas y compren Saaz.

Na Zdraví!

17/8/11

Birreando en Franconia (Día 3)

Hacé click acá si querés ver cómo fue el primer día

Hacé click acá si querés ver cómo fue el segundo día

Me desperté un poco después de, bueno no sé qué hora. Esta vez no fue mi vejiga la que me despertó, sino algo más urgente y mucho menos negociable.

El Chernobil digestivo obligó a que abandone mi habitación. Me sentía horrendo. La cabeza estaba bien, por suerte, pero el estómago parecía estar flotando en una mezcla de tinta china y aceite de freír quemado. Nada, por suerte, que un buen döner kebab, un espresso y una cerveza fría no puedan solucionar.

A las diez dejamos el hotel, pusimos nuestros petates en el autobús y fuimos a almorzar. Daša nos había arreglado una visita a Brauerei Kraus, en Hirschaid. Resultó ser un lugar muy bonito. La fábrica en sí misma no tenía nada destacable, pero sí el complejo que la rodeaba, que incluía un salón para fiestas privadas, un hermoso jardín cervecero, un hotel y un restaurante.
La cervecería ha sido propiedad de la familia Kraus desde que fue fundada en 1845. Hoy, la que manda es la Sra. Kraus, su marido se dedica a su hobby que es la caza, lo que me lleva a lo que mencionaba antes, el almuerzo.
En los pueblos de Franconia se sigue manteniendo la tradición del almuerzo dominical en familia, pero, a diferencia de otros países, la gente no se queda en casa sino que van todos juntos a algún restaurante rural. La idea es que el antes y el después de la comida incluya una caminata por el campo. Linda tradición.

El restaurante de la cervecería Kraus tiene una muy buena reputación en Hirschaid y sus alrededores y de no haber sido por Daša ni de pedo hubiésemos conseguido mesa. Nuestra amiga, porque para ese entonces Daša ya era una más del grupo, habló con la Sra. Kraus y la convenció de que nos deje la mesa para stammgäste, todo un honor.

Es muy bonito el restaurante, con todo lo que uno se imagina puede ser un restaurante rural alemán, mucha madera, trofeos de caza, etc. etc. hasta había un candelabro hecho con astas de ciervo.
La reputación de este lugar es más que merecida. La comida es impresionante, porciones descomunales, todo bien casero. Yo pedí un plato de carne de ciervo asada en una salsa con arándanos rojos, acompañado de knedlíky bávaros y repollo colorado cocido. No se pueden imaginar lo rico que estaba, de solo acordarme se me hace agua a la boca, y el precio, fenomenal, ¡9EU! En Occidente creemos que los sentimientos se alojan en el corazón, los chinos creen que en el estómago. Creo que tienen más razón que nosotros porque después de comer algo tan bueno, lo que se siente es una satisfacción casi idílica.
Lo que tomé antes de y durante la comida fue la Kellerbier de la casa. Una cerveza muy bien educada, no interrumpe la conversación a menos que se le dirija la palabra. Rica, rica. Varias cayeron en el cumplimiento de su deber.
¡Qué lindo es tomar este tipo de cervezas en jarra de cerámica! Cuando querés que te traigan otra, es muy simple, se pone el jarro vacío acostado en la mesa y en seguida es reemplazado por otro lleno, no hacen falta palabras, ni siquiera mirar al camarero/a. De postre pedí una Hirschentrunk una dunkles con un toque de maltas ahumadas que estaba de película, servida en una muy elegante copa.
Terminamos el almuerzo más contentos que un obispo en una función privada de los Niños Cantores de Viena y nos pusimos en marcha a Forchheim para despedirnos oficialmente del Annafest.

Algunos fueron directo al Kellerwald, otros preferimos recorrer un poco la ciudad, que es realmente muy bonita. A pesar de no ser muy turística, está todo muy bien cuidado y arreglado, se ve que a la gente realmente le gusta vivir allí.

Queríamos visitar Eichorn y Neder, pero el stübe de la primera estaba reservado para una fiesta privada y el de la segunda estaba cerrado durante el Annafest. No tuvimos más remedio entonces que ir a Hebendanz, que está al lado de Neder, que a su vez está a la vuelta de Eichorn. Increíble, una ciudad de 30.000 habitantes con tres cervecerías en el centro.
Hebendanz es a Forchheim lo que Fässla es a Bamberg, el favorito de los choborras locales. Temprano a la tarde, un domingo, no había casi nadie. La cerveza, una export más que decente.

No nos quedamos mucho ahí, terminamos nuestras birras y nos fuimos al Annafest, al Keller de Greif donde nos tomamos un Maß (bueno, dos) de despedida, mientras disfrutábamos de la maravillosa atmósfera de este festival por última vez.
Esas no fueron las últimas cervezas que tomamos ese día. Entre mis compañeros de viaje estaba Ivan Chramosil, maestro cervecero de U Fleků, que había traído consigo algunas botellas de su afamada cerveza, con la cual llenamos (varias veces) un Maß que alguien se había traído de recuerdo (aclaro que no se lo robó) que fue pasando de mano en mano durante el viaje de vuelta.

De veras que fue un fin de semana maravilloso, hacía mucho que no me divertía tanto. Espero poder volver a hacer algo similar pronto. Gracias Pavel, muchas gracias.

Na Zdraví!

12/8/11

Pensamientos de viernes por la mañana

Es probable que esté exagerando, y si es así, entonces pido disculpas de antemano. Algunas cosas que ultimamente he leído acá y allá, más un par de e-mails que me han llegado en estos días me han empezado a dar la impressión que no pocos elaboradores que en lugar de hacer cervezas hacen estilos y, lo que es peor, parecen hacerlos para poder presentarlos en competencias.

El otro día, la revista All About Beer, publicó un artículo sobre el estilo Pilsen, que  venía muy bien hasta la última página (de la versión electrónica) en donde de nuevo salen con la huevada de "Imperial Pils" (y Double Pils), un nuevo pseudo-estilo que de nuevo tiene poco y nada. Como suelo hacerlo, enlacé el artículo en mi página de Facebook, dejando bien en claro mi descontento sobre esta tontería estilística.

Pero Hubo alguien que salió a defender todo esto, un micro elaborador argentino que dijo:
"El tema es si yo hago una lager de 8 o 9 % y de mas de 50 IBUS por ejemplo no hay una categoria donde pueda competir, o sea contra quien me comparo? Que tomo de referencia? A medida que los cerveceros experimentamos y probamos cosas, los estilos se van ajustando o creandose nuevos estilos. Esto es importante puramente a la hora de concursos..."
A pesar de que Ron Pattison y otros ya han demostrado que no hacen falta pautas estilísticas para llevar a cabo un concurso hoy día, las categorías de la mayoría de los concursos se arman en base a una guía de estilos, por lo general, la del BJCP. Es un hecho, y no vale la pena ponernos a discutir al respecto. Sin embargo, ¿pueden estas competencias realmente servir como referencia?

En una competencia, las cervezas son evaluadas en condiciones que distan mucho de ser las de consumo habitual y según ciertos parámetros más o menos bien definidos. No importa qué tan sabrosa, interesante, balanceada, etc. sea una cerveza, si los jueces consideran que esta no encaja dentro de esos parámetros, no se la dejará competir.

Cuando le escribí un mail para felicitarlo por su majestuosa Don Toto Barley Wine, Gerardo Fiorotto, su creador, me comentaba que luego de haberla probado, una jueza le dijo que en realidad, más que una Barley Wine era una Old Ale (como si hubiese realmente alguna diferencia) ¿Qué hubiese pasado si Gerardo hubiese presentado en una competencia a Don Toto como Barley Wine, tal como él la entiende? ¿Y cuál sería la reacción de los jueces de una competencia internacional ante las varias IPA's de menos de 4% de contenido alcohólico que varios elaboradores británicos hacen?

Entonces, y en respuesta a la pregunta de más arriba, no, no creo que una competencia pueda servir como una referencia realista de las cervezas que uno hace.

Si un elaborador quiere comparar su cerveza con otras similares, lo mejor que puede hacer es hacerse de algunas muestras de estas y tomar (no solamente catar) una por una, tal como lo haría cualquier consumidor, quizás acompañado de algún amigo o colaborador. Una muestra de 0,1l puede que sea suficiente para evaluar una cerveza desde el punto de vista técnico, pero para de veras saber qué tan buena es, hay que tomarla.

Como ya lo he dicho antes, entiendo muy bien los motivos por los cuales a los elaboradores les gusta participar en competencias, pero creo que hay un problema cuando antes de satisfacer al consumidor, se busca satisfacer a los jueces.

Na Zdraví!

10/8/11

Birreando en Franconia (Día 2)

Hacé click acá si querés ver cómo fue el primer día

Me desperté un poco después de las ocho, o mejor dicho, me despertó mi vejiga y ya era algo tarde para andar negociando con ella. Salí a la calle en busca de desayuno (el paquete no lo incluía y no quise pagar 12EU por el del hotel). Lamentablemente no había ningún bierstübe o biergarten abierto cerca así que me tuve que contentar con una panadería cafetería (excelente pretzel, muy buen croissant, espantoso café).

Con algo medianamente sólido en el estómago empecé a caminar siguiendo mis pies. Luego de un rato me acordé de los que nos habían advertido, salvo panaderías y estaciones de servicio, el domingo cierra todo en Alemania (civilizados estos alemanes). Fui entonces en rumbo al Getränkemarkt que estaba cerca del hotel.

Los Getränkemarkt son algo maravilloso. Este en particular era tamaño supermercado y estaba lleno de escabio. Por supuesto que también tenían un impresionante surtido de cervezas regionales. Me encontré ahí con Standa, un compañero de viaje y conocedor de cervezas alemanas que me dio un par de consejos. Paré a las seis botellas, podría haber comprado un montón más, pero no tenía ganas de tener que cargar 30kg cuando volviésemos a Praga el domingo a la noche.

Volví al hotel a dejar las compras y algo hizo que recordara que este sería un día cerveceramente muy intenso así que fui a la estación de servicio al otro lado de la calle y buscar algo más para desayunar, algo que me pueda preparar para lo que vendría.

Además de las ubicuas multinacionales de producción masiva como Paulaner, Beck's y Bittburger, la estación de servicio tenía una más que decente selección de cervezas regionales. Elegí una Landbier que estaba lo suficientemente fría y resultó lo suficientemente decente como para tomar directo de la botella.
A las diez nos subimos todos al autobús y nos pusimos en camino hacia nuestra primera parada del día, la ciudad prometida de Bamberg (previa parada en Erlanger para, una vez más, recoger a Daša).

Hacía mucho que tenía ganas de visitar Bamberg, así que estaba tremendamente entusiasmado. La ciudad la verdad que no decepcionó. Es hermosa (hice varias fotos, pero el día estaba bastante feo y no le hacen justicia a la ciudad). Es una de las pocas ciudades alemanas de su tamaño o más grandes que no fueron destruídas durante la Segunda Guerra Mundial. Todo su casco histórico es original y vale la pena ser visitado. Tampoco decepcionó desde el punto de vista cervecero, lejos de ello.

La excursión uncluía una visita guiada al Museo Cervecero de Bamberg. Es interesante aprender cómo la cervecera era elaborada en el pasado, pero ni ahí tan interesante como experimentar cómo la cerveza es tomada en el presente, así que ya de antemano había decidido en lugar del museo visitaría cervecerías.

Por suerte no fui el único, Tomáš Erlich, presidente del SPP y Petr Buriánek, creador de las recetas de las cervezas especiales de Zlý Časy, me acompañaron. Petr ya había estado en Bamberg en más de una oportunidad y fue un muy buen guía. Nuestra primera parada fue Brauerei Fässla.
De todas las que visitaríamos ese día, Fässla es por lejos la menos turística. Su stübe es un favorito de los choborras locales, pero aun así tiene su onda. La entrada es un largo corredor con las paredes manchadas de nicotina, un par de mesas siempre reservadas para stammgëste y una ventana con el tirador. Hay también un salón, pero no entramos, fuimos directo al patio en la parte de atrás. Allí tomamos una sorprendentemente buena Pils y una Lagerbier del montón.
De ahí cruzamos la calle a la segunda parada, Brauerei Spezial, la otra cervecería de Bamberg que elabora Rauchbier. Su stübe es un lugar ya más decente, más familiar. Era el mediodía y estaba repleto, tuvimos suerte de encontrar una mesa libre en un rincón. Nos pedimos, por supuesto, la spezialidad (soy un pillo con las palabras) de la casa, la Rauchbier.
Cualquiera que insista que Rauchbier es un estilo, no tiene puta idea de lo que está hablando. La de Spezial no podría haber sido más diferente de la de, por ejemplo, Schlenkerla. Ámbar amarronado, cristalino, con notas que van más hacia la madera que al tocino. Deliciosa, gloriosa.
Estábamos seriamente pensando en quedarnos ahí a comer algo y seguir tomando, pero un SMS nos avisó que el resto del grupo ya había terminado la visita al museo y se encontraban en camino a Schlenkerla. La comida puede esperar, la cerveza no. Pagamos y a paso redoblado cruzamos una vez más el río.
¿Qué decir de Brauerei Schlenkerla? (Además de que ya tan "brauerei" no es). Es un lugar espectacular que transpira antigüedad. Estaba repleto, así que no nos quedó más que ir al patio y tomar de dorapa con el resto del grupo.
La Märzen de Schlenkerla fue la primera ahumada que tomé en mi vida, y fue un enamoramiento a primer sorbo. Es también una cerveza que conozco bien, la he tomado varias veces de barril en Praga y sus botellas son habitantes habituales de mi bodega. Pero tomarla en el mismo Schlenkerla y tirada por gravedad es algo totalmente diferente. ¡Puta madre! ¡Qué cervezón!

Cuando paró de llover algunos nos movimos al patio para seguir tomando un poco más mientras charlábamos y comentábamos lo que habíamos visto y tomado.
Lamentablemente, no fue demasiado el tiempo que tuvimos para quedarnos, había todavía bastante por hacer y era hora de empezar a movernos. La siguiente parada fue gracias a Daša, que había logrado que nos permitan visitar la Maltería Weyermann, la empresa donde ella trabaja.

Weyermann, que ha sido propiedad de la misma familia por más de 150 años, es una de las malterías más reconocidas del mundo, proveen de maltas especiales a un gran número de cervecerías checas y, por supuesto, alemanas, pero sus maltas son también utilizadas para elaborar cervezas en Japón, Estados Unidos, Sudáfrica, etc. En total, elaboran 80 tipos de maltas, no sólo para la industria cervecera, sin también para destilerías, panaderías, etc.

Tengo que confesar que al principio la idea no me entusiasmó demasiado. Quería seguir tomando, pero al final, terminé muy contento con la visita. El edificio en sí, es muy lindo y pudimos entrar a la cámara de germinación y ver cómo esta parte del proceso aun se lleva a cabo con el método tradicional. De ahí pasamos al lugar donde el grano se tuesta, en donde pudimos probar algunas de las maltas especializadas que Weyermann produce. Fue increíble comer malta chocolate de centeno y ver que sabía a chocolate amargo de primera calidad (cómo me gustaría probar una cerveza elaborada con este ingrediente). Lo único que lamentamos es que no había nadie en la fábrica experimental que funciona en el predio de la maltería. Había algunas cosas madurando que me hubiesen gustado mucho probar.

Una vez que terminó la pausa educativa, fuimos a la (para Tomáš, Petr y yo) cuarta brauerei del día, Mahr's.
Hace cosa de dos meses había reseñado unas cervezas de Mahr's para Pivo, Bier & Ale y su Kellerbier me había encantado. Me moría de ganas de probarla en su estado natural, tirada por gravedad.

