Ir al contenido principal

Parábola

Más de una vez me han preguntado cuál es la mejor cerveza que he tomado en mi vida, lo que siempre respondo con la siguiente parábola:

En septiembre de 2004 fuimos de vacaciones a Creta, donde pasamos dos semanas fenomenales. Uno de los tantos paseos que hicimos fue a la Cañada de Samaria, en el Sur de la isla. Allí lo único que se puede hacer una caminata de 16km que empieza a 1700m s.n.m. y termina cerca de la playa, todo por terreno bastante accidentado y rodeado de una belleza natural impresionante. Fue un día fantástico.
El autor causando sensación en Samaria

Justo a la salida del parque nacional se encuentra un stand que vende comida rápida y bebidas, cerveza entre ellas. Después de haber caminado tanto, se podrán imaginar que no pude resistirme a tomar una cerveza tirada. No es que estaba muerto de sed, en el parque hay fuentes de agua de manantial ubicadas a un par de cientos de metros una de otra y habíamos llevado también algo de bebida y comida, pero igual, una cerveza fría me vendría bien.

No me acuerdo de cuál era, si la alemana Holsten o la griega Mythos, pero sí que estaba tirada a la manera griega, tremendamente fría y en un chopp de medio litro recién sacado del freezer. No se pueden imaginar lo buena que estaba! Sea cual sea que haya sido ninguna es una cerveza que tomaría con muchas ganas en otras circunstancias, pero en ese momento y lugar cada célula de mi cansado cuerpo la disfrutó de manera extática. Nunca una cerveza me había gustado tanto.

Hasta el otro día.

La primavera empezó a full. Todo está floreciendo o brotando, las temperaturas se han vuelto muy agradables, el sol parece brillar como nunca y las chicas se han quitado los sobretodos. Debe ser mi época favorita en Praga. Claro que esto también significa que empieza la temporada de trabajo forzado en el jardín. Odio la labor física, siempre la odié, siempre la odiaré. Pero como muchas otras cosas en esta vida, no queda más que resignarse y aceptar las cosas como son.

Así fue que luego de un día entero de duro trabajo, cuando el sol ya estaba empezando a despedirse hasta el día siguiente fui a la heladera en busca de una más que merecida cerveza que me tomaría en la terraza. Tenía una Svijany enfríandose desde la mañana, pero una de las dos últimas botellas de Porteňa fue lo que terminó en mis manos.
Ese primer sorbo fue algo mágico, me hizo sentir tan bien. A medida que terminaba el vaso, mis músculos se iban aflojando y el dolor de a poco desaparecía (volvería más tarde, sí). Fue así que despacito esa botella de Porteňa se transformó en la mejor cerveza que he tomado en mi vida.

El punto es que muchas veces la calidad de la cerveza depende de las cicunstancias y el momento. En el caso de las dos cervezas arriba mencionadas, es la mercida recompensa, y Porteňa, claro, tiene el valor agregado de ser mi cerveza.

Na Zdraví!

Comentarios

  1. Muy buena nota pivni y coincido que depende de la circuntancia y el momento , donde una cerveza se puede trasnformar en la mejor del mundo , me pasa seguido que en vacacaciones con la flia , llegamos a un lugar luego de varias horas de auto y en el hotel abro una birra bien fria y aunque sea industrial la disfruto como loco y me cae perfecta .

    saludos

    omar

    ResponderEliminar
  2. y bueh, en vez de la weizen me podes dar a probar de esta caserita.

    ResponderEliminar
  3. Ahoj,
    creo que la mejor cerveza siempre ha de estar por llegar.

    ResponderEliminar
  4. Bienvenido a Polonia, aqui tambien hay super cerveza.

    ResponderEliminar
  5. Probé un par de Baltic Porter polacas bastante buenas, ahora, las lagers rubias dejan bastante que desear.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario