28/7/11

Al menos lo intentan

Mucha gente me ha dicho que en tiempos pasados las cervezas de Krušovice etaban consideradas entre las mejores de la Rep. Checa, comparables con las que entonces elaboraba Pilsner Urquell.

Las cosas empezaron a cambiar en los años 90, y para mal. Como casi todas las cervecerías del país (que no habían sido restituidas a sus dueños de la era pre-comunista), Krušovice fue privatizada y a partir de entonces su producción creció de una manera increíble, triplicando su volumen en apenas tres años. Para mediados de la década, y luego de algunas idas y venidas, la empresa alemana Binding Brauerei, a su vez parte del Radeberger Gruppe, a su vez parte de la multinacional Dr. Oetker (gente que de cerveza debe saber tanto como Budvar de Pizzas congeladas) became the majority shareholder. El resultado de todo esto, bueno, para cuando me vine acá en 2002 la antes admirada marca estaba considerada entre las peores, casi como Staropramen lo es hoy. Es más, se dice por ahí que los alemanes solían mezclar algo de su Radeberger Pils con Krušovice cuando necesitaban aumentar volumen, en fin.

En 2007, el gigante holandés Heineken se hizo cargo de la cervecería y convirtió a Krušovice en la marca insignia de su cartera checa, así que no les quedó otra alternativa que empezar a reparar la imagen.

El paso más significativo de este proceso ha sido sin duda el relanzamiento de Krušovice Světlý (výčepní) y Krušovice Imperial (ležák) como "Pořadná 10° y 12°" (10º y 12º - Balling - en serio). Esto no se trata solamente de un cambio de nombre, sino también de un interesante golpe retórico. Si hablamos de los productos de las macros (Heineken incluida), y no pocas regionales como Bernard o Primátor, lo que la gente comúnmente llama desítka (10) y dvanáctka (12) son en realidad výčepní o ležák, que son categorías legales que se definen según sendos rangos de graduación Balling, 8-10,99 para las primeras, 11-12,99 para las segundas. Esto es importante, porque muchas de esas cervezas suelen ser elaboradas con una graduación menor a lo que la gente cree o en algunos casos, como el de Gambrinus, se utiliza el sistema de High Gravity Brewing. Entonces, lo que Heineken está diciendo con esto es que ellos hacen cerveza como se debe (a pesar de que el discurso no menciona en ningún lado el tiempo de fermentación y maduración que cada una de las cervezas recibe).

Todo muy lindo, sí, pero para mí los más importante es la cerveza y si esta me gusta (o no) me importa poco y nada lo que diga la etiqueta y el resto de su marketing.

Había probado ya la 10º luego de su lanzamiento el año pasado  y no me había gustado demasiado. La 12º fue lanzada este año y apenas me crucé con una botella la compré para probarla tranquilo en casa (en la foto, acompañada por lo que pronto sería un pivní sýr)
Podría decir exactamente lo que dije entonces de la 10º "tiene muy lindo aspecto, lamentablemente, la cosa termina ahí. No es que sea fea, sino que carece de sabor y carácter".

Pero hay que ser justos, para poder realmente apreciar una desítka y una dvanáctka hay que tomarlas de barril. La botella nos puede dar una idea, pero es desde un půl litr bien tirado desde donde este tipo de cervezas se expresa mejor, para ello fui el otro día al que considero el mejor lugar en Praga para tomar Krušovice, Krušovická Pivnice Šalanda, en Nardoní.

La 10º mejora bastante, tiene una linda base maltosa y un suave, pero justo amargor, si la tuviesen en mi pueblo la tomaría con gusto. La 12º empieza bien, el primer trago me sorprendió por su sabor, muy redondo muy "Urquell", muy saboroso, pero para la mitad del vaso (o el segundo sorbo) se le acaban las pilas, es como si todo ese sabor y carácter estuviesen solamente en la espuma. Una lástima que se quede a medio camino.

Pero volviendo al tema marketinero. Una vez relanzadas ambas cervezas, Heineken salió a la calle a llevar a cabo el Referéndum Krušovice para intentar confirmar el nuevo slogan de las cervezas "Chutná jako tenkrát" ("Sabe como allá entonces"). La campaña consistió en un camioncito recorriendo diferentes localidades del país desde el se tiraban ambas cervezas y se les preguntaba a la gente si estas eran tan ricas como en el pasado.

El resultado creo que no sorprende a nadie, 97% de los "encuestados" dijo que sí, que las cervezas son tan ricas como hace 15-20 años. Más allá de que muchos de los que aparecen en el aviso publicitario no tienen pinta de tener la suficiente edad como para haber estado tomando cerveza (de cualquier marca) hace dos décadas (aunque...) o que no se sabe cuántos de los que probaron las relanzadas cervezas eran consumidores habituales de Krušovice allá por los buenos tiempos, ¿cuánta gente es realmente capaz de acordarse en detalle cómo era la cerveza que tomaban hace tanto tiempo?

Pero bueno, lo importante acá es que hay una multinacional que está intentando hacer al menos algo bien, o mejor que antes, el tiempo dirá si la campaña es exitosa o no. Y en lo personal, me gustaría que lo fuera. No porque le tenga algún tipo de simpatía a Heineken, sino porque si esto les sale bien podría llegar a significar que otras cerveceras empiecen a apostar un poco más en la calidad de sus productos, lo cual es positivo para todos.

Na Zdraví!

26/7/11

Corta excursión cervecera

Apenas supe que tendría casi todo el jueves libre, decidí hacer un viaje que hacía rato me debía. El clima ese día resultó estar bastante feo, fresco y con lluvia, pero no me importó, no iba a hacer algo como lo que hice en Únětice. Mi objetivo esta vez era Pivovar Antoš, en Slaný.

Desde que este brewpub abrió en febrero no había parado de oír buenos comentarios, sobre el lugar, sobre su comida y, en especial, sobre sus cervezas. Estaba contento que por fin podría hacer el peregrinaje hasta allí.

Es fácil llegar a Slaný. Hay autobuses regulares desde Dejvická (la parada está frente al Hotel Diplomat) y el viaje toma algo más de media hora. Me tomé el bondí de las 10, que me dejó en la terminal de autobús de la ciudad. Según el mapa que había consultado, tenía que darle la vuelta a la iglesia que podía ver desde donde estaba parado y de ahí caminar unos 200m hasta el brewpub. Como este abría recién a las 11, todavía tenía algo de tiempo así que fui a pasear un poco por el centro de la ciudad. Resultó ser más bonito de lo que esperaba. Es cierto que algunos de los edificios están algo descuidados, pero debajo de la llovizna eso le daba un toque más de encanto.

Cuando se hicieron las 11 apuré el paso, ya tenía bastante sed y no poca hambre. El restaurante resultó ser muy bonito. Está ubicado justo en una esquina, en un edificio que originalmente fue construido en el s. 13 y cuyo aspecto actual es, si mal no me acuerdo, del s. 18. Está dividido en varios salones, en tres niveles. Sobre lo que antes fue el patio, hoy hay un techo de vidrio y justo debajo de este se encuentran los equipos de la fábrica. El efecto es bastante impresionante con la luz natural dándole brillo a los cacharros recubiertos en bronce.
Encontré una mesa la lado de una ventana justo en ese salón. Estaban cocinando ese día y el aire estaba empapado de ese fantástico aroma del macerado. Una camarera, con agradablemente genuina sonrisa, me trajo el menú y me preguntó que quería tomar. Desítka elegí para calmar mi sed, y el menú del día para hacerse cargo del hambre. La sopa drštková no estaba mal y me cayó de maravillas. La milanesa de cerdo con puré (de verdad, no instantáneo) sí que estaban muy buenos.
Pero no era la comida lo que me había traído hasta ahí, era la cerveza, y no defraudaron. La desítka estaba fantástica. Es increíble lo que un buen maestro cervecero es capaz de hacer con algo tan simple como una lager rubia de 10º Balling. El aroma era como caminar por un campo de trigo maduro mientras se sostiene un ramo de flores y el sabor era la perfección fermentada y madurada en frío. Para mí, una de las mejores en su categoría, sin duda, ahí junto con la de Kout o la de Chýně.

Podría haberme quedado el resto del día tomando un půl litr atrás de otro de esta delicia y el viaje hubiese valido la pena, pero tenía ganas de probar el resto. La světlý ležák (11,8º, no una dvanáctká técnicamente hablando) era como una hermana mayor de la desítka, muy rica también, pero no me gustó tanto como la otra, quizás pecaba por ser un poquitín demasiado parecida.
Ahora, si la desítka es la perfección en vaso de medio litro, la polotmavá 13º pertenece a otro plano de existencia, a un universo paralelo. Cada una de sus moléculas parece haber sido programada para causar el más exquisito de los placeres cerveceros. Me hizo acordar mucho a una Dunkles de Bamberg que tuve que reseñar hace poco, pero esta era todavía mejor. Nada bombástica, nada “más esto o lo otro”, no le hace falta, después de todo es mi cerveza favorita.
Probé también la Černé Poupě, una lager bien negra de 12º. Muy buena, café con algo de chocolate con leche y un toquecito de regaliz y flores. En lo personal, prefiero las cervezas oscuras algo más “tostadas”, pero no me puedo quejar de esta, tampoco.
Tomar y comer no fue lo único que hice en Pivovar Antoš. También pude hablar un rato con uno de sus dueños, el Sr. Pavlík. Un tipo bastante simpático y de esos que está convencido que para prosperar, primero que nada hay que hacer las cosas bien. Me contó que hasta ahora no había tenido ningún tipo de experiencia en la industria cervecera, pero que siempre había soñado con tener su propia cervecería. Sin embargo ese no había sido el plan original cuando con su socio decidieron comprar el edificio. Fue recién cuando descubrieron que la familia que alguna vez supo ser dueña de edificio era también propietaria de una licencia para elaborar cerveza, algo que en ese entonces no podía tener cualquiera.

El encargado de elaborar las delicias que estaba tomando mientras hablaba con Pavlík es David Máša, alguien con muchísima experiencia, que otrora supo trabajar en Krušovice y que como asistente tiene a su hijo.

El Sr Pavlík me mostró también el resto de los equipos, parte de los cuales están ubicados en los sótanos originales del edificio y me dio a probar la polotmavé directamente del tanque de maduración, lo cual no significó una gran diferencia a lo que había tomado arriba, ya que las cervezas se tiran directamente desde los tanques.
Me hubiese gustado quedarme mucho más, pero quería tomarme el bondi 13 de vuelta a Praga. Antes de irme me preguntaron cuál cerveza era la que más me había gustado, lo cual significó que me fui a casa con dos botellas de 1,5 de esa gloriosa polotmavé.

En serio, si están en Praga, tómense el autobús a Slaný. La visita a Pivovar Antoš vale mucho la pena, no se van a arrepentir y seguro me van a agradecer el consejo.

Na Zdraví!

Pivovar Antoš
GPS: 50°13'47.938"N, 14°5'19.052"E
Vinařického 14/10 - Slaný
info@pivovarantos.cz - +420 608 274 011
Lun-Jue: 11-23, Vie-Sáb: 11-24, Dom: 11-22

18/7/11

¿En Praga este Sábado?

Si la respuesta es sí, y si tenés ganas de probar algo cerveceramente diferente a lo acostumbrado, al menos por la mayoría, entonces estás invitado a la primera edición del festival de cervezas especiales Beerketa
El evento se lleva a cabo en el Estadio Marketa, en Praga 6 (Bus 179, 184, 191 a Nad Marketou, o desde la estación de Tranvía Vypich, tranvía 22 y 25, 5 minutos a pata, GPS: 50°5'2.264"N, 14°20'50.753"E). Las puertas abren a las 11 y el precio de la entrada es de 150CZK. Los primeros mil en llegar se llevarán un vaso de regalo con el que podrán tomar cervezas de:

- Matuška
- Klášterní pivovar Strahov
- Kocour
- Chýně
- Richter
- Vimperk
- Purkmistr
- Chyše
- BrewDog
- Weihenstephan y otros

Además de ponerse alegres (pero no emborracharse, eso no se hace;), podrán conocer y hacerles preguntas a maestros cerveceros, saber algo más sobre estilos, participar en un par de concursos y hablar con los responsables de la revista Pivo, Bier & Ale y en una de esas, hasta encontrase conmigo, lo cual es un gran honor, al menos para mí cada mañana.

Na Zdraví!

15/7/11

463 Palabras dicen más que una imagen

La noticia de que Pivovary Staropramen ha tenido otro año con baja en la producción (7% si mal no me acuerdo), junto con la noticia de que Pivovar Svijany ha terminado con las obras para ampliar su capacidad, algo necesario para satisfacer la creciente demanda por sus cervezas, me hicieron acordar de esta foto.

Se dice que una imagen dice más que mil palabras. Muchas veces es cierto, pero no siempre, máxime si no se tiene la suficiente información previa, como sucede con la foto de arriba. A primera vista tenemos carteles que anuncian las dos marcas de las que hablé antes, los cuales, correctamente, muchos podrán asumir que también indican la entrada a un pub, bar o restaurante.

Luego de haber leído el párrafo que precede a la imagen, esta podrá por algunos ser acertadamente tomada como un símbolo de lo que está sucediendo, una cervecería regional que crece en parte gracias a quitarle mercado a una macro propiedad de una multinacional. Pero la historia no termina ahí, la foto esta dice mucho más.

En 1998 la producción de Svijany no llegaba a los 30.000 hl anuales. La cervecería necesitaba urgentes inversiones para poder seguir funcionando y sus entonces dueños, Pivovary Praha (ahora Staropramen), habían decidido que tales inversiones no se justificaban para una marca tan pequeña y que por ende, era mejor cerrar la fábrica, lo cual desde su punto de vista no dejar de ser lógico.

Al enterarse de esto, el entonces Maestro Cervecero (cuyo nombre no me acuerdo ni tengo ganas de buscar) se decidió a salvar la empresa en la que había trabajado por tanto tiempo y, luego de juntar promesas de capital, le ofreció a Staropramen comprar Pivovar Svijany. Al principio los de Smíchov se negaron a vender y a este buen hombre no le quedó más remedio que apelar directamente a Bass&Co. (entonces propietarios de PP), quienes sí aceptaron la oferta, o al menos así lo cuenta la leyenda.

Sea cual sea la verdad, hoy la producción y posición de mercado de Staropramen sigue cayendo, mientras que Svijany el año pasado superó los 400.000hl y apunta para más durante este año.

Mientras recorría la ciudad “investigando” para mi libro, vi al menos media docena de lugares que hoy venden ambas marcas. No tengo idea qué tan bien le irá a cada una de las marcas en cada uno de los lugares, pero es claro que cada medio litro de Svijany que allí se vende, significa medio litro menos para Staropramen.

No creo que la gente que hoy trabaja en Pivovar Svijany tenga ningún tipo de rencor hacia Staropramen, pero no me sorprendería que los barriles que venden en esos lugares donde ambas empresas comparten cartel tengan para ellos un valor que va algo más allá del monetario.

Na Zdraví!

13/7/11

La respuesta correcta a una vieja pregunta

Mientras escribía mi artículo de regreso a la Revista Bar&Beer me di cuenta de algo que ya sabía hace rato, la verdadera respuesta a la pregunta que me han hecho incontables veces "¿Cuál es tu cerveza favorita?".

Mi cerveza favorita no es de ninguna marca, color, estilo o país específico, no responde tampoco a etiquetas arbitrarias como "industrial", "real", "tradicional" o "artesanal". A mi cerveza favorita no le hace falta gritar para que la escuche. Mi cerveza favorita es aquella que a veces es la excusa para pasar un momento agradable con gente querida y lo hace todavía más agradable pero que también puede ser por sí misma un momento agradable. A mi cerveza favorita no hace falta entenderla o saber sobre ella para disfrutarla y sin embargo, hay gente que sabe y entiendo y no es capaz de apreciarla. Mi cerveza favorita puede ser mi primera y última del día y no necesita de ningún momento o situación especial para tomarla, va bien con cualquier momento o situación.

Mi cerveza favorita es un poco como la Gran Diosa de los pueblos antiguos, a la cual se la conocía con muchos nombres y todo tipo de formas, tamaños y colores, que al fin y al cabo no eran más que distintas manifestaciones de un mismo principio elemental.