Pavel Borowiec había dicho que el bierstübe de Mahr's era uno de los más lindos, y tenía razón. Es más bien íntimo, con techo bajo y casi negro, muy acojedor. El tipo de lugar en el que uno se quiere refugiar en un día frío y/o lluvioso.
La Keller no falló, en ningún sentido. En el bar estaba el barril desde donde la cerveza se sirve con un grifo que se pincha a este (vimos el "ritual") y estaba majestuosa, mejor que un mañanero. Tomamos un par de vasos, apretados alrededor de una mesa, hablando y riéndonos mucho. ¡Qué lindo es ir a un pub y sentarse con amigos a tomar cerveza! Pocos placeres se comparan en esta vida.
Tranquilamente nos hubiésemos quedado allí hasta, bueno hasta hoy, creo, de no ser por el pequeño inconveniente que los fines de semana no sirven comida en Mahr's. Con algo de tristeza dejamos este hermoso Schenk atrás y fuimos en busca de algo sólido para poner en nuestros estómagos.
 El lugar resultó no estar nada mal. Löwenbräu Keller (a no confundirse con la marca del mismo nombre de Munich). Nada memorable, pero tampoco nada mal en la decoración. Nos atendieron muy bien y la comida una vez más cerdo con la guarnición casi obligada, una vez más buenísima y una a 7EU, muy buen precio si se tiene en cuenta la calidad y tamaño de la porción. La cerveza, una Keller que hacía correctamente su trabajo sin esforzarse demasiado. Lástima que el día estaba tan feo, porque el Biergarten de este Keller era hermoso. Nos chupamos los dedos, terminamos nuestras cervezas y nos fuimos a Forchheim para una nueva dosis de Annafest.
 Esta vez empezamos por la parte baja del Kellerwald. El primer Maß fue de Weissenohe, que resultó ser quizás la peor de todo el fin de semana. A diferencia de las demás estaba tirada por presión, y demasiada. No me gustó, pero tomé igual.

De ahí nos fuimos al Löwenbraukeller. Su Festbier estaba decididamente mejor que la Keller que habíamos tomado un rato antes.
El siguiente maß fue gentileza (bueno, tanta gentileza no fue, me costó 6,90EU) de St. Georgen. Su Kellerbier aparece de tanto en tanto en Zlý Časy y se la recomiendo a cualquiera que la vea. Su Festbier es también muy buena. La que más me gustó esa noche.

Me dijeron también que tomé un Maß de Greif, lo cual puede no no ser cierto. Ya para esa altura no le estaba prestando demasiada atención a lo que estaba tomando. Solo me acuerdo que la estaba pasando como pocas veces la había pasado en mi vida. Terminé la noche con Pavel Borowiec y alguién más mirando el concierto de una banda que la rompía con música tipo Blues Brothers y cantando a viva voz con cada uno de los temazos que tocaban.

Volvimos al bondi compartiendo un Maß de algo, felices de estar vivos en ese lugar y en ese momento.

Me fui a dormir bien pasada la medianoche, evidentemente más ebrio de lo que había terminado la noche anterior y todavía quedaba un día.

Na Zdraví!

8/8/11

Mejor dedicate al vino, pibe...

Mariano Braga es sommelier argentino que lleva un blog de vinos muy interesante. Hace poco le agregó una sección titulada "Miércoles de Cerveza", que no está nada mal, máxime si se tiene en cuenta que tiene como fin abrirle la cabeza al público enófilo.

Es evidente que Mariano es un tipo que se toma en serio lo que hace y que, todavía más importante, tiene respeto por sus lectores y es por ello que, en lugar de ponerse a hablar de un tema que quizás no domina tanto, dejó la sección cervecera a cargo de su hermano Marcelo, que es un micro elaborador.

Lamentablemente, Mariano parece ser una excepción entre los especialistas de vino, muchos de los cuales no tienen ningún tipo de reparos en hablar boludeces sobre un tema sobre el cual no tienen la más puta idea como es la cerveza. Tal es el caso de José Tomás, un enólogo y sommelier español a quien en este artículo  se lo puede leer diciendo lo siguiente, y cito:
"Uno de los tipos de cerveza, las 'lager' (con una fermentación más baja) «son muy secas en la boca» y suelen ser las rubias con una espuma blanca y un descenso de ésta rápido. En función de la malta utilizada estará más o menos carbonatada.
Por otro lado, están las cervezas 'ale' (con una doble fermentación, en depósito y en botella). «Éstas son más dulces y con una caída de la espuma más lenta», comenta José. A diferencia de las primeras, que sirven como refrescante, se utilizan para combinar en los platos. «Son más densas». Su color, según José, vincula la bebida al tipo de tostado. Las rubias lo tienen más suave mientras que la cerveza negra tendrá uno duro. Aún así se pueden hacer todo tipo de mezclas entre ellas.
¡Dejate de joder chabón! ¿Cuántas cervezas tomaste en tu vida? ¡Dos, tres como mucho, y todas en tu casa mientras mirabas un reality show en la tele!

