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Si no hay nada mejor que hacer...

El otro día fuimos a hacer nuestra periódica visita a mis suegros. Ellos viven en Příbram, una cuidad a unos 55km al sur de Praga, y no precisamente una de las más lindas del pais. Luego de un delicioso vepřo-knedlo-zelo casero, y como no había mucho más para hacer, quisimos romper la rutina de sentarnos a comer frente a la tele y decidimos hacer un viajecito. El destino, Březnice, un pueblo a 20km de allí.
Březnice es un lugar tranquilo con un palacio muy bonito y, para mi más importante, hogar de Pivovar Herold.
Mucha fue mi alegría cuando me enteré que la cervecería se encuentra directamente al lado del palacio. Algo fue la decepción cuando me enteré que no está abierta al público.
Visitamos Zámek Březnice, claro. Un palacio que, comparado con otros, como los no muy alejados Konopiště y Hluboka, es pequeño y nada impresionante. Sin embargo sus jardines tienen una linda atmósfera, acentuada por el hecho de que no había nadie en el lugar. Lo mismo se puede decir del gran parque que lo rodea.

Comparando de nuevo con, por ejemplo Hluboka, los interiores del zámek, son tirando a lo austeros, pero a la vez, eso los hace algo más acogedores. Hay algunas habitaciones en que uno casi siente que está en la casa de unos abuelos algo ricachones. Sería distinta la sensación si la visita guiada no hubiese sido casi privada? Puede ser. Pero, quizás influenciado por el lindo día que terminó siendo, los colores del otoño y la tranquilidad general del lugar, este palacio me gustó mucho. Fuimos después a la plaza principal del pueblo, dominada por una muy linda iglesia (cerrada). Nada del otro mundo.

Fuimos entonces a tomar algo al café-restaurant que se encuentra justo entre el pivovar y el zámek. El lugar cuenta con dos lindas terrazas cubiertas y juegos para chicos. Estaba un tanto fresco, así que fuimos adentro. Mi amorcito se pidió un chocolate caliente que según ella, si bien no era tan bueno como en Louvre, no estaba nada mal. Mis suegros, por otro lado, estavieron bastante satisfechos con su Latte y su espresso. Yo, como no podía ser de otro modo, me pedí una cerveza, que, como tampoco podía ser de otro modo era Herold. Pedí la oscura, que me gusta mucho. No la deben servir tan seguido, le faltaba cuerpo y tenía demasiado gas. Tan cerca del pivovar y tan lejos de la calidad que me había enamorado en Pivovarský Klub cuando la probé por primera vez.

Entre todo esto no me pude contener y fui a ver, con la ñata contra el vidrio, el pivovar. Qué lindo debe haber sido el edificio en sus épocas de esplendor. Le quedan muchos detalles barrocos en la muy deteriorada fachada. Da un poco de lástima. Igual, como todavía estaba abierto, fui a comprarme un par de botellas para llevarme a casa. El tipo que estaba a cargo de la seguridad y del despacho de las botellas no se alegró mucho al verme, debo haberle interrumpido algo importante que estaba viendo en televisión.
Como pude cargué con todas las botellas hasta el auto pensando que quizás algún día los nuevos dueños del Pivovar Herold le devuelvan a su edificio el lustre que se merece y hagan de él un luar lindo para visitar.

Mientras tanto, está el palacio local, que si no hay nada mejor que hacer, y se está cerca, es un muy lindo lugar para visitar.

Comentarios

  1. Hola Max, ya nos tiemblan las rodillas. El viaje esta proximo. Te dejo mi correo para hablar de fechas y posibles citas cerveceras.
    blau@terra.es
    Un abrazo
    Ramon

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  2. Hola, Max.
    Las cervezas van cambiando de partida en partida, sobre todo si no se usan métodos industriales, como hacer rectificaciones con micrococciones, o mezcla entre partidas diferentes.
    Me alegra mucho que sigas pasándola bien...

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  3. Hola Gerardo,
    Estoy totalmente de acuerdo con vos. Incluso les pasó hace poco a los de Pivovarský Klub, la partida de la cerveza de la casa dejó bastante que desear, y no fue hasta el otro día que uno de los camareros me dijo que la nueva partida estaba buena que me animé a probarla. Por suerte, tenía razón.
    Si te referís a la cerveza que tomé en el café al lado del Zámek, no era un problema de partida. Era una cerveza mal tirada. Se notaba en la cantidad de gas que tenía, lo chato del gusto y el suave gustito metálico que te dejaba. Eso es una cerveza que no se sirve demasiado, así que ya no está tan fresca, se la apura al servirla y estoy en duda sobre el celo que le ponen a la limpieza de las cañerías.
    Acá se dice, y no sin razón, que el que te sirve es casi tan importante como la cerveza en sí. He probado varias muy buenas cervezas arruinadas por gente que no las sabe servir. La diferencia de calidad se siente incluso con Pilsner Urquell, la más industrial de todas acá, y hasta con su versión tanková. Hay lugares que la tienen más rica que otros.

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  4. Hola Max!

    Somos Marta y Jordi de Girona, en España, y ya casi lo tenemos todo preparado para nuestra llegada a la República Checa el próximo 28 de noviembre.

    Tu página nos está siendo de mucha utilidad a la hora de planificar el viaje, especialmente cómo no para saber dónde podemos encontrar los mejores tesoros cerveciles ;)

    Espero que en una semana tengamos tiempo de ver (y degustar) buena parte de la República Checa.

    Felicidades por el buen trabajo!

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  5. Marta,

    Gracias por tus comentarios. Me alegro mucho de poder ayudarte a vos y a otros vistantes a este lindo pais.
    Espero que disfrutes tu estadía y que puedas tomar muchas y muy buenas cervezas.
    Saludos!

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