Esa es mi cerveza favorita, ¿cuál es la tuya?

Na Zdraví!

11/7/11

Maridando con sanata

La verdad, hay que reconocer los esfuerzos que están haciendo algunos elaboradores, grandes y pequeños, para mostrarle al mundo que la cerveza no tiene por qué ser únicamente un refresco, sino que también puede ser excelente acompañamiento para todo tipo de comidas. Lamentablemente, hay ocasiones en que esos esfuerzos bordean lo patético.

Tal es el caso con lo que nos cuenta en este artículo el experto cervecero Javier Soriano, Profesor de la Escuela de Gastronomía Gambrinus (que pertenece a Heineken España) y co-autor de aquel Método de Cata.

Soriano dice que "La cerveza es digna de acompañar en mesa con todos los honores y puede protagonizar un papel muy importante en la alta cocina, ocupando perfectamente el lugar del vino en los restaurantes". Con lo cual estoy de acuerdo. Para luego agregar que "En Europa, mucha cerveza se sirve a temperatura ambiente, algo que no es posible en nuestro país, primando la cerveza rubia, que se sirve muy fría. Nosotros la adaptamos aligerando el producto, para que sea más bebible y refrescante, una necesidad fruto de la climatología".

Bueno, ¿por dónde empezar?

Cada uno es libre de disfrutar de sus cervezas como más le plazca, ya sea directo de una botella o lata o de una copa de cristal especialmente diseñada, sola o con una rodaja de limón, helada o a temperatura ambiente. Es cuestión de gustos. Sin embargo, la idea de un maridaje es la de combinar los aromas y sabores de una bebida con los aromas y sabores de una comida buscando así tener una experiencia sensorial diferente a la que tendríamos si consumiésemos ambas cosas por separado. Por supuesto que no existen formulas ni reglas y que lo que funciona para mí, puede que no funcione para otros, pero no se puede hablar en serio de maridajes cuando la bebida, en este caso cerveza, se sirve a una temperatura tan baja que no permite una adecuada apreciación de esos aromas y sabores (lo cual, en el caso de Cruzcampo y similares, puede que sea una bendición).

Lo de la climatología es también una gran mentira. El pasado abril, en un bar a las afueras de Ávila, a más de 1400m sobre el nivel del mar y en un día que estaba lejos de ser tórrido, la Cruzcampo bajo cero me la sirvieron a una temperatura que hacía honor a su nombre y estoy seguro que si la semana que viene fuese a un restaurante de Sevilla y pidiese una botella de vino tinto, no me la traerían "bien helada" a tomar con copas recién sacadas del congelador.

(Y ya que estamos en el tema. Teniendo en cuenta que las cervezas cuya temperatura ideal es "bien helada" suelen ser de pedorras para abajo, me pregunto si se volvieron tan pedorras porque la gente siempre las tomó tan frías, o si la gente empezó a tomarlas tan frías porque siempre fueron tan pedorras).

El Profesor Soriano y la empresa que lo emplea deberían por un lado ser honestos consigo mismos y por otro, dejar de tomarnos por boludos. Cruzcampo y otras tantas cervezas similares del mundo entero son refrescos, hace mucho que se venden y se consumen como tal. Calidades y gustos personales aparte, yo no veo nada de malo en ello. Para mí, no hay mejor refresco en el mundo que una cerveza, o más precisamente, que una lager rubia de 10 u 11º Plato servida a 6-7ºC, lo cual es lo suficientemente refrescante en cualquier tipo de clima.

Na Zdraví!

8/7/11

Excursión en familia

Para variar, parecía que el pronóstico del tiempo esta vez sí la iba a pegar, el miércoles (feriado nacional aquí) prometía ser un día demasiado lindo para quedarse en casa y mi mujer pensó que podríamos ir de paseo. La idea era encontrar un lugar que no esté a más de una hora en auto, donde se pueda ir con nuestra hija y en donde todavía no hayamos estado. El casitllo Kokořín cumplía con todas esas condiciones.

Una vez que se sale de Mělnik y se empiezan a seguir los carteles marrones que indican el camino al castillo, la ruta se vuelve preciosa. Se adentra en bosques, que en realidad son casi una jungla, luego aparecen formaciones rocosas que son producto casi de leyendas eslavas y en el medio de todo, un par de pueblitos con muy lindas casas.