En serio, es increíble. Estoy seguro que José Tomás sabe una bocha y media sobre vinos, sobre cervezas, por otro lado, no sabe mucho más que yo sobre la liturgia de la iglesia armenia.

Pero no es la ignorancia lo que me irrita tanto. Este tipo no es uno de esos blogueros (que lamentablemente abundan) que en su tiempo libre copia y pega cualquier cosa que le tira Wikipedia o reproduce casi sin leer los comunicados de prensa de elaboradores o distribuidores. Con esa gente no tengo problema, después de todo, no esperan nada a cambio de su "trabajo". Pero este tipo está difundiendo  sus burradas en los cursos de cata de cerveza que dicta, por los cuales recibe seguramente algunos dinerillos, lo cual lo pone casi al mismo nivel que ese príncipe nigeriano que hoy me mandó un efusivo e-mail.

Hay en España bastante gente que sabe bastante sobre el tema cervecero, muchos de los cuales estoy seguro estarían más que felices de poder colaborar en proyectos como el que comenta el artículo. ¿Por qué mierda entonces la gente de Cuinare no se pone en contacto con alguno de ellos en lugar de seguir contrando a charlatanes como José Tomás? ¿Será que todos allí son unos charlatanes sin respeto por el público?

Na Zdraví!

5/8/11

Birreando en Franconia (Día 1)

A pesar de que todavía faltan unas dos semanas para mi cuadrigésimo cumpleaños ya he recibido un regalo de puta madre (¿ustedes no mandaron el suyo todavía? ¿qué están esperando?) una invitación a pasar un fin de semana en Franconia, Alemania, que tuvo como programa principal asistir al Annafest de Forchheim.

El Annafest es un festival cervecero enorme que se celebra todos los años a fines de julio en lo que se conoce como el Kellerwald, palabra que puede ser traducida como "bosque de las bodegas". Es un colina boscosa a las afueras de Forscheim (un pueblito muy lindo) donde están las cervecerías locales tienen sus "keller", profundas bodegas excavadas en la roca en donde tradicionalmente se ponían a "lagerizar" cervezas. Hay cinco a seis que funcionan durante todo el año, pero durante el festival abren más de 20 y a las cervecerías locales se les suman varias otras de la región. Hay también por supuesto música en seis escenarios, atracciones tipo parque de diversiones, muchos stands con comida, etc.

La excursión había sido organizada por Pivo, Bier & Ale y en el grupo eramos 15, incluyendo Pavel Borowiec, jefe de redacción de PBA. Una linda banda de gente, con varios conocidos y otros con quien pronto me hice amigos.

Salimos de Praga a las 11, hicimos una parada en una estación de servicio cerca de la frontera y nos adentramos en Alemania. Nuestro objetivo era Nüremberg, en donde nos alojaríamos. El tráfico en la ruta cerca de la cuidad era de terror, como todo viernes a la tarde.

Llegamos al Hotel Nestor, en donde pasaríamos las siguientes dos noches (mucho mejor de lo que lo hubiese esperado, mi habitación era casi lujosa) y después de dejar los bolsos y estirar un poco las piernas nos pusimos en camino hacia Forchheim, previa escala en Erlanger, para buscar a Daša Hrnečková, quien sería muy importante este fin de semana.

Tomó bastante encontrar a esta dama (por el tráfico y porque por algún motivo el navegador GPS se negaba a hacer su trabajo en esta ciudad) y cuando llegamos a Forchheim estábamos todos con MUCHA sed. Tuvimos que esperar un rato más. Fuimos recibidos por una personalidad local que nos contó un poco sobre la ciudad y el festival cervecero. Para cuando terminó creo que la mayoría de nosotros hubiésemos sido capaces de matar un jabalí con nuestras propias manos para poder tomar una birra.

Por fin llegamos al Kellerwald y les juro que es impresionante. Una atmósfera que no se puede creer y un entorno casi de ensueño. Ya había mucha gente y lo que se respiraba era alegría absoluta. Muy contagioso.

No perdí demasiado tiempo mirando a mi alrededor y fui al primer keller que encontré para tomarme mi primer Maß de Festbier. La festbier son cervezas ámbar (lager, por supuesto) de entre 5,5-5,7% de alc. (si no me equivoco, por graduación Balling son Bock, o casi) que se maduran en los keller y se dispensan por gravedad, no con presión. El Maß, con el que estas cervezas se toman, es una jarra de cerámica de 1l. No soy amigo de tomar en tupláky, como lo llaman los checos, porque si no querés que la cerveza se te caliente, la tenés que tomar demasiado rápido. Pero es diferente con estos jarros de cerámica, el material mantiene la temperatura por mucho tiempo, así que uno puede tomar la cerveza sin ningún tipo de apuro.
Algo que no me molesté en comprobar con la la primera del día, que fue de Neder, una de las cervecerías locales. El Maß se vacío como si hubiese estado pinchado. Apenas lo terminé, me hice de otro. Todas las festbier son prácticamente lo mismo, muy maltosas, con notas que (y no se lo tomen demasiado en serio) me hicieron acordar a pan de gengibre y gracias al sistema de dispensado, muy poco carbonatadas y tremendamente tomables. La de Neder resultó ser especialmente rica, un toque más lupulada que el resto, lo que le daba una vuelta muy floral (todos usan Tettnanger acá).
No nos quedamos demasiado en el Keller de Neder. Había una banda de pop alemán tocando música horrenda, así que nos movimos a otro lugar más tranquilo, el keller de Eichorn, otra de las cerveceras locales, cuya festbier estaba también buenísima. Cuando ya estaba por mi segundo Maß de Eichorn me di cuenta que tenía hambre y pedí algo de comida (además de los stands de comida rápida, todos los Keller sirven platos en serio). Gran error. No porque la comida fuese mala, ¡estaba genial! Sino que la porción era enorme y se convirtió en un obstáculo para seguir tomando cerveza. (a propósito, 7EU por ese plato me pareció un muy buen precio, en el Czech Beer Festival una porción más chica de algo de menor calidad me va a costar más o menos lo mismo, quizás los organizadores deberían darse una vuelta por el Annafest para aprender un par de cosas).
Me costó terminar ese cuarto Maß de la noche y ya casi que me había decidido ir a explorar un poco cuando alguien tuvo el atino de pedirme otro Maß más. Entonces fue que me di cuenta que el Annafest se trata de ver cuántas cervezas distintas se puede uno tomar en un día (son todas prácticamente iguales), sino de disfrutar el hecho de estar tomando cerveza con amigos. Para eso se viene uno hasta Forchheim.

Curiosamente, para cuando estaba terminando mi quinto litro de Festbier, ya me sentía más ligero y casi listo para un sexto, pero lamentablemente ya era hora de volver al autobús.

Mi fui a dormir bien pasada la medianoche, sorprendentemente poco ebrio teniendo en cuenta la cantidad de festbier que había consumido, y sería solo el principio...

Na Zdraví!

3/8/11

Lecturas seleccionadas: Julio

Sí, sí, ya estamos en agosto y yo tampoco puedo creerlo. Qué se le va a hacer, el tiempo vuela cuando uno se divierte y julio ha dejado bastantes cosas entretenidas para leer.

El recorrido empieza más bien con una copa de vino en la mano. Desde Inglaterra, una tal Fiona Beckett hace una crítica a la crítica de vinos en donde advierte sobre la pobre ética, o en otras palabras corrupción, que existe entre algunos de sus colegas. Luego de leerlo, me quedé con la pregunta de si esto no puede pasar con la cerveza. Con la creciente importancia que muchos les están dando a los blogs y lo que nos gusta a todos recibir muestras gratis y ser invitados a eventos ¿cabe la posibilidad de que algunos de nosotros seamos más benevolentes hacia algunos elaboradores/distribuidores sólo porque queremos seguir tomando gratis? ¿Cuál es la actitud correcta a tomar cuando una muestra gratis que hemos recibido para ser reseñada en nuestros blogs resulta ser una cerveza de mierda? Para pensar.