Como era de esperarse para un feriado como este, el estacionamiento del castillo estaba casi lleno. Luego de dejar el auto nos quedaba todavía una subida a pie de un par de kilómetros, buen ejercicio.

El castillo en sí está en medio del bosque, en la cima de la colina y su torre aparece cuando uno casi ha perdido la esperanza de llegar a él. Es pequeño, pero muy bonito. Dimos un par de vueltas, admiramos la impresionante vista desde una de sus torres y emprendimos el camino cuesta abajo. Mi hija había subido caminando y en el camino de vuelta la tuve que llevar en brazos. Esto, junto con el calor y la hora, hizo que para cuando llegamos al estacionamiento estemos con mucha hambre y sed. Mucha sed, yo, con gusto hubiese tomado hasta una Staropramen, les juro.

Justo detrás del estacionamiento había un restaurante/terraza de muy linda pinta. Fuimos derecho. Encontramos una mesa adentro, hacía demasiado calor para estar en el sol.
No sé el nombre del lugar, me lo olvidé, pensé que lo podría encontrar en Internet, pero no fue así (tampoco busqué demsiado a fondo). Sea cual sea el nombre, me sorprendió la cerveza que estaban siriviendo. Además de la Urquell que prometían las sombrillas, tenían Podkováň, una cervecería que apenas hace un mes reabrió luego de tres años. ¡Y a 21CZK el medio litro de 11º! ¡Y qué rica estaba! (y no solo la primera).
El menú del día solamente ofrecía comida demasiado pesada para el clima, así que nos pedimos solamente una sopa. Menos mal. Las sopas estaban buenísimas, pero el servicio era de terror, y no por culpa de los cuatro camarer@s que de muy buen modo hacían lo que podían. No soy ningún gurú de la hostelería, pero no hace falta tener mucha experiencia en el ramo para darse cuenta que quien sea que esté a cargo de ese lugar no tiene la más pálida idea de cómo administrar el personal. Todos los camarer@s estaban atendiendo todas las mesas. El resultado, confusión. Tres veces nos vinieron a preguntar si ya habíamos pedido, una vez nos quisieron traer la comida de otra mesa, tuvimos que esperar más de 15 minutos para que nos traigan las sopas (que ya están listas y solo se tiene que servir en los platos), cuando pedí la segunda cerveza, luego de casi diez minutos, en lugar de Podkováň, me trajeron Urquell (por suerte me cobraron por lo que había pedido y no las 33CZK que salía la otra) y si hubiésemos pedido algo más sólido, a lo mejor todavía estaríamos esperando. Una lástima de verdad, porque el lugar, la comida y la cerveza estaban en serio estaban bien.

Terminadas las sopas, decidimos ir hasta Kokořínský Důl. Cuando lo pasamos con el auto habíamos visto un par de lugares para sentarse a comer que nos habíam parecido muy lindos.

Estacionamos frente al de aspecto más antiguo. Como el anterior, en la terraza habían sombrillas del Pilsner Urquell, acompañadas aquí por un cartel de Krušovice. Lo que me encontré fue con otra sopresa cervecera, ¡otra vez Podkováň! y también al mismo precio. De hecho, el nombre de la hospoda es Podkováňská Pivnice U Grobiána y era realmente linda, tanto adentro como afuera.

El servicio aquí era un poco mejor que en boliche de antes y con mi mujer nos pedimos sendos smažáky (queso frito, en este caso, Hermelín), que estaban realmente geniales. Mi niña, mientras tanto, muy astutamente me llevó de la mano hacia adentro de la hospoda y casi sin quererlo y con su sonrisita picarona, fue despacito al freezer de los helados. Díganme ustedes, ¿qué otra alternativa queda más que volver a la terraza con un helado de chocolate en la mano?

Luego de la segunda birra me di cuenta de lo lindo que debe ser vivir, o al menos tener una casa de fin de semana en Kokořínský Důl. Es un pequeño paraíso cervecero. Tres pubs y ninguno de ellos vende las grandes marcas, además de Podkováň, había uno que vendía Bernard y otro que vendía Svijany, y como si esto no fuera poco, ¡U Grobiána los fines de semana abre a las 9! Ya casi que me podía imaginar levantarme, poner a hacer el desayuno despacio y llevar mi džbán para que me lo llenen con exquisita birra.