Aligerando el ambiente, pero siguiendo con los vinos Fondo de Olla denuncia de manera muy divertida la santa que existe en el discurso vinero, algo que lamentablemente, ya viene pasando hace rato en parte del discurso cervecero. Mea culpa, en varias ocasiones he cometido excesos poéticos al describir una birra, "El aroma era como caminar por un campo de trigo maduro mientras se sostiene un ramo de flores" para citar el más reciente. En mi defensa, por un lado, me divierte escribir así y por otro este es un blog y no una gacetilla o publicidad encubierta de un elaborador/distribuidor donde se habla de maridajes con Cruzcampo, de "Cervezas de refrescancia o de deleite" o de "Manzanas de verano danesas" para describir a Carlsberg.

Y ya que estamos en el tema de sanata y snobismo The Contrarian se queja de lo difícil que se ha vuelto pedir una cerveza en bares especializados en "Craft Beer" y no sin razón. La cerveza para mí siempre ha sido una bebida "incluyente" y tener que haberse aprendido la Guía de Estilos del BJCP para poder pedir una birra, obliga a la cerveza a adoptar vicios del vino, otra bebida que siempre fue incluyente, pero que sus marketineros han decidido que eso no era lo suficientemente aceptable.

(Pero bueno, a lo mejor sos una de esas personas que creen que para verdaderamente poder disfrutar de una birra hay que degustarla, no tomarla, o que querés que en todos los pubs haya un sommerlier y jamás pisarías ninguno que no tenga una carta con al menos 450 cervezas artesanales de todo el mundo (50 de ellas de barril) que se renuevan de manera periodica, no sea cosa que te aburras. En tal caso, te recomiendo leer este programa de rehabilitación para los snobs cerveceros que seguramente te hará muy bien.)

Entre esos vicios del vino, para mí, se encuentra el uso de la palabra "terroir", que alguna gente está intentando aplicar a la cerveza. Stan Hieronymus argumenta muy bien su posición, pero a mí no me convence. Sí me gusta la idea de poner énfasis en el origen de una cerveza, algo que, como ya he dicho, es muy importante, pero lo de "terroir" ya ha sido bastante abusado por el marketing del vino como para que ahora lo empecemos a emplear (y mal) en la cerveza.

Siguiendo con el marketing, la sección de economía de La Vanguardia publicó una entrevista con Albert Castellón, director general de Moritz, que no es más que un compendio de lo que significa el concepto de "la marca sobre la bebida". Vamos pasar por alto esa tontería demagógica de que "le gusta mucho la cerveza, pero que “por principios”, si está en un bar donde no tienen Moritz, toma café o refresco, y luego intenta saber por qué no tienen Moritz" y enfoquémonos en lo de "marca" (palabra que, como alguien bien comentó, Castellón menciona siete veces y "lúpulo" no menciona ni una sola vez). Castellón dice que Moritz es "La Cerveza de Barcelona", y sin embargo está elaborada en Zaragoza, a más de 300km de distancia. Este es el tipo de cosas que le da argumento a los partidarios del uso de la palabra "terroir".

Más sanata marketinera desde Inglaterra. Martyn Cornell publicó una brillante sátira titulada "Se lanza un nuevo vino blanco para hombres" en respuesta a otro patético lanzamiento por parte de una macro de una patética "cerveza para mujeres" que engloba a todos los clichés de la supuesta relación de las chicas con la cerveza.

La gansada del mes viene desde Colombia y es cortesía de un tal José Rafael Arango, que en un artículo lleno de lugares comunes sobre la cerveza nos convida con esta revelación histórica "Con el tiempo las culturas orientales y occidentales asumieron con pasión la fabricación y uso de diferentes tipos de cervezas. Tal fue la variedad y profusión de esta bebida que en 1516 Guillermo IV, duque de Baviera, se vio obligado a promulgar la famosa ley de la pureza cervecera o Reinheitsgebot, con la cual restringía a los fabricantes de cerveza a utilizar solo agua, cebada y lúpulo, reglamento que ha preservado la pureza y calidad del precioso líquido hasta nuestros días." No se puede agregar nada más a esto.

Na Zdraví!