Después de comer y tomar muy bien, fuimos a pasear un poquito más. Nos quedó mucho por ver en la zona, así que tenemos una excelente excusa para volver. Seguro que va a valer la pena.

Na Zdraví!

4/7/11

Algo de democracia en la hospoda

No fumo. No me gusta terminar oliendo a cenicero añejo cuando voy a tomar un par de cervezas. No entiendo qué es lo que la gente ve en los cigarrillos, todos saben a mierda. Estoy convencido que la mayoría de los fumadores de cigarrillos son unos cerdos maleducados que no son capaces de dar un par de pasos para tirar los puchos a un tacho de basura, y ni hablar de esos imbéciles que los tiran desde la ventana del auto.

Dicho estoy, estoy encontra de una prohibición de fumar en establecimientos gastronómicos. Por un lado, porque el tabaco, en cualquiera de sus presentaciones (menos la masticable, que es algo que no entiendo) es un producto legal que cualquier persona mayor de 18 años puede comprar sin ningún tipo de restricciones; y por otro, porque tengo la impresión de que muchos de los activistas que hacen campaña por tal prohibición no son más que unos egoistas* que no saben respetar el derecho de los demás. A un establecimiento gastronómico no se va por obligación, sino porque se quiere y del mismo modo que una persona elige un restaurante, pub, café, etc. según su precio, tipo de comida, servicio, atmósfera, conveniencia, etc, puede elegirlo según su política hacia el tabaco. Es por ello que me parece muy sensata la actual ley que obliga a los hosteleros indicar en la puerta de sus locales si permiten fumar o no.

Dicho esto, me pone muy contento ver que, al menos en Praga, cada vez hay más establecimientos gastronómicos donde no se permite fumar. Por un lado, porque entiendo que los no fumadores tienen todo el derecho del mundo de ir a lugares en donde se pueden sentir cómodos y por otro, porque en todos los casos la decisión es de los dueños. Merecen especial reconocimiento los dueños que tomaron la decisión de convertir a sus locales en no fumadores luego de haber consultado con el factor más importante en toda ecuación comercial, el cliente.

Algo así es lo que ha decidido Hanz, el dueño de Zlý Časy. Durante las vacaciones de verano, el templo cervecero de Nusle será no fumador (en realidad se va a poder seguir fumando en el jardín, pero los que sabemos vamos al bar). Se trata, por ahora, de una prueba piloto durante la cual los clientes podrán dar a conocer su opinión. Que el cambio sea permanente o no dependerá entonces de lo que diga la gente. En lo personal, espero que los no fumadores sean los que hablen más fuerte. Así que a tomar cervezas y a votar.

Más allá de cuál sea la decisión, acá les dejo una lista de otros lugares libres de humo:

- Pivovar U Medvídku (solamente el brewpub)
- Baráčnická Rychta
- Dobrá Trafika, al menos la sucursal de Korunní
- Pivovarský Dům y Pivovarský Klub
- Kulový Blesk
- Klášterní Šenk
- Pivovar Bašta

Por ahora, son todo los que me puedo acordar. Si alguno de ustedes sabe de alguno más avise.

Na Zdravi!

* Los fumadores también pueden ser unos egoístas (y tarados), como aquella mujer, única fumadora en un grupo de seis personas, que se enojó terriblemente con sus amigos cuando se dio cuenta que en Kulový Blesk no podía fumar y hasta que la hicieron callar no paró de quejarse e insitir de ir a otro lado.

1/7/11

Lecturas seleccionadas: Junio

Otro mes y más artículos cerveceramente interesantes que quiero compartir con ustedes:

Pete Brown habla de la importancia de los blogueros en el mercado cervecero, algo de lo cual no estoy del todo seguro, al menos no si miro las cosas desde un poco más lejos, pero tengo que admitir que los argumentos de Pete son bastante sólidos.

Lorenzo Bursattin Brusattin, del sitio español Marketing y Consumo ofrece un muy buen análisis del mercado de la cerveza en España, que cambiando un par de nombres podría ser tranquilamente aplicado a casi cualquier país.

2d2spuma se hace varias preguntas al tiempo que lamenta el hecho que los organizadores de una feria de productos artesanales hayan aceptado el patrocinio de una macro, quienes, como era de esperarse (y para mí, perfectamente justificable), pusieron como condiciones que las suyas sean las únicas cervezas disponibles en el evento. Pero es la segunda y la tercera parte la que más me interesa, que nos recuerda que una micro cervecería es una empresa y que un cervecero artesano es un empresario. Algo que es más que evidente, pero muchos parecen no entender, prefiriendo creer que los micro cerveceros son artistas.

Ron Pattison nos convida con dos fantásticas piezas de poesía cervecera, una sobre lager y otra sobre jardines cerveceros en Franconia, donde por supuesto, se toma lager. Lectura obligada para todos, en especial para esos obtusos que siguen creyendo en "lager=cerveza mala" (y un poco también para aquellos que creen que las cervezas complejas, extremas o innovadoras son las únicas de las que vale la pena hablar).

Desde Canadá, Alan McLeod nos recuerda algo sobre lo que la mayoría de nosotros no pensamos, el impacto económico (positivo) de la industria cervecera en la economía, de toda la industria, desde las micros a las macros (aunque, por una cuestión de volumen, las últimas son las que más impacto tienen). Si uno se pone a pensar, hay muchísima que depende de la cerveza para, directa o indirectamente, ganarse la vida, empezando por el sector agrícola, hasta los dueños de empresas de transporte, entre muchos otros.

Claro que no todo es color de rosa, tal como lo deja bien en claro el mismo Alan. Rogue, una Craft yanki, ha sido acusada de políticas laborales que distan mucho de ser las ideales. Si estas acusaciones resultan ciertas, me pregunto qué efecto tendrán en las ventas de la empresa y si todo esto hará que otras cervecerías con prácticas similares decidan reevaluar sus políticas.

Stephen Beaumont publica una carta abierta a Steve Body, un crítico de vinos y cervezas, quien a pesar de ser un profesional del rubro, no entiende a la cerveza (y parece no disfrutar demasiado de sentarse a tomar una bebida alcohólica). Yo no creo que un consumidor tenga que entender lo que está tomando para ser capaz de disfrutarlo, pero si se está escribiendo de manera profesional sobre una bebida, entenderla es algo escencial.

Yendo hacia el pasado Martyn Cornell nos convida con una fascinante historia de proporciones Imperiales. Resulta que llamar "Imperial" a una cerveza más fuerte no es nada nuevo, aun así, sigo insistiendo que "Imperial Pilsner" es estupidez.

Martyn también nos cuenta sobre las cinco peores cervezas que tomó en su vida, cada una tiene su historia y son bastante entretenidas. No me gusta mucho hacer listas, pero si hiciese una con las cinco peores cervezas de mi vida Santa Margarida Trigo estaría en ella, "levadura de pan disuelta en agua de fregadero", la describí entonces.

Ya en terreno más técnico. Mark Dredge ha estado publicando una interestantísima serie titulada When Beer Goes Bad, que explica en lenguage simple esas cosas que pueden arruinar una cerveza (pero que en ciertos casos también le pueden agregar complejidad).

La gansada del mes se la lleva sin duda este artículo de Estilo Hoy. No se puede esperar algo demasiado profundo de una revista de moda y tendencias, pero la calidad del artículo es paupérrima. Además de repetir muchas de las huevadas de siempre, el autor, que no se animó a firmar, ni siquiera presta atención a lo que escribe, ya que por un lado nos dice que "Dentro de las ALE podemos optar por cervezas (...), con miel, de trigo, de maíz, saborizadas, etc." y en el párrafo siguiente nos recuerda que "las cervezas artesanales se elaboran respetando la Ley de Pureza Alemana, que dice que la cerveza debe ser elaborada con 3 ingredientes, agua, cebada y lúpulo".

Para cerrar, Stephen Beaumont publicó una reseña (muy favorable, muchas gracias) de mi libro, hánganle caso a Stephen.

Na Zdraví!